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Hasta que vuelvas a mi

Hasta que vuelvas a mi

Autor: : Lyn.
Género: Romance
El matrimonio de Megan y Gabriel, era muy perfecto, de ensueños, se conocieron en la universidad y se casaron al poco tiempo, a raíz de esto nacieron dos hermosos niños, Megan nunca ejerció su carrera, debido a que eran dos niños y su esposo quería que ella se concentrara en la crianza de ellos dos, para Megan estuvo bien, era su familia y ella estaba feliz, ejerciendo su labor de madre y ama de casa. Pero todo cambia cuando descubre la infidelidad de Gabriel y eso que parecía perfecto se va convirtiendo en una pesadilla y el hombre amoroso con el que ella se casó, ya no existe.

Capítulo 1 Esposo infiel

Hace siete años contraje matrimonio, a la edad de veintiún año, con el amor de mi vida, después de tres años noviazgo, mi primer novio, mi primera vez, mi primer amor.

La vida juntos era una maravilla, al menos eso podía decir antes. Acordamos tener hijos luego de que yo terminara mi carrera de Periodismo.

A la edad de veinticuatro años tuve mi primer hijo junto a Gabriel. Un niño, su nombre fue Samuel, un hermoso y adorable niño. Cuando Samuel nació, Gabriel me dijo que valorara la posibilidad de no ejercer mi carrera, para dedicar tiempo a nuestro hijo y al hogar, para que lo hiciera su madre y no otra persona. He de decir que yo no era una mujer muy hogareña, yo era mas de salir de casa, conocer lugares, quedar con los amigos y viajar. Pero ahora no solo era una esposa, era madre.

Dejé de lado mi carrera, sin ejercerla y me convertí en ama de casa, aprendiendo infinitas cosas de las que no tenía la más mínima idea, pero que ahora era una experta.

Cuando estaba por cumplir mis veintiséis años, volví a quedar embarazada, esta vez de una niña, una hermosa niña, a la que llamamos Aura. Era hermosa.

El matrimonio se volvió ajetreado con dos niños, menos vida social, más familiar y demasiadas cosas que hacer.

Gabriel, por su parte, iba ascendiendo de manera impresionante en su trabajo, era contable. Y en estos últimos años nuestra economía había mejorado a una escala asombrosa, increíble y para nada realista. Habíamos pasado de ser, ¿cómo decirlo? Una familia trabajadora, de esas que si dejan de trabajar se funden los ahorros, a una familia con lujos y nada de qué preocuparse. Todo gracias al esfuerzo de mi esposo.

Pero mientras las cosas mejoraban, nuestro matrimonio iba en decadencia.

A mis veintiocho años, con un niño de cuatro años y una niña de dos años, con un esposo de treinta y cinco años, apuesto, hermoso y muy carismático, mi vida sexual estaba por los suelos.

Llegaba la noche y con ello la esperanza de que Gabriel no llegara muy cansado, para ver si así podíamos intimar. Los besos, eran muy simples, nunca sentía el roce de su lengua o sus labios humedecer los míos, solo juntábamos los labios por unos segundos y ya nos habíamos besado, me abrazaba en las noches y nada mas.

Creo que... hace un mes que no me tocaba.

-Gabri.-toqué sus brazos que eran lo más cercano a mi.-¿Estás muy cansado?

Aquella era la típica pregunta que hacía cada noche, obteniendo la misma respuesta con algunas variantes.

Mi esposo me atraía, me excitaba y probaba deseos en mi, pero creo que yo ya no hacía lo mismo y eso me perturbaba cada noche en la que solo me calentaban las sábanas con las que cubría mi cuerpo lujurioso.

-Si, he trabajado mucho hoy.-como cada día.-¿Qué pasa?

-Nada.-respondí con desilusión -Solo quería pedirte un beso antes de que me durmiera.

-Claro.-se acercó y unió sus labios a los míos por un par de segundos, ya con eso había cumplido.-Descansa.

Y después de eso, me llegaba la culpa. Es decir, era un buen hombre, ponía el plato en nuestra mesa cada día gracias a su trabajo, no teníamos que preocuparnos por nada, teníamos buenos ahorros y nuestra familia estaba sana.

Yo no tenía ningún derecho a levantar la más mínima queja. ¿O sí?

Dieron las siete de la mañana.

Mi cuerpo ya se levantaba sin necesidad del despertador, lo mas común era que mis ojos estuvieran abiertos antes de que este sonara.

Buscar la ropa de los niños, vestirlos, preparar el desayuno, asegurarme de que no ensuciaran su ropa durante el desayuno, hacerle el café a Gabri, junto con sus tostadas de cada uno y a las siete y cuarenta salir con los niños, Samuel al colegio hasta las dos y Aura a la guardería hasta las doce.

Siempre me iba primero que Gabri. Tomaba las llaves del coche, a los niños y me acercaba para darle un beso mientras él comía su tostada.

-Buenos días, Patty.-saludé a mi vecina, yo llevaba a su niña al colegio, puesto que iba al mismo que Samuel y eso no me costaba, ella tenía que trabajar.-Ah, se me ha quedado el móvil dentro, ve entrando a Alma al coche, ya regreso.

-Aquí te espero, Megan.

Corrí hacia la casa y abrí la puerta, yendo para el salón, quizás mi móvil estaba allí o en la habitación de los niños.

-Mi amor, iré esta tarde hasta la noche.-escuché hablar a Gabri y casi respondo, creyendo que se refería a mi, pero estaba al teléfono. Caminé en silencio cerca de la cocina, escuchando su conversación. Mi corazón iba muy deprisa y cubría mi boca para no gritar del dolor que esto me causaba.-No te preocupes. Te tengo un regalo. Será sorpresa. ¿Recuerdas ese vestido color vino tan sexi y provocador? Póntelo esta noche, quiero vértelo, para poder quitártelo.

Gabriel Martínez me estaba siendo infiel.

Pegué mi cuerpo a la pared, haciéndole frente a esta horrible sensación que recorría mi cuerpo, guié mis pasos hacia la puerta y salí despacio.

Ya era tarde.

Primero llevé a Samuel y Alma al colegio, luego pasé por la guardería a dejar a Aura.

Mi mente estaba perturbada y no encontraba como asimilar el hecho de descubrir que mi esposo no me tocaba porque tenía una amante.

¿Cuanto tiempo llevaba en eso? ¿Por qué nunca lo pensé? ¿Cómo es que no me di cuenta? ¿Quién era esa mujer?

Tantas preguntas rodeaban mi mente que no me podía concentrar en una sola.

¡Qué diablos!

¡Mi esposo tenía una amante!

¿Eso cómo se afronta? ¿Se habla? ¿Se calla? ¿Se revela o se ignora?

No tenía la más mínima idea.

Regresé a casa y comencé a buscar mi móvil, tenía que hablarlo con alguien o me iba a secar y consumir de tanto llorar.

Encontré el celular en el baño y llamé a Camila, mi amiga, la única de muchas que antes tenía, que fui perdiendo por estar sumergida en la vida de casados o de padres.

Ahora me ponían los cuernos.

-Camila.-dije entre lloriqueos.-Camila.

-¿Pero qué pasa, Megan? Cálmate y dime. ¿Estás bien? ¿Los niños estan bien? ¿Gabriel está bien?-seguí llorando en la llamada. -¡Me asustas! Por favor, dime algo antes de que tome un vuelo hacia allá.

-Lo siento, lo siento. No quise asustarte. Todos están bien, Gabri mas que nada. La que está mal soy yo.

-¿Qué ha pasado? Deja de llorar y cuéntame ya. Me muero de la angustia.

-Gabri me está siendo infiel.-ella se quedó en silencio, dándome tiempo para que yo me controlara y siguiera hablando.-Lo escuché hablar hace una hora sobre vestidos sexi, desvestir, salir, regalos y no sé qué mas.

-¡Maldito infeliz! ¿Qué vas hacer?

-Te llamo porque no sé que hacer. No lo sé. Quiero llamarlo y gritarle que lo sé, pero también quiero calmarme. Quiero pensar. Solo quería decírselo a alguien.

-Gracias por contarme, Megan. No sé que decirte que hagas, no he tenido esa experiencia. Pero creo que es certero pensar y calmarte. Quizás confrontarlo sea lo mejor, pero con más pruebas. Pero no solo eso, si lo vas a confrontar, debes de saber qué harás después.

-Todo es tan confuso. No me lo puedo ni creer, me siento desbastada.

-Me lo imagino, pero eres fuerte. Podrás con esto, piénsalo y luego actúa. No actúes sin antes pensar.

Terminé de hablar con Camila y me senté a pensar.

¿Qué hago ahora?

Seguro confrontarlo, pero ¿qué hacer después de confrontarlo?

Tenía que pensar en eso.

Capítulo 2 La esposa

El día pasó realmente rápido mientras yo me sumergía en las lágrimas, tirada en la fría cama, hacía una rápida mirada a mi vida y el rumbo no me gustaba, no me gustaba nada. De pronto sentía que no tenía nada y me llenaba una sensación de insatisfacción muy desagradable. Tenía los ojos hinchados y mi cara lucía muy demacrada por la angustia y el llanto, ya era hora de buscar a Aura y yo no había movido un solo dedo en la casa.

Las camas seguían desordenadas, el desayuno estaba en la mesa, los juguetes regados por las habitaciones y un sinnúmero de dudas, que no me dejaban continuar con el curso de mi día.

Tomé las llaves del coche y fui a retirar a Aura.

Cuando llegamos a casa, le marqué a Gabriel, no sé ni para qué, no tenía el valor de confrontarlo.

-¿Pasa algo, Meg?-era la voz de mi esposo, ¿hace cuánto que no nos hacíamos una llamada para hablar de nada o solo perder el tiempo mientras escuchábamos nuestras voces y reíamos? Quizás desde que éramos novios. Que pena. -Megan, ¿sigues ahí?

-Si, Gabri, estoy aquí. Solo quería saber si llegas hoy a cenar, no tengo muchas ganas de hacer el almuerzo y puede que siga así para la cena, compraré comida.

-¿Estás segura? Hacer un arroz o una pasta no es que te cueste mucho esfuerzo, inténtalo.

-Realmente no tengo ganas, ¿llegas a cenar o no?

-No, tengo asuntos muy importantes que atender, llegaré tarde hoy.

-¿Qué tan tarde?

-Solo tarde.-guardé silencio. Estaría con ella y eso ya lo sabía, pero escucharlo a él decir que eran asuntos mas importantes me partía y hacía añicos el corazón.-Intenta buscar ánimos y prepárale algo bueno a los niños, no es como que tengas otra cosa que hacer, Meg.

-Claro.-dije entre lágrimas, conteniendo el llanto.-Nos vemos cuando llegues.

¿Quién era ese hombre? ¿Dónde tenía a mi adorable, comprensible y cariñoso esposo? Pero más importante, ¿desde cuándo era así? ¿Dónde estuvieron mis ojos que no se dieron cuenta de que el hombre que yo amaba no existía? Bueno, estuve con los niños, dedicada a ellos, al hogar, la escuela de ellos, que si se enfermaban, que si tenían que quedar con otros niños, los cumpleaños de los amigos, las fiestas de ellos, que si cogían piojo en el colegio, las tareas, reuniones, cambios de ropa por estación, la ropa de mi esposo, la casa organizada y aprender un montón de cosas e irlas perfeccionando. ¿Esto era ser madre y esposa? ¿Había renunciado a mí misma o ser mujer? ¿Desde que cuándo estaba en estas condiciones?

Seguía asustada por todo y más por el hecho de aquella infidelidad.

Tenía que haber salido corriendo de esta casa, de este hogar con mis hijos, irme de aquí y restregarle en la cara que era un fiel, que faltó a nuestro amor, a nuestra familia, a nuestro matrimonio. En mi mente debía de estar la fuerte posibilidad de pedir el divorcio, pero no era así.

Estaba herida y habían muchas cosas que no asimilaba.

Samuel estaba en casa, los dos jugaban, Aura lloraba, tenían que bañarse, hacer las tareas, llegó la hora de cenar, no había cena, mi cuerpo estaba pero yo no. ¿En qué se había ido mi día? ¿Desde cuándo las horas pasaban tan rápido?

Ya era de noche, pedí comida, cenamos en el salón viendo la tele, Aura hizo mucho desorden, ya tenía sueño y se veía cansada, Samuel tenía el pijama y esperaba a por mi.

-¿Cuándo llegará papá?

-Tu estarás dormido, pero lo verás en la mañana.

-Dile que entre a darme un beso cuando llegue.-pidió mi pequeño hombrecito.

-No lo esperes despierto, tienes que dormir, Sami. Él te dará un beso al llegar, yo me aseguraré de eso. Buenas noches.

-Buenas noches, mamá.

Me adentré en la cocina y la limpié, recogí el salón, los juguetes con sumo silencio para no despertarlos, sobre todo a Aura, la del sueño más liviano. Organicé nuestra habitación y me di un baño.

Eran casi las once de la noche cuando terminé de todo, me puse el pijama y entré a la cama.

Evidentemente no podía dormir sabiendo que él estaba con otra mujer y que luego solo vendría a dormir a mi lado, llenando un espacio para nada.

Cerré mis ojos con fuerza cuando lo escuché llegar, mis lágrimas querían salir, pero no era el momento, claro que no. ¿Cuándo era el momento?

El entró a la habitación y se desvestía en silencio.

-Se que sigues despierta.

-Lo estoy. Sami quería que le dieras un beso al llegar.

-Solo lo despertaría, en la mañana le digo que lo hice, no te preocupes.-cada noche él buscaba la ropa del otro día antes de venir a la cama, era su rutina después del baño, pero parece que ya se había bañado, dado que estaba buscando su ropa.-Meg, has lavado la ropa, pero mis camisas siguen sin plancharse. Necesito la blanca para mañana, ¿podrías?

-¿No puedes usar otra?-me levanté para abrir el armario, viendo que tenía otras camisas, ¿qué tal esta?-le sugerí la azul celeste.-Tienes una corbata que queda muy bien con ella.

-Megan.-dijo en voz baja, yo regresé a la cama.

-Tampoco es que esté arrugada, solo no está planchada.

-¡Me gusta bien lisa y lo sabes!

-¿No crees que debiste llamarme para avisarme que necesitabas específicamente esa? No decírmelo ahora en la noche, cuando ya estoy acostada y es muy tarde como para que me ponga a planchar habiendo más camisas. No es la única que tienes ni es la única limpia y sin planchar.

-¿Cómo iba a saber que justo hoy se te iban a quitar las ganas de hacer tu trabajo? ¿Cómo iba a saber que lo único que tienes que hacer no lo harías?

-¿Lo único que tengo que hacer?

-¿Qué te cuesta cocinar y plancharme las camisas? ¿Es un sacrificio para ti? ¿Es un trabajo muy difícil de todas las horas libres que tienes al día? ¡Por favor!

-Gabriel, la plancha y la tabla están dentro del armario, no es muy difícil, hazlo tú.-cubrí mi cuerpo con las sábanas y cerré mis ojos, apagando la luz de mi mesita, lo vi quedarse en la cama en silencio.

-Es... es realmente increíble que yo venga tarde de la noche por estar trabajando y que te incomodes porque te pida que me planches una camisa, pero mas increíble es que me mandes a plancharla. ¿Qué pasa contigo? ¿Qué es lo que tienes? ¿Desde cuándo me has tratado así, Megan? Si tienes algo que decir, solo dilo. Hablemos.

-¿Dónde estabas? ¿Realmente, dónde estabas?-me senté en la cama con la espalda recostada al espaldar y mis manos cruzadas sobre mis piernas.-¿Por qué llegar a esta hora? ¿Qué parte de tu trabajo te requiere que llegues a media noche? Intenta explicarme y entonces entenderás mi actitud.

Sus ojos me enfocaron y supe que él estaba muy enojado porque lo estaba cuestionando.

-Eran asuntos laborales.-dijo, hablaba despacio pero sus palabras iban cargadas de iras, él no era de gritarme y sinceramente no le hacía falta hacerlo, podía estremecer mi piel sin necesidad de alzar la voz, causarme temor.

-¿Con quién?-mis preguntas estaban siendo atrevidas a pesar del miedo y las dudas.-¿Qué asuntos laborales te requieren a estas horas? ¿Estabas con una mujer?

-Megan, ¿qué dices? ¿Qué es lo que pasa por tu cabeza?

-Olvídalo, quieres que hablemos pero no eres sincero, ¿para qué hablar si no respondes a mis preguntas o solo mientes? ¡Da igual! Ya se me pasará.

Él apagó la luz y se acostó, yo hice lo mismo, dándole la espalda.

Ahora sí, comencé a llorar en silencio.

-Megan.-sus manos tocaban mi cuerpo, pasando debajo del pijama, buscaban mis senos.-Megan, estás despierta. Date la vuelta.

-No quiero.

-Hace mucho que no tenemos sexo.

-Hace mucho que no hago el amor, imagino que tú no llevas tanto.

-No sé cuando quieres hacerlo, no lo sé.

-Gabri, yo...¿tengo que pedirlo con los labios? ¿No te das cuenta de cuando te deseo? Por si no lo sabes, ahora mismo lo que menos tengo es deseo sexual hacia ti, vuelve a tu sitio y retira tus manos.

-Si no lo hago está muy mal, pero si quiero hacerlo, está peor.-bajó de un solo tirón mi pantalón, haciendo que la tela quemara un poco mi piel, se encargó de sacarlo de mis piernas mientras mis manos intentaban devolverlo a su sitio.-Megan, tengamos sexo.

No quería, sentía cierto asco y desprecio, él olía a otro gel de ducha, se había bañado en otro lado, estuvo con esa otra mujer parte de la tarde y de la noche.

-No quiero, déjame dormir.

-Para una vez que quiero...-sus manos separaban mis piernas, uniendo su piel desnuda a la mía-¿quieres negarte, Meg? Seguro estás así toda malhumorada porque no te he tocado en un tiempo, el trabajo, el estrés. ¡Hoy sí!-le dio la vuelta a mi cuerpo, dejándome boca arriba, yo empujé sin mucha fuerza, y me cubrí con las sabanas, buscando con la mirada mi pantalón.-¡Meg!-sus manos retiraron todo y se subió sobre mi, sujetando mis manos, mientras mis piernas intentaban empujarlo.

-Gabriel, ¿qué crees que haces? ¿No escuchaste que no tengo ganas? Retírate de mi y suelta mis brazos.

-¡Baja la voz! ¿Quieres despertar a los niños? Guarda silencio y estate quieta, no tardaré mucho.

-¡No quiero!

-¡Que te calles!-puso mas presión en mis manos y su cuerpo se acostó sobre mi, dándome todo su peso, comencé a llorar, sus piernas me empujaban a separar las mías y su pene presionaba sin dirección alguna, buscando donde entrar. Seguí forcejeando con mis manos pero ya su pene había encontrado mi entrada y me invadía a la fuerza, presionando sin cuidado y abriéndose paso. Mi desesperación aumentó cuando él comenzó a besar mi cuello, mi llanto se alzaba mientras él no paraba. -Eres mi esposa, no quieres hacer de comer, no quieres tener mi ropa ordenada y no quieres tener sexo conmigo, ¿qué sigue?-su voz gruesa se alzaba sobre mi llanto y no dejaba de hablar.-¿Luego dirás que no quieres criar a nuestros hijos? Megan, ¿quien te está llenando la cabeza de cosas? ¿Cuándo fue que cambiaste tanto? Mírame y disfrútalo, porque yo lo estoy haciendo; así seca está demasiado rica y apretada, es como si tu interior me rechazara y yo tuviera que abrirme paso con fuerza.-seguía con sus penetraciones, el peso de su cuerpo molestaba mucho, había tenido que dejar de llorar para concentrarme en respirar.

-¡Mamá!-escuché la voz de Sami desde su habitación.

-¡Ya va! ¡No salgas de tu cama!-le ordenó Gabriel.

Sus manos soltaron las mías y yo pensé que se iba a apartar, pero no fue así, tomó mis piernas y sus penetraciones solo aumentaron su velocidad y su fuerza, cubrí mi boca con ambas manos para que Sami no me escuchara llorar, mientras Gabriel disfrutaba con esto, yo sufría, siendo víctima de su abuso.

Él terminó y yo me tiré de la cama, secando mis lágrimas y buscando mi pantalón entre las sábanas para ir a ver a Sami.

Respiré con calma y fui hasta su habitación.

-¿Qué pasa, cariño?

-Te escuché llorar, creo que tenía una pesadilla.

-Solo fue una pesadilla, vuelve a dormir.-lo cubrí bien con las sábanas y él cerró sus ojos otra vez.

Revisé a Aura por si estaba despierta, pero dormía, usé el baño del pasillo y me encerré en él, sentía la fuerte necesidad de lavar mi cuerpo.

¿Quién era ese hombre en mi cama que había abusado de mi? ¿Quién?

Vi las marcas de sus manos sobre mi muñeca, todo me ardía y dolía, lloré bajo el agua y después de vestirme me fui al salón, dejando las luces apagadas y acostándome en el sofá.

Escuché unos pasos y me cubrí con los cojines.

-Megan.-se sentó a mi lado y yo retrocedí hasta el otro extremo.

-Aléjate.

--Se lo que piensas, pero eres mi esposa, así que no, no es lo que imaginas.

-Muchas veces te he deseado y nunca te he forzado a nada, Gabriel.

-No es igual y lo sabes. No te forcé, solo hice uso de mis derechos sobre mi esposa, que quede claro. Se que también disfrutaste a pesar del llanto, no pudo ser malo para ti, soy tu esposo, es lo que hago, tu cuerpo es mi posesión, no lo veas de otra manera.

-Gabriel, tienes una amante, te escuché esta mañana mientras hablabas por teléfono, estabas con ella toda la noche y no sé desde cuando. Es un hecho que acabas de abusar de mi, no lo disfraces.

-¡No podría abusar de mi esposa!

-Si, si, si yo me niego, es violación, así seas mi esposo, no te hagas el ignorante. Solicitaré el divorcio y mañana mismo me iré de esta casa. No me quedaré con un hombre que no me respeta, que no respeta nuestro matrimonio y que le da igual nuestra relación, Gabriel.

-¿Qué sigue? ¿Denunciarme por tener sexo con mi esposa? No seas absurda. Mañana hablaremos sobre esto, ven a la cama, no te quedarás en el sofá.-tiró de mi mano hasta hacerme estar de pie y de allí me empujó hacia la cama. Sus brazos me rodearon, había algo en él que me llenaba de miedo hasta tener pánico y no me dejaba moverme, besaba mi cabeza y sentía su respiración muy cerca.-Hoy no te sientes bien, solo duerme, mañana hablaremos. Verás que todo se solucionará, solo descansa.

Capítulo 3 La reconciliación: perdóname

Aunque pensé que no podría dormir, el cansancio pudo mas, y al cabo de un par de horas, solo me quedé dormida, después de aquel susto y de tener miedo bajo el brazo de mi esposo que dormía a mi lado.

Me desperté antes de que sonara la alarma, me dolían las piernas y un poco el vientre por las penetraciones forzosas que recibí de parte de Gabriel. Sin decir cómo se sentía mi vagina, mi espíritu o mi alma, al ser violada por mi esposo.

Tuve miedo de mirar en su lado de la cama, me senté despacio y puse mis pantuflas en mis pies, al pararme de la cama, noté que él no estaba, la puerta del baño estaba abierta, con la luz apagada, por lo que él no estaba en el baño.

Escuché unas risas fuera y me pareció muy extraño, eran los niños. Raramente despertaban antes de que yo fuera a sus habitaciones.

Fui a las habitaciones de los niños y ellos no estaban allí, corrí hacia la sala con un poco de pánico y los encontré en la cocina, con su padre. Desayunaban.

-Buenos días, mamá.-me dijo el pequeño Sami. Aura tenía su pequeña cuchara en la boca, llena de cereal, por lo que solo me sonrió y allí estaba Gabriel, con el mandil puesto y friendo unos huevos. Como si no hubiera pasado nada.

-Queríamos darte una sorpresa, Meg.-Me sonreía muy normal.-Hemos hecho las cosas por ti. Llevas unos meses de agotamiento, mucho estrés y demasiado trabajo, siempre en casa; eso te está afectando mucho. Queremos lo mejor para mamá, ¿verdad, niños? Díganle la sorpresa.

-Mamá, habrá una señora que te ayudará en la casa.-me dijo Sami.

Mi cuerpo estaba allí, viendo todo eso, a él, lo que hacía, lo que decía y yo simplemente no me movía. Vi su sonrisa, como si fuera el mismo de siempre y luego me llegó a la mente como un choque eléctrico lo que me hizo la noche anterior.

Abusó de mi.

No dije nada.

Me fui a la habitación y me cambié, miré en mi bolso que estuvieran mis tarjetas y efectivo, entonces lo tomé, dejándolo en la entrada junto con la llave de mi coche y una copia de la llave de la casa. Saqué a Aura de su silla y la dejé en el suelo, tomando su mano.

-Vamos, Sami, le haremos una visita a los abuelos.-anuncié en voz baja.

-¡Bien! No hay cole hoy. ¡Genial!-Sami estaba alegre, bajó de inmediato de la silla y vino a mi lado.

Cuando Gabriel caminó hacia mi, yo retrocedí con los niños. Dejó el mandil y soltó la cuchara

-Meg, ¿qué pasa? Los niños tienen que ir a clases.-levantó sus brazos sin comprender.

-Y tú a trabajar. Pasaré el día donde mis padres con mis hijos, y pensaré en lo que pasó, pensaré en lo que haré al respecto, Gabriel.

-¿Eso es lo que necesitas? Si te hará bien estar donde tus padres un día, bien. Déjame acompañarte. Podemos pasar el día allí, hace mucho que no los vemos. No estaría mal que fuéramos todos.

-No quiero. Tengo miedo de ti, Gabriel. Me voy para estar lejos de ti, no quiero que vengas con nosotros.

-Meg, hablemos. Para eso me he quedado hoy en casa. Hablaremos mejor sin los niños, ¿no te parece? Déjame llevarlos al colegio y tú solo descansa. Hoy mismo contrataré a alguien para que haga los quehaceres de la casa. Vamos a estar bien, te lo prometo. Me he desentendido un poco de todo y no veía que tú estabas mal, pero anoche me quedó claro. Tengo que estar mas con mi familia, mis hijos, mi hermosa esposa. Sacaré tiempo para ustedes. Lo prometo, solucionaremos esto.

-Gabriel, no me hagas hablar frente a los niños. Nos vamos a casa de mis padres.

-Te esperaré para cenar, Megan. A ti, mi esposa y a nuestros hijos.

Salí de casa sin mirar atrás y sin decirle mas nada.

Lo cierto es que no sabía si volvería a esa casa o a estar con Gabriel.

Cuando llegamos a casa de mis padres, ellos se sorprendieron de verme allí.

-Meg.-mamá tomó a los niños y los llevó al patio, mientras papá me daba un abrazo, sabiendo que algo debía de estar pasando. Me llevó a su despacho y me brindó un trago, que yo tomé con gusto.-Meg, dime que pasa.-su brazos cálidos me envolvían y su voz ronca me hacía sentir en casa.

-Gabriel tiene una amante, lo descubrí ayer. Anoche lo confesó, pero no sé mas.

-Qué desgraciado. Pero tienen que hablarlo, ya tienen dos hijos, mas de cinco años de casados y una relación larga, presuntamente estable. ¿Qué quieres hacer?

La parte de mi violación me daba mucha vergüenza decírselo a mi padre.

-Ahora mismo, solo no quiero verlo, solo eso. Quisiera quedarme aquí unos días, pensar en lo que haré y ver qué pasará con nuestra relación.

-Me quedaré con los niños para que hables con tu madre.-besó mi frente y salió.

Mamá entró.

-Querida mía, mi pequeña.-abrió sus brazos y yo fui hasta ella, mis lágrimas salían silenciosas, aunque aquí me sentía muy protegida, también me sentía muy débil.-¿Qué tienes, ni niña?

-Gabriel tiene una amante.-dije con voz queda. Mientras mas lo repetía, mas real se hacía.

-Una amante. ¿Sabes quién es esa mujer?

-No, solo me enteré ayer por casualidad. Se iban a ver y sin querer escuché la llamada.

-Por lo que no sabes si es algo nuevo, que quizás solo pasó esa vez o si solo estaba empezando.

-¿Eso cambia algo? Se está acostando con otra mujer mientras a mi no me tocaba, creo que no importa si fue casual, planeado o era algo a largo plazo. Lo hizo, mamá. El hombre con el que me casé, que juró que me amaba y con el que tengo dos hermosos hijos, al cual le he dedicado todos estos años, me dejaba de lado en la cama mientras tenía sexo con otra mujer y cuando acierta a tocarme, lo hace a la fuerza.

-¿A la fuerza? ¿Eso qué significa?

-Lo mismo que entendiste. Tuvo sexo conmigo a la fuerza, mientras yo no quería y me resistía. Abusó de mi, mamá.

-No puedes estar pensando eso, pequeña. Tuvieron sexo, tú y tu esposo, no es una violación.-cuando la escuché decir eso, me zafé de sus brazos.-Los hombres siempre tienen sus necesidades. Estoy segura de que después de lo que ha pasado, los dos se volverán mas unidos y tu esposo un poco más dócil. Hablen, conversen, por esos niños que están allí fuera, por ti, por tu matrimonio, no lo tires a la basura por un revolcón con una mujer que seguro se le metió por los ojos. ¿Cómo estas tratando a Gabriel? Son una pareja muy joven, te conoció muy bella, llena de vida, le has dado dos hijos y muchas cosas han cambiado, mientras para él todo mejora, incluso se ve mejor que tu. Quizás debas de ponerte en sus zapatos, ver las causas que lo llevaron a eso.

-Lo estás justificando.

-Estoy arrojando luz sobre esto, porque tú pareces no verla. ¿Cómo se te ocurre que un hombre puede violar a su esposa?

-Mamá, ¿no sabes que toda penetración sin consentimiento es violación?

-¿Tu marido tiene que pedirte permiso para que tengan sexo? ¿Tiene que preguntarte cuando tocarte o cuando no hacerlo? La mujer debe de siempre estar dispuesta.

-¡Mamá! ¡Me forzó! Separó mis piernas con fuerzas mientras yo me resistía, no lo deseaba, no quería hacerlo. Me forzó a tener sexo con él. Si no ves que eso es una violación, hice mal en venir aquí, acudir a ti o contarte esto.

-Quizás me he explicado mal, Meg o solo no has comprendido lo que te he dicho. Tu marido puede tocarte cada que quiera, ¿para qué crees que se casaron? Está bien que te tome la impresión al saber de la infidelidad, pero esa es una de las cosas que se solucionan hablando. ¿Dejarás todo lo que has construido con Gabriel al primer error que comete? Es un hombre, que antes te parecía perfecto, ahora cuando se equivoca le das la espalda, solo quieres estar en las buenas, ¿no?

Salí de allí porque necesitaba tomar aire, las palabras de mi madre eran asfixiante.

Corrí hacia el patio y tomé una bocanada de aire fresco, miré a mi papá jugar con los niños y me acerqué a ellos.

-Papá, nos vamos a ir. Despídanse, niños.

-¿Segura? ¿No quieres pasar la noche aquí? ¿Volverás casa?

No tenía respuesta para eso último. Pensé que podría encontrar refugio aquí, pero no fue así.

-Niños.-mamá los llamó desde la casa.-Su padre está aquí.

Me giré con brusquedad justo al tiempo que los niños corrían hacia su padre.

-Habla con él, Meg. O no podrás tomar ninguna decisión al respecto sin antes confrontarlo. Hablen, después decides. Tendrás siempre las puertas de casa abiertas, para ti y tus hijos.

-Hablaré con él.

Papá fue a saludarlo y se llevó a los niños al interior de la casa, di con el rostro de mamá que me decía algo en silencio, la ignoré. Gabriel vino hasta a mi, deteniéndose justo al frente, observó por encima de su hombro y volvió a mirarme.

-Lo siento, Megan. Me siento como un mierda por lo que hice anoche, te herí y te forcé, en ese momento me salí de control, estaba enojado por tu actitud y no me medí, sobrepasé los límites. Pienso en como te sientes y cómo eso te hizo verme, estoy destruido por mi acción, pero no mas que tu, que fuiste a quien dañé.-iba secando sus lágrimas conforme éstas salían.-Dime algo, amor. Quizás no me des tu perdón, pero quiero que regresen a casa. Tengo muchos planes para los cuatro.-su mano viajó a mi hombro y yo temblé, al ver aquello la retiró con rapidez.-Lo siento, Meg. Mira lo que he causado.-cubrió su rostro.

-No te perdono, Gabriel, ni lo haré. No quiero que pongas un solo dedo sobre mi piel.

-No lo haré, lo juro. No te tocaré a menos que me lo pidas.-volví a estar frente a mi, controlando su llanto.-Hablemos ahora sobre la mujer con la que tuve sexo, Megan. Quiero contarte todo, porque quiero que vuelvas a casa.

-¿Qué se supone que me vas a decir? ¿Que es mas linda y que por eso caíste en sus brazos? ¿Que te sentías solo? ¿Que ella te sedujo?

-No, no podría darte esas tontas excusas, pero lo que si puedo decirte, que es una mujer con la que puedo hablar, me escuchaba, prestaba atención y era atenta conmigo. Me sentí frustrado la primera vez que lo hice, me culpaba y quería decírtelo, pero la segunda vez se me hizo mas fácil, tu no sabías nada y yo disfrutaba con ella, mientras te dejaba de lado, a ti, a los niños. Me creí la gran cosa, quizás mas hombre o solo un poco mas egoísta. Pensé que nunca lo descubrirías y que todo estaba bien. Me iba volviendo muy frío contigo y eso no fui capaz de notarlo, que ya no estaba tu sonrisa, que cada vez llegaba mas tarde a casa, que no salía ni compartía contigo, que te llenabas de tristeza mientras yo disfrutaba con otra. He sido un desgraciado, Meg. Admito mi pecado, mi falta y te pido perdón. La he dejado.

Si decía que su confesión no me conmovía, estaba mintiendo. Era el hombre al que amaba, con quien me casé y al que aún amaba como cuando solo teníamos un romance.

Quizás...debía volver a casa con los niños y arreglar las cosas con su padre, porque ¿qué otra cosa podía hacer?

-¿Estás seguro de que ya no estás con ella?

-Te lo juro. Desde que vi lo que hice, eso terminó.

-Volveré a casa, pero no quiero que me toques, ni siquiera que me beses y ten por seguro que no te perdono, Gabriel. Ni que me tomaras a la fuerza y menos que hayas sido infiel.

-Me ganaré tu confianza otra vez, Megan. Lo prometo.

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