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Hablar de lo que ignoras.

Hablar de lo que ignoras.

Autor: : W S Alonso
Género: Romance
Chantal Robinson no cree en el amor. Su madre es una alcohólica que se ha refugiado en la bebida para sobrellevar las infidelidades contantes de su padre. Estas acciones la han marcado al punto de caer en el autoaislamiento y la depresión. Después de ganar un concurso de escritura, le ofrecen ser la vocera de la sección "Charming Girl" en la revista "Luxury Voices". El único problema es que en esta debe dar consejos de amor a quien lo solicite, y en este tema, ella es una total ignorante. El nuevo proyecto promete ser un eslabón de cambio para su solitaria vida, ya que este, trae consigo dos hermanos de apellido Derricks; uno con gran interés en que ella acepte la propuesta, otro que la odia sin razón aparente. Al aceptar; un camino de mentiras y acciones premeditadas la envuelven. El odio se convierte en amor, pero lo que se construye a base de engaños se derrumba cuando sale a la luz quiénes son estos hermanos.

Capítulo 1 Prólogo.

Dixon

El rostro de esa bola de rizos azabaches le vino a la mente en cuanto su hermano mencionó su nombre: Chantal Robinson. El desagradable apellido le hizo mella en los agrios recuerdos que guardaba. Todo el personal de "Luxury Voices" aplaudía ante la noticia que Derek esparcía con entusiasmo en la oficina. Les contagiaba esa energía pura y luminosa que solamente él era capaz de desprender. La gran noticia era motivo de ovación y señal de que era hora de poner manos a la obra. Pronto se lanzaría la revista y ese proyecto por el que habían trabajado tanto cobraría vida.

–Demás está decir que todo tiene que estar impecable para el lanzamiento del primer número –explicó el rubio a todos los trabajadores–. Revisaré los avances de cada departamento personalmente –todos asintieron–. Pueden retirarse.

La oficina quedó vacía y en silencio. Derek lo observó por unos instantes y cambió la vista de forma desinteresada. Él se puso de pie y comenzó a caminar por la habitación como fiera enjaula delatando la impaciencia que crecía dentro de él. Negó y volvió a mirar al rubio que le sonreía con complacencia.

–¿No crees que la suerte está de nuestro lado? –dijo Derek abriendo los brazos–. Al fin el personal estará completo.

Sí, estaba completo, y debería sentirse feliz al respecto, pero no podía. El hecho de que precisamente ella fuera el eslabón que completaría la cadena, le hacía hervir la sangre.

–No, sabes que detesto la idea –espetó sin mucho cuidado con tono hastío.

–Lo que tú detestas no tiene nada que ver con la chiquilla, hermano –rodó los ojos–. Además, qué quieres que haga. Ella fue la ganadora del concurso.

–¡Que la mantengas alejada! Eso es lo que quiero que hagas –volvió a denigrar con impaciencia–. No veo la necesidad de tenerla rondando por aquí.

–Tiene todos los requisitos que busco para la sección de Charming Girl, eso es suficiente, Dixon.

–Hablas como si supieras todo de ella.

–Y tú como si fuera un engendro o aberración salida de cualquier parte –el tono de Derek se elevó, haciendo que él se diera cuenta de que iban camino a una disputa.

Respiró con pesadez y pasó las manos por el desordenado cabello rubio. Lo menos que quería era discutir con su hermano y mucho menos por culpa de ella.

–Sé lo suficiente como para ser consiente que no podrá con la sección –cruzó sus brazos–. Tal vez ni acepta la propuesta.

–¡Claro que lo hará! –afirmó Derek con plena confianza–. Yo me encargaré de ello.

–Sí, ya sé que últimamente te dan la tarea de encargarte de muchas cosas –masculló con tono soberbio.

El semblante de Derek se tiñó de seriedad. Dixon se acercó a a él y él dejó dos palmaditas en su hombro antes de marcharse.

Nunca había tenido discordias con su hermano y el hecho de que empezaran ahora venía como mal augurio de un pasado que no lograba cicatrizar, y como adjunto traía a una chiquilla de cabellos rizos con apellido hereje: Chantal Robinson.

Capítulo 2 Oportunidad.

Chantal.

-¡Pero, Chantal, prometiste hacer algo nuevo con tu vida este año! -gritaba Amber, mientras recorría el departamento detrás de la rizada que, a paso apresurado se dirigía a la sala del lugar, ya que su ruidosa amiga no la dejaba leer en paz.

-¡Sé que lo prometí! -molesta se detuvo-. Pero no puedo hacer ese trabajo, no me veo escribiendo en una sección como esa -frustrada, se dejó caer en un sofá.

... Esa misma tarde Chantal recibió la grandiosa noticia de que, su cuento de misterio, había sido el ganador del concurso de escritura creativa. Como primer premio se le daba la oportunidad de colaborar en una de las revistas de la Universidad. No era cualquier revista la que pidió sus servicios. Se trataba de un nuevo y exitoso proyecto que desafiaba el mundo del marketing y la publicidad. Su nombre era: "Luxury Voices" y lo promovía Derek Derricks, un estudiante de segundo año, cuya carrera era Graduado en negocios.

Chantal se sintió feliz, realizada, nunca pensó que su historia, llegaría a ganar y, a su vez, brindarle tal oportunidad. Su alegría no voló muy lejos, pues el mismo director de la revista que había reclamado sus servicios, esa misma tarde, la había buscado para explicarle el importante papel que realizaría.

Al ver a Derek se quedó algo impactada. Sí que lucía bien ese chico. Era alto y su cabello bien peinado hacia atrás dejaba ver lo perfilado de su rostro. Cejas de un rubio oscuro y pestañas largas, exponían unos ojos azules claros con algunos matices verdes que brillaban de emoción al verla. El rubio recorrió su cuerpo con una mirada profesional. Le sonrió de lado y acto seguido la invitó a ir a un café cercano donde charlarían de los pormenores de su futuro trabajo.

Mientras caminaban, Chantal no pudo dejar de notar como la mayoría de las personas a su alrededor los miraban. Mejor dicho, la miraban, y con una extrañeza enorme. No era para menos, teniendo en cuenta que semejante hombre la acompañaba, y ella, que no llegaba a los 1.65 metros, obviamente se vería como un alien al lado de él. Un alien algo desaliñado, pues sus cabellos rizos azabaches estaban un poco sueltos, le caían largos y rebeldes sobre sus anchas cejas.

Se sentaron en el café, uno delante del otro. Derek pidió Capuchinos para ambos. La miró y Chantal pudo notar como el aire del chico que, antes era divertido y algo despreocupado, se convertía en uno totalmente profesional, mientras con un semblante serio, pero encantador, le decía:

-En serio estoy impresionado señorita Robinson -aquel chico hablaba como si ya fuera un exitoso empresario-. Usted tiene un currículum impresionante -¿curriculum?, se preguntó mentalmente, solo llevaba un mes y medio ahí-. Sí, no me mire extrañada. He investigado su trayectoria en este corto tiempo: tiene notas muy buenas, asiste siempre a clases y se destaca en estas, además tomó el curso de escritura creativa, en el cual dejó boquiabiertos a todos cuando ganó el concurso con su cuento: "Aferrado al mar de los susurros", un título muy creativa, por cierto.

-Gracias... -se limitó a decir Chantal. Aunque no sabía si debería dárselas cuando aquel joven hablaba de su monótona vida, esa que había logrado crear en el campus, y que a él le parecía un trofeo de guerra.

-Lo que más admiré en tu historia -prosiguió el rubio-, fue la forma en la que desarrollaste los personajes. Fue como si fueras ellos y te lograras meter en ese "mar susurrante", consiguiendo además, que cada lector lo hiciera contigo -los ojos azules del joven la miraban con fascinación-. Me imagino que se deba al hecho de que estás estudiado psicología, sin duda tienes una mente algo manipuladora...

-Disculpe -le interrumpió ella algo confusa-. Quisiera saber a qué se deben tantos halagos y el porqué de esta inusual "reunión" -ella también sabía como jugar con vocabulario formal.

-Tienes poca paciencia, ¿eh?, eso me gusta -le dijo enfocando sus ojos azules en los negros de ella-. Mi equipo y yo queremos que trabajes en nuestra revista: "Luxury Voices", específicamente en la parte de sociales. Necesito alguien que interactúe con los lectores. Escribirán a la sección "Charming Girl" y tú les darás consejos amorosos, basándote en tus experiencias y además en lo que has aprendido de la psiquis y el comportamiento del ser humano...

Derek no pudo terminar la frase, pues noto que Chantal lo miraba extrañada. Su ceño estaba fruncido. La mente de la rizada se quedó detenida en una singular palabra: amor.

"Amor"

"Consejos"

"¿Experiencia?", casi ríe mentalmente.

Chantal lo miró. Se puso de pie rígida. Tomó su bolso y sin decir nada, se dirigió a la salida del local, quería irse lo más rápido posible de aquel café. Lo dejó con la palabra en la boca. A lo que Derek se quedó sin habla, ninguna chica, nunca, nunca en su vida lo había dejado de tal manera.

Chantal caminaba insultada. Parecía una loca dando zancadas largas. Cabizbaja, intentaba alejarse lo más rápido posible de aquella mesa. Internamente se reía de ella misma por lo absurdo de la situación. Justo iba a salir del café cuando un golpe violento contra algo duro frenó su paso. Se tambaleó un poco y casi cae, pero unos brazos fuertes la sujetaron por los hombros. Miró hacia arriba, había chocado con un chico alto de cuerpo esculpido. Unos ojos azules más oscuros la miraban fríos e inexpresivos. Sintió mucha vergüenza. Recompuso su equilibro y salió del lugar, desprendiéndose de las manos de aquel muchacho, al cual no le dio ni un simple: gracias...

-"Charming Girl", me gusta ese nombre. Se oye fresco y "encantador".

-¿Eh? -el comentario de Amber había sacado a Chantal de sus divagues mentales respecto a esa tarde-. Lo siento, no te estaba escuchando.

-No es novedad -dijo la sarcástica voz de Anne, quien se encontraba sentada en el mueble rosa fucsia que adornaba excéntricamente la sala. Allí con su cabello rubio platino recogido, una mascarilla verde, y sentada en su, "trono", como le decía ella al llamativo mueble, se dispuso a dar su opinión-. Creo que eres idiota "Chanty". Acabas de rechazar una oportunidad por la que cualquier chica mataría. Solo por tener de jefe a un Derricks -se ventiló con sus manos dramáticamente- yo limpiaría los pisos de esas oficinas a los que ellos llaman editorial.

"¿Un Derricks? ¿Hay más de uno?", se preguntó la rizada.

- Bueno, tampoco es que lo haya rechazado -espetó Amber-. No oyes que salió corriendo como si le hubieran propuesto matrimonio -se mofó la castaña, a lo que la rubia respondió con rizas escandalosas.

Chantal miró a ambas hermanas. Esas que le dieron alojamiento en el piso que sus padres les habían obsequiado, para que no se quedara en una beca común del campus. Era increíble lo similares y diferentes que eran. La rubia era despampanante. En cambio Amber era más sencilla, pero igual de hermosa que su hermana mayor. Ambas compartían unos expresivos ojos verdes, y una sonrisa amplía y provocativa si se miraba de otro punto de vista.

Se sentía bien en compañía de ambas. Sabía que se preocupaban por ella, la querían y le deseaban lo mejor. Los comentarios de ambas hermanas la llevaban a un punto sugestivo donde se planteaba si de verdad su lema de no creer en el amor, iba a ser más fuerte que los deseos de realización profesional. Por una vez debía dejar de ser tan egoísta consigo misma. Tenía que tomar riesgos en aras de intentar cambiar un poco su gastada vida. Era hora de crecer y no dejar las oportunidades que le aparecían en el camino.

Si entraba en el proyecto, sería capaz de enriquecer su currículum. Tendría al menos una moderada vida social. Además sería divertido ver los absurdos comentarios de las "desesperadas" que escribirían a la revista. Haría que sus consejos cambiaran esas mentes melosas con instinto reproductivo que le pedirían ayuda.

"Todo sea por el bien de una sociedad mejor...", se dijo.

-Bien, basta de risas -expresó mirando a ambas hermanas que, aún divertidas, le prestaban atención-. Lo haré. Me disculparé con el tal Derek y le pediré otra oportunidad. Mañana lo buscaré y comenzaré este nuevo capítulo en mi vida. Hablaré, como una experta, de lo que más ignoro.

Capítulo 3 Idiota.

Chantal.

Esa misma noche, después de cenar con las hermanas, Chantal se dirigió a su habitación para trazar un"Plan" que le permitiera manejar con éxito todo a lo que se enfrentaría. Se sentó en el pequeño escritorio al lado de su cama, le echó un vistazo a los libros y libretas de apuntes que tenía ahí. Tomó una agenda de color negro con unos grabados de una mariposa blanca y se dispuso a escribir en ella todo lo necesario para lograr que su estrategia funcionase. La primera parte del plan era disculparse con Derek y pedirle otra oportunidad. Debía buscar una escusa lo suficientemente convincente, para no levantar sospechas del porqué de su exagerada reacción y desaparición instantánea. Sería algo sencillo, le diría que salió disparada a resolver un asunto personal que, con la emoción de haber ganado el concurso, había olvidado completamente.

Le mentiría, sí, un poco, incluso le miraría a los ojos si era necesario para que este viera la "realidad" en sus palabras. En sus nuevos estudios había aprendido que las personas que mienten no son capaces de mirar a los ojos, un dato muy interesante que ella podía manipular y usar a su favor. Chantal era una experta en el juego de las mentiras. Si algo había aprendido de sus padres era a mentir y reconocer cuando alguien lo hace. Ella no solía hacerlo muy seguido, sabía que no era sano, pero esta ocasión lo ameritaba. Pondría su fría mente a trabajar a base de lograr su objetivo. Engañar al rubio no sería un problema. Se disculparía con él y le pediría que le diera la oportunidad de entrar a su proyecto. La segunda fase del plan era preparar material para la sección de "Charming Girl". Sí, tal vez se adelantaba un poco a los acontecimientos, pero tenía la certeza de que el puesto sería suyo. Debía estar lista, para ello buscaría todo tipo de frases y citas sobre el amor, escritas por los autores más célebres a través de la historia. Sería bueno tener toda una recopilación de estos, tal vez ayudarían mucho a la hora de dar consejos.

Buscó en internet todo lo necesario. Indagó en las obras de varios escritores, fue desde William Shakespeare con "Romeo y Julieta", hasta "El amor en los tiempos del cólera con Gabriel García Márquez, y por supuesto, no podía faltar Paulo Coelho con "Once minutos", esta última no era extremadamente romántica como las otras, pero era erótica y describía la sexualidad femenina y desgraciadamente, de esa parte, Chantal tampoco sabía mucho. Anotó muchas citas de todos los autores que creía expertos en el tema. Dedicó casi toda su noche a eso hasta que se dejó vencer por el sueño.

El día siguiente transcurrió como de costumbre. Chantal asistió a sus clases por la mañana y esa tarde se dispuso a localizar a Derek. Supuso que se encontraría en las oficinas donde se desarrollaba el proyecto de "Luxury Voices", así que se dirigió hasta ahí. El campus era enorme y desde su facultad hasta donde se encontraba la oficina era un largo camino. Esperaba que todo el tiempo invertido no hubiese sido en vano.

Se detuvo enfrente del enorme y un poco viejo edificio. Le habían dicho que el espacio dedicado al proyecto se encontraba en la cuarta planta así que tomó el ascensor hacía allí. Cuando las puertas de este se abrieron, se dio cuenta de que la fachada antigua del edificio no tenía nada que ver con lo que había ante sus ojos. Era un espacio grande y con aire moderno. Estaba decorado en negro, gris y plateado, con algunos detalles en blanco, cosa que le daba a todo el piso un aire profesional. Había varios cubículos alrededor del pasillo, todos aparentaban la privacidad necesaria para cada trabajador y al final había una gran puerta de color planteado.

-¿Deseas algo? -una voz femenina con atisbos curiosos la sacó de su inspección visual.

Chantal dio un pequeño brinco pues no había notado el escritorio a su izquierda, ni la pelirroja que estaba sentada en él.

-Sí, disculpe, quisiera ver a Derek Derricks.

La muchacha la inspeccionaba lentamente, escudriñaba con sus ojos color avellana toda la apariencia de Chantal, hasta que se detuvo y en su cabello rizado recogido en una simple coleta baja al lado. Un aire de suficiencia llenó el rostro de la pelirroja.

-Claro, pasa, es la última puerta del pasillo, la grande plateada -le sonrió con pretención-. Suerte - deseó mirándole de arriba a abajo otra vez.

-Gracias -dijo incómoda después de la obvia crítica visual, y se apresuró a ir directo a su objetivo.

Tres toques en el material plateado declararon su presencia.

-Adelante - una voz cruda le permitió la entrada.

"Hora del plan, fase uno"

-Lamento la interrupción a estas horas, pero no tuve otra forma de vert... -sus palabras se le atoraron en la garganta cuando, unos ojos azul oscuro la miraban sin emoción alguna.

Esos mismos que había visto hace un día, la estaban observando tranquilos como si esperaran que siguiera hablando. Chantal tragó en seco al darse cuenta de que, ese chico que se encontraba recostado al escritorio con unos papeles en la mano, no era Derek.

S

e trataba de un joven un poco más alto que él. Incluso Se veía mayor. Su cabello era de un rubio oscuro, un poco largo en la parte superior y desordenado, le daba un toque sensual y misterioso. Tenía las cejas anchas y pestañas largas. Algo en su rostro le era demasiado familiar con el de Derek, ¿lo apuesto?, quizás. Su cuerpo era atlético, se veía fuerte con los músculos bien trabajados pero no en exceso. Llevaba una chaqueta negra ajustada y unos pantalones grises. Chantal estaba hipnotizada, aunque sabía que su mirada era indiscreta, no podía parar con su inspección visual.

-Te vas a quedar mirándome como quien nunca ha visto un hombre o vas a terminar lo que decías -su voz era gélida, tanto como su mirada. A Chantal se le pusieron los pelos de punta, pero logró reaccionar.

-Lo siento, pensé que eras Derek -sentía que sus mejillas se tornaban calientes. Bajó la vista al pensar que se debía ver absurda.

-Eso de andar con la vista en el piso y distraída no es bueno -su voz fría era atormentante-. Lo digo porque solo tropiezas con los demás y te vas sin pedir disculpas, maleducada- los ojos negros de Chantal se le abrieron con asombro.

"Mierda, me recuerda", un reproche interno hizo que se sonrojase más.

- Lo siento, esa tarde no me fijé por donde iba- finalmente se dignó a mirarlo.

- Claro, casi me perforas el pecho con tu huesudo cuerpo y es eso lo único que tienes que decir -sostuvo su mirada con suficiencia y curvó ligeramente sus carnosos labios en tono de burla.

"¿Me está diciendo huesuda?", se preguntó a sí misma mientras la cólera le invadía.

-Vaya, me tildas de maleducada y eres tú quien me ofende -en tono despectivo lo miró-. Que poca moral de tu parte.

-¡Oh, pero mira a la "bola de pelos"! -repuso con una mirada intimidante-. Sabe hacer algo más que tropezar y ser maleducada, también es grosera.

"¿Pero qué le pasa a este idiota?".

Las paredes grises de esa habitación se le hacían pequeñas a Chantal para la oleada de ira que sentía ¡Él la iba a oír! Abrió su boca furiosa y levantó el dedo índice para soltar toda la incomodidad que aquel desagradable le hacía sentir. Sin embargo quedó muda, otra vez, cuando una simpática y familiar voz llamaba su atención detrás de ella.

-Señorita Chantal Robinson -era Derek-, sabía que vendría a mi encuentro -llegó espontáneo, como la campana de un ring de boxeo que detiene el combate.

-Puff, señorita... -se mofó el indeseable mientras cruzaba las manos sobre su bien formado pecho.

-¿Pero cuál es tu problema pedazo de idiota? -las palabras dejaron la boca de la rizada como un torbellino inaguantable. A lo que el atacado, algo divertido, solo alcanzó a alzar una ceja.

-Venga, Dixon -ese era su nombre-, no me digas que has estado molestando con tu horrible humor a nuestra "Charming Girl".

-No, solo le daba mi humilde opinión -despreocupado descruzó sus brazos y se alejó del escritorio-. No es de mi interés lo que tengan que hablar. Nos vemos en casa, hermano- pasó por el lado de los dos y se dirigió a la puerta. Miró a Chantal divertido-. Hasta pronto, bola de pelos.

"¿Hermanos?" Chantal asimilaba lo que acababa de oír, eso, y que la ofendiera otra vez.

-No le preste atención a Dixon -la sacó de sus pensamientos-. Mi hermano es irritante cuando se lo propone.

-No sabía que tenías un hermano -en realidad no sabía nada de él, de ellos-. Vine porque quería disculparme y explicarte lo que sucedió ayer -estaba lista para retomar el plan.

-No es necesario, sabía que usted vendría -la cara del rubio se iluminó con un brillo de suficiencia-. El puesto sigue siendo suyo. Aunque me debe una tarde en un café -le guiñó un ojo.

-Gracias, de verdad que agradezco mucho la oportunidad -le sonrió abiertamente. Sintió alivio, no tendría que mentir.-Ya es un poco tarde -dijo él tomando sus cosas-. Venga mañana después de almuerzo. Le mostraré su cubículo y le presentaré parte del equipo -se dirigió a la puerta de la oficina abriéndola para ella-. Puedo llevarla a su residencia si lo desea -expresó amablemente.

-No es necesario, Derek -le sonrió ya dirigiéndose al ascensor-. Aquí estaré mañana y de verdad agradecería que me dejes de tratar de usted, no soy tan vieja -le pidió mirándole a los ojos.

-De acuerdo, si eso hace que te sientas más cómoda -le sonrió con simpatía-. Hasta mañana, Chantal -se despidió amablemente.

-Hasta mañana, Derek -respondió aliviada, entrando en el ascensor.

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