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Jessamine

Jessamine

Autor: : Darknessyfs
Género: Urban romance
Creía tenerlo bajo control, sobreviviendo cada día y aceptando lo que la vida me daba. Cayendo cinco veces y levantándome otras seis veces más. Hasta que los conocí y mi vida dio una vuelta que dejó todo mi mundo volcado. Pero poco a poco lo fui reconstruyendo junto a ellos. Seis hombres capaces de hacer vibrar mi mundo con una melodía tétrica, pero placentera. Pero no todo siempre era como queríamos, los engaños eran algo a la orden del día y estos terminaban dejándome al borde del precipicio por creer fielmente en todo lo que me rodeaba. Hasta que aprendí que en el mundo de engaños en el que vivía no podía dar nada por sentado.

Capítulo 1 Uno

La universidad a la que asistía era grande, muy grande con una cantidad de estudiantes considerable, ya que esta era la única de la ciudad, si te cruzabas varias veces con la misma persona era por mucha casualidad, o porque te estaba buscando, o también porque estaban en la misma facultad, o mismo semestre, o compartía clases, o ibas a la cafetería.

Pero definitivamente era más por tres opciones: o te estaba buscando, o compartían clases, o ibas a la cafetería.

Billie jean sonaba en mis parlantes y sin poder evitarlo comencé a mover la cabeza de uni lado a otro en tanto ubicaba mi casillero. Solo una vez había visto a las personas que tenían los suyos junto a mí y más nunca, ya que al parecer sus clases eran en un horario diferente al mío.

Mis pies se deslizaron en el suelo frente al casillero mientras buscaba el libro que había dejado ayer.

Una sonrisa apareció en mis labios en el coro en tanto la tarareaba, joder, esa maldita canción me alegraba cualquier día amargo con solo escuchar la pista. Uno de mis auriculares fue retirado y casi pego un grito de enojo.

-La puta madre que te parió, Mely -me quejé en cuanto supe que era la rubia que tenía como amiga.

-La campana sonó hace cinco minutos para tu próxima clase y aun sigues aquí bailando frente al casillero.

Rodé los ojos colocando los auriculares nuevamente. Sin contestarle me encaminé hacia mi pasillo en busca de mi salón. En completo silencio ingresé en él sabiendo que el maestro ya había llegado y me senté en uno de los asientos traseros.

La mirada de la chica junto a mí me escrutó sin perderse detalle y yo me removí incomoda.

Ese día no iba especialmente elaborada, mi cabello anaranjado se encontraba recogido en un moño enmarañado, mis ojos mieles estaban opacados por unas ojeras de muerte y mi buzo negro en conjunto con el pantalón del mismo color solo me hacían ver como gótica.

Pero nadie podía juzgarme, me pasé la noche escribiendo sin preocuparme por las clases del día siguiente. Definitivamente debía controlarme, pero era simplemente imposible y sumándole a eso que estaba en la etapa en donde detestaba mi carrera no había mucho que pudiese hacer.

Ignorando su mirada continué con los auriculares puestos en tanto fantaseaba con los siguientes hechos del libro en proceso. Nadie, absolutamente nadie me leía, yo escribía porque nadie hacía los libros que yo me interesaba por leer y cuando lo hacían eran en páginas y aplicaciones virtuales en donde estaban pesimamente redactados, por lo que los hacía y luego los releía como si nunca los hubiese hecho.

Las horas pasaron y casi aplaudo de alegría cuando los estudiantes a mi alrededor se levantaron, yo los seguí cabeceando con la canción de turno y me dirigí a la cafetería para buscar algo para desayunar en la media hora que tenía libre.

Di un suave giro en el pasillo y sin querer al volver al frente choqué con un cuerpo trastabillando levemente.

-Lo siento -dije sin sentirlo realmente y pasé junto al chico para seguir ensimismada con la canción.

Al entrar en la cafetería mis movimientos cesaron y me encaminé hasta la fila con las manos en la sudadera. Había mucha gente, aunque muchas mesas se encontraban vacías y daba gracias a Dios por el aire acondicionado, de lo contrario estaríamos asfixiándonos.

Al llegar mi turno pedí galletas y jugo y luego de pagar me senté en una mesa cerca del centro que se encontraba milagrosamente desocupada, tal vez porque a la gente no le gustaba estar en el centro, casi siempre las miradas iban hacia ese lugar, pero yo en ese momento solo quería meterle algo a mi estómago antes de la siguiente clase.

Engullendo a velocidad de vértigo me comí el paquete de galletas, pero antes de poder irme alguien se sentó en mi mesa.

-¿Qué quieres? -le pregunté al chico frente a mí.

¿Cómo alguien podía hacer que mi humor pasara de un diez a un tres?

Sus labios se movían, pero yo no lo escuchaba. Rodando los ojos retiré los auriculares.

-Bebe, perdóname, enserio, no sabía que irías a mi casa -reí sin poder evitarlo.

-Claro, si hubieses sabido que iba no metes a una mujerzuela a coger en la misma cama donde me cogías a mi -él se vio desesperado con mis palabras.

-Bebe -susurró y yo fruncí el ceño asqueada.

-Suerte que todo lo nuestro se resume a unos malos polvos -dije tranquila haciendo que su rostro palideciera.

-¿Malos polvos? -cuestionó -tus gritos pidiéndome mas no decían lo mismo -yo reí sonoramente.

-Soy muy buena actriz, ahora, te ordeno que dejes de llamarme bebe, porque a la próxima te parto la cara.

Sin cuidado me levanté de la mesa recogiendo mi basura y caminando hacia el basurero.

Raian había sido mi novio durante seis meses y aunque no lo amaba si lo quería, le tenía cariño. Sabía que lo nuestro no llegaría muy lejos, pero el que me hubiese engañado con otra no era algo que me hubiese esperado.

Y la infidelidad no era lo que más me dolía, sino el hecho de que la chica era tan atractiva y femenina. No es que yo fuese fea, no lo era, solo que no solía ir todo el tiempo arreglada a la universidad y la chica con la que él me había engañado si lo hacía, cada maldito día venía hermosa y más de uno estaba detrás de ella.

Yo, aunque quisiera no podía hacerlo, me dormía tarde y despertaba con el tiempo justo para una ducha y una lavada de dientes. Los días en los que solía ir arreglada más de uno me flirteaba, pero mi estilo desenfadado no a todos les gustaba.

Mis ojos soltaron unas cuantas lágrimas sin que pudiera evitarlo, Raian había logrado que mi autoestima descendiese un poco sintiéndome insuficiente ¿es que acaso no le di lo que todo hombre necesita? Tiempo, sexo, atención e interés.

Pero claro, nunca era suficiente.

Mi cuerpo chocó con otro por segunda vez en el día, pero esta vez si levanté mi rostro para observar con quien había chocado. Podría decir que era un chico, pero parecía ya un hombre hecho y derecho. Su cuerpo estaba cubierto por una camisa blanca, un jean negro y su cabello del mismo color se encontraba medio rapado en los lados y arriba era de un largo que le rozaba las mejillas.

-Lo siento -susurré embelesada.

Amaba el cabello negro en desmedida y el que él tuviese los ojos del mismo color me sorprendió, ya que es muy poca la población con ese color de ojos.

-¿Estas bien? -cuestionó al ver mis lágrimas y yo asentí secándolas.

-Si, si, si, todo está bien -me hice a un lado para dejar que él pasara, pero no se movió de su lugar.

-No parece -dijo observando mi desaliñada imagen.

-Una mala noche -dije sintiendo mis mejillas enrojecer.

¿Pero qué demonios? Yo no me sonrojaba a menos que estuviese haciendo ejercicio y sudara como cerda.

-¿Las lágrimas también son por eso? -negué haciendo un intento de sonrisa.

-Un mal rato -lo miré por última vez antes de bajar mi mirada al suelo.

Sus ojos eran muy intensos y su sola presencia me intimidaba.

-Bueno, disculpa otra vez y gracias.

Pasé junto a él, pero su mano sostuvo mi antebrazo deteniéndome.

-¿Puedo saber tu nombre? -cuestionó suavemente.

-Jessamine -contesté. Él asintió y soltó mi brazo recorriendo la distancia que lo separaba de la cafetería.

Solté un gritito de frustración al darme cuenta de que no le pregunté el suyo. Seré estúpida, un tipo con aspecto de un dios y no le pregunto su nombre.

◈◈◈◈◈

Mely se encontraba arrastrándome hacia una cafetería que se encontraba cerca de la universidad, hacía días que no hablábamos y ella estaba más que ansiosa por escuchar la historia completa.

-Vamos mejor a mi casa -pedí.

-No iré al cuchitril de habitación que tienes -aseguró sentándose en la primera mesa vacía que encontró.

-No me juzgues, mi habitacioncita al menos

la pago yo -ella rodó los ojos -no es lugar para tener esta conversación -dije observando las mesas a nuestro alrededor, el lugar estaba casi lleno.

Junto a nosotras se encontraba una mesa repleta de chicos, eran unos seis a los que no les presté atención. Del otro lado una señora con auriculares leyendo un libro y nosotras dos, más allá se encontraban más mesas ocupadas.

-Tengo días intentando tener una conversación decente contigo, cuando regrese quiero que estés lista para soltar la lengua.

Se levantó de la silla llevando consigo su bolso y fue directo a la barra que se encontraba sin fila.

-Jess -saludó alguien y miré hacia la mesa repleta de chicos encontrándome con el hermoso tipo de esta mañana.

-Oh, hola -susurré enrojeciendo nuevamente.

Dios, pero ¿qué demonios me sucedía?

-Espero que se vuelva costumbre encontrarme contigo -yo sonreí sin poder evitarlo y mi atención se dirigió a los demás chicos de su mesa.

-Ah, tú eres la maraña de pelo que chocó conmigo esta mañana -dijo uno de ellos y mis ojos se dirigieron hacia el escaneándolo por completo.

Su cabello era igual de negro que el chico inicial, parecía de al menos unos veinte años, casi de mi edad y sus ojos eran de un azul hipnotizante.

-Creo que estas equivocado, yo nunca te he visto -él rio burlonamente y mi cuerpo tembló con su perfecta sonrisa, aunque fuese de burla.

-No eres fácil de olvidar -aseguró -tu cabello parece un pequeño fósforo encendido en medio del pasillo, sin mencionar que ibas bailando como si estuvieses en una pista -esto último lo dijo rodando los ojos y yo me pregunté cómo podía hacer ambas cosas a la vez.

-Me disculpé -dije y él enarcó una ceja.

-Ni siquiera me miraste, dudo que lo lamentaras.

-¿Entonces andas chocando a la gente por ahí? -preguntó el chico de ojos negros y me sonrojé nuevamente -porque a mí también me chocó.

-Soy muy despistada, lo siento -me acomodé en mi silla al ver como Mely se acercaba con dos vasos en sus manos.

-Frappuccino de vainilla para ti -dejó el vaso frente a mi sin sorbete ya que ella sabía que odiaba esos objetos de plástico, por lo que yo busqué en mi mochila mi sorbete de metal.

-Enserio vamos a otro lado -pedí.

-Ya te dije que no nos vamos a mover de aquí -dijo ya irritada -si hubieses contestado mis llamadas durante estos día no hubiese tenido que obligarte.

Con un suspiro llevé el sorbete a mi boca saboreando la bebida.

-Empieza a hablar -ordenó y yo me hundí en el asiento.

-Ya te dije lo que pasó -dije bajito.

-No te escucho -yo gruñí exasperada.

-Fui a su casa y lo encontré cogiéndose con otra, solo eso, Mely -ella suspiró derrotada.

-¿Sabes quién era? -asentí un par de veces sintiendo una mirada quemarme, pero no volteé a ver de quien se trataba.

-Lindsay -sus cejas se levantaron con sorpresa.

-Pero será hijo de puta -pasó de la sorpresa al enojo en cuestión de segundos.

Yo removí mi bebida con el sorbete.

-Tienes que salir más, así te evitas encontrarte con mierdas de tipos como él, en primera instancia no sé cómo pudiste estar con ese excremento de persona, ni era atractivo ni tenía nada que ofrecer y ni siquiera sabía de qué hablar contigo.

-Era gracioso -susurré hundiéndome más en el asiento.

-No puedo creerlo, enserio, y estoy segura de que su infidelidad te la pasas por el culo, lo que me preocupa es tu autoestima en estos momentos -ella ni siquiera había tocado su bebida y su mirada estaba puesta en mi -Lindsay es descaradamente sensual -y eso solo hizo que soltara un suspiro cansino.

Ella solo me decía lo obvio.

-Aunque carga más maquillaje que un payaso, pero joder ¿justo ella? Si vivías comparándote con la rubia cada que ella estaba cerca.

-Mely, basta -pedí suavemente y ella hizo un pequeño puchero.

Estaba conteniendo sus lágrimas.

-¿Por qué vas a llorar? -cuestioné y ella dejó las lágrimas salir.

Esta loca.

-Es que sé cómo te debes sentir y me duele a mi -sus manos tomaron las mías por sobre la mesa.

-Estoy bien, solo necesitaba algo de tiempo para procesarlo -le di una media sonrisa y ella me sonrió de vuelta.

-Eres hermosa, porque no necesitas nada de esas porquerías de cosméticos para destacar ¿lo sabes no? -miré hacia la mesa no queriendo contestar.

-Mi cabello es lo único que destaca -dije volviendo a mirarla.

-Y tu trasero -dijo alguien junto a nosotras y ambas miramos a la mesa contigua en donde estaban los seis chicos.

-Escuchar conversaciones ajenas es de mala educación -dije sin inmutarme ante su comentario.

-Es interesante tu trágica historia de amor.

Los otros cinco chicos dejaron de hablar entre ellos para prestar atención. El chico que había hablado se encontraba de espaldas a mí, por lo que en ningún momento noté que se encontraba escuchando.

-¿Podemos irnos de aquí? -le cuestioné a Mely y esta vez sí asintió viéndose intimidada por primera vez.

Cuando me levanté y tomé mi bebida el chico se dio la vuelta dejándome ver unos hipnóticos ojos entre azules y mieles. Ambos ojos se encontraban en una batalla entre esos colores. Su cabello era igual de negro que los otros cinco chicos y su piel era bronceada, casi tostada.

-El chico es un idiota por haber dañado lo que tenía contigo por Lindsay -dijo pareciendo sincero -a leguas se ve que eres más interesante que ella, la he tratado lo suficiente para saber que no tiene nada que ofrecer.

Tragué saliva ante la mirada de los demás chicos y sintiéndome avergonzada me di la vuelta saliendo de la cafetería con Mely siguiéndome los pasos.

Ambas caminábamos en silencio hasta que estuvimos una cuadra alejadas de la cafetería.

-¡Mierda! -explotó -¡Un chico Dahal habló contigo! -gritó en medio de la acera llamando la atención de algunos transeúntes.

-¿Quién? -pregunté sin saber quiénes eran.

-Los chicos de la cafetería, son los Dahal, Dios mío ¿cómo no los conoces? Los ardientes, misteriosos y ricos chicos Dahal.

Bien, definitivamente debía salir más.

Capítulo 2 Dos

-Hey, espera -un chico sostuvo mi brazo haciendo que me detuviera, ese día no llevaba música en mis oídos por lo que fue fácil escucharlo.

-¿Tú eres? -cuestioné observándolo de arriba abajo.

Sus ojos eran de dos colores, uno verde y otro azul clarito y su cabello negro con rizos se me hizo conocido.

-El hermano de Madow -dijo como si eso resolviera mi duda.

-¿Y Madow es? -él rio suavemente.

-De los que estábamos en la cafetería el otro día, el único que sabe tu nombre.

-Ahh, ya, el de ojos negros -él asintió -¿y tú que quieres? -cuestioné viendo sus bonitos ojos.

-Pues solo saludarte -comentó acercándose.

Ese solo acto hizo que me pusiera nerviosa. Su altura era impresionante, casi igual a la de su hermano que ahora sabía se llamaba Madow.

-Pues hola -dije en un susurro.

-Nunca te había visto -admitió -¿no vas a fiestas? -asentí.

-Si voy, solo que no suelo estar en medio de la pista sobre una mesa bailando -él sonrió entendiendo a lo que me refería.

-Lo más extraño es que no supieses quien era -me encogí de hombros.

-Casi siempre ando en mi mundo.

Él llevó sus manos hasta la sudadera gris que llevaba y yo no pude evitar alagar su vestimenta, llevaba jeans negros y botas militares y su cabello rizado haciéndolo ver como un auténtico chico despreocupado. Y olía tan malditamente bien.

-¿Tienes algo que hacer? -con todo el pesar del mundo asentí.

-Tengo que hacer unas tareas que tengo que entregar mañana -él asintió.

-Bien, supongo que nos vemos otro día, Honey -dejó un beso en mi mejilla que me hizo sonrojar y luego recorrió el pasillo perdiéndose de mi vista.

Y otra vez uno de esos chicos se fue sin decirme su nombre.

-Estas roja -dijo Mely extrañada en cuanto entré en la biblioteca.

-Calor -mentí sacando mis libros.

Tenía semanas sin hacer tareas y eso me estaba pasando factura ya que tenía más de siete trabajos que entregar mañana, gracias a Dios que Mely se encontraba en esas mismas clases en otros horarios y podría copiarme de los trabajos que había fotografiado ya que el maestro no vería si trabajos de otras clases eran iguales.

Durante tres horas escribí la gran cantidad de hojas que tenía atrasadas y en cuanto terminé entré todos los trabajos en sus respectivos folders.

-Estos son los que te faltan para no tener pendientes hasta el miércoles de la siguiente semana.

Eran solo cuatro trabajos más algo cortos por lo que los escribí para no tener nada más que hacer.

-Me has salvado la vida -aseguré cuando terminé.

-Deberías poner atención, estudiar y hacer tus tareas con tiempo, Jessam, sé que estas en esa etapa en donde odias esto, pero ponle un poco de empeño -asentí sabiendo que haría todo lo contrario.

Era difícil saber lo que me pasaba, no quería agarrar un solo cuaderno, no quería dedicarle ni medio segundo a las clases y si hacía los trabajos era solo porque sabía que me quemaría en los exámenes y debía tener, aunque fuese el mínimo de calificación para por lo menos pasar la materia.

Una vez recogí todas mis pertenencias fui hasta mi casillero para dejar todos los trabajos ahí para no olvidarlos en casa a lo largo de la semana. Luego arreglé mi mochila y comencé a salir de las instalaciones con algunos estudiantes sabiendo que ya estaba tarde, eran ya las seis de la tarde y yo entraba a trabajar a las siete, por lo que tenía que estar allá unos minutos antes.

Mientras atravesaba el estacionamiento me percaté del auto que se encontraba conduciendo despacio junto a mi hasta bajar la ventanilla y detenerse.

-Jess -saludó y yo sonreí.

-Hola -saludé a Madow que se encontraba detrás del volante del auto negro que a leguas se veía que era un deportivo.

-¿Necesitas a alguien que te lleve?

Se supone que uno no debe aceptar subir al auto de alguien que apenas sabe su nombre, pero debía admitir que con lo tarde que iba y el chico siendo tan lindo acepté.

-Si, tengo que ir a trabajar ¿me vas a llevar? -cuestioné y él asintió.

Yo miré hacia una de las cámaras del estacionamiento para que enfocara bien mi rostro y luego subí al auto, al menos si me pasaba algo la policía sabría desde donde partir.

-Gracias -susurré poniéndome el cinturón de seguridad.

-No es nada -dijo sincero.

-¿Sabes dónde queda el bar de Mails? -él asintió -pues ahí trabajo -él me observó sin poder creérselo.

El bar no era de mala muerte, pero ahí iban la mayoría de los universitarios y supuse que él se encontrara raro el no haberme visto nunca ahí.

-Nunca te he visto -yo sonreí observándolo de reojo.

-Salgo poco, me mantengo atrás lavando los utensilios y solo voy adelante para rellenar los estantes -él asintió comprendiendo.

-¿Cuál es tu nombre? -cuestioné más para estar segura.

-Madow -dijo tranquilo y me embelesé observando las venas que se le marcaban en el brazo con el que sostenía el volante.

Ese día llevaba una polera blanca sencilla y un jean negro.

Volví mi vista al frente y agradecí que ese día si me había puesto algo de ropa decente. Llevaba unos jeans claros de talle alto y un top azul oscuro que dejaba ver parte de mi estomago en conjunto con unas Adidas negras. Y aunque mi cabello estuviese en un moño desordenado porque lo amarré a mitad del día por el calor me sentí lo suficientemente arreglada para no verme tan desaliñada.

-¿Cuántos años tienes? -cuestionó luego de unos segundos de silencio.

-Diecinueve -dije mirándolo nuevamente -¿y tú?

-Veinticuatro, en una semana veinticinco -contestó.

Yo conté con mis dedos los años que me llevaba. Vi su sonrisa aparecer por primera vez y yo me sonrojé en desmedida sintiendo toda mi cara arder.

Madre mía, yo solo me he sonrojado con este chico.

Su auto se estacionó frente al local que por fuera se veía como una cabaña y yo le sonreí.

-Muchas gracias por traerme, Madow -él asintió y yo bajé del auto cerrando la puerta detrás de mí.

Me encaminé hasta la puerta del bar y me adentré en el sintiendo la mirada de Madow sobre mí.

-Min -saludó mi compañera Laia, una despampanante morena con curvas hermosas y ojos castaños.

-Hola, morenaza -saludé y ella dejó un beso sobre mi mejilla por sobre la barra.

La mujer tenía unos veintisiete años y era la barman del bar, había otras chicas, pero estas solo se dedicaban a atender mesas y a pasar cervezas y tragos cada que se le pedía, sin embargo, la morena era la encargada de preparar tantos tragos con nombres extraños como se te ocurriesen, sin mencionar lo deliciosos que eran.

-Estas más peinada que de costumbre -bromeó y yo reí suavemente.

-¿Qué necesitas? -cuestioné.

-Cinco cajas de cervezas frías, dos botellas de tequila, tres de vodka y vasos para cerveza, los dejaste atrás anoche.

Asintiendo en su dirección fui hasta la barra y crucé detrás de ella dejando una palmada en su voluptuoso trasero antes de seguir hacia la puerta al fondo y cruzar encontrándome con una cocina y al final un largo tramo de refrigeradores que mantenían una gran cantidad de cervezas de botella frías.

Dejando la mochila en el suelo lo primero que hice fue llevar un barril de cerveza hasta la barra y saqué el que ya se encontraba vacío, moví los otros tres encontrándolos de la misma forma por lo que cambié los cuatro barriles y luego rellené el mostrador con las botellas faltantes, luego limpié la parte de debajo de la barra para colocar todos los vasos que hacían falta y luego limpié el piso dejando todo perfecto para la jornada de la noche.

Luego volví atrás arreglando los barriles vacíos en el almacén para cuando fuese el tiempo de mandarlos a llenar.

El bar abrió y la faena nocturna comenzó. Los primeros vasos comenzaron a llegar ya fuese de tequila, de cerveza o de los que usaba Laia para sus bebidas. Las botellas vacías también comenzaron a ser dejadas apiladas en una esquina y mi trabajo era ordenarlas en unas cajas perfectamente para que la cervecería las pasara a recoger el otro día y las reutilizara.

-Solo queda un barril lleno, necesito dos cajas de cerveza y cinco botellas de vodka.

Comencé por lo más importante que eran las cajas de cervezas, por lo que fui al refrigerador por una y corrí detrás de la barra para colocarlas dentro del freezer. El poco tiempo que duré ahí pude ver que el lugar estaba jodidamente repleto.

Luego de la primera caja llevé la otra entrándola a velocidad de vértigo y luego llevé las botellas de vodka.

-Necesito espacio -le dije a las chicas y estas salieron del estrecho pasillo para permitirme sacar los barriles y llevarlos rápidamente hasta detrás, luego volví con uno lleno haciendo algo de fuerza.

Los barriles pesaban, sí que lo hacían, pero ya estaba acostumbrada a cargar cosas pesadas y de esto dependía si comía o no.

Luego de dejar los barriles volví a mi lugar de trabajo para lavar los utensilios y regresarlos a la barra. La música en el lugar nunca era muy alta, pero el ruido de las risas y las conversaciones era algo molesto.

Luego de media hora en donde dieron las diez de la noche una de las chicas entró y terminó vaciando su estómago en el zafacón.

Fui corriendo a ayudarla tomando su cabello entre mis manos, cuando ella dejó de ahogarse con su propio vómito se sentó en el piso derrotada.

-Estoy embarazada -explicó -el malestar es horrible, necesito, aunque sean quince minutos, por favor -yo suspiré y asentí dejándole saber que la ayudaría.

Salí hacia la barra y miré a Laia en busca de ayuda.

-¿Mails está aquí? -ella negó -una de tus chicas está indispuesta, voy a cubrirla por unos minutos.

Ella asintió volviendo a lo suyo.

Yo arreglé mi cabello para que el moño no se viera tan despeinado, le quité el delantal negro a la chica y salí hacia la barra.

-Sirve en la barra -pidió y yo me incliné para escuchar la petición de la primera persona.

Media hora pasó en la que yo solo servía cervezas y servía chupitos. Revisaba los estantes para ver si no tenía que ir a surtirlos, pero aún había de todo.

-Eres rápida -alagó la morena y yo le sonreí sin saber que más hacer.

Luego de un par de minutos más un chico se colocó frente a la barra en el espacio que algunos le dejaron intencionalmente y mi corazón latió con algo de velocidad. Diría que era el chico del pasillo de esta mañana, el hermano de Madow, pero era algo de lo que no estaba segura, pues tenía los mismos ojos de dos colores, pero invertidos y su cabello era lacio, no rizado.

-Soy su hermano -explicó y mis cejas se levantaron con sorpresa.

Él me dio una sonrisa de boca cerrada.

-Una cerveza -yo asentí abriendo el mostrador -que sean dos -sin mirarlo saqué otra destapándolas a ambas y cuando las dejé sobre la barra me di cuenta de que había pedido otra por la chica que tenía arrimada de su brazo.

Parecía que se lo quería comer con la mirada.

Él dejó el dinero sobre la barra.

-Quédate con el cambio -luego se dio la vuelta y se perdió en el mar de personas.

Al darme cuenta de que me había dejado más de la mitad en propina sonreí. Ya entendía por qué las chicas amaban estar de este lado.

Sabiendo que ya era suficiente volví atrás para encontrarme con la chica lavando los vasos mientras algunas lágrimas caían de sus ojos.

-¿Qué sucede? -cuestioné mientras colocaba los vasos en bandejas.

-El padre no se hizo responsable -explicó y yo no pude evitar sentirme mal.

-Hera ¿verdad? -cuestioné, ella asintió -saldrás adelante sola, porque puedes con esto y con más y si me lo permites quisiera ayudarte -contesté suavecito.

Y decirle eso fue como un detonador porque la chica soltó en llanto y yo terminé envolviendo mis brazos alrededor de su cuerpo.

-Estoy jodida, pero no lo quiero abortar -admitió.

-Entonces no lo hagas, cuando se quiere se puede, será difícil, pero lo vas a lograr -aseguré acariciando su espalda -repondré la barra y volveré a tu puesto, por esta noche yo haré tu trabajo.

-Yo seguiré lavando los vasos mientras tanto, tu lleva solo los barriles, yo me encargo del resto.

Y así lo hicimos hasta que dieron las una de la mañana y nuestra jornada laboral acabó.

Yo conté la propina en mis bolsillos y le pasé la mitad a Hera, pero ella negó.

-Te la ganaste tu sola -dijo dejando un beso en mi mejilla y comenzando a caminar en dirección contraria a la mía.

Yo solté un largo suspiro antes de meter el dinero en mis senos y comenzar a caminar. La noche estaba fría y estaba más cansada de la cuenta ya que tuve que hacer prácticamente trabajo doble, mi trabajo era sencillo, pero el de las chicas abrumador e intenso.

Un auto se estacionó junto a mí y estuve a punto de comenzar a correr si no es porque bajan la ventanilla.

-Madow me dijo que trabajabas en el bar -yo me abracé al reconocer al chico de ojos de dos colores.

-Si, acabo de salir -el chico me sonrió y yo no pude evitar sonrojarme.

-¿Me permitirías llevarte? -yo mordí mi labio mirando la desolada calle.

-Ni siquiera sé tu nombre -dije sincera.

-Soy Aiden Dahal, Honey -y sin pensarlo dos veces me metí en el auto colocándome el cinturón de seguridad casi de inmediato.

-Pensé que dirías que no porque podría ser un violador -comentó algo divertido.

-No es violación si no me resisto -dije tranquila dejándolo algo choqueado por lo que sonreí de oreja a oreja.

Capítulo 3 Tres

Durante la semana había estado viendo a los chicos Dahal como los llamaba Mely, me los encontraba en la cafetería, una que otras veces en los pasillos y el fin de semana los llegué a ver de reojo en el bar, pero cuando salí ninguno de ellos estuvo afuera como Aiden aquel día.

Me había dado cuenta de que el de cabello rizado se llamaba Aiden y el de cabello lacio era Aidan, eran mellizos ya que no eran totalmente idénticos. Por lo que conocía el nombre de tres Dahal, dos de ellos me habían subido a sus autos, Madow y Aiden, tres habían solo hablado conmigo y desconocía el nombre de dos y me faltaba uno de ellos por conocer.

Lo había visto de reojo en la cafetería aquel día, pero ninguna imagen clara pasaba por mi cabeza, por lo que el rostro del sexto Dahal era un misterio para mí.

-No voy -aseguré en dirección a la rubia de mi amiga.

-Pero es la fiesta del año -dijo desesperada.

-No lo es, hacen más fiestas -ella negó como cachorro degollado -además, no sé qué haces aquí en mi cutre habitación si tanto asco le tienes.

-Es limpia, solo que el edificio me da grima -yo rodé los ojos.

Mi casa consistía en una sola habitación con una cama pequeña en una esquina, un escritorio junto a él y un pequeño refrigerador que no me llegaba ni a las caderas, el baño era pequeño y la única ventana se encontraba en el baño. Gracias a Dios el ventilador se encontraba en el techo.

-Además me da claustrofobia -yo rodé los ojos por segunda vez.

-Iré -dije después de pensármelo -pero no tengo un solo centavo para nada, voy a lo justo este mes -ella asintió eufórica.

Yo me levanté de mi lugar y me quité la remera quedando en ropa interior.

-Debes aprovechar que Mails no abrirá hoy -yo tomé de mi pequeñito closet un vestido negro de cuello y mangas largas, pero que era sumamente ajustado y hasta medio muslo. Por suerte no se subía cada que caminaba.

En mis pies coloqué unas converses negras sabiendo a la perfección que si me ponía el único par de tacones que tenía terminaría con ampollas.

Mi cabello lo solté dejándolo caer hasta media espalda y lo peiné quitándole los nudos que tenía. En mis labios coloqué labial rosa de brillitos y un par de pulseras terminando con el outfit.

Mely se encontraba desparramada en mi cama revisando su móvil perezosamente, si guardaba silencio por un tiempo más estaba segura de que se dormiría. Pero como yo quería ir a la fiesta la llamé para que nos fuéramos.

La llave de mi casa se encontraba en un costado enganchado a mi sostén y mi móvil estaba en mis manos.

-Presiento que será una excelente noche -aseguró la rubia cerrando la puerta de mi casa y yo no pude evitar sonreír porque ciertamente las fiestas junto a Mely eran lo mejor.

Nunca te dejaba sola y se encargaba de que si ella disfrutaba tú también lo hicieras.

Al salir del edificio tomamos un taxi que nos llevó directo al lugar de la fiesta, parecía que todo el mundo los conocía, porque Mely solo pidió que la llevaran a la casa Dahal de la ciudad, probablemente ella ni sabía dónde quedaba.

La casa quedaba en uno de los barrios más lujosos de la ciudad, mi mandíbula literalmente fue a parar al suelo al ver la enorme casa de color blanco.

-Madre mía -susurró Mely.

Ella le pagó al taxista y ambas bajamos observando la cantidad de autos aparcados a lo largo del camino de entrada. Ambas nos sostuvimos de las manos y recorrimos el camino de piedra hasta llegar a la entrada que se encontraba abierta de par en par y un montón de adolescentes salían y entraban.

Mely me sostuvo con fuerza cuando cruzamos la entrada y vimos lo abarrotado que estaba el lugar, madre mía, esta era una auténtica locura.

La casa poseía candelabros que se encontraban encendidos y luces de colores chocaban con la pared dándole un aspecto más de fiesta a la sofisticada mansión.

Mely me arrastró entre el mar de gente mientras movía sus caderas acoplándose al ritmo de la música. Yo sonreí y comencé a moverme de un lado a otro hasta que llegamos a la barra en donde me encontré con Laia.

-Dinero extra -dijo tranquila y yo le sonreí tomando el vaso con bebida que desconocía, pero yo confiaba en la morena para este tipo de cosas.

Mely y yo nos movimos hasta estar en la sala y nos pegamos de una pared bailando suavemente mientras nos bebíamos el contenido de nuestro vaso. En cuanto lo terminamos este fue a parar al suelo y Mely sostuvo mis manos arrastrándome hasta el centro de la sala que servía como pista improvisada.

-Mueve esas caderas -gritó por encima de la música la cual se encontraba taladrando mis oídos.

Y sin pensarlo mucho me sostuve de las suyas para comenzar un vaivén entre nuestros cuerpos bailando sin inmutarnos por los otros cuerpos sudorosos a nuestro alrededor.

-No quiero ponerte nerviosa, pero Madow te está mirando -yo no busqué desde donde miraba y solo seguí bailando.

-Deberías ir a felicitarlo -gritó más fuerte cuando la música cambió a una más atronadora.

En ese momento recordé que el día en que me llevó me dijo que cumplía años en una semana y ya había pasado una semana y algo.

-¿Dónde está? -cuestioné observando directo a sus ojos castaños.

-Barandal del segundo nivel.

-¿Vienes? -cuestioné y ella negó.

Tomó mi mano y nos encaminamos hasta las escaleras en el centro de la enorme sala, ella se quedó en el primer escalón y me señaló disimuladamente la parte en la que se encontraba el chico de ojos negros.

Con pasos rápidos comencé a subir las escaleras las cuales se encontraban despejadas de cualquier persona y cuando estuve arriba observé asombrada el mar de gente debajo. Armándome de valor recorrí la poca distancia que me separaba del pelinegro y me coloqué junto a él sintiendo desde la altura como las paredes vibraban con la música.

Sus ojos escanearon mi cuerpo en cuanto me coloqué junto a él.

-Feliz cumpleaños -dije algo fuerte para que lograra escucharme.

Él me dio una media sonrisa antes de asentir. Sin pensarlo dos veces me di la vuelta dando por terminado mi trabajo, pero su mano tomó mi cintura dándome la vuelta y llevándome contra su pecho para envolverme en un abrazo.

-¿Qué clase de felicitación sería si no me das un abrazo? -una sonrisa apareció en mi rostro y le devolví el abrazo aspirando su olor tan peculiar.

Era jodidamente adictivo.

Luego de unos minutos en donde permanecimos así me separé lentamente de él.

-¿Mejor? -cuestioné y él asintió.

-¿Te vas? -asentí sin pensarlo.

-No dejaré sola a mi amiga -le expliqué para luego darme la vuelta y dirigirme hasta las escaleras las cuales bajé rápidamente volviendo hacia Mely.

-Estoy tratando de parecer cuerda, pero justo ahora quiero gritar como loca -dijo con una sonrisa.

Su mano sostuvo la mía y nos movimos a través de las personas hacia la barra, esta vez la morena dejó un vaso pequeño y transparente con bebida azul. Mely y yo chocamos nuestros pequeños vasitos y le dimos hasta el fondo.

Joder, esa maldita cosa era jodidamente dulce.

Mely y nos miramos asombradas y dejamos el vaso sobre la barra esperando que la rubia nos diera otro, pero negó.

-Dense la vuelta y quemen lo que les acabo de dar, no pienso emborracharlas -con un puchero Mely y yo volvimos a la pista y bailamos un poco hasta que sentí unos brazos envolver mi cuerpo y me volteé furiosa sabiendo de quien se trataba.

Mi mano empujó su torso y él soltó un suspiro exasperado.

-Solo es un baile -dijo Raian y se veía considerablemente alcoholizado, pero no borracho.

-¡Suéltame! -él sostuvo con más fuerza mis caderas pegándome a su pecho.

Quise golpearme por admitir que olía bien. Su cabello castaño se encontraba revuelto y su piel blanca brillaba con lo que parecía ser una leve capa de sudor.

-Que la sueltes -impuso Mely tomando su brazo, pero él no cedía.

-Antes de conocerme no te molestó restregarte en mi polla ¿por qué ahora sí? -con rabia lo empujé más fuerte logrando que me soltara y sin pensarlo dos veces lancé mi puño impactándolo en su boca partiéndole en el proceso su labio.

-Vete al diablo -sin esperar las consecuencias tomé a Mely y salimos de la pista hacia el otro lado de la casa que parecía ser también una sala. Esta casa era enorme.

-De este lado está más tranquilo -medio gritó y yo asentí sentándome en un sofá.

Ella se sentó de mi otro lado y alguien más se sentó junto a mí.

Yo observé la cabellera negra que me observaba atento.

-Me alegra que lo hayas golpeado antes, estuve a punto de arruinar mi fiesta de cumpleaños -se recostó del sofá y me sonrió abiertamente -buen derechazo -alagó y yo sonreí pasando el mal rato.

-Nos vemos en un rato -gritó la rubia y yo la miré sin entender -me lo agradecerás -susurró en mi oído para luego desaparecer entre las personas.

Los ojos de Madow me escaneaban completamente logrando que me pusiera nerviosa, cosa que lo hizo divertirse en sobre manera ya que la sonrisa burlona no se quitaba de su rostro.

-Al fin te encuentro, ya te toca -delante de nosotros se encontraba Aidan, y lo diferencié de Aiden por su cabello lacio.

Madow se levantó de su lugar y pensé que se iría con su hermano de inmediato, sin embargo, me tendió su mano y yo la tomé levantándome de mi lugar. Ambos seguimos a Aidan a través del mar de personas hasta llegar a la barra la cual se encontraba totalmente despejada. Yo me quedé un poco alejada al verlo posicionarse frente a una gran cantidad de chupitos con un líquido cristalino.

Madow observó atento cada chupito hasta que su mirada se dirigió hasta a mí y me indicó con su cabeza que me acercara. Un leve empujón me hizo mirar atrás y me encontré con Mely la cual me giñó un ojo y yo con una sonrisa me acerqué.

La música bajó su intensidad y Aidan se subió en el taburete del otro lado de la barra y levantó sus manos al cielo.

-¡Los veinticinco chupitos de mi hermano! -gritó -¿los compartes o te los bebes solo? -Madow me observó.

-¿Me ayudas? -cuestionó y yo dudé.

-No creo que pueda tragarme más de cinco -él se encogió de hombros -sale -dije segura.

-Bien, antes de que acabe la música deben estar vacíos.

Una canción comenzó a sonar y Madow se enfrentó a los chupitos y yo hice lo mismo observando atenta la larga fila, madre mía, todo eso en menos de cinco minutos. Madow llevó el primero a sus labios y dejó el pequeño vasito sobre la barra boca abajo.

Yo tomé el primero y me lo bebí de un solo trago arrugando mi rostro levemente. Era vodka. Sintiendo mi garganta arder tomé el siguiente y me lo bebí de la misma forma y a ese le siguieron dos más. Me sostuve de la barra sintiendo la mirada de casi todas las personas sobre nosotros.

Una palmada fue dejada en mi trasero y yo di un respingo antes de mirar a Madow. Este llevó el pequeño vasito hacia sus labios con una sonrisa.

Yo negué algo divertida antes de llevar otro trago hasta mis labios y a ese le siguieron cuatro más. Cuando tomé el último Madow estaba junto a mí con el ultimo de su lado y nos lo bebimos al mismo tiempo dejando el recipiente vacío boca abajo en la barra.

Los gritos y los aplausos eufóricos se hicieron presente y la música atronadora volvió, todo el mundo comenzó a saltar de un lado a otro y yo me recosté de la barra digiriendo todo lo que me había bebido.

Madow tomó mi mano y me arrastró hacia las escaleras, subí deprisa detrás de él y nos perdimos en un pasillo completamente vacío repleto de puertas.

-Si no saco todo este alcohol terminaré en un coma etílico en cuanto llegue a mi cabeza.

Los malos pensamientos pasaron por mi cabeza, pero los alejé, este chico no tenía intención de coger conmigo. Él abrió una puerta y me dejó pasar primero, era un baño bonito con dos cubículos y un lavamanos doble.

-¿Qué harás? -cuestioné suavemente ya que la música me había dejado algo sorda.

-A meter dos dedos en mi garganta y sacar todo el líquido que aún no digiero -dijo simple entrando en un cubículo.

Yo me encogí de hombros y me metí en el otro. Levanté ambas tapas y me doblé en mi lugar llevando mis dedos hasta mi garganta. Casi de inmediato el líquido comenzó a salir de mi boca, definitivamente era una buena técnica.

Me incorporé en mi lugar bajando la palanca y fui hasta el lavabo. Abrí la llave y tomé jabón para lavar mis manos. Madow se colocó junto a mi haciendo todo lo que yo hacía. Me incliné para llevar agua hasta mi boca y enjuagarla, hice gárgaras y luego sequé mis manos y boca con la toalla junto a mí.

Madow de paso lavó su rostro y mojó un poco su cabello para controlar algunos mechones rebeldes.

-Gracias -yo le sonreí a través del espejo.

-No es nada.

Ambos salimos del baño tomados de la mano y bajamos las escaleras de la misma forma, él me arrastró hasta la cocina y se acercó al refrigerador sacando fresas de un empaque. La cocina estaba totalmente vacía y solo una bombilla estaba encendida iluminando muy tenuemente el lugar.

Él llevó una de las fresas hasta mis labios y yo la mordí comenzando a masticarla suavemente. Él llevó el resto de la fresa hasta sus labios y yo sonreí cuando sacó un jarrón de cristal repleto de un jugo rosado. Acercó el cristal a mi boca y yo comencé a tragar sintiendo un poco de líquido deslizarse por la comisura de mis labios.

Madow retiró el jarrón y luego su boca fue la que ocupó el lugar lamiendo el poco de jugo que se deslizó y luego subió hasta mi boca juntando sus labios con los míos envolviéndome con el sabor a fresa de nuestros labios.

Joder, Madow me estaba besando.

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