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Fürsten

Fürsten

Autor: : KANEELI
Género: Fantasía
Los príncipes reales. Gemelos, el milagro de sus padres los Reyes. Siempre han estado juntos, comparten una conexión especial, calculadores y centrados. Pero lo que no esperaban esque compartirian mucho más de ahora en adelante. Una misma Luna. ¿Estarán preparados para eso? ¿Los peligros que se avecinan? O incluso, ¿Controlar su temperamento?

Capítulo 1 ★

OLIVIA

Puedo sentir como los rayos de sol golpean mi rostro al escabullirse entre las cortinas de mi ventana, pero me rehuso a levantarme, pese a que sé que tendré que hacerlo en cualquier momento.

El que haya salido el sol, solo indica que debo comenzar con mis quehaceres y así no tener problemas.

Apreto con fuerzas la delgada frazada contra mi cuerpo y suelto un suspiro dándome ánimos para poder comenzar el nuevo día. Abro sin muchas ganas mis ojos y el sonido de los primeros pajaros cantando comienza a hacerse escuchar atraves de las paredes.

A regañadientes me desprendo de mi frazada y me levanto del delgado colchón que tengo en el suelo restregándome un ojo para intentar quitarme de encima el cansancio, pero es inutil.

Los musculos me duelen y el cansancio siempre está presente. No hay forma de que no lo esté, menos con la vida que me tocó.

Me levanto y voy hacia el pequeño baño que tengo dentro de mi habitación. Me miro con pesar en el espejo, viendo mi cabello sin brillo y las ojeras permanentes bajo mis ojos miel que carecen de felicidad.

Suelto otro suspiro y comienzo a lavarme los dientes, el rostro y finalmente saco de mi cajón los supresores que me obligan a tomar.

–Odio tomar estas cosas –murmuro para mí misma.

Con una mueca meto la pastilla en mi boca y me la trago con asco. Me vuelvo a mirar en el espejo y la sensacion de pesar se afirma en mi pecho al verme, pero no hay mucho que pueda hacer al respecto.

–Vamos por otro día.

Vuelvo a mi cuarto y me visto con el uniforme de empleada que se me asignó.

Apenas termino de acomodar mi pelo en una coleta mi puerta se abre de golpe dejándome ver la figura de Pamela, la jefa de los empleados.

–Bien estás lista –me mira de arriba abajo con desprecio–. El desayuno se servirá antes, así que sube a colocar la mesa y limpiar.

Asiento una vez y camino detrás de ella cerrando rapidamente mi puerta para no atrasarme, el pasillo hacia la escalera se encuentra silencioso y solo se escuchan nuestras pisadas mientras subimos antes de adentrarnos en la cocina con el sonido de los platos y utensilios sonando.

–Apresurate –me dice Pamela–. No queremos que el desayuno se enfrie por tu incompetencia al colocar la mesa con lentitud.

No digo nada, porque no tiene sentido y me pongo a trabajar en silencio.

Me escabullo por la puerta y me adentro en el silencioso comedor, por las ventanas puedo ver a los jardineros cortando el césped y quitando malezas con tranquilidad bajo los primeros rayos de sol.

Suelto un suspiro envidiandolos levemente por ellos sí poder estar ahí afuera mientras yo debo estar aquí aguantando todo lo que se vendrá durante el día, con una última mirada me acerco finalmente al mueble donde se encuentran todas las cosas y saco el mantel de tela rojo para comenzar con mi tarea.

Coloco meticulosamente cada plato y los cubiertos a sus lados, las servilletas, las tazas y los arreglos florales que le gustan tanto a la que se hace llamar mi madre.

Los minutos pasan y las cocineras poco a poco comienzan a ingresar con las bandejas de comida para colocarlas en la mesa. Y como si todo estuviera sincronizado los pasos del segundo piso indicando que ya todos están despiertos se hace notar.

Inhalo hondo una última vez impregnandome de la poca paz que hay antes de que comience todo el show que conlleva vivir aquí.

El bullicio cada vez se escucha más fuerte mientras los pasos en la escalera se hacen notar y en segundos puedo ver a toda la familia del Alpha entrando en el comedor.

Las miradas de burla de mis hermanos y despectiva de mi madre se hacen notar apenas me ven en mi lugar habitual junto a la puerta que conecta la cocina para poder atenderlos. Mi corazón duele, no tanto como hace años atrás, pero aún así sigue siendo una astilla en mi corazón el trato que me han dado sin razón alguna.

No sé qué les hice ó el porqué de su actuar, quizas simplemente es por ser diferente.

Porque mientras ellos son todos Alphas, yo nací Omega.

No sé qué sucedió conmigo, porque los genes me abandonaron pese a ser un linaje de siglos, pero simplemente nací así.

No me molesta mi naturaleza, jamás lo ha hecho; independiente del trato que he recibido especialmente de mi propia familia, pero sí me da curiosidad el porqué no nací Alpha.

–¿Comenzarás a servir o te quedarás de pie ahí como una inutil? –gruñó mi madre–. Cada año eres más incompetente.

Ignorando el insulto y las risas contenidas de mis hermanos, comienzo a servir el agua y los platos. La misma rutina cada mañana y si tengo suerte saldrá sin ningun inconveniente.

Todos comienzan a comer y charlas animicamente sobre las cosas que deben hacer durante el día, los planes de compras de mamá, las clases de mis hermanos y el cumpleaños cercano de uno de ellos.

Vuelvo a mi lugar junto a la puerta una vez está todo servido y miro mis pies mientras los escucho hablar con el corazón doliendome levemente.

No siempre fue así, mi infancia fue tranquila, llena de amor por parte de mis padres y hermanos, pero apenas mi loba se hizo presente como una Omega las cosas cambiaron drasticamente.

Un par de comentarios externos sobre como una Loba sirvienta y destinada a solo procrear habia entrado en el linaje Alpha de años y bastó para que poco a poco comenzaron a repudiarme.

No entendía que sucedía al principio, pensé que quizas era una broma, pero con los días comprendí que las cosas habian cambiado.

Sobre todo cuando llegó la primera golpiza.

–Terminé –mi madré limpió la comisura de su boca con una servilleta–. Retira esto, ahora.

Me acerqué a ella sin mirarla y retiré el plato con cuidado, la loza era nueva y ya habíamos recibido la instruccion de tratarla con delicadeza. Retiré un par de platos más y me dispuse a caminar hacia el carrito donde dejaba lo sucio, para luego llevarme todo a la cocina.

Tres pasos logré dar, antes de que uno de mis hermanos pusiera su pie directamente en los míos haciéndome tropezar. No pude evitarlo, me pilló totalmente desprevenida y por aquello perdí todo el equilibrio cayendome de bruces en el suelo junto con la losa en mis manos.

El chasquido del material haciéndose trizas contra el piso de manera resonó haciendo eco, inmediatamente mis ojos dieron con las pierzas esparcidas por el suelo frente a mí.

Mis piernas temblaron cuando el silenció llenó la habitación y sentia la silla de alguien ser arrastrada por el suelo de madera.

–L-lo lamento –mencioné colocandome de rodillas viendo al suelo–. No fue mi intención,

Estiré las manos para recoger los trozos y un pie se posó en mi mano con fuerza pisandola y logrando que los trozos de ceramica se enterrarán en mi piel.

Mordí el interior de mi mejilla y no grité ni suplique.

–Te dije que era loza era nueva y mira lo que hiciste –escupió mi madre–. ¿Cuándo dejarás de ser tan estupida?

–Lo lamento –susurré aguantándome el dolor en mi mano.

–Necesitas una lección.

Mis musculos se tensaron y cerré brevemente los ojos ante aquellas palabras porque sabía lo que vendría.

El sonido de una silla arrastrandose por el suelo hizo que mi cuerpo doliera antes de cualquier cosa y en menos de un minuto una mano se afirmó en mi cabello con fuerza y comenzaron a arrastrarme por el comedor hacia el ventanal.

–No volverá a ocurrir –dije intentando prevenir lo que venía mientras afirmaba mi propio cabello desde el agarre para disminuir el dolor–. Lo prometo.

–No me interesan tus promesas –dijo mi padre abriendo el ventanal–. Nunca aprendes.

Trague saliva cuando las piedras del patio comenzaron a incrustarse en mis piernas desnudas y caí con fuerza cuando me lanzó hacia adelante.

–Papá...por favor.

–No me digas así –gruñó cuando volteé a verlo–. No eres nada mío.

La cachetada golpéo mi rostro con fuerza y la sangre inmediatamente llenó mi boca, las patadas llegaron después quitándome el aliento y los combos por todo mi cuerpo me dejaron en posicion fetal mientras intentaba proteger lo más que podía de mi rostro.

Mi cuerpo ardía con cada golpe, tanto por la fuerza como por ser recibidos por mi propia sangre, por aquel que de pequeña juraba que me daría el mundo, pero ya nada era así.

En poco tiempo los golpes cesaron dejándome tirada en el suelo sin poder moverme.

Me dolía respirar por las patadas en las costillas y cada fibra de mi cuerpo temblaba, los oídos me pitaban y las lágrimas amenazaban por salir de mis ojos, pero las contuve.

No les daría la satisfacción de verme llorar.

–Llevenla a su cuarto –la voz agitada de mi padre llegó a mis oídos–. Dejenla ahí sin almuerzo, solo cena.

Escuché pasos y supe que eran los jardineros que estaban ahí, presenciando todo, como cada vez que esto sucedia. Cuando escuché sus pasos cerca respiré hondo y me arme de valor cuando me tomaron de los brazos logrando que todo mi cuerpo doliera como nunca antes y me arrastraran dentro de la mansión.

No lloré, no me quejé ni miré a nadie.

Una vez que pasamos por la cocina hacia las escaleras sentí como el agarre de ellos en mis brazos se soltaba y con delicadeza uno de ellos me tomaba en brazos.

–Aquí ya nadie nos ve –susurró el hombre–. Con cuidado.

Me alzaron en brazos y mis ojos inmediatamente comenzarón a derramar las lágrimas contenidas, mi cabeza daba vueltas y deseaba con todo el corazón morir mientras durmiera para librarme de todo este maltrato.

Caminamos por el pasillo hacia mi cuarto y con la misma delicadeza que me alzó me dejo en mi pequeño colchón en el piso. Abri mis ojos con esfuerzo y vi la mirada de lastima que siempre he odiado en Miguel, nuestro jardinero de toda la vida.

–Con cuidado pequeña –susurró tapandome y quitando el pelo de mi rostro golpeado–. Lo lamento, lamento todo el daño que te hacen.

Le sonreí forzosamente y negué.

–Estoy bien –mentí.

No quería la lastima de nadie ni problemas para ellos por mi culpa.

–Vayase, no quiero que tenga problemas –susurré aguantandome las ganas de llorar y gritar–. Gracias.

–¿Tienes algun remedio para beber? –preguntó viendo mi habitacion carente de muebles–. ¿Quizas en el baño?

Negué suavemente y suspiré.

–Solo quiero dormir –cerré mis ojos–. Gracias por traerme.

–Está bien, la dejaré dormir –cedió–. Descanse y recuperese.

Sonreí con los ojos cerrados y lo escuche moverse por la habitacion antes de cerrar mi puerta, finalmente las lágrimas abandonaron mis ojos y sollocé en silencio para que nadie pudiera escucharme botando toda la tristeza y rabia que habia en mi interior.

Debia hacer algo, intentar escapar o cualquier cosa, pero quién querría una Omega sin manada. Nadie.

Así que solo me quedaba aguantar y aceptar mi destino.

Capítulo 2 ★

OLIVIA

El reflejo en el espejo me aprieta el corazón, han pasado dos días de la paliza que me dió mi padre y los hematomas morados aún adorna mi labio y pomulo.

Al ser omega mi curación no es tan efectiva o rapida como un lobo normal, lo que a ellos les tardaría horas en sanar yo demoro al menos dos días. Y con la cantidad de golpes que tuve, estaré al menos una semana con las marcas y dolores aún en mi cuerpo.

El sonido de la puerta siendo abierta y un suspiro abandona mis labios cuando salgo del baño acercándome al cuarto. La figura de Pamela aparece junto a una bandeja que coloca sobre el velador y el aroma a comida inunda mis fosas nasales.

–Te traje comida –dice volteando a verme–. No deberias estar de pie.

La ignoro y camino hacia el colchón dejandome caer con cuidado y haciendo una mueca cuando mis costillas tiran ante el esfuerzo.

–Gracias –digo tomando el plato de patatas con pollo.

–¿Has tomado algo para el dolor? –el avispo de preocupacion me hace fruncir el ceño y verla–. No puedes estar tantos días fuera, debes trabajar.

Me rió bajito y llevo una cucharada a mi boca.

–No tengo nada para tomar así que...

Me encojo de hombros masticando lentamente con mis papilas gustativas disfrutando del sabor de la comida, solo me han dado comida una vez al día y agradezco que al menos la racion sea grande.

Las costillas ya comienzan a marcarse en mi pecho y las claviculas igual, así que al menos así no disminuiré tan drasticamente de peso.

–¿Has estado sintiendo dolor estos ultimos dos días? –el mismo tono preocupado me hace alzar la vista y un deje de compasion se ve en sus ojos –. Pero...

–Está bien –sigo comiendo–. Ya estoy acostumbrada.

Asintió no muy segura sin quitarme los ojos de encima mientras terminaba de comer, deje mi plato sobre la bandeja y tomé el bajo de jugo comenzando a beberlo, iba a mitad de él cuando un carraspeo de Pamela llama mi atencion y veo como saca una tira de pastillas de su delantal.

–Quizas me meta en problemas si alguien se entera, pero aquí nadie lo sabrá –me lo ofrece–. Jamás te lo dí y si preguntan mentiré y te culparé.

Recoge la bandeja y sale de mi habitacion dando un leve portazo, miro la banda de medicamento en mi mano y tomo uno junto al jugo que me queda. No sé que será la verdad y quizas sea algo malo, pero confiaré.

Me acomodo nuevamente en el colchón tapandome con las mantas y el sueño comienza a pesar en mis ojos, quizas el medicamento está haciendo efecto y sin pensarlo mucho me dejo llevar por los efectos.

...

Acomodo mi uniforme por última vez y salgo de mi cuarto en camino hacia la cocina, dos días más pasaron y las marcas en mi cuerpo ya son casi invisibles y el dolor es solo un susurro.

Los medicamentos que me dio Pamela aumentó mi sanación y logré ponerme en pie antes lo cual agradezco, porque pese al trato que recibo aquí me estaba volviendo loca encerrada en mis cuatro paredes.

Las voces de la cocina se hacen más fuertes y escucho como las cocineras conversan suavemente.

–Te lo juro eso escuché –dice una de ellas–. Los Alphas dijeron que la familia real vendrá dentro de una semana.

–¿La familia real? –dijo otra con sorpresa–. ¿A qué vendrían a aquí?

–Creo que son las visitas rutinarias que hacen cada cierta cantidad de tiempo, asegurándose que cada manada esté en equilibrio.

–Las cosas se pondran tensas entonces –se quejó–. Los jefes querrán que todo sea perfecto.

–Mantener la cabeza baja y hacer caso solamente.

La conversacion se detuvo y aproveché para entrar en la cocina, ambas me miraron y detuvieron su conversar. Segui de largo hacia el comedor donde Pamela acomodaba la mesa para el almuerzo y me miró con el ceño fruncido.

–¿Segura que estás lista para volver a trabajar?

–Sí –aseguré acercandome y ayudándola a colocar la mesa–. Ya estoy bien.

–Bien, terminemos aquí y me acompañaras a la feria.

–Okey.

Continuamos en silencio ordenando y dejando todo perfecto, en breve todos entrarían en el comedor y mi corazón latió con fuerza. No veía a mi familia desde la golpiza y pese a que cada vez esperaba que fuera distinto, ninguno de ellos bajó a ver como estaba.

Yo creo que podría haber muerto y tampoco les hubiera interesado.

Quizas hasta se alegraban de quitar la mugre de su linaje.

Las voces se hicieron presentes cuando terminabamos de colocar el ultimo plato en la mesa y Pamela me miró con seriedad.

–Ve a la cocina y busca el carrito de la feria –se enderezó acomodando su uniforme–. Nos encontramos en la salida.

Asentí y caminé hacia la cocina cuando las voces a mi espalda se hicieron más fuertes. Me adentré ignorandolos y busqué lo que me encargaron y salí por la puerta de servicio.

El sol estaba en lo alto del cielo y cerré los ojos alzando mi cabeza para absorber sus rayos calentando mi piel.

Muchos días sin sentir el viento o el calor del sol en mi cuerpo, porque siempre me mantengo dentro de la mansion o en mi habitacion donde nadie puede verme o molestar y nunca entra mucha luz por la ventana.

–Aquí estás –la voz de Pamela me saca de mi trance y camino rapidamente hacia ella–. Vamos, debemos comprar varias cosas.

Asentí y caminé en silencio junto a ella mientras nos adentramos en la ciudad, la gente nos dejaba pasar sin molestar ya que nuestros uniformes indican que eramos de la mansion de los Alphas.

Quizas seríamos simples empleadas, pero al ser de la mansion nos daba igualmente cierto estatus.

Podia sentir como la gente me miraba y susurraba a mis espaldas, claramente intrigados con mi vestimenta. No los culpaba, hace años que deje de ser vista en las calles como antes cuando era más joven y pocas veces y vuelto a salir a la ciudad, además nunca se supo la verdadera razón del porque mi desaparición.

Los supresores se encargan de ocultar mi lado omega así que la gente tampoco sabe sobre eso.

–Vamos –Pamela caminó más rapido–. Debemos alcanzar las mejores verduras.

Aceleré el paso arrastrando el carrito conmigo mientras nos adentrabamos en la fería de la ciudad, donde las familias granjeras traian sus verduras cosechadas por ellos mismos una vez a la semana.

Pasamos puesto por puesto hasta que nuestro carrito se fue llenando y pesando cada vez más, pero no me quejé.

Aguantaría cualquier cosa con tal de poder salir de la mansion y poder andar en la calle observando a la gente. Olfateando los diversos aromas que rondaban por la feria y escuchando voces distintas junto a los pajaros y autos rondando cerca.

Extrañaba salir y sentirme levemente normal, dentro de todo el calvario que significa mi vida.

–Tenemos suerte que la visita de los Alphas reales será el día siguiente de la fería la proxima semana –murmuró Pamela eligiendo tomates–. Así tendremos todo fresco para ofrecerles lo mejor.

–¿Se sabe por qué vienen? –pregunté suavemente olfateando el aire nuevamente.

–Visitas anuales a manadas, nada de qué preocuparse.

–Entiendo –asentí tocando una albahaca con la yema de los dedos.

Su aroma rapidamente me llegó al ser tocada y sonreí levemente ante su esencia.

–Debes comportarte y no generar problemas en la casa –me dijo viendome fijamente–. Sabes que siempre intentan culparte de cosas e intentar que te castiguen, mantente lejos así podrás al menos ver a la familia real de cerca.

Asentí no muy convencida, recordando todas las otras visitas que me perdí por entrar encerrada en mi cuarto debido a los golpes que tenía en el cuerpo, ignoré el recuerdo y tomé una naranja.

–¿Podemos llevarla? –pregunté esperando una negativa.

Pero me sorprendí cuando asintió y le pagó al dueño del puesto.

–Comela antes de volver, no podemos llegar solo con una.

Asentí y comencé a pelar mi naranja mientras ella me quitaba el carrito y continuabamos nuestro recorrido, ya faltaban pocas cosas por comprar.

La gente seguía observandome y susurrando, pero me dediqué a ignorarlos todo el recorrido disfrutando mi deliciosa naranja.

–Ya tenemos todo –dijo ella mientras comía la última rodaja–. Volvamos.

Tomé el carrito de su mano y comencé a llevarlo yo misma. Caminamos en silencio de vuelta a la mansion, disfrutando de mis ultimos momentos fuera del estres y de los ultimos rayos de sol en mi cuerpo, llenandome de calidez y paz.

Pero poco me duró aquella felicidad cuando al llegar a la mansion mi madre se encontraba en las escaleras de entrada con los brazos cruzados esperandonos.

–¿Quién te dio permiso de salir de la mansion engendro? –preguntó con desprecio logrando que mi sangre se helara.

–Y-yo acomapañe a Pamela a la feria –susurré sintiendo como se devolvia mi naranja.

–No me interesa si acompañaste al mismo Rey –escupío–. Tienes prohibido ser vista en el pueblo.

–Lo lamento señora, pero no tenía nadie más que me acompañara –dijo Pamela protegiéndome levemente con su cuerpo.

Mi madre entrecerró los ojos levemente viendome fijamente y se giro entrando en la casa.

–No te preocupes, entremos a guardar todo y luego puedes ayudar en la cocina.

Asentí levemente sorprendida por la actitud que ella estaba teniendo conmigo y entramos por la salida de servicio comenzando a organizar todas las compras.

El resto del día continuó tranquilo, pero la incomodidad en mi cuerpo se mantenía ante aquella discusión con mi madre. La hora de la cena llegó y otra de las chicas fue asignada a servir el comedor mientras yo lavaba los platos, lo cual agradecí.

Cuando terminamos de ordear y limpiar todo cada una de nosotras se fue a su respectivo cuarto, fui al baño a asearme el día y caminé a la habitacion con mi toalla envolviendo mi cuerpo.

Me acerqué a la comoda para sacar un pijama nuevo, cuando los vellos de mi nuca vibraron logrando que me girara rapidamente con el panico fluyendo en mi cuerpo cuando vi a mi madre en la esquina de mi habitacion a oscuras.

–¿M-madre? –abracé la toalla en mi cuerpo–. ¿Sucedió algo?

Vi como la hebilla del cinturón en su mano brillaba con la poca luz que entraba desde la ventana y mis ojos comenzaron a lagrimear ante el sucesó que sabía vendría a continuacion.

–Nunca aprendes –susurró acercnadose a mí–. Debo diciplinarte para que lo hagas.

–M-adre por favor...

–Girate y acepta tu castigo –gruñó–. Solo nos averguenzas engendro.

Su brazos agarró con fuerza el mía volteandome y pegandome a la comoda logrando que mis manos soltaran la toalla y las lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas mucho antes de que el primer golpe llegara a mi espalda.

Capítulo 3 ★

OLIVIA

Mi reflejo en el espejo me daba asco.

No del asco hacía mí, sino hacia lo que me rodeaba.

Mire mi espalda con tristeza y dolor, las marcas del cinturón de mi madre estaban al rojo vivo junto con pequeñas gotas de sangre secas que habian salido cuando la hebilla por "accidente" me golpeaba.

Odiaba mi vida o al menos lo que quedaba de ella, los tratos, los golpes, las humillaciones, todo.

Me encantaría volver el tiempo atrás y ver si mi loba resultaba Alpha, pensar en cómo sería mi vida si eso hubiera sucedido, quizas hubiera seguido siendo la consentida de papá y tener el afecto de mi madre.

Las risas, las caricias, todo lo tendría de vuelta.

Pero lamentablemente solo me quedaba el pensar como hubiera sido, porque la realidad era esta.

La realidad eran las marcas que adornaban mi espalda y las palabras de asco acompañadas con ellas.

Una pequeña lágrima cayó de mis ojos y negué dejando de ver las marcas y limpiando mis mejillas humedas. No quería llorar más por ellos, porque no merecian mis lagrimas, pero lamentablemente mi corazón estaba tan herido que era inevitable a veces mantenerlas a raya.

Me vestí con dolor y esfuerzo colocandome con el mayor cuidado posible mi camisa, desearía que al menos despues de una golpiza me dieran algo para tomar o alguna crema, pero eso ya sería pedir mucha misericordia de parte de ellos.

Porque si eso fuera a suceder, ya habría pasado hace tiempo. Desde la primera golpiza.

Unos golpes en mi puerta me hicieron voltear hacia ella cuando Pamela ingresaba con lentitud.

–¿Estas lista? –preguntó observando atentamente.

–Casi –susurré haciendo una pequeña mueca al colocarme la chaqueta–. Debo tomar mi supresor y estoy.

–¿Qué sucedió? –preguntó acercándose.

–¿Con qué?

Camine hacia mi baño nuevamente y saque del cajón mis supresores, los odiaba, pero entendía que nadie queria que enterarán de la escoria de la familia, lo unico bueno, es que esto anulaba mis celos, aquellos que eran conocidos en los Omega de ocurrir una vez al mes atrayendo a cualquier hombre que pudiera satisfacer mis necesidades.

–¿Te duele la espalda? –preguntó apareciendo a mi lado–. Note una mueca en tu rostro al colocar la chaqueta.

–No es nada –negué–. Quizas dormí chueca.

–¿Segura?

–Sí, tranquila.

Me tomé la pastilla bajo su mirada y asentí hacia la puerta para que caminara y salieramos de mi cuarto. No dijo nada más sobre su sospecha, pero noté como me miraba de reojo cada cierto tiempo en nuestro camino hacia la cocina.

–Estaras en la cocina ayudando a preparar las comidas –dijo mientras atravesamos la puerta–. Lavar la loza, pelar verduras, ese tipo de cosas.

–¿Por qué ya no me dejas en el comedor? –pregunté con curiosidad–. Desde la última vez que no me dejas ahí.

–Son las nuevas rotaciones –dijo sin verme–. Más adelante volveras al comedor.

–Está bien –asentí.

–Josefa está a cargo de la cocina, eso ya lo sabes así que harás lo que ella te diga.

Asentí mientras miraba a la recien nombrada, ya era una señora de edad que llevaba muchos años trabajando en esta casa y me conocia desde pequeña. Las interacciones siempre eran al mínimo con todos aquí ya que siempre temían recibir castigos de mis padres al interactuar conmigo y los entendía, por eso nunca intentaba entablar conversacion con nadie.

–Haz todo lo que ella te diga –ordenó Pamela antes de dar vuelta y salir por la puerta hacia el comedor.

Miré a Josefa que revolvía algo en una olla y finalmente volteó a verme.

–Hola mi niña –sonrió amablemente–. Hoy haremos puré así que puedes empezar pelando las patatas.

–Claro –respondí.

Caminé hacia la bodega de verduras y tomé la malla de patatas que habíamos comprado ayer. Volvi a la cocina y las lave bien antes de comenzar a pelarlas con un cuchillo.

Lo bueno de la cocina es que el lavabo tiene una enorme ventana con vista hacia los jardines y podia al menos tener una vista distinta a las paredes del interior. Había sol y no deseaba nada más que salir y dejar que sus rayos acariciaran mi piel pálida.

Llevaba mucho tiempo en las sombras y cada día me volvía más pálida debido a eso.

–Cuando termines con esas, hay que pelar unas 3 zanahorias –escuché a Josefa.

–Claro –respondí dejando la papa que estaba pelando y volvi a la bodega a buscar las zanahorias.

Mis quehaceres durante el almuerzo consistieron en eso, pelar y picar verduras que después Josefa agregaba a la olla. El menú habia sido carne a la cacerola con puré y los aromas rapidamente llenaban el aire dejando una deliciosa estela.

Mi estomagó rapidamente comenzó a protestar por hambre, pero me contuve porque sabía que lo más probable es que yo no pudiera probar ese menú.

–¿Estás herida? –la voz de Josefa me sacó de mis pensamientos y volteé hacia ella.

–¿Qué?

Terminó de rvolter una de las ollas y la tapó antes de girarse a verme.

–He notado tus muecas cuando haces ciertos movimientos –susurró–. ¿Es tu espalda?

Negué mientras miraba de reojo la puerta del comedor.

–No es nada –dije volviendo a mi tarea de pelar porotos verdes–. Dormi chueca.

–Bueno... ¿has tomado algo para ese dolor por dormir chueca?

Pude notar el sarcasmo en su voz, pero me hice la loca respecto al tema negué y continúe sin mirarla. No quería que se preocupara por mí, porque eso solo le traería problemas a ella.

–Estoy bien, de verdad –le sonreí levemente–. No te preocupes por mí.

–Si tu lo dices –suspiró quitandome los porotos para colocarlos en una olla con agua–. Pero si necesitas algo, sabes donde queda mi cuarto.

Asentí no muy convencida, porque sabía que no le pediria nada. No la arriegaría a que algo le pase por querer ayudarme, cuando yo ya estaba costumbrada al dolor y podía aguantarlo sola.

Ya llevaba muchos años haciéndolo.

Pamela en ese momento ingresó en la cocina avisando que en unos minutos ya debiamos comenzar a servir y nos pusimos en marcha. Los ruidos en el comedor se hicieron cada vez más fuertes indicando que mi familia ya estaba acomodándose en la mesa y nosotras comenzamos con nuestra tarea.

Llenamos las fuentes de ensaladas que Pamela llevaba sin problemas y luego comenzamos a preparar cada plato con la comida fuerte.

Todo transcurrió con calma, aquí dentro todo era más relajado que el estres que conllevaba atenderlos o al menos para mí. Porque siempre intentaban hacerme equivocar para luego poder castigarme por ello.

Cuando estuvo todo listo y servido me puse a lavar la loza apenas llegaba para que no se nos acumulara y estuvieramos tanto tiempo con eso.

La tarde fue pasando mientras nosotras limpiabamos la cocina y avanzamos un par de cosas para mañana cuando las chicas que se ocupan del aseo entraron en la cocina para su hora de colación.

–¿Creés que vengan los hijos con ellos? –escuché que una le preguntaba a la otra.

Se sentaron en la mesa que habia en una esquina de la cocina destinada para el servicio y Josefa les entregó sus platos de comida.

–Ojalá, nunca los he visto –se quejó la otra–. Pero hay rumores de que son identicos, muy dificiles de distinguir que tienen la belleza de su padre.

–Deben ser realmente hermosos, el Alpha real es una hermosura de hombre.

–¿Tendrán los ojos como él?

–No creo, eso es muy dificil de heredar.

Josefa se acercó a mí con un plato de la comida que habíamos hecho y me lo entregó.

–Siéntate a comer –ordenó–. Luego continuas con el aseo.

–¿P-puedo comer de eso? –pregunté con asombro y recibi el plato con la saliva ya acumulandose en mi boca–. Pensé que comería algo distinto.

–No, guarde esto para ti, ahora come rapido.

Asentí entusiasmada y me fui a sentar lo más distante de ellas posibles para no incomodarslas, sabía que mi presencia para muchos no era agradable así que no quería molestar a nadie.

Me miraron brevemente mientras me sentaba, pero no dijeron nada. De hecho pude notar una pequeña sonrisa en sus rostros antes de que me enfocara en mi comida. Quería comer rapido en caso de que alguno de mi familia entrara y me prohibiera comer.

Estuve alucinando todo el almuerzo con poder probarlo, pero jamás imaginé que podría hacerlo.

–Espero que este año si vengan –continuaron con su conversacion–. Pero no me haré ilusiones ya que nunca han ido con sus padres a las visitas anuales.

–Quién sabe quizas este año sea distinto.

Continuaron con una conversacion de cosas triviales, como su familia o lo que harían al salir del trabajo ya que pese a vivir aquí ellas podian salir de la mansion sin problemas.

Yo era la unica que no tenía permitido nada.

Llevé el primer bocado de comida a mi boca y la explosion de sabor en mis papilas gustativas me hizo sonreír. Josefa siempre habia sido buena cocinando y extrañaba este tipo de comidas.

Las mias siempre eran sopas o verduras cocidas y pese a que sabía que ella intentaba condimentarlas bien, nunca comía algo tan elaborado como esto.

Terminamos de comer y lave los platos que habíamos utilizado, las chicas se despidieron y se fueron a terminar los ultimos quehaceres. Nosotras horneamos unos pasteles que serviría de postre Josefa mañana y la ayudé a cortar verduras para la lasaña que quería hacer de cena.

El sol lentamente comenzó a bajar y ya estabamos preparando todo para la última comida del día. Todo transcurrió con calma y ya estabamos nuevamente lavando la losa utilizada, Pamela ingresó con la última bandeja de cosas y suspiro antes de sonreírle a Josefa que le tendía un pedazo de pastel de chocolate.

–Gracias, lo llevaré a mi cuarto –tomó el pequeño plato y lo dejó sobre la encimera–. ¿Quedó más?

–Sí.

–Sírvele un pesado a Olivia, también lo llevará a su cuarto.

–Enseguida –sonrió Josefa mientras yo miraba con asombro a Pamela que no volteaba a verme y volvía al comedor–. ¿Quieres llevarte también un vaso de leche?

–Y-yo

–Eso es un sí, un vaso de leche fría queda perfecto con mi pastel. –sonrió–. Termina de lavar y estás lista, no queda mucho más por hacer.

Asentí aún asombrada y me apresuré en mis tareas.

Una vez todo listo, tomé mi porcion de torta y mi vaso de leche.

–Adios, nos vemos mañana –me despedí de Josefa que terminaba de doblar los manteles.

–Adios mi niña, disfrutala.

Caminé rapidamente a mi cuarto, para que nadie viera lo que llevaba y quisiera quitarmelo o le comentara a mis padres y me encerré dejando ambas cosas en mi mesita de noche. Me cambié de ropa rapidamente con cuidado de mi espalda y me coloque una camiseta ancha para que no me rozara tanto durante la noche.

Me acosté y acomode la porcion de torta en mis piernas. Con el tenedor llevé una pequeña porcion a mi boca y el sabor a chocolate inundó inmediatamente mis papilas haciéndome inmensamente feliz.

Las marcas en mi espalda aún dolían y tiaban, pero una pequeña sonrisa se formó en mi rostro cuando probé otra rebanada de este delicioso pastel.

Y por primera vez, en mucho tiempo fui feliz.

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