Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > Juego Perverso
Juego Perverso

Juego Perverso

Autor: : yumyp1901
Género: Romance
Samantha es una joven dulce, pero con un carácter indomable. Se encontraba feliz al terminar su carrera en arquitectura; sin embargo, su padre tenía planes diferentes para ella. Había orquestado un plan para que con engaños ella firmara un contrato matrimonial y así él saldría de sus deudas. Ella no tenía opción y debía contraer matrimonio, pero estaba decidida a no entregarle su virtud a un desconocido a quién odiaba. Escapó de su casa hacia un famoso bar y bebió hasta olvidarse de sí misma, terminó en la cama con un desconocido, lo único que pudo ver de su cuerpo era un tatuaje en forma de rosa. Zerkan es un joven e importante empresario, implacable en los negocios. Es la clase de persona acostumbrada a que se acaten sus órdenes sin cuestionarlo. Creyó que se casaría con una mujer sumisa y obediente; sin embargo, Samantha es lo opuesto. Está decidido a doblegar a esa mocosa desobediente y enseñarle quien manda y ella está decidida a hacerle la vida imposible a su esposo. Ambos se odian, se detestan; sin embargo, sus deseos son más fuertes que su propia voluntad. Pero... ¿Qué ocurrirá cuando embarazo inesperado cambie sus vidas para siempre?

Capítulo 1 Uno

Estaba profundamente dormida, cuando la alarma de mi despertador hizo su trabajo, maldije unas cuantas veces, odiaba madrugar, pero hoy presentaría mi último parcial para licenciarme como Arquitecto Paisajista, había luchado demasiado para cumplir mis sueños, venía de una familia adinerada, controladores, mi padre se enojó mucho cuando le dije que quería estudiar arquitectura, pero a la final acepto, haciéndome firmar unos documentos, que ni siquiera me tome la molestia de leer.

Gracias a ese arrebato de estupidez me encontraba hoy en el despacho de mi padre escuchando algo que para mí solo ocurría en las novelas.

-Sabes que no me gusta andar con rodeos, soy un hombre de negocios, con una reputación intachable que mantener, te casaras este fin de semana-mi padre usaba un tono implacable

Al principio me reí muchísimo, pero él no mostró ninguna expresión, por lo que pude entender que no estaba jugando.

-¿Qué estás diciendo? Acaso te volviste loco, no quiero casarme «¡Maldita sea!»-grite muy fuerte, pero jamás espere su reacción.

Su mano se estampó en mi mejilla, haciéndome girar el rostro, mi padre me había abofeteado, mis uñas se encajaron en mis manos rompiendo la piel, mi cara ardía por el golpe.

-Maximus, por favor, no es necesario llegar a estos extremos.

Por fin mi madre había dicho algo, durante estos veinte años jamás la había escuchado desobedecer al jefe de la. Familia.

-Cállate Eleonor, o quieres que adelante tu dosis- Mi pobre madre perdió color, sabía que él le pegaba, muchas veces la escuche gritar, quise defenderla, pero ella jamás lo permitió, este era mi momento.

-Te juro que si vuelves a tocar a mama, te mataré, me importara muy poco que seas mi padre, no te tengo miedo, con esto-señale mi mejilla -acabas de acabar con el poco respeto que te tenía, no eres nadie padre, no me casaré.

-No te estoy preguntando, es una orden, además tu misma firmaste elacuerdo-Sonreía con malicia, ¿cómo pasamos de ser un ángel a ser un demonio? ¿ quién era este hombre que estaba hablándome?

-¿De qué estás hablando?

-Firmaste un acuerdo con la Familia Ferner, fue aquella noche donde suplicaste estudiar arquitectura, ahora debes pagar el precio.

El busco los documentos y me los entrego, tome los papeles, leí detenidamente era cierto, había firmado un acuerdo con esta familia, debía casarme con su hijo, en el plazo pautado, y esa fecha era el sábado.

¡Cómo pude ser tan tonta!

No dije ni una sola palabra más, lo único que hice fue salir corriendo de ese despacho, corrí con todas mía fuerzas escapando de esa casa, de esa prisión, corrí como loca, hasta que pude parar un taxi, le dije al conductor que me llevara a un lugar donde pudiera acabar con mi vida y así fue.

Treinta minutos después, estaba entrando por las puertas de un club nocturno, al principio mis intenciones eran ahogarme en alcohol, pero con unas cuantas copas de más, tome la peor decisión de mi vida.

Soy Samantha trevelian y esta es mi historia...

Capítulo 2 Dos

Llevaba aproximadamente unas tres botellas, el lugar se encontraba lleno de personas y aromas extraños, algunos vestían prendas oscuras, otros simplemente no tenían nada, nunca había escuchado de este lugar, "El paraíso".

Mi cuerpo estaba bastante tonto, así que intente levantarme unas cuantas veces, compraría una noche con un gigoló de este club, no le daría mi virtud a mi futuro esposo, al contrario, sería la deshonra de ambas familias, ese sería su castigo, nadie tenia porque hacerme sufrir semejante atrocidad, había soñado con casarme, pero no de esta manera, mi padre había sobrepasado los límites.

Me levanté dando tumbos por el sitio, hasta que tropecé con una enorme espalda tonificada, su rico aroma inundó mis fosas nasales, este definitivamente era el candidato.

-Te pagaré lo que me pidas, si me regalas una noche contigo-dije mientras hipeaba, el hombre comenzó a reír, pero aún seguía de espalda, cosa que no hizo más que encender mi furia ¿que se había creído este miserable?

-¿Qué te causa tanta gracia? ¿Acaso no eres hombre? Si trabajas en este lugar no creo que tengas mucha moral, así que haga su trabajo, te pagare muy bien.

Eso fue todo lo que tuve que decir para llamar su atención, no pude distinguir bien su cara, estaba demasiado borracha, sentí su lengua entrando en mi boca, su sabor me domino, haciéndome perder toda la cordura, jamas pensé que mi cuerpo cediera tan rapido

Mi cabeza dolía horrible ¿qué había ocurrido? Intente moverme, pero algo estaba ocupando el otro lado de mi cama, me desperté rápidamente, solo para darme cuenta de que no estaba en mi cama, y que había dormido con un hombre, no podía ver bien su cara, si me movía tenía miedo de despertarlo.

Como pude salí de la cama, pero un dolor en el vientre me hizo recordar leves imágenes de anoche, mi cuerpo sobre el suyo, su boca recorriéndome el alma, sus manos llevándose mi niñez, ¿qué había hecho? ¿En que me habia metido?

Busque mi ropa por todo el lugar, hasta que la vi a un lado de la habitación, camine sin hacer ruidos, vistiéndome rápidamente, tome dinero de mi bolso, no sabía cuanto costaba un servicio de esta magnitud, así que tome todo lo que tenía, únicamente dejando algunos billetes para el taxi.

Coloque el dinero en la cama, pero en el primer billete escribí lo siento con mi pinta labios, esa era la verdad sentía mucho todo lo que había pasado, estaba a punto de marcharme cuando él rodó por la cama dejándome ver una hermosa rosa tatuada en un costado de su cuerpo, no pude admirarlo más porque empezó a despertarse, así que este era el momento de huir.

Llegué a mi casa pasada las nueve, mi padre estaba hecho un energúmeno, había pagado su rabia con mi madre, la mire con lástima, pero no era yo quien debía defenderla, era ella quien debía salvarse y venir a mí.

-¿Dónde estabas?-grito furioso, ni siquiera me detuve.

-Por el mundo, viviendo lo poco que me queda de mi soltería

No logre escuchar lo que decía, me encerré en mi habitación, luego de darme una ducha dormí todo el día y toda la noche, me desperté al día siguiente cuando el sonido de mi teléfono logro reanimarme, como pude logre contestar era marina, había olvidado la floristería

-Marina perdón, me quede dormida, dame veinte minutos y estoy allá.

-Sam, San debes venir ¡Se está quemando!

-¿De qué hablas? ¿Qué se quema?

-¡La floristería!

No supe como llegue tan rápido, pero en diez minutos me encontraba a las afueras de mi pequeño sueño, viéndolo arder, grite y llore muchísimo, mientras marina me abrazaba, mi vida estaba arruinada, debía casarme con un desconocido, para completar mi pequeño refugio, mi esfuerzo se había consumido en las llamas del infierno, pero estaba segura de que este había sido mi castigo por hacerle frente al gran Maximus.

Luego de tres horas, el fuego por fin fue controlado, no había quedado nada del lugar.

-Señorita al parecer el fuego empezó en la brequera, fue un circuito, lo sentimos muchos

-Créame más lo siento yo.

Entre al lugar, aún se sentía la alta temperatura, todo por lo que había luchado se había ido, todo lo que había soñado estaba hecho cenizas.

-Pagarás muy caro papá, eso te lo juro.

Lleve a Marina a su casa, no sin antes llorar abrazadas un rato, prometimos vernos nuevamente, pero sabía que eso sería imposible.

Quise conducir a casa, pero en una luz roja, una imagen vino a mi mente, la hermosa rosa de aquel hombre, así que otra brillante o tonta idea cruzo por mi mente ni siquiera tuve que pensarlo.

Llegue al centro comercial y entre a la tienda de tatoo, quería tatuar aquella rosa en mi piel, ese era mi nuevo comienzo.

-¡Buenas tardes! Quisiera tatuarme.

-hola ¿Es tu primera vez? ¿Qué te gustaría?

-Quiero una rosa, si me permites papel y lápiz podría dibujarla.

El chico me sonrió entregándome lo que le había pedido, tarde solo diez minutos en plasmar el diseño en la hoja, había quedado perfecta, tal y como la había visto.

Me había enterado de que el dueño del local se llamaba Sean, tenía aproximadamente ochenta tatuajes, gracias a su plática pude aguantar un poco el dolor, decidí hacer la rosa en un costado de mi cuerpo, quería llevar la imagen de aquel hombre en mí, quería que me recordaba todo lo que venía.

-Listo, recuerda no quitarte el plástico y lavar únicamente con jabón neutro, cualquier cosa regresa aquí.

-Muchas gracias Sean.

-Es un placer Sami, Recuerda lavarlo bien, eso ya es para toda la vida.

Salí del local con lágrimas en mis ojos, dolía mucho, pero creo que más me dolía el corazón, mi vida cambiaría y estaba segura de que aún no había empezado a vivir el verdadero infierno, dentro de dos días me casaría con un hombre al que no conocía, dentro de dos días mis sueños de ser una arquitecta reconocida morirían.

Capítulo 3 Tres

Había llegado a casa con un dolor horrible, al final me toco tomar algunos analgésicos, siempre me metía en problemas por ser tan impulsiva, este tatoo era la muestra de ello.

Estaba a punto de retirarme de la cocina cuando mi madre apareció con su típica cara de espanto, sabía que andaba buscándome.

-Hija, ¿dónde estabas? Necesitas probarte el vestido de novia, mañana vendrá tu nueva familia, tendrás que comportarte no queremos que tu padre haga un espectáculo.

Volteo a mirarla ¿acaso pensaba que podría asustarme? Me había acostado con un hombre que no conocía, marque mi cuerpo y perdí mis sueños en aquel incendio, tanto como si mi padre armaba un espectáculo o no me importaba un espárrago.

-¡Por favor mama! No le tengo miedo, voy a aceptar este maldito matrimonio porque fui una irresponsable y no leí lo que firmaba, pero se arrepentirán, tú, mi padre y esa nueva familia, les cobraré una a una cada lágrima.

-Hija...

Suspire cansada, no quería lastimar a mi madre, ella solo era una muñeca que hacia todo lo que mi padre le ordenaba, su único pecado era no defenderme.

-Iremos por el dichoso vestido, pero que sepas que compraré cualquiera, de lo demás puedes encargarte, me importa muy poco, para mí esto no es un matrimonio, es mi sentencia de muerte.

Luego de unos cuantos minutos en mi habitación, decidí marcharme con mi madre, jamás habíamos ido juntas a ningún lado, era lo mejor para ambas.

Entramos a una tienda bastante cara, me probé unos veinte vestidos, estaba aburrida.

-Quiero irme-rodé los ojos fastidiada

-Pero no has elegido un vestido.

-Me importa muy poco-tome uno de los vestidos y se lo entregue a la mujer de la tienda-Quiero este ¿contenta mama?

-¡Samantha!

-Te espero fuera, quiero ir por unos zapatos que le queden al vestido.

No espere que me respondiera y salí de la tienda de ricachones, al final de la cuadra estaba una pequeña boutique y en el exhibidor se encontraba el vestido digno de mí, digno de un funeral, así que siguiendo mis impulsos lo compre.

Me reencontré con mi madre minutos más tarde y fuimos directo a la casa, no le conté nada de mis planes, pero estaba segura de que iba a tener un ataque cuando me viera aparecer por la iglesia, de solo imaginarlo me entraba la risa.

Al día siguiente el asunto empeoró, puesto que mi padre no paraba de sermonearme, quería darme charlas de comportamiento y eso no se lo iba a permitir.

-¡Basta, papá! Puede que no este de acuerdo con este matrimonio, pero me sabes que sé comportarme, hablo seis idiomas ¿acaso debo decirte que sé comportarme en todos ellos?

"I will behave like a princess.

Je me comporterai comme une princesse.

Mi comporterò come una principessa.

Bir prenses gibi davranacağım"

-¡Ya basta!-gritó mi padre muy enojado.

-Eso te digo yo a ti, no me tomes por tonta padre, iré a arreglarme.

Salí del salón echando humo, le había hablado en varios idiomas, sé que puedo ser muy infantil, pero me saca de quicio, daba gracias al cielo que no me había enamorado nunca, por lo menos de amor no me iba a morir, tal vez de sufrimiento sí, apostaba todo lo que tengo a que mi futuro esposo era un hombre horrible ¿quién a estas alturas necesitaba obligar a una mujer para casarse?

Horas más tarde en el salón se escuchaban risas, y una música bastante baja, era más que todo un fondo, estaba acostada cuando mi madre toco la puerta.

-Samantha, ya debes bajar, te están esperando.

-Aún no he terminado mama, dame diez minutos y estoy con ustedes-Estaba mintiendo como bellaca ni siquiera me había arreglado el cabello, así que me tocaba correr, hoy empezaría mi plan.

Elegí un conjunto de dos piezas, un pantalón acampanado de talle alto y un chaleco a juego, todo de color negro como mi alma, deje mi cabello suelto y ni siquiera me moleste en maquillarme, no lo necesitaba, no había nadie a quien impresionar.

Baje las escaleras unos veinte minutos después, encontrándome con la familia de mi futuro esposo en el salón.

-Hija que bueno que has bajado, ven te presentaré.

Camine lo más lento que pude y no Sonreí en ningún momento, mi padre me miraba en forma de advertencia, pero que le den, ni siquiera le tenía miedo.

-Eres muchísimo más hermosa de lo que imaginamos querida, él es mi esposo Rick, mi hijo menor Jordán y mi nombre es Amelía, somos la familia Grey.

-¿Con quién se supone que me casaré ? ¿Con ese?-apunte al más pequeño de los Ferner- Pero si es solo un crio.

-¡Samantha!-La voz de mi padre me hizo temblar, no entiendo por qué seguía causando esa reacción en mí.

-Tranquilo maximus ella tiene razón,. Querida Sam.

- Para usted es Samantha-Conteste interrumpiéndola, la señora se estaba tomando muchas libertades.

-Entonces será Samantha, con respecto a tu pregunta te casarás con mi hijo mayor, él no ha podido venir, por eso estamos todos para pedir tu mano, sé que a lo mejor no es la manera pero...

-Ahórrese las excusas Amelia, usted y yo no estamos en la misma posición, a mí no se me dio la oportunidad de elegir, así que si pide mi mano o no, me importa muy poco.

Dicho esto salí del salón, dirigiéndome al comedor, ya todo estaba listo para la cena así que tome mi lugar de siempre, unos segundos después todos llegaron a tomar asiento, la cara de mi padre era digna de una foto, quería matarme, podía verlo en su mirada, a diferencia de él los Grey parecían disfrutar de la noche, son un hueso duro de roer.

Sirvieron la cena, por suerte era pavo horneado, así que comencé a comer como cerdo, masticando como las llamas, y bebiendo como camionero.

-Querida crees que podríamos hablar un poco más, quiero hablarte de mi hijo.

-¿Qué va a decirme?-La mire con fastidio.

-Es un muchacho bueno, él tampoco querían que las cosas se dieran así, pero así son los negocios.

Mi cabeza retumbó cuando entendí lo que trataba de decirme, así que mi querida suegra tenía garras.

-¿Negocios?

-Si ¿tu padre no te lo ha dicho? Nuestras empresas se asociarán y salvaremos de la banca rota a la de tu padre.

La copa que tenía en la mano, se volvió trizas, ni siquiera sentí dolor, lo que sentía era una profunda tristeza en mi corazón, mi familia me había vendido en el mercado como a un vil pedazo de carne.

-¿Es eso cierto? ¿Me has vendido?

-Samantha...

-Samantha nada papa ¿acabaste con mi vida por dinero? ¿Por tu maldita empresa?

No supe en qué momento habíamos llegado al despacho, pero mi padre me tenía tomada del brazo, estaba haciéndome mucho daño, pero era más fuerte así que me solté.

-¡Cállate! Si, te he vendido para salvar mi vida, mi empresa, me lo debes, te he dado todo aun sabiendo que no efes mi hija, te di mi apellido.

Abrí mis ojos como platos y coloque la mano en mi pecho, esto no podía ser verdad.

-¿Qué dices?

-Lo que escuchaste, vas a devolverme cada centavo invertido en ti, ya sabes que no eres mi hija, así que no sigamos fingiendo que me importas, porque no es así.

-Me casaré, Te devolveré el favor Maximus, pero te juro que te vas a arrepentir, fuiste tú quien acabo con mi floristería, pero más tarde que temprano, te las cobraré.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022