¿De dónde surgen las pasiones repentinas de un varón por una mujer, las pasiones hondas, entrañables? De lo que menos, de la sola sensualidad; pero cuando el varón halla juntos en una sola criatura el desamparo, la debilidad y, a la vez, la altanería, en su interior es como si su alma quisiera desbordarse: queda conmovido y ofendido en un mismo instante. En ese punto brota la fuente del gran amor. Friedrich Nietzsche
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Vivian se encontraba sobre la amplia cama, esperando recuperar el aliento y que su agitada respiración se regularizara, los espasmos del intenso placer, seguían recorriendo su cuerpo a través de vibraciones que viajaban a lo amplio y largo de todo su ser, sobre ella yacía aquel masculino cuerpo que aún temblaba como muestra de haber obtenido la culminación de la satisfacción, su peso no le aplastaba, ni le incomodaba en lo más mínimo, sin embargo el deseo de verse liberada de él, crecía en su pecho.
-Apártate, Andrew- le dijo con voz entrecortada.
-Pero Vivian. . .- la miró a los ojos.
-He dicho que te apartes- la mirada que le lanzó con sus fríos ojos grises amenazaron con enfriar el placer que recorría su cuerpo, así que sin querer tentar a su suerte se corrió hacia un lado, quedando sobre la cama con la vista en el techo, después de algunos segundos se giró para poder contemplarla, apoyó el codo sobre la cama y con una mano sostuvo su cabeza. Vivian era realmente frustrante, y siempre se sentía como su juguete de turno, solo le utilizaba cuando su cuerpo ansiaba ser saciados de caricias, en primer momento le pareció lo más adecuado, pero ya no estaba tan seguro. Necesitaba que ella le diera mucho más de lo que hasta ahora le ofrecía. Su cabello se extendía a lo largo de la cama, sus parpados estaban cerrados escondiendo esos ojos que jamás mostraban nada; grises, fríos, duros, si en algún momento mostraban algo bueno, sin duda era el momento en que llegaba al clímax y estos brillaban como despendiendo luz, y aquello la hacía ver realmente hermosa. Su cuerpo era extremadamente delicioso, bien torneado, firme, delicado pero fuerte a la vez. Sin previo aviso ella abrió los ojos y se giró hacia él, su mirada totalmente inexpresiva.
-¿Qué sucede?- preguntó con tono autoritario.
-Observaba lo hermosa que eres.
-Dejémonos de tonterías, Andrew- su tono de voz hubiese helado a cualquiera.
-No son tonterías Vivian, eres hermosa- ella lo miró fijamente con su expresión que no delataba nada- me encanta como gimes mientras te dejas arrastrar por el placer.
-No te confundas, no me dejo arrastrar por nada, solo le doy cabida en mi cuerpo, pero solo porque yo así lo decido.
-De acuerdo, solo digo que me excitas muchísimo. . .como tus labios tiemblan- dijo con voz ronca, sin apartar la mirada de sus ojos- como tus piernas se enredan en mi cintura. . . como dejas la marca de tu pasión sobre mi espalda. . . tus uñas se hunden en mi piel mientras alcanzas la cúspide- estiró su mano para tocarla, pero ella se apartó con violencia, como si la hubiese quemado- ¿qué sucede?.
-Me daré una ducha.
-Pensé que podrías quedarte ésta noche- su sonrisa cínica le taladro el alma.
-Yo nunca me quedo en ninguna cama que no sea la mía, Andrew.
-Eso es fácil- dijo intentando sonar firme- podría ir contigo a tu casa, así nos quedaríamos los dos.
-Ningún hombre duerme sobre mis sábanas, pensé que lo tenías claro. En mi cama solo duermo yo.
-Pero Vivian. . . Después de tres semanas, llegué a pensar que tendrías mis reglas claras.
-No entiendo tus reglas Vivian; solo satisfacción, nada de sentimientos, nada de caricias furtivas, nada de besos robados, no te quedas ninguna noche conmigo, no me llevas a tu casa. . .si, el sexo contigo es increíble, pero. . .
-Mis reglas no son para entenderla Andrew, sólo debes acatarlas- dijo levantándose de la cama y caminando completamente desnuda hacia la puerta del cuarto de baño, Andrew sintió como el deseo pulsaba nuevamente en su ser, ella era hermosa; fría. . .si, tan fría como un iceberg, pero atrayente e increíblemente seductora- si no puedes ajustarte a mis reglas, es mejor que te despidas de mi cuerpo- él suspiró con frustración, después de tres semanas disfrutando de sus placeres, debería sentirse saciado, pero por el contrario, estaba más hambriento que nunca.
-Prefiero seguir tus reglas, aunque. . .
-Perfecto- respondió interrumpiéndolo.
-¿Me dejaras llevarte a casa?- le preguntó serio.
-No. . .iré por mis propios medios. . .- lo escuchó gemir frustrado, lo miró y lo llamó con un gesto, disfrutaba tener ese poder sobre los hombres- pero si quieres, puedes ducharte conmigo, Andrew- Él no se hizo de rogar, saltó de la cama y llegó a la ducha justo cuando ella cerraba la puerta.
Después de salir de la casa de Andrew, tomó un taxi y le dio la dirección para que la llevara hasta su propia casa. Durante el largo trayecto pensó en él; era muy guapo, inteligente, uno de sus mejores empleados, y desde hacía tres semanas había descubierto que sus habilidades no solo eran en la oficina, sino que en el dormitorio también merecía un gran reconocimiento. Reconocimiento que obviamente ella no le haría, eso hincharía su ego y se haría el exquisito, y aquello acabaría con su diversión, porque si había alguien que podía hacerse la difícil, ese alguien era solo ella. Johanna solía decirle que debía pensar en el amor, pero para ella esa palabra estaba fuera de su diccionario, de su vocabulario y sobre todo de la aplicación. . . placer. . .de eso si conocía y sabía ella, en ese arte era profesional, capaz de medir sus habilidades con cualquiera. Su amiga odiaba su actitud, pero poco le importaba, los hombres eran mujeriegos, en su mayoría solo estaban con alguna mujer por el placer que pudiera ofrecerle su cuerpo, entonces si era aceptable para ellos ¿qué era lo inaceptable para las mujeres?, Ella si era simpatizante de la igualdad de derechos, del feminismo y de la liberación sexual, ser cohibida era para tontas, conocía su cuerpo, conocía el placer y no se cohibía en obtenerlo, no quería nada de romanticismos en su vida, ¿por qué malgastar el tiempo en absurdos sentimientos que solo generaban un desgaste personal y psicológico?. . .no, ella era diferente a todas esas tontas mujeres que iban besando el suelo por donde esos idiotas rompecorazones pasaban, en su caso hacia que los hombres se arrastraran ante ella pidiendo una noche más. . . placer. . . eso era lo único que le importaba de los hombres, el placer que sus cuerpos podían brindarle, si después de gozar en sus camas, no estaba satisfecha o ellos no lograban llenaban sus expectativas, sencillamente se marchaba y los dejaba ansiando un segundo encuentro que nunca llegaría. Ella dominaba las relaciones, ella ponía las reglas y si no estaban de acuerdo, pues allí estaba la puerta, que se marcharan y dieran paso al siguiente.
No era de las tontas que esperaban rosas y chocolates, ni que esperaba visitas. Mientras menos contacto, mejor, el único contacto que le importaba era el físico, el roce de su cuerpo desnudo junto al de un excitante ser del sexo masculino. Tampoco era de aquellas que fingían para que ellos pensaran que lo había hecho todo muy bien. . . ¡No señor!. . .ella pensaba;
¡ A mi, compláceme cómo es debido o sal de la cama!.
Johanna le solía decir que en ocasiones se comportaba como una ramera, en respuesta, ella reía y contestaba; Si, lo soy.
El taxi la dejó frente a su casa, pagó al conductor y bajó. Luego de tomar dos tazas de café y comer un sándwich se puso el pijama y se metió a la cama, y sin saber cuándo, se quedó profundamente dormida.
Al día siguiente llegó a la oficina muy temprano, se sentía relajada, aquel encuentro con Andrew, la había dejado satisfecha.
-Buenos días- saludó a su secretaria.
-Buenos días, señorita Way- le respondió aquella bonita y menuda mujer.
-¿Algo importante para hoy?
-No señorita, ni para hoy, ni para mañana, tendrá dos días tranquilos.
-Yo nunca tengo días tranquilos Bárbara, adelantaré trabajo.
-Por supuesto, señorita- sin decirle más nada entró a su oficina. Se dedicó a revisar algunas carpetas que contenían documentación para reuniones que tendría la próxima semana. En aquello se le fue toda la mañana. Un llamado a la puerta la sacó de su concentración.
-Adelante- dijo sin levantar la vista de los documentos.
-¿Estás muy ocupada?- la voz de Andrew le llegó a los oídos, ronca, sexy y suave.
-Solo adelanto trabajo, Andrew- dijo aun sin verle- ¿En qué puedo ayudarte?.
-Quería comunicarte un par de cosas, Vivian- ella levantó la vista y sus fríos ojos grises lo taladraron.
-Te he dicho que el único lugar en donde puedes llamarme por mi nombre, es en la cama, Andrew, aquí en la oficina soy tu jefa, y debes llamarme como lo hace el resto.
-Lo siento, señorita Way- le respondió con un poco de ironía, no comprendía esa actitud, esas tontas reglas. Ella era la misma mujer a la que hacía gemir, la misma que temblaba entre sus brazos al alcanzar el climax, la misma a la que adoraba con cada centímetro de su piel. Le frustraba. . .le frustraba su actitud- tengo información que quisiera compartir con usted, si me lo permite.
-Tome asiento- le indicó una silla frente a ella, lo miró directamente a los ojos- y bien. . .
-Recibí una llamada muy temprano señorita Way, es de una empresa muy importante.
-Mmmm. . . ¿y qué desean?
-Negocios. . . la secretaria me dijo que el dueño desea reunirse personalmente con usted para plantear algunas ideas que puedan ser de provecho para ambos negocios.
-¿Sólo eso dijo?- preguntó frunciendo el ceño.
-Si, dijo que su jefe desea hablar personalmente y así exponer todo, si deseas reunirte con él, vendrá con un pequeño equipo de trabajo.
-Supongo que nada pierdo con escucharle, y por el contrario podríamos ganar mucho.
-¿Entonces?
-Concreta la reunión con ellos, para dentro de dos o tres días, y escuchemos lo que tengan que decir.
-Muy bien- respondió con una amplia sonrisa- entonces me marcho señorita Way- él se puso en pie, la miró directamente a los ojos y luego se giró para marcharse, de pronto escuchó como sus tacones resonaban en el suelo, lo que le indicó que ella venía tras él. Cuando colocó la mano sobre la perilla, sintió como la femenina mano cubría la suya. -¿Necesita algo más, señorita Way?.
-Sólo una cosa, señor Smith- ella le retiró la mano de la perilla y puso el seguro, Andrew sonrió aún de espalda a ella, la sintió acariciar su amplio pecho mientras dejaba húmedos besos en su oreja que bajaban hasta el cuello.
-¿Qué pretende, señorita Way?
-Divertirme- susurró pegando sus pechos a la masculina espalda.
-Estamos en horario de oficina- dijo medio gimiendo.
-Lo sé, todos están almorzando y. . . yo soy la jefa, ¿lo olvidas?- lo giró hacia ella y lo miró con el ardiente deseo reflejado en sus fríos ojos. Esta endemoniada mujer iba a volverlo loco. La aprisionó contra su cuerpo haciéndola sentir su propio deseo. Ella sonrío y fue dando pequeños pasos con él hasta llegar al cómodo sofá que estaba en un rincón.
-Yo creo que no. . .
-Nada de eso- respondió ella besando su cuello y empujándolo suavemente para que cayera sobre el sofá. Se sentó diagonalmente en sus piernas, rodeó su cuello y lo beso ardientemente, permitiendo que su lenguas se encontraran en una erótica danza, se alejó un poco de él y arrastró una mano entre ambos cuerpos, desabotonó su cinturón y su pantalón, se puso de pie y le sonrió, Andrew la entendió perfectamente, bajó un poco su pantalón y su ropa interior liberando su erección. Vivian subió su falda tubo hasta las caderas, tomó el elástico de sus braguitas y las bajó, deshaciéndose de la prenda la dejó caer al suelo, sonrió al escuchar que Andrew gemía. No tenía deseos de esperar así que se acercó a él.-Esto será divertido- dijo ella sentándose a horcajadas sobre él. De ambas gargantas escapó un suave gemido al sentir como él se adentraba con suavidad en sus profundidades.
-Señorita Way. . . es usted increíblemente deliciosa- susurró y de inmediato intentó desabrochar la blusa de ella, un ligero golpe en sus manos lo obligó a mirarle- ¿Qué suced. . .
-No quiero que arrugues mi ropa- inició unos suaves movimientos y él gimió entreabriendo sus labios- te está prohibido tocar mi cuerpo en esta ocasión.
-Pero. . .
-Nada de peros señor Smith, ahora dedíquese a complacerme- inicio un anhelante beso mientras sus movimientos acompañados de las fuertes embestidas la acercaban a una velocidad vertiginosa a la culminación del placer.
Tyler Donovan , era un exitoso empresario, de cabello castaño claro que casi rayaba en dorado, sus ojos ambarinos parecían brillar y encenderse cuando llevaba a cabo una de sus conquistas o, cuándo hacia el amor, pero brillaban con la misma intensidad cuando se paraba frente a su amante de turno y le decía que todo había terminado, no era un hombre de relaciones largas y odiaba que las mujeres se pusieran a llorar, inventaran excusas para retenerlo a su lado, nunca le había mentido a ninguna mujer, desde el inicio dejaba claro cuáles eran las reglas de juego, desde que había experimentado la t
raición tomó la decisión de que nunca más se entregaría a nadie.
Nunca más una mujer disfrutaría de aquel hombre tan idiotamente enamorado, romántico y estúpido que había sido, lo que jamás podría negarles era el placer que su cuerpo podía otorgarles, así que si placer querían él era precisamente el más indicado para ello, pero si buscaban sentimientos, compromisos, matrimonio, una casa, un marido e hijos pues, les señalaba la puerta y les deseaba buena suerte. Él, Tyler Donovan, no estaba dispuesto a ofrecer nada más allá del placer sexual.
Las estúpidas revistas de corazón, la prensa y el mundo mediático le conocía como " EL SEÑOR FUEGO" no solo por arrasar en los negocio, sacar el mayor provecho e incrementar su fortuna, sino porque solía salir con muchas mujeres diferentes, nunca salía más allá de cuantas semanas con la misma mujer, unos lo admiraban por ser tan sexy y seductor además de por pasearse con las mujeres más hermosas; empresarias, modelos, glamurosas herederas, no tenía gustos definidos; morenas, rubias, pelirrojas, pero así como muchos le admiraban otros le odiaban y le tildaban de "rompecorazones" cuando muchas de aquellas mujeres otorgaban entrevistas a programas o revistas del corazón y terminaban llorando frente a la pantalla, allí le odiaban y lo trataban de despiadado, pero la verdad es que poco le importaba.
Tyler, se encontraba sentado en su escritorio, pensando en su amante de turno cuando su móvil comenzó a timbrar, sin siquiera prestar atención a la pantalla atendió la llamada.
-Tyler Donovan.
-Hola guapo, he intentado comunicarme contigo- él miró la pantalla y suspiró fastidiado.
-¿Celene?
-La misma, cariño, me preguntaba si estarías disponible ésta noche.
-No, no lo estoy- respondió cortante.
-Vamos guapo, sabes que podemos pasarla muy bien.
-Lo sé, pero esta noche tengo planes.
-¿Con una mujer?- preguntó con tono tenso.
-Con una mujer- confirmó él.
-¡No lo puedo creer Tyler Donovan!
-Celene. . .
-No entiendo por qué buscas a otras cuando me tienes para ti con exclusividad, no busco a nadie más- casi gimió.
-Nunca te pedi exclusividad, nuestras salidas han acabado.
-¿Salidas?. . . Nunca fuimos unas salidas, al menos no para mí.
-Celene. . . - advirtió por segunda vez.
-Te he dado todo de mi Tyler, ¡todo!. . . no te he negado nada. . . soy tuya.
-No estoy de humor, Celene.
-Pensé que lograría hacerte cambiar de opinión, pensé que podrías. . . ser mío- terminó con voz entrecortada.
-¡Yo no soy de nadie!, ¡no pertenezco a nadie!
-Tyler. . . - gimió ella.
-No estoy de humor he dicho Celene, ya basta, se acabó, entiéndelo.
-No, no puedo entenderlo Tyler, te amo.
-¿Sabes qué Celene?, me aburre ésta platica así que por el bien de todos dejémosla hasta allí, sabes que odio los dramas- y sin más colgó la comunicación.
Celene, era una hermosa modelo francesa, sus curvas lograban excitarle siempre, y eso se estaba poniendo peligroso, en la cama era una de las mejores que había tenido, como ella misma lo dijo, nunca le había negado nada, su cuerpo se entregaba con auténtica pasión y el disfrutaba el perderse en ella, pero cuando descubrió que la pasión se estaba tildando de sentimientos supo que era hora de cortar los lazos, lo único es que Celene no lo entendía. Como a todas desde un principio dejó establecidas las reglas de aquella relación, era placer lo que buscaban, él había disfrutado a su lado, la había llenado de joyas, de vestidos, de salidas a los lugares más exóticos, de viajes, pero todo eso había culminado cuando ella le confesó que lo amaba, y realmente lamentaba haber tenido que alejarse de ella, porque en cuanto a placer, Celene sabía perfectamente como dejarlo satisfecho.
Alejó sus pensamientos, y pensó en el festín de aquella noche; Elena Smith, tenerla bajo sus sábanas, ese sí sería un placer increíble, nada más de pensarlo podía sentir como su cuerpo respondía a aquel estímulo. Elena Smith, era una reconocida empresaria, muy dura en los negocios, así como en la cama, desinhibida, ardiente y terriblemente sensual, le encantaban sus grandes ojos oscuros, le encantaban sus gemidos cuando la tomaba, o como alzaba sus caderas hacia él en busca de más, le gustaba la forma en que ella vibraba al poseerla.
¡Estaba ansioso por aquella noche!
Sentía que Elena despertaba muchas cosas en él y aquello le asustaba, pues no quería ser precisamente él quien rompiera las reglas, es por ello que aquella noche se saciaría de ella y luego se despedirían. No pudo contener las ganas de hablarle, así que tomó su celular y le marcó, luego de tres repiques, ella contestó.
-¿El señor fuego, llamando?
-Para recordarte que nos veremos ésta noche- dijo él después de reír.
-No lo he olvidado, estoy ansiosa de que le prendas llamas a mis sábanas- le respondió con un tono ronco que solo logró excitarlo más.
-¿No has escuchado aquel dicho popular, de que él que juega con fuego. . .
-A mí me encantan las quemaduras, Señor Donovan. Espero que esta noche me haga arder- ronroneó.
-Te convertirás en una antorcha.
-Ya ardo de expectación, sin embargo debo dejarte, tengo mucho trabajo.
-De acuerdo. . . a las siete.
-A las siete - respondió ella con una sonrisa antes de cortar la llamada.
Tyler duró todo el día pensando en Elena, y aquello lo enfurecía, ninguna mujer lograría atraparlo, y menos con sexo, por muy bueno que fuera. Esa era su especialidad y él no se permitiría perder en su propia área. Pasó por ella a las siete como habían quedado, ella lo recibió con un ardiente beso.
-Calmemos los ánimos Elena, se supone que tenemos reservación para cenar- dijo sonriendo- si me sigues besando así. . .
-Hoy tengo otros apetitos que saciar, Señor Donovan - le besó el cuello y le escuchó gemir.
-Elena. . .
-No. . . quiero saltarme la cena, por favor.
-Pero. . .
-Me muero de ganas porque me hagas gritar tu nombre, y no creo ser capaz de esperar a la cena- le susurró al oído.
-Al diablo la cena- dijo él entrando al apartamento y cerrando la puerta y tomándola de la cintura y elevándola, gimió al sentir como sus largas piernas se enrollaban en sus caderas- Elena, mujer. . . - caminó hasta la habitación y al entrar la arrojó sobre la cama, ella rió divertida cuando cayó sobre el suave colchón, mientras que con los pies se sacaba los tacones. Tyler comenzó a desnudarse y ella lo contempló excitada, intentando que la ropa no fuese un estorbo se desnudó ella también. Se sintió feliz cuando él se subió a la cama y de un rápido movimiento estuvo sobre ella. Comenzó besando sus labios, y fue en descenso besó su cuello, sus pechos, dedicándoles atenciones a sus ya sensibles pezones, gimió al sentir como uno de ellos era succionado con fuerza, luego sintió que sus labios seguían descendiendo, él se detuvo un momento en su obligo, Elena se estremeció cuando la lengua entró en aquel pequeño orificio y casi de manera inconsciente abrió las piernas para él, Tyler sonrió, la tenía a su merced, y él no desaprovechaba una invitación como aquella. Elena se retorció de placer al sentir el contacto húmedo de aquella lengua con sus partes más íntimas, arqueó su cuerpo buscando más cercanía, él la tomó con fuerza de ambas piernas para que se mantuviese en el mismo sitio. Su lengua la probaba, la saboreaba, la degustaba como si de un helado se tratase y Elena no podía más que gemir, jadear descontroladamente mientras sus manos se aferraban con fuerza a las sábanas, sintió como el placer absoluto comenzaba a formarse en el centro de su ser, y cuando sintió que explotaría dentro de ella, él sencillamente se detuvo.
-Tyler. . . - gimió con frustración y lo escuchó reír, pronto salió de entre sus piernas y la observó con sus hermosos ojos llameando de deseo.
-No tenemos prisa, querida.
-Habla por ti, acabas de negarme la satisfacción - volvió a gemir.
-¿Cómo podríamos remediarlo?
-Ah no Señor fuego, esta vez es mi turno- lo obligó a acostarse y se sentó sobre él, Tyler la miró con una media sonrisa en los labios. Elena descendió y lo besó con pasión, besó su cuello, y al igual que él, ella descendió hasta enredar su lengua en aquellos masculino pezones, los succionó con fuerza y luego lo rozó con los dientes para sentirlo estremecerse, luego se levantó y lo miró a los ojos, se elevó un poco y cuando descendió pudo sentir como él la llenaba por completo, se ajustaba tan perfectamente a ella, dejó caer su cabeza atrás con el abundante cabello rozando la espalda. Tyler, la vio cerrar los ojos por unos instantes y supo que saboreaba del momento de la unión, luego de eso lo miró a los ojos e inició una serie de suaves movimientos, era imposible controlar los gemidos que resbalaban de su boca. Elena se movía tan bien. . . Lo cabalgaba con tanta pasión que pronto lo tuvo al borde del climax, cuando sintió que se derramaría dentro de ella, Elena se detuvo, Tyler abrió los ojos y la miró ceñudo mientras jadeaba.-No eres al único que le gusta jugar.
-Ohhh vamos, Elena- la tomó de las caderas y la instó a moverse, pero ella se negó.
-Me impediste alcanzar la cima, ¿por qué debería dejar que tengas placer?- pero a pesar de sus palabras comenzó a moverse con mucha suavidad, él suspiró y cuando Elena le escuchó, se detuvo nuevamente.
-¡Maldición Elena!- ella rió feliz de tener el control.
-¿Qué?- ahora sus movimientos se aceleraron, pero un par de minutos después se detuvieron nuevamente.
-Te lo haré pagar- gruñó él elevándola y saliendo de ella. La recostó sobre la cama y entró en ella de una fuerte embestida, sonrió satisfecho al escucharla gemir con una mezcla de placer y dolor -Eso te enseñará a no jugar conmigo, Elena- sus palabras fueron acompañadas de fuertes embestida que en pocos minutos los dejó jadeando de satisfacción. Tyler descansaba acostado junto a Elena, cuando ella se giró hacia él.
-Hoy estás pensativo. . . ¿te ha adormecido la satisfacción?.
-Estoy lejos de estar satisfecho- la miró sonriendo, y ella correspondió el gesto.
-Una situación que sin duda debemos solucionar - besó su pecho.
-Elena, estás maravillosamente traviesa.
-Me encanta portarme mal contigo- sonrió.
-Ésta será una larga noche- dijo sonriendo mientras sentía la humedad de aquella hábil lengua.
A la mañana siguiente se levantó muy temprano, se duchó y se vistió, debía pasar por su casa antes de ir a la oficina, cuando estuvo listo salió del cuarto de baño y la vio desperezarse en la cama.
-¿A dónde vas tan temprano, grandulón?-Debo ir a mi casa y luego a la oficina.
-Pensé que te quedarías un poco más- dijo sonriendo mientras se sentaba en la cama y se cubría los pechos.
-No. hablando de eso Elena- no quería hacerlo, pero era lo que debía- estoy intentando un nuevo negocio en el exterior y pronto me iré de viaje.
-¿Deseas que te acompañe?- preguntó ella sonriendo mientras sus ojos brillaban.
-No. En realidad lo que intento decirte es que no podremos seguir viéndonos- ella lo miró en silencio por unos minutos y luego irguió su cabeza.
-¿Eso quiere decir que ésta ha sido nuestra despedida?
-Me temo que sí.
-Ya me lo esperaba - dijo con voz tensa- me gustaría seguir viéndonos.
-No puede ser Elena, sabes perfectamente que esto no dudaría.
-Pero tenía las esperanzas de que no me tratarás como a una de ellas.
-Elena. . . - la miró frunciendo el ceño.
-Ni te molestes, cariño - dijo saliendo de la cama sin importarle su desnudez- no te rogaré, estás muy equivocado si lo piensas, no soy una de tus conquistas que va por allí arrastrándose para que le des un poco de atención, yo soy más que eso. Te confieso que te extrañaré, eres genial en la cama, pero ya conseguiré remplazo, de eso que no te quede duda- pasó a su lado en dirección al cuarto de baño y aunque aparentaba ser fría supo que le había roto el corazón porque sus ojos brillaban intentando contener la humedad en ellos- que tengas buen día, cariño, cierra la puerta al salir- y entró al cuarto de baño.
¡Diablos!
Elena había sido una de sus mejores amantes.
Llegó a la oficina de muy mal humor, no se sentía nada contento y debería estarlo después de aquella noche.
-Señor- le dijo su secretaria mientras se ruborizaba como colegiala.
-Dígame- casi gruñó.
-Llamaron de TRASNACIONALES WAY, dicen que están interesados en escuchar su propuesta y en reunirse con usted.
-¡Perfecto!
-La dueña dice que. . .
-¿Dueña?
-Sí señor. . .
-Pensé que era un hombre- y no lo decía por machismo, solo por sorpresa.
-No, es una mujer, llamada. . . - consultó sus anotaciones- Vivian Way, dice que le espera a usted y a su comité, les dio cita para dentro de tres días.
-Muy bien, devuelva la llamada y confirme nuestra aceptación, convoque una reunión en la sala de junta dentro de media hora.
-Si señor- luego de aquello tomó asiento y suspiro. Una mujer. . . Vivian Way. . .¿Sería hermosa?. . . aquel negocio sería interesante.
Andrew, llegó a su casa sintiéndose en extremo agotado del día tan abrumador que tuvo, al día siguiente sería la reunión con aquel empresario tan importante. Según había dicho su secretaria tenía grandes propuestas para TRASNACIONALES WAY, y aunque se alegraba de que Vivian consiguiera nuevos clientes, aquello no hacía más que darle trabajo extra y por si ya fuese poco, tener tantos pendientes solo lograba ponerla de mal humor, y quien pagaba las consecuencias era siempre él.
Hoy se había negado a cualquier tipo de acercamiento, no hubo momentos de pasión, ni siquiera lo había mirado directamente, estaba completamente enfocada en preparar todo para la llegada de aquel nuevo cliente. Vivian. . .su fría Vivian. . . Aunque él intentara negarse siempre, que albergaba sentimientos hacia ella, lo cierto es que era imposible no amarla. Pocos entenderían su frialdad, y aunque él no conocía su historia, supo por su amiga Johanna, que había amado profundamente a un hombre, un hombre del cual se había separado, un hombre que había sido su primer y gran amor, pero que por desconocidas razones, habían finalizado separados. Vivian era la mujer más fría que había conocido, su helada mirada dejaba de una pieza a cualquiera, sus dominantes gestos y su indomable carácter te impedían acercarte a ella, a menos que contaras con su consentimiento. Tristemente él se había convertido en un amante del frío, un amante del hielo, pues sentía que no podría vivir sin ella, y aunque tenían poco tiempo durmiendo juntos. . . ¿durmiendo juntos?, pensó con ironía. Ellos no dormían juntos, ni siquiera hacían el amor, pues ella siempre le recalcaba que solo tenían sexo. Un espléndido sexo, vale acotar.
Lo cierto es que ellos nunca dormían junto, después de que Vivian obtenía el placer en sus brazos, sencillamente se marchaba a su casa. Una casa enorme, hermosa, y tan fría como ella. Una casa que solo compartía con las personas del servicio. En ocasiones se preguntaba si ella era realmente feliz con la vida, tan solitaria que llevaba. Ningún hombre tenía acceso a su corazón, y a su cuerpo lo tenía solo quien ella lo decidía.
Era codiciada por muchos, su indiferencia les atraía descontroladamente, pero ella se satisfacía de poder rechazarlos. Era envidiada por muchas mujeres, porque aunque no se le conocía muchos amantes, si debía reconocer que los que había tenido eran los más exitosos y atractivos de su entorno. Lo curioso es que hubiese querido tenerlo precisamente a él en su cama. Un empleado más. Si bien era cierto desde que llegara a trabajar en aquella empresa había fantaseado con ella, con su dura expresión, con sus fríos ojos, no es menos cierto que ella le había mantenido a distancia siempre, no le permitía ningún tipo de cercanía más allá de lo laboral. Todo eso había cambiado hacia unas tres semanas cuando lo había citado en su oficina y sin previo aviso le había besado apasionadamente, él muy gustoso la había estrechado contra su cuerpo y había respondido a su beso. Después de que ella lo culminara se acercó nuevamente a su escritorio y le tendió un papel con la dirección de un reconocido y lujoso hotel.
-Me interesa tu compañía Andrew, sería divertido poder mostrarte todo lo que puedo darte- aquello había sonado a promesa, pero el pronto descubrió que solo le ofrecía placer. . . placer y nada más. Habían quedado en verse en ese hotel y así lo hicieron, Andrew se sintió abrumado con la pasión de ella, pero respondió con la misma intensidad, lo que había traído como consecuencia el mejor encuentro sexual del que hubiese disfrutado en toda su vida. Luego de haber alcanzado el placer máximo, ella se había dirigido a la ducha y después de un baño se vistió.
-Podríamos quedarnos aquí, toda la noche- le había pedido entusiasmado, pero aquellos ojos que habían brillado de placer, volvían a ser fríos.-
Podríamos Andrew, pero no es mi estilo- y fue en ese momento cuando se dedicó a leerle la cartilla, por así decirlo. Le había dicho que había disfrutado mucho del encuentro, pero que si deseaba que siguiese repitiera, debía seguir sus reglas. ¡Esas malditas reglas las llevaba presente en cada instante de su vida desde ese momento!, Y aunque en ocasiones él quisiera saltárselas, ella sencillamente se las recordaba. Unas reglas que a su parecer eran absurdas, pero estaba dispuesto a seguirlas con tal de seguir disfrutando de su compañía.
Ella nunca dormía en una cama que no fuese la suya. . .Ella nunca metía a un hombre en su propia cama. . .Los encuentros serían en un hotel o en la casa de él, si así él lo quería. . .Ningún hombre dormía sobre sus sàbanas. . .Nunca se quedaba a dormir con nadie, ella amaba su soledad. . .En la oficina nada cambiaría, ella era la jefa y debía dirigirse a ella como señorita Way. . .No habrían besos, a menos que ella así lo quisiera. . .¡Era absurdo!,¡Todo era absurdo!, Pero era aceptarlo o alejarse de ella, y la respuesta era obvia. No estaba dispuesto a privarse del placer de su compañía, y conservaba la esperanza de que las cosas mejoraran entre ellos. ¡Tres semanas habían pasado y nada mejoraba!, ¡Comenzaba a sospechar que nunca lo harían!, ¡Ella siempre sería la señorita hielo, como solían llamarle los empleados a sus espaldas!
En ocasiones envidiaba a aquel hombre. . . aquel que había sido su primer amor. Según palabras de Johanna, él había disfrutado de una Vivian cariñosa, dulce, atenta, cargada de sueños y rebosante de risas. . . ¿dónde había quedado esa mujer?, Andrew daría la mitad de su vida por conocerla.
Su Vivian no era cariñosa, siempre era mordaz.
Nunca era dulce, por el contrario siempre era sarcástica.
Jamás era atenta, más bien era mandona y exigente.
No mostraba signos de conservar ningún sueño, ni siquiera estaba seguro de que los tuviera.
Y no era para nada rebosante de una hermosa risa; su risa siempre era burlona, y sus sonrisas eran cínicas e insolentes.
Nunca había conocido a esa dulce jovencita, pero a la que si conocía era a la mujer de hielo en la que se había convertido. Dura, fría, distante, calculadora, nada emocional, directa y práctica. Sin duda aquel hombre había conocido y se había llevado lo mejor de ella.