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Imperio de Venganza

Imperio de Venganza

Autor: : S. Mejia
Género: Romance
Tras años de esfuerzo, Alejandro Ferrer, un visionario empresario, construyó un imperio junto a su esposa, Isabela Montenegro. Pero su mundo se desmorona cuando ella lo traiciona y, con la ayuda de abogados sin escrúpulos, lo despoja de la mitad de su empresa y lo expulsa del consejo directivo. Humillado y arruinado, Alejandro desaparece del mundo empresarial... hasta que regresa más fuerte que nunca. Con una nueva identidad y una fortuna aún mayor, Alejandro pone en marcha su venganza definitiva: comprar la compañía que una vez fue suya y llevar a Isabela a la ruina. Pero a medida que el plan avanza, descubre que la traición de Isabela esconde secretos aún más oscuros, y que su deseo de venganza podría consumirlo por completo. Entre el poder, la ambición y la sed de justicia, Alejandro deberá decidir: ¿destruir a Isabela o descubrir la verdad detrás de su traición?

Capítulo 1 El Imperio de los Ferrer

El amanecer pintaba de dorado los rascacielos de la ciudad, reflejándose en las imponentes ventanas de Ferrer Corp, un coloso del mundo empresarial que representaba la cúspide del éxito. Desde su oficina en el último piso, Alejandro Ferrer observaba la vista con la serenidad de quien ha conquistado su destino. A sus cuarenta años, no solo era uno de los hombres más poderosos del país, sino que había construido su fortuna desde los cimientos, escalando con esfuerzo, sacrificio y visión.

A su lado, en cada decisión clave, había estado su esposa, Isabela Montenegro, una mujer brillante y calculadora, cuya inteligencia y ambición igualaban a las de Alejandro. Juntos, habían convertido a Ferrer Corp en un gigante imparable, y ahora estaban a punto de cerrar un acuerdo que consolidaría su dominio en el mercado: la fusión con Valverde Industries, un movimiento que elevaría su compañía a un nivel sin precedentes.

El sonido de tacones resonó en la oficina antes de que la puerta se abriera sin previo aviso. Isabela, como de costumbre, irrumpió con la confianza de quien sabía que pertenecía a ese lugar. Su figura impecable, su cabello oscuro recogido en un moño perfecto y su atuendo elegante eran el reflejo de su personalidad: precisión y control.

-Alejandro, la junta comienza en quince minutos -anunció con tono firme, dejando sobre el escritorio un dossier encuadernado en cuero negro.

Él sonrió, dejando su taza de café sobre la mesa de mármol.

-Siempre tan puntual. ¿Qué haría sin ti?

-No lo sé. -Isabela esbozó una media sonrisa, pero sus ojos tenían un brillo difícil de descifrar-. Afortunadamente, no tienes que averiguarlo.

Alejandro le sostuvo la mirada un instante más de lo necesario. Habían construido juntos un imperio, y su matrimonio, aunque sólido, se basaba más en estrategias y poder que en amor verdadero. Pero eso nunca había sido un problema. Eran la pareja perfecta, en apariencia inquebrantables.

-¿Todo listo para la fusión? -preguntó él, acomodándose la corbata.

-Casi. Los abogados revisaron los últimos detalles, pero todo avanza según lo planeado. Para mañana, Ferrer Corp será aún más poderosa.

-Excelente.

El tono de su esposa sonó tan seguro como siempre, pero Alejandro percibió algo distinto en su actitud. No supo si era la tensión del acuerdo o algo más profundo, pero desechó el pensamiento de inmediato. En los negocios, la intuición era clave, pero la paranoia podía ser un enemigo aún peor.

Un golpe en la puerta los interrumpió. La asistente de Alejandro apareció con discreción.

-Señor Ferrer, los accionistas lo esperan en la sala de juntas.

-Vamos -dijo él, tomando el dossier.

Isabela caminó a su lado por los pasillos de Ferrer Corp, un reflejo de poder y estatus. No había empleado en la empresa que no los admirara o, en su defecto, les temiera. Su presencia imponía respeto, y juntos formaban un frente imbatible.

Cuando entraron a la sala de juntas, las miradas de los directivos se posaron en ellos. Alejandro tomó asiento en la cabecera de la mesa, e Isabela se ubicó a su derecha. El murmullo cesó en cuanto él abrió el expediente y comenzó la reunión.

La fusión con Valverde Industries era un paso crucial, un movimiento que aumentaría exponencialmente su influencia en el sector tecnológico. Cada cifra, cada cláusula y cada riesgo estaban perfectamente calculados. Isabela había supervisado cada detalle con su característico perfeccionismo.

-Damas y caballeros -dijo Alejandro, su tono seguro y dominante-, después de meses de negociaciones, estamos listos para dar el siguiente paso en la historia de Ferrer Corp. Mañana, cuando esta fusión se concrete, estaremos ante la mayor expansión de nuestra compañía.

Los accionistas asintieron con satisfacción. Todo parecía estar en orden. Todo marchaba según lo planeado.

Pero esa misma noche, mientras Alejandro revisaba documentos en su despacho privado en casa, una inquietud comenzó a asentarse en su mente. Algo no encajaba.

La fusión con Valverde Industries era impecable en papel, pero había ciertas cláusulas que no recordaba haber autorizado. Revisó los documentos con detenimiento, frunciendo el ceño al notar algunos cambios en los términos de propiedad y control.

-¿Por qué no vi esto antes? -murmuró para sí mismo.

La sospecha se instaló en su pecho como una punzada fría. Isabela había revisado personalmente esos detalles. ¿Había algo que ella no le había dicho?

Cerró la carpeta con un movimiento brusco. Quizás estaba imaginando cosas. Quizás era solo la presión del acuerdo. Pero algo en su interior le decía que no debía ignorar aquella sensación.

Lo que Alejandro no sabía era que, mientras él dudaba frente a sus documentos, Isabela ya había comenzado a ejecutar su plan.

El reloj marcaba la medianoche cuando Alejandro cerró el expediente y se dejó caer en el sillón de su oficina privada en casa. La inquietud persistía, envenenando sus pensamientos. Nunca había dudado de Isabela. Su matrimonio y sociedad se habían construido sobre la confianza y la ambición compartida. Pero en el mundo de los negocios, cualquier distracción podía significar la caída.

Se sirvió un whisky y repasó las cláusulas de la fusión con Valverde Industries una vez más. Los términos parecían correctos, pero había modificaciones sutiles en la estructura de control. Si se aprobaban tal como estaban, Ferrer Corp cedería más poder del que Alejandro había autorizado. No era una pérdida directa, pero ponía ciertas decisiones clave en manos de otros accionistas.

-No puede ser un error -murmuró, frotándose la sien.

El nombre de Isabela figuraba en cada revisión de los contratos. Ella había estado al frente de la negociación. ¿Acaso había cambiado los términos sin consultarlo? ¿O había algo más en juego?

Tomó su teléfono y marcó su número. Isabela respondió tras el segundo tono.

-¿Sigues despierto? -preguntó con su voz tranquila, como si no hubiera nada fuera de lugar.

-Sí, necesito que hablemos. ¿Puedes bajar a mi oficina?

Hubo un breve silencio antes de que ella respondiera:

-Ahora no, Alejandro. Mañana tenemos un día importante. ¿No puedes esperar?

-Prefiero discutirlo ahora. Es sobre la fusión.

Otro silencio, esta vez más largo.

-Bien, dame cinco minutos.

Alejandro colgó y fijó la mirada en los documentos sobre su escritorio. Su instinto le decía que esta conversación cambiaría algo en su relación con Isabela. Hasta ahora, habían sido un equipo perfecto. Pero si ella había tomado decisiones a sus espaldas, todo podía resquebrajarse.

Cinco minutos después, Isabela entró en la oficina. Se veía impecable, incluso a esa hora. Su bata de seda caía con elegancia sobre su figura, y sus ojos lo estudiaron con la misma frialdad de siempre.

-¿Qué ocurre? -preguntó, cruzando los brazos.

Alejandro deslizó el documento hacia ella.

-Estos cambios en la fusión. No los aprobé.

Isabela apenas miró el papel antes de responder.

-Son ajustes estratégicos. Lo discutimos en la última reunión.

-No, no lo hicimos -replicó Alejandro, su voz firme-. ¿Por qué modificaste las cláusulas de control sin avisarme?

Isabela suspiró y se sentó frente a él.

-Porque confío en que es lo mejor para la empresa. No podemos retener tanto poder si queremos que Valverde Industries acepte el trato sin reservas.

-Eso lo decidimos juntos, Isabela. No puedes tomar decisiones unilaterales en algo tan grande.

-¿Por qué tanta desconfianza, Alejandro? -su tono era calmado, casi condescendiente-. Hemos trabajado juntos durante más de una década. ¿Acaso crees que te estoy traicionando?

Él la miró fijamente. Había algo en su expresión, en la forma en que lo retaba con la mirada, que lo hizo dudar. No era miedo. No era culpa. Era certeza.

-Solo quiero saber si hay algo que no me has dicho -respondió, midiendo sus palabras.

Isabela se inclinó hacia él, apoyando los codos en el escritorio.

-Confía en mí, Alejandro. Siempre he tomado las mejores decisiones para nosotros.

Él no respondió de inmediato. Sabía que no conseguiría más de ella esa noche. Pero la duda ya estaba sembrada.

Capítulo 2 Piezas en Movimiento

A la mañana siguiente, Alejandro llegó temprano a Ferrer Corp. No había pegado ojo en toda la noche, pero en su mundo, la fatiga no era excusa para la debilidad.

Sentado en su despacho, hizo algo que nunca había creído necesario: llamó a su abogado personal, Mariano Rivas, para pedir una revisión independiente de los términos de la fusión.

-Necesito que busques cualquier irregularidad en estos documentos -dijo Alejandro, pasándole el archivo digital-. Quiero saber exactamente cómo afectará la estructura de la empresa después del acuerdo.

Mariano frunció el ceño.

-¿No fue Isabela quien supervisó todo esto?

-Sí, pero necesito otra opinión. Solo por precaución.

El abogado no hizo más preguntas. Asintió y salió de la oficina con los documentos en mano.

Mientras tanto, Isabela estaba en otra reunión privada, pero no con él. Había ido a encontrarse con alguien más.

En una cafetería discreta del centro, se sentó frente a Rodrigo Valverde, el heredero de Valverde Industries. A diferencia de Alejandro, Rodrigo era más relajado, con una sonrisa fácil y una actitud despreocupada, pero su astucia era legendaria.

-¿Alejandro sospecha algo? -preguntó Rodrigo, bebiendo su espresso.

Isabela se acomodó en su silla.

-No del todo. Pero ya ha notado los cambios en el contrato.

-¿Crees que detendrá la fusión?

-No. Es demasiado orgulloso para admitir que su esposa le ha tomado la delantera.

Rodrigo sonrió.

-Entonces estamos más cerca de lo que pensábamos. En cuanto la fusión se firme, tendremos la ventaja. Ferrer Corp no será completamente suya... sino nuestra.

Isabela sostuvo la mirada de Rodrigo con determinación. Todo estaba saliendo según su plan.

Mientras tanto, en Ferrer Corp, Alejandro recibió un mensaje de Mariano Rivas.

"Necesitamos hablar. Hay algo en estos contratos que debes ver cuanto antes."

La sombra de la traición empezaba a revelarse.

Alejandro cerró su teléfono y sintió un escalofrío recorrer su espalda. Mariano nunca usaba ese tono en vano.

Sin perder tiempo, salió de su oficina y se dirigió al despacho de su abogado personal. A cada paso, su mente trabajaba con rapidez, intentando descifrar qué podía haber descubierto.

Mariano Rivas lo esperaba en su oficina privada con los documentos abiertos sobre su escritorio. Sus ojos reflejaban una mezcla de incomodidad y urgencia.

-Alejandro, hay algo en estos contratos que no deberíamos pasar por alto -dijo, señalando una de las páginas.

Alejandro se inclinó y leyó el párrafo resaltado. Sus pupilas se dilataron.

-¿Cómo demonios aprobaron esto? -murmuró.

El contrato especificaba que, tras la fusión, un 20% del control accionario quedaría en manos de Valverde Industries, pero lo que Alejandro no había visto antes era una cláusula que otorgaba a Rodrigo Valverde y su equipo un poder de veto sobre ciertas decisiones clave de Ferrer Corp.

-Esto les da demasiada influencia -dijo Alejandro con los dientes apretados-. No es una simple fusión, Mariano. Es un movimiento para debilitarnos.

El abogado asintió.

-El problema es que Isabela aprobó estas modificaciones. No hay rastro de objeción por parte de nuestro equipo legal.

Alejandro sintió que el aire en la oficina se volvía más pesado. Su esposa... su socia... había firmado esto sin consultarlo.

-¿Podemos detener el acuerdo?

Mariano exhaló con dificultad.

-Legalmente, sí, pero sería un desastre. Los accionistas ya están alineados con la fusión, y si intentas frenarla sin una justificación contundente, podrían acusarte de mala gestión.

Alejandro cerró los ojos un instante, procesando la situación. Esto no era un simple error. Isabela no era descuidada. Si había aceptado esos términos, significaba que había un motivo detrás.

Se enderezó y ajustó su reloj.

-Necesito hablar con ella.

La Confrontación

De regreso en Ferrer Corp, Alejandro entró en su oficina y llamó a Isabela.

-Necesitamos hablar. Ahora.

Ella llegó minutos después, impecable como siempre, con su expresión tranquila.

-¿Qué sucede?

Alejandro sostuvo los documentos entre los dedos.

-Explícame por qué firmaste esto.

Ella bajó la mirada al papel y luego volvió a mirarlo con calma.

-Es la mejor opción para la compañía.

-No lo es -su voz se endureció-. Es un movimiento que le da poder a Valverde. Un movimiento que debilita mi posición.

-Nuestra posición -lo corrigió ella, sin inmutarse-. Y sí, les da más influencia, pero a cambio obtenemos acceso a sus recursos y tecnología.

Alejandro se inclinó sobre el escritorio.

-¿Y por qué no discutimos esto antes?

Un destello cruzó los ojos de Isabela, algo entre desafío y frialdad.

-Porque sabía que lo rechazarías sin pensarlo.

-¡Por supuesto que lo rechazaría! -Alejandro golpeó el escritorio con la palma-. ¿Desde cuándo tomas decisiones sin mí, Isabela?

Ella cruzó los brazos y lo miró sin pestañear.

-Desde que entendí que Ferrer Corp no puede crecer solo con tus reglas.

Alejandro sintió una punzada en el pecho. Por primera vez en años, vio en Isabela no a su esposa ni a su socia, sino a una oponente.

-¿Qué más has negociado a mis espaldas?

Ella sonrió con ironía.

-Si no puedes confiar en mí, quizás deberíamos replantear nuestra sociedad.

Las palabras flotaron en el aire como una amenaza velada. Alejandro comprendió lo que significaban. No era solo un desacuerdo empresarial. Era una fractura en su relación.

La Sombra de la Traición

Esa noche, Alejandro revisó más a fondo los documentos de la fusión. Cada cláusula parecía parte de un plan más grande, una maniobra calculada.

Intentó recordar momentos recientes en los que Isabela había actuado diferente. Sus ausencias, las llamadas discretas, su creciente independencia en las decisiones de la empresa. Había estado preparándolo todo mientras él confiaba ciegamente en ella.

Tomó su teléfono y llamó a su investigador privado de confianza.

-Necesito información sobre Isabela Montenegro. Movimientos financieros, reuniones, comunicaciones. Todo.

El investigador no tardó en responder:

-Ya tengo algo, señor Ferrer. No le va a gustar.

Alejandro se tensó.

-Dime.

-Hace semanas que Isabela se reúne con Rodrigo Valverde en secreto. No en Ferrer Corp, sino en lugares privados. Restaurantes discretos, hoteles... incluso en su propia casa.

El silencio fue absoluto.

-¿Qué más tienes?

-Movimientos bancarios extraños. Una transferencia reciente de una cuenta en las Islas Caimán a nombre de una empresa que no está registrada en Ferrer Corp, pero está vinculada a Isabela.

Alejandro sintió un nudo en el estómago.

No solo estaba cediendo el control de la empresa.

Lo estaba traicionando en todos los sentidos posibles.

El Punto de Quiebre

Al día siguiente, Alejandro llegó a la oficina con una nueva determinación. Si Isabela creía que podía engañarlo y quedarse con parte de su imperio, estaba muy equivocada.

Su primera acción fue reunirse con Mariano.

-Necesito blindar mi control sobre Ferrer Corp antes de que la fusión se complete.

El abogado asintió.

-Hay formas de hacerlo, pero requerirá estrategia.

-Hazlo. No dejaré que Isabela se salga con la suya.

Horas después, Isabela entró en su oficina con la misma seguridad de siempre.

-¿Ya se te pasó el enojo? -preguntó con sarcasmo.

Alejandro le mostró un nuevo documento.

-Mañana en la junta de accionistas voy a anunciar una enmienda en la fusión.

Isabela tomó el documento y lo leyó con rapidez.

-Esto... Esto cambia todo.

-Sí -confirmó él-. Esto me devuelve el poder absoluto en Ferrer Corp.

Isabela lo miró con frialdad.

-No puedes hacer esto sin la aprobación del consejo.

-¿Quieres apostar? -Alejandro sonrió con dureza-. Recuerda, Isabela... yo soy Ferrer Corp.

Ella apretó la mandíbula, pero no respondió. Por primera vez, su plan tenía un obstáculo real.

Alejandro la observó fijamente. Había comenzado la guerra.

Capítulo 3 La Guerra Silenciosa

El ambiente en la sala de juntas de Ferrer Corp era tenso, cargado de expectativa. Los accionistas, algunos inquietos y otros impacientes, hojeaban los documentos frente a ellos mientras esperaban que Alejandro Ferrer tomara la palabra. Era un momento decisivo.

Isabela Montenegro estaba sentada a su derecha, con el rostro perfectamente sereno, pero Alejandro conocía esa expresión. Era la de alguien que estaba anticipando la jugada de su oponente, preparándose para el contrataque.

El CEO de Ferrer Corp respiró profundo y se levantó.

-Señores, como saben, estamos a punto de cerrar la fusión con Valverde Industries, una decisión que fortalecerá nuestra presencia en el mercado internacional. Sin embargo, tras una revisión detallada, he identificado ciertas cláusulas que ponen en riesgo el control estratégico de esta compañía.

Algunas miradas se cruzaron en la mesa. Los accionistas sabían de qué hablaba.

-Por esa razón, propongo una enmienda a los términos del acuerdo -continuó Alejandro, deslizando un nuevo documento por la mesa-. Este ajuste revierte la concesión de derechos de veto a Valverde Industries, asegurando que el control de las decisiones estratégicas permanezca en Ferrer Corp.

La reacción fue inmediata. Murmullos, susurros entre los accionistas, miradas dirigidas a Isabela, quien aún no decía nada. Sabía que esto no había sido improvisado. Alejandro había maniobrado en silencio y les había arrebatado la ventaja.

Finalmente, Rodrigo Valverde, quien estaba conectado en videollamada, habló con calma.

-Alejandro, este no era el trato que acordamos.

-Los términos han cambiado -respondió él con frialdad-. No entregaré mi empresa.

Rodrigo entrecerró los ojos, como si midiera sus opciones.

-Esto puede retrasar la fusión -dijo-. Y una demora puede costar mucho dinero.

-Prefiero perder dinero a perder Ferrer Corp -replicó Alejandro sin titubear.

Todos los ojos se posaron en Isabela. Era su turno de jugar.

Ella sonrió levemente y entrelazó las manos sobre la mesa.

-No veo razón para alarmarnos -dijo con voz suave-. Apreciamos las preocupaciones de Alejandro, pero también debemos considerar que si endurecemos demasiado los términos, Valverde Industries podría retirarse del trato.

Rodrigo asintió lentamente.

-Exacto.

Alejandro no se dejó engañar por su tono conciliador.

-Si Valverde Industries se retira porque no puede controlar esta empresa, entonces queda claro que nunca fue una fusión justa.

El silencio en la sala fue absoluto.

Isabela sostuvo su mirada por un instante antes de hablar.

-Propongo que votemos.

Alejandro no se inmutó.

-Hagámoslo.

La traición se definiría con números.

El Veredicto

Los accionistas fueron llamados a votar. Cada uno tenía en sus manos el futuro de la compañía.

Cuando el resultado final fue anunciado, Alejandro sintió una satisfacción fría recorrer su pecho.

-Se aprueba la enmienda.

Rodrigo Valverde exhaló con resignación.

-Parece que has ganado esta ronda, Ferrer.

Isabela, en cambio, no reaccionó. No se inmutó. Pero Alejandro supo que algo dentro de ella se había quebrado.

Ella se puso de pie y, sin decir una palabra, salió de la sala.

El Contrataque de Isabela

Aquella noche, Alejandro regresó a casa más alerta que nunca. Sabía que su movimiento no quedaría sin respuesta.

Cuando entró en su estudio, encontró a Isabela esperándolo, con una copa de vino en la mano.

-Fuiste inteligente -dijo ella, con una media sonrisa-. Me sorprendiste.

Alejandro se sirvió un whisky y la miró fijamente.

-Dejaste de ser mi socia cuando comenzaste a moverte a mis espaldas.

-Siempre hemos jugado con las mismas reglas -ella inclinó la cabeza-. ¿Por qué ahora te sorprende?

-Porque esta vez, no juegas para el mismo equipo.

La sonrisa de Isabela se desvaneció.

-Si piensas que esto ha terminado, Alejandro, te equivocas.

Él se acercó lentamente.

-¿De verdad crees que no lo sé?

Ella lo estudió por un momento y dejó su copa sobre la mesa.

-Voy a recuperar lo que es mío.

Alejandro bebió un sorbo de whisky y sonrió con frialdad.

-Inténtalo.

Y así, la guerra silenciosa entre esposo y esposa acababa de comenzar.

El rumor corrió como pólvora. En menos de veinticuatro horas, los medios financieros y las revistas de negocios explotaron con la noticia: Isabela Montenegro había solicitado el divorcio de Alejandro Ferrer.

La noticia no solo impactó el mundo corporativo, sino que sacudió los cimientos de Ferrer Corp. El matrimonio de Alejandro e Isabela no era solo una relación personal, sino una alianza estratégica, una imagen de poder e invencibilidad. Y ahora, esa imagen se fracturaba en público.

En su oficina en el último piso de Ferrer Corp, Alejandro sostuvo el documento en sus manos. Cada palabra le quemaba los dedos.

"Demanda de divorcio por diferencias irreconciliables."

No lo sorprendía. Lo esperaba. Sabía que Isabela no se quedaría de brazos cruzados después de perder la fusión. Pero lo que sí lo sorprendió fue el siguiente párrafo.

"Se solicita la división equitativa de los bienes adquiridos durante el matrimonio, incluyendo la participación de la demandante en Ferrer Corp."

Alejandro sintió una fría furia apoderarse de él.

No solo quería el divorcio.

Quería llevarse una parte de la empresa.

El Impacto en Ferrer Corp

Los accionistas estaban inquietos. Las acciones de Ferrer Corp cayeron un 4% en las primeras horas tras el anuncio del divorcio. Para el mercado, la estabilidad del liderazgo era crucial, y la idea de un CEO envuelto en una batalla legal con su exesposa inquietaba a los inversionistas.

Los medios aprovecharon el escándalo.

"Divorcio de los Ferrer: ¿Una crisis para la empresa?"

"Isabela Montenegro reclama su parte del imperio."

"¿Podrá Alejandro Ferrer mantenerse en control?"

Cada titular era un golpe calculado. Isabela sabía cómo jugar el juego.

Mariano Rivas, su abogado de confianza, irrumpió en la oficina sin esperar permiso.

-Esto es una bomba.

Alejandro arrojó los papeles sobre el escritorio.

-Lo sé.

-Está pidiendo el 35% de Ferrer Corp -dijo Mariano con incredulidad-. No puede ser una coincidencia.

Alejandro apretó la mandíbula.

-No lo es. Es su nuevo plan. Si no pudo entregarle la empresa a Valverde con la fusión, ahora quiere arrancarme un pedazo a través del divorcio.

Mariano asintió con gravedad.

-Si consigue ese porcentaje, podría venderlo a los competidores, o peor... a Valverde.

El peligro era real. Isabela no quería dinero. Quería poder.

La Primera Jugada

Alejandro no iba a quedarse de brazos cruzados.

-Vamos a contraatacar. No le daré un centavo más de lo que le corresponde legalmente.

Mariano abrió un expediente sobre el escritorio.

-Podemos argumentar que su participación en Ferrer Corp es simbólica. Sus acciones se le otorgaron dentro del matrimonio, pero no las adquirió con su propio capital.

-¿Podemos ganar?

Mariano suspiró.

-Dependerá del juez. Pero hay algo más.

Alejandro lo miró con atención.

-Isabela ya contrató a su equipo legal. Y su abogado principal es Gustavo Salcedo.

Alejandro sintió una punzada en el estómago.

Gustavo Salcedo. Uno de los litigantes más agresivos del país. Conocido por despedazar oponentes en la corte.

-Ella no quiere negociar -dijo Alejandro con frialdad-. Quiere destruirme.

El Encuentro Cara a Cara

Esa noche, Alejandro decidió enfrentarla.

Isabela ya no vivía en su residencia compartida. Se había mudado a un lujoso penthouse, probablemente financiado con su propio dinero... o con promesas de Valverde.

Cuando llegó, el portero lo dejó subir sin preguntas.

Isabela lo esperaba en la sala, con un vestido negro impecable y una copa de vino en la mano.

-Sabía que vendrías -dijo con una sonrisa ligera.

Alejandro la miró con frialdad.

-Podías haber pedido cualquier cosa en el divorcio. Pero fuiste por Ferrer Corp.

Ella tomó un sorbo de vino antes de responder.

-No me hagas esto personal, Alejandro. Es solo negocio.

Él dejó escapar una risa seca.

-¿Negocio? No seas hipócrita, Isabela. Esto no es dinero para ti. Es venganza.

Isabela cruzó las piernas lentamente.

-¿Y si lo fuera? ¿No sería justo?

Alejandro sintió que la rabia le quemaba la garganta.

-¿Todo por qué? ¿Porque te impedí regalarle mi empresa a Valverde?

Ella dejó la copa en la mesa con calma.

-Porque me traicionaste primero.

Alejandro frunció el ceño.

-¿De qué demonios hablas?

Isabela lo miró fijamente. Sus ojos reflejaban algo más que frialdad. Había rencor.

-Siempre fui tu sombra, Alejandro. Siempre fui "la esposa de Alejandro Ferrer". ¿Y qué obtuve por todo mi trabajo?

-¿Trabajo? -espetó él-. ¡Tenías tanto poder como yo!

-¿En serio? -Isabela sonrió con ironía-. ¿Cuántas veces tomaste una decisión sin consultarme? ¿Cuántas veces me usaste como un accesorio en tus reuniones de negocios?

Alejandro no respondió. Sabía que algo de razón tenía.

Isabela se levantó y se acercó.

-Voy a luchar por mi parte de Ferrer Corp. Y te guste o no, voy a ganar.

Alejandro sostuvo su mirada.

-Te destruiré antes de que eso pase.

Ella sonrió, divertida.

-Entonces divirtámonos con la guerra, cariño.

El Comienzo del Juicio

Dos semanas después, el juicio por el divorcio comenzó.

Los medios cubrían cada detalle. Las cámaras esperaban fuera de la corte, capturando cada entrada y salida de los abogados.

Dentro de la sala, Isabela estaba sentada junto a Gustavo Salcedo, su asesino legal.

Alejandro estaba junto a Mariano Rivas, su escudo.

El juez entró. El juicio dio inicio.

Era el principio de la batalla más costosa de su vida.

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