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Junier, Príncipe de los Ángeles

Junier, Príncipe de los Ángeles

Autor: : Freya Asgard
Género: Fantasía
Junier es un ángel caído, el hermano favorito de Lucifer. Bajó a la tierra cuando todos los demonios fueron expulsados del Cielo. Aquí conoció a Mirka, una humana muy especial y con ella vivirá a través de diversas eras de nuestra historia. Acompaña a este ángel en sus aventuras, amores y desamores, logros y frustraciones. Junier es un ángel que vino para quedarse en tu corazón. *No apta para personas sensibles, aquí los demonios no son los malos.

Capítulo 1 Prólogo

Todos los ángeles estábamos alrededor de Dios Todopoderoso, expectantes ante lo nuevo que se avecinaba. El Padre había decidido crear nuevos mundos. El Reino que teníamos no le bastaba. Quería más.

Nosotros jamás habíamos visto al Padre, solo oíamos su voz de vez en cuando, él vivía en lo alto del Cielo, en la cima de una montaña. Para que lo entiendan un poco mejor, el Cielo es un lugar físico-espiritual donde Padre hizo nuestra morada. Vivíamos en unas especies de habitáculos hechos con nubes y mármol; las calles, cubiertas de oro y plata, conectaban todos los sitios habitables de ese lugar. Y digo habitables porque no se nos permitía ir a cualquier parte. Claro, podíamos volar, pero a veces se hacía cansador. El fin del Cielo era una gran montaña, en cuya cima se encontraba Padre y solo sus más cercanos podían acercarse: Luzbel, Miguel, Gabriel y Rafael. Ellos cuatro eran los únicos con el permiso de pasar a la presencia, aunque, como me enteré más adelante, solo Luzbel había entrado en su presencia. Luzbel, mi hermano, fue el primero en ser creado, el primogénito, el preferido, el que sabía todos los secretos y quien, en base a ello, estaba harto, había dejado de ser el hijo perfecto, cada vez se rebelaba más ante el Padre y debo admitir que muchos ya nos estábamos cansando; sin embargo, tenía la sensación de que, detrás de la rebelión de Luzbel, había algo más, algo que yo no alcanzaba a comprender.

Desde nuestro sitio, un mirador hacia el Universo, miramos hacia abajo, hacia mundos llenos de caos y fuego que explotaban una y otra vez, chocaban unos con otros, hasta que todo se detuvo en un silencio absoluto. Nadie respiró durante un buen rato. Ninguno de nosotros sabía qué ocurría, el porqué de esa nada en la que nos vimos envueltos.

Cuando regresó el sonido, volvimos a mirar abajo, todo seguía desordenado, sin embargo, unas simpáticas esferas desordenadas, algunas más grandes que otras, daban vuelta por ahí. Hasta que una de ellas se detuvo y las demás comenzaron a formarse a su alrededor. Poco a poco, se ordenaron hasta que quedaron en forma de elipse y empezaron a girar alrededor del Sol, la estrella más grande de ellas. El tercer planeta, desde el centro, fue el escogido por Él para habitarlo.

-¿Qué tipo de mundo le darás a esos seres que crearás? -preguntó en voz alta mi mejor amigo, Luzbel.

-Uno perfecto -respondió Padre desde su omnipresencia.

-Pero ese que escogiste es inhabitable -protestó mi amigo, en realidad, todos eran inhabitables.

-Lo arreglaremos -aseveró con confianza.

Escuchamos aquello con desconcierto, ¿a qué se refería con el plural arreglaremos? ¿Qué papel cumpliríamos en ese plan? Poco tiempo después nos enteramos. Se nos ordenó arreglar una parte de ese horrendo lugar. A mí se me encomendó la tarea de crear un jardín para colocar a los primeros habitantes, por lo que tomé una legión de mis ayudantes y realicé la tarea encargada. Preparamos un hermoso jardín con algunas especies que Padre proveyó. Un rocío se levantaba del suelo cada cierto rato para humedecer las plantas y el pasto.

Una vez estuvo terminado, Samael se acercó a mí en solitario a la entrada del Edén, desde donde yo contemplaba mi gran obra.

-¿Qué se supone que hará aquí? -preguntó casi en retórica, puso una mano en mi hombro.

-No sé, no tengo idea, dice que serán criaturas parecidas y diferentes a nosotros. No quiere decir exactamente lo que hará, está muy misterioso con ese tema, quiere guardar la incógnita hasta cuando lo lleve a cabo.

-Quizá ni él mismo lo sabe; si está tomando la decisión solo, puede crear cualquier cosa -se burló sin respeto.

No contesté, me reí de su irreverencia, ya había dejado de venerar a nuestro Padre desde hacía un buen tiempo, cosa que no le sucedía solamente a él, varios ya estábamos hartos de la arrogancia del Padre a quien lo único que le importaba era la adoración que le debíamos día y noche, nada más.

Solo en esos momentos, obsesionado con la creación del nuevo hogar con sus nuevos habitantes, había dejado de requerir nuestra devoción a todas horas; sin embargo, aquello no impedía que solicitara nuestra atención más de lo que muchos estábamos dispuestos a ofrecer.

La Tierra, como le llamó al nuevo mundo, estuvo lista en poco tiempo. A decir verdad, nunca entendí por qué optó por darle un tiempo tan distinto al nuestro, colocó una marca solar para diferenciar día y noche. Eso no podía significar nada bueno; si esa nueva especie iba a necesitar una guía para despertar y para dormir, entonces iba a requerir de una gran guía para vivir.

Cuando Padre decidió poner seres vivos en ese nuevo planeta nos llamó a todos para ver nacer sus nuevas criaturas. Luzbel se veía molesto, a mí me pareció que no era por lo que estábamos a punto de contemplar, sin embargo, no pude preguntarle nada, él evadió mi presencia como si supiera lo que pretendía hacer.

Padre creó unos extraños seres muy diferentes a todo lo que habíamos visto antes. Seres de diversas formas y tamaños a los que llamó animales. Los unía y de ellos nacían más. Esperamos impacientes y confundidos a que concluyera esos juegos, pues para nosotros aquello era eso: un juego del que no conocíamos las reglas.

-Acérquense todos -nos habló la voz de Padre-, vean la nueva creación, un hombre y una mujer, hechos a nuestra imagen y semejanza.

No eran exactamente iguales a nosotros, no tenían alas y parecían miniaturas, pero tenían nuestra forma. Un hombre y una mujer. Así los llamó. Varón y hembra. La mujer no parecía feliz de encontrarse allí, en cambio él admiraba todo a su alrededor.

-¡No puede ser! ¿Esto es cierto o es una broma? -murmuró con sarcasmo Samael.

-Al parecer es verdad, no creo que lo haya hecho para deshacerlo -contestó otro.

-Pero ¡un par de pestañeos y su día se acaba! ¿Cuánto van a vivir? ¿Un día nuestro?

-Con su tamaño, tampoco es que necesiten vivir mucho más -ironizó otro.

-Con su tamaño, no sé cómo es que están vivos, no podrán hacerlo por mucho tiempo -insistió Samael.

-En realidad, mi querido Samael, su vida será eterna -intervino Miguel, que se acercó a nosotros.

-¿Estás seguro, hermano? -preguntó Luzbel con ironía, apareciendo por el otro lado.

-Por supuesto, así lo dispuso nuestro Padre.

-Sí, tal como se dispuso su libre albedrío.

-¿Qué quieres decir? -inquirió Miguel.

-¿No te das cuenta, Miguel, de que todo esto no es más otro de los sádicos juegos de Dios?

-¿Sádicos juegos? Luzbel, hermano, no puedes expresarte de esa manera, Padre nos ha regalado todo; desde la vida.

-¿Vida? Llamas a esto ¿vida?

-¿Qué es si no?

-Una esclavitud, ¿te has percatado de que no podemos hacer nada por cuenta propia? Ni siquiera podemos salir de este lugar.

-Nuestra vida fue creada para servir al Padre. Ese es nuestro propósito, hermano. ¿Qué te pasa, te quieres rebelar?

-Estoy cansado y decepcionado, ¿has visto a esos humanos?

-Claro que sí, todos los vimos.

-De verdad, ¿los has visto? ¿Has visto a la mujer?

-¿Qué tengo que ver en ella?

-¿No sabes quién es?

-¿Quién es?

-¿No lo ves? De otros lo puedo comprender, pero de ti, Miguel, de ti, no. Tú la conoces tan bien como yo. Tú sabes muy bien quién es esa mujer.

Miguel emprendió el vuelo y se fue de allí, no quería escuchar las difamaciones de Luzbel, así las llamaba él. Mi amigo, sin embargo, las llamaba incómodas verdades.

-¿Quién es? -le pregunté una vez que Miguel ya no estaba.

Mi amigo se giró para mirarme, luego miró al resto de ángeles que continuaban pendientes de él y de su respuesta.

-Ya lo sabrán a su tiempo, ustedes todavía no están preparados para esto.

-¿Qué pasará ahora? -le pregunté a mi hermano.

-Muchas cosas, Junier, muchas cosas.

-¿Debería preocuparme?

-Claro que no. -Me sonrió y puso su mano en mi hombro-. ¿Para qué estoy yo? Yo te protegeré de lo que sea que esté planeando Dios.

Le sonreí de vuelta, él siempre me trataba como si fuera su hermanito pequeño.

-¿No me dirás quién es ella? -le pregunté una vez que vi que todos los demás se habían dispersado.

-Ya te dije, aún no estás preparado. Ni tú ni tus hermanos. No sigas preguntando.

Tiempo después me di cuenta de que en realidad no estábamos preparados, no solo para saber quién era esa mujer, si no para muchos otros sucesos acontecieron luego.

Soy Junier, Príncipe de los Ángeles, un poderoso comandante, líder de legiones, aunque, ante mi hermano Luzbel, no soy más que un joven impetuoso, para él siempre seré su hermanito. O eso pensaba, antes de todos aquellos sucesos para los cuales no estaba preparado.

Capítulo 2 1

Mientras Dios se preocupaba de lo que los ángeles llamaban sus nuevos juguetes, en el Cielo se estaba gestando una guerra épica, la primera gran guerra, una guerra entre los fieles seguidores del Padre y los ángeles rebeldes; aunque en la práctica nadie se animaba a dar el primer paso. Todos seguían a Luzbel, pese a que él jamás quiso ganarse el título de líder de nadie. Para él, todos sus hermanos eran iguales, cualquiera podía tomar ese lugar, sin embargo, para los ángeles y arcángeles, Luzbel era diferente a todos los demás. Fue el primero en ser creado.

El gran serafín engendrado por el Padre. Miguel era el primer arcángel. Los dos eran especiales. Dos dioses con caracteres muy distintos entre sí y casi el mismo poder. Su sola presencia infundía un respeto y solemnidad que ningún otro conseguía. Los demás seres celestiales sabían que nadie era como ellos. A todos se les trataba como hermanos, pero solo ellos dos lo eran. Hijos de Padre y Madre, directamente engendrados, los demás, creados, casi clonados.

Luzbel ya no soportaba a su Padre y veía a su hermano Miguel convertirse, poco a poco, en un dios déspota y totalitario, aun así, no quería rebelarse, creía, iluso, que todavía había esperanza de que las cosas cambiaran.

Hasta que su Padre le dio el motivo perfecto para actuar: Lilith, la primera mujer creada a imagen y semejanza de Dios en la Tierra.

Lilith fue creada como Adán, para ser su igual, sin embargo, quizá por la misma razón, ella se rebeló contra la autoridad de ese varón. Por eso, Padre ordenó a Luzbel que le diera un castigo: hacerla desaparecer. Aquella fue la primera vez que el ángel desobedeció al Padre. No pudo acabar con ella, por eso la escondió en el abismo de la Tierra.

El Dios Todopoderoso no se enteró de aquella traición, estaba tan embebido en arreglar el asunto de la rebeldía de la mujer y hacer que olvidaran que ella alguna vez existió, que no se dio cuenta de lo que ocurría a su alrededor.

Eso le demostró a Luzbel y al resto de sus cercanos que el Padre no era, ni omnisciente, ni omnipresente como les había hecho creer.

Pero sí había alguien que estaba pendiente de todo lo que sucedía en el Cielo y la Tierra: Miguel, el más fiel y poderoso de los arcángeles.

-¿Por qué no la destruiste como se te ordenó? -interrogó Miguel a Luzbel con una cuota de lástima en su voz.

-¿Por qué habría de hacerlo? ¿No le dio tu Padre libre albedrío? ¿Por qué castigarla por usarla?

-Se fue en contra de la voluntad de nuestro Padre.

-Castígala tú.

-No se me está permitido bajar al inframundo, lo sabes.

-Claro, tienes que mantenerte puro para otro de los maravillosos planes de tu Padre.

-Si pudiera, iría.

-Entonces, querido Miguel, no puedes hacer nada.

-No dejes que esa mujer te ponga en mal camino.

-¿Cuál mal camino? Solo hay uno para nosotros, recuerda que no gozamos del libre albedrío.

-Claro que sí, hermano, es más, estás haciendo uso de él en este mismo instante al decidir no matar a Lilith.

-Y seré castigado por ello.

-Todo acto tiene consecuencias.

-Yo no sufriré las consecuencias de lo que he hecho, tu Padre me dará un castigo.

-No, si te arrepientes y vuelves al camino de la obediencia.

-¿De verdad quieres vivir así? ¿Esto es vida para ti? ¡Mira al hombre! Su trozo de Tierra es maravilloso, tiene árboles, césped, agua, otros tipos de seres vivos con él. Tiene más de lo que nosotros jamás tendremos en este vasto universo...

-Aquí tenemos hermosos edificios construidos en oro, calles de oro y mármol...

-Sí, todo muy hermoso, ¿no? Son simples piedras.

-¿Qué vas a hacer?

-¿Qué puedo hacer? No creo que pueda convertirme en un ser humano.

-¿Preferirías convertirte en uno de ellos? -preguntó Miguel, sorprendido por aquel deseo.

-¿Por qué no?

-Porque eres un ángel, Luzbel, un serafín de Dios, el primero en su creación, un ángel sobre ángeles, guardián y guerrero de Dios.

-¿Guerrero? ¿Contra quién? Aquí no hay nadie más que nosotros. Tú mismo eres un arcángel, Miguel, tú eres el jefe del ejército, dime contra quién te preparas.

Miguel lo miró con una expresión muy significativa al tiempo que alzaba su mentón.

-Dime tú con quién podría pelear por defender el trono de mi Señor -dijo en tono acusador.

-Mi Señor, mi Padre, mi Dios -replicó en tono burlesco-. Y ni siquiera le has visto.

-No necesito verlo para sentir el amor de Él hacia nosotros.

-¿Estás seguro de que Él te ve y te ama del mismo modo en el que lo haces tú?

-Tú lo has visto, Luzbel, y dime, ¿de qué te ha servido? Mira cómo te expresas tan descaradamente de su persona.

-Porque lo he visto y he estado con él es que sé cómo es, y a mí no me engaña con su falso amor. Todos somos simples piezas de un juego que está preparando y que nadie sabe de qué se trata.

-No te voy a seguir escuchando, eres un diablo, un difamador, ¿cómo puedes referirte así a nuestro Padre que nos dio vida en la grandeza de su amor?

-¿Vida? Sí, una vida vacía, carente de sentido y significado.

-¿Servirle no es suficiente significado?

-Si ese es el caso, no tuvo hijos, sino esclavos.

-No sabes lo que dices.

-No, Miguel, eres tú el que no sabe lo que dice. Piénsalo.

Miguel se dio la media vuelta y salió de la presencia de su hermano con la esperanza de que este recapacitara y se volviera al camino.

Veintiocho arcángeles habían sido creados para guiar a los millares de ángeles y Miguel era el cabeza de todos ellos. Los arcángeles solo eran superados por los serafines, entes superiores que estaban más cerca de Dios en su trono, consejeros de sus hermanos y dispuestos a interceder ante el Padre; Luzbel era el principal de ellos. Junier era el príncipe de los ángeles. Los tres fecundados. Con milenios de diferencia entre ellos. Junier, el menor, fue el último engendrado, casi como por error.

Luzbel caminó rumbo a su lugar, tampoco quería pensar, Miguel estaba enceguecido con su Padre y nada lo haría cambiar de parecer. Al rato, fue interceptado por Junier, su protegido.

-¿Qué pasó con Miguel? -le consultó.

-Sigue creyendo en el amor de su Padre.

-¿Sabe lo de Lilith?

-Sí.

-¿Le dirá a...?

-No lo creo, él tiene un gran conflicto interno, quiere salvarme de mi mal proceder y del castigo del Padre.

-¿Qué haremos?

-No lo sé, ahora que creó a otra mujer con parte del cuerpo del hombre para que sean una sola carne, no sé qué pasará. Esas criaturas femeninas jamás serán como nuestro Padre quiere.

-¿A qué te refieres?

Luzbel sonrió algo despectivo.

-¿No te das cuenta de que ambas tienen una cosa en común? Él no se dio cuenta del error.

-¿Cuál error?

-Son ellas las dadoras de vida, ellas son la imagen de la creación, pero quiere hacerles creer que dependen del hombre. Además, la hizo hermosa, agradable a la vista y al hombre un ser visual. ¿Quién crees que tendrá el control? Ellas no necesitan a un hombre.

-Sin el hombre no podrían engendrar, según tengo entendido.

-Y cualquier hombre les sirve. Ellas son las que llevarán el fruto en su vientre y eso, mi hermano, las hace rebeldes por naturaleza. Créeme que les echarán la culpa a muchas cosas, sin embargo, nunca comprenderán que es porque ellas no necesitan a un hombre. Los hombres las necesitarán a ellas.

-¿Qué harás ahora?

-Probar a Eva. Verás que, aunque Dios le entregó la potestad a Adán, es ella la que tiene todo el poder. Y ella hará caer al hombre.

-¿Tú crees?

-Estoy seguro. A diferencia de lo que dice Dios, es ella la que puede hacer lo que quiera con un hombre. El hombre, si no es con violencia, jamás podrá contener a una mujer. Jamás.

Luzbel largó una risa, pocas veces se le veía contento, se despidió de su hermano y se apresuró a ir a su hogar. Junier sonrió. Poco a poco se levantaba una sublevación en el cielo y él sería parte de ello, a la hora de decidir, no dudaría en irse con su hermano.

-¿Y eso? -preguntó Samael a Junier tras acercarse a su hermano, luego de ver al serafín alejarse tan feliz.

-Luzbel no se da por vencido con la humanidad.

-¿Qué hará?

-No lo sé, pero debemos estar muy atentos a lo que suceda allá abajo.

-Eva no es como Lilith.

-No, pero según Luzbel es igual de rebelde.

-En ese caso, pondré toda mi atención en esa beldad -replicó socarrón.

-Pues yo también estaré muy atento.

-¿Atentos a qué deberíamos estar? -interrogó Gabriel desde atrás.

-A nada que te incumba -respondió Junier.

-Ten cuidado, Junier, esa devoción que sientes por Luzbel se puede volver en tu contra; su corazón es perverso, cada vez se contamina más en su interior.

-¿Con qué se contamina? -inquirió Samael-. ¿No se supone que aquí todos somos santos sin mancha?

-Así era, Samael, hasta que el espíritu malévolo de Lilith contaminó a algunos de nuestros hermanos. A algunos más que a otros, por supuesto.

-Me parece, hermano -habló Junier con ironía-, que te equivocas, antes de Lilith ya había dudas en nuestros corazones.

Gabriel sonrió benevolente.

-Y antes de que ustedes conocieran a Lilith, ella ya existía en este plano.

Junier y Samael quedaron pasmados ante aquella afirmación.

Capítulo 3 2

Gabriel esperó a que los dos ángeles salieran de su asombro.

-Así es, mis hermanos, ella no siempre fue humana, se le degradó a ese puesto por su falta de obediencia al Padre, por contaminar a nuestros hermanos.

-¿Por qué nunca la vimos? -preguntó Samael.

-¿Por qué dices que se la degradó a ser humana? ¿No es esa la creación favorita de nuestro Padre? -agregó Junier.

-No son la creación favorita, son una creación distinta, ya verán que esas pobres criaturas no son más que un pasatiempo, una forma de hacer...

-¿Son un juguete? -inquirió Junier ante el titubeo de Gabriel-. Luzbel dice eso todo el tiempo.

-No, no se le podría llamar así. En realidad, así como Lilith fue desterrada allí, la Tierra será hogar de muchas criaturas. El ser humano, por decirlo de algún modo, está en el más bajo escalafón en el rango de sus creaciones, solo si se mantiene fiel a nuestro Padre podrá disfrutar de los beneficios de una inmortalidad y perfección sin precedentes. Posee una inocencia que nosotros no conocemos, aunque seamos mil veces más puros.

-No entiendo nada de lo que dices -espetó Samael.

-Yo sí, y a juzgar por tus palabras, Gabriel, dudo que el hombre pueda disfrutar mucho de esa preciada inmortalidad de la que hablas.

Gabriel miró inquisitivo a Junier.

-¿Debería preocuparme por tus palabras, hermano?

-Si Padre no se preocupa...

-Él tiene cosas más importantes de las que ocuparse.

-Entonces, esto no es importante, no debes preocuparte.

-Si Luzbel planea algo, deben avisar.

-Si Luzbel planea algo, créeme que no nos lo dirá. Él es demasiado leal para meternos en problemas con Padre. Y, si me lo dijera, tampoco te lo diría, mi lealtad a él es superior a la que siento por nuestro creador.

-Creador... -Alzó las cejas y bajó la cabeza.

-Será mejor que abras los ojos, Gabriel, quizá no todo es como parece -le advirtió Samael.

Gabriel se retiró preocupado, quizá no debió hablar de aquello, sin embargo, era su deber; a eso había sido enviado, a dejar el mensaje de que Lilith había vivido en el Cielo antes de bajar a la Tierra y que ella era quien llevaba por malos pasos al favorito de Dios, a su primer hijo, el Serafín mayor, el que estaba sobre todos los demás. Solo Padre lo superaba en poder e influencia, aunque Luzbel negara siempre aquella última afirmación.

Junier miró a Samael.

-¿Qué crees que pase ahora?

-Si Luzbel hace algo en contra de nuestro Padre, puede pasar cualquier cosa.

-Si él hace algo en contra de la nueva creación de nuestro Padre, no hará nada, nunca hace nada, sin embargo, mucho me temo que las cosas para nosotros cambien sin retorno.

Tras decir esas palabras, Junier se encaminó hacia la morada de Luzbel.

-Hermano -le habló, ya que se encontraba de espaldas a él y, al parecer, no había percibido su presencia.

-Junier, mi querido hermano. -Se volteó para recibirlo con una gran sonrisa-. ¿Ocurre algo?

-¿Qué planeas hacer?

-¿Qué crees? Hacer caer a la parejita.

-¿Cómo?

-Es mejor que no lo sepas, hermanito, es mejor que no lo sepas.

-Pero sí planeas hacer algo.

-Por supuesto, pero mientras menos sepas, mejor para ti, no quisiera que tuvieses problemas con ellos por mi culpa.

-Tú sabes que a mí no me importa tener problemas, ellos me tienen sin cuidado.

-Aun así, hermano, eres mi hermanito, siempre te protegeré hasta donde me sea posible.

-¿Tú sabías que Lilith existía aquí antes de que fuera enviada a la Tierra?

-¿Enviada? Degradada querrás decir. A punto estuve de matarla, ¿sabes?, por Dios, que iba a cumplir mi cometido, sin embargo, logré descubrirla a tiempo y la reconocí, de no haberme dado cuenta, me habría arrepentido la eternidad de haberlo hecho.

-¿Qué dices? ¿Tú la conocías?

-¿Que si la conocía? Claro que sí. Solo que no con ese aspecto.

-¿Quién era?

-Créeme que no quieres saberlo, mi hermano.

-Dímelo.

Luzbel colocó una mano en el hombro de su amigo y lo observó con algo parecido a la compasión.

-¿Tan malo es?

-Es algo que ni te imaginas.

-Estoy preparado.

-Ella, Junier, es tu madre.

-¡¿Qué?! Eso no puede ser.

-Así como lo oyes. Antes de ser desterrada a la Tierra, Lilith era la esposa de tu Padre. Ya había sido castigada, Él la había confinado al Santísimo, donde nadie más podía entrar. Por eso ninguno de ustedes la conocía. Nuestro querido Padre la tenía prisionera en sus aposentos.

-¿Y por qué la degradó?

-Porque ella no quería ser una esclava de Él. No quería seguir engendrando hijos angelicales, o esclavos angelicales, como solía decir ella, tampoco quería mantenerse en las sombras. Por eso Él, para demostrar su poder, creó la Tierra, para degradarla a la nada. Para que no se le juzgara, se ideó a sí mismo como el autor de vida y a ella la condenó a ese lugar. Eso, que llaman Tierra, no fue hecho para los humanos, fue diseñado como un castigo perpetuo para ella.

-Pero ya no está ahí.

-El abismo de la Tierra es una especie de castigo que creó nuestro Padre cuando sintió que Lilith podía traicionarlo.

-¿Y por qué no la destruyó? ¿Por qué no los destruyó a ambos y así se libraba del problema?

-Porque a ella no la puede destruir y Adán no pecó y no podía destruirlo sin motivo, ¿qué les diría a sus leales seguidores?

-Claro, no puede evitar hacer gala de su gran compasión.

-Lo has entendido, hermano.

-¿Qué piensas hacer?

Luzbel sonrió.

-Ya te dije que es mejor que no lo sepas, así, si te preguntan, no tendrás que mentir.

-Tú sabes que soy leal a ti.

El ángel caído asintió con la cabeza. Junier era varios millones de años menor y, desde que había nacido, no se le había despegado de su lado. Siempre lo admiró y siempre lo vio como a un referente, un ejemplo para seguir, aunque el ángel de luz estaba consciente de que, para los planes de Dios, él estaba muy lejos de ser un modelo.

-Luzbel, no me dejarás fuera de tus planes, ¿o sí?

-Claro que no, mi hermano, pero ya te dije, no quiero que mientas por mí, no quiero que tengas problemas antes de tiempo.

-¿Y no te puedo ayudar?

-No, esto es algo que haré solo, luego, según como vayan las cosas, tendrás que tomar una decisión.

-Siempre voy a estar contigo, hermano.

-Lo sé, tu fidelidad no la tengo que probar, estoy seguro de que es a toda prueba, solo que, en este caso...

-Siempre voy a estar contigo.

Luzbel le sonrió y puso sus manos en los hombros de su protegido.

-Por lo mismo, mientras pueda, te voy a librar de la ira de Padre. -Suspiró fastidiado.

-¡Luzbel! -gritó, con voz potente, Rafael.

-¿Qué pasa, hermano? -Se volvió intentando controlar sus impulsos.

-No me llames hermano.

-Somos hermanos, te guste o no, así lo ordenó tu Padre, ¿no? -ironizó.

-No lo eres si conspiras contra nuestro Padre.

-¿Y a qué viene eso?

-Me enteré de que Lilith sigue viva en algún lugar cuando se te dio la orden expresa de eliminarla.

-Tu Padre pudo haberla matado Él mismo.

-Eso no es nuestro asunto. Él manda y nosotros obedecemos. Punto. Sin preguntas ni excusas.

-¿Y si te manda a eliminar a uno de nosotros?

-Él es justo y no haría algo en contra de nosotros sin motivo.

-¿Y Lilith?

-Lilith se rebeló contra la autoridad de nuestro Padre y contra toda autoridad, tú la viste, casi mata al hombre, la creación pura de su propia mano.

-¿Creación pura de su propia mano? Por favor, Rafael, ¿qué clase de seres creó nuestro Padre que debemos cuidarlos y darles todo? No son capaces de sobrevivir fuera de la custodia de nuestros hermanos.

-¿Tú serías capaz de sobrevivir fuera de la protección de nuestro Padre? Esos humanos son nuestra responsabilidad.

-Pues odio a los humanos.

Rafael se quedó estupefacto por las palabras de su hermano. Odio era una palabra muy fuerte que se encontraba fuera de su vocabulario. De hecho, Rafael pensó que aquella era la primera vez que la escuchaba. Su corazón se entristeció por la dureza de cerviz de ese ángel tan especial de Dios. Luzbel.

Consciente del dolor que había infligido al ángel, le puso la mano en el hombro.

-Yo te quiero, Luzbel, y solo quiero que regreses al buen camino -dijo como en un ruego.

-Lo siento, Rafael, no tenemos la misma percepción de lo que es el buen camino o de lo que está bien o mal.

Rafael lo miró, buscaba en la mirada de su hermano algún rastro de culpa, pero no encontró nada. Se dio la media vuelta y se retiró con la tristeza como una nueva emoción recién adquirida.

Luzbel se lo quedó mirando un rato y luego desvió su atención a Junier.

-¿Aún quieres seguir a mi lado?

-Siempre, Luzbel.

-Entonces, mi hermano, derrotemos el reinado del Padre, demostremos que toda su supuesta bondad no es más que una máscara para cubrir la verdadera maldad de su corazón.

-¿Y cómo haremos eso?

-Vamos a hacer pecar a la primera pareja humana, liberaremos a Lilith y dejaremos de manifiesto que Dios, el Todopoderosísimo Altísimo no es tan bondadoso ni misericordioso como nos lo ha hecho creer cuando quiera eliminar todo rastro de esa nueva creación -sentenció con su mirada perdida en sus futuros planes.

Junier, leal a su hermano, haría lo que él le pidiera y más.

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