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JUGANDO CON LA MAFIA.

JUGANDO CON LA MAFIA.

Autor: : Yana Eduarte
Género: Mafia
Dos gemelas son separadas al nacer, la mayor llamada Ilse y la menor Geanna; lo que no saben es que Adán, el padre de las niñas, dio por muerta a Geanna y la vendió por 20 mil dólares a una familia millonaria porque la bebé de estos nació muerta. Hicieron un intercambio; años después, Ilse comienza a trabajar en un centro comercial, en un local de ropa, famosa por su marca, y el destino hace una mala jugada: la abuela de Geanna, quien es ahora Neferet, se encuentra con Ilse.

Capítulo 1 Mentira

Años atrás.

-Adán, necesito que me lleves al hospital porque se me acaba de romper la fuente. -exclamó una madre desesperada, temiendo dar a luz en aquella casa en donde no tenía nada listo aún para la llegada de sus hijas; sus hijas nacerían con 31 semanas de embarazo.

-Mujer, si te quejas, maldita la hora en que saliste embarazada. -exclamó aquel hombre y, a regañadientes, se levantó de su cama y fue por un taxi.

Aquella mujer sentía que se iba a desmayar, así que tomó fuerzas de donde no tenía para no hacerlo. Ambos llegaron al hospital y rápidamente atendieron a la mujer que estaba en trabajo de parto.

Mientras la mujer estaba en el quirófano, aquel hombre esperaba en la sala de espera; se estaba quedando dormido cuando una pareja de ancianos salió llorando de una habitación cercana.

-No puede ser, mi primera nieta nació muerta, no puedo, necesito hacer algo para que mi hija no sepa sobre la muerte de su bebé, no lo va a soportar. -Aquella anciana lloraba sin parar; aquel hombre la miró de manera detallada; observando su ropa, se veía muy costosa. ¿Pero qué hacía una mujer así de esa talla en un hospital de pobres? Se preguntó aquel hombre, miró hacia la pareja de ancianos; ellos se estaban yendo, pero el hombre reaccionó a tiempo y corrió hacia ellos.

-Disculpen, no me quiero entrometer, escuché la conversación y yo tengo la solución a sus problemas. -Habló en voz baja aquel hombre y a la anciana se le iluminaron sus ojos.

-No te conocemos, ¿qué es lo que quieres? -el anciano que venía con ella exclamó en un tono molesto; no conocía al hombre y que haya dicho eso tampoco le pareció correcto.

Aquel hombre vio la oportunidad para hacer algo que ningún padre haría, comenzó a llorar desconsoladamente y les dijo..

-Mi esposa acaba de fallecer, no me siento apto para cuidar a mi bebé solo, no sé si podré darle una vida mejor. -Él siempre sabía cómo mentir y lo hacía a la perfección.

Siguió llorando para hacer creíble la historia; aquellos ancianos sentían pena por el hombre y se apiadaron de él; la anciana vio en él su salvación.

-¿Podemos verla? -preguntó la anciana volviendo a llorar

-Sí, solo necesito que me dé unos días para poder despedirme de ella. -respondió el hombre limpiándose las lágrimas luego de salir victorioso.

-No puedes hacerlo, dijiste que me la darías. - La anciana se estaba impacientando

-Solo unas horas está bien, usted puede decirle a su hija que su bebé se quedará en observación por protocolo y después de unas horas podrá verla en la habitación de su hija, se lo aseguro.

-Está bien, voy a confiar en ti. -dijo la mujer y el hombre asintió; ella sacó de su cartera una mini libreta con una pluma.

-Esta es la habitación de mi hija; te daré 20 mil dólares por tu silencio. -dijo la anciana.

-Descuide, solo le pido que la cuiden y le den el amor que ella necesita. Aquel hombre por dentro festejaba lo que había pasado.

-No habrá problemas con eso. -Aseguraron los ancianos.

Aquel hombre se guardó en el pantalón la hoja que le había dado la anciana; iba caminando hasta que vio a una de las enfermeras que había entrado con su mujer.

-Enfermera, ¿cómo está mi esposa? -pregunto.

-Su esposa se desmayó cuando estábamos intentando sacar a la segunda bebé. Hicimos lo posible por salvarla; ambas se encuentran bien, solo que su esposa se desmayó, pero están tratando de estabilizarla, no se preocupe. -dijo la enfermera. Estaba cansada; llevaba dos días en turno sin poder ir a casa. Quería permitirse descansar, pero no podía; solo necesitaba que un milagro le sucediera.

-Necesito que me hagas un favor. Aquel hombre la tomó del brazo y la llevó a una esquina cercana. -Necesito que cambies a una niña que nació muerta por una de mis hijas.

-Lo siento, yo no puedo hacer ningún favor. -La enfermera se puso furiosa por lo que aquel hombre le había dicho, pero trató de engatusarla, así que para su buena bondad le puso precio.

-¿Hablamos de 5 mil dólares? -Aquel hombre había dado una cifra sin más y ella se lo pensó dos veces; podía pagar los remedios de su madre enferma, por unos meses, así que sin más, la enfermera sonrió.

-¿Qué favor exactamente necesita? -mencionó cuando vio a un doctor acercarse. -Señor, ya le dije que su esposa está bien. Aquel doctor solo pasó y la enfermera estaba nerviosa por tal atrocidad.

-Como te lo comentaba, solo haz creer a mi mujer que una bebé nació muerta

-Señor, ¿no cree usted que eso es imposible? -La mujer seguía nerviosa; en su cabeza estaba lo de la enfermedad de su madre y si cambiar o no a la bebé; quería hacerlo, pero algo no la dejaba. Se puso a pensar nuevamente: ¿Y si la descubren? ¿Y si la madre de aquella niña se enteraba? ¿Y si su madre aún tenía esperanzas? Dudas y preguntas la invadían...

-En la habitación 45, una mujer perdió a su bebé. Puede traerla y hacerla pasar como la mía, y la mía puede intercambiarla; tenga en cuenta que son 5 mil dólares que puede llevarse al bolsillo gratis. Nunca sucede tal milagro, ¿o sí?

-Está bien, lo haré. Aquel hombre sonrió y la enfermera se fue.

Pasaron horas y Lorena fue llevada a su habitación 46. ¿Coincidencia?

-Adán, necesito ver a mis bebés. -dijo Lorena, quien se encontraba un poco mejor; necesitaba ver a sus hijas para recomponerse.

-Sobre eso quería comentarte algo. -dijo Adán con lágrimas en los ojos. Necesitaba hacer creíble aquella historia, así que volvió a hacer un show

-¿Qué pasó, Adán? Me estás asustando, habla rápido. -mencionó Lorena, temiendo lo peor.

-Amor... una bebé... una bebé, nació muerta. -dijo sin más Adán, llorando pero ocultando su sonrisa de que había vendido a una de sus hijas por dinero.

-No, no, no, no, no, mi bebe, no es posible, pero yo escuché dos llantos diferentes, por favor, dime que es mentira. -dijo Lorena con lágrimas en los ojos; no quería creer lo que le estaba diciendo Adán, ella quería que todo fuera mentira.

-Lo siento, solo tenemos una bebé. -Adán se dedicó a limpiar sus lágrimas.

-QUIERO VER A MI BEBÉ, NECESITO VERLA. -Lorena dio un grito desgarrador, tanto que tuvieron que llegar unos enfermeros para estabilizarla y la sedaron.

Pasaron los minutos y, como si fuera todo posible, la enfermera llegó con una bebé y se la dio a Lorena. Aquella madre comenzó a llorar con su bebé en brazos.

-¿Podría, por favor, traerme a mi otra bebé? -Lorena estaba devastada; ella debía tener a su otra hija allí, admirarlas a ambas y no llorar a una de ellas.

-Enseguida la traigo, pero cálmese, por favor. -dijo la enfermera.

Pasaron minutos y la enfermera fue directamente a la habitación de al lado y les entregó la otra niña de Lorena.

Mientras tanto, en la habitación 45

-Hija, aquí está tu bebé, mira qué hermosa es. -expresó con tanta alegría aquella anciana.

-Mamá es hermosa, mira esos ojitos, estas manitos, eres tan hermosa, mi bebé. Aquella mujer tomó una de las manitos de la bebé y le dio un beso, mientras miraba a detalles lo hermosa que había salido su hija.

No le tomó tanta importancia que la niña hubiera nacido un poco menos de estatura; ella estaba consciente desde el principio de que su embarazo era un poco riesgoso.

La enfermera vio aquella situación y el corazón se le hizo pequeño. Qué gran mentira viviría esa mujer, pensó, pero su rostro desbordaba mucha felicidad; pero ella estaba con ganas de llorar, así que salió de la habitación 45 y se dirigió a la 46; Lorena estaba muy mal por la pérdida de su bebé.

-Señora, aquí le traigo a su bebé, cálmese, por favor. -expresó aquella enfermera y salió de la habitación.

-Amor, tranquilízate, tienes que ser fuerte por nuestra otra bebé. -comentó Adán un poco triste, pero lo que estaba pensando era totalmente diferente; quería verse con todo ese dinero, estaba pensando en cómo gastarlo en mujeres, trago, vanidades. Pensó también que le pediría más dinero a la anciana; quería dejar la vida de pobre que tenía y conseguir dinero a lo fácil solo manipulándola siempre.

-Tendré que conformarme con una. -Lorena vio a la niña envuelta en una mantita blanca, su piel pálida, reparando su cabello. Aunque me hubiera gustado tener ambas. -finalizó Lorena.

-Lo sé, amor. -Adán lo dijo con una gran tristeza que ni él se lo creía, ya que le había salido tan natural.

Pasaron aproximadamente dos días y les dieron el alta a las dos mujeres; mientras una reía y soñaba en cómo hacer feliz a su hija, la otra madre seguía llorando a una de sus hijas.

Lorena hizo todo el papeleo del acta de defunción antes de salir del hospital, y al hacerlo, salieron en un taxi hacia el cementerio con un ataúd blanco pequeño. Al llegar, ella sostenía a su bebé, que vivía, a quien le dio por nombre Ilse. Adán bajó el ataúd. Los tres entraron al cementerio, caminaron hasta el lugar que su bebé Gianna ocuparía para toda la eternidad que le quedaba para visitarla y nunca olvidarla.

-NO ENTIENDO CÓMO PUDISTE HABER MUERTO; SIEMPRE TE VOY A RECORDAR, MI QUERIDA BEBÉ. AHORA ERES MI ÁNGEL, MI PEQUEÑA GIANNA. ME HUBIERA GUSTADO VERTE CRECER AL LADO DE TU HERMANA. TE AMO MUCHO, MI BEBÉ -decía Lorena con lágrimas en los ojos y volviendo a llorar-, ¿POR QUÉ, DIOS MÍO, ME LA QUITASTE? -Lanzó un grito desgarrador. -YO SIEMPRE FUI BUENA Y TÚ ME QUITASTE A UNA HIJA, NO SÉ QUÉ HACER. -Volvió a gritar; ese grito desgarrador se escuchó muy fuerte, e hizo asustar a su bebé Ilse, su bebé que solo la acompañaría. -EL DOLOR DE UNA MADRE ES MUY FUERTE, NO TENGO FUERZAS PARA SEGUIR, NO SE COMPARA CON NADA, ME ODIO A MÍ MISMA POR DESMAYARME Y PERDERTE, PERDÓNAME, MI AMOR. SOLO ERAS UNA BEBÉ. -Lorena seguía gritando y sus gritos eran muy desgarradores y de desesperación; se iba a culpar siempre por haber perdido a su otra bebé.

-Lorena, tenemos que irnos. -Dijo Adán; él solo quería irse, dejar a su esposa y huir.

Pasaron varias horas y ella salió del cementerio devastada con Ilse en sus brazos; por nada del mundo su pequeña Gianna volvería. Solo le quedaba cuidar a su pequeña Ilse.

Cuando llegaron a casa, Lorena fue a dejar a su pequeña Ilse a su habitación. Mientras ella se dirige a hacerle un biberón, el marido se sentó en la mesa, la miró con asco y con un fuerte desprecio.

-Tengo algo que decirte, Lorena. -Adán no podía ocultar cuán molesto estaba de volver a su casa; él exclusivamente quería irse a disfrutar y Lorena únicamente lo observó y no entendía qué pasaba o qué le diría Adán.

Capítulo 2 Decepción

-¿Qué ocurre? -preguntó Lorena un poco cansada; ella estaba débil, llevaba dos días sin comer ni dormir bien.

-Lorena... Lorena, yo... no...no... -Adán quería irse, así que Lorena se enfureció.

-¿Qué vas a decir, Adán? Hablaaaa -dijo con lágrimas en los ojos.

-Lorena, yo... -Adán se lo pensó; ya no tenía caso, quería irse, así que sin remordimientos habló: -Verás, yo no tengo por qué vivir con una mujer como tú, perdiste una hija mía y eso nunca te lo voy a perdonar, te odio, cuida a tu hija a no ser que muera por tu culpa. -Adán exclamó con odio.

-Pero ¿qué estás diciendo, Adán? Bien lo sabes, que yo me desmayé porque no tenía fuerzas; yo no quise matar a nuestra bebé. -Lorena estaba llorando.

-Basta, Lorena, yo me voy. Eres un inútil que no sirves para nada, no me voy a quedar contigo, ¿qué dirá la gente de mí? Todo es tu culpa, tú arruinaste la familia; te voy a odiar siempre. -Adán se fue hacia su habitación; Lorena solo lloraba. Estaba en etapa de negación, no creía que nada de lo que le estaba pasando; se preguntaba por qué tanta maldición le caía a ella.

-Adán, por favor, no te vayas, perdóname, por favor. -Lorena se arrodilló pidiéndole disculpas y suplicándole que no se fuera. -Por favor, no te vayas, ¿qué voy a hacer?, no sé qué hacer si te vas. -Dijo aún en el suelo y llorando de desesperación; en ese momento Adán, con todo el odio del mundo, la tomó del cabello e hizo levantarla.

-Escúchame bien, nunca vas a ser feliz, porque desde ahora vas a ser el hazmerreír de todos por perder a tu bebé y yo me voy a encargar de eso. Lorena, tu vida se volverá un infierno y vas a lamentar haber perdido a tu bebé; todo, absolutamente todo, es tu culpa, Lorena, no vales nada sin mí. -Adán, estaba apretándole muy fuerte el cabello; luego, la golpeó con la hebilla del cinturón hasta el punto en que Lorena volvió a caer en el suelo, le escupió el rostro y, sin que fuera poco, se dio cuenta de que había una olla de agua hirviendo; la tomó y se la tiró.

Lorena vio cómo el hombre con quien había estado más de 2 años se marchaba; desde ese momento se dio cuenta de que nunca sentiría amor por cualquier hombre; ella no quería pasar lo mismo. Lorena era guapa, pero esa belleza se fue borrando para complacer a Adán. Se levantó y fue a darse un baño.

Comenzó a llorar en silencio; las heridas le dolían mucho, si bien es cierto que Adán le había pegado algunas veces, pero esta vez lo hizo más. Lorena salió del baño y fue en busca de una crema que le Aliviaba el ardor, se colocó su ropa, miró a su bebé, quien dormía plácidamente, y se prometió a sí misma cuidarla y sacarla adelante.

-Juro que mientras yo viva, nadie, absolutamente nadie te lastimará, pequeña Ilse; voy a protegerte y si me toca matar, lo haré, todo sea por verte feliz, mi niña. -dijo y le dio un beso en la frente.

En el otro extremo de la ciudad se encontraba una bebé que fue recibida de buena manera. Aquella bebé se llamaba Neferet. Los padres de esta bebé lucharon años para poder tenerla, pero al fin se daba esta oportunidad.

Lo que la pareja no sabía era que aquella bebé no era de ellos; la abuela materna hizo muy bien su trabajo: sin que nadie se diera cuenta, sobornó a los doctores y enfermeras que habían atendido a su hija. Nadie más que ellos y aquel hombre que había vendido a su hija sabían, mientras su yerno estaba viajando a la ciudad; ella solo miraba a su hija, quien estaba feliz por la bebé.

Al día siguiente en la noche, Lorena hizo algo que nunca se imaginaría que haría: tomó una maleta y guardó ropa de ella y de la bebé; en otra, todos los productos de la bebé y alguna cosa. Fue a un baúl que tenía en un rincón que nadie más que ella sabía. Miró todo; le trajo recuerdo, pero ella quería irse, así que solo tomó un bolso que estaba en el baúl, sus documentos como pasaporte y una pistola; la guardó. Salió al patio y tomó una botella de gasolina que estaba cerca; la regó por toda la casa.

-Bueno, mi amor, perdóname, pero no queda otra opción -expresó mientras tomaba a la bebé y la ponía en la acera de la calle. Se aseguró de que nadie la viera, sacó una caja de cerillos, la tiró al suelo y en un instante toda la casa se ardió en llamas.

Tomó a la bebé y se fue corriendo del lugar; tenía menos de 5 minutos para que alguien se diera cuenta y avisara a la policía, cosa que ella no quería. Como si Dios le diera una señal, apareció un Taxi, ella subió al taxi y el taxista se quedó pensando si ella tal vez se había robado a la niña.

-Me puede llevar a... -El hombre iba a llamar a la policía y Lorena lo vio. -Por favor, no lo hagas. -dijo mientras sacaba su arma. -Bájate del auto. -El taxista le hizo caso, no sin antes pedirle el teléfono.

Ella condujo hasta un hotel fuera de la ciudad; había dejado el taxi cuatro cuadras más abajo; ella sabía que dejándolo allí, cualquier persona se lo llevaría. Pagó una habitación y se revisó la herida; su bebé se había levantado y comenzó a amamantarla.

17 años después.

Ambas niñas crecieron; ya no eran niñas, ahora eran unas señoritas. Una de ellas era humilde y daba todo por conseguir una beca en el mejor colegio de la ciudad, mientras que a la otra le daba igual todo; ella manipulaba a todos para conseguir lo que quería.

Neferet a sus diecisiete años decidió pintarse el cabello rubio y utilizar lentes de contacto de color verde; sin dudas, antes de su gran cambio, su color de cabello era negro y de ojos cafés oscuros, que daba apariencia de color negro; utilizaba mucho maquillaje.

Ilse se conformaba con su gran belleza, sus ojos grandes de café oscuros que también daban apariencia de color negro, su cabello negro, su piel color blanca, sonrisa perfecta; ambas adolescentes habían sacado la belleza de su madre. Ella solía maquillarse poco; solo se pintaba las cejas y utilizaba algo de gloss.

Ilse

-Mamá, tengo que ir a la universidad a dar el examen, quiero conseguir la beca completa, pero antes déjame ayudarte con las cosas. -Mamá siempre se preocupaba por mí; ella ha dado mucho por mí y ahora quiero hacer las cosas para ella.

-Hija, perdóname por no darte una vida mejor, prometí hacerlo, pero necesito estar contigo, no quiero perderte como perdí a tu hermana. -Hablo, mamá, un poco melancólica.

-Mamá, sé que mi hermana falleció, pero no te sientas así. Si ella estuviera aquí, todo fuera perfecto, pero ahora ella es un ángel que nos cuida y protege. Recuerda que falta poco para nuestro cumpleaños número 18, así que arriba esos ánimos; yo te prometo salir adelante y ayudar con todos los gastos. -Fue lo único que dije y le ayudé a sacar lo que ella vendía y hoy vendería comida rápida.

Desde que tengo memoria, mamá vende ropa; incluso tiene algunos microemprendimientos o, como suelo decirlo, hace muchas cosas. Eso nos ha ayudado mucho, aunque algunas personas le dicen que les darán después; sin embargo, nunca regresan.

Lo que mamá no sabía era que yo a mis 17 años trabajaba en un local; me pagan el salario básico. Estaba reuniendo para poder comprar un local y decorarlo bonito; esa sería mi sorpresa, mamá, siempre sabía que me iba a vender periódico.

Pero era mentira, estaba trabajando en un local de ropa reconocida, en el centro comercial más recurrido de aquí, Vancouver.

Para poder trabajar necesitaban un permiso y, claro, tuve que mentirle a mamá que era algo del colegio y ella lo firmó sin darse cuenta, ya que estaba con unos clientes y, bueno, desde allí comencé a trabajar; ya casi iba a cumplir un año trabajando en aquel lugar. Vi la hora y faltaban 3 minutos para que la gente comenzara a llegar. Entré rápido al vestidor a cambiarme, por el hecho de que llevaba mi ropa de trabajadora por debajo; dejé rápido todo en mi locker y fui a caja a ver mi credencial.

-Ilse, ¿puedes ayudar a la señora que está en el lugar de allá? -Mi compañera Maya estaba ocupada con una clienta, así que me pidió ayuda.

-Sí, claro, enseguida voy, Maya. -Le respondí y ella asintió. Esperemos que aquella mujer no fuera grosera; me había tocado todo tipo de persona, así que aquí iba...

-Hola, buenos días, bienvenida, ¿la puedo ayudar en algo? -le pregunté a la bella ancianita que había entrado sola a la tienda; solo veía su espalda.

-Hola, buenos días, vengo por ropa para mi nieta. -expresó aquella ancianita mientras veía la ropa; todavía no había visto su cara; ella estaba tan concentrada en buscar lo que necesitaba.

-¿Puedo saber cuántos años tiene su nieta? -pregunté; si ella me decía la edad, la ayudaría sin problema.

-Mi nieta va a cum... -Aquella ancianita se volteó, me miró y vi que su expresión era de un terror inmenso; la vi ponerse pálida y le pregunté.

-¿Se encuentra bien? -Ella no me dijo nada, estaba en shock.

-...

-Señora, disculpe, ¿por qué me mira así? Me está asustando. -Le dije y ella no me decía nada, sentía que tal vez iba a desmayarse, su cara se estaba deformando, sentía miedo, así que... -¡Maya! -grité con fuerza y aquella ancianita se desmayó.

-¿Qué pasa, Ilse, por qué gritas? -dijo ella y vio a la mujer que estaba pálida.

-Ayúdame. -Fue lo único que dije.

-¿Pero qué pasó? -preguntó Maya, preocupada

-Solo le dije que cuántos años tenía su nieta y solo me miró y su cara fue de terror.

-¡Frederick! -Maya gritó y, como no hacía caso o no sabíamos dónde estaba, también grité su nombre.

-¡FREDERICK! -lo llamé dos veces; me había quedado sin voz por el grito que había dado.

Él llegó y fue Maya la que habló.

-Por favor, ayúdanos, la mujer se encuentra un poco mal, se acaba de desmayar y no reacciona. -expresó Maya mientras le tomaba el pulso a la ancianita y no sabía dónde meterme.

Frederick también revisó a la mujer, la cargó en sus brazos y la llevó a la sala de espera (un pequeño salón que se había creado para la distracción de niños o de personas que estaban cansadas).

Frederick llamó por radio a un paramédico que tenían en aquel centro comercial; en breve llegó y atendió a la ancianita.

Yo solo rezaba para que aquella mujer se recuperara; sin dudas Frederick me iba a matar, él era mi jefe, sin dudas me iba a despedir, ya estaba acabada, no sabía qué hacer, sentí que mi pulso estaba al mil, comencé a sentirme mal y, para empeorarlo, me desmayé.

Capítulo 3 TRES

Vi que aquel enfermero pidió refuerzos y se llevaron a la mujer, si ya estaba muerta.

-Ilse ven a mi oficina. –Dijo Frederick

-Yo....

-Ahora Ilse! –Un nudo se formó en mi garganta y solo asentí

Fui hasta la oficina de Frederick entre lentamente.

- ¿Qué acabas de hacer?

-Yo... yo solo le estaba preguntando sobre que ropa quería y luego ella me miro y no me dijo nada más se quedó paralizada.

-No te creo Ilse.

-Podemos observar las cámaras de seguridad, te lo juro que no le hice nada. –Le dije al punto de llorar.

-Voy a revisar las cámaras de seguridad y otra cosa no me tutees, no somos iguales que te quede claro Ilse. –Dijo y yo me puse más nerviosa, quería salir y esconderme en los baños.

-Disculpe señor, no se volverá a repetir. –Dije y salí corriendo como alma que se la lleva el diablo, fui directamente al baño y me encerré, me sentí mal por la señora ¿Quién en su sano juicio deja a una abuelita andar solo por allí? Estaba perdida en mis pensamientos y tocaron la puerta me sobre exalte, me limpie las lágrimas y abrí la puerta.

-Ven. –Dijo Frederick fuimos hasta su oficina y el cerro la puerta.

-Tenías razón Ilse, revise todo, la señora estaba paralizada. –Dijo y yo sentí alivio

- ¿Qué le ocurrió a la Señora?

-Solo se le bajo la presión nada grave. –Dijo Frederick

- ¿Puedo salir temprano para verla? ¿en que clínica la tienen?

-Ilse, yo te llevare, pero necesito que no hagas nada, ni digas nada ¿entendido?

-Sí señor. –Dije y salí de la oficina.

Estaba yendo a mi puesto de trabajo cuando ... espera un momento... ¿Por qué se comportó de esa manera? ¿acaso le dio remordimiento? No Ilse, no estés pensando en eso, el jefe sin más dudas era raro, no le preste más atención y continúe trabajando, el día paso normal, iban a dar las 4 de la tarde y Frederick fue hasta donde yo estaba y

-Ilse recoge tus cosas nos vamos al hospital. –Dijo él y se dio vuelta

Fui por mis cosas, me coloque la ropa con la cual había venido, mis pantalones jeans negro y mi buzo lila, mi ropa la guarde en una funda, directo a lavarse, fui hasta la oficina de Frederick, abrí la puerta y sentí que algo se cayó...

-Lo siento, lo siento, no quería. –Dije y él ya estaba en el suelo

-Auch, porqué abres la puerta tan fuerte. –Dijo y yo me morí de la vergüenza.

Le estire la mano, pesaba mucho se incorporó, su cara quedo cerca de la mía, sus ojos color verde, no había visto bien su rostro, en ese momento lo vi a detalles, pero reaccione en ese momento.

-Dis... Disculpa. –Fue lo único que dije.

-Discúlpame tu a mi ¿vamos?

-S..si vamos

Fuimos directamente al estacionamiento del centro comercial y vi un Porsche color rojo, el me abrió la puerta, yo tenía miedo en subirme y dañar aquel bonito auto, salimos del centro comercial, fuimos a la clínica durante el camino no habíamos entablado una conversación, pero lo hizo cuando un semáforo estaba en rojo.

- ¿Puedo preguntarte algo?

-S..si

- ¿En dónde vives? –Esa pregunta me tomo por sorpresa, no quería hablar de mí, tal vez el preguntaría que porque busque trabajo siendo aún menor de edad.

- ¿Por qué la pregunta?

-Aceptaste responder

-Está bien, vivo en la zona pobre. –Dije sin más, estaba lejos de casa y si el me dejaba aquí seguramente tardaría horas en llegar a casa, tuve miedo no voy a mentir, pero más miedo me dio cuando él se detuvo en media carretera

-Enserio vives allí? –Me dijo

No quería dar explicaciones, alguien tan millonario burlándose de una menor de edad era algo que siempre se veía, ya había pasado por esto algunas veces, así que solo tome mi mochila y baje sin decir nada, no había estado en aquel sector, solo comencé a correr, tampoco entiendo porque lo hice, corrí hasta mas no poder y choque con alguien, caí al suelo y alguien se llevó mi mochila, era lo último que me faltaba, me reincorpore y sentí una punzada en mi estómago, aquel sujeto me había robado y me había herido, camine un poco más, pero no tenía fuerzas, no podía ir mas allá, vi alguien acercarse pero en ese momento vi todo negro..

......

Frederick vio que Ilse tenía una herida en la parte del abdomen, la subió a su auto y al llevo a la clínica, no le importaba si pasaba los semáforos en rojos, lo que no sabía Ilse es que Frederick se había enamorado de ella y se sintió culpable cuando le reclamo por el incidente de aquella mujer que estaba en estado de shock llego rápidamente a la clínica y pido una camilla, las enfermeras rápidamente ayudaron y la llevaron a sala de emergencia, mientras la atendían Frederick está caminando de un lado a otro y preguntándose ¿Por qué ella decidió bajarse del auto? No encontraba explicación

-Familiares de la Señorita Ilse Dube. –Dijo la enfermera y rápidamente Frederick salió de sus pensamientos

-Yo soy su novio ¿Cómo esta ella? –Respondió y pregunto rápidamente Frederick

Aquella enfermera, se quedó mirando a Frederick, y él tuvo que aclarar su garganta se estaba sintiendo incomodo por aquella situación

- ¿Me puede decir en donde tienen a mi novia? –Dijo Frederick impaciente.

-Habitación 80. –Respondió aquella enfermera. –Pa...

La enfermera iba a decir algo, pero Frederick, solo salió corriendo en busca de Ilse, rápidamente llegó a la habitación 80 pero antes de entrar se quedó pensando en porque había dicho que era su novio, movió su cabeza y abrió la puerta, entonces vio a Ilse que estaba dormida, se acercó poco a poco y detallo todo su rostro, le toco la cara y ella abrió los ojos poco a poco.

-Hola ¿estás bien? –Pregunto Frederick

- ¿Do.... ¿Dónde estoy? Me duele el estómago ¿Qué hora es? –Pregunto ella y se intentó reincorporar, eso le causo dolor, Frederick solo se preocupo

-Cuidado vas a causarte más dolor Ilse. –Dijo un poco asustado

-Necesito mi teléfono. –En ese momento Ilse se acordó que había sido asaltada. –Mierda, mi mochila

-Ilse por favor. –Dijo Frederick con el ceño fruncido

-Disculpe, necesito llamara a mi mama. –Dijo ella preocupada

En ese momento Frederick toco su saco y busco su teléfono, entonces se lo dio a Ilse para que pudiera hacer una llamada.

-Toma utilízalo. –Dijo Frederick y ella asintió. Marco un numero e hizo la llamada

-Vamos, por favor contesta. –Decía para así misma, pero por la preocupación no se había dado cuenta que lo decía en voz alta, tenía que meterse en el papel perfecto y hablar como sin nada.

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