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INFIELES

INFIELES

Autor: : Exaly
Género: Romance
Durante mucho tiempo creí que mi vida sería un jardín de rosas. Imaginaba días soleados, perfumados con el dulce aroma de la felicidad, y noches adornadas con estrellas que iluminarían mi camino. Sin embargo, la realidad me presentó algo muy diferente. En lugar de pétalos suaves, encontré espinas que se clavaban en mi piel, hiriéndome no solo por fuera, sino desgarrándome el alma con cada paso que daba. Mis ilusiones se desmoronaron una a una, dejándome sola en la oscuridad que nunca busqué ni deseé. Esperaba que mi existencia estuviera decorada con luces de alegría, pero, en cambio, me encontré atrapada en un pozo profundo de dolor y decepción. Vivía como una prisionera en mi propio infierno personal, donde cada decisión que tomaba parecía pertenecer a alguien más. Era como si todo lo que hacía estuviera diseñado para complacer a otros, para cumplir con expectativas que jamás me dieron la oportunidad de ser yo misma. Me sentía como un títere, forzada a mostrar sonrisas vacías, mientras por dentro mi alma se ahogaba en lágrimas que nadie veía. Cada sonrisa que esbozaba era una máscara, una fachada para ocultar el sufrimiento que me consumía poco a poco. Pero, con el paso de los años, algo cambió. En medio de esa oscuridad constante, una pequeña luz comenzó a brillar. Fue sutil al principio, casi imperceptible, pero poco a poco fue creciendo. Lo vi de nuevo, y fue como si el tiempo se desvaneciera y regresara a ese primer encuentro, cuando mis sueños aún estaban intactos. Su presencia me devolvió algo que creía perdido para siempre, la esperanza. Fue como si, en medio de mi desolado jardín de espinas, empezaran a brotar pequeñas flores, tímidas pero llenas de color. Mi corazón, herido y cansado, comenzó a creer que quizás, después de todo, las sonrisas que tanto había fingido un día podrían ser genuinas. A pesar de este destello de esperanza, no puedo engañarme a mí misma. La luz que vi en él, la paz momentánea que sentí en su compañía, puede no ser más que un sueño efímero, un espejismo en el desierto de mi realidad. Porque, desafortunadamente, mi vida sigue siendo lo que siempre ha sido, una lucha constante entre lo que deseo y lo que me ha tocado vivir.

Capítulo 1 Consegui trabajo.

Melanie.

El tiempo se me hacía interminable, el tictac del reloj me taladraba la cabeza, como si quisiera recordarme cada segundo de este infierno que vivo. Duncan salió de la habitación, como siempre, con ese humor de perro rabioso que lo transforma en un monstruo. Hace cinco años que soporté el momento en que sacó sus garras, mostrando quién era realmente. No entiendo por qué sigo aquí.

-Sirve el desayuno, ya me estoy atrasando. No soy un inútil como tú, que te pasas en la casa sin hacer nada. Encima eres una lenta, ¡me tienes harto! -Su voz me perforaba, pero sus palabras ya eran una rutina que había aprendido a memorizar.

-¿Por qué siempre eres así? -me atreví a preguntarle, más por inercia que por esperar una respuesta decente.

-Encima me respondes. -Se levantó de la silla con esa furia que conocía tan bien. Intenté dar un paso atrás, pero fue inútil; su puño impactó contra mi rostro antes de que pudiera reaccionar.

-Eres una estúpida. Me hiciste perder el apetito. Anda a buscar un trabajo, porque dudo que alguien te contrate siendo tan inútil, hasta en la cama lo eres. -Con esas palabras, salió de casa, cerrando la puerta con un portazo.

Me quedé de pie, sintiendo el calor de las lágrimas que resbalaban por mis mejillas, limpiándome el golpe. No sé cuánto tiempo pasó hasta que el sonido del celular me sacó del trance. Era Martha.

-¿Cómo estás, amiga? -La voz de Martha siempre traía consigo un consuelo que ni siquiera sabía que necesitaba. Pero esta vez, los sollozos escaparon de mi boca antes de que pudiera responder.

-Maldita sea, no me digas que ese bastardo te volvió a lastimar -replico Martha con ese tono protector que siempre usaba cuando hablaba de Duncan.

-No, no es eso... Solo creo que necesito salir un rato, despejar la mente... o tal vez viajar a ver a mi madre -mentí a medias, como siempre lo hacía cuando hablaba de Duncan.

-Melanie, siempre encubriéndolo -suspiró al otro lado de la línea-. Bueno, sería buena idea que te alejaras un tiempo, pero no creo que puedas viajar ahora.

-¿Por qué no? -le pregunté, confundida.

-Amiga, ¡ya estás lista! Te han llamado para trabajar en una de las tiendas de Multicentro Las Américas.

Mi mente se detuvo por un momento, procesando lo que acababa de escuchar.

-¿Es una broma, Martha? No me tomes el pelo como las otras veces.

-¡No bromearía con algo así! -rió, aunque seguía sonando eufórica-. Mi jefe me dijo que te buscara. Tienes que venir ahora mismo para la entrevista.

La noticia me cayó como un balde de agua fresca. Era justo lo que necesitaba, una oportunidad para escapar, para tener algo propio. Sin pensarlo dos veces, me preparé y salí de casa, dejando el desayuno a medio hacer. Este día sería diferente, lo sentía.

Al llegar al Multicentro después de una hora, el lugar estaba abarrotado. Subí apresurada por las escaleras eléctricas y vi a Martha esperándome, nerviosa, como si el futuro de ambas dependiera de esa entrevista.

-¡Apresúrate! Mi jefe ya está llamando a las pasantes -me dijo, prácticamente empujándome hacia la oficina.

Cuando escuché mi nombre, respiré hondo y entré. Me recibió el señor Hamilton, un hombre que proyectaba autoridad.

-Melanie Spears, mucho gusto. Tome asiento -dijo señalando la silla frente a él. Me explicó que sería pasante por un tiempo, pero no me importaba. Acepté el trabajo con una sonrisa, sabiendo que este era el comienzo de algo nuevo. Generaría mi propio dinero, lejos de la sombra de Duncan.

Al salir de la oficina, me sentí ligera por primera vez en mucho tiempo. Abracé a Martha con fuerza, sintiendo una gratitud inmensa.

-Gracias, amiga -le dije, sonriendo-. Ya verás, este es solo el comienzo.

-Por otro lado. Deberías dejar a ese mal hombre - replico mi amiga algo molesta.

-Martha no hables de eso. -ella negó irritada.

Ojalá pudiera hacerlo sin embargo no puedo, lo quiero mucho o quizás sea costumbre, creo que soy masoquista, en fin, yo me entiendo sola.

-Bien, deberías irte a casa, relájate y descansa ya que el día de mañana te tocara largo y agitado.

-Esta bien amiga, me voy, te quiero mucho.

-Sí, sí, yo también Mel.

Al salir de multicentro subo a la Ruta 114 que me lleva en mi dirección, marco el número de mi madre, a los dos pitidos ella responde.

-¿Como has estado madre bella?

-Bien hija y tú, te has perdido, cuando piensas venir a ver a esta vieja -mi madre siempre regañona, ahora será más difícil viajar ya que trabajare.

-Bueno ma, por ahora estará difícil, ya he conseguido trabajo.

Mi mama grita y luego me felicita. Hable con ella la hora que llevaba en la ruta, hasta las nalgas se me han entumecido por estar sentada. Antes de llegar a mi destino colgué la llamada y guardé mi celular. Mama me dijo que la llamara todos los días, es que últimamente le presto más atención a los que haceres de la casa y a mis pleitos con Duncan. Dejo de pensar al llegar a mi casa, al entrar cierro la puerta con el seguro y me tiro en el sofá sin darme cuenta quedo dormida, no sé por cuanto tiempo, hasta que escucho como tocan la puerta de una manera que pienso que lo desean romper, luego recuerdo que debe ser Duncan.

- ¡Melanie porque vergas no abres la maldita puerta! -asustada empiezo a jalarme el cabello.

-Ya voy Duncan, estaba haciendo un trabajo - mentí por miedo de que me lastime, abro la puerta y lo veo rojo por el enojo, en sus manos trae unas bolsas, cuando entra me pide que cierre con llave, cuando cierro me alejo y salgo de la sala para entrar en la cocina el viene detrás de mí y de un rápido movimiento me golpe, quiero gritar, pero sujeta mi rostro con brusquedad.

-Crees que soy estúpido o que -niego horrorizada, mis lágrimas caen y mis pies tiemblan, sabía que esto pasaría, siempre es lo mismo.

-Lo siento, estaba acostada me dolía el cuerpo-explique con la voz entrecortada, Duncan ríe y nuevamente me golpea, tapo mi rostro para que no me desfigure, su puño impacta en mi costilla, caigo al suelo y le ruego que se calme.

-Por favor, basta ya, no me lastimes más.

-Eres una inservible de mierda, ahora mismo has la cena y esfúmate de mi cara, seguramente estabas leyendo o escribiendo puras porquerías. Es obvio que si, porque se nota que no sabes hacer nada más, me aburres.

Limpie mis lágrimas y decido en no responder a sus insultos, me levante del suelo con dificultad empecé a cocinar la cena.

Me encuentro en el cuarto de baño con la cabeza baja, lloro mientras el chorro de la regadera cae en mi cuerpo, estoy empezando a no desear más a este maldito hombre, realmente si pudiera lo dejo, pero no lo puedo hacerlo, de echo lo he intentado pero cada vez me amenaza, siempre sedo seguir con él, no amo a Duncan ese amor murió cuando provoco que perdiera a nuestro bebe, me golpeo tanto que luego me mando al hospital y les dijo a los médicos que me asaltaron, negando me levanto del suelo con las piernas temblorosas, mi cabeza duele horrores, escucho que tocan a la puerta del baño, es Duncan golpeando impaciente.

-Melanie, cuando piensas salir del baño llevas más de una hora, aligérate, te recuerdo que nunca pagas las facturas del agua -maldito idiota, siempre me dice lo mismo.

Salgo del baño con el albornoz puesto, me acerco a mi armario para vestirme, pero la mano de Duncan me detiene.

-Creo que te ves bella con toda esa marca en tu piel, así me excitas más -comenta apretando mis pechos, me alejo de él, pero me toma bruscamente del brazo y me lleva a la cama.

-Duncan no quiero, estoy adolorida y cansada, mañana empiezo a trabajar. -le rogué con miedo.

-Tú, es en serio o me estas bromeando -se burló sin dejar de tocarme - Ya era hora que trabajes, es increíble creerte ya que eres una buena para nada, pero hablemos luego de eso, por ahora necesito sexo. -negué a punto de llorar, sus palabras me lastiman y su cuerpo también. Quisiera desaparecer o si existiera una máquina del tiempo como en las novelas me hubiese gustado ir al pasado para no haber cometido el error de meterme con Duncan.

Ahora mismo quisiera regresar el tiempo, en donde mi madre me advertia que Duncan no era hombre para mi.

Capítulo 2 Como olvidar sus ojos.

El ambiente era tenso, quería salir corriendo y no estar más a su lado, sin embargo me sentía atada a estar con él, pero acaso debe permitir que me lastime las veces que desee que abuse de mi siendo su esposa. No, esto debería parar de una vez.

Mi labio aun dolía por el golpe que me dio la noche de ayer, me daba vergüenza ir de esta manera a trabajar, ya tenia el mes y hoy seria mi según pago de la quincena, estaba alegre y a la vez triste por la maldita vida que llevo.

-Deberías echarte un poco de maquijalle, estas terrible Cariño-comentó Duncan con burla. Lo mire mal por un segundo luego baje la cabeza, termine de tomar mi café y luego lave los trastos. -Me voy, y ya sabes quiero mi cena preparada cuando regrese del trabajo, odio venir a buscar que hacer- dicho eso palmea mi trasero y se va.

Cierro mis puños y trato de no llorar como una estúpida, ultimadamente tengo más ojeras, luzco demacrada, hasta parezco la llorona.

Cuando termino de limpiar la cocina entro a mi habitación y cepillo mis dientes para luego peinarme el cabello, maquillarme un poco para que no se vea el golpe. Ya lista me veo en el espejo y sonrió como si no hubiera pasado absolutamente nada.

Subo a la Ruta 117 que me lleva a la subasta luego debo subir otra ruta para llegar a multícentro, mientras tanto me coloco el audífono y escucho una música cristiana de Damaris Guerra. Al cabo de 15 minutos estoy subiendo a la otra ruta. Por suerte no esta lleno como de costumbre por lo tanto me senté y nuevamente reproduci la música para así olvidarme un poco de todo mi mal rato.

El día fue lento pero distraído, por suerte logré conseguir más de 100 clientes en todo el día, el cual será una bonificación extra, al parecer algunas clientas le han gustado mi forma de atenderlas y eso me hace sentir orgullosa ya que mi madre me ha enseñado a sonreír educadamente a pesar de los problemas. Es decir que los problemas de la casa se queda en la casa bajo llave y en el trabajo se debe ser otra persona, es como las presentadoras de la Televisión, siempre muestran su sonrisa colgate.

Terminando mi turno entro a la oficina de la contabilidad a esperar que me paguen, mientras espero veo venir a mi amiga Martha ella luce radiante como siempre, la envidio, pero una envidia del bueno.

-¿Amiga como te esta llendo?-Quiso saber estrechándome en sus brazos, realmente lo necesitaba.

-Muy bien-Mentí mordiendo mi labio inferior, Martha me observo y negó sin comentar nada, se que ella no es estúpida, sabe lo que me sucede.

-Bien, pero cuenta lograste conseguir clientes exclusivos.- Sonreí asintiendo levemente.

-Si, fue bastante, creo que este día me daré una escapada aquí mismo en el bar de abajo.

-Okey entonces solo recogeré mis cosas y te veo abajo.

-Perfecto, cuando llegue mi turno bajo y te busco-Mi amiga beso mi mejilla antes de irse sonriendo.

Cuando Martha desapareció por elevador, suspire sacando el aire que estaba estancado en mi pecho. Baje la cabeza, quise llorar pero trague todo esa desesperación y me auto recrimine, diciendo que no dejare que los malos tratos de Duncan me hagan derramar más lagrimas.

Estaba contenta porque había recibido mi segundo pago junto a mi primer anticipo por conseguir 100 clientes. Cuando firme baje a buscar a Martha al bar, pero antes me quede viendo unas bellas sandalias al estilo de mi madre, me acerco y veo el precio. Sonriendo entro y saludo a la chica que esta atendiendo y ella me sonreí.

-Hola, bienvenida.

-Gracias-agradezco y camino dentro de la tienda que todo esta en rebaja de un 50 porciento.

Compre dos vestidos para mi madre, dos pares de sandalias junto a un tenis al estilo de ella, pago mi cuenta, para luego dirigirme en busca de mi amiga.

Cuando la veo está plácidamente platicando con un chico muy guapo.

Le mando un mensaje y le digo que me iré a casa primero, no me gustaría interrumpir. Además quisiera quedarme pero ahora recuerdo que el idiota de Duncan me exigió que tuviera la cena lista. ¡Mierda!

-Amiga estas acompañada de un guapo chico, me iré y más noche te marco.

-Ni se te ocurra nena, ven que lo que quiero es deshacerme de él. -Niego rodando los ojos, pensé que estaba ligando con el tipo.

Llego hasta donde esta ella y cuando me ve, se levanta de la silla como resorte.

-Bueno Pao te dejo necesito ponerme al corriente con mi amiga-el chico quiso decir algo pero seguramente se le estanco la palabra en la boca. Rodé los ojos cuando ella le sonrió falsamente.

El rio por lo bajo y sin más que decir nos fuimos de su presencia, pensé que nos quedaríamos en el bar pero no fue así, mi amiga prefiero que nos quedáramos a tomar una bebida dulce. Seguramente quiere subirse la azúcar que se le acaba de bajar, se nota pálida.« vaya, yo y mis locuras»

-Tan guapo y tu corriéndote de él. - Comento cuando ya estamos instaladas. Martha se mordió el labio y suspirando hablo.

-Estoy con otra persona y no quiero defraudarlo.- Abrí los ojos junto a mi boca por la sorpresa.

-Estas diciendo que tienes novio -ella asintió elevando las manos como si lo que acaba de decir fuera un chiste.

-Te soy sincera por primera vez tengo a una persona con seriedad, capaz de rebasar con mi limite de integridad.

-Wau ya era hora que te domaran un poco, no lo crees.- Ella disintió horrorizada como si fuera tan mal tener un novio controlador, bueno creo que lo correcto sería no ser intimidada por tu marido o novio, se debe respetarse mutuamente sin ocupar la violencia y tener más confianza, estoy mal cuando digo controlar, Martha no debería estar como lo estoy yo.

-¡Oye! Melanie estas aquí-Vocifero Martha al ver que me perdí en mi mente.

-¿Bueno cuéntame quien es el afortunado?-quise saber curiosa, mi amiga me dijo que primero tomaríamos una malteada y unos ricos panecillos para luego contarme de quien se trata.

-Bueno Mel te cuento que ese novio es el mismísimo Gerente de la tienda Belles, él señor Hamilton.-Mis ojos se abrieron de par en par, estaba sorprendida.

Martha me narro como llegaron a ese nivel donde se enamoraron, por esa razón rechazo al otro chico, al parecer ella lucia confundida.

Era increíble que Martha empiece a ser su vida, ojalá sea seriamente con el señor porque hasta donde lo he conocido se ve muy serio y estricto, mi amiga es de aquellas que no le gusta las relaciones serias, ella me lo a dicho, quizás ya sea hora que senté cabeza.

Cuando finalizo nuestra platica, compre una michelada, luego me despido de Martha ya que ella se iria con su novio, sonriéndole me encamine al elevador coloque el número, a los 10 minutos salí afuera, camino despacio y pienso en que a esta hora el trafico esta feo, las rutas ya no hacen recorrido, pero ni modo de igual forman debo ir a casa.

Mi celular vibra indicando una llamada perdida, camino más rápido para ir a casa, pero antes marco el número de Duncan inmediatamente responde y lo primero que escucho decir es un.

-Te las veras conmigo, a esta hora no has llegado a casa, crees que eres soltera para andar en la calle seguro ya te han pagado temprano y no piensas en venir ya, mejor reza para que no te deje otro moretón.

-Ya pronto llegare, deja de amenazarme. -Solté molesta, cuelgo la llamada, me apresuró en caminar hasta la calle, observo la hora y son apenas las 8 de la noche. Sin ver lo que hay enfrente de mi, tropiezo y me detengo en seco al tropezar con una espalda ancha, asustada casi caigo cuando el desconocido me sujeta por la cintura.

Quiero tratarlo pero quedo más que sorprendida al ver de quien se trata, él me miro con sus profundos ojos grises que nunca puede olvidar.

Capítulo 3 Una dulce casualidad.

Dylan

El día fue fatídico, quería terminar de una vez con tantos compromisos, tomarme unas deliciosa vacaciones hasta Montelimar o bien ir de paseo en laguna de apoyo. Encima mi esposa estaba de fastidiosa en querer irse del país, cosa que esta difícil de hacer por el momento. Observo varios documentos del hotel y firmo los correspondientes, la puerta de mi oficina se abre con brusquedad y negando le hago señas a mi secretaria Natalia para que cierre la puerta y se retire.

-Ya ves porque estoy molesta contigo, siempre es lo mismo, anoche no llegaste a dormir a la casa, no me digas que te quedaste aquí con tu amante.- Bufando me levanto de la silla de mi escritorio, estoy apunto de gritarle sus verdades a esta mujer que escogí como esposa.

-Si estudiaste en una universidad lo mejor es que te calmes. ¿Puedes Por lo menos comportarte como un señora? Estas actuando con ignorancia Katrina.

-Ahora me estas llamando ignorante, seguramente te quedaste aquí y con esa tu secretaria, me imagino que ella es tu amante-grita cabreada. Enojado la sujeto del brazo y la saco de mi oficina, todos nos observan con vergüenza. Que pena me da la actitud de esta mujer.

-¡Estas loco, como te atreves a sacarme así de tu oficina, soy tu esposa la mitad de todo esto es mío!-Juro que estoy apunto de perder los estribos, el señor de seguridad esta aun lado viendo la escena que esta montando Katrina y no solo él, si no la mayoría de los trabajadores de esta sala.

- Don William- Vocifero molesto- Saca a esta señora de aquí pero ¡Ya!- Grito soltando mi mano del brazo de Katrina, esta sorprendida por la orden que di, y que sepa que no estoy para sus estúpidos berrinches, no le pienso aguantar ni una más.

-¡Como te atreves hacerme esto!- ahora se hace la víctima, Wau esta llorando.

-Di una Orden William.

-Si señor Castillo.

-No es necesario puedo irme por mi cuenta, querido te veo esta noche en casa.- Comenta como si lo de hace rato haya sido un show de entretenimiento.

Hastiado y ya irritado la ignoro entrando en mi oficina. Al sentarme recosté mi cabeza en el respaldar de la silla giratoria. Cierro los ojos, de repente el pasado me invade. Esa chica que conocí cuando era joven, quizás ella hubiera sido una buena esposa, comprensible, paciente y atenta. Pero Katrina fue elección de mi padre, lo nuestro fue por planes de mi padre y el de su padre, no había amor y nunca lo abra, no he podido olvidar a mi primer amor a esa chica que un tiempo la llame mi conejita, su rostro angelical aún sigue intacto en mi mente, es imposible olvidarla. Suspirando me levanto y me sirvo un vaso de coñac, revuelvo el contenido y me lo bebo, mi móvil suena con una llamada entrante, miro el nombre en la pantalla y negando contestó a Jaime.

-Hola a que se debe tu llamada.- Pregunte irritado, aunque no sería malo platicar con mi buen amigo.

-Suenas molesto- expresa con determinación.

-No te imaginas cuanto- Afirmo sirviéndome otro vaso de coñac.

- Me lo imagino, que tal si vienes a multícentro, te invitaré a cenar para que se te quite lo agrio, sabias que la comida es el mejor elemento para quitar el enojo. - Niego sonriendo. Jaime es muy bueno en hacerme reír.

-Perfecto, nos vemos en veinte minutos.

-Lo sabía amigo.

Colgué la llamada, me senté nuevamente y firme los últimos documentos antes de salir a encontrarme con mi amigo.

***

Cuando llego al multícentro aparcó mi Renault en el parking, pongo el seguro antes de bajar, le mando un texto a Jaime notificándole que ya voy llegando al restaurante chino del primer piso.

Al entrar al lugar suspiro emocionado, amo comer es una de las cosas que no dejaría jamás, no obstante siempre me ejercito, tengo mi propio gimnasio en casa.

-Hola Amigo, tanto días sin saber de ti- me levanto de la silla y saludo a Jaime con un apretón de mano.

-No seas exagerado, hace 4 días salimos a tomar, lo recuerdas. - Jaime arrugo su frente y luego asintió reconociendo que si salimos a tomar cosa que a él no le agrada tomar alcohol, es un hombre muy reservado, la mujer que se case con mi amigo será muy afortunada y esperemos que él se consiga a una buena mujer, de echó me a comentado que esta enamorado y esta intentando una relación seria, espero que sea una mujer buena no como la mujer de hace 3 años, que es mejor no tocar ese tema porque no soy de esos hombres que habla de las damas, a pesar de todo se le debe respeto a una mujer.

-¿Como van tus empresas?-Pregunta mientras mira el menú.

-Muy bien, dentro de unas semanas viajaré a Nueva York a firmar una asociación con los Bekers.

-Me alegra saber que te irá bien. ¿Que pedirás para cenar?- Pregunto sin quitar la vista del menú.

-Arroz chino, acompañado de sushi...

-Exótico- Comento y luego llamo al mesero-Tráiganos dos servicios de arroz chino acompañado de sushi.

-Perfecto, va querer algo más señor.

-Vino noruego para mi- Pedí mostrando una sonrisa.

-Bien, me traes un cóctel de frutas sin alcohol- rodé los ojos y mi amigo se encogió de hombros.

-Estaré pronto con sus pedidos- expone el mesero y se retira con su habitual sonrisa.

-Gracias- respondimos los dos al unísono.

Mientras esperamos la cena, conversamos de todo lo relacionado al negocio.

Le comenté un poco sobre el show que monto mi esposa, Jaime se burlo de mi y asegura que nunca se casaría sin amor y es una de las cosas que realmente debemos tomar en cuenta, casarse sin amar es vivir tu vida en un infierno latente.

Con mi amigo la pasamos bien cenamos la deliciosa cena, luego conversamos más de dos horas sobre cosas que esta sucediendo al rededor del mundo, implicando la salud y la vida del ser humano. Solo nos toca orar y pedirle a Dios que está pandemia termine de una vez, pero ante eso debemos de ser humilde de conocimiento.

Me despido de mi amigo, observo la hora son más de las ocho, espero no tener que lidiar con Katrina, esta vez se ha pasado del límite y creo que no estoy en la posición de seguir aguantando, lo mejor será el divorcio, desde hace más de 3 años que a ella se le está ocurriendo celarme, Katrina sabe muy bien que nuestro matrimonio fue por convivencia familiar entre nuestros padres y no había amor, tampoco lo hará.

Dejo mis pensamientos al tropezar, al girarme un delgado cuerpo está apunto de caer, en un rápido miento la sujeto de la cintura. La chica se asusta y cuando quiere decir algo queda sorprendida al igual que yo.

-Melanie- Susurre fascinado.

-¡Dylan!-Replica Melanie asombrada.

Es increíble volver a ver a mi antigua novia de muchos años, mi conejita como le solía decir, la última ves que supe de ella fue cuando me enteré que se había casado y fue una daga invisible incrustada en mi corazón.

-Tanto tiempo Dylan- Susurro apenada y sin saber porque la abrazo fuertemente, cierro los ojos y huelo su cabello. Como olvidar cada cosa de ella, lo único es que se ve más delgada y más madura.

-Melanie es un gusto volver a verte, espero que no te molestes por haberte abrazado pero fue algo inevitable, lo siento. - ella asintió nerviosa, la misma chica tímida que conocí hace 7 años atrás. Como olvidarme de ella.

-Déjame llevarte ya es muy tarde y es peligroso-Melanie sonrió y pude ver que se puso nerviosa y dudosa-No confías en mi, no te haría daño. Soy tu antiguo novio de la juventud, lo recuerdas conejita.

Melanie levanto su cabeza y me miro sonriente.

-Conejita, me gustaba cuando me llamabas de esa manera.

-Lo se y nunca me olvidaría de eso. Aceptas que este viejo conocido te lleve segura a casa. - Melanie asiente levemente.

Caminamos hasta el parking al llegar desbloqueo el seguro de mi auto y luego ayudo a Melanie a subir.

-Gracias Dylan.

-No es nada, me puedes dar tu dirección para llevarte hasta la puerta de tu casa.

-Si esta bien pero no es necesario que sea hasta la puerta de mi casa, seria suficiente en la cuadra. Quiero evitarme los problema con mi esposo.- Supuse que era eso.

-Tranquila eso no sucederá. -le digo seguro. Ella sonrió nerviosa. Luego me dio su dirección y sin ninguno decir nada manejé hasta la carretera norte.

Esto fue una dulce y amarga casualidad. Volver a ver a mi primer amor fue algo que no me lo imagine sin embargo fue bueno verla y abrazarla, quizás ella se casó enamorada y esta feliz, me alegro por ella, espero que no este viviendo el infierno que yo vivo junto a mi esposa.

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