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Irresistible Error

Irresistible Error

Autor: : EVA M
Género: Romance
Su mundo no podría ser más perfecto. Tenía todo lo que deseaba y lo que no lograba tener a su alcance, lo conseguía con un simple batir de sus pestañas. En su cabeza, el resto de su vida estaba limpiamente planeado y calculado: se casaría con el amor de su vida, tendrían una bonita casa, un perro y serían felices por siempre, así que, ¿qué podría salir mal? Sin embargo, su idílica utopía se fue directo al infierno cuando despertó un día con una terrible resaca y, peor aún, con un acta de matrimonio que ella no recordaba haber firmado. ¿Cómo reaccionarían sus padres cuando se enteraran que se había casado con el hijo de la mujer que ellos más odiaban en el mundo? ¿Cómo tomaría su novio la noticia de que había contraído matrimonio con alguien más? Y lo que resultaba más desconcertante: ¿por qué había decidido no terminar el matrimonio inmediatamente?

Capítulo 1 Leah

Las manos de Edith se sentían tibias sobre mis mejillas y la pulsera de perlas que llevaba en la muñeca estaba clavándose en mi piel.

Levanté el rostro y la miré con diversión, haciendo mi mejor esfuerzo en no soltar una carcajada por la cara de concentración tan ridícula que mostraba: su frente profundamente ceñida, sus labios sumamente fruncidos y sus párpados fuertemente cerrados.

Lo mejor era el sonido de supuesta meditación que estaba emitiendo.

-Uhmmm...

-Edith, esto no está...

-Shh-apretó con más fuerza su agarre en mi rostro y puse los ojos en blanco, sonriendo.

-Anda ya, Buda-la molesté-. Me saldrán raíces del trasero si sigo sentada aquí por más tiempo.

Edith dejó caer las manos a sus lados y me lanzó una mirada de exasperación.

-Leah, estoy tratando de hacerte un fa-vor-se defendió-. Tus chakras podrían estar terriblemente desordenados y tu pobre alma en desgracia podría terminar en el infierno.

Enarqué las cejas, sin estar en absoluto convencida.

Mamá decía que había sacado eso de papá. Eso y mi manía de mirar a todos los demás como si no pudieran sumar dos más dos.

-De acuerdo, tú ganas-se rindió, al tiempo que se acomodaba sobre el hombro la larga cabellera clara-, pero deja de mirarme como si fuera estúpida.

Me incorporé de un salto y le pasé el brazo por los hombros, instándola a caminar junto a mí para llegar al edificio principal; seguramente Jordan y los demás estarían ya esperando por nosotras.

Una sonrisa se dibujó en mi rostro al imaginar la cara que pondría mi novio cuando le contara que-nuevamente- había sido el conejillo de indias de Edith en su incansable obsesión por encontrar la religión perfecta que llenaría de plenitud y felicidad su vida.

Aunque debía admitir que después de pasar por el chamanismo y el shintoismo, el budismo no sonaba tan mal.

-¿De qué te ríes?-preguntó mi amiga con curiosidad-. A veces me asustan tus reacciones, ¿sabes? Eres tan rara.

-Mira quién habla-contraataqué dándole un golpecito con mi cadera-. Pensaba en Jordan.

Ella resopló y se deshizo de mi agarre.

-Obviamente. Tu pequeño cerebro no puede pensar en otra cosa, mononeurona.

Abrí la boca fingiendo indignación y acelerando mis pasos para ir a la par.

-¿Perdón? Lo dices porque estás celosa. No es mi culpa que la gran Edith Morgan no pueda conseguir pareja.

Mi mejor amiga me asestó un golpe en el hombro y una risa se escapó de mi garganta.

-No es que no pueda conseguir a cualquiera, es que no quiero a cualquiera-clarificó y reí con más ahínco.

-Claro, lo que tú digas.

-En verdad. Los chicos de nuestra edad son tan idiotas-recalcó con dramatismo-. Lo mejor que podría hacer es conseguirme a alguien mayor, ya sabes, más maduro, como un sugar daddy.

La miré a mitad de camino entre la incredulidad y la diversión.

-¡Por Dios, Leah! No me mires como si tú nunca lo hubieras pensado. En verdad, ¿qué se sentirá estar con un hombre maduro, experimentado, guapo?-sacudí la cabeza y Edith esbozó una sonrisa maliciosa-. Ahora que lo pienso, a tu padre los años le han asentado maravillosamente. Él sería un perfecto sugar daddy.

-No, no. Alto ahí, loca-la amenacé deteniendo su andar en seco con un dedo acusador-. Ni se te ocurra. Además, mi madre te cortaría el cuello, estoy segura.

-¿Y quién no?-clavé mis ojos en ella con horror.

Soltó una carcajada y me dio un manotazo, al tiempo que retomaba su camino.

-Okay, entonces tu papi está fuera de mi alcance.

-A mil años luz, diría yo-remarqué con decisión.

-Bien, ¿y qué tal si me presentas tu hermano mayor? Erik está buení...

-Ni en un millón de años-la corté, divertida-. Además, nunca dejaría a Claire. Hasta donde yo sé, la adora.

Edith bufó derrotada y la interrumpí de nuevo cuando abrió la boca para decir otra estupidez.

-Y ni se te ocurra mencionar a Damen, sólo tiene quince años-la rubia se retiró un mechón de cabello del rostro con hastío y agachó los hombros.

-¡Leah, no es justo!-berreó- En serio, ¿qué clase de ritual hicieron tus padres? Todos ustedes son ridículamente...-gesticuló, tratando de encontrar la palabra correcta dentro de su disparatada cabeza-Atractivos.

-Es la naturaleza-dije con petulancia, retirándome el cabello oscuro del hombro con parsimonia, para otorgarle más dramatismo-. Se llaman genes, por si no los conocías.

-Si llimin ginis-me imitó con voz aguda-. Maldita zorra presumida.

Volví a reír.

Capítulo 2 Leah

El edificio principal estaba atestado.

Edith y yo nos abrimos paso a través de un mar de codos y piernas, pertenecientes a los estudiantes que trataban de huir y correr a sus casas.Para ser una de las universidades más caras del país, albergaba en su seno a muchísimos estudiantes.

-Llegan tarde-nos reprendió Ethan mirando el reloj en su muñeca-. Creíamos que se habían perdido o algo así.

-Todo es culpa de Leah-Edith me señaló con el pulgar al tiempo que se resguardaba del sol bajo el portal de la explanada-. La abeja reina no puede dar cinco pasos sin saludar al menos a diez personas.

-¡Tú fuiste la que se quedó charlando con Mike por horas! Incluso estuve a punto de irme, porque casi te abres de piernas para él en ese momento. ¿Qué pasó con tu discurso de oh-soy-demasiado-buena-para-los-chicos-menores?

Ethan y Sara se miraron con sorpresa, y Edith abrió la boca en su patético intento de fingir indignación, pero sabía que se estaba divirtiendo porque no podía contener la risa.

-¿Celosa?-dijo con suficiencia-. Tú y Jordan llevan siglos juntos, es obvio que te aburras de estar siempre con la misma persona.

-¡Eres una...!

Antes de que pudiera decir algo más, sentí como alguien me rodeaba la cintura por detrás y se ceñía a mí con fuerza.

-Hola, preciosa-la respiración de Jordan se sintió cálida contra mi cara y envió un escalofrío por toda mi columna. Recorrió la forma de mi oreja con su nariz para después depositar un beso en mi sien.

Me giré entre sus brazos encarándolo y sonreí. Sus ojos miel brillaban por la luz del sol que entraba a través del portal en ese momento y su cabello claro destellaba como si estuviese hecho de oro.

Era peligrosamente atractivo.

Y completamente mío.

-Te extrañé-me apoyé en las puntas de mis pies para besarlo y me dejé envolver por la sensación que provocaba siempre en mí, como si todo mi interior se llenara, como si su presencia iluminara cada parte de mi vida.

Alguien carraspeó y nos separamos por educación, al tiempo que volvía a colocar mi espalda sobre su ancho pecho.

-Estamos en horario familiar, por Dios-nos regañó Ethan, mirándome con falsa exasperación.

-Se llama envidia, amigo-Jordan entrelazó mi mano con la suya sobre mi estómago.

-Un día de estos me provocarán un coma diabético, lo juro-susurró Sara, siendo apoyada por Edith, que no paraba de asentir mientras peleaba con el envoltorio de su dona.

-Paren ya con tantas cursilerías, ¿quieren? Necesitamos afinar los últimos detalles para el viaje-Ethan se irguió, dándose importancia-. Nos vamos en cuatro días y no veo sus fotos con sus maletas hechas.

-Te juro que mi alma está allá desde que me dijiste que iríamos-contesté levantando la mano con entusiasmo.

-La mía igual-Sara extrajo de su bolso su celular y comenzó a mostrarnos varias fotografías-. Tengo toda la ropa que usaré seleccionada e hice una especie de itinerario de los lugares a los que quiero ir.

Ethan la miró como si le hubiese crecido otra cabeza.

-¿Estás loca? Yo ya hice el itinerario y por si lo has olvidado, iremos para celebrar mi cumpleaños.

-Lo sé, pero también podemos visitar los lugares que...

-Sara, admítelo, será un milagro si podemos estar de pie por más de tres horas después de las resacas matadoras que cargaremos todos los días-la interrumpió Edith y yo asentí vigorosamente.

-Tendrán suerte si no terminan en el hospital por una congestión alcohólica-comentó Jordan y yo le di un codazo en el estómago.

-No te preocupes, Jord-dijo mi amiga. - Yo la cuidaré por ti.

Mi novio soltó una profunda carcajada.

-Corrección, creo que Leah te cuidará a ti.

Capítulo 3 Leah

Edith estaba por defenderse cuando alguien se acercó a nuestro grupo e interrumpió la charla. Las risas se acallaron de inmediato y el aire se sintió repentinamente tenso cuando Alexander Colbourn hizo acto de presencia.

Me miró por un tiempo no mayor de un segundo y después saludó con un gesto a los demás. Todos correspondieron, a excepción de mí.

-Ethan, necesito hablar contigo-dijo tranquilamente y mi amigo asintió, para después disculparse y alejarse unos metros con el chico.

Siempre que él estaba con nosotros, la atmósfera se sentía mil veces más pesada, como si trajera consigo una vibra oscura, extraña.

No sabía cómo describir la sensación y no me agradaba en absoluto. Sin embargo, lo cierto era que sabía se trataba de un sentimiento compartido, pues siempre que por un desafortunado accidente del destino él osaba posar sus ojos en mí, su expresión era extraña; como una mezcla de curiosidad y repugnancia.

O tal vez era solo mi paranoia y nuestra historia familiar, que no me permitía convivir con él como gente normal. Aunque él también contribuía a volver nuestra relación más incómoda de lo que ya era ignorándome más que a una mancha en la pared siempre que estaba con los chicos.

¿Inmaduro? Tal vez. ¿Grosero? Sí. ¿Me importaba? No.

Podía contar con los dedos de mi mano derecha las veces que nos habíamos dirigido la palabra y todo el tiempo terminaba siendo algo extraño y muy, muy incómodo.

Todo lo que sabía era que...bueno, nada en realidad. No sabía nada de él, sólo los hechos: que era extrañamente popular, criminalmente guapo y, según decían mis amigos y mi novio, una persona carismática.

Ethan me daba la espalda y mientras charlaba con Alexander, los planetas volvieron a alinearse y sus ojos azules conectaron con los míos. Me sostuvo la mirada por un par de segundos y de inmediato me sentí inmersa en ese tonto juego de mira-quien-resiste-más, y yo odiaba perder, así que me obligué a no parpadear, aunque su mirada resultara mil veces más penetrante y avasalladora que la mía. Luego pareció rendirse, enfocándose de nuevo en mi amigo y en su acalorada conversación.

Era tan...

-¿Leah?-inquirió de pronto Jordan, sacándome de mis cavilaciones y de mi cruda batalla campal con el hijo de Drácula.

-Perdón, ¿qué?-musité sacudiendo la cabeza, con los ojos miel de mi novio mirándome expectantes.

-Qué distraída estás hoy-acarició mi mejilla y agradecí su cálido toque-. Edith decía que te vería por la noche en la fiesta de tus padres y se ha ido con Sara a la cafetería. Yo te comentaba que tal vez llegaría un poco tarde.

-Ah-contesté aún dentro de mi estupor, y parpadeé un par de veces buscando concentrarme-. Claro, no hay problema.

-Después iremos a la fiesta de Madeleine, ¿no es así?- sonrió y yo le correspondí entusiasmada.

-¡Por supuesto!-dije bailoteando a su alrededor y él soltó una carcajada ronca-. Las fiestas de papá a veces son tan mortalmente aburridas, las odio.

-Nunca entiendo una mierda de lo que hablan, aunque valdrá la pena si después puedo estar contigo-sus ojos miel se iluminaron con devoción.

Adoraba la manera en que me miraba, como si lo reservara sólo para mí.

-Lo sé, tampoco entiendo nada-concedí-. Pero, después de eso podemos ir a una verdadera fiesta.

-Eso suena mucho mejor-se acercó de nuevo, colocando sus manos en mi cintura y acercándome para reclamar su beso-. Debo ir a entrenar-susurró aún cerca de mí y yo estuve a punto de hacer un puchero.

-De acuerdo.

-Alex, ¿vamos juntos?-preguntó Jordan una vez nos separamos.

Estaba tan abstraída en nosotros que no reparé en que ya habían vuelto.

Clavé mis ojos en él sin disimularlo el ningún momento, pero Alexander ni siquiera se inmutó.

-Por supuesto-dijo con una sonrisa que parecía genuina. Se despidió de Ethan y, cuando fijó sus orbes en mí, encuadré los hombros y crucé los brazos, buscando dejarle en claro lo que era evidente.

Pasó a mi lado como si nada y tomó su camino junto a Jordan.

-Qué chico tan extraño, en serio-acoté una vez estuvieron lo suficientemente lejos-. Es insoportable, no sé cómo Jordan y tú pueden estar cerca de él.

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