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GUERRERO DARGOX 'BEX' Regresando a tí

GUERRERO DARGOX 'BEX' Regresando a tí

Autor: : Any Estrada
Género: Romance
Sinopsis. Jess nunca se imaginó, ni por un segundo, que existieran los extraterrestres. Hasta que fue secuestrada por una extraña raza llamada Lars, junto con otras humanas, hasta que solo quedaron Karen y ella. Paso por un infierno antes de que otra extraña raza, llamados Dargox, la salvaran. Entonces Jess cayó directo en los brazos de un enorme, alto y musculoso hombre que vino a rescatarla. Ella estaba siendo rescatada por "Pie Grande", y él era la cosa más sexy que jamás había visto. La atracción entre ellos fue instantánea, pero Jess sabía que no podía tenerlo, no podría quedarse con él. Bex nunca consideró la posibilidad de llegar a tener a su propia hembra sin tener que compartirla con otros machos... hasta ella. Esa pequeña, delicada, pero feroz humana que se negó a aceptarlo.

Capítulo 1 Capitulo 1: Jess

Capítulo 1

JESS.

Las noches se habían convertido en unas de las mejores cosas favorita para Jess; pues con ella le era fácil mirar el cielo lleno de estrellas y saber que, en alguna parte, ha muchos años luz de la tierra, estaba él. La persona de la que se había enamorado profundamente pero que fue demasiado testaruda para admitirlo. Ahora se arrepentía de no haberlo hecho, de no haberle dicho cómo se sentía.

Por más que trató de sacar a Bex de sus pensamientos no podía. Y siempre, en el momento que fuera, le venía a su mente la última noche que estuvo con él en su casa. Esas noches fueron las peores de todas para Jess; ya que tuvo que actuar como si nada extraño pasara cuando él estaba cerca, y la verdad es que estaba lejos de todo eso.

Decirle mentiras a alguien era malo, pero mentirse a sí misma era aún peor. Era una destrucción a su propia alma.

Cuánto deseaba volver a verlo. Ver a Bex, a Karen e incluso Drak y Gexton, esos honorables guerreros que lucharon por ellas y las salvaron. Aún se sonrojaba por los problemas que le dio a los pobres hombre, cuando lo único que querían era ayudarla.

Soltando un suave suspiro, volvió la mirada a la entrada de su casa; justo a tiempo para ver a su madre aparecer con Daisy en el camino de tierra, después de su largo paseo nocturno. Adicción que adquirió poco después de que Jess hubiera desaparecido. Su mamá le había explicado que después de que desapareció, lo único que podía calmarla era salir por las noches con Daisy, y solo así podía conseguir dormir.

Lo que Jess consiguió al volver a casa fue horrible para ella, dejándola con el corazón destrozado y sintiendo la culpa desgarrar su pobre alma con cada día que pasaba. Su padre había muerto de un ataque al corazón poco después de ella desaparecer y no poderla encontrar. Dejando sola a su madre, la cual tuvo que enfrentarse a dos pérdidas. No podía entender de dónde sacaba las fuerzas esa mujer para no romperse en mil pedazos y sacar el rancho adelante. La única persona que había estado con ella fue su fiel empleado Bob, que llevaba años trabajando con sus padres. Pero Jess sabía, que, en algún lugar dentro del corazón de su madre, ella se sentía rota, quebrada, sola.

Jess se sentía culpable por todo y, aunque su madre le aseguró que nada de eso era su culpa, ella sabía que no era así. Ya había pasado tres años desde que regresó a su hogar y aunque extrañaba a los chicos, su único motivo para querer volver de verdad eran sus padres. Y solo uno faltaba.

Levantándose del tejado de la casa, juntó su purgar e índice y se los llevo a la boca, enrollando su lengua en ellos y expulsando el aire de sus pulmones para crear su característico silbido, haciéndole saber a su madre que estaba allí. Su madre llevó una mano a sus ojos para bloquear la luz de los faroles.

-¡Otra vez allá arriba! ¡Sabes que puedes caerte, esas tejas ya están algo viejas y podrías resbalar! -le grito su madre.

Jess le sonrió.

-Ya no soy una niña, mamá. Se tener cuidado. Además, creo que al igual que tú, me gusta subir aquí por las noches y mirar las estrellas. -su madre alzó la cabeza al cielo y sonrió, con una mirada triste en sus bonitos ojos verdes oscuros.

-Es lindo allí fuera, ¿Verdad? -le pregunto su madre con voz ausente. Jess le había contado toda la verdad de lo que había sucedido, ya que solo en ella podía confiar. A las autoridades les dio otra historia completamente diferente: una dónde decía que ella se había escapado con un amante que tenía, mentira que se inventó sobre la marcha al enterarse de que su novio, el hombre que decía amarla, se había casado cuando apenas había transcurrido un año de su desaparición. Dos años estuvo fuera pero que para Jess solo fueron un par de meses.

-Si. Es realmente hermoso ahí fuera. Cosas de las que nunca te imaginarias. -llevando un dedo a su boca le indico que guardara silencio, Jess sentía que el gobierno escuchaba todo lo que se decía. Normalmente hablaban dentro de la casa con el televisor encendido-. La cena está lista. Iré poniendo la mesa. -le dijo antes de comenzar a moverse con cuidado sobre el tejado, hasta la ventana de su habitación. Antes de entrar vio a su madre bajar de la yegua marrón que su padre le había regalado.

«Sé que lo extrañas mamá... Lo siento.» muchas veces deseó poder decirle cada día cuánto lo sentía. Una vez lo intentó y su madre la interrumpió; diciéndole que no quería volver a escucharla lamentarse por algo que ella no tuvo la culpa.

-¿Cómo estuvo tú día en el hospital? -le preguntó su madre sentada a la mesa. Jess había retomado su carrera de doctora estudiando el doble que un estudiante normal, ya que había perdido mucho tiempo, para poder graduarse en la universidad. Ahora se encontraba trabajando como residente en el hospital de Marfen y las jornadas de trabajo eran rudas.

-Agotador. Mi jefe de cirugía es una pesadilla. Le gusta ponerme los casos más complicados para ver cómo salgo de ellos... Solo que no sabe que no pienso darle el gusto de rendirme, si no quisiera salvar vidas no estaría ahí en primer lugar. -ella recordó la pequeña discusión que tuvo con el idiota de su jefe esa misma mañana, cuando la acorraló en la sala de descanso. Jess podía sentir que sucedía algo más allí pero solo imaginarse con alguien más que no fuera... Detuvo rápidamente sus pensamientos de ir a un lugar del cual le estaba costando salir.

-Imbécil. -dijo su madre.

-Eso mismo pensé yo.

-No le des el gusto de verte renunciar. Un Williams nunca se da por vencido, ¿Queda claro? -Jess a veces olvidaba lo autoritaria, ruda e imponente que podía ser su madre. La hacía sentirse orgullosa de ella. La mujer era su mayor ejemplo a seguir. Para sus cuarenta años aún era una mujer hermosa que se mantenía conservada y en muy buena forma, con un cuerpo de reloj de arena que mantenía tonificado por el trabajo duro del campo y de sus clases de defensa personal. Su perfecta piel aceitunada se parecía a la de Jess. Su cabello negro le llegaba al nivel de su trasero, se negaba a cortarlo. Jess y su madre Verónica se parecían mucho, excepto por el color de los ojos, esos los heredó de su padre; un hombre blanco de ojos marrones.

-Muy claro, mamá. -le respondió con una sonrisa.

-Bien. -terminaron de comer y ambas lavaron los platos.

-¿Mamá?

-¿Si? -Verónica la miraba mientras terminaba de secar los platos.

-Sé que después de que volví no volvimos hablar de lo sucedido, pero... ¿Realmente crees todo lo que te conté? Quiero decir, sé que nunca te podrías imaginar que hay vida allí fuera. Vida inteligente, muchísimo más que nosotros.

-Te creo, bebé. Nunca me has mentido y no entiendo porque lo harías ahora. Sabes que siempre te he dicho que puedes mentirme a mí o a cualquier persona, y saber que la estás lastimando. Pero mentirte a ti misma es la peor manera de autodestruirte. -Jess asintió en entendimiento.

-Lo sé. Y es por eso que tuve que decirte la verdad. Porque te amo y no pude ocultarte algo así.

-Está bien, pequeña. -su madre se acercó a ella y la abrazó-. Me dices que esta mujer, Karen, decidió quedarse allá...

-Si.

-Wow, pobre, es difícil no tener a nadie aquí en la tierra que espere por ella. -Jess solo le había contado a su madre que Karen decidió quedarse allá ya que en el planeta tierra no tenía a nadie.

-Ella es más feliz en Dargox que aquí. Además, está acoplada -hizo comillas con sus dedos-. Con Drak. Estaban teniendo una familia la última vez que la ví. -su madre la miro perpleja.

-¿Qui-quieres decir que ella y él...?

-Si. Pueden tener sexo como cualquier pareja de aquí... Creo. Sé que estaba esperando gemelas.

-Dios mío, y hasta ahora me lo dices. ¿Por qué no lo mencionaste antes?

-No lo sé. No creí que fuera importante. -se encogió de hombros y continúo con los platos.

-Jess... ¿Tú no habrás...?

Sintiendo sus mejillas arder, bajó la cabeza.

-No. Quiero decir, sabes que no soy virgen. Pero nunca tuve algo con alguno de ellos, tener sexo implicaba un amante de por vida, ahí no es como aquí. Ellos creen en los vínculos para toda la vida.

-Pero....

-¿Qué? -la miró sorprendida. Cerro el grifo para enfrentar a su madre.

-Puedo verte, Jess. Soy tu madre, no lo olvides. Las madres somos muy intuitivas y podemos ver más allá de lo que los hijos piensan. Sé que extrañas ese lugar, mejor aún... Extrañas a alguien allí y sé que no es Karen precisamente.

Jess se apoyó del mostrador de la cocina y contempló sus zapatos antes de responder.

-Su nombre es Bex. Es uno de los guerreros que nos salvó y el único que aguantó mis gritos sin importar cuánto podría lastimarle. Le habló al consejo que estaba enamorado de mí, o bueno, algo cómo eso de todos modos. Ya que para ellos significa otra cosa.

-¿Al consejo?

-Sí, mamá. Recuerdas que te comenté que ellos; junto con el rey, líder, gobernador o lo que sea que sea, toman las decisiones importantes en Dargox.

-Lo recuerdo. Entonces, amas a este chico. Porque definitivamente es un chico para mí, si pueden tener relaciones con las humanas.

Jess sentía vergüenza de tener que hablar con su madre de esas cosas, pero tampoco es que tuviera con quién más hacerlo.

-Mi corazón lo extraña. Es un sentimiento extraño lo que siento aquí, -llevó su mano a su pecho-: Es como si tuviéramos una conexión. Es como si él también me extrañara... O necesitara.

Capítulo 2 Capitulo 2: Bex

Capítulo 2.

BEX.

Ya había transcurrido tres blakef meses desde que dejó que su Neka se marchara, porque no tubo las fuerzas necesarias para retenerla en contra de su voluntad. Había Notado la tristeza en su mirada, y la había oído hablar con la hembra de Drak sobre sus padres. Motivo por el que no quiso interferir con su decisión.

Aunque sabía que ella también quería quedarse porque podía sentirlo, se mantuvo cayado. Esa extraña conexión que sentía con Jess era lo mejor que pudo haberle pasado. Esa que sintió cuando la acorraló en su primera noche en su kasa cuando entro en su habitación y la consiguió envuelta en una toalla para secar su pequeño y delgado cuerpo. Jess se veía tan hermosa que le daban ganas de encerrarla y no dejar que nadie más la viera. Los instintos más primitivos y primarios de sus ancestros salían a flote cuando ella estaba cerca.

Ahora, todo era diferente, ella se había ido para nunca más volver. No podía ir a buscarla porque no tenía las coordenadas de su planeta, y tampoco era como que las pudiera conseguir con algunos de los guerreros. No después de haberse peleado con 27 guerreros en distintos momentos y circunstancias. Aun así, eran peleas, y fue expulsado de los viajes espaciales hasta que recobrara la compostura.

-¡Baldissera! -gruño caminando de un lado a otro en la sala de su kasa-. Necesito salir de aquí. -les gritó a los machos que custodiaban su puerta de entrada.

Su Dargox estaba impaciente, sabía que él también quería a su Neka de regreso. Ansiaba montarla en su forma primitiva y marcar su delicioso cuerpo.

Bex se encontraba en un estado fuera de sí mismo. Había destrozado casi toda su kasa por dentro. Había dejado que su bestia interna poco a poco se apoderará de él hasta el punto de comenzar agotar su energía. Su Dargox lo vió desde una esquina gruñéndole por ser un tonto de kix por no haber hecho nada para que su Neka no se fuera. Ahora con cada día que pasaba se debilitaba cada día más.

-¡Abran! -Bex reconoció esa voz de inmediato. Aun así, no se levantó del lugar en el sofá donde estaba acostado.

Un alto Dargoxiis lleno el umbral de la sala con su presencia.

-¿Pero que Kix te ha pasado, Bex? -sabía que su aspecto no podía ser muy bueno. Tampoco era que le importará. Le mostró los colmillos-. Calma. No estoy aquí para hacerte daño. Solo quiero hablar con uno de mis guerreros.

-¿Guerrero? Hace tiempo me quitaron ese derecho.

-No lo han hecho. Solo te están dando un descanso. Últimamente no eres tú mismo. Estás fuera de sí. Estás actuando de forma irracional, impulsivo, autodestructivo. Quieres hacerte daño a ti mismo con todas esas peleas que has causado. Esa misión de hace un mes en dónde casi te matan, fue una muestra obvia de que no deseas vivir.

-Salvé vidas. Es lo que importa.

-Pero a qué costo, ¿De la tuya? Sabes que así no funcionamos.

-Tu ni siquiera estabas allí. Oh claro, estabas con tu Neka.

-Cuidado, Bex. -le advirtió Drak a su viejo amigo. Él podía saber lo que estaba pasando Bex-. Karen está muy preocupada por ti.

-Aja.

-No seas un idiota, como dice ella, y saca tu cabeza de tu trasero. Todo esto es porque no pudiste obligarla a qué se quedará, ¿Porque no lo hiciste?

Bex abrió la boca para contestar cuando una suave voz lleno el aire.

-Él no podía hacer eso, Jess hubiera sido infeliz si la hubiera retenido.

-Blakef, no te dije que esperarás afuera.

-Y yo te dije que Bex, aunque creo que no le agrado mucho últimamente, no va a lastimarme es mi amigo y voy a buscar la manera de ayudarlo. -Karen entro en la sala balanceando sus caderas, en uno de sus extraños vestidos que solía modificar con la ropa que compraba. Más ahora que su vientre estaba muy grande y redondo, con sus crías adentro.

Bex no quería ayuda, lo único que quería era a Jess y ella no podría dársela. Se levantó alejándose de Karen lo más que pudo. Su pecho gruñía al verla porque le recordaba a su Neka, solamente en la raza porque en apariencia no podían ser más diferentes.

-Cuidado, Bex. Ella es Karen, tu amiga, recuérdalo. -Drak trataba de calmarlo. Bex gruñó y contrajo el labio superior mostrando sus afilados colmillos, sus garras se desenvainaron-. Kix, Karen. No te acerques.

-Drak, él... Le está pasando lo mismo que a ti. -Karen observaba la escena con horror, escuchando como el cuerpo de Bex empezaba quebrarse-. ¡Debemos ayudarlo, Drak! Me importa una mierda si tu padre quiere o no, hay que buscar la manera de buscar a Jess...

-¡No! -muy tarde Drak pudo frenarla de mencionar el nombre de la joven humana.

El cuerpo de Bex templo encorvarse hacia delante mientras sus huesos se rompían y estiraban para darle paso a su Dargox. La bestia en él sentía que si no salía se volvería loco y moriría, así también moriría, pero por lo menos se llevaría a unos cuantos con él en el proceso.

En un abrir y cerrar de ojos Karen vio desaparecer a Bex para luego ver a un increíble, gigantesco y terrible animal de color marrón ante ella. El miedo la paralizó en el acto, este era el segundo animal que veía, el primero fue Drak y lo vio en peores circunstancias.

Drak rápidamente fue a transformarse viendo que todo se estaba saliendo de control, pasos se oyen cuando los guerreros que cuidaban la entrada entraron.

-Drak. No lo hagas, espera.

-Blakef, Neka, no interfieras. Que alguien la saque de aquí.

-No, Drak. -grito ella-. Él es tu amigo, ¿Lo recuerdas? No puedes lastimarlo. Él.... Solo está perdido. Piensa como te hubieras puesto tú en su lugar.

Drak entendió lo que le quiso decir, pero aun así se negó a dejarla un minuto más cerca de un Bex cambiado a Dargox.

A Karen se le rompió el corazón al ver a Bex acorralado en una esquina, gruñéndoles a todos. El sitio se veía muy pequeño para su tamaño.

-¿No me escucharon? ¡Sáquenla de aquí!

-¡No! -Karen lloró porque no quería que ninguno de ellos fuera a salir herido en una pelea. Bex que estaba cerca de ella se movió a su lado con fluido movimiento agarrando la parte delantera de su vestido y alzándola. Ella grito de terror, pero Bex la ignoro poniéndola en una esquina y cubriéndola con su peludo cuerpo. Karen en seguida comprendió que no quería hacerle daño.

Drak sacó su arma dispuesto a matarlo.

-¡No, Drak! -grito desde atrás segura de que el podría escucharla en medio de tantos gruñidos-. Él cree que me está protegiendo.

-¿Protegiendo de quién? -su mirada siempre en Bex-. Ahora, Bex. Devuélveme. A. Mi. Neka. -la voz de Drak destilaba hostilidad.

Bex balanceaba su gran cuerpo adelante y atrás, moviendo su boca lista para atacar.

-Está fuera de control. -anuncio uno de los guerreros-. Archi Drak, debemos dormirlo.

-Llama a Havyn Bach, dile que tenemos un problema. Y consigue ese tranquilizante.

-En seguida. -el guerrero saco un dispositivo muy parecido al celular en la tierra, pero esté proyectaba un olograma mostrando las funciones del sistema, pero como ella aún no entendía nada de su lenguaje no podía entender que decía. La imagen del papá de Drak apareció en el sistema, pero el hombre salió de la habitación dejándola sola con Drak y Bex.

Drak buscó de dar un paso hacia ella, pero Bex lo detuvo.

-Sé que puedes entenderme, Bex, porque yo también he estado en esa forma muchas veces. Así que devuélveme a mi Neka.

-Déjalo, Drak. Él en este momento no puede entenderte. -en eso Bex lleva su atención a ella. Atraído por su olor, llevo su gran hocico a su cuello para olfatearla. Entonces hizo lo que jamás pensó que Bex haría, comenzó a pasar su lengua por su cara hasta bajar por su cuello.

-¡Baldissera, Karen! Está atraído a ti porque siente que tienes alguna conexión con Jess. ¡Bex, amigo, más te vale que quites tu lengua de mi Neka!

Bex solo gruñe. Pasos se escucharon detrás de él, antes de que pueda girar a ver qué pasa, siente un agudo pinchazo en su hombro derecho que rápidamente lo sumerge en una bruma espesa y lenta. Se tambalea de un lado a otro, su mente entrando y saliendo de la conciencia. Aúlla de dolor. El grito de Karen es lo último que escucha antes de desplazarse en el suelo.

-¡Drak! ¡¿Que has hecho?!

Capítulo 3 Capitulo 3: Jess

Capítulo 3

JESS.

La semana había transcurrido tan rápido que Jess sintió que pasó en un parpadeo. El trabajo no era fácil, pero se sentía complacida de ayudar a otros.

-Doctora Williams, la necesitan en urgencias. -la voz de Camila, la recepcionista, sonó desde los altavoces en la pared. Con un fuerte suspiro se retiró de la pared donde se encontraba apoyada y frotó sus cansados ojos, llevaba treinta y seis horas sin dormir, solo uno que otro pequeño descanso de algunos minutos. Camino hasta el lavabo y se miró al espejo, círculos oscuros precedía bajo de ellos. Estaba horrible. También necesitaba comer algo, los huesos de sus hombros se estaban comenzando a notar más de lo normal.

Si. En definitiva, algo le pasaba, solo que no sabía que o porqué. La extraña sensación de que algo sucedía no la dejaba tranquila.

Jess terminó de lavarse la cara antes de salir del baño. Trato de sonreír lo mejor que pudo a algunas personas que se hallaban en los pasillos. Al llegar a la sala de urgencias vió el lío sangriento en el suelo, y su estómago se apretó ante la anticipación de lo que serían sus últimas horas, antes de irse a casa. Corrió de prisa entrando a la habitación de observación, tres mujeres se encontraban en trabajo de parto.

«Esto tiene que ser una maldita broma.» Pensó.

-¡Doctora Williams, no se quede ahí parada! -saliendo de su estupor, sé preparó para ayudar con los partos.

-¿Que tenemos, Doctor Steven? -el jefe de cirugía la miró con incredulidad, pero Jess se empeñó en señalar la pregunta obvia-. ¿Algunas de ella necesita cesárea? ¿Complicación? -maldijo por tener a un idiota novato lento, que se la daba de inteligente.

-A Esta le haremos una cesárea de emergencia. El bebé viene con el cordón umbilical al rededor del cuello. -Le grita saliendo de la sala de observación con la mujer en la camilla-. ¡Tú y Andrea revisen a las otras dos mujeres! -mujeres que no paraban de gritar.

Andrea y ella se miran la cara y asienten, decididas ayudar a las mujeres. Jess se dirige a la primera chica que resultó ser la esposa de su ex. ¡Mierda, Jodida broma del destino!

Colocándose unos guantes de látex, se posicionó entre el medio de las piernas abiertas de la mujer, «soy una profesional, puedo con esto y más», tocándole la barriga en su bajo vientre.

-Respire profundo y relájese. -le dice Jess metiendo dos de sus dedos para poder saber que tan pronto sería todo. Al tocar se dio cuánta que algo iba mal, sin querer alarmar a la madre pidió hacerle una eco grafía. Pero en su mente ya podía saber que era lo que sucedía así que se preparó.

-¿Doctora Williams, pasa algo malo? -le pregunta la asustada futura mamá. Jess le sonríe para generarle confianza.

Se quita sus guantes al tiempo que comienza a manipular la máquina de hacer ecos y trabaja en seguida realizándole uno.

-No cariño. Está todo bien. Solo quiero saber que el bebé esté bien y en qué posición se encuentra.

-¿Pero no acaba de hacerme un tacto? ¡Porque demonios me ponen con una novata! -insulta la mujer. Jess se paraliza brevemente, pero continua en seguida. No dejaría que su insulto la afectará.

-Cierto. Acabo de realizar el tacto, estás lista para traer al bebé. Pero necesito saber que el bebé se encuentra bien. -decide ignorar a la mujer, ya que no quería preocuparla. Cuando hace el eco ve que era lo que ella se imaginaba. Tenía placenta previa marginal. Lo que quería decir que la placenta saldría primero y ellos tendrían que trabajar más rápido que nunca en sacar al bebé.

-¿Y? -Jess suspira, porque sabía que tenía que decirle. El riesgo de que la placenta venga antes que el bebé era malo. No podía ocultar esa información.

-Tienes placenta previa. Lo que quiere decir que saldrá primero ella, pudiendo causar un desprendimiento del cordón umbilical. Entonces el bebé correría peligro. -la mujer comienza a llorar-. Escúchame, Sara, necesito que te concentres y puje fuerte, ¿Me entiendes? Si me ayudas esto será rápido.

-¿Segura?

-Si. -dice Jess con total confianza.

-Está bien.

Dicho esto, Jess vuelve a ponerse otro par de guantes y se sitúa entre sus piernas.

-Cuando tengas una contracción, quiero que pujes con fuerza. Recuerda, detrás de la placenta está tu bebé, así que esto será rápido. -Sara la mira con lágrimas en los ojos. Jess gesticula con sus labios un "tú puedes". Sara asiente antes de pujar.

Cuarenta y cinco minutos más tarde Sara sostenía a su bebé en sus brazos, mientras estaba siendo suturada.

Jess la deja con las enfermeras a cargo de ella y va ayudar Andrea que solicita su ayuda inmediata.

-¡Doctora Williams! -Jess voltea-. Gracias, y disculpé por todo lo que dije.

La sensación de eso dejo a Jess con un mal sabor extraño en su boca.

-Descuida. Luego paso a ver cómo sigues. -la mujer asiente con una sonrisa.

Camina hasta el otro lado de la habitación. Dónde está la última mujer gritando con fuerza por los dolores de parto.

-¿Que ocurre Andrea? ¿Porque aún no está teniendo a su bebé?

-Aún le faltan tres dilataciones y el bebé a última hora decidió que quiere sentarse un rato más. -podía notar la diversión en la voz de su amiga y colega. A Jess secretamente le pareció gracioso, pero se contuvo.

-Debemos realizar una cesárea de emergencia.

-¡NO! ¡No quiero nada de cesárea! ¡Quiero tener a mi bebé de forma natural y sin epidural! -grita la mujer. Jess la mira pasmada. ¡Qué mierda! Necesitaba hacer esa cesárea cuánto antes. Andrea y ella se miran.

-Señora Laura. Debemos realizar la cesárea porque su bebé está en horizontal. O sea que está sentado.

-¡Ya la escuché! ¡No estoy sorda, pero parece que ustedes sí! ¡No quiero cesárea! -contrataca la mujer. Jess respira hondo para no decir algo de lo que pueda arrepentirse.

-Jess y, ¿Si buscamos de voltearlo otra vez? Quiero decir, recién se ha movido, quizás podamos moverlo a su forma anterior. -Jess lo pensó por unos segundos. Podrían buscar los materiales necesarios y voltear al bebé.

-¡No quiero nada extraño dentro de mí! -vuelve atacar la mujer.

-¡¿Señora entienda que, si no sacamos a su bebé, puede morir?! -Andrea ya estaba arta.

-Lo sé.

-Entonces le agradeceríamos que nos deje traba...

-¡Tengo una idea! -exclama Jess, emocionada por probar un método que había leído hace algún tiempo para su examen-. Me dices que recién se volteo, ¿Cierto? -Andrea asiente-: en ese caso no debería ser tan difícil traerlo de regreso a su posición. Consigue una campana. -la excitación en su voz era palpable.

-¿Campana? -pregunta Andrea con incredulidad.

-Sí, doctora Smith. Campana. -esta última se le queda viendo a Jess, pero ella gesticula con un movimiento de los labios que confíe en ella.

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