Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > Invitaciones peligrosas
Invitaciones peligrosas

Invitaciones peligrosas

Autor: : ANGGIE VILLALOBOS
Género: Romance
Acostumbrada a los lujos y envuelta en un drama familiar Levina Zhang ni siquiera tiene tiempo para los misterios que rodean a Alekséi Ivanović, sin embargo, cuando él la rescata de una muerte segura la curiosidad en ella se activa adentrándola a un mundo que jamás pensó conocer, se acercará al misterioso chico en busca de respuestas las que solo él y la familia de Levina saben. Pero conocer a Alekséi es un secreto mayor, un secreto que ella quisiera descubrir aún más. Sin saberlo Liv está rodeada de mentiras y mentirosos.

Capítulo 1 I

Ella al ritmo de la música bailaba contoneando las caderas como una musa de la danza, el cabello cobrizo cayendo en ondas por su espalda era simplemente precioso pero lo que tenía realmente cautivado a todos los hombres que la miraban eran las espléndidas curvas de su cuerpo pese a ser delgada. Uno en especial la mirada desde una esquina, no se perdía de ningún movimiento salvo cuando su compañero hablaba de la misión que estaban llevando a cabo.

Ella era exquisita en definitiva, tenía algo que lo llamaba, que lo hacía querer tocar su tersa piel, era tentadora y bien proporcionada, toda una dulzura que él estaría encantado por probar. Por su ropa fina y sus cuidados aunque seductores movimientos era elegante, dignos de una niña mimada, Alek pudo deducir que tenía dinero, las chicas como ella lo tenían sin cuidado, ellas despreciaban el peligro, solían ser presumidas, lloronas y estúpidas no era eso lo que exactamente quería de una mujer, lo único que necesitaba era un buen polvo no que vieran en él a un príncipe azul con el que desearan casarse, estaba muy lejos de ser eso.

- ¿Todo está listo Darien?

El castaño negó con la cabeza antes de hablar.

-Dame diez minutos y lo resolveré.

Alek asintió sin despegar la vista de aquella chica para después empezar a caminar hasta donde ella se movía sin saber lo que estaba causando a su alrededor. Él sonrío ladinamente antes de detenerse justo detrás de ella. Aspirando el encantador aroma a coco y vainilla que desprendía de su piel blanca y estuvo a punto de hacer una estupidez, apretó la mandíbula sabiendo que debía detenerse y con una seguridad innata el rubio se aventuró a susurrar en su oído.

-Escapa, vete de aquí.

Ella dio un respingo a la vez que dejaba escapar un grito ahogado para finalmente darse la vuelta. Aunque estaba usando unos tacones de 7 centímetros él era muchísimo más alto, llevaba el pelo largo pero sus fracciones no era en absoluto femeninas, por el contrario, su aura era oscura y sus ojos eran de un precioso azul que la observaban tan fijamente que Levina se quedó muda por un momento sin saber qué hacer entonces al despertar de su corto letargo arqueó una ceja y lo miró divertida.

- ¿Por qué debería irme, por qué lo has dicho tú?

Lo había retado con chulería y Levina no supo si fue por causa del alcohol o porque estaba loca pero lo había hecho. ¿Quién en su sano juicio retaría a un hombre de casi 2 metros de altura y un cuerpo fibroso de boxeador? ella debía estar temblando como una hoja de papel pero contrario a eso se sentía temeraria.

En su lugar Alek sonrío abiertamente por sus palabras, ella era sin duda atrevida, no obstante en ese momento no necesitaba que le respondiera con altanería sino que obedeciera a la primera y se marchara, ni siquiera sabía porque la estaba alertando pero por alguna razón quería que esa hermosa desconocida estuvieras a salvo.

-Si, porque lo he dicho yo.

La cobriza dejo escapar una carcajada y él se cruzó de brazos arqueando una ceja, si quería que se fuera del lugar tenía que hacer algo contundente.

-Sal de allí está listo, en 5 minutos no quedará nada -escuchó en su audífono la voz de Darien-.

Antes de que Levina siquiera pestañeara la alzó colocando su estómago en su hombro ante la mirada atónita de la gente a su alrededor, sin detenerse Alek corrió con ella acuestas. La mujer gritó a la vez que golpeaba la espalda de ese desconocido para que la soltara pero él no se detuvo hasta que estuvieron a una cuadra de la discoteca donde habían estado.

Ella agradeció a Dios que debajo del vestido llevaba un corto short porque de no ser así hubiese mostrado más de lo debido gracias a ese desequilibrado.

- ¡Bájame! -chilló colérica haciendo que él se carcajeara-.

-Como tú pidas Álainn-dijo de forma burlona-.

Con lentitud la bajó deslizando apropósito su cuerpo por el de él pero al momento de que Alek la soltó uno de los tacones se removió y sin dudarlo ella se aferró a los brazos del hombre a la vez que el desconocido la sujetaba por la cintura para no dejarla caer.

Sus miradas chocaron pero ninguno salió victorioso pues en un segundo ella fue arrebatada de sus brazos, Levina soltó un grito furiosa antes de voltearse y zafarse del agarre del moreno que le había apartado de Alek, éste lo miro retándolo con una sonrisa burlona sin embargo el moreno ni siquiera se atrevió a mirarlo, la diferencia de contextura y tamaño eran obvias por lo tanto le intimidaba siquiera posar su vista en él.

- ¡Vámonos ya Levina! -Gruñó molesto el chico-.

Alek apretó los puños sin entender porque quería golpear tanto a ese tipo.

Ella masajeó su muñeca maltratada por el jalón nada suave que Brody le había dado al separarla del chico sin antes fulminarlo con la mirada, luego desvió su mirada hasta que el rubio quien le sonrió perspicaz, de pronto ella pudo ver que en sus ojos azules se arremolinaba algo turbio, misterioso, él era oscuro y ante sus ojos eso lo hacía excitante, casi intocable.

- ¡¿Por qué me sacaste de allí?! -gruñó molesta-.

La sonrisa de él creció más provocando un cosquilleo en su interior que ella nunca antes había sentido.

Levina no sabía si era por su atracción sexual pero sus rodillas comenzaban a tambalearse por su cercanía, trató que ninguno de los dos chicos que estaban frente a ella lo notaran sin embargo su olor a hombre la tenía al límite, debería sentirse apenada pero no lo estaba en absoluto.

-De nada -dijo antes de guiñarle el ojo -.

Ella quedó perpleja por sus palabras y él pareció darse cuenta.

- ¿Por qué debería...?

Brody tomó una vez más la muñeca de Levina y Alek lucho por nos soltar un gruñido animal. A continuación se escuchó un estremecedor sonido que hizo enloquecer a la gente en la calle, todos corrían de un lado a otro excepto Alek.

La cobriza por un momento se dejó llevar por su amigo sin apartar la mirada del extraño, pero después recobró la cordura y corrió hacia el auto de Brody donde se sintió segura, Brody rápidamente encendió el auto y por impulso Levina miro por la ventana al sitio donde había estado antes, allí estaba él todavía mirándola alejarse, ¿Por qué no se iba? ¿Por qué no corría como los demás?

Su mirada se clavó en la de ella y de la nada se sintió estremecer.

Go gairid gcasfar le chéile sinn arís, álainn.

Se escuchó como si susurraran a su lado seguido de un aire frío que chocó contra su piel causando un estremecimiento de su parte, en ese momento Levina no lo sabía pero su vida había cambiado para siempre y no habría marcha atrás.

-Listo, todo ha salido tal y como lo planeamos Elatha ¿Estás bien?

El rubio dio un largo sorbo a su bebida para después sonreír.

-No todo salió como planeaba pero descuida, estoy mejor que nunca hermano.

Darien lo miró con el ceño fruncido pero no dijo absolutamente nada, Elatha era un misterio del que una persona con sentido común huiría.

Con una falda alta rosa pálido y una blusa de tirantes blanca apareció en su campo de visión Levina Zhang, su cabello rubio cobrizo ondeaba el viento perfumando la estancia donde se encontraba.

Ella no lo notaba pero desde lejos él sí que podía verla, una sonrisa cruzó por sus labios carnosos mientras que sus brazos cubiertos por una cazadora de cuero estaban cruzados sobre su pecho y su pie derecho estaba apoyado en la pared detrás de él.

Desde allí pudo oír al profesor despotricando contra ella y su tardanza sin embargo Levina ni siquiera le dedicó una mirada, camino con su procaz contoneo de caderas hasta sentarse justo al lado de su mejor amiga. Pero no fue hasta que el hombre calvo que antes había estado furioso por la interrupción se dio la vuelta y continúa con su clase que empezó el cuchicheo.

-Pensé que no llegabas –Susurró la chica a su lado-. Tu madre me ha dicho que has enloquecido porque ayer un chico te ha sacado cargada como un neandertal de la discoteca que explotó misteriosamente y que si no fuera por Brody que vio que ese loco te sacaba hubiésemos muerto todos, está bien que disimules un poco pero créeme, yo todavía estoy traumada, estuvimos a un paso de la muerte.

Levina sonrió divertida antes de negar con la cabeza.

-Aun no he enloquecido, confía en mí, pero anoche antes de dormir me quedé pensando, Hyo Hee el chico lo ha hecho a posta, me ha sacado de allí porque sabía lo que iba a pasar, sino ¿Porque me sacó de esa manera y luego me dejó ir con Brody tan fácilmente?

- ¿Por qué Brody arruinó sus planes de llevarte al hotel más cercano? –Respondió su amiga como si su pregunta hubiese sido la más ridícula que hubiese escuchado- ¿De qué hablas? ¿Cómo ha podido saber?

Levina se sonrojó visiblemente pero ignoró la primera pregunta de su amiga.

-Qué se yo, pero de que lo sabía lo sabía, me ha dicho de nada justo dos segundos antes de que explotara ¿Entiendes?

- ¿Y si ha sido casualidad?

-Yo lo dudo, ¿Entonces por qué me sacaría?

-Ya te lo he dicho –murmuró mientras sus ojos brillaban con picardía-.

- ¿Quieren que les prepare una taza de café y que les acompañe en su plática? -Interrumpió el profesor con su grotesca vocecita-.

Ambas alzaron su vista pero Levina fue quien contestó tóxicamente como acostumbraba a responder.

-No me gusta el café con arsénico así que yo paso.

El hombre enfurecido sin contenerse las sacó a ambas fuera de su clase bajo la risa de los demás estudiantes.

-Ese hombre necesita un buen polvo -Añadió Hyo Hee furiosa-.

Levina rió mientras comenzaba a caminar hasta la salida ya que no tenían más clases.

-No te podré acompañar hoy a Liubov, mi padre ha enfermado y me temo que debo encargarme de la panadería, mi madre está como loca repitiendo una y otra vez Oh Dios, ¿Porqué no me concediste más hijos? debo ocuparme de todo yo sola y bla bla bla, mi madre es demasiado dramática –rió-, mi padre está bien, solo arman una tormenta en un vaso de agua, sabes cómo son ambos.

Levina se limitó a asentir con la cabeza mostrando una débil sonrisa sin saber que decir.

-Mi padre le ha pedido el divorcio a mi madre –se apresuró a contar Levina-, y ella en su lugar solo ha dicho estaré esperando los papeles ¿Te he dicho alguna vez que envidio tu familia? –mencionó con diversión la cual no sentía-.

En esos momentos no podía dejar de pensar en sus padres y en lo que estaría próximo a venir.

Hyo Hee la miró perpleja desde su puesto antes de hablar.

- Un centenar de veces pero ¿Has dicho que se divorciaran? –Pareció espantada-.

-Así parece.

- ¡Lo siento tanto Levina! –Dijo histérica la coreana-.

La cobriza le dedicó una sonrisa triste a su amiga para después suspirar tratando de no pensar en nada pero de alguna manera su mente la hacía volver al reciente acontecimiento que la abrumaba.

- ¡No tengo ningún amante! ¡Estoy harta de esto! –Gritó Laura encolerizada-.

Se irguió para salir de la casa dejándolos a ambos sumidos en su constante batalla entonces la bomba explotó en el momento menos esperando.

-Tú no te vas de aquí, Laura –Su voz estaba envenenada de ira-, quiero el divorcio.

Si bien era cierto que todos los días peleaban jamás había pensado en ello, ¿Sus padres divorciándose? Eso era algo inconcebible.

Luego de varios segundos de silencio, Laura parpadeó como si en eso se le fuese la vida para después hablar como si nada.

-Solo trae los papeles del divorcio que yo estaré más que feliz de divorciarme de ti.

Todo había ido demasiado lejos esta vez.

Levina miró a su padre y descubrió el dolor en sus ojos mientras que estos la seguían hasta que se adentró en el auto.

Dejó su bolso en la entrada de la casa y se apresuró a sentar a su padre en el sofá detrás de él, depositó un beso en su mejilla observando cómo sus ojos se nublaban de lágrimas.

-Volveré pronto papá, solo espera.

Lo vio asentir así que se apartó de él.

Estaba molesta pero aquella era la decisión de Laura, condenar a un hombre que daría todo por ella, aquel hombre siempre la había amado sin reserva alguna, un error que seguro pagaría por el resto de su vida.

¿Qué podía hacer ella para qué las cosas no fueran de ese modo?

Levina se dedicó a caminar, si había algo que amaba era el frío y las luces de la ciudad que la llenaban de una paz absoluta que nadie le podía ofrecer.

La ciudad de Praga era bellísima en la oscuridad de la noche sin embargo ella siempre había sido paranoica y justo en esos momentos sentía que le observaban en cualquier paso que diese, con fastidio y algo de temor volteó, aunque habían dos ancianos, dos parejas y un chico hablando por teléfono, se sentía insegura, Dios cuide de mi. Pensó con humor dejando un poco de lado su paranoia.

Lo sabía, era demasiado dramática pero nada podía hacer, su personalidad era así.

Sus pensamientos giraron en torno a lo que estaba pasando en su hogar si podía llamarle así.

Ya era una mujer, era lo suficientemente mayor como para mantenerse por sí misma pero aún no quería independizarse, no quería dejar solo a su padre, él había hecho demasiado por ella.

Nuevamente aquella sensación de observada, pero no había mucha gente en la calle y los que estaban pasaban concentrados en sus cosas, ella era una simple rubia cobriza de camino a casa no tenía absolutamente nada de especial.

Aún así su corazón se aceleró en anticipación como si algo fuera a ocurrirle, su estómago se revolvió y un escalofrío pasó por su cuerpo logrando que se estremeciera.

De acuerdo, ahora si tenía miedo.

El frío viento azotó una vez más su cabello y el vello de su cuello se erizó cuando escuchó un murmullo masculino dentro de su cabeza.

Hoy la tierra y los cielos me sonríen,

Hoy llega al fondo de mi alma el sol,

Hoy la he visto... la he visto y me ha mirado...

¡Hoy creo en Dios!

Ni si quiera ella entendió porqué aquella frase surcó los designios de su mente pero ligeramente tembló al oír aquella voz que citaba el poema de Gustavo Adolfo Bécquer.

Definitivamente esa no había sido la voz de su conciencia, si no se estaba volviendo loca le faltaba muy poco para hacerlo. Sus pensamientos ahora estaban envueltos a través de aquella misteriosa y potente voz que reclamaba su mente, esa voz que por una extraña razón la hizo sentirse atraída como una polilla a la luz.

Capítulo 2 II

Levina trató de no darle tanta importancia, quizás solo estaba siendo paranoica. Sin embargo no se permitió aminorar el paso, dando largas zancadas se dedicó a mirar el camino a casa y de vez en cuando miraba de refilón hacia atrás.

Las sombras de la noche comenzaban a abrumar su alma intranquila a la vez que sus piernas comenzaban a doler por la rapidez con la que iba, repentinamente tomó aire en un costado ocasionando que le doliese, se obligó a ser fuerte y a seguir con su camino para finalmente respirar en paz llegando a casa.

-Vamos Levina, ya casi llegas –Se susurró a sí misma-.

Estaba tratando de no enceguecerse de terror mientras más trotaba más sentía las pisadas tras de ella sin embargo no había nadie por más que voltease una y otra vez. Su mente ruin se divertía con ella. Ni la luna misma calmaba su angustia casi injustificada, a continuación su teléfono sonó ocasionando un fuerte sobresalto de su parte, sacó el móvil y contestó sin detenerse, si había algo tras de ella no le daría la oportunidad de tomarla o por lo menos sería escurridiza, no se la pondría fácil.

- ¿Aló? –Respondió jadeante sin mirar su pantalla-.

- ¡¿Dónde demonios estás, Levina Marie?! –Ella entornó los ojos ante la mención de su nombre completo-, ¡No sabes en qué estado está tu padre, solo hace preguntar por ti! –Chilló furiosa desde la otra línea la mujer-.

Ella se mordió la lengua para no responderle de mala manera reduciendo la velocidad de sus pasos.

Resopló tratando de que ella no la escuchara.

- ¿Tía Ágata, qué pasa con papá? –Preguntó-.

No dejó de mirar hacia los lados divisando las diferentes sombras que pasaban a su alrededor distinguiendo los diferentes aromas que llegaban, el olor del pan recién horneado, el café o simplemente del alcohol que destilaban alguno que otro hombre que pasaba por su lado, lo que logró tranquilizarla un poco fue verse en un lugar poblado de gente.

-Ha bebido mucho, demasiado ¿Sabes porque lo hizo esta vez?

Levina suspiro una vez más angustiada y agitada.

¡Claro que lo sabía! ¡¿Y cómo no saberlo?!

Todo era culpa de ella, de Laura, de su madre sin sentimientos, chasqueó su lengua para no soltar una retahíla de maldiciones.

-Ya llego tía, dame cinco minutos.

Trancó el celular volviéndolo a su bolsillo y si poder evitarlo susurró: - ¿Qué has hecho papá?

Con la preocupación se le había olvidado hasta la fija mirada en su espalda, no paraba de pensar en su padre y en lo egoísta que era su madre.

¿Estaría siendo injusta crucificando las acciones de su madre? Aunque ¿Quién era el que la esperaba en casa afligido? ¿Dónde estaba su madre a estas horas?

Nuevamente su móvil empezó a vibrar sacándola de su estupor y con fastidio lo saco llevándoselo a la oreja.

-Ya llego tía no desesperes –Masculló con los dientes apretados-.

Pero cuando pensaba que quien hablaría era una insistente Ágata simplemente en respuesta se escucho una risa seca que la heló por completo.

Nunca en su vida se había estremecido de semejante manera, como si estuviese en un peligro invisible ante sus ojos claros.

Tembló como una niña para después aclarar su garganta y hablar, aún así volteaba a cada rincón del barrio que estaba atravesando, no se sentía segura en absoluto.

- ¿Tía? –Nuevamente aquella risa apareció-,

-Si supieras como realmente es esa mujer no le llamarías así, te daría vergüenza si quiera tener un parentesco con ella.

Ella frunció el ceño aún más, aquella voz hizo que el vello de sus brazos se erizara por completo, le daba mala espina pero por un desconocido motivo le sonó vagamente familiar, era como si conociera muy bien al dueño de esa voz masculina aún así no lo recordaba de nada.

Se sintió asustada y acosada, casi corrió esta vez se fijó que no había nadie sospechoso a su alrededor ni mucho menos hablando por teléfono.

- ¿De qué hablas, quien eres? –Preguntó alerta-.

-La peor pesadilla de las niñas como tú –respondió con diversión marcada-.

Entonces Levina rió dejando por un momento de lado el miedo que la había recorrido con anterioridad, no una risa seca como la que había soltado él.

¿Estaba de broma ese estúpido?

Su padre estaba alcoholizado y este imbécil le llamaba para bromas tontas, muy bien, ahora estaba enojada, casi furiosa tratando de contener su lengua para no decirle los improperios más vulgar del mundo.

- ¿De qué vas? tonto –dijo a la defensiva casi sintiéndose desfallecer del cansancio por la continua caminata-.

-Ya lo verás guapa, ahora te dejaré una pregunta y luego cuando vuelva a llamarte la responderás...solo medítala bien, sin presiones.

Levina con curiosidad esperó la pregunta de aquel lunático, no sabía cómo no le había trancado el teléfono, normalmente lo hubiese hecho.

- ¿Conoces bien a tu familia? No es fácil aunque lo creas...

¿Era en serio? Ambas de sus cejas se encontraron fruncidas al igual que sus labios.

¿Qué era lo que le quería decir? ¡Claro que conocía a su familia!

- ¿Crees que eres muy listo, qué lo sabes todo? ¡No me jodas! –gritó-.

Algunas de las personas que se encontraban cerca de ella la miraron con el ceño fruncido otros con burla.

-Se unos cuantos secretos tuyos, de tu familia, incluso de tu mejor amiga Hyo Hee.

Atónita miró la pantalla del móvil, el número no tenía identificador dos segundos después estaba molesta con ella misma por no a ver trancado antes que ese sujeto que al parecer se había fumado algo.

Gruñó fastidiada y se esforzó por llegar lo antes posible a su casa.

- ¿Qué puede saber de mi o de Hyo Hee? –Se preguntó en un susurro-.

Era una tontería después de todo ella no tenía secretos... o a lo mejor sí.

Finalmente había llegado a casa, Levina abrió la puerta y soltó la respiración antes de entrar, su mirada se dirigió hasta dónde estaba su padre tirado a un lado del sillón con una botella de alcohol tapándose la cara con los antebrazos mientras lloraba desconsoladamente, Levina se estaba cansando de aquello, la tía Ágata se sentó a su lado pasando su mano por su hombro parecía preocupada.

Su cabello negro estaba recogido perfectamente a un lado de su cabeza y vestía elegante como siempre cosa totalmente opuesta a su única hija que era toda extravagancia.

-No ha parado de balbucear o gritar el nombre de Laura y el tuyo, ¿Por qué está así Levina? ¿Sabes algo?

Ella solo negó con la cabeza sin apartar su vista de su padre, estaba sufriendo, no iba a decirle a Ágata el porqué estaba así, si su padre quería contarle sobre el divorcio que lo hiciera él, esa era su vida y ella no tenía derecho a comentar nada sobre los problemas internos de su familia.

-Se que sabes algo y no lo quieres decir –Dijo con rencor-.

Si supieras como realmente es esa mujer no le llamarías así, te daría vergüenza.

De repente esas palabras vinieron a ella, no entendía el porqué solo miró a Ágata tratando de descifrar algo en ella pero esta volvió los ojos a su hermano ¿Nerviosa? ¿Fastidiada? Levina no lo supo sin embargo le pareció sospechosa su actitud.

-Debo irme, Ainhoa está sola en casa y conociéndola hará una fiesta con todos sus amigos porque no estoy, si pasa algo llámame.

Solo asintió, sabía cómo era Ainhoa y también sabía de lo que era capaz, pero por otro lado se sentía nerviosa y no quería que le dejaran sola, aquel presentimiento no la había abandonado en absoluto y justo ahora estaba demasiado nerviosa como para que su tía la dejara en manos de su padre casi inconsciente. Después de todo solo contaba con su padre quien ni siquiera podía levantarse solo de aquel sofá por ahora.

-Papá, vamos a dormir...

- ¡Calla, tú no tienes derecho de decirme que hacer, no eres mi hija, ni siquiera Gustavo lo es!

El silencio lo abordó y el corazón de Levina dejó de latir ante aquella declaración tan fuerte.

No, aquello tendría que ser una broma de mal gusto o producto del alcohol, su padre estaba enfadado con su madre y quería perjudicarla.

-Lo siento Levina, tú no eres una mujer como tu madre –lloró de pena- tú eres mi niña.

A continuación Levina fue abrazada por su padre pero esta solo fruncía el ceño en confusión.

Manteniendo una pregunta en mente... ¿Podían ser esas palabras reales?

Tembló y se negó ante aquella posibilidad su padre estaba desvariando, ella era su hija, de eso estaba segura.

- ¿Qué quieres decir con que nosotros no somos tus hijos? ¿Papá? ¡Papá!

Enfadada lo removió con fuerza pero Robert no se movió en absoluto, pensaba encontrar una respuesta ¡Pero él se queda dormido!

Era un disparate quizás, Levina rogaba en silencio porque lo fuera.

Ya no había nada que hacer, no podía cargar a su padre y subir las escaleras con él, como pudo subió sus pies al mueble y lo dejó descansar aún así si quería respuestas, Laura las tenía que dar, ya sin nada que hacer se cruzó de brazos esperando que entrara pronto por la puerta. Sus nervios no disminuyeron, se sentía al asecho.

¿Qué estaba pasando con ella y ese nerviosismo estúpido que sentía?

A donde quiera que la vista clavo

Torno a ver tus pupilas llamear

Más no te encuentro a ti; que es tu mirada,

Unos ojos, los tuyos; nada más.

Levina jadeó al escuchar en su mente otra vez aquella voz recitando a Bécquer, sonaba como la voz del chico que la había llamado por teléfono, pero aquello era algo absurdo, se estaba volviendo loca, para despistar a su mente corrió a colocarse sus audífonos, esperaría a su madre para que le aclarara la situación que le había dicho su padre, se lo diría hoy mismo aunque aquella voz la abrumara la ignoraría hasta que llegara Laura quien tenía mucho que explicar.

Casi dos días habían sido el límite y por los dioses que Alek había tratado de mantenerse al margen, después del ataque contra la discoteca de Markov habían conseguido lo que querían, la reacción del hombre no se hizo esperar, Cian se había enfurecido aún más de lo que planeaban pero no era aquello lo que lo mantenía tan ensimismado, era ella.

La preciosa rubia cobriza a la que había salvado, aún no tenía la menor idea del porque la había sacado de aquel lugar, Alek había querido mantener el control y negar lo obvio, si alguno de los chicos llegaba a enterarse que él había rescatado a esa mujer de la discoteca creerían que se había vuelto débil y eso no podía permitirlo, cuando sus hombres se enteraban de alguna debilidad se aprovechaban y al creerlo blando tratarían de destituirlo y él había luchado mucho por estar donde estaba, Alekséi Ivanović nunca sería endeble y menos por una mujer, iba a cobrarle aquel favor que no sería fácil de pagar, después de todo él nunca hacía nada sólo por mera gratitud.

Capítulo 3 III

La paciencia de Levina duró hasta la 01:30 de la madrugada, estuvo tratando de entretenerse con su móvil con la curiosidad implacable que brotaba de su cabeza, la tensión al parecer ya era parte de ella. Fastidiada trató de cerrar la ventana de la sala ya que hacía mucho frío, al mismo tiempo observaba la oscuridad de la calle, fue así que dio cuenta de que la noche estaba preciosa, siempre la había atraído pero aquella noche en particular estaba indescifrable, fría, una noche como para no estar sola y prácticamente ella lo estaba.

- ¿De quién es ese auto? –Se preguntó frunciendo el ceño-, Ha de ser Laura con uno de sus amantes –habló con repulsión como si hablara con alguien más-.

Acomodando un mechón de sus cabellos claros la joven observo expectante en su sitio, quería verla llegar de la mano con otro hombre para reprocharle aunque sabía bien que se estaba comportando de una forma absolutamente inmadura simplemente quería confirmar lo que ya su padre sospechaba. Minutos pasaron pero nadie salió del auto ya preocupada quiso saber a quién pertenecía o porque estaba ahí. Algo que caracterizaba a Levina Zhang era la curiosidad de saber todo lo que pasaba alrededor, pero también era bastante sagaz como para saber que una chica de 22 años delicada, despistada y cobarde no debía salir a buscar su propia muerte por andar de curiosa, prefería cerrar la ventana e ir a su habitación a acurrucarse en su cama suave.

Ahora bien, la ventana no cedía y Levina ya estaba un poco nerviosa como para saber qué hacer. Aquel escalofrío nuevamente azotó contra su cuerpo siendo esta vez aún más fuerte.

-Zhang, que bonita te ves nerviosa.

El susurro resonó en los oídos de Levina quien tembló de miedo, casi jadeó por los nervios y el susto, se sentía tan cerca. Giró a ver quien estaba atrás de ella pero solo consiguió a su padre roncando en el mueble.

¿Estaba su mente jugando otra vez con ella? De cierta forma no lo sabía pero prefería que así fuese.

-Mierda –Susurró ella agobiada-.

- ¿Acaso temes?

Lo mismo sucedió solo que ahora cerró los ojos y corrió a donde dormía su padre tratando de conseguir un abrazo de este, quien estaba totalmente sumido en sus sueños.

Como si él fuera a protegerla en su letargo.

Estaba perdida, a merced de un desconocido que ni siquiera había mostrado su rostro ante ella. ¿Dónde se encontraba y porqué jugaba con ella de aquella manera? ¿Cómo podía meterse en su mente de esa manera?

Una seca risa se escuchó por la casa o al menos se coló por los oídos de la cobriza.

Levina tembló una vez más en su sitió.

- ¿Levina Zhang escondida bajo cobijas por la presencia espeluznante de un ser sobrenatural? –Se escuchó su voz burlona-.

¿En serio se burlaba de ella? Se mordió la lengua para no responderle con su singular sarcasmo que por lo visto ni en los peores momentos la abandonaba.

Su voz no era muy alta pero se entendía todo a la perfección.

Lo hacía como si quisiera ponerle los pelos de punta y por los dioses que lo estaba consiguiendo.

Ella nunca había sido de las valientes y mucho menos si alguien desconocido entraba en su casa aprovechándose del prolongado sueño de su padre y de su frágil inocencia.

¿A quién se le ocurría dejar las ventanas abierta?

Ella misma se había dejado caer en las manos de aquel que ni siquiera era capaz de ver.

Dios, nunca he tomado un estupefaciente en mi vida, ¿realmente enloquecí?

- Estás destinada a la muerte.

Entonces sintió que halaban la sábana donde estaba escondida como una niña de jardín de niños. Soltó un grito al ver el cuerpo alto del hombre y corrió al otro lado de la casa, la cocina, por lo menos buscaría algo en la cocina que la pudiera proteger siquiera.

-No huyas pequeña Levina, no hay escapatoria, conozco esta casa como la palma de mi mano –alardeó él-.

Ella se esforzó por no gritar o lloriquear, el corazón latía desenfrenado mientras que su respiración se aceleraba más y más.

- ¿Quién eres? –Preguntó aún más temerosa-.

Quien la viera diría que no tenía 22 años sino 13, quizás menos.

-Vengo a preverte, no me agradezcas –soltó con sorna-, como decía, me gusta cazar a mi presa y entre más huyas esto se hará más excitante para mí, eres débil y no eres lo que aparentas ¿Cierto Zhang? detrás de esa carita de ángel escondes algo sucio ¿Me equivoco?

Levina no quería oír a alguien desconocido alardear de conocimientos o secretos que no poseía ¿Cómo era capaz de hacer tal veredicto?

-No sé de qué estás hablando.

- ¿Te atreves a negarlo? –preguntó-.

La burla en su voz la hizo enfurecer tanto que ni siquiera pudo controlar su respuesta.

-Calla esa boca bastardo –Se atrevió a decir o más bien a gritar-.

Realmente no sabía de dónde había sacado el valor para mascullar esas palabras que seguramente la perjudicarían, cerró los ojos esperando un golpe por parte de aquel loco pero nunca llegó, en cambio oyó su risa dejándola perpleja.

-Estoy seguro que has pensado en lo que te dije ¿No es así? Quieres saber porque lo dije y si es real, harías lo que fuera por saberlo.

No quería escucharlo. ¿Estaba loco? Se metía a su casa para decirle aquella sarta de estupideces.

-Estás rodeada de gente tan falsa...y tú.

-Y yo ¿qué? –Preguntó después de un largo silencio-.

-Tú estás rodeada de secretos que te mueres por descubrir pero que ni siquiera estás cerca de hacerlo.

-Claro que no, yo sé absolutamente todo sobre mi familia.

Tan pronto como lo dijo se arrepintió al ver la diversión en rostro de él, era algo incorpóreo además de abrumador ¿Sus ojos estaban viendo lo que realmente creía que veía?

-Si, por supuesto que lo sabes –dijo él con sorna-.

Ella odiaba ese timbre divertido en su voz, estaba irritándola.

-Esto es aterrador –Murmuró más para sí misma que para él-.

A pesar de que apenas podía ver una silueta, Levina supo que sonreía, no sabía que era esa cosa pero en definitiva le causaba escalofríos.

-Pronto tendrás noticias de mi Zhang.

El temor una vez más la golpeó haciéndola retroceder.

-No ¡Vete, no vuelvas! –Gimoteó con la poca valentía que le quedaba-.

-Quieras o no Levina, lo prometo –Juró con voz espeluznante-.

- ¿Estás amenazándome? –Preguntó ella temerosa-.

-Tómalo como quieras –agregó con voz sugerente alertándola-.

- ¿Qué diablos eres?

Las piernas de Levina aun temblaban de miedo. Era alto y demasiado pavoroso, pero por alguna razón se sentía curiosa de él y aquello era lo que más la turbaba, la extraña cercanía que sentía con ese ser intangible.

-Lo único que te diré es que mi nombre es Elatha.

La rubia no dio respuesta y finalmente él dio la vuelta irse.

¿Qué estaba pasando?

- ¿Porqué lo haces? ¿Por qué te interesa ayudarme a descubrir los supuestos secretos de mi familia? ¿A cambio de qué? –preguntó más confundida que nunca ella-.

Estaba tan presa del miedo, quería que la dejara en paz, Levina no sabía cómo es que continuaba hablando con él.

-Es importante saberlo, siempre es bueno saber de dónde provenimos ¿No? A lo mejor me agrades y te deje con vida –Murmuró vivaz antes de marcharse-.

¿Es que él pretendía matarla?

-Levina ¿Has llegado? –Musitó su padre desde el mueble-.

Se sintió un poco más aliviada al darse cuenta de que al menos ya no estaba tan sola, suspiró audiblemente dirigiéndose donde su padre y no sintió más esa extraña presencia.

¿Por qué iba a espantarle aquello si ya había visto suficiente esa noche?

Soltando un suspiro se giró una vez más hasta su padre.

-Voy a dormir.

En su habitación pensó una y otra vez en aquel extraño tan alto e intimidante hasta que cayó en el profundo sueño.

Despierta, tiemblo al mirarte:

Dormida, me atrevo a verte;

Por eso, alma de mi alma,

Yo velo mientras tú duermes.

Escuchó como un susurro que la arrulló en su estupor, aquella no era la misma voz que había escuchado de él, esta voz era dulce, algo etéreo que la hacía entrar en calma.

Era oficial, había enloquecido.

- ¡¿Cómo fue que te paso eso Liv?! –Preguntó Hyo Hee-.

Levina le había contado todo lo que había pasado la noche anterior con aquel desconocido y como siempre que hablaban de algo sobrenatural, Hyo Hee estaba más que encantada de hablar de ello.

-No lo sé, quizás esté delirando, a lo mejor lo imaginé.

O eso era lo que ella quería creer.

-Es algo absurdo.

Se burló la coreana a pesar que el timbre de su voz no era algo normal.

- ¡Hyo Hee! ¡Despierta, esto es real no bromeo y estoy en problemas! Un desquiciado loco me puede descuartizar en cualquier lugar –Razonó Levina-.

Hyo Hee entornó los ojos como si le hubiese dicho la mayor estupidez del mundo.

-Estás siendo dramática y esto se debe a la presión con tu familiar, tu solo necesitas salir, conocer muchachos, ya sabes –giñó su ojo-.

Levina conocía lo que Hyo Hee insinuaba y se sonrojó de sobre manera al escucharla.

Hyo Hee debía estar bromeando, ella hablaba de algo serio.

En ese momento Levina tomó una decisión, averiguaría lo que desconocía de su familia y si es que acaso lo volvía a ver se lo restregaría en la cara.

Estaría más que feliz por ello, en ese momento solo tenía en la cabeza a ese hombre y cómo hacerlo salir de su vida, lo que Levina no sabía es que las cartas estaban echadas y para su desgracia aquel desconocido tenía un as bajo la manga.

Él entró en el lugar derribando una silla para después apartar de un empujón al chico que se atravesaba en su camino, estaba furioso consigo mismo, ¿Por qué había ido allá y no la había matado?

Cerró los ojos apretando la mandíbula al recordarla, tenía que matarla lo antes posible, ella no era como otras víctimas, nunca había matado a una mujer pero él haría una excepción.

- ¿Qué sucede Elatha?

Preguntó su amigo al verlo tan furioso, por lo general Elatha era frío y nada alteraba sus emociones sin embargo últimamente estaba comportándose de una manera extraña, bastante sospechoso.

-Nada, es mi problema, mantente al margen Darien.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022