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Hasta que el divorcio nos separe

Hasta que el divorcio nos separe

Autor: : NiNa G.
Género: Romance
Arianna Reece es una mujer de 34 años que creyó tener la vida perfecta, un matrimonio feliz y tres hermosos hijos, pero de la noche a la mañana todo se derrumba al descubrir una misteriosa carta que su esposo dejó a la vista por equivocación y en la cuál le confiesa un terrible secreto que destruye por completo su felicidad, amenazando la paz en la que ha vivido durante trece largos años. Desafortunadamente para ella, el destino la ubica frente a una encrucijada en dónde debe elegir entre recoger las piezas de su roto corazón y dejar al mentiroso de su marido o continuar con la vida perfecta que antes creía tener, aparentando ser feliz delante de todos. ¿Y, tú? ¿Qué piensas que hará Arianna?

Capítulo 1 PRÓLOGO.

[Viernes...]

¡Fue culpa de la llamada!

De no haber sido por aquella llamada, nunca habría entrado en el despacho de mí esposo, ni tampoco me hubiese fijado que su caja de seguridad estaba abierta y mucho menos habría encontrado un sobre con mí nombre.

Definitivamente, no estaría aquí sentada frente a la mesa de mi cocina sin decidirme aun entre abrirlo o no...

El sobre estába sellado con cinta adhesiva amarillenta, era de un tono grisáceo y las palabras estaban escritas con bolígrafo de tinta azul, una caligrafía tan pulida y perfecta solo pudo ser escrita por Uriel.

No iba abrirlo.

Estaba totalmente claro para mí que no podía abrirlo, mi marido era la persona más sensata que había conocido en mí vida, si el quisiera que lo leyera simplemente me lo hubiese entregado, así que no iba a darle más vueltas al asunto.

¡Quizás ni siquiera sea para mí...!

¿Pero entonces por qué tiene mí nombre?

Inmediatamente la lluvia de preguntas colapsaron mi mente.

¿Cuándo lo había escrito? ¿Que contenia en su interior? El material se veía desgastado pero no podría asegurar cuánto tiempo tenía ahí guardado.

¿Que podría pasar si lo abría?

¿Afectaría mi vida o la de mis hijos?

Cualquier otra mujer en mí posición la hubiese abierto al momento de encontrarla, yo por el contrario llevaba casi cinco horas pensando la situación.

Hice una lista mental de mis amigas y cuáles serías sus posibles reacciones.

Gina Fiore: Lo hubiese abierto sin dudarlo al instante de encontrarla.

Clara Jones: Compartiría el contenido de la carta en un live para ganar más seguidores.

Etna Ramirez: Estaría planeando una venganza contra su marido por el simple hecho de esconder la carta.

Y Melanie Memphis.... Ni siquiera voy a pensar en ella pues es la persona más indecisa del planeta.

Dejé la carta en la mesa unos minutos mientras me servía otra taza más de café, ya mis hijos estaban por regresar a casa si esperaba más tiempo entonces perdería la oportunidad de leerla.

Sacudí mi cabeza, hace unos minutos había decidido no abrir la maldita carta, mis sentimientos se dividían a partes iguales entre la calma y la desesperación.

¡Por el amor a Dios Uriel!

¿Que está pasando?

Sin esperar más tomé la punta del adhesivo que sellaba el sobre y lo retiré, quedaron a mí vista las primeras palabras...

Para mí amada y dulce esposa, Arianna.

(Abrir después de mí muerte).

No fui capaz de seguir leyendo, por el contrario me puse a meditar sobre el problema y que secreto pudo haberme ocultado Uriel durante tantos años. Esto parecía ser algo muy serio y sentía vergüenza por estar hurgando en lo que podía ser la última voluntad de mí esposo sin su consentimiento.

Pero... «Creí que ese asunto ya estaba resuelto con nuestro seguro de vida, y los abogados. ¿Por qué no la pondría junto a esos papeles y demás.»

¿Podría estár con otra mujer? Si, sus largos viajes podían permitirle tener otra mujer...

No. no había ninguna posibilidad, ni la más remota.

Uriel no sería capaz de hacernos eso, era un hombre correcto, le gustaba el sexo. Si, pero no el sexo vicioso sino el matrimonial. Entonces me di cuenta de que con nuestra vida sexual como marido y mujer, había un problema.

Teníamos más de ocho meses sin sexo. (Si ocho largos meses) Todo comenzó por pequeñas cosas. Uriel y yo tenemos diferentes horarios para dormir, la mayoría del tiempo se queda en su despacho trabajando hasta tarde y cuando regresa a nuestra habitación ya me encuentro dormida pero hubo una que otra ocasión en la que se disculpó por sentirse cansado.

Primero pensé que era algo normal que ocho meses no podría ser tanto tiempo, eso le sucedía a las parejas de mediana edad como nosotros, así que no me preocupé pero cuando Uriel rechazó mi contacto apartando mí mano de su cuerpo la otra noche, comencé a considerar que de verdad teníamos una situación, pues el sexo nunca fue un problema para nosotros es por ello que no sabía como abordarlo, las palabras: «¿Sucede algo cariño?» se formaron en mí boca muchas veces pero nunca pregunté....

La verdad es que no sabia si quería oír su respuesta o no me sentía preparada para la falta de esta. Así pasaron las semanas y el tema del sexo pasó a un segundo plano.

Pero si que habían ocasiones en las que yo parecía una adolescente pensando constantemente en el sexo.

Lo hacía mientras llevaba a mis hijos al colegio, o cuando estába haciendo la fila en el super para pagar, en las prácticas de Rugby de mí hijo Milan, mirando a su caliente instructor o simplemente en la iglesia mientras oía el sermón del padre Leonard.

¿Cómo se las arreglaría el padre Leonard para llevar una vida de celibato? ¿Acaso alguna vez se tocaría para calmar el deseo?

Un momento... La masturbación es un pecado. ¡Dios! Creo que iré al infierno.

Cerré los ojos y agité la cabeza para quitarme todas esas imágenes indecentes de la cabeza, la verdad es que podían haber ciento de cosas que pudo confesar Uriel en esa carta.

¿Y si era gay?

Tal vez por eso rehuía últimamente del sexo y de mí contacto.

¿Pero entonces estaría fingiendo ser heterosexual durante trece años?

En los primeros años solíamos tener sexo dos o tres veces al día, eso no podía ser fingido.

Pero ahora que lo pienso bien, era un hombre de gustos muy sobrios y delicados, además cuida muy bien su aspecto, adora las películas con temas musicales, también peina el cabello de mis hijas mucho mejor que yo, su película favorita es ¡La la land! Y adora salir de compras con mi suegra...

"¡Por todos los cielos me case con un hombre gay!" Después de recuperar mi cordura, recordé cada detalle de Uriel y ¡joder! para nada podía ser gay. ¿Entonces, que demonios pudo haber escrito en esa carta?.

Busqué valor de dónde no tenía y saqué el manuscrito del sobre, mis ojos comenzaron a danzar entre cada palabra.

.

.

.

Querida Arianna, si estás leyendo esto, significa que estaré muerto para ese entonces. Parece un poco tonto plasmar esta confesión en una carta, pero el hecho de qué pueda pasarme algo y tenga que dejar a las personas que más quiero en el mundo me asusta, quizás es eso lo que me animó a confesar la verdad o puede que sea el exceso de alcohol en mí sangre que me hace querer desahogarme.

Justo ahora te encuentras en la habitación de nuestros hijos leyendoles un cuento antes de dormir, tu y mis hijos me han dado mayor felicidad de la que un hombre cómo yo, no es merecedor.

Pero la verdad es que en secreto durante dos años he llevado una doble vida, me he enamorado locamente de otra mujer con la cuál tengo una hermosa hija de mejillas rosadas llamada Kristen, no tienes idea de lo hermosa que se ve con todo lo que le he comprado junto a mí madre.

Sé lo que estás pensando sobre mí ahora y te entiendo, no estoy tratando de justificarme pero me he enamorado, he pensado muchas veces en el divorcio pero cada vez que regreso de mis viajes y veo tu rostro cansado, soy incapaz de pedírtelo, tal vez sea un cobarde por no tener el valor de dejarlo todo y estar con la mujer que realmente amo.

También quiero confesar que he estado robando dinero de la compañía, hice un par de negocios fraudulentos que produjeron un recorte de personal, dejando a más de cuatrocientos hombres honrados sin empleo, sé que suena horrible y lo es, pues perdí la cabeza por la avaricia, pero soy un hombre que ahora debe mantener dos familias.

¿Tienes idea de lo agotador que es eso? de verdad lo siento cariño, aún hay más...

Ahora eres la única dueña de National Enterprise, desde que nos casamos te he hecho firmar pagares con la excusa que son cosas del seguro y otras facturas pero en realidad es que siempre has sido la dueña mayoritaria de mí otra compañía externa, no me mal intérpretes cariño pero sabes que yo no podía ir a la cárcel por mi claustrofobia, en caso de que las cosas se tornaran un tanto complicadas.

Comprendo exactamente todo lo que he hecho Arianna y es por eso que la culpa me ha devorado el alma, pero un hombre debe hacer lo tiene hacer... Y se que tu eres una mujer fuerte que sabrá sobrellevarlo, lo único que voy a pedirte es que se cumpla mi última voluntad y se le entregué un pequeño fondo fiduciario que creé hace unos meses para mí linda Kristen.

Te quiero mucho a tí y a nuestros hijos aúnque no lo creas, lo siento y lamento dejarte con todo esto.

Con todo mi cariño Uriel Wilson, tu esposo.

Capítulo 2 Una vida sin rumbo.

POV: ARIANNA.

[Sábado...]

Desperté con sobresalto en la madrugada, estaba plenamente consciente de que no había sido una pesadilla, miré el reloj al lado de mi cama y suspiré al ver que no eran más de las dos de la madrugada, encendí la luz de la lámpara y me recosté sobre la almohada con la mirada fija en el techo de la habitación.

Me esforcé por leer la carta al menos unas diez veces o quizás fueron más, lo hice de arriba abajo, izquierda a derecha y frase por frase, no había forma en que esto fuese una broma.

Siempre me sentí afortunada por llevar una vida tranquila y feliz junto a mí "perfecto" esposo, pues me había casado llena de ilusiones con Uriel a los veintiun años, claro que él era mayor que yo por tres años pero para ese entonces juraba que ambos veríamos crecer a nuestros nietos y finalmente moriría a su lado.

En trece años de matrimonio nuestra relación fue sólida, era un esposo amoroso, detallista y sobretodo era buen padre, tenemos tres preciosos hijos, somos una familia unida.

"Bueno, lo eramos" Yo ya ni se que pensar. No puedo creer lo ingenua que fuí, ví las señales desde hace mucho y preferí hacerme de la vista gorda.

- !Mamá! - Mi hijo mayor, Milan llama a mí puerta, pero estoy tan concentrada en mis pensamientos que no respondí a su llamado.

- ¡Mamá! - Volvió a llamar.

- ¿Que sucede? - Respondí con un tono impaciente y sufrido.

- Son las siete de la mañana y no te has levantado ¿Te sucede algo? - Era un adolescente en pleno crecimiento y los matices suaves de su voz estaban cambiando a un tono más grave.

- ¿Las siete? - Eso era imposible, no hace mucho eran las dos de la madrugada.

¿Tan rápido han pasado las horas? Y, como si estuviese en piloto automático me levanté para comenzar el día, los niños debían ir al colegio y yo... Pues debía comenzar mí día a día cómo encargada del hogar.

"Doy asco, lo sé. Se muy bien en que clase de mujer me he convertido".

Cuando Uriel me sugirió amablemente renunciar a mi trabajo para quedarme en nuestra casa y criar a nuestros hijos, no lo ví mal. Pensé que nadie más podría educar mejor a mis hijos que yo, igual era muy afortunada y no podía quejarme pues con Uriel nunca me faltaría nada.

- Mami, mami ¿Dónde guardaste mí maqueta del sistema solar? - Preguntó Julieta mientras que guardaba su merienda en la lonchera. Era la hija del medio y la más sensata, hace poco menos de un año se había quitado el hábito de comer carne, pensé que sería un interés pasajero pero hasta ahora no había notado en ella ansias por cambiar de parecer.

- Está en el armario del fondo hija.

- ¡Ma! Después de las prácticas de hoy, los chicos y yo iremos por unas hamburguesas, la madre de Adam irá, así que no debes preocuparte. - Asentí sin preguntar mucho, el Rugby era una de las aficiones que habia cultivado Uriel en Milan desde que tenía cinco años, al principio estuvo muy atento y pendiente de todo pero después de un tiempo todo el trabajo recayó sobre mí y bueno...

Es agotador, para ser sincera, Milan es un niño un tanto peculiar, el Rugby era lo único que le interesaba, hasta hace unas semanas que lo descubrí tocandose en la duche y supe lo muy interesado que está en el sexo opuesto. Además, de que encontré fotos de su niñera en uno de sus cajones, algo que me abrumó por completo, no sabía que hacer o decir. Consideré que era un asunto de varones y tenía pensado dejarle este tema a su padre cuando regresara de viaje, pero por como pintan las cosas no lo creo posible.

- Pasaré por ti a las 7, ni más ni menos cariño. - Terminé de organizar mí mañana en silencio, llevé a los chicos al colegio y a mí pequeña Ginebra, mí hija menor, la dejé en la guardería.

El silencio no era algo espontáneo en mí, yo era más una persona habladora, recuerdo que en una ocasión Uriel mencionó algo al respecto:

¿En serio, Arianna? ¿Es que nunca puedes cerrar la boca?

Fue un comentario impropio de su parte pero en ese momento se lo atribuí al cansancio, sin imaginarme todo lo que sucedía a mis espaldas.

Ahora que mis ojos fueron abiertos a través de esa carta me estaba sintiendo tan...

¿Cómo decirlo?

"Descentrad". Si, eso era.

Yo era una mujer centrada y estába orgullosa de mí capacidad para organizarme y hacer que todo funcionará tal como debía ser, podía afirmar que mí vida cotidiana era un enorme rompecabeza que se componía de piezas diminutas, las cuales podía encajar en su lugar a la perfección.

"Falta más leche en la nevera"

"Milan necesita un nuevo corte de cabello"

"Uriel tiene cita con el odontólogo"

"¿Quién cuidara de Ginebra el viernes durante las clases de poesia de Julieta?"

Sabía a la perfectamente dónde se ubica cada pieza en mí vida y como manejarla, pero ahora gracias a la carta me dí cuenta que soy la típica madre del conjunto residencial...

Si, esa que nunca habla de sus problemas ya que no hace más que sonreír, la que siempre puede con todo y sabe que responder en las situaciones incómodas, pero lo más chistoso de todo es que también soy esa ama de casa a la que su maldito marido lleva años engañando con otra mujer que de seguro es más joven y atractiva que yo.

La sensación de agobio me dificulta concentrarme en lo que estoy haciendo, incluso me impide respirar. Así que, me levanté para cambiar mi taza de café por una de vino.

¿¿Que haría ahora??

No podía cerrar la carta y fingir que nada pasó, la sensación latente de fragilidad no se marchó de mí, era bastante consciente de que aquella vida normal que creí tener se había esfumado en el momento que decidí abrir la fulana carta, ahora nada de lo que hiciera podría cambiar las cosas.

Unos golpes insistentes en mí puerta me hicieron olvidar mi situación por un par de minutos.

- ¡Ya voy! - Digo mientras me dirijo a la puerta, nuevamente tuve esa sensación de haber perdido completamente la noción del tiempo. - ¡Un momento carambas! - Grité.

- ¡Ay, gracias al cielo! Estás viva, me preocupe mucho cuándo no te ví ésta mañana en clases de yoga. ¿Que sucedió? ¿Estás enferma?

Traje algo de sopa para tí, es una receta buenísima para bajar la fiebre. - Ella era mí amiga Gina.

Habíamos ido juntas en el colegio y fuimos inseparables hasta llegar a la universidad, solo que yo abandoné mis estudios y mi trabajo en el momento que decidí casarme.

Ella por el contrario, si continúo y ahora tenía un excelente puesto de gerencia la cadena de hoteles más respetable de todo el país, también era madre soltera pues se divorcio hace más de cuatro años.

Debo admitir que en secreto siempre la critiqué por dejar al padre de su hijo, pero ahora comprendo que uno no entiende las batallas de otras personas hasta que le toca vivir las propias en crudo.

- Estoy bien Gina, solo me siento un poco cansada. - Sus enormes ojos castaños me estudiaron, al parecer no se lo creyó.

- ¿Que te sucede Ari, seguro que todo está bien.? - Pasó su vista por la botella de vino que accidentalmente dejé en la mesita del salón.

Ni siquiera tenía pensado mencionar la carta, era un tema inapropiado y tan personal que no seria capaz de mencionarlo, pero mis labios fueron más rápidos que mí mente y comenzaron a soltar toda la verdad de lo estaba sucediendo.

Solo veía la expresión indignada en el rostro de Gina, no se burló de mí, ni me echó en cara lo tonta y confiada que he sido con Uriel durante estos años, simplemente se quedó ahí conmigo escuchando cada palabra, después de un rato ya estaba compartiendo el vino junto a mí.

- No puedo creer que me he sacrificado por nada... - Exclamé con pesar.

- Eso no es cierto y lo sabes. - Me consoló.

- ¿Que es lo que voy hacer, Gina? Mi vida es una mentira... - Le pregunté angustiada ella suspiró y colocó su copa en la mesa.

- Cómo que: ¿Que vas hacer?

La respuesta es muy obvia, vas a dejarlo en la calle... Tomarás las acciones legales de su empresa y le darás su merecido. - Sus ojos adquirieron ese brillo extraño, como cuando éramos jóvenes y me convencía de hacer una locura.

- Ni siquiera sé nada sobre sus negocios o su trabajo. ¿Cómo tomaré algo que ni siquiera se de dónde salió?. - Respondí.

- Es por eso que regresaras esta carta a su lugar, la dejaras tal como estaba y no le dirás absolutamente nada a Uriel hasta descubrir todos sus secretos y cuando eso suceda darás la estocada final. - La miré con la boca abierta. Gina siempre ha sido una mujer fuerte y audaz pero esta no era una novela turca que consigues en los canales de paga, se trata de la vida real.

- No estoy segura Gina... - Ella suspiró profusamente.

- Ari. ¿Recuerdas cuando murió mi mamá?

- Por supuesto que lo recuerdo. - Tomé su mano, recordando que fue ese acontecimiento lamentable el que nos unió más.

- Todos llegaban a decirme que podía contar con ellos para lo que necesitara, pero sin pensarlo se fueron en el primer instante que pudieron, entonces llegaste tú...

- "Con cuatro sandwich de tomate, cebolla y pepinillos" - Repetimos al mismo tiempo y sonriendo mientras se formaba entre nosotras un recuerdo triste de aquella época.

- Era justo lo que necesitaba Arianna...

Alguien que "Estuviera" y se "Quedara". - Negué mientras salían mis lágrimas.

- No es lo mismo, nadie murió. - Contesté.

- Por supuesto que alguien murió...

Ese esposo abnegado, responsable y amoroso que cuidaba de su familia al estilo: "Yo soy el Macho, el cabecilla del hogar porque es mí deber"

Ese hombre perfecto murió.

Aunque en realidad Arianna, sabes bien que nunca existió. - Hubo un silencio largo mientras sonaba mí nariz y limpiaba mis lágrimas...

- Entonces... ¿Que tengo que hacer?. - Le dije y ella sonrió apenas escuchó las palabras salir de mí boca.

- Después planearemos que hacer, ahora tengo una mejor terapia para tí.

Se exactamente lo que necesitas... - Tomó mí brazo y me condujo hacía mí habitación.

- ¿Qué es lo que estás pensando Gina?, los niños ya deben estar por llegar. - Le reclamé un poco enojada al mirar cómo revisaba mí closet negando con su cabeza.

- No, hoy no hay niños...

Ten. - Me lanza el teléfono encima. - Llama a la niñera, esta noche debo asistir a un evento en el hotel dónde trabajo y tú serás mí acompañante.

- ¿¿¿Que??? Por supuesto que no... No puedo dejar a mis hijos solos. - Intenté levantarme para salir de la habitación ella me empujó.

- No dejaras a tus hijos solos, estarán con la niñera y claro que sí irás.

Disfrutaras de la vida por primera vez en mucho tiempo.

- No seguiré con está conversación me quedaré en "mí casa dónde es mí lu...." - Me quedé en silencio al darme cuenta la frase «sexista» que estuve apunto de completar.

Una frase que hundió a nuestro género durante años y por la cuál muchas mujeres habían luchado contra tanto prejuicios para salir adelante y aquí estaba yo como idiota a punto de repetirla.

- ¡Vamos! termina de decirlo. - Me animó Madison con una expresión de decepción.

Hice un gesto en negación.

- Está bien ¡Joder! Iremos, pero tendrás que prestarme algo de ropa. - Asintió de manera satisfactoria, la expresión de su rostro era cómo la de alguien que había ganado la lotería.

Horas después me encontraba mirándo mí reflejo al espejo, la mujer que me saludaba no se parecía en nada a lo que yo era, tomé mí teléfono y comencé a marcar de nuevo el número de mí casa para saber que mis hijos están bien.

- Ya basta cariño, ellos están bien.

Es la quinta llamada en menos de una hora, estás obsesionandote por algo que sucede a kilómetros de aquí y te vas a perder todas las cosas buenas que sucederán a tu alrededor. - Tomó el móvil y lo guardó en la pequeña bolsa que me había prestado. - Consideralo una intervención.- Suspiré y dejé de pensar en los sucesos de las últimas veinticuatro horas, no salía a un cóctel desde antes de tener a Ginebra y eso fue hace mas cinco años.

Tal vez Gina, tenga razón y esto es justo lo que necesito ahora, un par de copas, bailar y distraerme un poco con gente desconocida.

¿Que otra cosa puede suceder?

Capítulo 3 Encuentro fortuito.

POV : LYON.

[En el pasado...]

Gabrielle(Hermana). 8:12 AM: Hermano, estoy segura de que andas disfrutando por ahí como un indecente, pero puedes aunque sea contestar el teléfono. Hace ya CUATRO días que no se nada sobre tí.

.

Gabrielle(Hermana). 1:25 PM: ¿Te han entregado el cheque? Los cinco mil dólares todavía siguen en mí cuenta...

.

Gabrielle(Hermana). 7:08PM: ¿Que coño te pasa Lyonel? Respóndeme, se que estás desviando mis llamadas.

¿Por qué todo contigo tiene que ser tan difícil? Solo estoy intentando saber cómo estás, eres mí maldito hermano y me preocupo tí, estoy haciendo todo lo que puedo para asegurarme de que las cosas esten bien entre nosotros.

***«Fin de los mensajes»***

"Si tanto te preocupa hermanita, no debiste obligarme a entregar la única posesión de valor de nuestros padres al tirano de nuestro tío."

Pensé mientras apretaba los labios con amargura luego de leer su último mensaje. Sé que no le importa un comino lo que suceda con mí vida, así que no me molesté en contestarle, en su lugar, activé mi móvil al modo silencioso para luego marcharme del sitio.

Si, se que estoy actuando como un jodido cabro pero la mañana después del funeral de nuestros padres, Gabrielle, colocó un recorte de las noticias sobre la mesa el cuál titulaba: "Cazador de talento en Broadway"

Y sin alguna emoción me dijo: "Debo centrar toda mí energía en ser alguien en la vida para cumplir mis sueños".

Voy a probar suerte hermano...

Te enviaré dinero cada vez que pueda, mientras terminas la universidad también puedes seguir trabajando en el bar para pagar las facturas.

Te dan buenas propinas ¿No?

No esperó una respuesta de mí parte, sino que tomó un bolso de lona metió parte de sus pertenencias y se marchó de casa.

«No la he vuelto a ver desde entonces»

En su ausencia, me ví inmerso en el mundo de la gente real, la que tiene dos empleo para subsistir el día a día y para ser sincero preferia "aquellos tiempos" de mí vida en los que no tenía que levantarme al alba y vivir una esclavitud al servicio de los demás.

Apenas culminé la universidad conseguí un pequeño puesto directivo en una cadena de hoteles poco conocida de tres estrellas, durante año y medio me capacité en el área hotelera hasta que consideré que estaba listo para emprender por mis propios medios, en todo ese tiempo no acepté ni un cheque de mí hermana melliza.

Nuestros padres eran personas humildes que no poseían grandes riquezas, la única fuente de ingresos era un viejo hotel de ambiente familiar, en un edificio del siglo XIX que no llegaba ni a una estrella pero que estaba ubicado en el mejor lugar de la ciudad, razón por la cuál mi padre siempre tenía muchas opciones de compra a las cuales siempre se negó, pues la propiedad tenía un valor sentimental para él.

Desafortunadamente ellos murieron en un accidente automovilístico y a partir de ahí todo en nuestra vida se desestabilizó, éramos un par de jovenes asustados que no sabían que hacer con toda la carga que se nos había montado encima.

No teníamos un trabajo estable y la propiedad estaba llena de deudas, situación que le dió la oportunidad a nuestro tío de aprovecharse de la desgracia que nos consumía para convencernos a Gabrielle y a mí de que vender sería la mejor y única opción.

Mi hermana fue la primera en aceptar el dinero, luego de varios meses de insistir terminó por obligarme a vender mi parte. No convencido de que era una buena idea tuve que aceptarla, pues yo solo no podía levantar el lugar, dos años después mi tío se salió con la suya y convirtió aquel viejo hotel en un complejo de lujo icónico que en ese entonces era el número uno de la ciudad. "Claro, en ese entonces"

.

.

.

[En la Actualidad...]

Viernes.

Tengo una teoría.

Los suburbios es el ejemplo perfecto de lo que ocurre cuándo un montón de idiotas ricos deciden contruir una ciudad vacacional que alberga la industria turística millonaria más dictatorial que se hubiera conocido nunca.

En esta ciudad los días que transcurrían entre el mes septiembre y el mes de diciembre eran interminables, pues miles de turistas desfilaban con sus billeteras Gucci dispuestos a complacer sus necesidades en turismo, compras compulsivas, diversión, buena comida, vestimenta y salidas nocturnas con mucho alcohol y sexo.

Es allí donde entro yo, Dorian Lyonel Humboldt y la colección de innumerables propiedades que tenían la suerte de llevar mi apellido, entre ellos:

"The Paradise Humboldt"

Mi hotel número uno de los ciento cincuenta que poseía y la razón por la cuál sabía que esta ciudad junto a otras me pertenecían, daba alojamiento a los clientes VIP brindando seguridad, confort y sobretodo privacidad.

Hace más de quince años había revolucionado la industria hotelera, bajo un estilo moderno y con mí toque personalizado, por el contrario de las demás cadenas hoteleras que surgieron detrás de mí solo son malas imitaciones que se quedaron sin ideas y tuvieron que tomar de las mías.

Mientras subía en el ascensor privado, reflexioné sobre mí vida personal o la falta de esta.

Hace años que llevo una vida solitaria, después de mí segundo divorcio debo reconocer que tal vez eso del amor no se me da igual que a otros.

Moví mi cabeza para sacar todo pensamiento nulo y marqué el código en el teclado que me llevaría hasta el piso setenta donde se encontraba mí despacho.

- Las noticias del día, señor Lyon. - Mi asistente me entrega una tablet apenas me ve entrando por el pasillo. Luego la deseché al leer las primeras noticias.

- Solo es basura mediática, Barbara. - Me quejé. - Al parecer hoy en día los periodistas están dispuestos a escribir cualquier idiotez con tal de ganar algo de fama.

- Así parece señor.

Oh, también debo informarle que su ex- esposa nuevamente llamó esta mañana. - Hice una mueca con mí rostro.

- Dile que me fuí a Japón por unos cuántos meses. - Bárbara sonrió pero no dijo nada al respecto, era algo que me gustaba mucho de ella.

«Nunca se involucraba en mís asuntos»

- Cómo usted ordene Señor. - puntualizó antes de continuar con la agenda. - Está mañana llegó un correo del "Medium Times" parece que lo están considerando para la medalla de filantropía "Andrew Callaghan" por las contribuciones que ha hecho en la ciudad el último año.

- No soy el único que hace contribuciones en la ciudad, Barbara. - Negué con la cabeza dirigiendome a mí escritorio.

- Pues, yo creo que usted merece el reconocimiento y también la publicidad. - Dijo pero le hice un gesto con mí mano restándole importancia.

- Envía una nota de agradecimiento y luego encárgate de recibir el premio por mí.

- Descarté ir a esa gala de inmediato.

- Desafortunadamente el ganador será anunciado el sabado por la noche en el "GoldGarden" señor, y debe ser usted quien lo reciba. - Me insiste. - Le acabo de enviar a su correo un discurso de agradecimiento que he preparado exclusivamente para usted. - Volvió a repasar.

"Que bien, otro evento innecesario al que debo asistir"

- Muy bien, tu ganas ¿Algo más Bárbara? - Pregunté, resignandome a la pesada carga de trabajo.

- Si. El abogado y representante de su tío Charles, volvió a cancelar su reunión.

Dice que solo aceptará pactar cuando usted decida aumentar su oferta de compra. - Negué varias veces con la cabeza por la noticia.

Esto era cómo un balde de agua fría.

¡Ese malnacido codicioso!

Quería desesperadamente recuperar esa propiedad y el lo sabía. En el pasado había hecho una buena pasta con ella. Pero ahora el hotel había perdido su encanto y necesitaba muchas reparaciones para hacerlo digno de la cadena Humboldt.

- Pásale el caso a relaciones públicas, necesito que se encarguen de asegurarme un buen trato, por ahora dejaremos el asunto en blanco.

- Ahora, mi querida Bárbara ¿Algo más o tienes un conejo bajo la manga que no me has mostrado?. - Digo en tono divertido.

- Si, señor, necesito un aumento de sueldo.- Respondió siguiéndome el juego.

- No estoy tan de buen humor Barbara, quizás para la próxima vez. - Tomó varios contratos de la mesa y después, se marchó.

[...]

Sábado.

Horas después caminé por los sinuosos escalones de mármol hasta llegar a la entrada.

- Señor Humboldt, sea usted bienvenido. - Uno de los asistentes me guío hasta las puertas de cristal donde se llevaría a cabo el evento.

Afortunadamente mí asesor legal, Vincenzo Ritter estaba de pie junto a una suntuosa cascada de piedras brillantemente iluminada, como de costumbre le comía el trasero con la vista a una de las asistentes del bufet

- Ehhh, Lyon que sorpresa encontrarte aquí.. Voy a tener que empezar a creer en el destino, porque pensé que ya no vendrías. - Rodé mis ojos y recibí el abrazo de su parte mientras lo escuchaba parlotear.

- Si, claro... Ha sido el destino total. - me aclaré la garganta.

- Pensé que estábas muy ocupado cómo para venir a un evento de esta clase - Se rió y agarró dos copas de la bandeja de un camarero que iba pasando.

- Si bueno. Ya ves que no, solo estoy llegando elegantemente tarde. - respondí, recibiendo la copa que me ofreció.

- Antes de que intentes salir corriendo a la salida Lyon, te informo que tú tío aceptó nuevamente reunirse con nosotros, veremos si logramos cerrar el puto trato de una vez. - Asentí.

- Y por favor, saluda algunas personas e intenta dejar que te saquen fotos con alguna chica ¿Quieres? Así la gente podrá creer que estás aquí y que el asunto de tu ex- esposa quedara en el pasado. - Lo miré con enojo.

- Su infidelidad querrás decir... - Repliqué, entonces el suspiró.

- Vamos Lyon... Olvídate de ella.

¿Ya te has acostado con otra mujer? quedamos en que terminarías la interminable sequía. - No hice ningún gesto, preferí dejar ese asunto estaba traspasando las líneas de mi confianza y era algo que me incomodaba

- Está bien, Vincenzo, lo haré. No es de tu incumbencia, pero ya que quieres mantenerte informado sobre las actividades de mí polla, todavía no me acuesto con nadie. - Contesté y me dió una palmada en la espalda.

- Hemos hablado sobre el tema antes Lyon, pero ya que no deseas enredarte entre las faldas de alguna chica, porque no viajas a casa para ver a tu familia, tal vez eso te ayude a...

- Yo no tengo familia Vincenzo. - interrumpí de manera cortante.

Por muy bien que me la llevara con Vincenzo, las discusiones sobre mí familia (O la relación inexistente que llevaba con mi hermana melliza) estaban prohibidas, nunca hablaba de ellas con nadie, y era algo que no iba a cambiar.

- Ya sé lo que... Bueno, mejor nos vemos en un rato. - Cambió el tema cuándo vió la expresión en mí rostro y se dirigió hacía otro grupo de personas.

Terminé el champan, inclinando mí copa hasta que cada gota se había ido, en el momento que terminé, ví a una rubia de piernas largas, caminando hacía la zona de los asientos.

Todos los hombres la veían con esmero, hice lo posible por apartar la mirada de ella, pero no pude.

Llevaba un vestido rojo con un generoso y muy sexy escote, la tela envolvía su figura con tanta fuerza que bien podría no llevar nada puesto debajo, la hendidura que recorría el costado de su pierna derecha mostraba la firmeza de su muslo.

Un hombre se acercó supongo que a lo típico en estas fiestas corporativas, pero por el rostro de ella le desagrada su compañía, veo como trata de apartarse de manera sutil pero el hombre insiste y no capta la expresión asustada en su rostro.

Luego intenta tomar su mano a la fuerza pero ella se va hacía atrás, no pude soportarlo más, dejé mi copa en ese instante y fuí directo hacía ellos.

- ¿Interrumpo.? - Pregunté.

La música de fondo había dejado de sonar y los tres nos ubicabamos muy cerca de la pista, bajo la atenta mirada de cualquiera que quisiera prestar atención, pero no me importaba.

- Si.. Justo ahora la dama y yo, tenemos una conversación, así que si nos disculpa... - Se adelantó el hombre a contestar. Miré su rostro pero no pude reconocerlo.

- No, no lo disculpo y para que quede claro solo vine por mí acompañante. - Lo corté en seco mientras le tendía la mano a la hermosa mujer, dispuesto a llevármela de aquí.

Ella observó todo sin tener claro lo que sucedió pero de igual manera acepta mí ayuda y sonriendo toma mí mano para alejarnos dejando detrás el infortunado momento.

- Es un placer conocerla... - Dejé la pregunta al aire manteniendo mis ojos fijos en ella.

- Arianna... Mi nombre es Arianna Reece.

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