El balanceo del autobús por las diversas curvas de la ruta hace que abra mis ojos y mire a mi alrededor. Me quito los auriculares de los oídos y muevo mi cuello de un lado a otro para descontracturar.
Apenas hay pasajeros en el autobús a esta altura del camino. Se han ido bajando a medida que pasábamos de pueblos en pueblos, luego de un viaje de doce horas, La granja 3 estrellas Spellman, a nueve kilómetros de Carlos Paz, es mi destino. El mío y el de esas tres personas que me van a acompañar este verano. Mi hermana y dos hermanos postizos, mellizos. ¿Por qué postizos?
Porque nuestros padres se habían conocido en una conferencia de autoestima y amor y se gustaron. El destino, lo llamaron. ¿Y qué han hecho para profundizar su amor? Irse a las cataratas de Iguazú, sí, para el lado de Brazil. ¿Y qué han hecho con nosotros? Mandarnos a una granja perdida en las montañas y en las botas del Diablo.
Fabio parece ser el hombre ideal para mi madre después de su divorcio. Mis padres no se soportaban y por el bien de todos, decidieron empezar una nueva vida por caminos separados.
Aunque no sé si mi madre está preparada para conocer a alguien, solo hace cinco meses desde que pasó eso y cuatro desde que dejó de insultar a mi padre cada vez que se acordaba de él.
No somos millonarios, su nuevo novio tampoco lo es, así que, tendré que serlo yo para mejorar mi calidad de vida porque así no es como pensaba pasar el verano con 20 años.
Alguien se deja caer en el asiento de mi lado y me sobresalto un poco. Ethan me enseña su perfecta dentadura y me tiende un sándwich de embutidos.
- ¿Tienes hambre?
- Sí, gracias -lo cojo y no tardo en quitarle el plástico y darle un bocado- ¿Queda mucho? -le pregunto.
- No, ya casi estamos -muerde su sándwich.
Es un camino largo, por eso me he sentado sola, porque he dormido y he puesto las piernas en el asiento de al lado, pero Ethan no se va, así que, apago la música y miro por la ventana. Montañas, campos y más montañas, eso es lo único que llevo viendo desde hace dos horas.
Esos chicos son agradables, simpáticos y no les molesta que su padre tenga una novia con dos hijas, a nosotras tampoco, mi madre tiene que hacer su vida y respeto con quien esté siempre que sea un buen hombre. Lo que no me hace mucha gracia es esta excursión cuando podría estar en casa tumbada en el sofá con el aire acondicionado.
- ¿Vienes todos los veranos? -Le pregunto.
- Lo intento.
Su familia vive en Córdoba en la granja y es con quien vamos a pasar este verano. Ethan y Evan han terminado la universidad, mientras que a mí me quedan dos y a Alicia -mi hermana-, le queda uno. Sí, soy el resultado de una cuarentena post parto incumplida.
- Ya estamos -su voz me sobresalta de nuevo porque me he quedado traspuesta mirando por la ventana y guardo los auriculares en mi pequeña mochila negra.
Me bajo después de Ethan y Alicia me sigue. Evan ya está cogiendo todas nuestras maletas y cuando el autobús se va, deja un rastro de polvo que me hace cerrar los ojos.
Y me encuentro allí, en medio de la nada al lado de una señal de parada de autobús que no anda hace miles de años, con una maleta y una mochila colgada a mi espalda.
- ¿Y ahora? -Pregunta Alicia.
- Ahora tenemos que caminar -Evan señala hacia su izquierda-, no queda muy lejos.
Mi hermana me mira y rueda los ojos porque esto le gusta incluso menos que a mí. Somos bichas de ciudad, siempre hemos vivido en una y esto de estar en un pueblo con casi 2 mil habitantes no nos hace gracia, aunque Alicia ha estado feliz porque es otra experiencia y ya podría tacharla de su lista de "cosas que hacer antes de morir". En mi lista no está pasar un verano aquí con este insoportable calor.
Mientras arrastro mi maleta por la calle de tierra, me doy cuenta que me sobra toda la ropa, y menos mal que escogí unos pantalones cortos para el viaje porque sabía que iba a enfrentarme a este bochorno; aunque no pensé caminar todo esto.
- Tienen suerte, no hace tanto calor -dice Ethan con una sonrisa.
- ¿Qué no hace calor? -Murmura mi hermana a mi lado- Esto es insoportable.
A pesar de que ya se está atardeciendo, aún hace calor y yo, que tengo condición física -20, ya estoy agotada. Por suerte, la ropa de verano no ocupa mucho en la maleta, pero eso significa que llevo mucha ropa.
Escucho un coche a lo lejos y me aparto de la carretera para que no me atropelle, básicamente. Me echo a un lado, a la arena con los demás y sigo caminando.
La camioneta pasa por nuestro lado y toca el claxon. Los dos chicos que van delante de nosotras miran a la camioneta y mueven sus brazos. Miro a Alicia cuando la camioneta se para y la cabeza de una chica aparece por el techo.
- Vengan, vamos -nos dicen, apresurándose hacia la camioneta.
Meto el turbo porque no me quiero quedar atrás y
Ethan mete las maletas en la parte de atrás mientras
Evan abre la puerta del copiloto.
- ¿Pero qué hacen ahí, infelices? -Saluda esa chica pelinegra.
- Regresamos a casa en verano, ¿no estás contenta de vernos? -Le sonríe Evan.
- Por supuesto que sí, aquí solo caben dos -dice refiriéndose a la cabina-. Dejen aquí a las señoritas y suban ustedes dos atrás.
Alicia es la primera que sube y yo miro a la parte de atrás. La camioneta es naranja y óxido, también muy vieja. Y a vieja me refiero que no sé cómo milagro sigue en funcionamiento.
- Quiero montarme atrás, si puedo -le digo a Evan.
- Oh, claro, si es lo que quieres -empieza a caminar delante de mí y abre la puerta trasera donde está Ethan entre las maletas encendiéndose un cigarrillo.
- Ayúdala a subir, quiere ir detrás.
- Oh, ¿cómo dices? -Ethan sujeta el cigarrillo entre sus labios y me tiende una mano.
La acepto y él tira de mí mientras Evan pone sus manos en mi cintura y también me ayuda.
- Gracias.
- Siéntate ahí -me señala Ethan una de las esquinas que está pegada a la cabina-. Es el mejor sitio si no
quieres irte volando a la mierda por un frenazo de Sabrina. iEh, Sabrina! -Golpea el cristal de la cabina- ¡intenta conducir mejor que la última vez!
La chica le saca el dedo de en medio y arranca. El motor hace un ruido que no me gusta un comino y uf, me encanta ir en la parte de atrás. Veo como dejamos el atardecer detrás y el aire me viene bien porque estoy sudando.
Los hermanos tienen el cabello castaño, un castaño muy claro y una tez tostada que envidio. Ethan tiene los ojos azules o quizá sean verdes, no lo sé. No soy capaz de verlo bien porque no quiero quedarme mirando mucho tiempo; y Evan tiene los ojos color miel, como yo y como Alicia.
Nuestros hermanastros son altos, igual que su padre y están desarrollando una musculatura envidiable.
Alicia dice que están "en su punto". Ni pasados ni poco hechos, y es cierto, aunque Evan tiene más anchura que Ethan.
- Tendrías que haber dejado que Evan se montara detrás -tira el cigarrillo a la carretera.
- ¿Por qué?
- Porque siempre se libra -me señala con el dedo- No sé cómo lo hace, pero siempre acaba en la cabina -pasa una mano por su barba incipiente.
- Es genial ir aquí atrás.
- No cuando vas borracho o Sabrina frena de golpe.
Dicho y hecho. La chica frena en seco y el cuerpo se me va hacia atrás y después hacia delante. El brazo de Ethan se pone debajo de mi pecho y me agarro al borde de la camioneta y a su brazo.
- Te lo dije -dice y aparta su brazo para dar con su mano en la cabina- ¡Sabrina! ¡Por el amor de Dios, vas a matarnos!
El corazón me va a cien por hora porque podría haber salido disparada hacia delante y darme un buen golpe.
- ¿Dónde se ha sacado el carnet?
- No tiene.
- Ah, eso me deja más tranquila -suelto una risa nerviosa porque podría morir en mi primer día de viaje y todavía no hemos llegado.
- Nunca ha tenido ningún accidente, y por aquí no hay muchos coches. No hay muchos habitantes.
- Lo sé, me he informado antes de venir.
Ethan sonríe y Sabrina vuelve a frenar pero esta vez, con menos brusquedad. Veo como Ethan se pone de pie y abre la puerta trasera. Se baja y me hace una seña para que vaya. Hago lo que me pide y me tiende una
de sus manos. La sostengo y doy un salto para bajarme. Empieza a bajar las maletas y miro extrañada a Alicia. Todavía no hemos llegado al pueblo. Lo único que hay a nuestro alrededor es campo. Sabrina toca el claxon a modo de despido y cuando la camioneta se va, lo veo.
- Ya estamos aquí -dicen los gemelos a la vez.
( Hola lectoras, muchas gracias por leerme. Espero que les guste mucho y dejen sus hermosos comentarios, saben que pueden encontrarme en Facebook como Viviane Hermann Stumm ( logo Oscar Murci) o al WhatsApp y armamos un grupito, vale. Muchas gracias ±54 9 3546458144 )
Esto tiene que ser una puta broma.
- ¿Qué es esto? ¿Una granja? -Pregunta Alicia.
- Así es. La granja 3 estrellas de los Spellman. Por aquí -Ethan nos hace una seña y miro a mi hermana con la boca abierta.
No decimos nada porque no es el momento de ponernos a cuchichear, pero sé que las dos nos gustaría llamar a mi madre para quejarnos porque nos ha engañado.
Ya venir a un pueblo en medio de la nada era una tortura, y ahora, estamos entrando a una granja. Escucho unos ladridos y en ese momento miro a Alicia porque voy a empezar a correr. Es un perro enorme el que se acerca a ellos y salta y los huele mientras yo me quedo inmóvil. Me agarro del brazo de Evan y le doy la vuelta cuando el perro se viene ladrando a mí ya mi hermana.
- Tranquilo, chico -Ethan lo coge del collar y yo dejo de apretarle el brazo con fuerza a Evan - ¿Te dan miedo?
-Si.
- Acércate para que te huela -dice Ethan animándome con su mano-. Huelen el miedo, y si sabe que tienes miedo...
- Acércate, Anuk, ven -me dice mi hermana.
Esto es demasiado para mi pobre corazón, voy a morir aquí y ahora. Evan me empuja hacia el perro pero me acompaña. Vuelve a ladrar y dejo que me huela como ellos dicen.
- Han venido al sitio menos indicado -ríe mi otro hermanastro-. Vamos a atarlo de todos modos esta noche.
- ¡Ethan! ¡Evan!
Una niña pequeña se acerca a los chicos. Lleva un vestido rosa y su pelo rubio recogido en unas coletas. Evan la recibe cogiéndola en brazos. - ¿Cómo estás, monito?
- Muy bien -la niña se ríe, está risueña -. ¿Quiénes son?
- Tus nuevas primas -contesta Evan-, por ahora, claro.
Ella nos mira con los ojos entrecerrados, no está convencida de que les gustemos. A mí tampoco me gusta ella, así que la miro como ella me está mirando, desconfiada y mal.
Arrastro la maleta hasta la entrada de la casa y subo los tres escalones del porche con ella en peso. Una mujer está allí y abraza a los chicos con fuerza cuando Ethan ata al perro.
Ella es de mediana estatura, lleva un vestido celeste hasta sus rodillas y su pelo negro lo lleva recogido en un moño.
- Hola, soy Anastasia -nos tiende una mano y se la se la estrechamos-. ¿Quién es Alicia y quién es Anuk?
- Yo soy Alicia -se señala mi hermana- y ella es Anuk.
- Bienvenidas. Pasen, les presentaré a la familia.
Entro después de mi hermana y sonrío a esa gente que se encuentra sentada por todo el lugar. Está el marido de Anastasia, que se llama Pedro y es el hermano de Fabio. Su hija es "monito" porque aún no han dicho su nombre y hay una señora mayor que es su abuela y quiere que la llamemos "abuela".
- Todo el mundo me llama abuela -me dice con una sonrisa y mi mano entre la suya. Le sonrío sin enseñar mis dientes-. Mi marido ha ido con Sebastián al pueblo, se los presentaré cuando vengan.
- Genial, gracias.
Ella deja ir mi mano y sigo a Anastasia hacia la parte de atrás de la casa. Salimos, arrastrando nuestras maletas y veo una cabaña de madera.
-Se quedarán aquí. La hemos adaptado para que puedan sentirse como en casa -sonríe la mujer.
Abre la puerta con un poco de dificultad y Alicia entra. Miro hacia atrás para ver a Evan con una sonrisa de oreja de oreja. Entro y miro a mí alrededor. Hay dos camas pequeñas y dos mesitas de noche.
Huele a humedad y hace un calor de mil demonios.
- Hay un ventilador ahí. Hemos puesto corriente para que puedan enchufarlo, y también los teléfonos celulares, aunque por aquí no hay mucha cobertura -nos
explica-. Son sábanas limpias. La cena estará lista en una hora. Pueden guardar las cosas en el armario.
Nos señala un armario y por lo menos estoy satisfecha con eso porque es grande y cabe toda nuestra ropa.
- Bien, las dejo que se acomoden tranquilas.
Sale de la cabaña y Evan nos mira con una sonrisa en su rostro.
- No es tan malo como parece.
- No nos hemos quejado -digo dirigiéndome hacia una de las camas.
- Bien, Anastasia cocina muy bien, espero que traigan hambre.
Dicho esto, Evan sale de la cabaña y cierra la puerta para dejarnos intimidad. Mi hermana y yo esperamos unos segundos y ella empieza a hablar, pero en voz baja por si nos está escuchando detrás de la puerta.
- Esto no es lo que me imaginé -mira con una mueca a su alrededor.
- Te dije que nos fuéramos con papá.
- ¡ Esto sonaba divertido! Además, mamá quería que viniéramos para que conociéramos más a nuestros nuevos hermanastros.
- Y vaya manera de conocerlos -me siento en el colchón vencido.
- Pensemos en esto como una aventura.
- Yo no pondría la maleta encima de la cama. No parece tener mucha resistencia.
Mi hermana decide abrirla en el suelo y abre el armario. Hay perchas y empieza a colocar su ropa. Sé que tengo que colocar la mía pero me da pereza.
- Qué mal huele aquí -suspira y echa su perfume alrededor de la pequeña cabaña.
Abro mi maleta y empiezo guardar la ropa. La plancha del pelo que traemos no nos va a servir de mucho y parte de la ropa, tampoco.
- ¿Cómo pueden vivir alejados de las nuevas tecnologías? -Murmuro viendo cómo las rayitas de cobertura ya no existen en mi teléfono.
- Vamos a desconectar del mundo, para eso hemos venido.
Alicia es la más positiva de las dos cuando yo no puedo serlo y viceversa. Que las dos nos hundamos en la negatividad no sirve de nada y una siempre tiene que sacar a la otra.
Los chicos nos habían caído bien desde el primer momento, al igual que Fabio. No hay malos rollos entre nosotros y creo que podemos ser una gran familia; sobre todo porque cada uno está en una Universidad diferente, lo que significa que cuando empiece el curso, apenas nos veremos.
Recojo mi pelo en un moño y miro a mi hermana porque si lo llego a saber, también me lo corto antes de venir, sin embargo, yo preferí hacerme unas mechas balayage para darle vida y luminosidad a mi pelo. No he acertado.
- No tenemos baño aquí -murmura y abre su botella de agua. Echa un poco en su mano y la pasa por su nuca. La imito, necesito una ducha de agua fría-. Venga, vamos a salir y le diré a alguno de los chicos que necesitamos una ducha.
La sigo y apago la luz antes de salir de la cabaña. La casa, donde no hay sitio para nosotras, no es muy grande, así que entiendo que hayan tenido que acondicionar esa húmeda cabaña para nosotras, no voy a quejarme por eso.
- Ethan, necesitamos una ducha -dice mi hermana sentándose a su lado en el escalón mientras yo me quedo de pie frente a él.
Ethan está encendiéndose un cigarrillo, y cuando suelta el humo, me mira y después mira a mi hermana.
Por supuesto, pueden ducharse después de la cena, va a estar lista en breve -se pone el cigarrillo entre sus labios para darle una calada.
- ¿Y qué se hace aquí? -Pregunta Alicia.
- ¿Aquí? Pues se cuidan a los animales, se recogen los huevos que ponen las gallinas, tenemos nuestro propio huerto, atendemos a las personas que vienen a vacacionar en familia,-se encoge de hombros-. No se van a aburrir.
- Que divertido -murmuro mirando a mi alrededor, todo está oscuro.
- Mañana les enseñaremos todos -tira el cigarrillo y se levanta-. Vayamos dentro.
Sigo a Ethan hacia dentro y ayudamos a poner la mesa. Cuando estoy llevando la comida, un gran cuerpo se interpone en mi camino y tengo que parar. Miro hacia arriba para encontrarme con unos bonitos ojos cafés.
-Oh, Anuk, él es mi hijo, Sebastián.
Sebastián puede medir uno noventa, como los gemelos, quizás un poco más. Su pelo rubio va despeinado y tez morena brilla incluso ahora, que no hay sol. Su torso ancho es con lo que casi choco y lo último en lo que me fijo es en su sonrisa burlona.
-Hola -le sonrío y él, muy amable, se aparta de mi camino para que pueda llevar el plato a la mesa.
Mi hermana me mira con los ojos bien abiertos y sé lo que significa, también ha visto a nuestro caliente y sexy primo.
Escuchamos un grito proveniente de la pequeña cabaña y mi hermano y yo levantamos la cabeza del desayuno para mirar por la ventana.
- ¿Vas tú o voy yo? -Pregunta Evan con media tostada metida en su boca.
Le doy un sorbo al café y me levanto. Anastasia asoma la cabeza por la cocina y levanto mi mano para hacerle saber que yo me acercaré a la cabaña.
Les dimos la cabaña vieja, que en realidad es un depósito. Nuestra parte de la granja está aquí, el resto es solo para los viajeros, en la casa no había lugar para todos, ya conmigo y Evan la casa esta llena.
La puerta está abierta y entro. Anuk está de pie encima de su cama mientras se ríe a carcajadas y Alicia está maldiciendo en voz alta. Ah, también hay allí una cabra.
-¡ Se estaba comiendo mi pelo! -Dice la castaña, lo que hace que su hermana se ría más.
Ni siquiera sé cómo han entrado esas chicas en nuestras vidas. Un día estaba despidiendo a mí padre porque se iba a una conferencia y a las dos semanas estaba poniéndome una camisa porque conocería a su novia y sus dos hijas.
Fingimos ser la familia perfecta durante el tiempo que duró la comida y después no volvimos a verlas; hasta hace dos días claro. Nuestros padres pasaban tiempo juntos tanto aquí en Córdoba como en Buenos Aires.
Llevamos viviendo solos desde que tengo uso de razón. Mi madre desapareció con todos los ahorros cuando éramos pequeños y mi padre se hizo cargo de nosotros.
Hemos pasado todos los veranos en La granja 3 estrellas de la familia desde que sucedió, ya que él tenía que trabajar y no podía dejarnos solos. Al fin y al cabo, esto tampoco está tan mal.
- Eso les pasa por dejar la puerta abierta -digo acercándome a la cabra y empujándola fuera de la cabaña.
- Aquí hace un calor infernal -me informa Anuk como si no lo supiera.
La miro. Lleva su pelo recogido en dos trenzas y un corto pijama de verano, al igual que su hermana, pero lo que más me llama la atención allí, no son sus cuerpos, sino la araña que se encuentra en una de las esquinas del techo.
- Pónganse ropa cómoda, les daremos un tour por la granja cuando desayunen. No tarden demasiado-cierro la puerta y llevo la cabra al establo con las demás.
Echo el cerrojo y vuelvo a la mesa para seguir bebiéndome el café.
- ¿Qué les pasaba? -Pregunta la abuela.
- Una cabra se ha escapado.
- Siempre igual -suspira Anastasia y vuelve a la cocina. Mi abuelo, Pedro y Sebastián se levantan más temprano
que nosotros para trabajar. Estamos de vacaciones y lo único que hacemos aquí es echar una mano.
La primera en aparecer después de haber pasado por el baño es Anuk. Su pelo sigue recogido en esas trenzas y lleva una camiseta de tirantes blanca que se pega a sus buenos pechos y unos pantalones vaqueros largos.
Bebe de su café después de dar los buenos días y observo a mí hermano mirar sus tetas. Le doy un golpe en la pierna para que pare y él rueda los ojos.
Hay que hacer todo antes de que llegue el calor de la media mañana -dice la abuela.
Alicia se sienta a mi lado y la miro. Lleva también unos pantalones vaqueros y una camiseta azul. Diego ni siquiera la mira porque Alicia no tiene un cuerpo con curvas, aunque sí, es la que más luce de las dos, por lo menos para mí.
Tiene un cuello largo y unas piernas firmes, al igual que su trasero. Y unos labios que darían envidia a más de una.
Sin embargo, Anuk es más baja que su hermana, ha salido a su madre, y lo que sí tiene es unos ojos grandes marrones que no tiene su hermana, ya que son más pequeños.
Cuando terminamos de desayunar, llevamos todo a la cocina y salimos por la puerta de atrás para empezar con el tour.
Evan va delante, explicando todo lo que se encuentra alrededor -para eso está estudiando guía turística- y yo voy atrás.
La verdad es que podríamos habernos quedado en Córdoba capital, pero sabía que venir aquí con las chicas sería más divertido. Nuestros padres quieren que pasemos el verano juntos para que nos conozcamos mejor; al igual que ellos lo están haciendo en las Cataratas.
Anuk se queda en la puerta del establo y asoma la cabeza. Me pongo detrás de ella y pongo mi cabeza al lado de la suya.
- ¿Qué haces? -Le pregunto.
- Asegurarme de que los caballos no están libremente por aquí.
- ¿No te gustan los caballos?
- No.
Giro mi rostro y me encuentro con su rostro a centímetros. Tengo el ceño fruncido y ella me mira con una ceja alzada. Tiene una nariz pequeña, y su boca también lo es. No tiene los labios muy gruesos y tiene una pequeña cicatriz en su barbilla.
- ¿Y qué animales te gustan?
- Ninguno -entra en el establo y alzo mis cejas sorprendido.
¿No le gustan los animales? Esto va a ser muy divertido.
La sigo por el establo mientras Evan nombra uno a uno los caballos que tenemos ahí, aunque solo son nueve. Almendra, Costilla, Blanca, Pulga, Chubascos, Rocío , Tormenta, Trueno y Lluvia.
Anuk se mantiene a una distancia prudente de cada uno de ello y salgo de allí, viendo a Sebastián.
Mi primo nunca ha salido de aquí, solo las veces que ha ido a vernos a la capital de Córdoba y no le fue nada mal en la ciudad, pero su vida estaba aquí, en la granja, con sus padres, los abuelos y el turismo campestre, cosa que no puedo llegar a entender.
- ¿Haciendo el tour? -Pregunta apoyándose en la puerta del establo y mirando hacia dentro, donde Anuk no tarda en salir y Sebastián aprovecha para mirarla de arriba abajo.
Nunca hemos tenido chicas por aquí en casa, como novias, además de amigos y una amiga. Solo hemos sido nosotros, la abuela, la tía Anastasia y ahora amonito. A las chicas del pueblo ya estábamos cansados de verlas, aunque tampoco había muchas.
Todos éramos un grupo porque no hay mucha gente joven.
- ¿Te gusta todo esto? -Le pregunta Sebastián a Anuk.
- Sí, es genial -miente con una sonrisa en sus
labios.
Sebastián sonríe satisfecho por su respuesta y se espera a ver salir a Alicia y su trasero firme. Alza sus cejas y me da un golpe en el hombro.
- Ahora entiendo por qué vas detrás -se ríe-. Voy a seguir con el trabajo.
- Son mis hermanas.
- Lo que tú digas -sonríe y yo también lo hago.
La relación con Sebastián es buena, bastante buena. Nos ha sacado de muchos líos y sinceramente, le debo la vida porque creo que habría muerto en cualquier borrachera. Sebastián es mayor que nosotros por tres años y siempre está ahí para salvarnos el culo; y para calmar a Anastasia cuando se altera con nosotros.
- Y aquí están nuestras queridas gallinas y patos -dice Evan apoyándose en la verja-. Todo lo demás, es campo.
- Interesante -dice Alicia- ¿Y ahora?
- Ahora vamos a ir a comer algo porque me muero de hambre -digo-. Me da a mí que tenéis que asimilar el lugar.
- ¿Asimilarlo? Sabemos lo que es una granja.
- A tu hermana le dan miedo los animales -señalo a Anuk y ella se cruza de brazos.
- ¿Te dan miedo los animales? ¿Todos? -Pregunta Evan.
- Así que, dudo que lave a un caballo, ordeñe a la vaca y dé de comer a las gallinas. Aún que es durante la mañana, el resto del día se ocupa el turismo.
- Todo es ponerse -responde la castaña con puntas rubias.
- Me alegro que tengas interés, vengan, volvamos. No se puede estar ya aquí fuera.
Hago un movimiento de cabeza y Alicia se pone a mi lado para empezar a caminar hacia la casa. Evan va detrás con Anuk, intentando convencerla de que los animales no le hacen nada a menos que tú los ataques.
Nos sentamos en el porche trasero, en la sombra con unos refrescos. Las chicas se dedican a ponerse el refresco sobre su piel antes de beberlo para intentar refrescarse.
- Tenemos un cubo con agua ahí -lo señalo-. Pueden refrescarse con esa agua.
- ¿No está verde? -Pregunta mi hermano.
- La cambié esta mañana -le doy un gran sorbo a mí lata.