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Hasta que la muerte nos separe.

Hasta que la muerte nos separe.

Autor: : B.Jeremy
Género: Romance
Kimberly, 1 de los 9 nietos que tiene el multimillonario Marcus Bach, es la consentida de toda la familia, no solo por perder a sus padres en un accidente, si no que es la única mujer en toda la familia, por lo que siempre la cuidaron como el tesoro más grande que poseen. Liam el hijo mayor de la familia Simons una de las más poderosas del país, vuelve a su hogar después de estar varios años en el extranjero, ya que sus hermanos están fuera de control y su padre enfermó, deberá tomar su lugar como cabeza de la familia. Lamentablemente sucede una situación entre el hermano de Liam y Kimberly por lo que estos jóvenes se verán obligados a estar juntos , ¿Cuánto tiempo les llevará descubrir que tienen el poder de vivir en el paraíso o en el mismo infierno hasta que la muerte los separe?

Capítulo 1 Inocencia robada.

Kimberly Bach de 18 años es la nieta preferida del multimillonario Marcus Bach, a pesar de que el hombre tiene varios nietos entre ellos el hermano mayor de Kim, Sam de 28 años, la joven es su debilidad, no solo porque es la única mujer de la familia entera, sino que también porque él la crio, y gracias a eso pudo seguir viviendo y es que en ese entonces hacía un año el hombre había perdido a su único amor, su esposa Dalia, cuando su hijo Dexter murió junto con su esposa Amelia en un accidente, la joven era apenas una bebé de 2 años, desde ese día Marcus se hizo cargo de ella y su hermano que

en aquel entonces tenía 12 años, crecieron en una familia unida y armoniosa, a decir verdad, toda su familia giraba al rededor suyo.

Sus tres tíos a pesar de ser serios y estrictos se doblegaban ante la sonrisa de la joven, y sus tías trataban de ser la madre que ella siempre necesito, aunque a veces eso creara asperezas entre ellas, que peleaban por el cariño de Kim.

Sus siete primos eran otra cosa, junto con Sam la trataban como lo que era, la niña más pequeña de la familia y es por eso por lo que eran sumamente hostiles con cualquier hombre que tratara de acercarse a ella, no importaba si era un príncipe o un mendigo, nadie podía acercarse a la joya de los Bach, Kimberly era intocable.

Todos trataban de que ella jamás se sintiera sola, triste o con algún malestar, habían jurado proteger a esa pobre niña que, con solo 2 años, había perdido más que cualquiera y algo que ellos con todo su dinero y poder que poseían, jamás le podrían dar, una madre y un padre, pero había algo que, si le podían brindar, un hogar con mucho amor.

Pero un día Kimberly confió en quien no debía, ella creía que todos eran tan buenos como su familia, y le tocó averiguar que la vida no es color de rosas, que una palabra te puede dañar más que mil golpes, que nadie te puede evitar sufrir por amor y lo peor de todo, que a veces decir NO, no es suficiente.

"Jared me mira sonriendo desde la puerta, y yo solo quiero desaparecer dejar de existir."

- Vamos Kimberly, sé que lo disfrutaste, quita esa cara.

- Confié en ti... ¡¿por qué?!- no pudo evitar levantar la voz al terminar de hablar de la misma impotencia que siento.

- Porque tú cuerpo lo pedía a gritos, ahora mejor vete, está es la habitación de mi hermano.

"Cerró la puerta y se fue, dejándome en esa cama sola y adolorida, ¡¿que hice?! las tías me lo advirtieron siempre, no debí confiar en él, no debo confiar en nadie."

Kimberly lloraba mientras recordaba las largas conversaciones que le tocó tener con sus tres tías, la primera y única vez que se embriago.

-Jamás Kim, jamás bebas más de la cuenta cuando no estén tus primos o hermano cerca, nunca, no confíes en tus amigas, ellas pueden distraerse y dejarte sola, además nadie te cuidara como la familia.

- Alissa, deja de asustarla, Kim, tú solo ten presente que si algo te pasa mataremos a cualquiera que se atreva a tocarte.

- Rebeca ¡eso no valdrá de nada! ¿Qué cosas le dices? Mira Kim tú solo no bebas de más, puedes tomar y divertirte, pero no hasta marearte, nuestra voluntad a veces flaquea cuando bebemos, y terminamos dejándonos llevar por lo que nuestro cuerpo siente y no por lo que la razón nos dice.

"No tía Denise, esto no está bien, mi cuerpo no quería, yo le dije que NO, eso lo recuerdo, no estaba tan ebria, no fue mi culpa, ¡YO DIJE NO!"

La puerta se abrió y un hombre que ella no conocía entro, estaba asustada, estaba sola, por primera vez en la vida tenía miedo.

- ¡¿Quién eres tú y que haces en mi habitación?!

- Yo... yo...lo siento, Jared... - La joven no sabía que decir, su boca se abría y cerraba parecía un pez, pero no salía sonido alguno, mientras sus lágrimas caían. ¿Qué podía decir? Si ni ella misma quería reconocer lo que le había sucedido.

- ¿Oye estas bien? Acaso mi hermano... - Él hombre reparó en que la joven no se encontraba bien, pero no quiso pensar nada malo de su hermano menor, después de todo acababa de volver al país, y no sabía si era la novia o amiga de Jared, además estaba con su vestido puesto, tenía el cabello un poco desarreglado, pero aparte de eso nada más.

- Disculpa, yo debo salir de aquí. - Y así sin más ella se levantó y salió casi corriendo, mientras se quitaba las lágrimas de su rostro.

"Es bonita, y tímida, ¿acaso mi hermanito por fin cambió de gustos? O ¿estaba llorando porque la dejó?"

Liam Simons es un hombre de 28 años muy responsable y orgulloso, a pesar de que su familia pertenece a la clase alta, y está ubicada como una de las más poderosas del país, él prefiere crear su propio camino, y es por eso que estuvo varios años viviendo en el extranjero, volviendo al país por una enfermedad que aqueja a su padre Jack y por pedido de su madre Nancy, quien le pidió ayuda con sus hermanos, Jared de 23 años, un mujeriego empedernido y que tiene problemas con el alcohol y su hermana menor Riny de 19 quien está sumida en una profunda depresión luego que su novio la abandonara por su mejor amiga.

El hombre que llegó a su casa después de tantos años de ausencia se encontró con una fiesta que su hermano estaba ofreciendo en su honor, eso estaría bien, si no es por el hecho que su padre estaba en el hospital, su hermana encerrada en su habitación y que la fiesta ya hacía varias horas que había empezado cuando él llego.

Dejo su maleta y fue a ducharse, para cuando regresó al cuarto y se sentó en la cama, la fiesta ya había terminado, pero no fue eso lo que lo aturdió, lo que estaba vendo le heló la sangre y cambiaría la vida de varias personas para siempre.

- ¡¿Que mierda?! no, no, no mi hermano no haría...

Salió de su habitación y fue a la de su hermano, la fiesta ya había terminado, su corazón latía tan rápido que creía que le daría un infarto al igual que su padre.

- ¡Jared!

- ¿Qué pasa Liam?, ya es tarde y estoy cansado.

- ¡¿Quién era esa chica que estaba en mi cuarto?!- podía jurar que su rostro estaba al rojo vivo de la misma furia que sentía.

- ¿Qué' ¿todavía no se marcha?, ¡oye, no le creas nada de lo que te diga!, ella quería, ahora que no mienta. - las palabras de Jared encendieron las alarmas en la mente de Liam.

- ¿Qué fue lo que hiciste? - Era tal el miedo que este hombre sintió que su pregunta salió con un débil sonido, trataba de respirar, pero era como si el aire no le llegara a los pulmones.

- Ella quería un poco de acción y se la di, eso es todo.

- ¿Es tu novia? - algo en su interior le decía que no, pero debía preguntar.

- Claro que no, solo es una ex compañera de clases de Riny, una niña mimada, ya sabes esas que se hacen las moscas muertas, las que provocan y después se hacen de rogar.

Liam veía como su hermano iba y venía por toda la habitación, aún en penumbras, por lo que encendió la luz para decirle que le explique qué era lo que estaba pasando realmente, pero no fueron necesario las aclaraciones cuando lo vio.

Jared tenía rasguñado parte de su cara, cuello, y la marca de dientes en su hombro, una clara evidencia de que alguien trato de resistirse a algo.

- ¡Abusaste de esa chica!

- No, claro que no, ella quería, solo que después se le pasó la borrachera... ¡ella quería Liam! ¡deja de mirarme así!... Tú no eres nadie para juzgarme, además no puedes decirle a papá ¡él tuvo un infarto!

- ¡Por tu culpa Jared! ¡porque está cansado de arreglar tus problemas!

- Mejor aún, no tienes nada de qué preocuparte ella no dirá nada, no le conviene, o su reputación de intocable se irá a la mierda.

- ¿Que?

- Ella jamás ha tenido un novio que le dure más de una semana, ¿por qué crees? Se debe revolcar con ellos y luego la deben dejar, pero claro, por más que preguntes nunca averiguas nada, si puede ocultar sus conquistas, de esto no se enterara nadie, ahora vete, mañana vendrán nuestros papás y no querrás que haya algún problema, ¿verdad?

- ¡Esto no se quedará así! esa chica... ¡era virgen!, mi cama está manchada con su sangre, y tú te harás responsable de ella.

- ¡Estás loco!, qué crees ¿que vivimos en el siglo pasado?

- ¡Te casaras con ella!

- Nunca, jamás y si me obligan te juro que la única que perderá será ella, haré de su vida un infierno.

Liam comenzó a ver en lo que su hermano se había convertido, y a comprender por qué su padre estaba enfermo, aunque discutieron por horas, no consiguió nada, ni siquiera un nombre, tampoco podría haber reconocido a esa joven, él hacía 10 años que estaba en el extranjero.

Volvió a su cuarto y sacó la manta que estaba sobre su cama, esa mancha de sangre que demostraba que la inocencia de alguien fue arrebatada esa noche.

Él era Liam Simons, y se aseguraría que el honor de esa joven sea restaurado.

Capítulo 2 Culpa.

- Buenos días abuelo. -Kimberly llego al comedor dando pequeños saltos como si de una niña pequeña se tratara, sabía que a su abuelo le encantaba verla saltar por todos lados.

- Oh mi nieta hermosa, tu sonrisa es lo que ilumina mi corazón. -El gran Marcus Bach se convertía en un cachorro indefenso al estar cerca de su nieta.

- Siempre sonreiré para ti ¿dónde está Sam?

- Tú hermano pasó la noche fuera.

- ¿Ah? ¿Y eso? - Kim tomo su lugar y comenzó con el desayuno, como cada día.

- En la casa de su novia creó. - Marcus le hacía gestos sugerentes con su cara de lo que su hermano podría a ver estado haciendo, mientras la joven reía.

- ¿Cuándo piensa presentarla? - pregunto con molestia la joven.

- Creo que tiene miedo de que no te guste. - su abuelo le ofreció una sonrisa a modo de disculpa por la desconsideración de Sam.

- ¿Sabes lo que teme? Que le haga lo mismo que él hace cuando traigo a algún amigo. - y es que ella pensaba hacer eso exactamente, no dejaría que Sam tuviera novia, si ella no podía tener novio.

- No puedo culparlo, tú eres todo lo que tiene. - los ojos del viejo Bach se nublaron por un momento, y el dolor tan conocido para él se hizo presente en su pecho.

- También te tiene a ti. - su nieta se apresuró a consolarlo no le gustaba ver a su abuelo triste.

- Mi pequeña, sabes que es distinto, mi hijo Dexter nos tenía a nosotros, pero Amelia, no tenía familia, él... ve a su madre cuando ve tus ojos, son iguales a los de nuestra querida Amelia.

- Cuéntame más, en que más me parezco a mi mami. - la joven dejo de alimentarse para prestarle toda su atención a su abuelo, a ella le encantaba que le hablaran de sus padres.

- Tu carisma, tu alegría y esa sonrisa, es igual a la de ella, ya vez como son tus tíos tu padre era igual, los cuatro tenían el mismo carácter. - Marcus agito la cabeza al recordar cómo son sus hijos y la facilidad que poseen para enojarse.

- Mmm no entiendo, tú no eres así.

- Mi amada Dalia si lo era, ella era una mujer con carácter fuerte, debía serlo con esos cuatro muchachos corriendo por toda la casa... esos eran tiempo felices. - sí, Marcus extrañaba esos tiempos, extrañaba a su esposa y a su hijo, ese que recién comenzaba una vida, una familia.

- ¿Y ahora? ¿Ya no estás feliz abuelo? - los ojos celestes de la joven amenazaron con llenarse de lágrimas, por lo que su abuelo se apresuró a contestar.

- ¡Claro que estoy feliz!, porque los tengo a ustedes, pero el dolor de perder al amor de tu vida te deja un vacío... que cuesta mucho llenar, y luego, mi Dexter partió con su amada Amelia...

- ¿Por qué no estaba con ellos ese día abuelo?

- Porque Dios me quiso dejar un motivo para seguir viviendo, tú salvaste a este viejo de morir de pena. - no pudo evitar besar la frente de su amada Kim.

Si, su nieta había sido quien lo obligó a continuar, cuando le avisaron que su hijo menor había tenido un accidente y que había muerto, el corazón de Marcus sintió que ya no podía soportar tanto dolor, pensó en pedirle a su hijo Cameron que se ocupara de ellos, ya que era el mayor de los cuatro, pero cuando volvieron del cementerio, Kimberly no quería irse con nadie.

- Tata, ¿mamá? ¿Papá? - Ella solo hablaba con su tata, como lo llamaba y le hacía una pregunta que él solo pudo responder con la verdad.

- Ya no están, Kim, ellos se fueron con la abuela, ahora yo te cuidaré. - Y así lo hizo los últimos 16 años, cuidó a su nieta, al igual que todos en la familia.

- Kimberly Bach, ¡¿cómo es eso que quieres un año libre antes de ir a la universidad?!

- Hola Sam, ¿cómo estás? - lo saludo de la forma más sarcástica que pudo.

- No quieras hacerte la chistosa, niña. -Sam estaba de pie frente a ella, pero la joven no se acobardo, el mundo podría temerle a Sam Bach, pero no ella, la joya de la familia.

- ¿Quién te lo dijo? Fue ¿Archie, Vincent, o Bastián? -indago al tiempo que simulaba tomar su café, ya había excedido las calorías que se permitía por día, con el solo hecho de beber el jugo de naranja.

- Archie, él me lo dijo, ¿por qué lo sabían casi todos menos el abuelo y yo? -el mayor tomo el puente de su nariz y recordó que esa joven era su hermana, no podía perder los estribos con ella.

- Yo también lo sabía, mi nieta no tiene secretos conmigo. - Marcus continúo desayunando, tratando de evitar la guerra que se estaba generando en el comedor.

- Pero... ¡y no le dijiste nada!

- Claro que no, el abuelo me entiende, en cambio tú...

- ¡¿Yo que?! Soy tu hermano, debes consultarme. - y esto era lo que ella más odiaba, que su hermano quisiera ocupar el lugar de su padre.

- Estoy cansada Sam, ¡siempre dices no a todo! -no era habitual en Kim gritarle a los demás, pero sentía que se asfixiaría si no sacaba lo que tenía dentro, cansancio, estaba cansada de estar en una jaula de oro.

- Porque todo lo que dices no tiene el más mínimo razonamiento. -Sam no solo era su hermano mayor, Sam era el mayor de toda la nueva generación de Bach que se estaba gestando, todos lo obedecían y su hermana no sería la excepción.

- Deja de tratarme como una niña. -Kimberly apretaba los dientes, para contenerse de no seguir gritando.

- Lo eres. -rebatió con una sonrisa casi burlona su hermano mayor.

- ¡No, no lo soy!

- ¡¿Pero que pasa aquí?!

- ¡Tía! Sam me está molestando. - Kim sabía que siempre podía encontrar aliadas en sus tías.

- Sam, deja de molestar a tu hermana, ya tienes 28 años y te comportas como Vincent. -lo regaño con dulzura la recién llegada.

- Aun así, tía, Vincent con 20 años tiene más razonamiento que ella.

- Hola Rebecca.

- Hola Marcus, dime ¿a qué se debe el espectáculo de hoy?

- Kim quiere tomarse un año libre antes de ir a la universidad. - el patriarca de la familia anuncio la noticia con calma.

- Me parece perfecto, podríamos viajar por Europa y Asia, ¿qué dices Kim?

- ¿Acaso perdieron la razón? ella debe estudiar admiración de empresas...

- ¡No! No voy a estudiar eso. - Era el colmo que quisieran manejar absolutamente toda su vida, perdería la razón de un momento a otro, estaba segura de eso.

- ¿Por qué?

- ¡Porque tú lo dices! Estoy cansada de tus órdenes. - la más joven de la familia, termino explotando y salió corriendo lejos de su hermano, no lloraría frente a su familia, al menos queria mantener un poco de su dignidad.

- ¡Kimberly ven aquí! ¡Kim!

- Sam, no grites.

- Abuelo la están mal acostumbrando, ella debe estudiar.

- Lo sé, pero ¿no te das cuenta de que la presionas? ella no sabe que es lo que quiere hacer de su vida, ¿cómo sabrá lo que quiere estudiar?

- Es mejor que se tome un descanso querido, quizás si viajamos...

- No tía, ella no saldrá de mi radar.

- ¿Te escuchas? Acaso yo te prohibí algo, siempre hiciste lo que quisiste. - ahora ya no era el abuelo Marcus el que hablaba, ahora era la cabeza de la familia, aun con su cabello cano, tenía ese poder en su mirada, que podría doblegar hasta al más valiente.

- Porque soy hombre, por eso pude hacer lo que quise. -pero Sam también era un Bach, uno que casi siempre se imponía a los demás.

- ¡Que machista! - Rebecca quería a sus sobrinos, pero estaba a punto de sacarle la cabeza a Sam y él lo sabía.

- No es eso tía, no me mal intérpretes, pero no me voy a arriesgarme que un cazafortunas se aproveche de mi hermana y la enamore.

- ¿Eso? O tienes miedo de que ella se enamore y te deje, dime ¿hace cuánto que sales con Samanta? -Marcus tomo la palabra, nadie le podía mentir a la cabeza de la familia.

- 2 años. - contesto de manera automática.

- Y todavía tú hermana no la conoce, ¿por qué?

- No creo que le agrade. - dijo removiéndose inquieto en la silla.

- ¿O tienes miedo de que ella la espante como has hecho con los tres chicos que trajo a esta casa?

- Yo no hice nada. - Sam trato de poner su cara de niño bueno, pero no pudo engañar a su abuelo, nadie podía engañar a Marcus.

- No, tú solo no, fueron los ocho señoritos Bach, debería darle vergüenza amedrentar de esa forma a los novios que trae tu hermana, ¿no ves que lo único que conseguirán será que se largue con cualquiera? - su tía intervino a decir lo obvio.

- No es para tanto.

- Hace una semana cumplió 18 años, lo único que quería era salir a bailar con sus amigas y ¿que obtuvo?

- Un mini Cooper convertible último modelo, es mejor que ir a bailar. - la cara de Sam mostraba orgullo por su regalo, sin embargo, pronto se le borraría la sonrisa.

- Pero no es lo que quería. - su abuelo dijo lo obvio.

- Ella es una niña...

- Basta, Rebecca ve y habla con Kimberly, dile que llame a Maia, hoy saldrá sola con sus amigas.

Mientras Marcus discutía con su nieto, Kimberly se sentía completamente feliz, sin saber que esta noche la esperaba el infierno.

- ¡Ese vestido te queda fantástico!

- Gracias Maia, por suerte tenemos la misma talla.

- Tu hermano de verdad que se pasa, como puede ser que te haya echo poner ese horrendo vestido de monja.

- Fue el punto medio, ya sabes, el abuelo interfirió para que me deje salir y a cambio prometí que me pondría el vestido que me regaló el año pasado.

- Bien, ahora lo que haremos será lo siguiente, Doris se irá en tu auto al club y nosotras vamos a ir a una fiesta en el mío.

- ¿Qué fiesta? ¿Por qué no iré en mi auto?

- Por qué tu primo Derek me dijo que le puso un GPS a tu auto así te podrían rastrear.

- ¡¿Que?!

- Hey, no puedes decir nada, le prometí que no te diría nada, pero ya sabes, él es mi novio, pero tú eres mi amiga.

- ¡No lo puedo creer! ¡¿Por qué me tratan así?!

- Porque te quieren y piensan que son víctima de alguna maldición porque en más de 5 generaciones nunca nació una mujer en tu familia y tienen miedo de que te pase algo.

- ¡¿Entonces me ofrecerán de monja en algún convento?!

- Vamos amiga, no seas tan mala, ellos te quieren y te cuidan, eso es lo importante.

- ¡Hace cuanto que sales con mi primo! - Kim aprovecho el descuido de su amiga, para acorralarla a contarle la verdad.

- Eres muy despistada, hace 6 meses. - Maia no pudo evitar reír.

- Todos tienen novia y no me dicen nada.

- Es porque temen a tus represalias, pero yo sé que me amas y no me harás la vida imposible.

- Y como no amarte, eres mi única amiga, ahora ¿a dónde iremos?

- A la mansión Simons, Jared dará una fiesta por la llegada de su hermano Liam.

- Mmm no lo sé.

- ¿Qué sucede?

- No me llevaba muy bien con su hermana en el colegio.

- ¿Y eso?, nunca me lo contaste.

- Era por su amiga, una vez la vi besando a su novio y le dije.

- ¿Y qué paso?

- Me dio una bofetada y no me creyó.

- Perra, está noche será nuestra venganza, a la mínima provocación la golpeare.

- No lo hagas, no le dije a mis tías por eso mismo, no quiero problemas, además fue hace tiempo, ya no importa.

Las jóvenes partieron con un plan establecido, irían a la fiesta y si Doris veía a alguno de los primos de Kimberly, tomaría el auto, iría a buscar a Kim y ella volvería a su casa con la excusa de que llevo a Doris a la mansión de los Simons, nada podía salir mal, ¿verdad?

Kimberly se dedicó a tomar y bailar con su amiga, la fama de inalcanzable mantenía a los muchachos alejados de ella, eso le molestaba, ella no estaba enamorada de nadie, ni tenía atracción por ninguno de los que estaban en esa fiesta, pero, aun así, con el pasar de las horas, el alcohol comenzó a afectarla, su enfado iba subiendo a medida que todos la miraban y murmuraban.

- Yo iré al tocado Maia.

- De acuerdo amiga, te acompaño.

- No, por favor, no es como que me van a secuestrar ni nada, no te contagie de la sobreprotección de mi familia. - Kim se arrepentiría de esas palabras, pero ya no habría nada que pudiera hacer.

- Tienes razón, perdón Kim.

Se miraba al espejo y veía doble, el baño del salón estaba ocupado, por lo que se aventuró a buscar otro y lo encontró en la planta alta, donde el ventanal del final del pasillo que daba a un balcón estaba abierto y el aire que entraba por el, le ocasiono que el alcohol la mareara, todo le daba vueltas y le costaba mantenerse en pie.

Al salir del baño se encontró con Jared.

- Pero mira que linda paloma vino a visitarme. - la sonrisa del muchacho parecía amistosa, pero guardaba otras intenciones.

- Hola Jared, linda fiesta. - dijo y trato de seguir el camino que la llevaría con su amiga, pero ya no pudo.

- Hey espera, ¿por qué el apuró? - El joven la tomó de la mano y cuando la tiro, él simplemente la besó, Kim se sorprendió, pero le gustó, ese beso no era como los pocos que había recibido, era un beso osado, nada cuidado, ni temeroso, era un beso rudo, como Jared.

Pero se empezó a sentir incómoda cuando las manos del joven comenzaron a tocarla y aplastarla más y más contra él.

- Para, detente Jared.

- Vamos palomita, no te haré nada que no quieras.

En un movimiento, astuto de su parte como su estuvieran bailando él dio un giro y abrió una puerta, de un momento al otro estaba en una habitación y Kimberly no sabía qué hacer, en otras circunstancias, su hermano o primos hace rato le hubieran sacado a ese hombre de encima, pero ahora estaba sola y asustada.

- Déjame, ¡¿qué haces?!-indago tratando de separarse del joven.

- Kim, me gusta tú olor, eres exquisita. - Le dijo mientras la aplastaba con su cuerpo y lamia su cuello, lejos de excitarla la asusto más.

- Basta, no quiero, déjame. -le pidió una y otra vez.

Pero Jared no estaba dispuesto a dejarla, y en el momento que le tapó la boca con la mano ella se desesperó, jamás había estado en una situación así, la arrojo sobre la cama y sintió cuando le arrancó su braga, quiso gritar mientras sus ojos se llenaban de lágrimas, sin embargo esto a él le encantaba, sabía muy bien quien era Kimberly Bach, o como le decían todos, la intocable, todos trataban de llegar a ella, pero siempre se encontraban con los ocho obstáculos que eran sus primos y hermanos, pero hoy... estaba sola.

Se deleitó penetrándola lentamente, mientras ella se retorcía tratando de salir de debajo de él, y luego comenzó a moverse, le liberó la boca para presionar los hombros de la muchacha y así poder moverse más rápido buscando su liberación, y Kimberly aprovechó para morderlo y rasguñarlo, a estas alturas no gritaba, solo lloraba, Jared era hábil y la sometió de inmediato, con una mano atrapó sus brazos y con la otra volvió a cubrir su boca, hasta que descargó su frenética lujuria dentro de ella.

- ¡Kimberly! Demonios ¿dónde estabas...? ¡¿qué rayos te pasó?! - su amiga se asustó de verla tan pálida.

- Nada, nada, solo vomite, vámonos de aquí. - pidió conteniendo el Torbellino de emociones que se agolpaban en su interior, no estaba dispuesta a decir nada de lo que le había sucedido, sentía que era su culpa.

- Claro, Doris nos está esperando afuera hace 15 minutos.

Las chicas subieron al automóvil, Kimberly tomo el lugar del conductor, ella estaba en shock, comenzó a conducir lo mejor que podía, con lo que le había pasado el alcohol que había tomado se había esfumado, entonces en un momento vio el auto de su primo Dylan, y en un par de calles más adelante diviso el de sus primos Thomas y Conall se le sumaron, fue en ese momento cuando entró en un estado de pánico y furia, se sentía perseguida y vigilada, pero sin embargo no llegaron cuando los necesitaba, aunque ella misma había ocasionado esa situación, Kim se culpaba y los culpaba por los sucedido, su mente no trabajaba bien y de pronto otro auto se cruzó en frente al de ella, casi en la entrada de la mansión, era el auto de Sam, freno de golpe y recién en ese momento se dio cuenta de los gritos de Maia y Doris

- ¡Dios Kimberly, nos querías matar! -Maia temblaba como una hoja al viento, estaba pálida, mas de lo habitual.

- Estás loca niña, quiero seguir viviendo un poco más. - no se había dado cuenta que había conducido a más de 150 kilómetros por hora. Pero antes de decir nada tenía a Sam golpeando el capó de su auto, estaba tan furioso que la vena del cuello se le marcaba.

- ¡Baja ahora mismo! ¡¿qué mierda te pasa?! ¡Cómo eres tan irresponsable! - Y unos segundos después sus primos aparecieron, ella vio tres autos siguiéndola, pero estaban todos, los ocho gritándole, diciéndole que no era más que una niña irresponsable.

- ¡Eres una irresponsable! -grito Dereck abrazando a Maia.

- ¡Si algo te hubiera pasado, tu serías la responsable del dolor que caería sobre esta familia! -le reprocho Vincent.

- ¡Qué demonios piensas que haces Kimberly! -Bastián, quien siempre trataba de ayudarla y estar de su lado al tener casi la misma edad, esta vez también la cuestionaba.

- ¿Cómo puedes defraudar de esta forma al abuelo? -Conall la veía como si fuera la peor persona sobre la faz de la tierra.

- Sabía que no debías salir sola, no eres más que una irresponsable. -sentencio Sam.

Los gritos la estaban aturdiendo, y sus amigas no podían tranquilizar a ninguno de esos ocho hombres.

Kimberly seguía dentro del automóvil, escuchando esas palabras una y otra vez, mientras sus amigas discutían con sus primos, dio marcha atrás y chocó con el auto de Dylan, fue cuando todos corrieron hacia ella, aprovecho que el camino frontal a la mansión quedó libre y acelero, llevándose por delante el automóvil de su hermano, así entró en la mansión, con su auto destrozado y diez personas corriendo y gritando detrás de ella.

Capítulo 3 El gran robo.

Dos semanas pasaron desde esa noche, 15 días en los que Kim ya no era la misma, y su familia no sabía qué hacer.

- Kimberly hace dos semanas que estas encerrada en esta habitación, no puedes castigarnos así.

- ¿No puedo abuelo? Ellos son los culpables de todo, siempre encima de mí siguiéndome, cada pasó que doy.

La joven no sabía cómo manejar el enojo que sentía, si no la hubieran acostumbrado a ser tan dependiente de ellos, quizás hubiera sabido que hacer cuando Jared la tomó por la fuerza, pero en su lugar, ella solo miraba esa puerta creyendo que alguno de sus primos o hermano entrarían a ayudarla, también estaba enojada con ella misma, ya que, si no hubiera mentido, nada de esto pasaría, y estaba enfadada con su amiga, por la ocurrencia de ir a esa maldita fiesta.

- Sé que estuvimos mal en lo que hicimos, pero... no queremos que nada malo te pase. No podríamos vivir si algo malo te ocurre.

Kim abrazó a su abuelo como cuando era una niña y las pesadillas la atormentaban. Sus tíos se habían mudado a la mansión desde la noche del incidente, y es que jamás había tenido una rabieta como esa, ella parecía otra persona, la niña dulce juguetona y alegre, ya no estaba, en su lugar una joven mal humorada e incluso violenta había aparecido, los Bach estaban en crisis, su joya se opacaba día a día y ya no sabían que hacer para que brillara como siempre.

Esa noche tan trágica en la que todo sucedió, Kim entró a la mansión, subió corriendo las escaleras y se encerró en su habitación, no le importó quien fuera el que golpeara ella los echaba.

Al segundo día luego de las amenazas de Sam, abrió la puerta solo para decirle que lo odiaba a él y a sus primos.

- ¡No quiero verlos! ¡Lárgate de aquí!

- Pero ¿qué te sucede? chocas el auto y...

- No quiero tu maldito auto con GPS, ya no soy una niña, me iré y ¡no volverán a saber de mí nunca más! - No solo Sam se congeló ante esa amenaza, sus primos quedaron sin saber qué hacer ante sus palabras, por lo que sus tíos fueron a la casa, pero por más que le hablaban con miel en su voz, ella seguía enfadada.

- Esto no tiene sentido, no es la primera vez que le seguimos el paso.

- ¿A qué te refieres Bastián?

- Que paso algo más, que el hecho que lleguemos al club. Escucha Sam, Vimos a Doris en el lugar y luego se fue con Kim, supuestamente a buscar a Maia, pero nosotros no vimos a ninguna de las dos en el club, solo supusimos que estaban allí.

- Ellas estaban en la mansión... ¿de los Simons?

-Derek le contaste a Maia del GPS, por lo que pudieron orquestar todo para que no estropeemos...

- ¿Qué cosa?

- ¿Una cita? Ella dijo que se iría, que desaparecería.

- ¡Alguien la está engatusando!

-Bien, tendremos que averiguarlo. - Los hombres estaban dispuestos a descubrir quién llenaba la cabeza de su pequeña perla con ideas locas, quien era tan osado para desafiarlos, a ellos, los Bach.

Liam, se despidió de dormir, no solo esa noche, sino que las que le siguieron, la cara pálida de esa joven llorando y él solo dejándola salir sin ofrecer ayuda alguna lo hacía sentir cada día peor, además de las peleas constante que tenía con su hermano, la recuperación lenta de su padre y el tratar de hablar con su hermana.

- Riny, ¿cuánto más piensas seguir así?

- No lo entiendes, ¿alguna vez te enamoraste?

- Riny, el amor no existe, eso solo es una ilusión, lo que existe es la afinidad de estar con otra persona, la... compatibilidad, ¿entiendes?

- No, él que no entiende eres tú, yo... lo amaba, sí que lo amaba, Zack era todo para mí, y Lilian... era mi amiga desde que éramos niñas, Dios, hasta la intocable lo sabía y no le creí.

- ¿La intocable?

- Kimberly Bach, nadie se le acerca, solo tres muchachos tuvieron la valentía de querer algo con ella y sus primos casi los matan del susto, ahora que lo pienso, siempre me burle de ella, pero en realidad tiene suerte, si nadie se te acerca, no te pueden lastimarte.

- ¿De cuál de todos los Bach es hermana?

- De Sam. - La cabeza de Liam trabajaba a más no poder. Estaba a punto de explotar.

"¿Será ella? Es compañera de Riny, tiene sentido todo lo que dijo Jared."

El hombre se dio por vencido con su hermana, hacia 6 meses que la joven no salía de su cuarto, y no pudo evitar pensar si ella estaba así por un hombre que la engaño, ¿cómo estará esa joven con lo que su hermano le hizo?

"Creo que Jared tiene razón, no ha dicho nada, después de dos semanas la policía no ha venido. O Sam, ¡mierda! Sam."

Liam estuvo 10 años en Europa, pero cuando su hermana menciono a los Bach los recordó de inmediato, él y Sam nunca se llevaron bien, a ambos les gustaba una chica del colegio, y más de una vez trataron de arreglar sus diferencias a los golpes.

También pensó en los documentos que revisó en la empresa, su padre tenía diferentes negocios con cada uno de los tíos de Sam. Debía saber si estaba en lo cierto. Con eso en mente, fue a la mansión de Marcus Bach. Sin saber muy bien a lo que se enfrentaría.

- Kimberly.

- Vete tía, no quiero hablar con nadie, solo el abuelo puede entrar. - respondió sin abrir la puerta de su alcoba.

- Lo sé cariño y lo respeto... pero debes saber que yo no estaba de acuerdo con que pusieran un GPS en tú auto.

- ¡Vete! - definitivamente ella no quería saber nada ni con sus tías.

-... Mira, solo quería avisarte que Liam Simons pregunta por ti.

Kimberly quedó aturdida por unos segundos. Simons el apellido la altero de sobre manera, y luego recordó el nombre o mejor dicho saco conclusiones de quien se podía tratar.

"¿Liam? Que mierda quiere, ¿acaso le dirá lo que pasó? no, no."

- Dile que pase.

- ¡¿Que?! no vas a recibir a un hombre en tu cuarto, ¡quieres que Edmond me mate!

- Tía Denise, ¡él no te hará nada porque es lo que yo estoy pidiendo!

- Está bien, pero tú te harás responsable de aplacar la ira de tu tío.

Kim reparó que estaba en pijama, como era su costumbre desde hacía dos semanas y no le importó, no iba a cambiarse porque el hermano de ese idiota estuviera por entrar en su cuarto, su santuario, el único lugar donde ella hacia lo que quería.

- Entra, entra, ella no nos quiere ver, pero acepto verte a ti. – Dennis se apresuró a empujar al joven alto y musculoso a dentro de la habitación.

- Bien gracias.

El hombre a pesar de ser muy alto y bastante musculoso se movía de una forma insegura, y es que así era Liam, un gigante bueno, compasivo, que no creía en el amor, pero no iba por la vida molestando a nadie, tenía sus propias metas y cosas más importantes como para perder el tiempo en cosas que según él solo retrasaría el cumplir sus metas.

- Hola, Kimberly. - basto solo con ver la cara cenicienta de la joven para saber que era ella.

- ¿Qué quieres?

- Creo que sabes a que vine.

- No, no lo sé, pero te doy un consejo, aléjate de la puerta te puedo asegurar ¡que alguien está escuchado! - Y mientras lo decía, se levantó de su cama y abrió la puerta, donde su tía Denise estaba con la oreja pegada.

- ¡Kim! Yo puedo explicarte. - la joven tía de Kim estaba completamente roja al verse descubierta.

- ¡No sabes cuánto los odio! - Y acto seguido azoto la puerta en la cara de la mujer, que la miraba con lágrimas en los ojos.

Tomo con enfado el brazo de Liam, quien la miraba en shock, y lo hizo sentar en su cama, a su lado.

- ¿Qué carajos quieres? ¿Acaso el hijo de puta de tú hermano te envió? Dile que no tiene nada que temer, yo no diré nada, si ellos se enteran son capases:

1) De matarlo, cosa que no me molestaría a no ser el hecho de que en el juicio todos se enteraran que fui tan estúpida...- las lágrimas casi salían de sus ojos celestes, pero las retuvo.

2) Obligarme a casarme con él, algo que provocaría que me matara antes de aceptar.

3) Encerrarme de por vida en una estúpida caja de cristal y seguirme ahogando como lo hacen ahora, cumpliendo las expectativas de todos solo porque soy la única mujer de la familia...

Y fue allí cuando la joven rompió a llorar, ella podía tener todo, todo en la vida, menos libertad. Esa imagen a Liam lo conmovió, él se había preparado esperando esa reacción de su hermana, por su depresión, pero nunca pasó, y ahora la tenía a ella, una joven que recién comenzaba a ser mujer, confundida y dolida, pero sobre todo enfadada con todo el mundo, lo que provocó que la abrazara.

- Cálmate, no diré nada, aunque creo que lo mejor sería que lo denuncien, es a eso a lo que vine, a ofrecerte todo el apoyo que este a mi alcance...

- No quiero que me miren con lástima, yo provoque esto, y ellos, mi familia por no dejarme ser libre... solo quería salir un rato... solo quería ser normal sin que me diga que hacer...

- Tranquila, puedo ayudarte, deberías ir a algún psicólogo, esto...

- No, jamás le diré a nadie, puedes estar tranquilo, todo el mundo sabe cómo es Jared, no le daría esa vergüenza a mi familia, es solo que... - Al ver que la joven bajó su cabeza con vergüenza, él entendí lo que quería decir.

- Lo sé, lamento tanto que tu primera vez fuera así.

- ¡¿Qué mierda dijiste?!

En ese momento la puerta estaba abierta y un Sam sumamente furioso estaba parado allí, atrás de él, su abuelo miraba con diversión y su tía Denise tapaba su boca con ambas manos, todos mirando a Kimberly quien en ese momento estaba en los brazos musculosos de Liam, llorando y en pijamas.

- ¡¿Que hacen aquí?! ¡No pueden pasar!

- Y una mierda Kim, escuché lo que dijiste ¡te mataré Liam! - Liam se levantó con las manos extendida a modo de rendición antes que empezara la pelea, mientras Sam se abalanzó sobre él. Lo que ninguno de los dos esperaba es que la joven se interpusiera entre ellos.

- ¡Basta Sam, ¡¿qué quieres hacer?!

- ¡¿Cómo pudiste dormir con este tipejo?! - reprocho su hermano con enfado, dejando en claro que solo habían escuchado el fin de la conversación.

Eso era lo único que Liam no toleraba y lo hacía explotar el hecho que lo menos preciaran, él era un hombre inteligente, sabía que tenía un gran futuro como empresario, no quería que lo reconocieran por ser el hijo de... él sabía que algún día su propio nombre sería de importancia sin importar su apellido.

- ¿Tipejo? Así y como me vez tu hermana se enamoró de mí. - Kimberly se giró en el acto a mirarlo, como si de un extraterrestre se tratara.

"¡¿Que?! Este hombre se volvió loco."

- ¡¿Estás loco?! ¡¿Quieres que mi hermano te mate?!

- ¿No estás cansada de que te maneje, que controle todo lo que haces? Pues dile la verdad, eres una mujer y no puede decidir sobre ti nunca más. - Liam no sabia lo que decía, solo era su lengua trabajando más rápido que su mente.

- ¡Tú eres el hijo de puta que le está llenando la cabeza a mi hermanita!

- ¡Si lo tocas no te lo perdonaré! - Kimberly seguía en medio de los dos evitando que se golpearan.

- ¡Basta!, esto lo hablaremos en la cena. - la voz de Marcus sonó con autoridad, dejando a todos estáticos.

- ¿De qué hablas abuelo? – pregunto con miedo la joven.

- Si el señor Simons es el hombre que creó que es, responderá por lo que hizo.

- ¿Responder?

- Ya hablé Kim, que preparen la cena y llama a los muchachos Denise, quiero a toda la familia en la mesa. Sam vamos, dejemos a los tortolitos solos, no harán nada que no hayan hecho. - dijo con picardía el mayor.

La cara de Kimberly estaba roja, y la de Liam completamente blanca, pálida como un muerto que no sabe que lo está.

- ¿Qué mierda hiciste? - indago la joven mientras se metía en la cama, como una niña enojada y caprichosa, tapándose la cabeza con la manta, una vez que quedaron nuevamente solos.

- No lo sé, siempre me pasa cuando me menosprecian, digo cosas que me meten en problemas. - Liam estaba tomando conciencia de lo que su temperamento provoco.

- ¿Ha sí? Hola ¡te acabas de meter en uno gigante!, mejor dicho, NOS acabas de meter en uno gigante. - Kim saltó de la cama y fue al vestidor, donde se veían prendas de diseñador en todas partes, aunque ella solo tomó unos pantalones de mezclilla rotos y una camiseta de algodón.

- ¿Qué crees que piense tu abuelo con lo de responder?

- No creo que se refiera a una indemnización económica, de eso estoy segura. - Cerró la puerta del vestidor y comenzó a cambiarse.

- ¿Crees que, querrá que seamos novios? - la ansiedad comenzaba a crecer en este gigante de corazón blando y no era el único.

- Dios, escucharon diciéndote eso... ¡No! Me van a querer casar, Dios mío no, vete, ¿no que vives en otro país? Toma el primer vuelo y... - Kimberly temblaba de los nervios del momento.

Cuando la joven abrió de golpe la puerta se encontró con los ojos azules de Liam clavados en ella.

- No quedaré como un poco hombre delante de Sam.

- ¡¿Qué importa lo que piensa Sam?! - podría jurar que en cualquier momento lo golpearía.

- A ti te importa.

- Porque me manda como que soy una niña, y no lo soy, tengo sueños no quiero ir a la universidad, por lo menos no este año, no quiero estudiar algo que no me guste... quiero vivir, solo eso. - una lágrima traicionera salió sin permiso de sus ojos y ella la quito de un manotazo.

- ¿Acaso no vives bien aquí? _ Dijo el hombre mientras comenzaba a ver las dimensiones de ese cuarto, decorado con piezas egipcias, que él estaba seguro de que eran importadas, sacada de los mismos museos, al igual que la ropa que se veía en el vestidor de la joven, si bien ellos tenían dinero, los Bach eran multimillonarios, jamás podrían ostentar tanto dinero como ellos.

- Nunca me ha faltado nada, tengo más de lo que quiero.

- ¿Entonces?

- No tengo padres, ¿entiendes? quiero un hermano, no un guarda espalda, o un maestro, quiero equivocarme y volver a intentarlo, sin que me traten como una pobre huérfana, no quiero que ellos lo solucionen todo por mí, quiero ser útil, no un adorno o una joya intocable. - Kimberly tenía sus manos en puño, y Liam recordó lo que su hermana le había contado y entendió a qué se refería. La joya de la familia Bach, alguien intocable e inalcanzable.

- Entonces, cásate conmigo.

- ¡¿Que?! Acaso estás loco. - Kim lo miraba de arriba abajo, buscando donde radicaba el defecto de este hombre.

"Quizás sufre de algún problema mental, si debe ser eso."

- No soy un cobarde, mi reputación es lo más importante para mí, y tú quieres ser libre, yo no te vigilare ni nada, y al cabo de un año, nos divorciamos, a ti no te podrán volver a tratar como una niña y yo seguiré mi camino, así podré reparar un poco lo que hizo Jared, puedo estudiar Psicología y ayudarte si así lo deseas.

- Eres raro.... ¿mejor dime cual es tú camino?

- Europa, tengo mi vida allí, solo estoy aquí para ayudar a mi padre y tratar de que mis hermanos sean personas de bien.

- Creo que con eso te deberías dar por vencido, uno es un perro que no vale nada y la otra una loca que prefiere golpear a las personas que le dicen la verdad.

- Tú sabías que Zack la engañaba. - recordó el hombre.

- Sí y cuando le dije me abofeteó.

- Te pido disculpas en nombre de ella. - Kimberly comenzó a reír con sarcasmo. - ¿Qué te resulta gracioso?

- Así no ayudas a tus hermanos, ¿sabes porque no le conté a nadie que Riny me golpeó?

- No.

- Porque mis tías la hubieran golpeado en especial Denise. - si las damas que tenían de esposas sus tíos eran muy peculiares, y llegado el caso se les quitaba lo de ser damas y sacaban las garras.

- ¿Y eso no te hubiera gustado?

- Me habría encantado, pero con esa bofetada aprendí a lo que se refiere el dicho "no hay peor ciego que el que no quiere ver", ¿ella vive en una gran depresión verdad? ¿Hace cuánto? Medio año, a mí su bofetada me molestó un segundo y al otro día no la recordaba.

- Eres muy tenaz, no entiendo porque te sobre protegen.

- Eres el primero que lo dice, incluso mis amigas creen que ellos lo hacen por mi bien.

- Bien, entonces ¿qué dices? ¿te ayudo a ser libre?

- Y ¿tú que ganas?

- Dormir tranquilo, ya que no quieres denunciar a mi hermano.

- No sabes dónde te estás metiendo. - ella le estaba advirtiendo, pero Liam no daría ni un paso atrás.

La puerta sonó y su tía Alissa entró mirando con recelo.

- Los estamos esperando en el salón, pronto estará la cena.

- Gracias tía, ahora vamos. - La mujer le dedica una última mirada hostil a Liam y salió.

- Eso no es nada, ella es la más buena. Son todos locos. - Le dijo en voz baja la joven mientras le hacía señas con las manos y Liam rio ante esos gestos.

- ¡Dios, sabes reír!

- Vamos Kimberly, esto será interesante.

- Kim, si somos novios debes llamarme Kim.

- Bien Kim, vamos.

Liam era muy valiente, de eso no le quedaba dudas, la tomo de la mano y fueron al salón, donde cada uno de sus tíos estaba con su familia al lado, todos mirándolos cuando aparecieron en la cima de las escaleras. La única cara amigable era la de su abuelo.

- Parecen una secta o asesinos en serie. - Le dijo en voz baja la joven y Liam no pudo evitar sonreír, ante las ocurrencias de su supuesta novia.

- No esperaría menos, teniendo en cuenta que estoy a punto de realizar el robo del siglo. - contesto con toda seriedad entre susurros.

- ¿He?

- Me robare a la joya de esta familia.

- Si sales vivo.

- Que tanto chuchiquean ustedes dos.

- Nada abuelo, solo le decía a Liam que no importa lo que digan esta noche, no me arrepiento de nada. - Kimberly bajo con ganas de dar pelea y es que mientras estuvo hablando con Liam, ella pudo ver como sus primos intercambiaron miradas, esto no iba a ser fácil, los conocía.

- Bien Kimberly, ya que estás tan segura de todo, presenta a tu novio con tu familia. _ dijo el mayor.

- Él....ya los conoce.

- No a todos Kim, por favor, hazme sentir orgulloso. - Eso era todo lo que necesitaba escuchar, sabía que esa era la forma en la que su abuelo le hacía sentir confianza en ella misma.

- Bien, Liam Simons, te presento a mi querida familia, mi tío Cameron es el mayor, su esposa Alissa, sus hijos Conall, Archie y Bastián. - Cameron lo saludó cordialmente y es que hacía una semana tuvieron una reunión y le pareció un hombre culto e inteligente, Alissa lo siguió examinando con la mirada, mientras que Bastián lo miraba con aprobación, no así sus hermanos mayores.

- Después sigue el tío Edmond su esposa Denise, sus hijos Derek y Dylan. - Edmond mantenía su cara de jugador de póker profesional, su esposa se sonrojo al recordad lo que había escuchado, y es que ella creía que la joven había sido interrumpida esa noche por sus primos.

"Una noche tan mágica y no la pudo disfrutar, con razón estaba tan enojada."

Mientras que sus primos lo miraban de mal modo y es que Derek le tenía rencor por una chica del colegio igual que Sam y Dylan conocía a Jared, por lo que pensó que su hermano sería igual.

- Después está el tío Steven, su esposa Rebecca y sus hijos Thomas y Vincent. - A Kim le llamó la atención de que Thomas le sonreirá y le diera un guiño de ojo, pero entendió de inmediato cuando sus tíos lo saludaron y comentaron que lo conocían desde chico.

- Mira cómo has crecido. - dijo Rebecca.

- Las vueltas que da la vida son sorprendentes. - secundo su tío Steven.

Liam reparó que había un espacio vacío, era como un hueco en el espacio y luego estaba Sam y a su lado Marcus. Gracias a que estaba atento a Kimberly se dio cuenta del cuadro en la pared.

- Ellos... - La joven se aclaró la voz que por un minuto se le quebró y en el cual todos hicieron el amague de ir con ella, pero Marcus levantó su mano y les indicó que se quedaran en su lugar.

- Ellos son mis padres, él... era el menor, Dexter y mi madre Amelia. - Kimberly se giró para seguir con la presentación de etiqueta, y Liam vio una lágrima en su rostro, como algo completamente natural la recogió con su pulgar y coloco un beso en la coronilla de la joven, quien lo vio sorprendida y se sonrojo, ya que toda su familia estaba observando en silencio, pero Liam solo le sonrió y apretó el agarre de su mano, para que prosiguiera.

- A mi hermano Sam ya lo conoces, y él es mi abuelo, el señor Marcus Bach el dueño de mi corazón.

- Hasta hoy pequeña princesa, creo que ya hay alguien más en tu corazón.

- Por favor abuelo, de su corazón a su cama hay mucha diferencia.

Antes que su abuelo pueda decir algo, Liam le dio un golpe de puño, no era una persona violenta, y en el colegio era común que lo golpearan, ya que por su apariencia tenía a un gran grupo de mujeres de tras de él, sin embargo, nunca se defendía, solo con Sam lo hacía, ya que los dos peleaban por una chica que al final no se quedó con ninguno de los dos, pero cuando escucho tal cosa, su mano simplemente se levantó y lo golpeó.

"Idiota, si supieras realmente lo que pasó con ella."

Kimberly lo miraba con los ojos como platos, mientras que Edmond dio un paso adelante, con la cara llena de ira.

- ¡No te atrevas a faltarle el respeto a tu hermana jamás! - Edmond, de todos era el que más se desvivía por Kimberly, su hermano le dio el honor de ser su padrino, y la defendería de quien sea, incluso de su propia sangre.

- Perdón Kim, no sé porque dije eso. - Lo que Sam no podía admitir era lo mucho que le molestaba ver como su abuelo la estaba entregando a ese hombre 10 años mayor que ella. Kimberly era su pequeña hermana, su única familia, su todo.

Kim sabía que él decía la verdad, Sam la quería por sobre cualquier cosa. Pero aun así se sentía mal.

- Creo... que mejor me voy a mi cuarto. - quiso volver a su refugio donde era libre de cualquier acusación o presión. Pero Liam la tomo de la mano, obligándola a quedarse.

- Me casare con Kimberly, y no les estoy pidiendo permiso, solo les estoy avisando.

Y eso fue lo que bastó para que la mansión de los Bach se convirtiera en un campo de guerra, que en menos de un segundo se dividió en dos bandos.

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