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HUERTO DE MALICIAS

HUERTO DE MALICIAS

Autor: : Soraya Mateo
Género: Adulto Joven
Las malas influencias llevan a un grupo de jovenes a cometer delitos y vivir relaciones enfermizas. Alguien tiene que detenerlos por el bien de todos.

Capítulo 1 Reencuentro

Jueves 09, Mayo 1991

Vanessa Morales caminaba por los amplios pasillos del supermercado pensando que explicación darle a Jaime Sandoval, su novio, por haberlo dejado plantado el día anterior. Miles de excusas posibles rondaban en su cabeza.

De repente vio a una vieja amiga del colegio que estaba al final de pasillo. A pesar de los años pasados, Vanessa recordaba a su mejor amiga en el colegio: Sally Domecq. Caminó lentamente hasta acercarse lo suficiente. Sally estaba acompañada por un señor mayor que parecía ser su padre, pero estaban agarrados de manos, en una actitud algo romántica, algo sumamente extraño y perpubador. Ambos observaban las botellas de vinos, el señor agarra una de las botellas y lee la etiqueta con curiosidad. Vanessa reconoce a su amiga, pero ¿Por qué iba agarrada de mano con aquel vejestorio? ¿Por qué reían y se decían cosas al oido? O simplemente se llevaba así con su progenitor ¿Será normal? Bueno...

- ¿¡Sally!? – se atrevió a preguntar. Sally la miró sorprendida.

- ¡Vanessa!- Sally soltó a su acompañante y emocionada abrazó a su amiga. – Vanessa, uao, cuanto tiempo.

- Cinco años más o menos. ¡Qué gusto verte! ¿Cómo estás? - Ambas se pareciaban. En el colegio todos creían que eran hermanas. Vestidas con el mismo uniforme de yompa azul marino con tachones y blusa crema con cuello redondo y lasito azul de tirita fina. Sus cabellos sueltos cayéndoles por debajo de los hombros, ojos claros y piel bronceada. Estatura promedio, piernas bien formadas, figura de maniquí una por una razón, la otra por otra. Al pasar esos cinco años había poca diferencia, el color del pelo era diferente, Vanessa con su color castaño oscuro y Sally con su color rubio cobrizo, combinaba muy bien con sus ojos azules, aunque Vanessa ostentaba bellos ojos color ámbar caramelo.

- ¡Estamos muy bien! Recuerdas a mí papá ¿verdad? - ¿su papá? se preguntó Vanessa con escepticismo. Recordaba levemente a Don Alfonso Domecq, hombre pequeño de vientre prominente y ojos saltones, entonces, era realmente él, lo reconocía estando más cerca.

- Claro que lo recuerdo ¿Cómo está Don Alfonso? - el señor volvió en sí, dejó la botella en la góndola y saludó.

- Oh, oh, bien, muy, muy bien jovencita, igual que usted, supongo – respondió al voltear hacia ella, con un entusiasmo innecesario. Vanessa le sonrió, era el mismo cínico de siempre, aunque solo lo recococía de un par de veces que lo vió frente al colegio en espera de su hija por lo que nunca había cruzado palabras con él. Sin embargo, si había escuchado algunas historias de parte de Sally respecto a las actitudes de su padre. Además, eso de agarrar de manos a su hija adulta y andar de secretitos, estaba super raro, vovió a divagar en sus pensamiento por un segundo.

- Cuéntame Vanessa ¿Cómo te va? - dijo Sally, sacándola de sus pensamientos.

- Todo va muy bien hasta ahora. Estoy recogiendo las últimas materias y pronto recibiré mi licenciatura en Administración. En la casa todo sigue igual, Mami sigue ocupadísima en la clínica, Irene se ha quedado a vivir con nosotras definitivamente y a Karina se le ha quitado un poco lo caprichosa. Me imagino que ya está madurando, aunque le encanta meterse en mis asuntos, vive observándome... incluso cuando viene mi novio Jaime a visitarme, imagínate...

- Si, si, si me imagino, recuerdo a Karina perfectamente. Bueno, algunas cosas cambian otras no tanto. - me ofreció una sonrisa indulgente ante mi perorata (su tendencia a hablar demasiado generalmente era desesperante) para agregar - Crees que nos podamos reunir un día de estos, tenemos que hablar de muchas cosas! – intervino después de mirar a su padre como buscando aprobación, continúo - Anota mi número de teléfono.

Mientras Sally buscaba algo con que anotar dentro de su su bolso. Vanessa siguió con su discurso.

- Nos mudamos hace como dos años a la casa que mi tío Fernando, el ingeniero ¿recuerdas que te hablé de él? Él fue que construyó la casa en un bello residencial privado a solicitud de mami. Cuando nos mudamos perdí el contacto con todos, se me perdió la agenda de mis compañeros de colegio, y la verdad es que he memorizado algunos números y todo pero a mi me gusta tener mi agenda y por eso he podido recuperar ciertos números más recientes, por qué hace como un mes tuve que comprar una nueva libreta con más capacidad, en fin, me gustaría mucho que nos reuniéramos y saliéramos por ahí a comer o a cenar algo, me tienes que contar de...

- ¡Sí claro! - la interrumpió nuevamente. Sally guardaba cierta información a su padre siempre relaciona con sus novios y Vanessa siempre hablaba demasiado. – Dame tu número, prometo que te llamaré. – intercambiaron los números - Ahora tenemos que irnos, te llamaré pronto ¿Está bien? – guarda el trozo de servilleta nuevamente en su bolso, le dió un beso a su amiga. Vanessa asintió al darse cuenta que su amiga estaba evitando que continuara su elocuente parlamento.

- Hasta pronto señorita... - dijo Don Alfonso se despide y se marchan.

- Hasta pronto amiga, no dejes de llamarme. Bye - Vanessa se quedó ondeando su mano diciéndole adiós mientras pensaba que la actitud de su amiga Sally era tan extraña como la de su padre.

-*-*-*-

Vanessa entró en su habitación y comienzó a dar vueltas de un lado a otro. Karina interrumpió sus pensamientos.

- Dice Irene que bajes a comer. - dijo Karina parada en el umbral de la puerta. Karina era esbelta, delgada, su aspecto era sencillo pero delicado. Su apariencia la hacía lucir más adulta y madura de lo que era en realidad.

- Enseguida bajo. ¿Sabes si me llamó Jaime?

- No lo sé, pregúntale a Irene ella siempre esta pendiente al teléfono, yo tengo otras cosas que hacer. - le dio la espalda y no espero que Vanessa dijera alguna otra cosa. Se marchó.

Vanessa se miró en el espejo acomodándose el pelo hacia atrás de los hombros como siempre lo hacía. Bajó las escaleras en dirección a la cocina. Irene acomodaba la fuente con el arroz sobre la mesa y Karina jugueteaba con Lulú, la perrita que le había regalado su papá.

- ¿Qué hay de comer?- preguntó Vanessa.

- Lo de todos los días, arroz, habichuela y carne, nuestra bandera nacional... -

- Definitivamente no tengo hambre. - soltó de manera espontánea, por la falta de apetito ante el menú descrito.

- Si sigues por donde vas, te vas a disecar - apuntó la mayor con reproche evidente en su tono de voz.

- ¿Otra vez Irene? Sólo para no escuchar la misma cantaleta esa, voy a comer algo, carne y ensalada ¿te parece? y ¿Mami viene a comer?

- No lo creo, fue a llevarle algo a tu tía Betty, seguro que come por allá. - en ese momento suenó el teléfono y ambas brincaron al mismo tiempo, pero Karina era la que estaba cerca del aparato para contestar.

- Si diga. - escuchó un momento - Toma es para ti. - le pasa el teléfono a Vanessa.

- Alo... Mi vida ¿por qué no me habías llamado?... yo... - una breve pausa. Su rostro cambió de expresión al darse cuenta de que no era su novio.

- Oh Sally ¡que sorpresa! No esperaba que me llamaras tan pronto... pense que eras Jaime, mi novio...

- Ah, no, perdon por la hora. Es que se me ocurrió algo y quería preguntarte de una vez – intervino su amiga al otro lado de la linea.

- No te preocupes. Me alegra que me llamaras. Quería preguntarte, que pasó con tu novio aquel ¿Cómo era que se llamaba? Ah... si ya me acuerdo... Marco ¿verdad? ¿Cómo esta él? Terminaron? ¿Qué pasó?...

- Vanessa... - la interrumpió - tenemos que juntarnos, te prometo que te pongo al día con todo muy pronto. De hecho por eso te estoy llamando, mi papá y yo vamos a pasar el fin de semana en la casa de campo de la familia y me gustaría que nos acompañaras, solo por un par de días. Tengo tantas cosas que contarte!

- Ay Sally no sé. Mira mi novio, Jaime, tan bello él... - suspiró y escuchó como Sally también resoplaba de su parte. Vanessa se preguntó porque sería y continuó ignorando aquello - Jaime es muy celoso y no le gusta que salga sola. Mucho menos que me desaparezca todo el fin de semana. Además está mi mamá que me necesita aquí en la casa cada vez que está de amanecida en la clínica...

- Amiga por favor ¿que es eso? ¿Siempre haces lo que él quiere? Oye solo explícale que quieres recuperar el tiempo perdido entre dos grandes amigas y respirar aire puro. Jaime, así se llama tu novio, ¿verdad?

- Si

- Bien, Jaime y Cecilia deben entender que tienes una vida donde ellos no siempre tienen que estar presentes ¿Verdad?

- ¿Mmmm?- lo pensó un momento hasta que respondió - Verdad - no muy segura de ello.

- Bueno, también tenemos cinco años sin vernos ¿Somos o no somos las mejores amigas? Por fa no nos digas que no. - ¿No nos digas que no? Mmm a que se refería, le resultaba inquietante la manera en que Sally insistía, aunque en el fondo le daba algo de razón y sería bueno reconectar con su amiga y salir de la monotona rutina.

- Claro que somos las mejores amigas. Es que no creo que el entiendan así nada más, van a pensar que es un poco apresurado...

- Inténtalo, habla con él y Cecilia, convéncelos, eres buena para eso

- No te aseguro nada pero te avisó esta noche. Me gustaría ir, así que haré lo que pueda por convencerlos ¿Puedo decirle a Jaime que venga con nosotras?

- Me temo que eso no es posible. Mi papá es muy estricto y no permite hombres en la casa. Lo sé, suena anticuado pero me cuida como a una niña, no permite que me frecuente ningún muchacho, según él hay muchos peligros y gente mal intenciona por ahí, por eso tengo que verme a escondidas con Marco... - bajo la voz, casi a un susurro, para decir esta última oración

- ¿AUN SIGUES CON MARCO? - se escucharon los ladridos expontaneos de Lulú, asustada. Y las miradas curiosas de Irene y Karina. Vanessa se encogió de hombros.

- Shhhhh Vane me acabas de romper el oido, Dios ¿que te pasa? - rió por el exabrupto injustificado de su amiga.

- Sorry amiga - también rió apenada y agregó en un tono normal - Es que me alegra mucho que todavía sigan juntos, pero algún día tienes que decirle a tu papá que eres una mujer hecha y derecha. Me parece un poco exagerado que a tu edad tengas novio a escondidas...

Vanessa estaba muy entretenida en su conversación con Sally, no se daba cuenta que Karina e Irene la seguían observando, hasta que sonó el tiembre de la puerta. Irene fue a atender el llamado.

- Es peor que eso. A mi papá no le gustan mis amistades, me prohibe que las frecuente, por eso cuando me dijo que te invitara para la casa de campo me sorprendí y te llamé antes de que se arrepintiera. Si no vas me aburriré hasta la muerte yo sola con él y sus juegos. Por favor Vane, vamos, please!

- ¿Sus juegos? - cada vez era más extraña la conducta de Sally y su padre.

- Olvidalo, es un decir. Pero dime ¿vienes y me salvas o me dejas a mi suerte? - utilizó ese tono manipulador que siempre le daba resultado con todo el mundo en el colegio, hasta con los profesores. Vanessa solo pudo negar con la cabeza a la vez que le respondía.

- Te prometo que haré lo posible... -

Irene abrió la puerta y apareció Jaime en el umbral. Un joven esbelto , alto, de amplia espalda y estrecha cadera, vestido de jeans oscuros y camiseta deportiva bien ajustada a su cuerpo, todo un monumento de hombre pensó Vanessa. Lo miró desde donde estaba sentada y le sonrió. Él estaba serio, parecía cansado, tal vez enojado.

- Tengo que dejarte Sally, llegó mi bello novio. Ui...pero sé nota que está molesto y aun así ha venido a pesar de que lo dejé plantado anoche... vino a verme. lo amooo, lo adoro... Bye! – Vanessa suspira al observarlo desde lejos -

- Bye, espero tu llamada. Aaaah pero dime una cosa, me cuasa curiosidad saber...

- ... es un moreno precioso, alto, fuerte, cariñoso , súper atento, tiene unos hombros y espalda de pelicula, me gusta su compacto tras... - comenzó a describirlo adivinando la pregunta de su amiga.

- Ok, ok, ya entendí. Mejor hablamos más tarde. Por favor acepta y ven conmigo, aunque sea sólo por un día!

- Está bien, hablamos más tarde. Bye! - cerró y se puso de pie para llegar hasta su novio

- Mi amor... - le pasó los brazos por el cuello y le dio un corto beso. Él estaba quieto y la miró a los ojos. El rostro de Jaime era como una obra de arte bien tallada. Pómulos y mentón definidos y rectos. Nariz pequeña y ojos marrones, llenos de una profundidad enigmática y cejas sumamente pobladas. Su piel morena, producto de sus entrenamientos de Polo acuático, bajo los maltratos del sol, es de un color exquisito. Así se habían conocido, ella entrenaba para el equipo de natación y él para el equipo de polo acuático. Él se acababa de cambiar para el club donde ella entrenaba. Una tarde cuando ella dirigía las prácticas él llegó y se unió al grupo y desde entonces son mucho mas que amigos.

- Mi amooooor me alegra que estés aquí! - volvió a recalcar la chica enamorada. Él solo se limitó a asentir sin corresponder el abrazo.

Capítulo 2 Aprovechemos el tiempo

Jueves 09, Mayo 1991 - 1:26 pm.

- Estoy aquí porque creo merezco una explicación. - la miró de pies a cabeza y se alejó de ella.

Ella lo agarró de la mano y caminaron hasta la terraza. Él se sentó en uno de los sillones de mimbre, viendo a cualquier lado menos a su novia. Su lenguaje corporal indicaba su desánimo.

- No tienes que hablarme de esa manera. Quiero y voy a contarte lo que pasó pero tienes que cambiar de actitud. No me gusta que...

- ¿No te gusta mi actitud? - le dijo de mala forma, miró a su alrededor exhalando todo el aire con exasperación - Eres la mejor, pero dale me gustaría oír la explicación que me "quieres" dar. - hizo énfasis en la palabra "quieres" haciendo las comillas en el aire con sus dedos.

Vanessa se agachó frente a él y le tomó ambas manos, como gesto de cariño y así comenzar a derribar el muro corporal que su novio siempre erguía cuando tenían diferencias de ese tipo.

- Ayer, cuando llegue de la universidad recibí una llamada. Era una paciente de Mami que estaba muy complicada con su problema de asma y estaba sola. No te voy a negar que me demoré vistiéndome pero eso fue antes de la llamada. Cuando cogí el teléfono iba de salida pero saqué paciencia para calmar a la pobre señora, que ni siquiera podía hablar bien. No podía colgar, así que me quedé hablándole. Cuando lo creí conveniente tuve que colgar y llamar a Mami para que fuera hasta ella para ayudarla. Mami me pidió que le llevara las llaves de su consultorio porque tenía que sacar unas medicinas para llevarselas a la señora, pues era muy querida y segun me enteré no tiene a nadie que la cuide. No me pude negar porque sabes como es mi mamá y eso era de urgencia... Salí a llevarle las llaves y traté de llamarte, cuando logré comunicarme a tu casa, ya no estabas. Fui al restaurante y no estabas, me cansé de dar vueltas, me molesté porque sabía que te ibas a enojar por algo que no pude evitar. En fin, regresé aquí y me acosté a dormir. Esta mañana tenía una reunión en la universidad para llenar los papeles de la pasantía y no te llamé para darte tiempo a calmarte, ahora ya no puedo hacer nada para cambiar lo sucedido y lo que creo es que ya es bastante con que solo nos veamos una o dos veces a la semana, como para que nos la pasemos peleando por estas cosas ¿me perdonas?... - concluyó con suavidad mientras le acariciaba el dorso de los dedos de ambas manos con cada pulgar, tal cual le había agarrado para agacharse frente a él.

- No es justo - declaró Jaime en tono pausado. Su expresión se había suavisado y por fin la miraba fijamente.

- Ay ya mi amor, olvidalo. - cambió de posición para sentarse junto a él soltando sus manos para pasar a acariciar su espalda y su pierna al quedar sentada a su lado sin dejar nada de espacio entre ellos - Además, ¿Dónde te metiste? ¿Por qué no me esperaste? Eres muy impulsivo mi amor. Pudiste haberme llamado.

- Te espere por más de una hora. Salí con Edgar y fuimos al club a ver una obra de teatro. De no ser por él, mi noche hubiese sido peor.

- Mi amor ya por favor - Vanessa pone cara de ternura.

- Mañana tengo que viajar a Santiago a buscar una mercancía. ¿Te das cuenta? No podemos seguir así. - le tomó el rostro entre sus manos - Yo quiero verte todos los días a todas horas ¿me entiendes?

- Jaime nuestros encuentros son tan intensos precisamente porque no nos vemos todos los días, si me vieras todos los días te cansarías de mí... y te buscarías a otra...

- Eso nunca... - se quedó mirándola y la besó. Ambos se pusieron de pie y se dieron un abrazo.

- ¿Ya estamos bien?

- Así estamos perfecto - apretó el abrazo, hundió su cara en el cuello de su chica para besar y aspirar después - pero me muero de hambre - salió de su escondite, se estiró, dio media vuelta y la tomó de la mano en dirección al comedor - Irene me invitó a comer cuando llame esta mañana. Vamos!

-*-*-*-

Almorzaron tranquilamente en el comedor de la cocina. Vanessa disfrutaba verlo comer. Era increíble el deseo con que devoraba la comida. Se quedaron conversando sentados en el comedor por un buen rato. Irene quitó la mesa y sirvió café.

- Cecilia debe estar por llegar y yo tengo que irme. No creo conveniente que los encuentre solos, ya saben como es. Karina anda inventando cosas que contarle a su madre sobre ustedes dos, así que no den de que hablar.

Irene se marchó a los dos minutos y se quedaron solos. Karina estaba en su habitación escuchando la música pop del momento en sus audífonos.

- Entonces te vas... - Venessa comenzó a tantear el terreno para hablarle de su posible salida de fin de semana con su amiga Sally - Eso significa otro fin de semana sin estar juntos. ¿Vez lo que te digo?... - le acariaba el brazo que reposaba en su regazo con la yema de los dedos, un roce superficial y leve como el roce de una pluma - Estos inconvenientes son los que hacen que el deseo de estar juntos sea tan intenso. - entrelazó sus dedos y apretó su agarre en espera de alguna reacción.

- Entonces aprovechechos el tiempo - Jaime conectó sus labios a los de su novia y se quedaron quietos por varios segundos, sin moverse solo sintiendo el calor y la suavidad de estos y el hormigueo que le recorría desde los pies hasta la base de la nuca. Lentamente la calidez de su lengua zurcó la frontera de su propia boca deslizándose por el labio superior de la ella para luego chupar suavemente en retirada. Repitío el recorrido de su lengua ahora por el labio inferior provocando un suspiro en ella al sentir el efecto fugaz del roce en su boca, en el ricón escondido al sur de su bajo vientre. Las caricias igual de discretas comenzaban a pasearse por zonas peligrozas en busca de saciar las ausencias mencionadas y las venideras.

La mano inquieta de Jaime se posó en la cadera de Vanessa, jugueteando peligrosamente con la orilla del short mientras su boca paseaba por su cuello a una velocidad tortuosa y precisa. Con la técnica especial que según Vanessa ya había comprobado era exclusiva de su querido novio; una succión leve como cierre de una caricia humeda con la punta de su lengua.

Las manos de Vanessa arañaban con firmeza los hombros y espalda del esbelto cuerpo masculino que la calentaba con su cercanía. Lo abrazó más fuerte y regresó a su capturar su boca y esta vez poder dominar ella el beso. Después de unos minutos entre besos y caricias olvidaron que estaban sentados en uno de los muebles de la terraza. Karina estaba en el segundo piso. Lulu jugaba con su peluche favorito, acostada en su camita, en una esquina de la cocina. Cualquier cosa podía pasar, estaban a solas.

Jaime levantó a su chica por las piernas para que esta se montara sobre las suyas sin dejar de besarse. Vanessa colocó sus rodillas a los costados de él y se acomodó sobre las piernas de su chico sintiendo la rigidez de éste contra su muslo. Él le levantó la camiseta para meter sus manos y sentir la piel de su espalda directamente. Frontando la cintura y la baja espalda. Robándole un leve jadeo cuando sus pulmones reclamaron oxigeno durante del beso y pudo separar sus bocas para respirar.

- Me encantas - dijo Jaime y volvió a besar su cuello subiendo hasta la oreja y dando el trato especial a esta - me gusta todo de ti - sus manos comenzaron a subir hasta el broche de su Bra...

- Espera... - dijo Vanessa con la respiración agitada. Había caído en cuenta de que no podían seguir cuando escuchó unos pasos en la distancia.

- ¿Qué pasa?

- Karina viene bajando las escaleras y sabes que Mami esta por llegar - se bajó del regaso y trató de acomodarse la ropa - Esta noche resolvemos este detalle. Ahora arréglate la camisa y el pantalón mi amor. - lo ayudó a abotonarse. - Date prisa baby

- Esta noche te paso a buscar, no quiero malos entendidos, ni llamadas de última hora... ni ninguna excusa!

- Esta bien. A las ocho y media, la uni, contaré las horas. Te prometo que no habrá excusa que me impida tenerte para mi solita esta noche. - Su noche con Jaime decidiría lo del viaje con su amiga Sally.

Vanessa estaba arreglándose para salir a la universidad. Estaba sentada frente a su espejo cuando llegó Irene a la habitación.

- Explícame que es eso de que te vas de fin de semana a una casa de campo y ni siquiera me lo habías dicho. - Irene acababa de enterarse por Cecilia. Vanessa la miró y se echó a reír.

- Vamos Irene esto fue un imprevisto yo no tenía ningún plan para este fin de semana. Bueno si tenía planeado estar con Jaime pero él tiene que viajar a Santiago por motivo de trabajo y me parece justo que yo me distraiga después de pasarme más de seis meses encerrada en ese hotel el fin del mundo. Al principio fue bueno pero te juro que lo que tuve que hacer en muchas ocasiones no era tan divertido: asear la cocina, los baños, trabajar en la lavandería y servir en los restaurantes. Lo que si me gusta de mi carrera es el contacto con la gente y el conversar con los turistas, la administración y organización de actividades y del personal. Ser la que manda ¿me entiendes? Me merezco un descanso y Sally me ha invitado, te acuerdas de ella ¿verdad? No podía negarme. En realidad quiero ir pero todavía no es definitivo que vaya, todo depende de esta noche con Jaime, tenemos que arreglar unos detalles antes...

- ¿Detalles? ¿Cuales detalles? ¿Estan peleados? Pensé que todo entre ustedes estaba bien.

- Si todo esta muy bien, es solo que tenemos mucho tiempo sin estar juntos y es algo difícil de manejar. Sabes lo exigente que son ellos.

- Con que así están las cosas.

- Ay por favor Irene, tu eres la experta aquí ¿Te imaginas que estamos de besitos y nada más? – río suavemente.

- Eso creía yo, que eras una inocente paloma. Quien la viera con esa carita de yo no fuí - Vanessa se terminó de peinar el cabello y recogió sus libros.

- Deja la llave debajo de la alfombra de la entrada y dile a Mami que salgo tarde de clases. Si me llama Sally dile que mañana temprano me comunico con ella para confirmar lo del viaje.

- Esta bien. Cuídate mira que a veces no sabemos lo que estamos haciendo. Lo digo por los detalles - la relación entre Irene y Vanessa era muy cercana. Aunque le contaba todas sus cosas a su prima, a veces, prefería no hablarle tanto de su novio, ya que ella ponía cara de tonta y un brillo extraño surgía en sus ojos. Así que mejor evitar confusiones.

-*-*-*-

Hora: 8:40 pm

Vanessa terminó antes de tiempo todo lo que tenía que hacer en la universidad. Una vez vio el carro de Jaime ella se acercó y subió al carro.

- ¡Hola amor! - lo saludó

- ¿Dónde estabas?

- Estaba en... ¡ay no! No empieces con tu mal humor ¿Por qué mejor me llevas a algún sitio y te relajas?

- ¿Por qué no me quieres decir donde estabas? - Ignoró la incomodidad de su novia ¿Qué le estaba ocultando? Jaime era realmente paranoico en ese sentido.

- Estaba con Carolina acompañándola a sacar unas fotocopias. ¿Por qué siempre tienes que saberlo todo? Yo sólo quiero que me lleves a un lugar tranquilo, disfrutar contigo de una linda conversación... - le besa la mejilla - que me des mucho cariño, muchos besos ricos de esos que solo tu sabes darme y verme en esos hermosos ojos que Dios te dio... no seas tan paranoico mi amor.

- Tienes razón, perdóname por preguntar tanto. ¿A dónde quieres ir? - otra pregunta. Vanessa solo suspiró resignada.

- Esta vez decide tu. Sólo quiero estar contigo en un lugar cómodo y a oscuras donde se escuche el mar y la brisa nos acaricie la piel... - le dio otro beso en la mejilla. Él conducía despacio. Había descrito el lugar así que Jaime no tenía que decidir solo encaminarse a la orilla del mar más cercana.

- ¿Quieres comer ahora o más tarde?

- ¡Después! - en todo el camino Vanessa hablaba de su experiencia en el hotel donde había hecho su pasantía.

La llevó a la playa y le sorprendió con una botella de vino metida en una cubeta con hielo y dos copas. Sacaron todo del baul del carro, junto con una manta blanca.

- Te parece un buen lugar, o acaso ¿le falta algo de lo que tu mencionaste?

- ¡Está perfecto! Y tragiste vino, no se te escapó ningún detalle mi cielo, eres sorprendente! - caminaron por la orilla de playa buscando un lugar apropiado para sentarse a conversar y respirar el aire puro del mar. Vanessa se quitó los zapatos y los cogió en una mano. Pasearon. Conversaron de todo un poco. Jaime puso vino en las copas y se sentaron debajo de una palmera a contemplar las estrellas y la luna llena que iluminaba mágicamente el lugar, brindandoles luz suficiente para verse pero la privacidad adecuada para los amantes.

- Esto es divino. Gracias por hacerme sentir tan bien y por escucharme - dijo Vanessa, quien hablaba sin parar. A él le gustaba escucharla, porque sabía que ella le contaría todo lo que él necesitaba saber para estar tranquilo y no sentirse inseguro de su cariño. Debía aprender a esperar sin hacer tantas preguntas.

- ¡Gracias a ti por ser así como eres! – dijo Jaime. Le acarició el pelo ondulado que caía suavemente sobre sus hombros. Se quedaron callados por un instante. - A veces pienso que tienes razón cuando dices que las ganas de vernos son más grandes porque estamos mucho tiempo separados, pero por otro lado, cuando estamos juntos soy tan feliz que me gustaría sentirme así siempre. Que nada existiera a mí alrededor y que todo lo que me envolviera fuera esta sensación. Sentir que soy el dueño de tu mundo... - la acercó a sí y la besó.

Era un beso con calma y suavidad, de esos que te van encendiendo despasito. Como si fuera la primera vez que se besaban, explorándose uno al otro con cuidado. Sus labios, sus manos, su piel, su olor. Lo disfrutaba tanto que se olvidaba del resto de universo. Él recorrió lentamente la curva de su cuello a besos, lamió la parte inferior de su oreja embriagándose de su sabor. Volvió a cubrirle los labios con sed de ahogarse en ella.

Un mar de sensaciones les corría por las venas y las ansias de sentirse más cerca crecían a cada segundo. Vanessa se recostó sobre la arena y comenzó a quitarse la blusa, botón por botón, él se quitaba la suya botón por botón con los ojos clavados en los de su chica. Se quitó la camisa y la puso a un lado, se soltó el cinturón y tomó su copa con la mano derecha. La oscuridad les permitía ir más allá sin preocupación.

Ella seguía tendida mirando cada movimiento y esperando por él. Se dejó la blusa abierta y se quedó quieta. Él despejó su vientre, echando a un lado la blusa, le acarició los senos por encima del sostén y sus pezones se pusieron en alerta. La miró a los ojos y sonrió. Subió la copa y brindó a su salud, roció todo el contenido por su pecho y vientre mojándole el sostén y parte del cuello. Le tomó ambas manos y las puso por encima de su cabeza, para luego comenzar a secar el licor con su traviesa y experta lengua.

Ya nada podía evitar que hicieran el amor.

-*-*-*-

Hora: 10:49 pm

- ¿Te sientes bien? - le preguntó al sentirla tan callada y quieta. Los dos conocieron algo nuevo. Estar juntos sin importar el lugar era un afrodisíaco que no habían experimentado. Con la luna menguante como testigo pudieron amarse sin ser descubiertos y la adrenalina del peligro añadió varios puntos positivos al resultado final.

- Sí claro. Estoy pensando en ¿cómo lo haces? Tienes que haberlo planeado todo. Cada caricia, cada beso...

- Cada movimiento... - se movió un poco para sentirla más cerca.

- Es que siempre tienes el control verdad. Esto ha sido increíble, completamente maravilloso señor, de ahora en adelante seré su servil doncella ¿Quiere ser mi amo y señor?

- ¿Qué quieres decir con eso? ¿Acaso hay otros posibles amos y señores?

- Claro que no Jaime... ¿Por qué a veces, eres tan inseguro? No tienes que analizar todo lo que digo. ¡Relájate! - le dio un beso y lo abrazó con fuerza. Se quedaron recostados por un rato.

-*-*-*-

Hora: 11:22 pm

Luego se vistieron y regresaron. En la entrada de la casa, ambos se despedían con un abrazo y un beso.

- ¿Te vas a ir con tu amiga?

- Quiero ir – se quedaron callados un momento. – Jaime por favor es una vieja amiga del colegio tenemos años sin vernos. Era mi mejor amiga. ¿Alguna vez te mencioné a Sally Domecq?

- No nunca la has mencionado. Cualquier excusa es buena ¿verdad? No pierdes oportunidad de salir por ahí a no sé donde, con no sé quien, dizque a recordar viejos tiempos. La verdad no me parece...

- ¿Por qué tienes que ser así? Creí que habíamos acordado no discutir más. Es un reencuentro con una amiga del colegio, no es una orgía en París, ni una sesión de promiscúos y degenerados en San Francisco, es solo una visita a una amiga. Te prometo presentártela cuando regreses de Santiago. Si no fueras tan responsable a lo mejor pudiéramos ir juntos a esa casa de campo y pasarla tan bien como esta noche... - le acaricio la nuca, le besó la barbilla y lo mordió suavemente en la base del cuello.

- Deja de hacer eso. Me tengo que ir y este no es el lugar más apropiado para esos jueguitos.- la agarró por los hombros y la alejó un poco para mirarla a la cara. - Ve con tu vieja amiga, no hay problema. Yo no puedo dejar de ir a Santiago porque es imprescindible traer esos materiales para el lunes o si no perdemos el cliente. No puedo delegar este viaje en nadie más. Pero me voy muy intranquilo sabiendo que tu estas de fin de semana en la casa de campo con quien sabe quienes más. Y no es que esté enojado, sólo estoy inconforme...

- Jaime no es el fin del mundo ¡Por Dios! Se razonable un momento. Tienes que trabajar, y eso es muy importante para ti. Yo estuve encerrada seis meses en ese hotel haciendo de todo para poder terminar la pasantía y graduarme. Necesito distraerme un poco. No me hagas sentir culpable por querer salir con mis amigas. Además aprecio mucho a Sally no me gustaría hacerle un desplante luego que se tomó la molestia de invitarme, han pasado cinco años desde la última vez que nos vimos. No quiero que te vayas intranquilo, por favor amo y señor concedame su bendición! - hizo un hermoso puchero y puso ojitos tiernos.

- Vanessa es muy tarde, no me hables así por favor. Te llamo antes de salir de la casa. Vete con tu amiga no te preocupes por mí. - le dio un besito, dio media la vuelta para dirigirse al auto. Ella lo observó unos segundos y comprendió que no valía la pena seguir con el tema. Ella también estaba cansada.

- Te adoro. Que duermas bien amor... ten cuidado en la carretera y piensa en mi, me oyes, yo voy a pensar en ti veinticinco horas al día, por si estas muy ocupado pienso por los dos, no hay problema ¿me oyes? Cuídate... - antes de encender el carro, la miró y sonrió.

- Tu también cuídate mucho.

Capítulo 3 Celos y Secretos

Viernes 10, Mayo 1991

- Estoy algo preocupada, no se porque ese paseo me parece muy apresurado. Sally y su papá son tan extraños que no entiendo la razón por la que te invitaron a su casa de campo. Ni siquiera sabemos donde queda esa dichosa casa. Creo que Jaime tenía algo de razón al pedirte que no fueras.

- Irene, please ¡No sigas! Te llamo cuando lleguemos a la casa de campo, ¿está bien? ¿Por qué siempre le andas buscando la quinta pata al gato? No tiene nada de raro que salga con mis amigas y sus padres, medio misteriosos y desagradables, que tienen casas de campo y demás lugares de recreo, si es verdad, pero ajá. - se echó a reír - Sally y yo somos amigas y queremos hablar un poco de lo que nos ha pasado en estos años, eso es todo. No hagas una tormenta en un vaso de agua y por favor si Jaime llama no lo pongas a pensar cosas raras, de por sí él no necesita ninguna ayuda para pensar lo peor y ponerse insoportable, no quisiera que le calentaras la cabeza con tus teorías.

- Sólo hacía un comentario. No era para tanto, el ultimátum estuvo fuerte ¿No crees? - se levantó del sillón en la que estaba para salir de la terraza - Yo no tengo porque calentarle la cabeza a tu novio, el se la calienta solito y creo que tu le das motivos suficientes... - se alejó en dirección a la cocina pero la pregunta de Vanessa la detuvo.

- ¿Que quieres decir? ¿Que yo me la paso dándole razones para celarme? ¿Eso es lo que tu crees?

- Aunque él es muy exagerado, a veces tú actitud alimenta sus celos. Eres muy independiente de él y creo que eso es lo no le gusta. Jaime es el típico macho protector. Lo que quiere lo toma y lo cuida, y a veces le es muy difícil controlarte... - dijo encogiéndose de hombros.

- No soy una cosa Irene. Si él quiere poseer algo que se compre un edificio, un carro, un perrito, que sé yo. Soy grandecita y sé cuidarme sola y me gusta tomar mis propias decisiones. No le doy motivos para celarme, me desvivo por él. No puedo creer que todo esto sea por la salida a casa de Sally o ¿sí?

- No, no lo es. - en ese momento sonó la bocina del carro de Don Alfonso. Vanessa lo vio desde la terraza. Irene se quedó callada.

- Esta conversación no ha terminado. Cuando regrese quiero que me expliques de que me estas hablando. Llamaré cuando lleguemos y Bueno... ¡olvídalo! - salió y subió al Mercedes negro propiedad de Don Alfonso.

Saludó a Don Alfonso y a Sally. Estaban cómodamente sentados en la parte de atrás, a Vanessa no le pareció que ella también se montara detrás y que el chofer fuera el único delante. Subió al asiento del copiloto e hizo un comentario al respecto. Don Alfonso estaba serio y Sally sólo sonrío por unos segundos.

- Vanessa tenemos que pasar a recoger unas cosas a la tienda de productos naturales a comprar unas pastillas para mi papá espero que no te importe. - le dijo Sally a Vanessa.

- Claro que no hay inconveniente. Estoy segura que llegaremos a tiempo a la casa de campo.

- ¿Qué quiere decir con eso?

- Bueno que no tenemos prisa en llegar y que por mi no hay ningún problema si llegamos a la hora de la comida o a la hora de la cena, da igual...

- Llegaremos temprano no te preocupes. La casa no está muy lejos de la ciudad. - se quedaron callados un buen rato. Llegaron a la tienda naturista y Sally le pidió a Vanessa que la acompañara. Don Alfonso y el chofer se quedaron en el auto. Una vez dentro de la tienda Sally se quedó mirando a través de la vitrina el Mercedes Benz mientras esperaban por las pastillas.

- ¿Qué te pasa? - le preguntó Vanessa a Sally.

- Estoy asegurándome que no me va a seguir. No le creo eso de que no quiere perder tiempo en esto de sus medicinas. Para mí que me está espiando.

- ¿De qué hablas?

- De mi papá. Él no me deja dar ni un paso sola y esto me parece extraño. Pero parece que no se va a bajar del auto. Vamos!

- ¿A dónde?

- A ver a Marco esta en la oficina de la agencia. Es una buena oportunidad para verlo.

- Pero...

- Ven, es aquí dentro de la plaza. Me gustaría que lo vieras antes de irnos. Ustedes nunca se conocieron en persona y me gustaría que lo hicieran ahora.

- Sí claro. Me parece magnifica idea. Lo que no logro entender es todo esto de tu papá y el espionaje. No me parece que a tu edad te escondas para verte con tu novio. ¿Qué es lo que pasa realmente? Deberías comenzar a preocuparte por eso ¿no crees?

- A veces me desespera no poder dar ni un paso por mi cuenta, pero otras veces me encanta estar protegida todo el tiempo y tener que ingeniármelas para ver a Marco, me gusta la emoción y el desafío de despistar a Don Alfonso Domecq.

- Sally, eso no me parece un juego. Esta raro lo que pasa entre ustedes...

- ¡No te metas! - la interrumpió y salió de la tienda naturista por la puerta trasera y Vanessa la siguió.

- Discúlpame solo...

- No tenía porque hablarte así, discúlpame tú a mí. Olvidemos el incidente. Mira aquí es. Tenemos que darnos prisa. Antes que el odioso de Ramiro, el chofer, venga a buscarnos. -

Entraron a la agencia de modelos donde trabajaba Marco. Él era uno de los más reconocidos. Vanessa lo había visto en algunos comerciales de televisión y en carteles. Cuando lo vio lo reconoció de inmediato.

- Mira él es Marco Pisatti

- Lo sé ya lo había visto en televisión y en anuncios. ¡Hola! - Vanessa reconoce que es más atractivo en persona que por televisión. El las saludó emocionado. Abrazó a Sally con cariño estaba feliz de verla. Era un tipo alto de ojos claros y pelo oscuro.

- Nos tenemos que ir! - dijo Sally después de unos segundos - Sólo quería presentarlos. Sin más, se despidieron y regresaron al auto rápidamente.

-*-*-*-

Llegaron a la casa de campo. Vanessa echó un vistazo alrededor y quedó impresionada con lo bonito que era el lugar y la casa misma. Se veía impecable y acogedora, por fuera.

- ¡Es hermosa! Pensé que me iba encontrar con una cabaña de madera con aires de una viaja casa de campo o algo por el estilo, pero déjeme decirle que la casa está muy bonita. - dijo Vanessa.

- ¿Eso crees?

- Claro que lo es. Cuando estabas hablando de las cosas que no tenía la casa me preocupé un poco pero creo que exageraste - le dijo a Sally que tomaba su mochila y una maleta del baúl del auto. Ramiro y Don Alfonso se adelantaron, en dirección al interior.

- Ya no me parece tan extraordinaria. Estoy cansada de venir aquí y me gustaría ir a otros lugares. Él sabe que me encantaría pasarme un fin de semana en un hotel, con mi grupo de amigos pero no me lo permite.

- Eso es un castigo Sally. Que no puedas salir sola con tus amigos no es justo, ni saludable. Pero por qué no buscas la forma de hacerlo entender.

- Olvídate del asunto. Gracias por venir. Y por favor no menciones a Marco frente a mi papá. No quiero que pase nada desagradable durante tu estadía aquí.

- Esta bien. Vamos a pasarla bien ya que estamos aquí. Me alegra haber venido y no tienes porque darme las gracias, para eso somos amigas ¿no?

- ¡Claro! - entraron en la casa. Una joven morena con caderas de mujer, manos grandes, de rostro triste y enorme ojos tristes, las recibió. Don Alfonso y Ramiro estaban encerrados en una de las habitaciones de la casa. La muchacha que las recibió miró a Vanessa con ojos de angustia, era como si quisiera decirle algo usando la telepatía.

-*-*-*-

- ¡Luisa! ¿Dónde está mi mantequilla? - Don Alfonso vociferó . Vanessa se sorprendió bastante al oírlo gritar. Lo miró y luego miró a Sally quien se quedó como si nada, ni siquiera había levantado la cabeza. En pocos segundos salió la muchacha de la cocina con la mantequilla del señor.

Luego del incidente con la mantequilla todo volvió a la tranquilidad en la mesa. Vanessa sintió que algo le estaba rozando la rodilla. No podía decir lo que era pero le pareció que era la mano de Don Alfonso que la acariciaba. Se exaltó y lo observó durante mucho tiempo. El señor seguía comiendo como si nada pero su mano por debajo de la mesa repitió el movimiento rozando la rodilla de la invitada, como si nada.

- ¿Qué te pasa Vanessa? Tienes una cara! - dijo Sally.

- ¿Ha sido usted verdad? ¿Cómo se atreve? - le dijo Vanessa a Don Alfonso. El se quedó muy tranquilo.

- No sé de que está hablando señorita - se puso de pie supuestamente ofendido por algo y dejando a Vanessa con la duda. Sally miro debajo de la mesa y regañó a "Tarzán" un french bulldog blanco con negro que Vanessa ni siquiera habia visto antes, salió disparado lejos del comedor visiblemente asustado.

- Te juro que lo que sentí fue la mano de tu papá sobre mi rodilla.

- ¡Olvída eso! ¿Sí? Me encanta que estés aquí. ¿Por qué no me cuentas de tu novio?

- ¿De Jaime? - Sally asintió. Vanessa cambió de semblante inmediatamente - Hace año y medio que salimos. Nos conocimos en el club en las clases de natacion y polo. Jaime es muy resposable, tan resposable que el mismo día de la muerte de su papá teníamos un torneo y no faltó, por suerte ganamos el torneo, creo que eso lo consoló un poco, aunque yo no podía asimilar que prefería estar ahí y no despidiendo a su padre. La verdad fue que verlo tan triste me rompió el corazón y así fue que nos acercamos. Bueno él tenía su novia de toda la vida y en cierta forma él seguía pensando en ella, pero Edgar me dijo que ella lo estaba volviendo loco porque ella era parte de un grupo de rock, o algo así, por lo que viajaba mucho y el no quería viajara o amaneciera en esos conciertos y fiestas privadas. Entonces ahí estaba yo, la muchacha tranquila que él necesitaba. Comenzamos a salir porque su novia se fue de viaje, el resto, es un año y medio en el cual yo duré seis meses encerrada en un hotel del este haciendo mi pasantía.

- ¿Le quitaste el novio a la tipa? - comentó Sally.

- Eyyy noooo, claro que no fue mi intención solo sucedió - dijo apenada al recordar aquel tiempo - Él es muy especial y primero terminó con ella por teléfono. - ambas se echaron a reir. - Pero mira te confieso que es un hombre difícil ,pero a pesar de todo lo adoro. Es trabajador, el negocio de su padre nunca estuvo mejor que ahora y en su corazón sólo hay lugar para mí, según él. La verdad es que yo no soy una santa pero trato de que las cosas entre nosotros funcionen.

- ¿Por qué dices que no eres una santa?

- Lo digo por que algunas veces he pensado dejarlo. Es que no aguanto el control que quiere ejercer sobre mí. Le digo mentiras para que se tranquilice y eso no me gusta. Por ejemplo, estar aquí genero una pequeña discusión...

- A veces es bueno guardarse secretos. Mantener el misterio es puede mantener la llama viva en una relación. Lo digo porque yo sé decir mentiras y guardar secretos. Por eso yo y Marco seguimos juntos a pesar de todo lo que nos separa. ¿Tu crees que yo no sé que él tiene otras por ahí, que cada vez que va a uno de esos viajes a Italia o cualquier otro país no se enreda con mujeres y que tiene aventuras amorosas de todo tipo? Lo que pasa es que no puedo hacer nada al respecto y lo acepto porque sé que al final siembre me buscará a mí, sé que me quiere y eso me basta para soportar algunas cosas. Yo tambien me invento unas mentiras para que mi papá no se entere de nada, son casi seis años escondiendo a Marco de mi padre ¿qué crees? ¿Soy buena o no manteniendo un secreto?

- Muy buena... - buscó su atención viendola a los ojos antes de agregar - ¿Nunca piensas decirle a tu papá lo de Marco?

- No.

- ¿Y a Marco no le importa? Claro que no! - se respondió ella misma al instante - Que tonta soy a él le conviene seguir así... disfrutando de la libertad que le das para estar con otras

- Ay por favor Vanessa. Tu no sabes nada de nosotros y no entiendes nada, solo estas haciendo conjeturas - Sally cambió de humor y se puso a la defensiva.

- ¡Tranquila amiga! No tienes que enojarte. Solo pensé que... Bueno olvidalo. - Luisa se acercó para retirar los platos. Sally sonrió resignada poniensose de pie.

- Vamos a mi cuarto, no quiero que Don Alfonso nos escuche. Déjame ir a buscar una botella de vino a la vinera. A Vanessa le extrañó el intercambio de miradas entre la chica de servicio y su amiga. La joven se notaba nerviosa todo el tiempo.

Sally se alejó y se perdió en dirección a la cocina.

- Tengo que decirle algo muy importante - dijo Luisa. Miró hacía la cocina y alrededor para que solo Vanessa la escuchara.

- Dime de que se trata... eh ¿cómo te llamas?

- Luisa, señorita... su amiga la joven Sally y su papá no son lo que usted cree. - escuchó los pasos de Sally que se acercaba.

- ¿Qué quieres decir?

- No le puedo contar nada más por ahora, pero cuídese, no son lo que parecen... - tomó los platos y se retiró rápidamente y se cruzó con Sally en el camino.

- Vamos. Escucharemos algo de música y nos bébemos ésta botella. Es curioso pero a papi no le molesta que beba, bueno, a decir verdad no le molesta que beba vino o lo que sea si estoy en casa. Aunque aquí solo hay dos tipos de bebidas: Vino Chardonnay y Cognac Napoleón. No se te ocurra ofrecerle una cerveza o un trago de ron, insultarías su buen gusto. - Sally se echa a reir mientras camina hacia su habitación. Vanessa solo se levanta de su silla para seguirla en silencio, preguntandose que había sido todo eso con la joven de servicio. Parecía tan asustada que no podía dejar de pensar en lo que le acababa de decir.

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