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Jugando con el Ceo

Jugando con el Ceo

Autor: : yumyp1901
Género: Romance
Él es su jefe. Frío, arrogante, irresistible. Ella, su empleada. Orgullosa, desafiante, con una lengua afilada que no se doblega ante nada... ni siquiera ante él. Una noche. Un error. Un deseo incontrolable. Iskra pensó que podía manejarlo. Que una noche entre sus brazos no lo cambiaría todo. Pero estaba equivocada. Él la quiere sumisa, cerca, a su alcance... pero fuera de su corazón. Ella juró no volver a caer, pero cada encuentro la consume, la hiere, la enciende. Lo que comenzó como una venganza disfrazada de deseo, se convierte en un juego perverso donde las reglas cambian a cada paso. Y en este juego de poder, sexo y orgullo... ninguno está dispuesto a perder. ¿Hasta dónde se puede llegar cuando el deseo es más fuerte que la razón?

Capítulo 1 1

El jefe insoportable

Trabajar para Leandro Vólkov es como firmar un contrato con el diablo... pero sin el beneficio de una muerte rápida.

Todos los días me levanto a las seis, me ato el cabello en un moño tan apretado que podría causarme migrañas, me pongo mi uniforme personal de "no me mires"-blusas tres tallas más grandes, pantalones rectos, cero escote, cero curvas-y me preparo mentalmente para enfrentar el apocalipsis con corbata.

Mi jefe no sonríe. Nunca. No dice "gracias", no dice "por favor". Él da órdenes con voz grave y ojos fríos, como si fuera una especie de rey caído del Olimpo corporativo. Un dios griego en traje de diseñador... que odia a la humanidad.

Y yo, su secretaria personal, soy la víctima número uno.

-¿La presentación está lista, Morel? -su voz me hizo saltar como si me hubieran echado hielo en la espalda.

-Sí, señor Vólkov -respondí sin mirarlo, concentrada en mi pantalla. No le des el gusto. No lo mires. Ignora el aroma a colonia de escándalo y esa mandíbula perfecta.

Él se acercó a mi escritorio. Mi pobre taza de café tembló.

-Espero que no tenga errores. Esta vez no tengo paciencia.

-No se preocupe. Para usted, perfección o nada -murmuré con una sonrisa tan falsa como su compasión.

-Sorprendente. Creí que para usted, solo el mínimo esfuerzo era suficiente.

Quise voltearme y lanzarle el teclado. Pero simplemente asentí y seguí tecleando.

Piensa en tu perro. Piensa en esa pizza con extra queso. Piensa en que algún día este hombre resbalará en el mármol pulido de su propia arrogancia.

Horas después, tras una larga jornada de "haz esto", "corrige aquello" y "¿es que nadie aquí piensa?", llegó ese bendito momento:

-Puedes irte, Morel. Has sido... tolerable hoy -dijo sin despegar los ojos de su portátil.

-Lo anotaré en mi diario -contesté en voz baja.

Al salir de su oficina, sentí el aire del pasillo como una bocanada de libertad. Saqué el teléfono y le escribí a Lucía, mi mejor amiga, mi cable a tierra, la única persona con la que puedo hablar sin tener ganas de golpear algo.

Iskra: ¡Otro día sobreviviendo al infierno!

Lucía: ¿Ya escapaste de Mojoncio? ¿Hoy sí vas a salir conmigo o te vas a casar con tu pijama otra vez?

Sonreí al leer su mensaje, habíamos despotricado sobre mi jefe unas mil veces y decidimos que lo llamaríamos mojoncio, a la final solo era una gran mierda.

Me apresure a responder.

Iskra: Me lo merezco. Hoy me sirvo una copa. Me ducho. Y me arreglo. Dame 30 min.

Lucía: ¡Eso! Quiero verte divina, perra.

Iskra: Tú pídelo, yo obedezco.

Esta noche soy libre. No soy la señorita "sí, señor Vólkov", ni la secretaria invisible. Esta noche soy Iskra.

Al llegar a casa, "Chico" me recibió como siempre: con saltos, ladridos y movimientos de cola dignos de un concierto de rock. Me agaché a abrazarlo.

-¿Tú también tuviste un jefe insoportable, bebé? ¿No? Pues considérate afortunado.

Dejé los tacones tirados en la entrada, me serví una copa de vino blanco, y caminé descalza hasta el baño. Encendí velas. Llené la bañera. Me sumergí entre burbujas como si fuera mi propio ritual de limpieza emocional.

-Ah... esto sí es vida.

Después de un buen rato, salí envuelta en una bata suave, el cabello mojado cayendo sobre los hombros. Abrí el armario buscando qué ponerme para salir con Lucía... pero mis ojos cayeron en un cajón que no abría hace meses.

Lo deslicé con curiosidad.

Y ahí estaba.

Un conjunto de lencería roja, tan atrevido como olvidado. Encaje, satén y una pequeña cinta negra en el centro del sujetador. Lo había comprado en un arranque de autoestima... que nunca usé.

-¿Por qué no? -me dije en voz baja, con una sonrisa.

Me lo puse.

Wow... ¿Hola? ¿Esta soy yo?

Me miré al espejo. Por primera vez en mucho tiempo, me vi mujer, no secretaria. Me vi atrevida, fuerte... hermosa.

Tomé el celular.

Iskra: ¿Demasiado?

Junto al mensaje, la foto. Posando frente al espejo con la lencería, mirando por encima del hombro, atrevida, natural, con la bata apenas caída.

Presioné enviar... justo cuando "Chico" saltó a mis piernas y me hizo perder el equilibrio.

-¡Ay! ¡Chico! ¡No me asustes así!

Me giré al teléfono.

La foto se había enviado.

Sonreí... hasta que miré con atención.

Enviado a: Leandro Vólkov.

Y el alma se me fue a los pies.

-No... no... NOOOO...

Capítulo 2 2

Narrado por Iskra Morel

-No, no, no, no, no... -repetía como si eso fuera a deshacer el desastre.

Mi teléfono tembló entre mis manos. "Mensaje enviado". "Leído". Tres segundos después.

¿¡LEÍDO!?

-¡¿Por qué tan rápido, demonio trajeado?! -grité, abrazando a "Chico", que me miraba como si yo estuviera loca.

Intenté pensar racionalmente. Podía inventar algo. Podía decir que era un reto, una apuesta, un error tecnológico, un virus, un ataque cibernético ruso.

O podía mudarme a otro país. Cortarme el cabello. Cambiar mi nombre. Vender cupcakes en Islandia.

Lucía:

Amigaaaaaaa... ¿por qué no has respondido? ¿Qué pasó con la foto?

Iskra:

Se la mandé a mi jefe.

Lucía:

¿¡QUÉ!?

Iskra:

¡Que la mandé a Vólkov! Estoy muerta. Fin. Se acabó. RIP yo.

Lucía:

Ay, no... Iskra... ¿estás segura?

Iskra:

Lucía, no hay margen de error. Apareció su nombre con la V, vi su icono, su cara de hielo... ¡y le salió el "leído"!

Lucía:

¡Ay, Dios mío! Bueno... bueno... ¿y dijo algo?

Silencio.

Esperé.

Nada.

Cero respuesta.

Ni un "jajaja", ni un "error de envío", ni siquiera un emoji. Solo el vacío.

-¿Me ignoró? ¿Después de ver semejante foto? -le pregunté a Chico.

Él bostezó.

Me serví otra copa de vino. El vino de las decisiones estúpidas.

Esa noche no salí. No podía enfrentar al mundo. Solo me metí en la cama, abrazando a mi perro como si fuera un escudo emocional, preguntándome si al día siguiente tendría empleo... o una orden de alejamiento.

La mañana siguiente

Me levanté con el corazón golpeando mi pecho. Miré el celular. Ni un mensaje.

Nada.

Quizá se olvidó. Quizá me bloqueó. Quizá estaba tan traumado que renunció a la empresa y se fue a meditar al Himalaya.

Entré a la oficina con gafas oscuras, bufanda, y un moño tan alto que parecía un ovni. Evité a todo el mundo, caminé con paso de ninja y me senté en mi escritorio como si no hubiera pasado nada.

Hasta que la puerta de su oficina se abrió.

Y él salió.

Leandro Vólkov. Más imponente que nunca. Traje oscuro, mirada penetrante. El tipo de hombre que hace que hasta el WiFi tiemble cuando pasa.

-Morel -dijo sin inflexión en la voz, como si nada.

Tragué saliva.

-S-señor Vólkov...

-Mi oficina. Ahora.

Dios. Ya tiene listo el despido. Me va a destruir con una mirada. Me va a demandar por acoso visual. Me va a hacer limpiar su Bugatti con mi currículum.

¡Maldito Mojoncio!

Entré detrás de él.

Cerró la puerta.

Silencio.

Se giró.

Me miró de arriba abajo.

Yo, escondida detrás de mi carpeta, me aferraba a ella como si fuera un crucifijo.

-Iskra -pronunció mi nombre como si fuera otra persona.

-Fue un error -dije antes de que él hablara. -Totalmente involuntario. Esa foto era para mi amiga. Te juro que... que fue un accidente. Nunca quise ofender, ni insinuar, ni seducir...

-¿Seducir? -levantó una ceja, cruzando los brazos. -¿Así es como seduces tú?

Me congelé.

-¿Perdón?

Él caminó hacia mí con calma, y el aire pareció espesar.

-Con lencería roja, una pose peligrosa y la bata cayendo estratégicamente...

-¡No fue estratégico! ¡Fue casual! ¡Chico me empujó!

Él sonrió apenas. Apenas. Pero fue una sonrisa. Casi imperceptible... casi peligrosa.

-Debería reportarte a recursos humanos.

-¡Lo entiendo! ¡Hazlo! ¡Despídeme! ¡Quémame viva si quieres! -exclamé con los ojos cerrados.

Un silencio pesado.

Hasta que escuché:

-No te voy a despedir.

Abrí un ojo.

-¿No?

-No.

-¿Por qué?

-Porque... no suelo despedir a personas que me entretienen. -Dio la vuelta, volviendo a su escritorio-. Puedes irte.

-¿Ya?

-Ya.

Salí tambaleando, confundida, nerviosa... y con una pregunta retumbando en mi cabeza:

¿Eso fue una amenaza, una burla... o una provocación?

Capítulo 3 3

Desde que salí de su oficina, sentí que todos los ojos de la empresa estaban sobre mí. Como si llevara escrita en la frente la palabra: "mandó una foto en lencería a su jefe y sobrevivió para contarlo."

Volví a mi escritorio con dignidad fingida, el moño aún intacto, y me sumergí en mi trabajo con una intensidad casi olímpica. Pero no podía evitarlo... cada vez que escuchaba la puerta de su oficina abrirse, mi cuerpo entero se tensaba como una cuerda de violín.

El resto del día fue una tortura emocional. No, en serio. No hay otra forma de llamarlo. Sabía que Leandro había visto la foto -esa foto- y que sabía que yo sabía que él la había visto. Pero ninguno decía nada. Nada. Y esa tensión era peor que una bomba con temporizador invisible.

Intenté concentrarme en los reportes, en las órdenes, en los correos. Pero cada vez que él salía de su oficina, cada vez que caminaba por la planta, yo sentía que me faltaba el aire. Y no precisamente porque su belleza fuera impresionante, que lo era, admitámoslo, sino porque ese hombre me descolocaba. No decía mucho, pero cuando lo hacía, dejaba huella.

Lucía:

¿Sobreviviste?¿Que dijo mojoncio?

Yo:

Aún no me ha despedido. Pero dijo que lo entretengo. Literalmente.

Lucía:

¡JAJAJAJA! ¡Lo tienes loquito!

Yo:

Lucía, por favor. Miedo me da. ¿Y si cree que fue a propósito? ¿Y si piensa que estoy loca?

Lucía:

¿Y si piensa que estás buena y misteriosa? Porque lo estás.

Suspiré, cerré el chat, y decidí que lo mejor que podía hacer era acabar mi jornada y desaparecer.

Pero claro, Leandro Vólkov no conoce la palabra "normalidad".

Horas después...

Estaba por terminar un informe cuando la puerta de cristal se abrió... y él salió de nuevo. Su sombra se proyectó sobre mi escritorio como un eclipse de autoridad.

-Iskra -dijo, con ese tono neutro que me hacía sudar las manos-. Ven conmigo.

Me puse de pie como un resorte.

-¿A dónde vamos?

-A una reunión externa. Llevarás los documentos. ¿Puedes conducir?

-¿Yo? ¿Conducir su auto?

-¿Te parece que voy a dejar mi McLaren en tus manos? Vamos en el mío, pero tú conduces el tuyo. Sígueme.

Tomé mi bolso, la carpeta... y mi dignidad (a medias), y lo seguí hasta el ascensor.

El trayecto fue un caos emocional: yo repitiendo mentalmente "solo es trabajo", "esto no es una cita", "no te vas a sonrojar", mientras él conducía delante como si fuera el dueño del planeta. Lo cual, básicamente, era.

La ciudad brillaba con ese resplandor dorado del atardecer, y mis pensamientos se desordenaban más con cada minuto. ¿Por qué me había llevado a esa reunión? ¿Por qué no a Karina, su otra asistente? ¿Y por qué demonios no podía dejar de recordar cómo me miró esta mañana?

Me bajé del auto con los talones temblorosos -y no solo por los tacos. El lugar parecía sacado de una película: mármol, candelabros modernos, camareros con guantes blancos.

-¿Una reunión... aquí?

Era el restaurante mas elegante de la ciudad.

Leandro me abrió la puerta como si fuera lo más normal del mundo.

-El cliente escogió el lugar.

Pero cuando entramos, nos guiaron a una mesa... para dos.

-¿Dónde está el cliente? -pregunté.

-Canceló -dijo, sin un atisbo de molestia-. Pero ya teníamos reservación.

Lo miré con escepticismo. Él me sostuvo la mirada, tan tranquilo, tan dueño de todo.

-Vamos a almorzar. Tú y yo.

Tragué saliva. No, no podía ser real.

-¿Es esto una especie de trampa? -pregunté, mientras me sentaba lentamente.

-¿Para qué? No te hagas ilusiones, no das para mucho Motel.

¡Ya quisieras, Maldito mojoncio!

-No sé. ¿Para ver si me derrito? ¿Para evaluarme emocionalmente?

Él rió por lo bajo. Casi imperceptible.

-Solo almuerzo, Morel. A menos que estés demasiado nerviosa para comer conmigo.

-No estoy nerviosa. Estoy... confundida. Sorprendida. Cautelosa.

-Me gusta cuando dices muchas palabras seguidas. Pierdes el control por un momento.

Lo miré fijamente ¿A que jugaba ?

-Y usted es muy raro, jefe.

Él se inclinó un poco sobre la mesa.

-¿De verdad crees que soy raro?

-No. En realidad, creo que es... intensamente molesto. Pero tiene estilo.

Él volvió a sonreír. ¿Por qué sonreía tanto hoy? ¿Y por qué mi estómago se retorcía cada vez que lo hacía?

Mientras nos levantábamos, él recibió una llamada. Habló en un idioma que no reconocí, tal vez ruso, y colgó con una expresión sombría.

-Cambio de planes -dijo, volviéndose hacia mí-. Tengo un evento esta noche. Cena benéfica.

-¿Y?

-Vas a acompañarme.

-¿Perdón?

-Voy a llevar a alguien del equipo. Y prefiero llevar a alguien con carácter. Me ahorras las conversaciones superficiales.

-¿Y yo qué tengo que ver con eso?

-Tu sarcasmo me relaja.

Lo dijo como si eso fuera suficiente razón para llevarme a una gala. Una gala, Dios mío.

-No tengo vestido para ese tipo de eventos -dije rápidamente, buscando una excusa.

-Ya me encargué de eso. Te lo enviarán a casa. Te recojo a las ocho.

-¿A mi casa?

Me miró con una sonrisa en los labios.

-Claro. ¿Pensaste que no sabría dónde vives? Trabajo con datos, Iskra. Todo lo sé.

Me congelé. Lo dijo sin rastro de broma.

-Esto se está poniendo muy Black Mirror.

-Es solo una cena. Te diviertes, me ayudas, te tomas una copa y te vas a casa con la misma reputación con la que llegaste.

-¿Y si no quiero ir?

-Entonces... te lo pierdes. Pero no pareces alguien que diga no a un reto.

Dicho eso, se subió a su coche y desapareció, dejándome con una mezcla de rabia, nervios y un extraño cosquilleo en el estómago.

Llegué a casa, me quité los tacones como si acabara de escalar el Everest, tiré el bolso en el sofá, y me agaché para acariciar a Chico, que saltó emocionado.

-¡Chicooo! -llamé al entrar-. ¡Ven a rescatarme de los hombres guapos y psicóticos!

Mi perro corrió hacia mí, dando saltitos. Lo cargué, lo abracé fuerte y me dejé caer en el sofá.

-¡Hoy casi me despiden, casi me seducen y ahora me van a vestir como Barbie de gala! -dije mientras él me lamía la cara.

-No vas a creer lo que ha pasado. Le mandé una foto en ropa interior y ahora... ¡me invita a una gala! ¿Es eso castigo o recompensa?

-Necesito una ducha. Una larga. Con música triste de fondo.

Entré al baño, encendí las velas de lavanda, solté el moño y dejé caer la ropa al suelo.

El agua caliente me envolvió como un abrazo que necesitaba desde hace años. Cerré los ojos, dejé que el vapor se llevara el estrés, y por unos minutos, no fui la asistente torpe, ni la mujer sin familia, ni la que envió una foto por error. Solo fui yo.

Iskra Morel. Silencio. Calma. Piel mojada. Y música de fondo.La espuma del agua, el aroma a lavanda... por cinco minutos fui feliz.

Hasta que sonó el timbre.

Salí envuelta en la bata y abrí.

Un asistente de Vólkov me entregó una caja negra con un lazo dorado.

-¿Esto es...?

-El vestido. Complementos incluidos. De parte del señor Vólkov. Buenas noches.

Cerré la puerta con la caja entre los brazos y la coloqué sobre la mesa como si fuera dinamita.

La abrí.

Y mi boca se abrió sola.

Un vestido negro, largo, con abertura lateral hasta el muslo. Tacones de aguja. Un clutch brillante. Y un pequeño sobre.

Lo abrí con manos temblorosas.

"Haz que todos se pregunten por qué te traje."

-L.V.

Me quedé mirando esa nota como si fuera una bomba nuclear.

-Estoy tan jodida.

¡Maldito Mojoncio!

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