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Heredera de la mafia: supera con creces su imaginación

Heredera de la mafia: supera con creces su imaginación

Autor: : Wiley Goods
Género: Moderno
Sawyer, el traficante de armas más famoso del mundo, dejó a todos atónitos al enamorarse de Maren, la chica que todos menospreciaban. La gente se burlaba: ¿solo le importaba la belleza de esa mujer? Pero cuando las élites poderosas comenzaron a reunirse al alrededor de ella, todos quedaron boquiabiertos. "¿Ni siquiera está casada con él y ya está sacando provecho de su influencia?", asumieron. Los curiosos indagaron en el pasado de Maren... solo para descubrir que era una genio de la ciencia, una experta médica de renombre mundial y heredera de un imperio mafioso. Más tarde, Sawyer publicó en línea. "Mi esposa me trata como si fuera su enemigo. ¿Algún consejo?".

Capítulo 1 La única sucesora del inframundo

"Maren, ¿no te has dado cuenta de cuánto honor le ha traído Nadia a nuestra familia? Y mírate a ti, lo único que has hecho es arrastrarnos hacia abajo".

"Recuerda que Nadia se arriesgó una vez por ti. Es hora de devolverle el favor".

"¡Salven a Nadia! Hagan lo que quieran con Maren".

"¡Yo también elijo a Nadia!

". "Yo igual".

En las afueras de la ciudad, en una fábrica abandonada, Maren Morgan estaba atada fuertemente de las muñecas. Escuchaba impotente cómo sus tres hermanos elegían a su media hermana, en lugar de a ella.

Su última esperanza recaía en su prometido, el hombre al que había amado profundamente durante más de diez años y con quien había compartido su infancia.

Él estaba cerca, impecablemente vestido, con un aire elegante y distante.

Sus miradas se encontraron brevemente, pero él solo abrió los labios para decir con una frialdad brutal. "Elijo a Nadia. Si la tocan, se arrepentirán. En cuanto a Maren, no significa nada para mí. Hagan lo que quieran con ella".

El desprecio despiadado de Wilbur destrozó a Maren y le atravesó el corazón. Recordó claramente todo lo que había sacrificado para mantenerlo con vida, donando su sangre repetidamente incluso cuando los médicos le advirtieron que podría morir.

Aunque había anticipado su rechazo, escuchar sus frías palabras rompió algo en lo profundo de su ser.

El dolor fue tan abrumador que ni siquiera pudo hablar.

Lo único que pudo hacer fue ver cómo Nadia estallaba en lágrimas y se lanzaba a los brazos de su prometido. El mismo hombre que había sido frío y distante con ella ahora le secaba las lágrimas a Nadia con ternura.

Sus hermanos rodearon a Nadia protectoramente, colmándola de cariño, completamente ciegos a la angustia de Maren.

A nadie le importaba ella. Ni siquiera le dedicaron una mirada.

En cambio, se enfrentó a los secuestradores que la miraban lascivamente, mientras sus sucios cuerpos se movían hacia ella con una anticipación siniestra.

"¿Quién hubiera pensado que la Familia Morgan dejaría a su hija legítima solo para proteger a una bastarda? Parece que a ratas de alcantarilla como nosotros nos tocó la lotería esta noche".

"Paciencia, muchachos, todos tendrán su oportunidad".

Maren retrocedió hasta chocar contra la pared, sin escapatoria.

La garganta le ardía por haber gritado antes y aún sentía el sabor fresco de la sangre.

Mientras su familia celebraba el rescate de Nadia, Maren sintió que el último hilo de esperanza se desvanecía.

Finalmente, se dio por vencida.

El rostro de su madre apareció en su mente y, con él, una oleada de fuerza la invadió. Estaba harta de vivir en esa pesadilla.

En un arrebato repentino, alzó la cabeza y se lanzó contra la pared.

Pero antes de que pudiera lograrlo, el líder de los secuestradores se dio cuenta de lo que pasaba. La agarró por un mechón de pelo y tiró de ella hacia atrás con una fuerza brutal, frustrando su intento.

Luego, una bofetada feroz y punzante se estrelló con fuerza contra el rostro de Maren.

"¡Ni se te ocurra, zorra! Todavía no hemos terminado contigo".

El brutal impacto sumió a Maren en la inconsciencia.

Pero a nadie pareció importarle lo que le pasaba.

Riendo con crudeza, los secuestradores se acercaron con avidez, con intenciones más que evidentes.

Unas manos ásperas le agarraron la ropa con brusquedad.

Pero justo cuando se disponían a rasgarle la ropa, ella abrió los ojos de golpe.

Cualquier rastro de vulnerabilidad desapareció al instante, dando paso a una mirada intensa y guerrera.

Reaccionando por puro instinto, Maren se levantó de un salto.

Rodeó la garganta del agresor más cercano con sus muñecas atadas y, usando su propio impulso, giró con fuerza y decisión.

Un chasquido repugnante rompió el silencio mientras el hombre caía sin vida.

Aprovechando el breve shock, Maren lanzó rápidamente una patada alta y arrolladora que derribó a los secuestradores restantes.

Había neutralizado la amenaza inmediata, pero seguía con el ceño fruncido, con la confusión nublando sus rasgos.

Sentía que algo andaba profundamente mal.

¿Cómo había eliminado a los secuestradores sin esfuerzo? ¿Por qué sus movimientos le resultaban tan naturales, familiares y a la vez olvidados?

En ese momento de incertidumbre, recuerdos enterrados surgieron de repente, abrumándola por completo.

Recordó todo: desde sus primeros años hasta el traumático momento de su secuestro, seguido por un descenso al mundo oscuro, una vida empapada en sangre y caos.

Hace seis años, siendo la hija legítima de la rica familia Morgan de Baimsa, la habían secuestrado unos enemigos con viejos rencores. Había perdido cuatro años de recuerdos durante su tiempo en el inframundo, pero ahora lo recordaba todo.

Según los insistentes rumores, la habían vendido a un barrio rojo.

Pero la verdad era que Nicolás Salazar, el temible líder del Hampa Soberana, la había acogido como hija adoptiva.

Durante esos cuatro años, Maren había experimentado una profunda transformación. De ser la niña protegida de los Morgan, se había convertido en una fuerza formidable del inframundo, finalmente reconocida como la única sucesora del Hampa Soberana.

Antes no era más que una de las muchas hijas adoptivas de Nicolás, pero había sobrevivido a todos los demás herederos en una brutal lucha por el dominio.

Se había convertido en la gobernante indiscutible del mundo criminal.

Durante una operación secreta hace dos años, la traición de los suyos la había llevado a un campo de minas.

Probablemente fue entonces cuando los lugareños la encontraron viva y la entregaron a las autoridades. Una prueba de ADN confirmó más tarde que era la hija perdida de la Familia Morgan, lo que llevó a su regreso.

Trágicamente, la experiencia de la traición y el campo de minas le habían arrebatado esos recuerdos.

Solo ahora las compuertas de su memoria se abrían de golpe.

Perdida en sus pensamientos, Maren se sobresaltó al escuchar una voz masculina enfadada delante de ella.

"¿Maren? ¡Desgraciada! ¿Qué demonios estás haciendo? ".

Capítulo 2 Una bofetada

Wilbur, junto a Nadia y los tres hermanos Morgan, estaban completamente desconcertados por la escena que presenciaban. A pesar de tener las muñecas bien atadas, Maren había logrado dominar a una banda de secuestradores que, al parecer, estaban vinculados a un grupo terrorista.

¿Podía ser real? ¿Era siquiera concebible?

Desde siempre, Maren había sido frágil, incapaz de cargar incluso los pesos más ligeros. Su torpeza había llevado una vez a su instructor de combate a la desesperación, quien llegó a calificarla de totalmente incompetente.

Teniendo en cuenta sus escasas habilidades, ¿cómo era posible que derrotara a un grupo de secuestradores curtidos en combate?

Para ellos, la explicación más plausible era que Maren había orquestado todo aquello. Tal vez contrató a esos supuestos secuestradores para escenificar un dramático rescate y así captar la atención de Wilbur, repitiendo sus payasadas de siempre. Sin embargo, al hacerlo, había puesto en peligro a Nadia.

Ese solo pensamiento bastó para encender una oleada de furia en Wilbur. Dominado por la rabia, se enfrentó a Maren con voz áspera y acusadora. "¡Así que todo esto fue una actuación! Maren, tú organizaste este secuestro. Y yo que pensaba que por fin habías entrado en razón. Estaba dispuesto a dejar que te enfrentaras a alguna que otra adversidad antes de intervenir, pero sigues con los mismos jueguecitos de siempre. ¿Tan desesperada estás por mi atención? ¿Hasta el punto de involucrar a Nadia en tus planes, delante de todo el mundo? ".

Nadia se acurrucó más cerca de Wilbur, con un fingido espanto en la voz. "Maren, ¿tanto me desprecias? Nunca quise competir contigo. Si mi presencia te resulta un estorbo, estoy dispuesta a irme. Incluso te transferiré todos mis logros de investigación si sientes que me interpongo en tu camino".

La fingida consideración de Nadia conmovió profundamente a los hermanos Morgan, despertando su compasión. Sus miradas hacia Maren estaban cargadas de amenazas.

"Tener que cargar con una hermana tan cruel como tú... Cuánto mejor sería si Nadia pudiera formar parte de esta familia. Maren, no eres más que una mancha en el honor de la Familia Morgan".

Estas acusaciones le recordaron a Maren la sarta de humillaciones que había soportado durante los dos últimos años.

Apenas un día después de que los enemigos de la familia la secuestraran, su padre se había apresurado a presentar a Nadia, la hija que había mantenido en secreto.

Al regreso de Maren, Nadia ya había demostrado sus habilidades en muchos campos, eclipsándola por completo. Maren, que había perdido todo recuerdo de sus años en el hampa, parecía insignificante a su lado.

La Familia Morgan no dudó en presumir de Nadia en cada ocasión, logrando incluso captar la atención de Wilbur, el prometido de Maren.

Aquello ya era demasiado.

Pero la ambición de Nadia no se detuvo ahí. Pretendía ocupar el lugar que por derecho le correspondía a Maren como hija reconocida de los Morgan. Conspiró sin descanso contra ella durante dos agotadores años, ahondando el desprecio que Wilbur y sus hermanos sentían por ella.

Nadia llegó a idear un peligroso plan que casi le cuesta la vida a Maren, solo para hacerse pasar por su salvadora delante de Wilbur y los hermanos, empañando aún más la ya dañada reputación de Maren.

Ese día, fue Nadia quien insistió en salir, una decisión que condujo al secuestro de ambas.

Cuando los secuestradores les dieron a elegir entre Nadia y Maren, Wilbur y los hermanos se pusieron del lado de Nadia sin dudarlo.

Maren, la antaño respetada joven de los Morgan, se había librado por los pelos de un espectáculo humillante que habría sido tan patético como ridículo.

De no haber recuperado la memoria, el plan de Nadia podría haber triunfado.

Pero ahora, ella lo recordaba todo. Sus cuatro angustiosos años en el mundo del hampa habían extinguido cualquier resto de afecto que pudiera sentir por Wilbur, dejando su corazón yermo.

Durante los dos últimos años, para beneficiar a Nadia, Wilbur no le había mostrado más que crueldad.

Reflexionando sobre estas traiciones, Maren levantó las manos y, con un movimiento fluido, se deshizo de las cuerdas que la ataban. Luego avanzó hacia Wilbur y sus hermanos.

"¿Así que esto es una actuación? ¿Que yo soy la deshonra? ".

Su risa estaba teñida de una frialdad cortante y un profundo desdén.

Wilbur y los demás sintieron un escalofrío recorrerles la espalda ante la simpleza de su tono y su risa.

Antes de que ninguno pudiera responder, la risa de Maren cesó y su expresión se endureció. "Si es así, ¡voy a llevar esta farsa hasta las últimas consecuencias! ".

Con esa declaración, se movió con la rapidez de un relámpago y le asestó una sonora bofetada a Wilbur.

El chasquido de la bofetada resonó en la estancia, sumiendo a todos en un silencio sepulcral.

Capítulo 3 Ruptura de compromiso

La inesperada bofetada dejó a los tres hermanos de Maren y a Nadia completamente atónitos.

¿Acaso Maren acababa de romper con Wilbur? ¡Pero si llevaba años profundamente enamorada de él! Y aun así, acababa de abofetearlo delante de todos.

"¿Has perdido el juicio, Maren? ". Wilbur estaba igual de estupefacto. La sola idea de que Maren se atreviera a ponerle una mano encima le parecía inconcebible.

Él era el respetado joven heredero de los Thorpe. Jamás en su vida lo habían agredido físicamente. Era impensable que Maren, la que hasta hacía poco lo idolatraba, lo abofeteara en público.

"Más te vale rogarme perdón, ¡o no me culpes por olvidar todo lo que compartimos!". Wilbur ardía de ira.

Si lo que pretendía era llamar la atención con otro de sus dramas, él mismo se encargaría de demostrarle el fracaso de su farsa. Lo único que conseguía era que la despreciara aún más. Estaba decidido a no perdonarla. Ya se daría cuenta de que estaba sola, sin nadie que la apoyara.

Wilbur seguía convencido de que todo era otra de las actuaciones de Maren; le costaba creer que alguien pudiera cambiar de forma tan radical en tan poco tiempo.

Sin embargo, Maren ya no estaba dispuesta a seguirle el juego. El cariño que una vez sintió por él se había transformado en pura repulsión al descubrir su verdadera naturaleza.

Dijo con una frialdad cortante: "Esa bofetada ha sido poco para lo que te mereces, Wilbur. Vamos a dejar las cosas claras de una vez. Considérala una leve advertencia por tu falta de respeto, y da gracias de que solo haya sido eso. Además, doy por terminado nuestro compromiso. Exijo la devolución del diez por ciento de las acciones que transferí a los Thorpe como regalo. A partir de ahora, tú y yo no tenemos nada que ver".

Tras su declaración, Maren se dio media vuelta y se dispuso a marchar. Ahora que había recuperado la memoria, tenía asuntos mucho más importantes que atender. Era hora de ajustar cuentas con los traidores.

"¿Qué?". Wilbur no daba crédito a lo que oía.

Jamás imaginó que Maren rompería su compromiso. Y mucho menos estaba preparado para que le exigiera la devolución del diez por ciento de las acciones que le había regalado a su familia. ¡¿Cómo se atrevía?!

En su origen, aquellas acciones formaban parte de la herencia del abuelo de Maren. Antes de fallecer, su madre le había dejado en herencia el cincuenta por ciento de las acciones de la empresa familiar, ahora el Grupo Morgan, que pasarían a ser suyas al alcanzar la mayoría de edad.

Durante una crisis económica que afrontó la familia Thorpe, Maren les cedió el diez por ciento de esas acciones como regalo de compromiso, ayudándolos así a superar sus problemas financieros. Wilbur había aceptado el compromiso más por necesidad que por afecto, pues en realidad prefería a Nadia.

El padre de Maren controlaba el cuarenta por ciento restante.

Y ahora, Maren se retractaba y exigía la devolución de esas acciones. ¿Acaso pretendía llevar a la familia Thorpe a la ruina? Wilbur estaba decidido a evitar semejante desastre, al igual que el resto de los Morgan.

"¡Maren, te has pasado! Papá y nosotros nos hemos dejado la piel por esta familia tanto como tú. ¡Esas acciones que les diste a los Thorpe, como todo lo demás, nunca fueron solo tuyas! ", bramó uno de sus hermanos.

"De verdad, Maren, ¿cómo puedes ser tan fría y codiciosa? A fin de cuentas, somos tu familia", intervino Nadia, con la voz cargada de indignación.

La pérdida de ese diez por ciento de las acciones supondría un grave revés financiero para los Thorpe, poniendo en peligro las aspiraciones de Nadia de casarse con Wilbur y asegurar su posición en la familia.

Pero Maren se alejó con paso decidido, haciendo oídos sordos a sus súplicas, sin mirar atrás ni una sola vez.

El pánico se apoderó de los presentes.

"¡Espera, Maren! ¿A qué viene eso de cancelar el compromiso y pedir las acciones? ¡Danos una explicación antes de irte! ".

Wilbur comprendió de repente que esta vez Maren iba en serio, y el desconcierto se apoderó de él.

Se movió con rapidez para agarrarla por el hombro e impedir que se fuera.

Sin embargo, justo cuando iba a tocarla, Maren percibió el peligro.

Como la fuerza dominante del hampa que era, un instinto certero la alertó. Con una agilidad pasmosa, esquivó la mano de Wilbur sin alterar su paso. Al mismo tiempo, contraatacó de forma refleja, golpeando con fuerza la mano de su agresor.

"¡Ah! ", exclamó Wilbur con un gemido de dolor. El brazo se le quedó dormido y retrocedió tambaleándose, luchando por no caer.

Un silencio sepulcral se instaló en la habitación, todos conmocionados por el inesperado desenlace.

Wilbur no era un adversario cualquiera; era un reconocido experto en combate, instruido personalmente por Beau Francis, un legendario luchador de la Real Academia Militar de Baimsa.

Y sin embargo, allí estaba, derrotado sin apenas esfuerzo por Maren, a quien siempre habían subestimado por considerarla frágil y torpe. ¿Cómo era posible?

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