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Idols

Idols

Autor: : Carola Lara
Género: Romance
Laura nunca imaginó que ir a Corea por trabajo, le cambiaría la vida; todo gracias a k-pop Idols. Romance y pasión, una historia sin igual, que te enamorará.

Capítulo 1 Idol

Todo comenzó cuando por trabajo tuve que empezar a viajar mucho a Asia para abrir nuevas oficinas en ese continente. Visitamos Singapur, Hong Kong, Corea y otros países, pero como nuestra empresa madre ya tenía oficinas de representación en Hong Kong y Singapur, entonces Corea fue la elegida.

Varios de nosotros estuvimos viajando bien seguido a Seúl, para poder instalarnos. Comenzamos contratando coreanos pues necesitábamos talento local y alguno que otro extranjero necesario.

Debo decir que Seúl y Corea me encantaron, un país maravilloso, lindo, ordenado, aunque muy tradicionalistas y elitistas para mi gusto.

Con mis compañeros íbamos a fiestas latinas que hacen allá, a karaokes, restaurantes. Fuimos muchas veces a Itaewon que es un barrio donde hay muchos restaurantes y tiene un ambiente más internacional y lo pasábamos muy bien.

En el trabajo todo iba bien, pero el viajar tan seguido resultaba muy agotador, no hay vuelos directos desde Chile, por lo que hay que tomar dos o tres vuelos y eso toma muchas horas. Así que decidí quedarme seis meses allá y un mes en mi país y eso por alrededor de dos años que duraba la puesta en marcha de la oficina. Con mi novio nos veíamos cuando yo viajaba a Chile.

Supe que Bruno Mars había decidido visitar Corea y hacer un concierto allá. Como yo estaría en Seúl para la fecha, entonces con unas compañeras de trabajo, compramos entradas para su concierto.

El día del concierto hacía mucho calor, a pesar de que recién comenzaba la primavera y había mucha gente en el estadio.

El concierto fue una locura, bailamos, cantamos, gritamos, y estábamos con la adrenalina a tope, hasta me dieron vuelta una bebida encima, todo eso por supuesto, mi grupo de amigas y compañeras, pues los coreanos no son tan efusivos y son bastante ordenados.

Al término del concierto y durante la salida había tanta gente que me separé de mis compañeras, pero habíamos quedado en ir a un bar después y si por algún motivo nos separábamos, nos juntaríamos allá.

Decidí ir al baño a refrescarme un poco y quitar la mancha de mi polera, era un baño individual así que me saqué la polera y quedé solo en sujetador. Comencé a lavar mi polera y tratar de quitarle la mancha cuando de repente sentí gritos y quise asomarme a mirar, pero justo cuando abrí la puerta para ver qué pasaba, alguien me empujó y me metió al baño nuevamente y cerró con llave por dentro y apagó la luz.

Estábamos los dos respirando con dificultad, yo por el miedo y él probablemente cansado o asustado no lo sé, y comenzó a hablar en coreano. Yo no entendía nada pues hablaba muy rápido y aunque estaba estudiando coreano, mi nivel aún era muy básico. Le dije en inglés que no hablaba coreano para ver si algo me entendía, para suerte mía, él también hablaba inglés y me dijo como pudo que se estaba escondiendo de fans que lo estaban acosando y tuvo que arrancarse, pues su guardaespaldas había quedado atrás en la multitud.

Le dije que no se preocupara, que conmigo estaba a salvo que no era su fan y que no lo acosaría, se río, nos reímos. En ese instante sonó su teléfono y comenzó a hablar muy bajito casi susurrando, supongo que era su guardaespaldas y cortó. Prendió la linterna del celular y me miró..., era miembro de una de las bandas de K-pop más famosas de Corea, lo reconocí inmediatamente.

Yo no era muy fanática del K-pop en ese momento, aunque sabía muchas de sus canciones y me gustaban.

Él era muy guapo. Tenía un aire de niño y hombre a la vez, de inocente y chico malo. Olía exquisito, su perfume era embriagador y su mirada me cautivó. Vestía jeans gastados, una polera blanca y chaqueta de cuero.

Me preguntó si no me importaba quedarme ahí un rato con él encerrada. Mis piernas tiritaban y mi mente estaba en otro mundo, no lo podía creer. Mientras él algo hablaba, yo solo pensaba que mi suerte era inmensa de estar ahí con alguno de ellos. Le iba a contar a mis amigas con quien había estado, pero obviamente no me creerían. De todas maneras, no podía portarme como una fanática más, así que decidí hacerle ver que no lo conocía, aunque en realidad no era admiradora de él, pero si sabía perfectamente quien era.

Comenzamos a conversar, me preguntó que hacía en Corea y comenzamos a hablar de mí y mientras yo hablaba, él me alumbraba con la linterna para verme la cara, de repente me di cuenta de que no me miraba la cara y sí estaba mirando mis senos y me acordé de que estaba solo en sujetador. Sentí un calor inmenso y tensión sexual. Me quedé paralizada y no fui capaz de ponerme la polera y le dije que era su turno de hablarme de él, para pensar en otra cosa. Comenzó a hablar de él, de su vida, de su grupo musical y yo haciendo como que no lo conocía bien, aunque le dije que conocía el grupo y me gustaban sus canciones, pero que no era capaz de reconocerlo. Mientras hablaba se alumbraba la cara y podía verle todas sus facciones, era guapo, varonil, tenía un piercing en el labio inferior que no sé por qué, pero me calentaba demasiado. Nunca he sido de piercings ni esas cosas, pero estaba como hipnotizada y no podía dejar de mirarle la boca.

Al parecer él se dio cuenta de cómo lo miraba y me preguntó por qué le miraba tanto la boca, preguntó si tenía alguna mancha o algo, le dije sin tapujos que su piercing me encantaba y que así se veía muy sexi y le pregunté si se lo podía tocar, creo que lo intimidé un poco, pero me dijo que sí. Le pasé mi dedo por sus labios y le toqué el piercing.

Creo que nunca había hecho algo tan provocador en mi vida, me sentí sexi y audaz al ver como él reaccionaba. Cerró los ojos y respiró profundamente. Le pregunté si le podía tocar el piercing con mis labios y me dijo que sí. No sé qué me pasó y por qué le pregunté eso, solo sé que en ese momento solo sentía y había algo que hacía que actuara sin pensar.

Avancé despacio y se lo besé suavemente, pero al momento de retirarme, mi lengua cobró vida propia y la pasé suavemente por encima del piercing. Sentí su respiración un poco agitada y me atreví a saborear más ese lado de la boca. Cuando me retiré, lo miré y vi que estaba con los ojos cerrados y respirando con dificultad. Cuando los abrió nos miramos unos segundos y me preguntó si él podía hacer lo mismo con alguna parte de mi cuerpo. Yo que estaba muy excitada, le dije que sí con la poca voz que me pudo salir. Él se acercó y pasó su pulgar por uno de mis pezones y después con el otro pulgar comenzó a tocar el otro pezón, se retiró y me preguntó si podía besarlos, yo que en ese momento estaba al borde de la locura, solo asentí. Se acercó, me sacó el sujetador y comenzó a besar uno y después el otro, mientras los besaba, me los manoseaba. Sentía su aliento caliente en mis senos y comencé a gemir muy despacio, ya que no podíamos hacer ruido. Se acercó a mí y comenzamos a besarnos, luego a frotarnos. Sentí su erección en todo mi estómago, dura como piedra, y comenzó a sonar su teléfono, lo saca, contesta y habla en coreano. Es mi mánager me dijo y debo irme ahora. Está bien, le dije y cuando estaba a punto de salir, se devuelve y me pregunta mi nombre y si me gustaría darle mi número de teléfono. Mi nombre es Laura y anotó mi número en su teléfono... se despidió y se fue.

Capítulo 2 Amigos con beneficios

No sé cómo me fui al bar donde estaban mis amigas, la cabeza me daba vueltas, me reía sola de lo audaz que había actuado y no podía creer todo lo que había sucedido.

Con mis amigas estuvimos un buen rato comiendo y bebiendo, pero no fui capaz de contarles nada. A eso de las once de la noche me fui a mi casa y a pesar de que seguía muy excitada por todo lo vivido, me dormí de inmediato ya que el alcohol había hecho lo suyo.

A eso de las cuatro de la mañana sonó mi teléfono, era un número desconocido. Era él, mi adonis. ¿Hola dice, tienes tiempo para terminar lo que dejamos inconcluso?

Yo casi me desmayo de la emoción y sorpresa, sí claro, dije como en automático y le di mi dirección.

Mientras él venía en camino, fui al baño a lavarme la cara, los dientes, y tratar de estar algo presentable. Menos mal no tuve que cambiarme el pijama, ya que siempre he acostumbrado a dormir con pijamas lindos y sexis. A los veinte minutos estaba afuera de mi edificio. Abrí la puerta de acceso y le dije cuál era mi departamento.

Cuando sentí el timbre en mi puerta, me bajó una ansiedad y nerviosismo que no podía controlar.

Abrí y él estaba apoyado en el umbral de la puerta vestido con jeans y una camisa blanca, se veía delicioso y mi temperatura subió de manera estrepitosa.

Hola dijo tímidamente, hola dije yo, no tan tímida y lo hice entrar a mi departamento.

Le pregunté por qué había venido a esa hora y no lo había hecho más temprano. Dijo que lo había pensado mucho y no se decidía, pero que su nivel de excitación era tan grande que no dejaba de pensar en lo sucedido y que no se podía sacar de la cabeza mis labios besándole el piercing. Inmediatamente mi cuerpo reaccionó, me tomé un vaso de soju para darme valor y me puse en papel de mujer fatal. Puse música en mi equipo de música y me acerqué a él lentamente. Él se sentó en el sofá y me miraba embelesado, me senté en sus piernas mirándolo y comencé a besarle el piercing, despacio, luego con mi lengua y después le comí toda la boca. Comenzamos a besarnos lentamente, pero luego de segundos, la pasión y la calentura hicieron que los besos ya no fueran sensuales, sino que muy sexuales. Mientras nos besábamos él me tocaba las nalgas con tantas ganas, me las masajeaba, metía sus manos entre medio de mis pantaletas... ¡oh dios mío! la sensación era tan rica a pesar de ser algo tan sencillo. Luego vino el turno de mis senos, se los comió como quiso, los besaba, mordía, masajeaba que casi acabo solo con eso.

Era mi turno para comérmelo entero. Le quité la polera y vi su cuerpo esculpido que hasta vergüenza del mío sentí. Tenía no un six pack, sino que un eight pack, sus pectorales, sus brazos musculosos, su vientre plano, era un big boy sin ser un fisicoculturista, la justa medida. Lo besé entero y poco a poco fui bajando. Llegué a su pantalón y lo miré, él me miraba sin pestañar, desabroché el botón y bajé el cierre lentamente, le saqué los pantalones y solo quedó en ropa interior. Cuando se lo bajé y quedó completamente desnudo con su tremenda erección yo me sorprendí, ya que mucho había escuchado que los asiáticos la tenían pequeña, pero eso no era ni pequeño ni delgado, era grande y gruesa, tal vez no inmensa, pero para mí era perfecta. Comencé a besarla y pasarle la lengua sin dejar de mirarlo a los ojos. Él estaba fuera de sí, aunque logré sentirlo un poco sorprendido. De todas maneras, se dejó llevar.

¡Te quiero dentro de mí ahora! Me subí a sus piernas y él me introdujo toda su anatomía y comencé a moverme mientras él me acariciaba los senos y me agarraba fuerte las caderas y las nalgas. No sé cuánto tiempo estuvimos así, pero llegó mi éxtasis y junto con el mío, el suyo. Ha sido uno de los mejores orgasmos que he tenido, los espasmos y jadeos eran los protagonistas en ese momento. Estaba mareada de placer y me dejé caer en su pecho. Estuvimos así un tiempo hasta que pudimos recobrar el sentido. La respiración se volvió más pausada y volvimos a ser nosotros. Nos miramos con algo de vergüenza y nos pusimos a reír. Me fui al baño a vestirme y cuando volví él estaba vestido sentado en el sofá, me miró y me dijo: ¡No hemos usado preservativo! Oh, caí en la cuenta. No me había acordado de ese gran detalle, tanta fue mi calentura que se me pasó completamente. Le dije que, si bien habíamos sido irresponsables, yo tomaba la píldora por lo que al menos por embarazo no había problema. Le dije que mientras había estado en Corea, no había tenido relaciones sexuales con nadie, pues no había conocido a nadie aún y que cuando viajaba a mi país y teníamos relaciones con mi novio, él siempre usaba preservativo. Le pregunté si él se cuidaba cuando tenía relaciones con otras personas y me dijo que me quedara tranquila, que se cuidaba mucho. No sé por qué, pero eso me molestó. No es que esperara que fuera un célibe, pero tampoco quería que fuera un mujeriego y promiscuo que se acostaba con todas o con muchas.

Me dijo que en general a pesar de ser muy asediado, no había tenido muchas mujeres en su vida, ya que su estilo de vida se interponía con alguna posible relación amorosa. Que su foco era su carrera profesional y que no le interesaba para nada formar una familia o tener novia o alguna relación. Me lo dejó clarito sin siquiera yo haber preguntado algo. Le pregunté si quería seguir teniendo sexo conmigo, ya que a mí tampoco me interesaba alguna relación y menos con alguien tan famoso.

Cuantos años tienes le pregunté, dijo treinta y uno. ¡Ah! dije yo, eres menor que yo, tengo treinta y seis. No es tanta la diferencia para sexo casual, pero sí para una relación, al menos cuando una mujer es mayor, ya que las mujeres solemos ser más maduras.

No creo que sea mi caso dijo él, ya que soy bastante maduro, salí muy joven de la casa de mis padres, para vivir solo, debido a mi carrera profesional. He pasado momentos donde al estar solo, tuve que hacer frente a muchas situaciones y eso me hizo madurar mucho. De todas maneras, no tengo intención de tener una relación amorosa por ahora. No hace mucho terminé una relación, ya que ella quería que pasara más tiempo con ella y en algún momento formalizar nuestra relación. Yo no estaba enamorado, pero sí me gustaba y pasaba buenos momentos con ella cada vez que quería.

Le dije que yo sí quería en algún momento formar una familia, pero que, por supuesto se quedara tranquilo conmigo, que él no era lo que yo esperaba y quería como esposo y padre de mis hijos. Me preguntó por qué él no encajaba en eso y le dije que, en primer lugar, era menor que yo y si bien eso no era gravitante, sí me importaba en ese momento. Además, que no tenía ningún interés, al contrario de otras mujeres en tener de novio a alguien tan famoso, no se puede vivir tranquilo ni hacer nada sin que otras personas lo sepan. Me gusta el anonimato, eso da mucha libertad, además que no me gusta que terceros se metan en la relación o incluso la manejen, ya que sabía por comentarios de otras personas, que los Idols (cantantes de K-pop) son manejados por sus agencias, en donde ellos casi no tienen ni voz ni voto.

Me dijo que eso había sido un problema al comienzo, ya que una vez cuando era mucho más joven y había tenido una novia de adolescencia, a la agencia no le gustaba su novia y los hicieron terminar, pero que al pasar los años y a la vez que ellos como grupo ganaban más popularidad, fama y dinero, fueron teniendo más libertades que muchos otros Idols.

Dijo también que ahora los miembros de su banda elegían a sus novias sin preguntar el parecer de la agencia y que la agencia no se metía en su vida privada a menos que fuera estrictamente necesario.

Decidimos seguir viéndonos de vez en cuando para tener sexo casual.

Así estuvimos como dos meses, viéndonos mucho, no de vez en cuando, siempre en mi casa, ya que él se arriesgaba mucho al llevar a alguien a la suya, pues a pesar de vivir en un condominio privado y muy custodiado, siempre había fans o paparazis al acecho intentando capturar alguna foto o primicia de él.

Había días en que pasaba muchas horas en mi casa, teníamos sexo, comíamos juntos, conversábamos mucho, veíamos series y películas, jugábamos y bailábamos. Yo le enseñaba español y él me enseñaba coreano. Él era muy entretenido, me reía mucho con sus locuras, era muy espontáneo y le encantaba hablar. Tenía carisma, por eso creo que era muy popular. Le enseñé a bailar bachata, merengue y salsa, que son los ritmos tropicales de Latinoamérica, los cuales me encanta bailar. Casi siempre nuestras clases de baile terminaban en sexo. Le conté de la salsoteca en Seúl donde iba a bailar muchas veces y se entusiasmó de ir algún día.

Capítulo 3 Celos

Un día me dijo que se iba de tour con su banda a Japón y que estaría dos semanas fuera. Le deseé todo el éxito del mundo y nos despedimos, por supuesto con sexo.

Durante esas dos semanas chateamos bastante y conversábamos por cámara en las noches donde nos desnudábamos y nos masturbábamos juntos.

Cuando terminaba mi jornada laboral me iba directo a mi casa a descansar y esperaba con ansias su llamada nocturna.

Una tarde me llamó y dijo que iba a salir a cenar con sus miembros de banda por lo que nuestra llamada nocturna se cancelaba. En realidad, yo estaba tan cansada que no le di mucha importancia, aunque debo reconocer que algo me decepcionó.

Al día siguiente en el trabajo todo el mundo hablaba de su grupo, con noticias de la banda cenando y saliendo de juerga a un club nocturno en Tokio. En realidad, no eran todos los de la banda que se fueron de juerga, pero sí estaba mi adonis con dos miembros más. La noticia hacía énfasis en él abrazado con una japonesa, bailando y gozando la noche en esa discoteca. Para ser sincera, la foto no era comprometedora ni tan íntima, pero sentí que me partía en dos.

Moría de celos, me lo imaginaba haciendo con la japonesa lo mismo que hacía conmigo y me retorcía de rabia.

Lloré acostada en mi cama, no sé por qué me dolió tanto si las cosas habían quedado super claras entre nosotros.

Al día siguiente cuando desperté, decidí que no iba a morirme ni deprimirme por él.

Le escribí por chat a un compañero de trabajo que me cortejaba hace mucho tiempo, pero yo, siempre cortésmente le decía que no.

Era un coreano de aproximadamente treinta y cinco años, bastante guapo y soltero. Él siempre me invitaba a salir y todas las veces lo rechacé argumentando que no quería problemas en el trabajo.

Tenía tanta rabia y sed de venganza, que yo misma lo invité y aunque transgredía mi regla de no salir con compañeros de trabajo, no me importó. Sentía la necesidad imperiosa de no sentirme menos que él, que yo también podía salir con otros hombres, tal como él hacía con otras mujeres. Me sentía ridícula por hacer eso, pero no lo podía evitar. Yo nunca fui de hacer ese tipo de cosas, al contrario, siempre sensata y racional, nunca me había dejado llevar por ese tipo de sentimientos o arrebatos. ¿celos? Creo que nunca los había sentido. ¿Será que era muy segura de mi misma y ahora ya no tanto?

Le pregunté a mi compañero si estaba libre esa noche y me contestó que sí. Le pregunté si quería ir conmigo a cenar y al cine a ver alguna película. Él quedó muy sorprendido, pero dijo que sí inmediatamente.

Fuimos al cine primero y luego a cenar. Debo reconocer que tomé bastante soju en la cena y sentía la necesidad de demostrarme que mi adonis no me importaba tanto y que podía divertirme con otras personas. Después de cenar lo invité a bailar a la salsoteca donde siempre iba y se entusiasmó mucho con la idea latina.

Llegamos allá y estaba lleno de gente, muchos coreanos. La música sonaba fuerte. Acto seguido nos pusimos a bailar reguetón, luego traté de enseñarle merengue, pero mi compañero no tenía tanto ritmo en la sangre como sí lo tenía mi adonis, que bailaba bien todo y que además era muy sensual para bailar. No pude evitar compararlos y recordar el sexo maravilloso que teníamos después de nuestras clases de bachata.

Me sentí estúpida por un segundo, pero no me permití esos pensamientos y después de dos vasos de soju, lo intentamos nuevamente, esta vez con una bachata y la experiencia no fue tan mala, por lo menos seguía bien los pasos.

Estábamos bailando cuando sentí que me apretaba más de la cuenta y se pegaba mucho a mí, me molestó, pero justo cuando iba a separarlo y mandarlo a su buena parte, vi a mi adonis en el vip, alguien le estaba hablando.

Estaba todo vestido de negro y llevaba un sombrero que le tapaba gran parte de la cara, pero sabía que era él, lo reconocí de inmediato.

El no vio que yo lo vi, disimulé e hice como que no lo había visto y aproveché el abrazo de mi compañero para coquetear con él y bailar muy sensualmente. Así estuvimos bailando dos canciones más, sintiendo la mirada de mi adonis que me quemaba entera.

Mi compañero me insinuó irme con él a su casa, pero le dije que no, que hasta ahí llegaba la diversión. Se ofreció a llevarme a mi casa y accedí. Cuando llegamos, se bajó del vehículo para dejarme en la entrada del edificio y trató de besarme, pero se lo impedí y le dije que no complicara las cosas. Me sentí culpable por haberlo utilizado, pero mi necesidad de venganza había sido más grande.

Mi compañero se fue y subí a mi departamento, me saqué la ropa y me puse mi bata para ir a darme un baño y luego acostarme, cuando sonó el timbre de mi departamento. Abrí la puerta y mi adonis estaba parado mirándome con cara de pocos amigos y un brillo en los ojos que no pude descifrar, era deseo, pero también había algo más.

Me sorprendí mucho al verlo.

- ¿Cuándo llegaste? Pregunté. Hoy en la mañana respondió. ¿Como estuvo el tour, el viaje? Pregunté nuevamente. - Quien es ese que te vino a dejar, que intentó besarte y se acaba de ir, gruñó.

Debo reconocer que sentí alivio y un pequeño sabor dulce de venganza.

Ah dije, un compañero de trabajo, pero sin darle mayor importancia y lo hice pasar.

El entró y estaba muy callado y caminaba de un lado al otro como león enjaulado. Estuvo así unos minutos hasta que le dije que justo antes que llegara estaba por darme un baño así que, si quería, tomara algo mientras yo me duchaba.

Entré a la ducha sintiendo un deseo enorme por él, pero por, sobre todo, una sensación de triunfo.

Estaba duchándome cuando abrió la puerta de la ducha y se metió desnudo y me miró con ojos de deseo y anhelo.

Me miró, me acarició el cabello y me besó tiernamente, luego me miró nuevamente y volvió a besarme ahora con fuerza y deseo. Tuvimos sexo desenfrenado y brutal y mientras me penetraba me mordía los labios y hablaba en coreano y luego me dijo al oído, estoy que muero de celos, pero no tengo derecho a reprocharte nada. Dio sus últimas estocadas y acabó. Yo que para ese momento estaba llegando al clímax, sus palabras fueron como miel para mis sentidos y tuve un orgasmo maravilloso, me sentía importante para él y no sé por qué, eso me importaba tanto.

Cuando estuvimos afuera del baño, le propuse que habláramos y aclaráramos la situación. Le dije que en efecto él no tenía derecho a reprocharme nada, tal como yo tampoco le podía reprochar que saliera con otras mujeres. Nuestro acuerdo había sido solo sexo y disfrute y no habíamos dejado en claro si hubiera o no exclusividad, pero como él lo había estado pasando bien en Japón con otra mujer, no veía por qué yo no podía hacer lo mismo.

Comenzó a explicarse y a decirme que solo había sido fiesta y nada más.

Por supuesto le dije que eso a mí no me constaba, que tenía treinta y seis años, no era una niña y que esa era la excusa más usada por los hombres, que no le creía, pero que me daba lo mismo, pues solo éramos amigos con derecho y ninguno podía reprocharle nada al otro.

Me dijo que, aunque tenía claro todo eso, igual sintió celos y que una sensación de posesividad se había instalado en él.

Me preguntó que había sentido yo al verlo con otra mujer. No sé si fue mi instinto de supervivencia, mi orgullo o no sé, pero le dije que, si bien me había sorprendido verlo con otra mujer, no me había molestado tanto, pues no tenía derecho a sentirme celosa o enojada con él, ya que no me había traicionado ni mentido y que las reglas estaban claras y que tanto él como yo éramos libres y sin ataduras.

Le dije de todas maneras, que, al verlo con otra mujer, me había quedado claro que no podía haber exclusividad de mi parte y no podía centrarme solo en él, si lo que yo quería era algún día formar una familia, tenía que salir con otros hombres y darme la oportunidad de conocer a otras personas, que él estaba consumiendo todas mis energías y mis días.

Me preguntó que hacíamos entonces, le dije que no sabía, ya que, si bien me encantaba, que digo, me fascinaba, no era mi tipo de hombre para formar una relación. La diferencia de edad jugaba en contra, el hecho que fuera famoso y no poder llevar una vida normal sin tener que estar escondiéndose de la gente. El que fuera guapo y muchas mujeres quisieran tenerlo para él y tener que vivir siempre con celos y desconfianza, no lo hacía mi tipo ideal. Bueno dijo él, tampoco eres el tipo de mujer para mi... eres extranjera, eres mayor que yo, eres muy liberal para los estándares de Corea, disfrutas el sexo sin tapujos, y si bien son cosas que me encantan de ti y que te hacen diferente al resto, probablemente serías cuestionada en todos mis círculos, incluso en mi familia, pero como no tengo interés en casarme y hago lo que yo quiero, eso no es un problema por ahora.

De repente se acercó a mí, me abrazó y me dijo: sigamos juntos y veamos que nos depara el destino, me gustas mucho, me encanta estar contigo, me entretengo, me divierto, me rio mucho, me excitas. Calmas mi ansiedad, me siento seguro contigo, confío en ti, pero quiero exclusividad.

Yo no pude responder nada, solo asentir, lo besé e hicimos el amor en la cama, digo hicimos el amor y no tuvimos sexo, porque esta vez, fue diferente, hubo caricias, pero con ternura, hubo mimos y pasión. Cuando estaba a punto de llegar al éxtasis me miró y me pidió que no dejara de mirarlo mientras acabábamos. Fue una experiencia sublime y en ese momento me di cuenta de que estaba enamorada de él.

Me asusté mucho y vi sufrimiento en mi futuro, pero no tenía escapatoria, ya estaba metida hasta el fondo y mis sentimientos ya eran suyos.

Ese día por primera vez dormimos juntos y fue maravilloso despertar con él.

Buen día me dijo y yo solo pude abrazarlo y besarlo y no pude emitir palabra alguna. Me preguntó si tenía hambre y nos vestimos para salir a comer. Fuimos a un restaurante que era de un amigo suyo, comimos en un privado, así que no tuvimos problemas en tener que escondernos de nadie, luego volvimos a mi casa y estuvimos todo el día en la cama, ya sea amándonos o viendo películas y durmiendo. Llegada la noche se despidió y me dijo que durante ese mes nos íbamos a ver muy poco, pues estaban preparando un concierto que darían en Seúl, pero que trataría de verme lo más que su agenda lo permitiese.

Así transcurrió ese mes, viéndonos menos de lo que yo quería, pero él se hacía el tiempo y se escapaba para juntarnos.

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