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Impulsos

Impulsos

Autor: : AndyWhitte
Género: Romance
Una aventura sin límites se encuentra a dos pasos de tu camino cuando una mujer es capaz de manejar la vida a su antojo, sin embargo, tratar de mantenerla bajo control puede volverse un lío cuando cuatro hombres con personalidades lejanas unas de las otras se chocan entre si. ¿Cuatro? Sería egoísta de su parte no compartir todo de ella para ellos, ¿no? Pero no te confundas, los impulsos no tienen nada que ver con amor. Es primordial que lo recuerdes. Puedo explicarte de una forma más sencilla la situación; un pequeño animalito indefenso, cuidado por cuatro grandes depredadores peligrosos. Cada uno de ellos pone un mundo diferente arriba de tu espalda, en un universo de enemigos y nada puede salir mal, ¿verdad? Disfruta antes de que se descontrole tu mundo perfectamente manipulable o que ellos te destrozen el alma, en pocas palabras. Tú entiendes. ¿Estás dispuesta a sucumbirte en las sensaciones más deliciosas y nocivas que puedan existir?

Capítulo 1 1

-Creo que tengo una maldición -comentó Lucas, llamando mi atención. Tenía una mueca un poco aburrida y atormentada en el rostro, como si hubiese descubierto algo realmente malo.

-¿Ahora con que me vas a salir? -pregunté, poniendo el mentón en mi mano para poder escuchar lo que estaba por inventar, mientras nos rodeaba el silencio de la biblioteca.

-Ninguna persona se siente atraída por mi y los chicos con los que ligo, no duran más de una semana. Es una calamidad -bufó herido y rodé los ojos con una sonrisa-. No es un chiste, no se qué voy a hacer si no encuentro al amor de mi vida.

-Seguir viviendo, no te vas a morir por eso.

-Lo dice la que tiene cuatro novios -abrí los ojos y miré a mi alrededor, para asegurarme que nadie hubiese escuchado nada de lo que dijo el bocón de mi amigo.

-¿Que carajos te pasa, Lucas?

-Perdón, pero no es justo. Yo no tengo ni uno y tu te llevaste cuatro -resopló con fuerza y desde el lugar donde estaba la encargada de la biblioteca, escuchamos un sonido, que indicaba que hiciésemos silencio-. La biblioteca es el peor lugar para echar chisme.

-No vengo aquí a echar chisme, tengo que estudiar.

-¿No era para esconderte de tu amado Madow? -cuestionó con una sonrisa llena de malicia y suspiré, controlando mis sentidos.

-¿Que te hace pensar eso?

-Por que allí va entrando -alegó y enseguida miré hacia la entrada, pero no había nadie y acompañado de eso mi mejor amigo comenzó a reír como una cabra loca en medio de la sala.

-Eres el peor, Lucas.

-Una advertencia más y se retiran -objetó la mujer desde su lugar de trabajo y asentí con respeto, ya que no podía controlarlo.

-Vas a hacer que me saquen y no he terminado; deberías ir a ver los nuevos chismes con los demás estudiantes -lo ví de reojo, mientras proseguía con mi estudio.

-No, solo se la pasan hablando de tus hombresotes y me irrita su obsesión -me susurró en el oído, a medida que se marchaba de mi lado.

-No son mis hombresotes, solo trabajo para ellos.

-Como juguete sexual, obviously.

Chisté enojada, lo que provocó enseguida que la mirada de la encargada cayese en mi de nuevo y me miró fijamente. Entonces cuando señaló la puerta, bufé.

Lucas me miró inocente, encogiéndose de hombros y yo quería matarlo a golpes por haber provocado que me explulsaran de la biblioteca.

Era cierto que me ocultaba en ella por Madow, pero también lo hacía por los otros tres, ya que no los dejaban entrar a lugares donde solo podían ingresar estudiantes, pero también me servía el espacio y el silencio para concentrarme en lo que hacía. Amaba el estudio y sobre todo, que no me molestasen mientras lo hacía.

Caminé por los pasillos de la universidad, en busca de mi casillero, ya que tenía que dejar los libros listos para la clase de la noche y en ese hueco que tenía entre clases, me dedicaba a trabajar.

Sabía de cosas que no cualquier podía conservar y las personas que lo hacían, por lo que mi vida giraba en torno a mundos bajos y delitos.

Yo no era nada de eso, simplemente estudiaba diseño gráfico y administración al mismo tiempo en la universidad, por qué quería vivir de ello, pero como falta de recurso, saber cómo manejar mi negocio accedí una carrera de más.

La universidad me dió ambas carreras por mi promedio en los exámenes, pero debía mantenerme a mi misma y a la mujer con la que vivía, por lo que recurrí a personas que conocían otras personas.

-No vas a creerlo, pero mira esto -habló Lucas, antes de mostrarme su celular casi pegado a la nariz. Allí había una imagen que no identifiqué tan cerca, pero cuando le quité el celular para comprobar, ví que estaban los cuatro hombres para los que trabajaba rodeando un auto.

Madow y Astrophel parecían charlar recostados en un costado del auto, mientras que Axel estaba sentado en el capó del auto revisando su celular y el último, Iah, permanecía sentado en su moto detrás del auto.

-¿Que están haciendo aquí? -pregunté con la respiración cortada.

-Lo tendremos que averiguar -me miró un poco intimidado-. Nadie sabe que vienen los cuatro por ti, eso va a armar un revuelo en el campus.

-No puedo hacer esto.

-Claro que puedes, son tus hombres.

-No, no entiendes.

-¿Que no entiendo? -me miró confundido frunciendo el ceño.

-No están aquí solo por verme. Cometí un error y... -tragué saliva y retrocedí de nuevo.

-¿Y que Amy?, ¿Que hiciste? -me cogió de los hombros, para mirarme fijamente.

-Al parecer ya lo descubieron. Tengo que irme de aquí -dije simplemente y retrocedí rápidamente cuando llegamos a la salida, pero entonces como si tuviesen una especie de sentido para detectarme, los ojos profundos y oscuros de los cuatro hombres me miraron enseguida, quemando mi alma desde adentro.

Me di la vuelta y corrí hacia atrás, dejando confundido a mi amigo y con mi corazón hecho una bomba de tiempo, me escabullí por los pasillos de la universidad en busca del campus de fútbol.

Por la parte de atrás podría encontrar una salida; no quería lidiar con los cuatro, después de haber seguido a mi intuición primero antes de que lo que ellos que me habían querido mostrar.

Si con uno ya era como ver el infierno, no me imaginaba que me harían los cuatro y no tenía a quien más importarle, por lo que ni se fijarían en el momento en que desapareciera de la faz de la tierra con ellos.

Me detuve en el campo verde para tomar aire, doblando las rodillas y evitando dejar que mis piernas cedieran, debía seguir mi camino; las residencias de la universidad estaban justo detrás y podría escabullirme entre los edificios.

Llegué a la puerta por donde salían todas las personas que ingresaban al estadio a ver los partidos, pero no tuve ni tiempo de tocarla, cuando por allí entró Madow como el Diablo apareciendo para condenarme en cuerpo y alma.

Sus ojos bicolor; gris y oscuro, me observaron achinados como si dentro de él estuviese una bestia enjaulada a punto de salir a devorarme.

Aveces me preguntaba cómo había aguantado tanto tiempo viendo sus ojos, como para reconocer al menos su color, si eran tan oscuros y profundos; se sentía como si te obligaran a querer morir.

Tragué saliva retrocediendo lentamente, pero mi espalda chocó con algo duro y caliente, y por algo, me refería a alguien.

Me superaban tantísimo en tamaño, que en la curva de mi espina podía sentir el bulto de sus pantalones y sus abdominales rozando mi cuello. Normalmente siempre usaba zapatos con plataforma, por qué me gustaban y justo ese día preferí ir con unas tiernas baletas que me hacían más baja de lo que ya era.

Cada nervio de mi cuerpo se prendió a mil grados, transpiraba el terror por los poros y sabía que ellos se daban de cuenta de que no estaba bien, como si fuese parte de un don que los unía. Usaban la forma en la que lograban intimidarme a su favor, al punto de que me hacían descender diez niveles en mi dignidad y voluntad.

Axel apareció por mi costado izquierdo con una mirada que me traspasaba el corazón como un filo; era de los cuatro el más duro, su humor era demasiado para soportarse así mismo y sabía a quien temerle más en situaciones como esas. Su cabello largo y azabache estaba medio recogido por una coleta.

Mientras por el otro lado, cruzado de brazos apareció Iah. Su mirada no era tan fuerte con la de Madow y Ax, pero sabía que estaba enojado por sus cejas fruncidas.

¿Que habré hecho en mi vida pasada para ser castigada en un infierno gobernado por cuatro hombres?

Detrás mío tenía al último hombre que quedaba, Astrophel.

Mis piernas comenzaron a temblar en paralelo al ver a Madow acercarse con intenciones de acorralarme y no dejarme espacar; ninguno tenía esa intención en sus ojos y solo veía peligro.

-Tenemos cosas de que hablar, querida Amy -sonrió sin gracia el hombre de cabello corto azabache, que me obligó a mirarlo con una mano en mi mentón y su voz bajó de tono, sabiendo que eso me ponía de rodillas en el suelo-. Y no te van a gustar los resultados.

Tragué saliva envuelta en un manto de sudor y rogué por morir de un infarto en ese mismo instante.

Sin embargo, todo tenía una razón para estar allí, él por qué esos impresionantes hombres me tenían acorralada como un animalito indefenso a punto de ser devorado por sus depredadores y eso nos lleva a unas semanas atrás, el inicio de todo, donde no tenía la menor idea de que ellos existían y que me obligarían a darle la vuelta a mi mundo.

Cosas que jamás había experimentado, se reunirían en cuatro hombres.

¿En qué momento entregué mi alma al destino?

Capítulo 2 2

-¡Amy! -gritó alguien, después de abrir la puerta de golpe y el sonido de la madera impactando en la pared fuerte me sobresaltó.

-¡Por Dios! -me di la vuelta, después de haber tirado todos mis libros al suelo, por qué las manos se preocuparon más por protegerme de la persona loca que entró como un desquiciado al salón-. ¡Lucas Fowler, maldita sea, casi me matas de un susto! -quejé enojada hacia mi amigo, quien llegó de sorpresa al lugar donde estaba; me colé en un salón vacío para poder organizar mis libros, ya que recién los había podido comprar cuando el banco me liberó el dinero que yo de estúpida había establecido para comprarme los útiles del siguiente semestre.

Jamás me imaginé que iba a terminar en menos de una semana en una desgracia económica por qué la segunda persona que daba para sobrevivir la habían vetado del único trabajo que sabía hacer y ahora no podía conseguir trabajo, por qué ya estaba demasiado vieja.

Tuve que gastar el dinero de mis útiles y libros necesarios para mis carreras, para al menos sobrevivir una temporada con los servicios pagos. Donde mi abuelo tenía su apartamento, al menos nos salvaba de cubrir un servicio, ya que de algún modo se habían logrado colgar a la luz, sin embargo, los medicamentos que él requería y la comida, se me llevaron el pago de trabajo de dos meses de vacaciones en los que sufrí por conseguirlos.

Mis padres vivían lejos y yo no estaba con ellos, por mi estudio. Tuve que alejarme de ambos, aunque no solo había sido por qué tenía un sueño por cumplir, sino por que mi padre había caído en el alcoholismo después de que murió mi abuela paterna y mi madre no entendía que ya no le convenía seguir a su lado; temía quedarse sola, sin un hombre que la protegiera, pero no veía que era todo lo contrario. Él cada vez se aseguraba de volverla más miserable mientras pasaba el tiempo.

Traté de olvidarme de lo que pasaba entre ellos para concentrarme en mi estudio, aprovechando que mi abuelo aún tenía su pequeña vivienda en la ciudad, en un barrio de la muerte, estaba claro, pero no me importaba en absoluto.

Con mis padres el hábitat era peor, pero al menos tenía la opción de quedarme con mi mejor amigo Lucas y él vivía en una habitación de las residencias de la universidad; su rommie era muy amigable y me dejaba quedar sin importarle que no éramos muy silenciosos.

-No hay tiempo de quejarte, cuando tenemos un partido al que asistir -se agachó a ayudarme a recoger los libros que por su culpa había tirado.

-¿Es enserio?, ¿todo eso por un partido? -bufé y dejé las cosas en su lugar-. No me gusta el fútbol y a ti tampoco -lo miré de reojo.

-¿Enserio Amy?, ¿Tu crees que este pechito va por el fútbol? -preguntó extrañado, como si acabase de decir una locura sobre él-. ¿Que hiciste con Amy, alma que dominó el cuerpo de mi mejor amiga? -cuestionó mientras me tomaba de las mejillas y me obligaba a ver sus ojos marrones, envueltos en unos párpados pintados de sombra color crema y rímel.

-No me gusta ir a aburrirme, mientras veo hombres sudorosos correr por todo el campo.

-¡Hombres sudorosos, Amy, hombres! -me sacudió repetidas veces con emoción.

-¿Si te digo que si, me compras una pizza y una malteada? -lo miré curiosa.

-Eres una desagraciada, no uses tus trucos de animalito vulnerable para chantajearme -me señaló y me crucé de brazos, encogiendo mi cuerpo y mirándolo de una forma naturalmente manipuladora para que cediera. Bufó-. Eres imposible, no sé cómo todavía no haces lamer el piso por el que pasas a cada hombre que se te atraviesa; tienes un don en ese rostro angelical.

-Lo uso cuando me conviene.

-Lo usas solo conmigo, degenerada, por qué sabes que yo no me niego.

-¿Nos vamos?, el partido empieza en diez minutos y eso nos tardamos en llegar al estadio; tal vez ya ni hay puesto para sentarnos -me dirigí a la salida. Por fortuna, me quedaba el casillero de camino a la parte de atrás del edificio donde tomaba mis clases.

-Tengo amigos, Amy, ellos me guardan puesto.

Rodé los ojos.

-¿Estás tratando de que te odie?

-Sé que jamás lo harías, me amas -me abrazó por los hombros y suspirando, le seguí el juego.

Mi mejor amigo había sido la primer persona que me dirigió la palabra después de un largo semestre de estudio y soledad; era nueva en la ciudad, por lo que hacer amigos y tratar con personas con las que no había acostumbrado antes hablar, me intimidaron de una forma impresionante. Me cerré en mi misma y caí en el rincón más lejano de mi cabeza, allí donde nadie podría verme y me gustaba estar conmigo misma, no tenía problema con ello y amaba perder mi tiempo estudiando. Sin embargo, Lucas apareció en mi vida como el arcoiris en el cielo cuando pasaba una fuerte tormenta.

El ingresó a la universidad al mismo tiempo que yo, pero logró congeniar con todos los estudiantes más rápido de lo que yo hubiese hecho y fui una de ellas. Tal vez creyó que era un reto llamar mi atención y por eso terminamos siendo mejores amigos; la confianza era mutua y el cariño.

No podría desear jamás que fuese otra persona.

-Allí está Evan, en las bancas -señaló a mi otro mejor amigo hetero, que se encontraba con su uniforme puesto, pero sin casco. Estaba al lado de otros compañeros, con su cabello azul casi oscuro; le gustaba pintarse de colores el cabello y su personalidad se asemejaba mucho a la de Lucas, parecían más ellos mejores amigos que yo, pero no sé llevaban entre los dos por alguna razón.

-Espero lo dejen jugar esta vez -dije y lo seguí, después de haber ido por mi comida.

Observé a a las personas a mi alrededor y la mayoría de ellas llevaba la camiseta de la universidad, apoyando a nuestra universidad, como también habían estudiantes de la otra fraternidad y sus respectivos jugadores.

-Lo dudo, siendo este un partido tan importante -rodé los ojos ante el comentario poco animador de mi amigo.

Sin embargo, al parecer el coach pensó lo mismo, por qué no lo dejó participar en ningún tiempo, como si solo fuese el ese pedazo de rescate por si alguno se lesionaba, el cual no importaba demasiado.

El estadio se levantó en emoción cuando ingresó el quarterback a la cancha, después de que su equipo diera buen avance. Ya había visto esa estrategia en ellos antes, poner al mejor de su equipo unos minutos más tarde para regular o mejorar el tablero.

Comenzaron a gritar su nombre por todo el estadio, haciendo un sonido estruendoso con eco.

-¡Matt, Matt, Matt! -gritó mi amigo el gritón junto con los demás estudiantes y el hombre de cabello rubio que estaba llamando la atención en el campo, sonrió y los ánimo todavía más a hacer buya. Rodé los ojos, tapando mis oídos-. ¡Bizcocho!

-Debí negarme.

No me gustaban los lugares con demasiadas personas y menos cuando se ponían en plan gritones; me quitaban la paz del silencio.

Me asusté cuando Lucas me cogió de los hombros y me sacudió enloquecido por el partido, ya que la entrada de Matt les dió muchísima ventaja y estaban por ganar. Sin embargo, estaba a nada de lanzar a mi mejor amigo escaleras abajo, por qué me había sorprendido de nuevo.

•••••

-No, ya no voy a seguir tus inventos -señalé a Lucas desde su cama, donde estaba descansando de un partido de locos.

Sinceramente, cada vez que lo apoyaba, me daba cuenta que odiaba más el fútbol y que no me interesaba en absoluto ver hombres sudorosos corriendo detrás de un balón como perros.

-Amy, es la fiesta en la fraternidad.

-Ni siquiera es aquí, es en otro lugar -crucé los brazos debajo de mi cabeza, cerrando los ojos.

-No quiero ir sin ti y Evan también irá.

-Que les vaya bien.

Sentí que algo me caía en la cara y sorprendida me incorporé enseguida; lo miré mal-. Deja de maltratarme cada vez que me niego a hacer lo que tú quieras.

-Vamos y no te vuelvo a molestar jamás -dijo y lo miré achinando los ojos, sin creerme una sola palabra de él. Estaba claro que ya había sido castigada por el resto de la vida con un amigo que le gustaba la locura, mientras que a mí la paz-. En este mes.

-Eso ya es bastante para ti -me levanté de la cama bufando.

-Si -dió brinquitos en su lugar y rodé los ojos-. Vamos a buscarte ropa; corriendo para tu casa -me tiró del brazo y salimos de su habitación para ir en busca de transporte hacia el apartamento de mi abuelo.

Una hora más tarde estaba frente a mi armario sacando y tirando ropa que seguramente no iba a arreglar, por qué no era la suya y me estaba estresando ese simple hecho.

-Tomen un poco de zumo -llegó mi abuelo con dos vasos, que tenían una bebida de color rosado. Sabía que eran fresas, por qué me encantaban y nadie más que él se tomaba el tiempo de hacer algo rico para mí.

-Gracias, señor Madden, es un ángel -agradeció Lucas con una sonrisa y se lo bebió como si hubiese aguantado sed por varias horas-. Agh, delicioso, prosigamos.

Mi abuelo lo miró extraño cuando volvió a meterse en el pequeño armario a seguir esparciendo ropa por todos lados y levanté los hombros cuando dirigió sus ojos curiosos a los mios.

-Gracias abuelito.

Le di un beso en la cien y después de su sonrisa, de peleas con Lucas y muchos suspiros estresantes, nos encontrábamos enfrente de lo que a mis ojos parecía un centro de eventos demasiado grande. Debían caber al menos cinco mil estudiantes de la universidad y acompañantes.

-Estoy muy incómoda -confesé, mientras nos rodeabamos de las personas y al mismo tiempo trataba de acomodar mi vestido, que no se me subiese demasiado, ya que era bastante el hecho de que fuese a la mitad del muslo, como para que por ser pegado al cuerpo se me subiese con cualquier movimiento. Lo único que me gustaba de él era la cadena que rodeaba mi espalda baja, dejando ver que no tenía brasier puesto, de resto, me parecía incómodo usarlo.

Si fuese una persona adicta a la atención y a la que no le importase que le miren los pezones resaltados en la tela o su trasero casi a medio ver y una espalda descubierta completamente que dejaba todo a la imaginación, podría estar de mejor humor.

-Hay que empezar a divertirnos y a conocer hombres -dijo mi amigo y suspiré, después de que me empezó a tirar a la barra para tomar-. Dos de la bebida más fuerte que tengas, guapo -giré mi rostro al ver que el barman le sonrió corto, al darse cuenta que no había sido yo quién le dijo eso.

-¿Seguro?

-Vinimos a enloquecer un poquito.

-No, no es cierto. Yo quiero una simple cerveza -interrumpí y el hombre no perdió el tiempo de detallarme hasta los muslos, donde le daba la vista. Sentí que me quitó la ropa y me la vivió a poner. Bufé sin que me notara.

-Te hubieras quedado en casa ahogando las penas con eso, pero no venimos a eso -bufó y prácticamente se atravesó entre el barman y yo para que no pudiese pedir nada. Rodé los ojos-. Una mezcla estaría bien.

-¿Baño de humo?

-Uy, si, por favor.

Me crucé de brazos molesta, pero enseguida me di cuenta que eso resaltaba mis pechos y levantaba mi vestido, por lo que enseguida volví a la posición anterior.

-Hola preciosa -escuché la voz de alguien que conocía y sonreí.

-Hola Evan -dije y escuché a alguien chistar detrás de mi; sabía que era Lucas.

-Hola para ti también -dijo el de pelo azul, rodeandome los hombros con su brazo. El moreno solo se dignó a rodar los ojos y se quedó en silencio-. Que gusto que me odie.

-No digas eso, algún día le vas a agradar -respondí y él se separó de mi para verme, lo que me puso incómoda.

-¿Quien eres?

Resople-. Lucas me obligó.

-¿Él te lo puso?

-No.

-Entonces no te obligó -me mordí los labios, por qué tenía razón. Yo misma me lo había puesto, sin embargo, estaba tan insistente que me volvía loca. Terminé cediendo-. ¿Vas a conquistar hombres hoy? -preguntó tratando de molestar. Sabía perfectamente que a mí esas cosas iban y venían, no me interesaba en absoluto.

-Nadie me merece.

-Entonces te vas a quedar sola, por siempre -me alborotó el cabello y se alejó con una sonrisa.

Aveces los odiaba a los dos.

Me terminé bebiendo dos copas de lo que había pedido Lucas, por qué se veían muy apetecibles con el humo saliendo del vaso y ese color azul llamativo.

Capítulo 3 3

Subí al segundo piso y me senté en una de los puff que había allí, de color naranja, probablemente, ya que no estaba muy conciente de lo que pasaba a mi alrededor. Solo esa cantidad de alcohol me sirvió para quedar lista para la noche; era malísima para tomar y cualquier cosa me caía como balde de agua.

A unos metros de mi, estaban haciendo una competencia de shots y habían dos hombres, cada uno en una punta de la mesa. Estaba el rubio que reconocí, era el tan famoso Matt, quarterback del equipo de fútbol y enfrente había otro que me llamó más la atención; su cabello era en tonalidades grises, casi tirando a negro y a juego sus ojos también lo eran. No tenía el cabello tan largo como para tapar sus cejas, pero la mirada furtiva que le enviaba al de ojos verdes, me congeló en el lugar.

Nunca lo había visto por la universidad, de ser así, probablemente lo habría recordado. Además de que era abuena recordando rostros, tenía una mirada que podría dejarte en tu lugar y ese brillo extraño en sus ojos me daba curiosidad. Aunque yo no era la única que lo había notado, ya que había un ejército de animales hambrientos detrás.

No perdí ni un segundo mi vista en él, como si mi vida fuese una cámara y acabase de poner la cámara lenta; tenía una camisa blanca que envolvía sus anchos hombros y torso, se veía todavía más grande e imponente cuando subía uno de sus brazos para tomar cada shot y yo quedé como una estatua, como si ese gesto se hubiese hecho parte de un bucle grabado en mi cabeza.

Cuando se incorporó para dar el último shot, dando por hecho que le había ganado a la estrella de la noche, me quedé sorprendida por la altura de ese hombre.

Negué al no querer pensar como quedaría si me pusiera a su lado, recta.

Matt desapareció a los baños, imaginaba que para botar todo el alcohol que había ingerido de golpe; podría darle un coma etílico si dejaba pasar mucho tiempo.

Suspiré y no perdí de vista al de ojos grises, esperando que esté también fuese al baño, pero no lo hizo en ningún momento y achine los ojos para no perderlo, pero se había alejado bastante de los presentes e incluso varias mujeres se alejaron de él al verlo caminar extraño. Se veía mareado y se sostenía de todo a su alrededor para no caer.

¿Nadie lo iba a auxiliar?, estaba probablemente tratando de detener su muerte y nadie le prestaba atención.

Ahí estaba el interés de los animales que le perseguían.

Bufé y rodé los ojos cuando cayó en alguna parte y lo perdí de vista.

-Alcohólicos -dije para mi misma, mientras caminaba hacia ese rincón oscuro donde le había visto caer.

Pasé a dos personas y allí estaba, recostado en el suelo, con la espalda pegada a un sofá, pero se veía bien por sus ojos y por la poca fuerza que tenía al tratar de levantarse.

Me agaché a la altura de su rostro y se inundaron mis fosas nasales de un olor muy varonil, mezclado con lo que probablemente era Whiskey y tequila. Le obligué con la poca fuerza que tenía a darse vuelta a un costado, para poder ayudarlo a vomitar; no había tiempo, ni fuerza para llevarlo a un baño.

Seguramente eso fue lo más asqueroso que tuve que hacer en mi vida y el futuro médico era mi amigo, por lo que estar tratando de salvar a un extraño de la muerte era impresionante.

Después de unos minutos, sentado en el sofá y bebiendo una botella de agua aún llevado del chiras, por qué estaba ebrio, me crucé de brazos.

¿Ahora debía abandonarlo?

¿Podría con mi consciencia?

-Estoy de puta madre -escuché decirle y me señaló sin siquiera abrir bien los ojos.

-Casi te mueres, idiota -respondí-. Debí dejarte...

-Ahí estás, Iah -me interrumpió una voz rasposa detrás mío y di un respingo al ver aparecer una sombra casi el doble que mi persona por mi lado. Le tomó el brazo al borracho y su mirada oscura cayó en mi; en un segundo mis piernas flaquearon y cada facción de su rostro se extrañó por mi presencia, pero me observó de pies a cabeza. Tenía otra botella de agua en las manos, por si ese hombre necesitaba más y estaba claro que podía oler el vomito, como también su camisa se había logrado manchar.

Preferí no hacer ningún movimiento, como si de ese modo no pudiese hacerme nada o no me notase. Tenía un tatuaje al final de su rostro, llegando a su oreja y del cuello del blazer que llevaba se notaba uno aparentemente más grande.

Ambos tenían la misma nariz.

¿Eran parientes?

-Heroína -dijo el tipo que había ayudado, tomándome desprevenida, ya que me envolvió con su brazo libre y me pegó a su cuerpo por completo.

Abrí los ojos como platos y traté de alejarme, por qué sentí la tela de mi vestido subirse al punto de que sentí frío en mis glúteos y él, aunque estuviese para comerse los dedos, estuvo a punto de morir por un coma etílico por no saber controlarse y estaba envuelto en vómito. Y para rematar, me había levantado del suelo con solo un brazo, lo que me hacía todavía más vulnerable.

Lo empujé, poniendo mis manos en su rostro y el hombre que le tiraba también ayudó.

Me limpié las manos en su camiseta antes de que se alejara y el de ojos negros no paraba de observar todo lo que hacía; rodé los ojos y me alejé de allí. Ya no me quería volver a encontrar con la misma situación con nadie; todo eso bastó para dejarme sobria de nuevo.

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