#Nota:
Querido lector o lectora, me complace mucho que te animes a leer mi libro, espero que sea de tu agrado y puedas disfrutarlo.
Para que puedas entender la trama, te recomiendo que leas mis libros en el siguiente orden:
1: "Ni contigo, ni sin ti",
2: "Cuando la perdí"
3: "Hojas azules"
De esta manera seguirás la línea del tiempo en que se desarrolla la historia, y entenderás la aparición de ciertos personajes, y el por qué de muchas cosas que ocurrirán en esta historia.
Por otra parte, te recuerdo que lo que aquí está escrito es producto de mi imaginación, es por eso que algunas cosas no van a concordar con la realidad. Nuevamente gracias y un fuerte abrazo.
***
Estoy en la biblioteca, intento concentrarme porque estoy estudiando para el examen de ingreso al posgrado de Gerencia estratégica de costos, en la universidad de Harvard, pues mi padre no deja de insistir en que siga estudiando, para que en un futuro cuando él, deje la política, me haga cargo de sus empresas, sin embargo, esto de tener una doble titulación, no es nada fácil, ya que debo admitir que mis últimos semestres de ciencias políticas no están siendo nada agradables, pues a pesar de que no es presencial, lo que es muy bueno, porque soy yo quien distribuyo mi tiempo, la carga académica es bastante pesada. Mi compañera Rita, quien se graduó conmigo de administración de empresas, me acompaña, pues ella, al igual que yo, desea postularse al posgrado, sin embargo, aunque su cuerpo está sentado frente a mí, su mente está en otra parte.
-Ava, ¿sabías que hoy inauguran un nuevo club nocturno en Manhattan? -Me dice sin dejar de ver su teléfono.
-¿Y? -Pregunto sin emoción alguna, sin despegar la vista del libro que estoy leyendo.
-Como que, ¿y?, pues deberíamos ir...
-No lo creo, aún tengo mucho que estudiar, y tú también, viendo tu teléfono, no aprobarás el examen de ingreso.
-¡Bah!, qué aburrida eres...
-Si, lo soy. Ahora has silencio, quiero terminar de estudiar. -Digo, aún centrada en mi libro, esperando que se calle de una buena vez, para evitar que nos regañen en la biblioteca por hablar, y poder terminar de leer un par de capítulos más, para ir a visitar a Chloe.
-¿Sabes que creo? -Me dice, pero esta vez ni siquiera le contesto, para no tener que seguir con la conversación, pero eso no la detiene. -¿Creo que deberías conseguirte un novio?
-¿Qué? -Pregunto asombrada, fijándome por primera vez en ella.
-Es en serio. Quizás así aprendes a divertirte.
-¡Estás loca! -Le digo, y me vuelvo a centrar en mi libro.
-¿Loca?, ¿por qué?, ¿qué tiene de malo, tener a alguien con quien salir, que te escuche, y que de vez en cuando te dé unos buenos besos, y quizás, algo más...?
-Rita, no tiene nada de malo, pero por ahora no me interesa, tengo que ocuparme del posgrado, terminar mi otra carrera, e ir a muchas entrevistas para conseguir un empleo.
-¿Por qué harías eso?, tú solo habla con tu papá o con tu hermano, y podrás tener acceso al mejor empleo del mundo.
-No, quiero hacer esto por mi misma, que sean mis logros.
-¡Bah!, ¡aburridaaa! -Dice y cierro el libro en mis manos, pues ya me está irritando.
-Creo que ya debo irme, quedé en visitar a mi cuñada el día de hoy. -Me levanto y empiezo a recoger mis cosas.
-Ava, ¡lo siento! -Dice Rita y me toma de la mano, parece realmente apenada. -Es que eres tan joven, pero te comportas como si fueras una anciana. Tal vez no necesites un novio, pero quizás si deberías conocer gente, interactuar con más personas, eres demasiado solitaria.
Lo que me dice, me llega, por que era lo mismo que yo le decía antes a mi hermano. Suspiro.
-¡Está bien!, tienes un punto. ¿Qué propones?
-Bueno, mira, hay alguien que creo, te haría bien conocer, es mi primo, Jim...
-¿Jim?
-Sí, es un chico muy agradable, tiene 25 años y trabaja en un hospital, y es igual de ñoño que tú, pero también sabe cómo divertirse. Creo que ustedes podrían ser la pareja perfecta. -La miro con desaprobación
-Pensé que ya habías dejado de lado el tema del novio...
-No deberías descartarlo, por lo menos no hasta que conozcas a Jim, del cual, por cierto, se me olvidó mencionar que es muy guapo. -Niego con mi cabeza, mostrando desaprobación.
-Deberías saber que importa más los sentimientos y el tipo de persona que pueda ser, al físico.
-Pues en eso tú y yo diferimos. Eso sería como comprar una bolsa de snacks, pueden ser los más ricos y deliciosos, pero si el empaque es feo y poco llamativo, jamás lo compraría, la primera impresión siempre es la que vale, y un tipo feo, no encaja en mi mundo para saber si tiene o no lindos sentimientos. -Termina de hablar y se centra en su teléfono, mientras teclea sin parar.
-¡Waooo!, ¿acabas de comparar los sentimientos de un ser humano con una bolsa de snacks? -Sigue escribiendo, y no me presta atención. -Si, definitivamente, estás loca -Digo, y sigo recogiendo mis cosas.
-¡Listo!, -Dice, pero no le presto atención. -¿Vas a ir así? -Me pregunta y hace que yo misma observe mi ropa.
-¡Shhhh! -Dice alguno de los presentes, por lo que bajamos la voz.
-¿De qué hablas?, a Chloe no le molesta mi forma de vestir.
-¿Chloe?, ¿quién está hablando de Chloe?, me refiero a la cita que tienes con mi primo.
-¿Disculpa? -Abro los ojos de par en par al decir esto.
-Como lo oyes, acabo de escribirle a mi primo y gustoso, aceptó salir contigo, quiere conocerte, (empieza a recoger sus cosas) así que en más o menos en unas 4 horas tendrás una cita a ciegas, donde la idea es que se conozcan mientras almuerzan juntos. -Empieza a caminar para salir de la biblioteca y yo la sigo.
-¿De qué hablas?, ni siquiera me preguntaste si quería salir con él. -Detiene su andar, una vez llega al aparcamiento dónde esta su auto, y se gira para verme.
-Ava, ¿quisieras tener una cita a ciegas con Jim?
-¡Claro que no!
-¡Ves!, por eso no te lo pregunté. Ahora, si llegas a dejar a mi guapo y dulce primo, salvador de los animales, y rescatista de los mendigos, plantado, te juro Ava Roberts que no te vuelvo a hablar. -Se monta en su auto, y aunque intento refutar lo que me dice, no me deja. -En la cafetería Frisson Espresso cerca al Lincoln Center, por favor no llegues tarde. (Enciende el auto), es su día libre, y está dejando de salvar el mundo por ti. -Arranca y se va dejándome con la palabra en la boca y confundidísima con respecto a todo lo que dijo del tal Jim.
-¿Salvar al mundo?
En un principio quise hacerme la desinteresada, así que decidí que no iría a la dichosa cita, pero la culpa de dejar a alguien esperando pesaba sobre mi cabeza, por lo que ya había enviado varios mensajes a Chloe para avisarle que hoy no iría a visitarla, me había ido a mi casa a cambiarme de ropa y arreglarme, para que por lo menos el chico, no pensara que su cita a ciegas era una chica sin gracia o estilo y en este momento, estaba en la parte trasera de un taxi, desesperada por el tráfico de New York, intentando llegar a tiempo a mi cita a ciegas no consensuada.
-Señor, ¿podría por favor ir un poco más rápido?, quizás sepa algún atajo... -Le digo al taxista, al notar que no avanzamos hace un largo rato y mi reloj ya marca el medio día.
-Lo siento, señorita, pero estamos atascados en un embotellamiento. Solo queda esperar. -Suspiro derrotada, y llamo a Rita para que me dé el número de su primo y poder disculparme con él.
Lo llamo, y no contesta, así que decido enviarle un mensaje explicándole la situación, del cual no obtengo respuesta. Durante una media hora más, el taxista no logra avanzar, de pronto recibo una llamada de Rosa.
-Hola Rosa, ¿pasó algo?, ¿acaso el bebé ya va a nacer? -Es lo primero que se viene a mi cabeza, porque Chloe está en la recta final de su embarazo.
-N-no, señorita. -Dice Rosa llorando a través del teléfono.
-Rosa, cálmate, ¿qué pasa?, ¿por qué lloras?
-E-es que, la señora... la señora...
-Rosa, por favor, habla con claridad, no te entiendo nada...
-La señora Chloe, sufrió un accidente y está muy grave...
-¿Qué?, Chloe... -Inmediatamente escucho que Chloe está muy mal, sentí un fuerte estruendo en mi pecho, como si mi corazón golpeara fuertemente contra el.
-Si, y el señor no aparece, por eso la estoy llamando, yo no sé qué hacer.
-Dame la dirección, ya mismo voy para allá.
Apenas cuelgo, le digo al taxista que cambie de rumbo, y apenas llega a una redonda, toma una salida que se encuentra más despejada, no sé cuánto tiempo pasó, pero por momentos sentía que mi respiración era demasiado agitada y otras veces demasiado lenta.
De repente, la vibración de mi teléfono me devuelve a la realidad. Es mi hermano, y apenas veo su nombre en la pantalla, mis manos empiezan a temblar. Había olvidado llamarlo, y él no sabe nada, según lo que me dijo Rosa, ¿cómo le diré?. Contesto.
-Aló, hermana, ¿dónde estás?, Chloe sufrió un accidente, por favor ve a la clínica del Norte, ella y el bebé... ella...-Suena desesperado, asustado, temeroso, de pronto deja de hablar y las palabras son reemplazadas por un silencio y luego por el llanto.
Escucharlo así, rompe mi débil corazón, pero debo intentar ser fuerte.
-Tranquilo, Rosa me llamó al ver que tú no contestabas, ya estoy llegando. Tranquilo, todo estará bien.
-Tiene que estarlo Ava, tiene que... si no me moriré... te juro que si le pasa algo a Chloe o a nuestro bebé no podré soportarlo... -Empieza a llorar nuevamente, esta vez con desconsuelo, se me hace un nudo en la garganta y me llenan de miedo sus palabras.
-No, no lo digas, por favor, hermano, ¡cálmate!, confía en Dios, y en que todo saldrá bien. Pero tienes que calmarte, de nada le sirves a Chloe si te pones así. - El me dice que está bien, y después de unos cuántos segundos cuelgo. Apenas lo hago, mis lágrimas empiezan a brotar, mi corazón empieza a latir con más fuerza, y siento que me empiezo a hiperventilar. El taxista se detiene de la nada, y me mira por el espejo retrovisor.
-Llegamos señorita. -Dice estas palabras y un escalofrío recorrió toda mi columna, haciéndome sentir miedo, un miedo que jamás había sentido. Como puedo pago, y me bajo del taxi, sintiendo que los pies me pesaban.
Al entrar a la clínica, me apresuro a averiguar por Chloe, quien está en este momento en cirugía. A las afueras de la sala, está Rosa, muy nerviosa. Me acerco a ella, y justo cuando iba a preguntarle si sabía algo de Chloe, se abren las puertas y sale uno de los médicos, con su bata quirúrgica llena de sangre.
-¿Familiares de la señora Chloe Roberts? -Pregunta con la cabeza gacha, y al ver su expresión de descontento y su postura cabizbaja, me di cuenta de que no, nos daría buenas noticias.
-Yo soy su cuñada, y ella su ama de llaves.
-¿Aún no han localizado al esposo? -Pregunta con desagrado.
-Ya viene para acá, pero puede decirnos lo que sea Doctor.
-Está bien, lo lamento. -Dice y masajea su cien, parece enojado consigo mismo.
-¿Disculpe? -Preguntó bastante nerviosa, sin siquiera poder distínguir su rostro, que en ningún momento levanto para vernos.
-Lo siento mucho, créame que hicimos todo lo posible porque sobreviviera. Pero lastimosamente, por su propia decisión, solo la bebé está bien. -Mis ojos se llenan de lágrimas, el médico por fin levanta el rostro, y yo aún no puedo distinguirlo, pues todo se ve borroso a través de mis ojos que no dejan de llorar. -En un momento debemos trasladar el cuerpo a la morgue, ojalá su esposo llegue antes para que no tenga que verla cuando ya esté en ese frío lugar -Dice y regresa a la sala, dejándonos conmocionadas por la noticia que aún no terminaba de creer, hasta que vi a mi hermano llegar, y ver cómo abrazaba y besaba el frío cuerpo de Chloe que transportaban en la camilla donde acababa de dar a luz a su pequeña bebe, entonces sentí como los latidos de mi corazón golpeaban fuertemente mi cuerpo, cada vez más rápido, haciendo que mi brazo izquierdo sintiera un cosquilleo, mis ojos vieran con dificultad, y el aire me empezara a faltar, con la sensación de que en cualquier momento podría colapsar, pero eso no era una opción, mi hermano y mi sobrina me necesitaban, así que mi corazón debía ser fuerte una vez más, o por lo menos haría todo lo que humanamente podía hacer para que así fuera. ¡Resistir!
"A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en el mismo ataúd."dijo el gran escritor, poeta, político e historiador, Alphonse de Lamartine. Y no se equivocó, viendo el dolor y el suplicio que vive mi hermano día con día desde que murió Chloe, lo confirmo. Su corazón se fue junto con el de ella, en ese ataúd. Y tal vez el dolor que yo siento jamás se compare con el de él, pero aun así, el vacío y la tristeza que tengo es enorme.
-¿Ava, por qué tardas tanto?, ¿acaso crees que tengo todo el tiempo del mundo?, el doctor nos espera. -Grita mi padre, desde el primer piso, muy ofuscado.
-¡No iré! -Digo al salir de mi habitación mientras lo veo desde el pasillo que conduce a las escaleras, en la segunda planta.
-¿Pero qué dices?, ¿acaso crees que te mandas sola?. No creas que me hace mucha gracia estar de niñero, pero luego de que sufriste un colapso frente a todos en la inauguración del museo Saint Thomas, debo llevarte.
«Obviamente, debí deducir que querría llevarme para quedar como el abnegado padre, preocupado por su hija».
-Pues no es necesario que lo hagas papá, no necesito un médico, estoy bien. Ahora, si me disculpas, debo ir a ver a mi hermano. -Digo, mientras bajo las escaleras y me encuentro con él, al final de ellas.
-¡No, no irás!. -Me responde, mientras se aleja para ir al minibar de la sala por una copa, pero antes le arroja una mirada a uno de sus guardaespaldas que custodia la puerta.
Intento salir, pero el enorme gorila, no me deja.
-Papá, por favor, ¿puedes decirle al grandote que me deje salir?
-¿Por qué lo haría?, yo mismo le di la orden de que por ningún motivo salieras de esta casa.
-Mi hermano está sufriendo, acaba de perder a su esposa. Es justo que esté con él.
-Ya estuviste con ese malagradecido, además la muerte de esa chica ya pasó y no hay nada que puedan hacer para cambiarlo.
-¿Cómo puedes hablar así, padre?, es de la esposa de tu hijo, de quien hablas. Además, no he estado con él como debería, tú te has encargado de eso, ¿o acaso no recuerdas que me mandaste a buscar con tus hombres al cementerio, como si fuera una delincuente?
-¡Ay!, ¡ya!, ¡ya!... últimamente estás muy agresiva. Y no vuelvas a decir que ese malagradecido es mi hijo, no quiero ni que lo nombres en esta casa. Todo lo que ha pasado es consecuencia de sus actos y los de esa chica, yo les advertí que no debían estar juntos y ella misma terminó por buscarse su suerte.
-¿Cómo puedes decir eso papá?, ¿acaso no te duele que Damián esté sufriendo?, y yo, yo también sufro, Chloe era mi amiga. -Empiezo a llorar, porque no puedo evitarlo, y mi padre, en vez de entenderme y consolarme, hace una expresión de desagrado.
-¡Ayyy, que fastidio!, ¡No llores!, ¿sabes qué?, si no quieres ir al doctor, está bien, ya estás lo suficientemente grandecita como para obligarte, pero lo de no salir de esta casa, no está en discusión. Aquí te quedas. -Deja la copa sobre una mesa y sale de la casa.
Subo furiosa, y veo mil maneras de escaparme, pero nada funciona, mi padre dej la casa rodeada por sus gorilas y ni siquiera Flor puede salir al supermercado.
-Como desearía vivir aún en el Penthouse. -Le digo a Flor.
-¿Por qué lo dice señorita?
-Porque así armaría un escándalo tan grande, que todos los del edificio se darían cuenta, y vendrían a ayudarme.
-¡Ay señorita!, está claro que usted ha crecido en edad, pero sigue siendo una niña.
-¿Qué quieres decir Flor? -Le pregunto y ella sale de mi habitación con cara de tragedia, lo que es normal, pues ella era alguien que apreciaba mucho a Chloe, y también está muy afectada.
Me tiro a la cama, viendo el blanco techo sobre mí, y los recuerdos empiezan a llegar, así que lloro hasta que me quedo dormida, pensando en que hace una semana que Chloe murió y mi padre ni siquiera me deja pasar mi duelo en paz junto a mi hermano y mi sobrina.
Cuando despierto, ya es hora de almorzar, pero últimamente la comida no es mi mejor amiga.
Como todos los días, llamo a casa de mi hermano para intentar hablar con él, pero Rosa me dice que otra vez está borracho, echado a la pena, no quiere comer, ni bañarse, ni siquiera ha querido ver a su hija. Mi dolor se hace más grande, al ver lo que él sufre, y yo ni siquiera puedo estar cerca, aunque también me enoja que se desquite con la bebé, ella que culpa tiene de haber nacido el mismo día en que murió su madre.
Tocan mi puerta...
-¡Adelante! -Es Flor.
-Señorita, la comida está servida. Por favor baje.
-No tengo hambre Flor. Lo siento, pero no comeré.
-Eso no es una opción señorita, su padre la está esperando para que almuercen juntos, y le mandó a decir que no demore, que necesita hablar con usted.
-¡Genial!, ¿ahora que querrá el señor expresidente y gobernador del estado de New York?
Bajo a regañadientes al comedor y mi padre no deja de hablar por teléfono muy animado...
Me siento de mala gana, pero él ni siquiera me presta atención. La comida ya está servida, así que intento no desperdiciar la deliciosa comida de Flor, por lo que me meto un bocado, que por más que mastico, no puedo tragar. A mi mente vienen los recuerdos de cuando Chloe era mi niñera, y amaba la comida de Flor, incluso cuando se casó con Damián, le pedía a Flor que le preparara algo de comer y se lo enviara conmigo. - Las lágrimas otra vez se hacen presentes en mi rostro, y siento como el bocado que está en mi boca, de alguna manera no puede ser tragado.
-¡Uhg!, ¿otra vez llorando? -Pregunta mi padre con desagrado. -La chica murió, ya no puedes hacer nada, Ava. Así es el mundo, personas a diario mueren, y otras como nosotros seguimos con vida, encargados de que el mundo siga avanzando. -Dice y toma un sorbo de vino, y yo miró con desaprobación, pensando en que eso es justo lo que él hizo con mi madre.
-A veces eres tan cruel, padre.
-¿Cruel por decir la verdad?, ¡No lo creo!, pero allá tú si quieres seguir desgastándote con una situación irremediable. ¿Aún quieres ir a ver a tu hermano? -Su pregunta me toma por sorpresa.
-Si, ¿por qué?
-Porque hoy podrás ir...
-¿De veras?
-Si, pero solo si me prometes que seguirás igual de aplicada en tus estudios.
-¡Claro!, ¡si!, ¡por supuesto!
-Y que me acompañaras a una cata de vinos esta noche...
-P-pero, dijiste que podía visitar a mi hermano.
-Y lo harás, podrás ir por una par de horas y deberás estar de regreso para acompañarme a la cata.
-Pero padre, no entiendo por qué quieres que vaya contigo.
-Eres muy buena con los vinos, y el maridaje, además eres una chica muy inteligente, la gente siempre se queda impresionado con tu inteligencia, tal y como lo hacían antes con el insensato de tu hermano. Es fácil crear nuevas relaciones con los nuevos políticos y distintas personalidades más jóvenes cuando estás tú. Te llevaría más seguido a mis eventos, pero la verdad no quiero que te la pases desmayándote como la vez pasada.
-Entonces una razón más para no ir. -Digo con tristeza, por las palabras de mi padre.
-Irás, si te resistes, te llevaré por las malas, pero entonces te perderás la oportunidad de ir a consolar a Damián. Es mejor que lo hagas por las buenas. Tu decisión. -Quisiera gritarle un par de cosas en este momento a Michael, pero mi pecho comienza a doler. Tal vez debería calmarme, al final, si mi padre quiere que vaya a un lugar, ni que me enferme, me salvará de no hacerlo.
-Está bien padre, ¿a qué horas debo estar lista?
-A las 8:00 pm, ni un minuto más, ni uno menos. Ahora come, no dejes que se enfríe tu comida. -Dice con la serenidad que le da conseguir siempre lo que quiere.
-Discúlpame padre, pero ya se me quitó el hambre. -Me levanto, pero él me mira con una dura expresión.
-¡Siéntate! -Dice arrastrando cada letra con molestia, y no me queda más que sentarme nuevamente, y aunque no vuelvo a tocar la comida, me quedo hasta que él termina, y se retira.
Apenas mi padre se va a su despacho, aprovecho para pedirle al chofer que me lleve a la casa de mi hermano. Cuando llego, me preparo para encontrarme con el peor escenario posible. Pues sé, que mi hermano no está nada bien; sin embargo, debo ser fuerte por él, y buscar la manera de ayudarlo.
Fabio abre la puerta del coche para permitirme salir.
-Señorita Ava, ¿está bien? -Pregunta Fabio con un poco de vergüenza.
-Si, ¿por qué lo dices?
-Es que no se veía tan pálida cuando subió al auto.
-No te preocupes, no es nada. -No parece muy tranquilo con mi respuesta, pero deja de insistir y se retira al auto.
-Señorita, recuerde que volveré por usted en dos horas. -Dice con la ventanilla baja, y cuando yo asiento, se va.
Me tomo mi tiempo, antes de tocar la puerta, pues debo saber qué decir y cómo actuar para que Damián no se sienta peor de lo que ya debe sentirse.
Me abre el señor Ethan, quien medio me saluda porque está hablando por teléfono, y con una seña me indica que todos están arriba.
Subo, y mientras subo, veo que mi hermano acompañado de Rosa, entra a la habitación de la bebé.
Los sigo, y Linda lo invita a pasar sin hacer ruido, pues la bebe duerme plácidamente.
-Hasta que por fin te dignaste -Le digo, refiriéndome a que por fin vino a ver a su hija.
-¿Estás bien? -Me pregunta con su voz un poco disfoníca, imagino por el elevado consumo de alcohol a diario.
-Igual que tú, yo también perdí a alguien muy especial para mí, ¿recuerdas?, pero a diferencia tuya, intento seguir adelante por mi sobrina -Le digo, y aunque no quería sonar tan grosera, no podía evitar estar enojada con él, porque sentía que se había dado por vencido, antes de luchar. De la nada, el llanto de la bebé llama nuestra atención y mi hermano, se acerca a ella para cargarla, y por primera vez desde la muerte de Chloe, su rostro parecía volver a tener color. Sus ojos tenían un brillo de ternura, y verlo acunar a su hija, me hizo sentir que Chloe estaba junto a ellos, imaginarlos a los tres fue un lindo momento que no quería olvidar.
Luego de enterarme de que Chloe deseaba que la niña se llamara Rachel como mi madre, me entró un poco de nostalgia, y aunque al final, Damián decidió que se llamaría Chloe como el amor de su vida, no dejaba de suponer para mí un momento emotivo.
Para cuando regresé a casa, me encerré en mi habitación, y empecé a dibujar, aún tenía vivido en mi mente la imagen de mi hermano junto a sus dos Chloe, así que sin dudarlo me pasé el resto de la tarde plasmando en el papel el retrato de los tres. Para cuando termine, ya era de noche y ver la imagen y saber que jamás pasaría, hizo que mi corazón doliera y me echara a llorar desconsolada nuevamente al recordar que Chloe ya no estaría con nosotros. Por un momento quise tomar el dibujo y romperlo en mil pedazos, y lo habría hecho, de no ser por Flor que tocaba a mi puerta, para recordarme que en media hora debía estar lista para ir con mi padre a la cata de vinos. Como pude, intenté cubrir mis ojeras y mis ojos hinchados con maquillaje, para luego ponerme uno de los tantos vestidos de cóctel junto a unos tacones que combinarán, y peinar un poco mi cabello suelto, para bajar al encuentro con mi padre, quien no dejaba de hablar por teléfono.
Para cuando estuvimos en el lugar, el cual era una enorme casa de campo, nos entregaron un par de fichas de cata de vinos, pues la idea era puntuarlos. Según mi padre, este evento lo realizaba la familia Ruiz, grandes amigos, que querían incursionar en el negocio de los vinos para retirarse de la política. Lo que no entendía era porque mi padre estaba tan interesado en que conociera a uno de sus hijos.
-Ava, cariño, te presento a Christian, Christian Ruiz, el hijo mayor del Congresista Rampsy Ruiz. -Dice mi padre muy animado, mientras me presenta a un chico bastante guapo, debo decir, el cual solicita mi mano para besarla, a la par que se presenta.
-Es un placer conocerla, mi estimada señorita. -Acto que en el pasado me habría causado gracia, si no fuera porque no estaba de ánimo para nada más, que beber todo el vino que pudiera
-¿Qué es esto?, ¿el siglo dieciocho? -Respondo con sarcasmo, cosa que no le hace mucha gracia a mi padre, quien está acompañado de los padres de Christian y de George Brown, antiguo suegro de mi hermano.
-No, es un chico educado, Ava. Tal vez deberías aprender de él. -Dice mi padre, algo ofuscado. -¿Por qué no van y dan un paseo por el lugar?, así Christian te sirve de guía, y podrán conocerse mejor.
-Yo, encantado -Dice el tal Christian.
-Ok. -Respondí derrotada, porque para ser sincera no me gusta llevarle la contraria a papá, además después de los últimos acontecimientos, aprendí que jamás sabes hasta cuando las personas estarán a tu lado. No vale la pena perder el tiempo discutiendo.
Mientras caminamos, Christian empieza a describirme el lugar, y a hablarme acerca de la trayectoria política de su familia, que no me interesa en lo más mínimo; sin embargo, a medida que él hablaba, atravesábamos cada una de las mesas de degustación, donde se exhibían alrededor de 15 vinos, y cada uno tuve la oportunidad de verlo, olerlo y probarlo, varios de los sommeliers parecían encantados con mis comentarios, y yo no dudaba en charlar con ellos para repetir un trago.
-Ava, ¿estás bien? -Me preguntaba Christian, a quien ya veía doble y algo borroso.
-Si... (hip) -Empecé a hipar, y eso me causó mucha gracia, haciendo que me diera un ataque de risa, así que empecé a reír como desquiciada.
-Ava, no estás bien, creo que deberíamos ir con tu padre. -Christian me toma del brazo, pero enseguida me safo de su agarre.
-¡Suéltame!, ya te dije que estoy bien, ¿quién te crees que eres para tocarme? -Empiezo a caminar en dirección contraría, pero entonces empiezo a sentirme agitada, como si el aire me faltara, intento seguir caminando, pero me ataca una tos seca, que hace que mi pecho duela. Siento que alguien me agarra, y por un momento todo se torna oscuro, pero como puedo intento recomponerme.
-Necesito agua. -Digo, y Christian, quien es el que me tiene agarrada, me lleva hacia la cocina.
Sin dudarlo, me tumbo sobre el piso de la cocina, esperando a que el techo deje de dar vueltas sobre mi cabeza.
-Toma. -Dice Christian, entregándome un vaso de agua. Me ayuda a levantarme, y me bebo el agua de un solo sorbo, lo que me provoca una sensación de llenura y ganas de vomitar, pero a toda costa, intento no hacerlo.
-¿Cómo te sientes, estás mejor? -Me pregunta, y yo solo pienso en "No vomites, No vomites, Ava, no vomites" algo un poco inútil, porque entre más lo pensaba, más ganas me daban, y sin poder seguir controlándolo, simplemente vomité hasta el pastel de mi último cumpleaños sobre el traje inmolado del educado Christian quien dejó de serlo.
-¿Pero qué mierda?, que asco, eres asquerosa, ¿cómo pudiste vomitarme?
-Pues la verdad, sí, es asqueroso, pero de haber sabido que me sentiría mucho mejor después sacarlo todo, hace mucho lo habría hecho.
-¿Qué dices?, definitivamente tu padre está loco si cree que me casaré con una enferma y ebria como tú...
-Disculpa, ¿casarme contigo?, ¿de dónde sacas esa loca idea?. Si, tal vez estoy enferma, y quizás hoy me pasé de copas, pero no estoy tan loca como para convertirme en tu esposa.
Justo en ese momento entra mi padre, quien al escucharme, se disculpa con el imbécil de Ruiz, y me saca a rastras para llevarme a casa. Durante todo el trayecto no hizo más que hablar de lo avergonzado que estaba de mí, y de cómo tenía que disculparme con Christian, por haberlo vomitado, y haberle hablado de esa manera, pues él sería el esposo perfecto.
Para cuando llegue a casa, me sentía aún mal, pero mi padre no había terminado con la retahíla.
-Quiero que sepas que a menos que arregles las cosas con Christian, no saldrás de esta casa. Hoy me has decepcionado Ava, no puedo creer que me esforzara tanto en darte la mejor educación para que destruyeras la oportunidad de tu vida.
-¿Oportunidad?, ¿de qué oportunidad hablas padre?, ¿de querer casarme con ese idiota que me presentaste hoy?
-¿Acaso crees que una chica enferma como tú, puede darse el lujo de rechazar a alguien como Christian?
-¿Disculpa? -Respira, y pasa una de sus manos por su cabeza.
-Ava, cariño, este matrimonio te aseguraría un futuro próspero, además no serías rechazada por tu enfermedad, ya Christian sabe y acordamos en que te tratará bien. -Resoplo frustrada y lo único que hago es subir como puedo a mi habitación.
-¡No he terminado de hablar Ava Roberts! -Grita, pero sigo caminando, con la sensación de que en cualquier momento mi cuerpo colapsará. -¡No saldrás de esta casa, te lo prohíbo! -Es lo último que escucho, y cierro mi habitación. Un rato después está Flor tocando mi puerta.
-¡Pase! -Le digo mientras sigo echada en mi cama llorando hasta más no poder.
-Señorita, por favor cálmese, no es sano que llore de esa manera.
-Es que no puedo hacer más, Flor. No puedo hacer más que llorar para sacarme esto que tengo atascado dentro de mí. Es como si mi padre quisiera acabar con mi vida, me prohíbe que llore por Chloe, que me afecte su partida, que consuele a mi hermano, que vaya a verlo a él y a su nieta, porque es su nieta, ahora desea que me case con alguien horrible, es como si estuviera en una cárcel Flor, eso ha hecho de mi vida, mi cárcel...
-¿Ava, podemos hablar? -Pregunta mi padre a través de la puerta de mi habitación, luego de haber discutido hace un par de noches, cuando vacíe todo mi contenido estomacal sobre el idiota de Christian Ruiz.
-¡Adelante! -Le indico, aunque para ser sincera, no quiero ni verlo, pero seguir enfadada con él, solo hará que me nazcan raíces en esta casa de por vida.
Entra, y empieza a caminar por la habitación sin decir una sola palabra. Se acerca a mi escritorio, y observa mi libro de dibujo.
-¿Aún pintas? -Pregunta tranquilo y sereno.
-¡No! -Respondo tajante, y él abre el libro, lo levanta y me muestra el dibujo de mi hermano junto a sus dos Chloe.
-Sé que la extrañas, es un lindo dibujo. -Dice, y lo miro extrañada, la verdad si está siento tan amable conmigo es porque algo quiere, ya que él jamás es así.
-¿Qué pasa papá?, dime de una vez a que viniste.
-¿Acaso no puedo venir a hacer las pases con mi hija?
-¡Si, claro!, ¿cómo si eso te importara? -Me levanto de la cama y tomo el libro de sus manos para guardarlo en una de mis gavetas. -Tu actitud amable habría funcionado en el pasado, cuando era una niña tonta que lo único que deseaba era tu atención, padre. Pero ahora, después de esperar por años algo que nunca llegó, estoy segura de que algo quieres.
-¿Cómo puedes decir eso, Ava?, soy tu padre, y si a veces soy duro contigo, es porque te quiero, y quiero lo mejor para ti. -Me siento en la cama y me cruzo de brazos.
-¡Hay por favor, papá!, ve al grano, sí.
-¡Está bien!, ¡está bien!, hoy vienen los Ruiz, los invité a cenar, así que espero que te comportes, en especial con Christian.
-Ya decía yo, papá.
-¿Lo harás?
-¿Tengo otra opción?
-¡Esa es mi hija! -Dice, como si yo hubiera accedido voluntariamente y sale de mi habitación. Ni siquiera disimula que ya consiguió lo que quería. No entiendo ni siquiera porque se toma tantas molestias si al final siempre puede terminar obligándome.
Llamo a mi hermano, pero Rosa contesta en su lugar, parece que está muy ocupado intentando organizar su vida, entre la empresa y la pequeña Chloe. No niego que me decepciona no poder hablar con él, pero ya debe ser difícil de por sí, aceptar lo qué pasó, como para tener que lidiar conmigo y los líos de mi padre.
-Señorita, hora de merendar -Llega Flor muy emocionada con una bandeja en las manos.
-Lo siento, pero no tengo hambre.
-Señorita Ava, debería comer algo, últimamente a duras penas y prueba la comida, no es sano que no se alimente bien.
-¿Y qué puedo hacer?, si incluso tragar se me dificulta, Flor.
-Ay señorita, si sigue así, yo misma llamaré al doctor para que venga a verla.
-No es necesario, yo estoy bien.
-¡Si, claro! -Dice y sale de mi habitación, cerrando la puerta.
Decido darme un baño, pues siento que necesito despejarme; mientras tomo algunas toallas del armario, mi teléfono suena, es Rita, pero no tengo ganas de hablar con nadie, además de mi hermano. Siento que él es el único que puede entender como me siento. Aunque para ser sincera, aunque quiera hablar con él, no puedo hacerlo, sería como ahondar en la herida. «Como quisiera poder devolver el tiempo, y evitar que Chloe muriera». Me meto en la bañera, y por un momento cierro los ojos, y caigo en cuenta en que hoy es uno de esos días, en que no sé que quiero, no sé que tengo, no sé que siento, no sé que hacer...
No sé cuánto tiempo pasa, pero mi ánimo está igual que mis dedos por estar tanto tiempo en el agua, "arrugados". Veo la hora y no sé exactamente cuánto tiempo tengo para arreglarme antes de que llegue el gran prospecto de marido, junto a su familia, pues mi padre ni siquiera eso me informó.
No pongo mucho esmero en arreglarme, la verdad, simplemente quiero que pase el tiempo rápido, para que así como lleguen se vayan.
Bajo y justo en ese momento están entrando por la puerta todos los Ruiz, quienes apenas me ven, lo hacen con desaprobación, pues juraría que mis tenis blancos, mis jeans desgastados y mi suéter de rayas, no les hacen gracia.
-¡Buenas, buenas! -Digo de lejos
Mi padre apenas me ve, no duda en acercarse.
-¿Se puede saber por qué estás vestida así? -Me pregunta entre dientes.
-No dijiste como tenía que vestirme.
-¿Tenía que hacerlo?, ¡sentido común, Ava, sentido común!
-Si hubiera usado mi sentido común, no habría bajado ni aunque me desheredarás, así que agradece que no lo usé. -Le respondo y abre los ojos de par en par por mi repuesta. Es que ni yo, algunos meses atrás, creería que le hubiera hablado así a mi padre, pero en este momento de mi vida nada me importa. Al final de qué sirvió complacer en todo a mi padre, si nunca, ni siquiera un abrazo he recibido de su parte.
Hecho una furia, muy contra su voluntad, decide disimular, restándole importancia a mi atuendo y a mi actitud. Nos dirigimos a la mesa, y no duda en hacer que Christian se siente a mi lado, lo que es un disgusto para ambos.
Empiezan a hablar del único que tema que hace que mi padre sonría genuinamente, "política", y yo, sin poder evitarlo, bostezo como 10 veces, de lo aburrida que estoy.
-Pensé que siendo hija de Michael y con la educación que has recibido a lo largo de tu vida, serías más educada, pero ni siquiera te sabes comportar a la mesa. -Dice Christian, con aires de suficiencia, y en tono bajo, para que solamente yo lo escuche.
-Pues no pienses, ya ves que no te sirve de mucho.
-¡Wao!, ahora entiendo por qué tu padre desea casarte con insistencia.
-¿Ah, si?, y según tú, ¿por qué?
-Es obvio, para deshacerse del problema que tú supones. Lo que no entiendo es porque te vende como una chica dulce, tímida, y sumisa, si eres todo lo contrario.
-¿Sabes qué?, ¿por qué mejor no te callas, o es que acaso quieres que te vomite otra vez? -Esta vez levanto la voz, y todos se me quedan viendo.
-¡AVA! -Me regaña mi padre
-¿Qué?, ¿acaso no vez lo que intenta este imbécil?
-Pero, ¿cómo te atreves niña? -Responde la señora Ruiz, muy ofendida.
-Ava Roberts, discúlpate ahora mismo.
-¡No lo haré!
-Ava, tranquila, solo jugaba -Interviene Christian con su cara de sínico.
-Ava, te lo advierto, o te disculpas ahora o... -Ni siquiera dejo que mi padre termine de hablar, pues estoy tan cansada de tanto drama, que me levanto y salgo hacia el jardín, necesito algo de aire fresco porque mi pecho duele otra vez.
La idea era calmarme, pero de la frustración empiezo a llorar...
-¡Maldita sea!, me siento tan sola, ¡carajo!, ¿por qué todos parecen estar en mi contra?, como extraño a Chloe, si ella estuviera viva, mi hermano no me evitaría y sabría cómo animarme.
-¿Quién es Chloe? -Pregunta alguien, me giro y es Christian. Al verlo reaccionó bastante mal, resoplando de forma brusca.
-¡Que te importa!
-¡Hey!, calma, solamente quería saber cómo estabas.
-¡Ja!, mira tú, viniste a darte cuenta si no me habías irritado lo suficiente allá adentro para terminar el trabajo. -Me cruzo de brazos, y muestro una expresión desafiante, pero él, en cambio, se acerca cada vez más y me mira con cierta vacilación.
-No es así, la verdad es que lamento si me he comportado como un capullo.
-¿Disculpa?
-Chloe, era tu cuñada, ¿cierto?
-No me cambies el tema, ¿por qué te disculpas conmigo?
-Parece que te afecta hablar de ella, se nota que la querías mucho.
-Eso no es de tu incumbencia, pero sí, era alguien muy importante para mí. -No puedo evitar que se me forme un nudo en la garganta y se me agüen los ojos cada vez que hablo de Chloe, Christian suspira y me arroja una leve sonrisa, que me hace sentir nerviosa.
-Lamento todo, pero simplemente quería espantarte.
-¿Espantarme?
-Si, la verdad no me quiero casar, y por lo que me has dicho tú tampoco.
-Y no era más fácil que lo dijeras, en vez de hacerme quedar como la mala del cuento.
-Lo siento, pero es que no es tan fácil, mis padres con esto del matrimonio no están teniendo en cuenta lo que yo quiero.
-Te entiendo perfectamente, es como vivir en una cárcel.
-Para mí no es tanto así, pero si hay ciertos temas en los que ellos quieren decidir sobre mi vida a como de lugar. Sin embargo, no estoy acostumbrado a ceder tan fácilmente.
-¡Mmmm!, entonces, ¿qué harás?
-Me iré, diré que tú me rechazaste y lo usaré como excusa para no tener que casarme contigo.
-Eres un imbécil, ¿acaso crees que soy tu ave de presa?
-Jajajajaja -Se ríe, pero apenas ve que yo agarro mi pecho, y busco asiento, intenta auxiliarme.
-¿Estás bien, Ava?, que sepas que solamente era una broma.
-Estoy bien.
-¿Por qué no vas al médico?, deberías hacerte revisar, no es normal que te den estos episodios.
-Lo es en una persona como yo. -Me mira con incertidumbre. -Enferma, ¿lo recuerdas?
-Bien, me disculpo por eso, vale, pero no estoy acostumbrado a que me vomiten...
-Si, me imagino, pero a lo que si estás acostumbrado es a ser un capullo de primera. -Lo observo con ironía, y él chasquea la lengua, y arroja una leve sonrisa.
-¡Bien!, me lo merezco. Ahora, ¿será qué podemos hablar tranquilamente?
-Pues yo no tengo nada que hablar contigo, pero si viniste hasta acá, imagino que es por qué tienes que decirme algo, así que te escucho. -Me mira, por un momento, sin decir palabra alguna.
-El matrimonio se aplaza.
-No lo creo, yo jamás acepté casarme contigo.
-Yo tampoco, pero no es algo que tú y yo podamos rechazar en este momento, así que he aplazado el compromiso lo más que pueda, con la excusa de ir a estudiar un posgrado al exterior. -Coloca una de sus manos en el oído. -Creo que estoy sordo, por qué aún no he escuchado un "gracias"
-¡Pufff!, ¿por qué debería agradecerte?, al final tú eres el más interesado en no casarte con una enferma como yo. -Suspira irritado y me voy hacia mi habitación, dejándolo allí.
Un par de horas después, mi padre me informa lo que ya sabía por boca de Christian; luego de eso, recibo un par de mensajes de Linda, preguntándome cómo van las cosas, y de Rita, informándome que ya fue publicada la fecha para presentar el examen de ingreso al posgrado, que será en un par de meses.
...
Durante varias semanas, me he centrado en estudiar, y eso lo he usado como excusa para visitar un par de veces a mi hermano, que parece llevar una vida bastante ajetreada y sin nada de descanso, entre la pequeña Chloe y la empresa, lo que me preocupa, por qué por más que él intenta disimular, yo sé que lo hace para no tener que pensar en la ausencia de Chloe, ya que yo hago lo mismo aferrándome a los libros.
-A veces pienso que alguno de los dos colapsará, con el ritmo de vida que estamos llevando. -Le digo a mi hermano, quien no deja de hacerle caras graciosas a mini Chloe, como él le dice de cariño.
-¿Qué?, ¿por qué lo dices?
-Por nada, hermano. Creo que ya debo irme, debo acompañar a papá a una cena de negocios. -Menciono cabizbaja
-¿Ava, todo bien?
-Si, ¿por qué no habría de estarlo?
-No lo sé, últimamente siento que mi padre acapara todo tu tiempo, si bien es cierto que casi no nos vemos, cada que podemos hablar, cuando no mencionas la universidad, hablas de los compromisos con Michael, me preocupa que sea demasiado para ti.
-Para nada, yo estoy muy bien. Siempre he sido fuerte y lo sabes, ni siquiera mi problema cardíaco me ha detenido, así que no te preocupes, más bien sigue cuidando a nuestra bebé.
-Sí, tienes razón. -Dice y por un momento se detiene a ver a la bebé muy detenidamente. -Tiene los ojos de su madre. -Comenta y por un momento cierra los ojos, quizás imaginando a su esposa, o tal vez evitando llorar frente a la bebé. No lo sé, pero la escena era demasiado para mí.
-Hermano, ya debo irme. -Me levanto y le doy un beso a mini Chloe y luego a él. -Los amo, que no se les olvide. -Él asiente y simula una leve sonrisa en sus labios, tan falsa, sin abrir los ojos en ningún momento.
-Salgo y apenas atravieso la puerta de la habitación, las lágrimas ruedan sin parar por mis mejillas. Me detengo por un momento, respiro, limpio mis lágrimas, y bajo las escaleras para salir de la casa que está llena de fotos de Chloe en cada rincón.
Cuando salgo de allí, mi cuerpo pesa, y siento que recupero el aire que allá adentro me hacía falta.
Empiezo a caminar por un rato, siento que lo necesito, pero New York, a las 3 de la tarde, no tiene el aire más puro, y mi cabeza empieza a doler, todo parece dar vueltas, y un cosquilleo en brazo izquierdo empieza a perturbarme, cómo puedo llegó a una parada, dónde intento detener un taxi, pero es inútil, de repente todo se torna oscuro, y para cuando reacciono, estoy en la habitación de un hospital, observando a mi padre que habla con el médico de turno.
-¿P-papá, qué ha pasado?
-Nada, tuviste un desmayo en pleno centro de la ciudad, lo que no entiendo, porque hasta donde me dijiste irías a estudiar con Rita, que vive en Brooklyn.
-Es que, es que... yo... ammm...
-¿Ava, podrías decirme cuantas veces te has desmayado en los últimos meses? -Interviene el doctor, lo que agradezco, aunque es lógico que mi padre deduce que estaba donde Damián.
-No lo sé, un par de veces.
-¿Pero, si has tenido la sensación de que podrías colapsar en cualquier momento?
-Sí...
-¿Has sentido dolor en el pecho con frecuencia?
-A veces, si...
-¿Cosquilleo en tus brazos?
-Si...
-¿Fuertes dolores de cabeza?
-Eso creo...
-¿Tu respiración se torna pesada y tienes dificultad para inhalar?
-De vez en cuando...
-¡Ya veo!, ¿estás tomando tu medicamento?
-Si, sin falta.
-Pues bien, entonces te haré unos estudios, y lo más seguro por la sintomatología que refieres, aumente la dosis de los medicamentos nuevamente.
-¿Qué?, ¿pero por qué?
-Ava, tu corazón ha sido bastante benévolo con tu cuerpo, a pesar de la afección que padeces, ha resistido bastante, pese a que siempre supiste que en algún punto podría ya no ser suficiente para tu organismo. -Lo miró con algo de duda, por qué entiendo lo que dice, pero no captó, cuál es el punto al que quiere llegar. -Siempre fui claro contigo, y con tu familia, en algún momento lo ideal sería que te sometieras a un trasplante de corazón, y creo que ese momento cada vez está más cerca.
-Espere, es que, eso no puede ser, yo me he sentido bien...
-¿Es así?, ¿entonces lo que me dijiste hace un momento era mentira?
-No, ósea, pero, no sé, la mayoría de los síntomas me han dado otras veces.
-Si, pero no tan seguido, y el cosquilleo en los brazos es un signo de alarma, puedes sufrir en cualquier momento un infarto, tu corazón podría detenerse.
-¿Qué acaba de decir, doctor? -Pregunta Damián, quien está parado en la puerta, y mi padre, al percatarse de su presencia, se tensa.
-¿Qué haces aquí? -Le pregunta mi padre.
-Sigo siendo uno de los contactos de emergencia de mi hermana.
-Valiente contacto, llegando como siempre tarde. -Le dice y puedo ver la expresión de dolor dibujándose nuevamente en el rostro de Damián, pues asumo que recordó que no pudo llegar a tiempo cuando Chloe tuvo el accidente.
-Papá, puedes por favor, solo calmarte.
-Estoy de acuerdo con la paciente, no es sano que ella se estrese en este momento. -Me apoya el doctor.
-Entonces, doctor, dígame, ¿qué hay que hacer para que mi hermana esté bien?
-Como le decía a ella hace un momento, por ahora, aumentaré la dosis de los medicamentos, le haré unos estudios, y cuando obtenga los resultados, decidiremos si es hora de un trasplante.
-Entiendo doctor.
-Muy bien, entonces me retiro con su permiso, para ordenar los exámenes de Ava.
El doctor sale, y mi padre detrás de él, porque lógicamente le incomoda la presencia de Damián.
-Lamentó que mi padre se comporte así. -Le digo a mi hermano, quien le resta importancia.
-No te preocupes, lo que importa ahora es que tú estés bien.
-Por favor, Damián, no nos digamos mentiras, desde hace años estoy en la lista de donantes y las pocas veces que he sido elegida, nunca hubo compatibilidad. Sé perfectamente que esperar a un donante, de esa lista, me puede llevar otros 7 años.
-Ava, no puedes hablar así... -Veo la mirada llena de miedo de mi hermano, y eso me rompe el corazón.
-¿Por qué me miras así?, soy realista, pero siempre he creído en los milagros, no te preocupes, no me daré por vencida. Te aseguro que todo estará bien, así que no pongas esa cara, mejor sé optimista.
-¡Ja!, ¿Milagros?, ¿optimista?, Ava, eso no existe, tú tienes razón, así que debemos buscar la manera de encontrarte un corazón.
-Jajaja, (simulo una carcajada), hablas como si un corazón humano lo vendieran en cualquier parte. Ya te dije, tranquilo, además aún hay que esperar los estudios, sin un trasplante he vivido los últimos 22 años, casi 23, así que quien te asegura que no viviré otras dos décadas más. -Él me mira con nostalgia. -Tal vez tú, estés pesimista por todo lo que ha sucedido, pero yo soy optimista ante la situación. -Le digo, fingiendo una tranquilidad que no existe, pues en este momento lo único que no deseo es que mi hermano sufra más.