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Hagamos un acuerdo

Hagamos un acuerdo

Autor: : NIKKID
Género: Romance
¿Te casarías con un hombre que no conoces solo por salvar el futuro de tu familia? Camila Edwards es una mujer de 26 años, pertenece a una familia de empresarios reconocidos de New York, los cuales por problemas administrativos, inician una crisis económica que amenaza con llevarlos a la bancarrota. La bella mujer como hija única de Phillip Edwards, nunca ha trabajado o aportado al crecimiento de su riqueza porque su padre la ha complacido en todo; pero Phillip, al ver que de apoco todas las comodidades comenzaban a desaparecer y que la compañía estaba en riesgo, toma la decisión de pedirle a Franco Collins que se case con su hija, así para que siga teniendo la vida que se merece. Franco Collins es un hombres de 34 años, es el CEO de una multinacional. Es un hombre que ama los negocios, es perfeccionista y algo complejo de sobrellevar; el cual al conocer la situación critica de la familia Edwards nota que puede sacarle provecho -todos saldrían ganando- casarse no sería un problema para él si con eso obtendría más de lo que imagina, pero ¿Qué pasará con la convivencia de estas dos personas tan distintas? ¿podrán sacar adelante un matrimonio por conveniencia? ¿aceptará Camila el acuerdo que desea hacer su padre? Todos quieren sacar provecho de la situación, todos piensan en el dinero y en los negocios. Aunque olvidan que el amor puede aparecer en cualquier instante sin previo aviso.

Capítulo 1 Preludio

-Debería ser más agradecida, si fuera otra persona de seguro los dejo caer al precipicio donde estaban destinados -dice Franco enojado.

-No debí aceptar este compromiso de pacotilla, si nos tocaba ser pobres; entonces lo enfrentaríamos, pero no quiero seguir aquí.

Le doy un golpe a la mesa, pero no medí que chocaría el plato ocasionado un reguero.

-Entonces puede irse.

Franco se pone de pie y señala la salida de su casa.

-La puerta esta por allí, puede largarse y decirle a su padre que cancelamos el acuerdo. No tendrán ni que preocuparse por el abogado, yo lo pago. Seguramente ustedes no tendrán como hacerlo.

Hago un berrinche porque no se equivoca en lo que dice, me genera impotencia no poder hacer nada ante él. Quise gritarle, quise decirle todo lo que me genera con solo verlo, pero no puedo provocarlo más. Aunque mi manera de desahogarme fue la peor de todas, pues tomé una copa de vino y la tiré sobre su alfombra más costosa, la de color blanco.

-¡Oiga! ¿Qué le pasa?

Salgo del comedor e ignoro sus gritos desenfrenados.

Subí hasta mi habitación y me encerré, tiré tan fuerte la puerta que todos debieron escuchar el portazo.

-¡Debí negarme! -grito en la almohada.

Debí escuchar a mamá, ella presentía que sería una pésima idea. Por lo general mi padre nunca ve más allá de sus narices ¿Cómo no pudo pensar en mi salud mental y emocional al estar encerrada todo el día con este tipo?

-Señorita Camila, el patrón le recuerda que dentro de poco tienen una fiesta -menciona Lola.

-¡Lo sé! -respondo con un grito a la pobre empleada.

Me levanto de la cama, miro el anillo que tengo en el dedo y de repente se vuelve nubloso, tenía tantas lágrimas que distorsionaban mi vista. Fui muy apresurada, pero por lo menos ahora mis padres están mejor.

Suspiro por milésima vez aceptando esta cruel y pesada carga.

-Nunca hice nada por ellos, espero que este acto demuestre cuanto los amo.

Mi blusa se convierte en mi paño de lágrimas, seco mi rostro e intento respirar con calma para que la melancolía desaparezca; no puedo salir con los ojos hinchados.

Empiezo a prepararme para lo que será la primera vez en un evento social como esposa de Franco Collins.

Me choca que él mismo haya escogido el vestido, ¿Por qué no me preguntó que quería usar? Por lo menos que tipo de ropa quería ponerme o que diseñadores me gustaban, cada vez es un egoísta sin sentido.

El vestido era uno de color rojo, tan rojo con el color del pétalo de una rosa recién cortada.

Lo saqué de la bolsa oscura en la que venía, me miro frente al espejo apoyándolo sobre mi pecho y desde ya siento que no me gustará.

Me desnudo completamente y me quito el sostén, pues el vestido tenía en la espalda un escote tan profundo que sabia que se vería el inicio de mi trasero. En las caderas me quedaba perfectamente ajustado, en mis rodillas cedía un poquito más y luego caía hasta arrastrar, lo que se solucionaría con unos tacones.

Extraño estar en mi casa y que mi propio estilista se encargara de mi imagen, Franco es un tacaño que me hace hacer esto por mi cuenta.

Me maquillo con tonos marrones y oscuros en mis ojos, me concentro en darle profundidad a mi mirada, en mis labios un colorcito menos fuerte y lo demás lo hago como de costumbre.

Saliendo de la habitación, debo sostener mi vestido para que no se enrede con mis tacones.

-Demoraste mucho, llegaremos tarde.

-Tuve que tomarme mi tiempo -respondo bajando con cuidado-. Pues tengo que arreglarme sola, así que no hay otra opción.

-Tendrás que cambiarte más temprano.

Afuera nos esperaba un auto lujoso, no había visto ese vehículo.

Parece que en el evento de los empresarios más importantes la misión es presumir el que más tiene dinero.

Por todo el camino nadie menciona nada, Franco miraba hacia el frente y yo solo podía jugar candy crush en el móvil. Desde que me casé mi vida social se acabó, también desde que se empezó a rumorar que nos habíamos quedado sin dinero.

-Listo, estamos aquí.

-Espere en el auto -dice Franco.

Lo sigo con mis ojos por el rededor del auto y hace lo que nunca pensé, abrir la puerta del auto y ayudarme a bajar.

-¿Qué está haciendo?

-Sonríe, mi amor. Todas las personas nos observan.

Congelo mi sonrisa de manera forzada, Franco me da un halón para sacarme del auto y tomarme de la cintura.

-No responda nada, sonría a todos y no se detenga.

La mano caliente de Franco estaba en mi espalda desnuda, sentía extraño que tuviera su mano en esa parte de mi cuerpo, intenté removerme; pero él agarraba con fuerza mi piel.

-¡Franco! ¡Señor Collins! ¿podemos hacerle una pregunta?

Muchos querían tener la atención de este tipo, pero él solo les sonreía como si fuera un imbécil.

-¿Por qué se casaron a escondidas? ¿Hará una celebración con amistades después? ¿Dónde conoció a su esposa? ¿Es cierto que la familia de Camila Edwards está en bancarrota?

Los reporteros no tienen ni un poco de decencia a la hora de hablar sobre otra persona, me sentía aturdida, hace mucho no salía a eventos con este tipo de gente para que no me acosaran sobre la economía de mi familia.

-Camine, no se detenga.

Franco sostiene mi mano y entramos al lujoso salón donde ya estaban varias personas.

-La pareja del momento ha llegado.

Un hombre mayor saluda a Franco.

-Te presento a Camila Edwards, mi esposa.

-Que mujer tan hermosa -dice el señor haciéndome sentir halagada.

-Si, es la mujer más hermosa que he visto en mi vida -responde mi esposo haciendo que me asombre por su cumplido.

El "caballeroso" acompañante que tengo a mi lado, me acerca a su cuerpo y deja un beso en mi mejilla; casi que me separo de su lado por la impresión.

-Lucen maravillosos, pero esperen un aquí un segundo, iré por mi esposa que se mueres por conocer a Camilla.

El señor se aleja entre las personas y siento como Franco me sostiene una vez más de la cintura, pero con demasiada fuerza.

-¿Podría ser menos obvia?

-¿Menos obvia? No sé de qué habla.

Vi una barra a lo lejos y quise ir por un trago, pero no me dejó.

-Aquí eres mi esposa, así que por favor cambia esa expresión.

Me toma del mentón y fija mi rostro frente al suyo, se acerca y estampa sus labios sobre los míos.

Capítulo 2 Así es mi vida

Camila

-Papá, creo que necesito un nuevo vestido. No puedo ir al cumpleaños de Clarisa luciendo algo viejo de mi closet, llamaré a mi diseñador para que haga algo para el fin de semana.

-Claro que sí, mi cielo.

Mi padre es un hombre complaciente, desde que soy niña, nunca he escuchado un no como respuesta. Nací en medio de una familia adinerada, mi papi tiene una enorme industria encargada del cultivo de uvas y su proceso para la elaboración de vinos.

-¿Segura que necesitas un vestido nuevo? Tienes muchos en tu closet.

-Si, lo necesito. Es que las modas están algo pasadas, no puedo ir menos que la misma Clarisa; quiero destacarme entre todos. Que todos hablen del bello vestido que usó Camila Edwards.

-Pero cariño.

-Ya mi papi dijo que si, así que llamaré a Leo para que se ponga en marcha. Solo espero no haber aumentado de peso, buscaré una báscula.

No estoy segura en que parte de nuestra casa pueda encontrar una de esas cosas, tal vez del ir con mi entrenador personal.

Busco a alguno de los trabajadores de la casa, tengo pereza de ir con Milton -mi personal trainer.

-Daila, dime donde puedo conseguir una báscula o una cinta métrica.

-Oh, no estoy segura, pero su padre tenía una hace pocos días dentro de su despacho. ¿quiere que vaya a revisar?

-No, está bien, iré yo misma.

De paso le pediré su tarjeta porque la mía ya llegó al límite.

Me doy prisa hasta llegar al despacho de mi papi, iba a tocar la puerta, pero estaba entreabierta. En el momento que quise empujarla, escuché algo que me hizo detener.

-¿Entonces quien sabe?

-Jefe, estamos trabajando en eso, de verdad.

-¡Maldita sea! Esto no me puede estar pasando a mí, es que no tiene sentido, llevamos demasiado tiempo trabajando en las tierras más productivas del país, como que ahora se mueren.

Sus palabras me hacen retroceder, tapé mi boca asombrada e intenté irme para no escuchar más. Quise regresar a mi habitación, pero parece que fui descubierta.

-Cielo, ¿Qué haces aquí?

-Papi.

Me doy la vuelta para mirarlo algo nervioso asomado en el pasillo.

-Acaso, ¿escuchaste algo?

-No, no escuché nada, ¿Qué podría escuchar? solo vengo de... de la biblioteca, quería leer un libro, pero mejor me voy a dormir un rato.

-Bien, mi amor. Si necesitas algo me dices.

-Si, pa.

Mi padre sonreía, pero en sus ojos se notaba la preocupación.

Volví a mi cuarto pensando en que está pasando.

-No creo que sea algo grave, quizás sea alguna de esas cosas que pasan en las empresas. Él es un hombre muy inteligente, no creo que permita que nada malo ocurra.

Seguí con plan de ir al cumple de mi amiga, algo me decía que tendría la mejor noche de toda mi vida. También estará Beto, mi nuevo admirador, ¡Ay! Estoy más emocionada de ir por él que por Clarisa. Es un chico tan lindo, detallista y atento, además es muy popular en todos los clubes a los que vamos.

Le llamo a mi diseñador.

-Leo, necesito tu ayuda con algo para hoy.

-Mi cliente estrella, claro que sí, dime que necesitas.

-Un vestido, uno llamativo y sexy. ¿crees que puedas tenerlo para la noche?

-Por su puesto que sí, ya mismo dejo lo que estoy haciendo y empiezo a trabajar contigo.

-Oh, perfecto, cárgalo a la cuenta de mi papi. Si quieres el te rectifica la transferencia, llámalo.

-Bien, apenas lo tenga te lo envío, solo espero que no hayas aumentado ni un solo gramo.

-No te preocupes, mi nutricionista cuida de mi dieta.

Las personas siempre están a la expectativa de lo que use en algún evento, es que siempre me he destacado, es inevitable. Así fue cuando estuve en la escuela y cuando estuve en la universidad, estudié diseño de moda, por lo que no puedo quedarme atrás.

Mientras llegaba la hora de irme, preparé mi piel con una mascarilla, aprovecho para matar el tiempo porque hay días en los que estoy cansada y no hago muchas actividades. Es que siempre tengo algo que hacer, clases de yoga, gimnasio, voy a natación, a equitación y otras actividades que me hace desgastarme. A mis 26 años, nunca he trabajado, no lo necesito y tampoco mi padre lo permite.

Luego de unas horas de descanso, me dirijo al baño para preparar la bañera con agua de rosas y espuma, tengo que reposar mi piel al tiempo que se impregna ese olor delicioso de las flores.

-Señorita Camila, su vestido ha llegado -dice una de las empleadas afuera del baño.

-Déjalo en mi cama.

-Si, señorita.

Me pongo de pie con cuidado de no resbalar, cada parte de mi cuerpo cuesta una fortuna, además no quiero moretones o aruños para esta noche.

Salgo con mi salida de baño amarrada en mi cintura, sentía que mi piel me agradecía lo que antes hice.

Tengo el tiempo justo para prepararme, pero tengo pereza de maquillarme por lo que creo que llamaré a mi estilista.

-Holi, Lino. ¿Podrías venir ya mismo a mi casa? tengo un evento especial y te necesito.

Le envío un audio que escucha de inmediato, por eso amo ser cliente VIP en todos lados.

Lino no tardó más de quince minutos en llegar a mi casa, tiempo suficiente para medirme el vestido y practicar todas las poses para las fotos que sacaría de esta noche espectacular.

-Aquí estoy, vine más rápido que flash.

-¿Qué tal mi vestido? -pregunto dando vueltas.

-Luces como una diosa, como siempre.

-¿Verdad que sí?

Busco mi bata de ceda para que ninguna mancha arruine mi vestido, hoy todo tiene que ser perfecto e impecable.

Amo que me hagan cosas en el cabello y en el rostro, solo necesito estar todo el tiempo con los ojos cerrados y esperar hasta que ellos hagan la magia.

-Bien, tus rizos están listos, mientras se fijan un poquito más con las pinzas; pasaremos a tu maquillaje.

Confío tanto en Lino que no hace falta que le diga que quiero, me conoce mejor que mi madre y mis gustos los tiene super claros, por eso le mostré mi vestido antes.

-Ahora sí, estás lista.

Abro mis ojos y me observo en el espejo como la mujer más hermosa.

-Simplemente perfecto, ¿ya dije que amo tu trabajo?

-Siempre lo dices, mi querida.

Me pongo de pie y hasta me tomo un par de fotos para ver que tal se ve el maquillaje en cámara.

Tenía algunos tonos verdes por mi vestido verde oliva, el retoque de mis pestañas pelo a pelo me quedaron perfectas y que decir de lo demás, es perfecto.

-Bien, ve con mi papi, el te transfiere el dinero.

-No hay problema.

Lino sale de la habitación.

Acuerdo con mis amigas para saber quienes ya han llegado al lugar, no me gusta ser de las primeras porque lo bueno se hace esperar.

Cuando sé que todas llegaron, incluyendo al hombre quiero sorprender, le pido al conductor que me lleve en el auto más lujoso de mi padre.

Por el camino me tomé algunas selfies, varias para poder escoger entre las mejores. Tardé aproximadamente media hora en llegar porque el club está un poco retirado.

-Señorita Camila, estamos donde me indicó.

Bajo la ventana del auto y desde afuera veo algunas personas, me encanta ser el centro de atracción por lo que es mi momento de ingresar.

Abro la puerta del auto y saco mi tacón de zuela roja, mi pierna larga y bien trabajada con los ejercicios se hace lucir. Camino como en una pasarela sintiendo como voltean a mirarme, lo sé, soy fabulosa.

-Por fin llegas, ¡Wao, te ves increíble! -dice Deicy.

Ella hace parte de mi grupo de amigas, es super linda.

-Ven, por aquí está Clarisa con las demás.

Deicy me lleva de la mano hasta la parte del club donde están el resto de mis amigos.

-Pensé que no vendrías, mira la hora que es.

-Jamás te dejaría mal, mi querida Clari.

Le entrego a mi amiga un obsequio, es un anillo de oro que tiene grabado su nombre.

-Siempre das los mejores obsequios, por cierto, ¿Dónde compraste tu vestido? Es hermoso.

No quiero parecer sobrada, pero estoy mejor vestida que la mayoría.

-Mi diseñador lo hizo exclusivamente para mí.

-Princesa, por fin te veo.

Beto aparece dándome un abrazo, me encanta estar entre sus enormes y fuertes brazos.

-Perdón por llegar tarde, es que mi estilista me retrasó.

-No te preocupes, mi princesa. Valió la pena extrañarte porque te ves hermosa.

Beto me da un beso que me reinicia la vida, creo que me enamoré.

-Gracias.

Fuimos a la barra por un trago, el bartender me sirve un margarita y para Beto un whisky en la roca.

-Sabes, estos días he pensado mucho en ti, tanto que no puedo conciliar el sueño. Me pregunto que me hiciste porque no sales de mi cabeza.

Las palabras de Beto me derriten ante él.

-También siento que me gustas demasiado.

-No creo que lo que sientas sea más fuerte que lo que yo siento por ti.

Siendo el hombre más tierno y caballeroso del mundo, me toma de la mano y deja un beso en ella.

-No sé si esto sea suficiente para una mujer como tú.

-¿A qué te refieres?

-Me refiero a esto.

Beto saca del bolsillo de su pantalón una pequeña caja.

¿Qué? ¿será lo que estoy pensando?

-Lo vi en la joyería de mi padre y de inmediato pensé en ti.

Abre la caja y me encuentro con un brazalete, ¡Dios mío! Creí que me pediría matrimonio.

-¡Oh, es precioso!

Él mismo lo abrocha alrededor de mi muñeca.

-Cada una de esas piedras preciosas, es lo que significas para mí, son cada una de las razones por las cuales quiero que, vaya, no sé cómo decirlo.

-¿Qué?

-¿Quieres ser mi novia?

-Sí, ¡Sí quiero!

La sonrisa de felicidad de Beto me hizo saber que era el hombre con el que algún día desearía casarme, que afortunada soy. Cuanto amo esto, cuanto amo mi vida.

Capítulo 3 Nada está bien

Camila

Mi noche pintaba tal cual como quería, fui el centro de atención de todas las personas. Beto me trataba como reina y cada vez más teníamos el acercamiento que esperaba, realmente él me gusta mucho, desde que lo conocí supe que quería ser su novia, hice todo lo que estuvo a mi alcance para ser presentados, coincidir en los mismos lugares, fiestas, viajes y por fin llega el momento.

-Vamos a un lugar más tranquilo, ¿te parece? Donde podamos hablar, me encanta escucharte -dice él con esos ojos iluminados que me encantan.

Beto es de una familia muy prestigiosa, al igual que la mía. Los dos estamos a punto de convertirnos en una de las parejas más top de la ciudad.

-Eso suena muy bien, pero ¿A dónde vamos?

-Tengo algo más preparado.

Beto me toma de la mano y me lleva fuera de la fiesta, estaba tan concentrada en él que no me despedí de mis amigos; ya podré contarles después, se irán para atrás cuando sepan todo.

De manera caballerosa, Beto abre la puerta de su auto, corre alrededor de el y luego sube en el asiento del piloto.

-Ya muero de curiosidad, dime a donde vamos.

-Es una sorpresa.

El chico se inclina hacia mí, apoya su mano en mi pierna y la poca distancia que hay entre los dos la hago más corta. Esta vez soy yo quien se mueve hacia él y se acerca a su boca. Nuestros labios estaban a punto de juntarse cuando la bocina de otro auto nos hace saltar de susto.

-Parece que ya es hora de movernos.

Beto conduce hasta las afueras de la ciudad, en el camino era lo poco que decía, parecía nervioso.

Valoro todo lo que hace, me resulta lindo que siempre quiera sorprenderme. No se trata solo de lo que hace hoy, si no de las visitas inesperadas a mi casa, de los desayunos sorpresa, de las flores que ha enviado en los momentos que menos creo.

-Bien, aquí es. Necesito que cierre los ojos.

Beto baja del auto, sonríe emocionado por lo que sea que ha planeado para mí. Cubre mis ojos con una pañoleta y me ayuda a salir del coche. Agarrados de mano y guiándome por un sendero que desconozco, me lleva a un sitio en el que no creo que haya estado antes, solo puedo escuchar una música clásica de fondo y el sonido de nuestros pasos.

-Siento que es poco para todo lo que te mereces, estos últimos días han sido los mejores, por eso supe que eras la indicada; hoy día no solo yo, también mi familia tiene mucha ilusión con respecto a nosotros. Espero que sea de tu agrado.

Beto me quita la pañoleta, a primera instancia tuve que volver a cerrar los ojos porque la claridad fue incómoda, al volver a abrirlos, me encuentro con una habitación muy al estilo de una cabaña, decorada con velas y pétalos de rosas.

-¡Guao! ¡Es hermoso!

-¿Te gusta?

-¡Me encanta!

Me doy la vuelta para verlo de frente, lo rodeo con mis brazos y le doy un beso, mi abrazo fue correspondido, Beto me toma de la cintura y afianza nuestro beso.

En casa todos se pondrán felices cuando sepan.

-¿Quieres una copa de vino?

-Oh, si, eso me encantaría.

El caballeroso muchacho me sirve una copa de vino blanco de la mejor calidad y me la entrega para hacer un brindis.

-Por la primera de muchas citas románticas, salud.

-Salud.

Le di un sorbo largo a mi bebida, él hizo lo mismo y luego dejó la copa en un lado. Caminamos juntos hasta un tapete que estaba en el suelo con cojines, también tenía muchas velas a su alrededor.

-Mis padres saben que te quería pedir que fueras mi novia, estaban tan felices que no dudaron en apoyarme. Realmente les agrada que seas tu la mujer con la cual deseo formalizar y organizar el resto de mi vida.

Sus palabras cada vez me hacen llenar de ilusión, quizás sea algo pronto, pero no dudaría en volver a decirle que sí a lo que sea que el que quiera proponer. ¡Ay! Siento que estoy viviendo en un sueño.

-Mi mamá estará feliz, ella sabe lo mucho que me gustas, así que la felicidad es de parte y parte.

Mi padre hasta ahora sospecha de mis salidas con Beto, pero no dice peros porque sabe que él es de una excelente familia.

-¿Te imaginas? Que tú y yo logremos sacar nuestra relación adelante y que nuestros padres hagan trabajos o se unan en sus negocios, eso sería increíble.

No soy una mujer interesada, mi familia tampoco lo es, pero estoy consciente del hombre que merezco y del que mi padre aprobaría como mi pareja, Beto encaja a la perfección; más de un hombre quisiera estar conmigo, más de una mujer quisiera que yo me fijara en su hijo. Así que él es un afortunado por tenerme.

-Eres hermosa, no me canso de decírtelo.

Beto roza mi piel con sus dedos, mira mis ojos y lentamente pasa a mi boca, siento que quiere volver a besarme; pero espera a que yo corte la distancia. Así que eso hago, me inclino hacia él y le doy un beso en los labios.

A esta instancia aun no pasaba nada entre nosotros, me limitaba porque deseaba que fuera especial. Algo me decía que esa noche especial había llegado, que era el momento de por fin tener una noche apasionada con Beto.

-¿Quieres una copa más de vino?

-Si, por favor.

Beto se pone de pie y busca la botella, lo veía servir el liquido en la copa y notaba lo fuerte que eran sus brazos. Es muy guapo.

-Toma -dice entregándome la copa.

Estaba tan encantada con lo que veía que no me percaté de sostenerla bien. La copa se volteó y cae sobre mi vestido empapándome por completo.

-¡Oh! Soy una torpe.

-Lo siento -responde él apenado.

-La culpa no es tuya, soy muy torpe, yo lo dejé caer.

Me puse de pie y vi como el liquido destilaba por mis piernas, que sensación más desagradable.

-Quizás debas cambiarte de ropa, pero aquí no hay nada que debas usar.

-Oh, no te preocupes. No es para tanto, puedo quedarme así un poco más.

Miré mi vestido y luego percibir el olor fuerte del alcohol, esto no es nada parecido a la escena de pasión que tengo en mi cabeza, no quisiera que al darme besos en vez de sentir el olor rico de mi crema humectante; sienta el olor a vino, eso jamás.

-Quizás podemos lavarlo y puedes ponerte mi camisa mientras seca.

-No quisiera incomodarte.

-Estaré bien. Ve al baño y usa mi camisa.

El chico afanado abre su camisa y muestra un poco de cuerpo bien formado, solo queda con su pantalón.

-Gracias -respondo al recibir su ropa.

Entro al baño y al tener privacidad, lo primero que hago es pegar mi nariz a la tela, inhalé todo el olor que de allí brotaba. Sentí que mis mejillas ardían por esto, se siente bien, es tan agradable lo que ahora me pasa, tanto que no me cambio por nada.

Me quité el vestido y me puse su camisa, luego le apliqué algo de agua para sacar lo que se había derramado sobre el.

-¿Necesitas ayuda?

-No, estoy bien. Ya salgo.

Dejé mi vestido colgado de un gancho, creo que en un rato lo mojado habrá desaparecido.

-Esa camisa te queda mejor a ti, de eso no hay duda.

Beto se ríe de mi aspecto por ver como me queda su ropa, es un vestido para mí.

-Oye, no te he dicho gracias. Por todo, es maravilloso que siempre quieras sorprenderme.

El chico me toma de la mano y me hala hacia él, me da un abrazo que acompaña con un beso en la frente. Los dos nos acomodamos en la cama, él se hizo a un lado de mí y me siguió rodeando con sus brazos.

-Me gusta como se siente -sale de mi boca en un susurro.

-A mí también me gusta, siento que cualquier plan contigo siempre será perfecto. Contigo he descubierto que no es el lugar, es la persona.

Cerré mis ojos y de a poco nos fuimos quedando profundos en un sueño cálido.

-Cami, nena despierta. Nos quedamos dormidos.

Escucho la voz de Beto muy lejos.

-Cami, tengo que llevarte a tu casa, despierta.

Abrí mis ojos y pude notar que estaba por amanecer, salté de la cama y busqué mi móvil que tenía muchas llamadas de mis amigas y algunas de mi madre.

-¡No puede ser! Me van a matar.

Ambos nos cambiamos de ropa, yo fui por mi vestido y el se puso su camisa. Salimos de la cabaña afanados y me llevó de vuelta a casa.

-Espero no haberte metido en problemas, si necesitas algo me dices o si es necesario hablar con tu padre, puedo hacerlo.

-No, está bien. Aun no deben estar despiertos. Si entro por la puerta trasera nadie notará que voy llegando.

-Me encantó verte, te llamo en un rato.

Beto me da un beso de despedida y se marcha.

Con mis tacones en mano, me voy en puntas de pie por la parte trasera de mi casa, abro la puerta y me voy directo al cuarto de ejercicio. En el gimnasio que tenemos en casa tengo un par de prendas deportivas; se me ocurrió la gran idea de cambiar y recorrer el resto de la casa con mi ropa de ejercicio. Dejé mis tacones y mi vestido en el cambiador, salí del gimnasio con shorts y blusa deportiva.

-Señorita, buenos días. ¿Estaba haciendo ejercicio?

-Buen día, sí, bajé más temprano de lo habitual. Tenía mucha energía que quemar.

La señora de la cocina me mira de pies a cabeza y sigue su camino.

-Oh, ¿no sabe si ya mis padres se despertaron?

-Si, su padre está afuera. En el estacionamiento.

Caminé por la ruta que conduce a mi habitación, pero al pasar por una de las enormes ventanas que dan al estacionamiento, quise percatarme de que mi padre estuviera allí y no esperándome en mi habitación.

Me incliné un poco y si, el hombre estaba allí, quiere decir que de esta me he salvado. Mi padre estaba con unos hombres que vestían de traje, algo parecía no estar bien. De repente uno de los hombres mira hacia arriba y nota mi presencia, mi padre también se voltea y lo que hace es sonreí, pero de una manera diferente, ¿Qué está pasando? Me quedé unos minutos más hasta ver cómo llega una grúa y se lleva los autos de mi padre, en ese instante no pude esperar más y decidí bajar.

-¿A dónde llevan los autos? -pregunto mirando la escena con rareza.

-Oh, no te preocupes, les harán mantenimiento.

-¿A todos?

-Si.

Esos hombres no parecen los mismos de antes, ¿Qué está pasando?

-Vamos adentro, cariño. Está empezando a cambiar el clima.

Papá tenía un papel en su mano, pero no alcanzaba a leer que decía.

-¿Está todo bien?

-Sí, todo bien.

Durante el día seguían sucediendo cosas extrañas, el abogado de la familia llegó y tuvo una larga reunión con mi padre. Creí que tendría algún tipo de regaño por lo de la noche anterior, pero nadie dijo nada.

-Entonces, ¿todo bien con tus padres? -pregunta Beto en un mensaje de texto.

-Si, te dije que no habría problema.

-La próxima vez seré más responsable.

-Deja de culparte, también debí estar más al pendiente.

Mientras respondía a los mensajes bajaba las escaleras con cuidado de no rodar por ellas, quise seguir chateando con Beto, pero vi a mi madre en la sala de estar algo pensativa por lo que creí conveniente despedirme del chico; él como siempre, muy comprensivo.

-¿Todo bien?

-¿Eh? ¿Qué dices, cariño?

-Estás muy pensativa, ¿te pasa algo?

-No, nada que deba preocuparte.

Miré hacia el despacho de mi padre y aun estaba con el abogado.

-¿Qué pasa con papá? Esta mañana estuvieron unos hombres aquí, parecía que algo no estaba bien.

-Nada que deba preocuparte, cielo. Son cosas del trabajo de tu papá.

Quise creerle, pero sus ojos no eran sinceros. Se veía preocupada.

Me senté al lado de mamá, quería esperar a que mi padre saliera de su despacho, tenía que averiguar lo que sea que estuviera pasando.

-¡No! ¡Eso no puede ser! -grita papá.

Mi madre y yo miramos hasta el despacho, luego vimos salir al abogado con algo de afán y después de él a mi padre.

-¿Qué sucede? -pregunto poniéndome de pie.

Papá camina de lado a lado, rasca su cabeza en forma de desesperación.

-Papá, ¿te pasa algo?

El semblante del hombre se torna pálido, respira profundo tratando de alcanzar el aire que parece le empieza a faltar.

-Cariño, ¿estás bien? -cuestiona mi madre.

Papá niega con la cabeza y pone su mano en el pecho.

-No, no estoy bien. Estoy completamente perdido.

-¿De qué hablas?

-De todo, nada está bien. Lo siento -dice con voz quebrada-. Lamento ser un fracaso.

-Papá ¿Por qué dices eso?

El hombre preocupado sigue andando de un lado al otro hasta que se detiene de repente, con una de sus manos se apoya de la pared y la otra la lleva hasta su pecho.

-Cariño...

Mi madre da un par de pasos hasta mi padre, este levanta la cabeza y una lágrima recorre su rostro. Su piel pálida indica que está mal.

-Lo siento.

Es la última palabra que logra pronunciar antes de caer desplomado en el piso.

-¡Dios mío!

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