Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > June Blaze
June Blaze

June Blaze

Autor: : Paola Arias
Género: Romance
El amor no es lo más importante para June, primero, porque no cree en que los sentimientos de las personas sean del todo sinceros, segundo, porque aquel suceso que vivió en su niñez y la marcó de por vida la sigue rodando por más que quiera huir de esa pesadilla. Pero el amor llega cuando menos se lo esperaba, del hombre que jamás imaginó sentir tanto y nada a la vez. ¿Podría ella olvidar su dolor en manos de aquel amor puro y cristalino que nació en medio de su adolescencia y se fortaleció en su adultez? ¿Podría permitirse aprender una lección de amor y otra de lujuria en manos de su primer y único amor?

Capítulo 1 1

Si no quieres creer en mis sentimientos, tendré que darte una lección de amor, para que comprendas que mi corazón solo puede estar hilado al tuyo un poco más allá de la eternidad y tu razón...

Quería gritar, pero mi voz no salía por alguna razón que desconocía. Quería levantarme de la cama y correr lo más lejos que pudiera de esa figura oscura que se cernía sobre mí, pero mi cuerpo no respondía por más que tratara de moverme. Me encontraba paralizada, asustada y muy angustiada porque mis sentidos no reaccionaban a mis mandatos. Y mis sentidos detectaban el peligro, sabía que ese hombre había regresado para hacerme daño y llevarme a la fuerza con él a como diera lugar.

¿Dónde están mis padres? ¿Dónde está Kilian? ¿Dónde está Mike? ¿Por qué ninguno hace nada por salvarme de ese hombre? ¿Dónde quedaron sus promesas de protegerme por encima de todo?

Intenté removerme una vez más, pero era imposible. Se sentía como si me hubieran atado todo el cuerpo. Era una situación asfixiante y abrumante. Mi corazón latía rápido dentro de mi pecho, tanto, que tenía miedo de que se saliera de mi cuerpo en cualquier momento.

-Eres igual de hermosa a tu madre - esa voz era imposible de olvidar, porque la tenía grabada en mis memorias y siempre llegaba en la cúspide de la noche para atormentar mi paz y mis sueños.

Más desesperación y miedo sentí por dentro al escuchar la voz de ese maldito demonio una vez más. Hice el intento de gritar de nuevo, justo en el momento que desvié la mirada y vi a mis padres acostados a mi lado, pero por más que gritaba, ninguno de ellos me escuchaba. Miré hacía otro punto de la habitación y Kilian se encontraba allí, sentado a una orilla de la cama, aun así, tampoco escuchaba mis gritos.

Cerré los ojos con fuerza, con la respiración agitada y el miedo fluyendo por todo mi sistema. ¿Qué debo hacer? ¿Por qué nadie me escucha? ¿Acaso se cansaron de protegerme? ¿Po qué ese hombre sigue buscándome? ¡¿Qué es lo que quiere de mí?!

Pero recordaba muy bien que ese hombre estaba muerto; sin embargo, seguía apareciéndose cuando mejor me encontraba, y todo ese doloroso pasado parecía haber quedado en el olvido, volvía a mi presente y lo destruía todo.

Sentís sus sucias manos recorrerme por completo a la vez que me decía lo mucho que me quería y lo bonita que era, lo parecida que era a esa mujer tan horrible y mala que recordaba en ciertos momentos de mi vida. Esas lágrimas llenas de miedo y frustración brotaron de mis ojos sin poder contenerlas por más tiempo. No podía respirar, sentía que allí mismo moriría. Me sentía imponente porque no podía escapar de aquella pesadilla en la que me encontraba, y nadie parecía tener la intención de ayudarme...

Pero, entonces, una cálida y suave mano me fue dando lo que tanto necesitaba. Su voz, aunque lejana, logró estabilizar los furiosos latidos de mi corazón, y su suave caricia en mi cabello me brindó calma. Esa sombra grande y terrorífica que me asechaba con insistencia fue deshaciéndose en el aire a gran velocidad hasta quedar hecha en polvo. Ese sentimiento de angustia y miedo que me tenía tan dominada hace un instante fue remplazado en cuestión de segundos por la tranquilidad absoluta. Ese aroma tan conocido para mis sentidos llenó a mi corazón de ternura y felicidad.

Al fin pude mover mi cuerpo de esas ataduras que me tenían inmovilizada, por lo que abrí los ojos con lentitud, pegándome al calor de ese cuerpo que me llevaba siempre a la serenidad cada que entraba en contacto con el mío. Su voz suave, profunda y llena de afecto, resonó en mis oídos, haciendo vibrar cada una de las venas que conformaban mi cuerpo:

-Tranquila, ya estoy aquí - susurró, acariciando mi mejilla con la yema de sus dedos-. Sigue descansando, yo cuidaré de tus sueños.

-F-fue horrible - hundí el rostro en su pecho, un poco avergonzada de que me viera llorar nuevamente-. ¿Por qué no puedo olvidar a ese hombre? Siempre se aparece en mis sueños a torturarme...

-No pienses más en ello, pequeña - tomó mi rostro entre sus manos y se acercó un poco más a mí-. Conmigo estás a salvo, lo sabes, ¿verdad? Sabes bien que, mientras esté aquí contigo, no tienes por qué volver a temer a nada. La promesa que te hice de niños sigue intacta.

Su rostro estaba tan cerca al mío, podía sentirlo a escasos centímetros, aunque la oscuridad no me dejaba contemplar su rostro a detalle. Su aliento tibio y fresco chocaba contra mi piel con extremo poder, como las otras veces que se acerca en demasía a mí, alteró los latidos de mi corazón. Su aroma, su cercanía, sus palabras, sus suaves caricias, el hecho de ser él hacía que mis pesadillas se desvanecieran en el aire como por arte de magia, y no entendía por qué lograba lo que otros no podían con tanta facilidad.

Miré sus ojos sin tener siquiera la capacidad de hablar. En ese momento deseé ver la claridad del cielo en su mirada, pero la poca luz que entraba por la ventana, los hacia ver negros en lugar de azules.

-Han pasado veinte años, Mike. ¿Por qué sigues entrando a mi apartamento como un ladrón? - le recordé, queriendo sonar graciosa, pero él se encontraba muy serio-. ¿Cómo es que aún sigues pensando en una promesa que me hiciste hace mucho?

-Te voy a contar un secreto, pequeña curiosa - su mirada se acentuó en la mía-. Eras tan indefensa, descuidada y chismosa, que desde el primer día en el que te conocí, sabía que mi deber era protegerte de todo a tu alrededor - descansó su frente en la mía y suspiró, cerrando los ojos con cansancio-. Y no estaba equivocado, pues unos años después, conocí ese dolor que has cargado tú sola por mucho tiempo y me juré que nadie volvería a tocarte un solo cabello. Desde entonces y con el miedo de que alguien pudiera hacerte otro daño más grande, me prometí a mí mismo y te prometí cuidarte y protegerte de todo aquel que tenga una mala intención contigo.

-Somos adultos, ya no tienes que cuidarme de nadie.

-Quizás no sea una persona la que te hace daño - besó la punta de mi nariz, incrementando esos latidos desbocados de mi corazón-. Debo protegerte de ti misma, de ese pasado que no puedes soltar por más que quieras, de esas pesadillas que te dominan cada que se cumple un año más de ese suceso. Quiero protegerte de eso que tienes guardado y quiere salir con fuerza para destruir todo ese trabajo que lograste de niña.

Mordí mis labios, reprimiendo ese sollozo que pretendía escapar de mis labios. Mike, a diferencia de mis padres y de mi propio hermano, es el único el que me ha visto completamente quebrada ante esos recuerdos que me invaden cuando menos me lo espero.

-Solo te puedo agradecer por haber venido.

-Sabía que me necesitarías - presionó mi cabeza contra su pecho, por lo que pude escuchar con claridad lo alterado que se encontraba su corazón-. Ahora duerme, mañana todo quedará en el olvido, como se supone debe ser.

El silenció nos envolvió a los dos, solo se escuchaba nuestras respiraciones intranquilas en medio de mi habitación. Todavía me seguía preguntando por qué seguía viniendo cada año, después de todo, él ya tenía una vida hecha muy lejos de la mía. Poco después y entre la comodidad de sus brazos, me quedé profundamente dormida, pero antes de cerrar los ojos y perderme en un sueño tranquilo, escuché una voz que me decía lo mucho que me seguía amando, aunque hubiera pasado el tiempo. No sabía si se trataba de un sueño más o de una absurda realidad, pero de algo estaba segura, era que no podía hacerme una idea con un hombre próximo a casarse y que además es parte de mi familia.

Capítulo 2 2

Y, aunque tenía miedo de ser rechazado y castigado, me atreví a confesar todo ese amor que he sentido por ti desde aquel momento que se implantó en el centro de mi pecho...

***

El sol golpeó mi rostro con brusquedad y fue el causante de que despertara de un segundo para el otro. Me sentía tan cansada, como si una enorme roca me hubiera aplastado durante toda la noche. Me estiré en la cama con una sonrisa en los labios y el corazón inexplicablemente emocionado. Di media vuelta al recordar que Mike se había quedado conmigo durante toda la noche, pero como cada año, su lado se encontraba frío y vacío. En la ropa de coma y en la almohada solo quedaba el leve rastro del aroma de su perfume, así que lo aspiré con suavidad, diciéndole por enésima vez a mi corazón que él es más de lo que podía desear.

Suspiré derrotada y me levanté de la cama a fuerza. Esos sentimientos que se apoderan de mi pecho cada año que estamos tan cerca y compartimos casi los alientos, volvían a quedar guardados en esa cajita que hace muchos años atrás creé para ellos. Tenía clarísimo que no estaba bien al sentir lo que siento por él; nosotros somos familia y él está próximo a casarse con una mujer que lo ama genuinamente, por lo que no debía y tampoco tenía que hacerme esas fantasías que me hacía de adolescente. A como diera lugar, debía sacarlo de mi corazón y de mi pensamiento.

Él supo construir su camino junto al amor de su vida, mientras que yo, seguí el mío como la cabeza mayor de Industrias Blaze y tratando de olvidar un pasado que se niega a liberarme. Mi vida es sistemática y aburrida, pero me siento bien con lo que tengo a mi alrededor; mis padres, mis hermanitos, mis tíos, mis primos y él... que, aunque sabía que nunca ocurriría nada entre los dos, ocupaba un espacio importante en mi corazón y en mi vida.

Dejé de pensar en él e hice mi rutina diaria de aseo. Después de una noche horrible y llena de amargura, el baño caliente me ayudó a estar nuevamente entera. Me puse un vestido rojo, ceñido a mi cuerpo y que hacía resaltar mis curvas más de lo que me gustaría, aun así, decidí dejármelo puesto porque fue un regalo que mi madre me dio el día de mi cumpleaños. Dejé mi cabello rubio suelto y en ondas. Me apliqué un poco de labial rojo en la boca y cubrí esas espantosas ojeras que me eran muy notorias. Tan pronto estuve lista, tomé mi bolso y salí de mi habitación, pero no contaba cn que me estrellaría de frente contra Mike. El café que sostenía en sus manos quedó estampado en mi pecho y parte de mi rostro. Por fortuna no estaba tan caliente, porque él sabía muy bien que el café caliente no era de mi gusto.

-Perdóname, no quise arruinar tu vestido - se disculpó, conteniendo una risita-. Lo siento, pero no esperaba que fueras a salir al mismo tiempo que yo entraría.

-No pasa nada - bufé, dejando caer el bolso al suelo-. ¿Qué haces aun aquí? Pensé que te habías ido.

-Traje desayuno y café - puso dos bolsas frente a mí y las sacudió-. Pero hice un desastre encima de ti.

-¿Por qué traerías desayuno? Digo, ¿no deberías estar en tu empresa?

-Debería, pero hoy quiero tomarme la mañana para estar contigo.

Lo miré por unos segundos con desconfianza. No era momento para que mi corazón se emocionara de más, como en los viejos tiempos cuando solo éramos los dos, pero se me hacía tan difícil controlar el latido furioso de aquel órgano implantado en mi pecho.

-Los beneficios de ser el jefe, ¿no? - me di la vuelta y regresé a mi habitación-. Pero yo sí tengo mucho trabajo que hacer hoy.

-Vamos, June, solo serán un par de horas - me siguió hasta el vestidor-. Hace mucho no pasamos un tiempo juntos.

-Eso es porque ya somos adultos, Mike. Tú tienes tu vida, tus responsabilidades, y yo también tengo mi trabajo - rebusqué entre el armario algún otro vestido.

-Es imposible hablar contigo.

-Soy responsable, es todo.

-Hazlo por mí, ¿sí? - puso sus manos sobre mis hombros y me tensé de inmediato-. Lo lamento, no era mi intención tocarte... yo.

-Estoy bien - respiré hondo varias veces-. Desayunemos juntos si es lo que quieres, pero no puedo pasar un par de horas contigo, tengo una reunión muy importarte que atender en una hora.

-Una hora es más que suficiente - me soltó lentamente, como si en el fondo no quisiera hacerlo-. Cámbiate, te esperare afuera.

Salió de la habitación sin permitir que le diera respuesta alguna. Cerré los ojos e hice los ejercicios de respiración que mi terapeuta me había enseñado años atrás, cuando esos ataques de pánico no me dejaban ni estar cerca de las personas. No era que el toque de Mike me desagradara o me acusara miedo; todo lo contrario, se sentía tan bien y tan cálido, que el miedo de seguir creando un mundo que no existía me hacía actuar de aquella manera distante y temerosa.

Me cambié de ropa lo más rápido que pude y salí a la sala de estar donde él se encontraba sentado en el taburete de la cocina mientras hablaba por su teléfono. Cerré mis oídos e hice caso omiso a lo que decía, pues muchas veces he tenido que soportar palabras de amor con él y su novia. Aunque sabía que no debía, el dolor en mi corazón era más fuerte que la razón.

«Debo madurar, no puedo seguir actuando como una niña», me dije a mí misma, tomando lugar a su lado y llenando mi boca con aquellos panecillos tan ricos y que sabía que eran mis favoritos.

¿Qué tipo de cariño me tendrá? ¿El de un hermano o el de algo más...? De pronto me vi preguntándome, conforme el dulce se deshacía en mi boca y me hacía volar a aquel mundo mágico y de chocolate que mi abuela y mi madre crearon para mí desde que tengo uso de razón.

-¡June, pequeña glotona! - su voz y su risa me sacaron de mis pensamientos-. ¿Pensabas comerte todos los panecillos tú sola?

-Es tu culpa que, en lugar de comer, te pongas a hablar con tu novia.

-Estaba en una llamada con mi asistente - asentí con la cabeza, rellenando mi boca con más dulce-. Te los comiste todos. Déjame un poco de ese.

-No...

Intentó quitarme el panecillo de la mano, pero alcancé a estirar el brazo para el otro lado. Me burlé en su cara mientras tragaba el resto de comida y lo desafiaba con la mirada.

-Entonces, ¿es así cómo vas a jugar?

Me atrapó entre sus brazos y me dio la vuelta quedando mi rostro frete a suyo. Contuve la respiración por lo cerca que estábamos. Quizás él no se daba cuenta en la posición que estaba, pero yo sí y mi corazón parecía estar en medio de una loca carrera de caballos.

-Tienes un poco de chocolate en la mejilla y en la boca - descendió su mirada a mis labios y luego a mis ojos con extrema lentitud.

-¿A dónde? - me limpié la boca con la mano sin apartar mi mirada de la suya-. ¿Ya?

-No, déjame ayudarte...

Con suavidad y ternura, presionó sus dedos en mi mejilla, deslizándolos por mi piel hasta llegar a mis labios. Cerré los ojos ante la caricia y exhalé profundamente, experimentando un temblor y una calidez muy distinta esparcirse por toda mi piel. Mi corazón retumbaba en mis oídos mientras su respiración se volvía más pesada.

-Mírame - pidió en un susurro-. Mírame por un segundo.

Hice lo que me pidió en automático. Al abrir los ojos, una sonrisa encantadora se expandió en sus labios. Me percaté que nos encontrábamos demasiado cerca y que incluso había abierto las piernas y él se encontraba encajado entre ellas. Su tibio aliento me hacía cosquillas y calentaba mi piel.

-¿Qué pasa?

-Tienes unos ojos muy bonitos - tragó saliva, ahora acariciando mis labios con su dedo pulgar-. Y unos labios muy suaves.

-Mike... - bajé la cabeza, pero él la volvió a levantar con su mano-. ¿Q-qué crees que estás haciendo?

-Solo te contemplo - murmuró-. Déjame ver lo hermosa que eres. Déjame hacerlo...

Capítulo 3 3

Tener tu piel y tu corazón no ha sido más que un vago sueño que ansío hacer realidad...

***

No me negué a su caricia, mucho menos a esa mirada que me estaba dedicando y no podía describir por la misma profundidad y confusión que se reflejaba en ella. Su caricia se prolongó por más tiempo y se extendió casi por todo mi rostro, quizás más de lo que debería, pero yo no tenía intención de alejarme y él tampoco se veía que quisiera detenerse.

No me negué a su caricia, mucho menos a esa mirada que me estaba dedicando y no podía describir por la misma profundidad y confusión que se reflejaba en ella. Su caricia se prolongó por más tiempo y se extendió casi por todo mi rostro, quizás más de lo que debería, pero yo no tenía intención de alejarme y él tampoco se veía que quisiera detenerse.

-Te he extrañado como no tienes idea - confesó, deteniendo sus manos un poco más abajo de mi cuello-. Extraño los días en los que éramos solo tú y yo. ¿Qué fue lo que cambió? ¿Por qué nos distanciamos?

-Así es la vida, Mike, tú sigues la tuya y yo la mía. Esa... amistad de niños se quedó en el pasado, pero nos unió ahora que somos adultos. Además de que somos familia.

Me soltó y se separó de mí como si estuviera hecha de fuego y sus manos se hubieran quemado. Quedé desconcertada y vacía al verlo tan lejos y cerca de mí a la vez.

-D-debo irme - murmuré, levantándome de la silla y tomando mis cosas con rapidez, antes que esas lágrimas escaparan de mis ojos y él se diera cuenta de ellas-. Gracias por siempre estar conmigo y haberme invitado tan rico desayuno. Saluda a Cloe de mi parte.

-June - me detuvo con suavidad y me abrazó, enterrando su nariz en mi cuello-. Necesito hablar contigo.

-Dime, ¿de qué se trata?

-De nosotros - me apretó más fuerte contra su pecho-. Sobre todo, aquello que hemos pasado juntos. No llevamos la misma sangre, pero siempre te he considerado como parte de mi...

Y que seamos familia, aunque no corra la misma sangre por nuestras venas, es mucho más doloroso. Él me ve como su prima, quizás como una de sus hermanitas y yo lo veo como un sueño de niños.

-Mike, ¿recuerdas que te prometí que, pasara lo que pasara, serías el único que sabría todo de mí?

-Así es.

-Te he ocultado algo muy importante.

-¿Qué cosa? - se separó de mí, frunciendo el ceño-. Juramos que nunca nos íbamos a ocultar nada.

-He tenido un sueño y nuca lo he podido hacer realidad.

-¿Qué sueño es? Sabes bien que entre los dos lo podemos hacer cumplir.

Acuné su rostro en mi mano y me acerqué un poco más a él. Nuestras bocas estaban muy cerca y me sentía indecisa en si debía besarlo o no. ¿Cómo reaccionaría si le robaba un pequeño? ¿Cómo sería mi propia reacción al acceder a las peticiones de mi corazón? Él estaba próximo a casarse y yo quería un vivir un último momento con ese chico que logró adentrarse a mi corazón.

Cerré los ojos y presioné mis labios en los suyos, percibiendo en la boca y por toda mi piel un fuego que, en lugar de disminuir, aumentaba con cada milésima de segundo que transcurría en el reloj. Estaba muy mal lo que estaba haciendo, más por el hecho de que él tenía a su lado una buena mujer y que era testigo de su amor, pero por primera en mis treinta años de vida, había perdido el miedo de probar sus labios.

Nos separamos lentamente y pensé que se iba a ofender conmigo, pero ese no fue el caso. Se veía tan confundido, con los labios entreabiertos y el ceño fruncido.

-Al menos no moriré siendo virgen de labios... - bromeé, cayendo en cuenta de mi error y alejándome de él-. Cierra la puerta cuando salgas, por favor.

Quería salir corriendo, pero mis piernas me fallaron al dar el paso. Todo mi ser temblaba y mi corazón parecía a punto de detenerse.

No alcancé a dar tres pasos cuando me tomó del brazo, me giró de un rápido movimiento y se unió a mí como nunca lo llegué a imaginar. Su boca tomó posesión de la mía e hicieron un contacto que, en lugar de hacerme sentir mal o paranoica, me hizo sentir y experimentar lo que mis pequeñas hermanitas e incluso él mismo me han contado de un primer beso.

Su beso fue lento, guiando mis torpes movimientos de labios mientras acariciaba mi mejilla y me apretaba contra él. Después de unos cuantos segundos, me permitió tomar aire, pero tampoco fue mucho porque volvió atacar mi boca de manera un poco más ruda y demandante.

Me derretí en sus brazos y en su paladar por eternos segundos. Ni siquiera tuvimos noción del tempo sino hasta cuando me tenía presionada contra la pared y me besaba como si su vida dependiera de ello. Nos separamos tan solo poco y nos miramos a los ojos. Esos dos cielos tan bonitos me miraban con un brillo diferente, uno que nunca antes había visto en ellos.

-No puedo contener esto que siento por más tiempo - volvió a arrebatarme un beso, tirando de mi labio inferior al segundo que se separó de mi boca-. Yo te amo, June, siempre te he amado.

-¿C-cómo? - su reciente beso y, sumando esa mordida, era un manojo de electricidad.

-De mis sentimientos era de lo que quería hablarte, de lo feliz que soy al verte sonreír y de lo infeliz que soy cada que te rompes como lo haces. Me precipité en tomar una decisión y hora no sé cómo remendar las cosas. Pensé que podía olvidarte con el amor de otra mujer, sin embargo, no fue de ese modo. Entre más trato de arrancarte de mis pensamientos, más te adentras en mi corazón.

-¿Por qué me dices esto justo ahora?

-Porque sé lo difícil que es para ti el contacto con las personas. Que te hayas atrevido a robarme un beso me hizo caer en cuenta de que todo este tiempo he cometido solo errores.

-¿Y qué hay de Cloe? Dios mío, Mike, no puedes engañarla conmigo.

-Ella ha sido buena y no lo merece, pero tú eres lo más importante en mi vida. Siempre has sido solo tú y nadie más para mí.

Mis palabras se ahogaron una vez más en sus labios, en esos besos que me sabían a la mismísima gloria y me llevaban a entender un poco mejor mi amor por él. Aunque me sintiera confundida y sorprendida, también había sido siempre él en mi vida. No había ninguna otra persona en este mundo capaz de hacerme olvidar los miedos por un segundo, dejando ese maldito pasado en el olvido. Mike siempre tuvo esa habilidad en mí, de adormecer mi dolor con sus brazos y sus promesas, y ahora parecía arrancarlos de raíz con sus besos y sus tiernas caricias.

-Te amo, pequeña glotona - realizó un camino de besos por mi mejilla, esparciendo electricidad a partes de mi cuerpo que siempre habían permanecido dormidas-. Te he amado desde que era un estúpido niño y ahora te amo mucho más. Aunque siga siendo igual de imbécil, mis sentimientos por ti nunca van a cambiar, todo lo contrario, se harán mucho más fuertes con el pasar de los días.

***

NOTA: HOLA, BELLEZAS, ESPERO QUE SE ENCUENTREN MUY BIEN Y QUE ESTE INICIO DE NOVELA LES ESTÉ GUSTANDO. ME EMCOCIONA MUCHO ESCRIBIR ESTE LIBRO, YA QUE ES LA TERCERA PARTE Y EL FINAL DE UNO LOS LIBROS QUE MÁS AMO.

MUCHAS GRACIAS POR TODO SU APOYO Y CARIÑO. ME HACE FELIZ QUE ME ESTÉN ACOMPAÑANDO UNA VEZ MÁS CON UNO DE MIS MUNDOS.

DÍAS DE ACTUALIZACIÓN: MARTES, JUEVES Y SÁBADOS.

¡LES DESEO UNA LECTURA APOTEÓSICA!

LOS AMODORO 🖤

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022