Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > LA ASISTENTE DEL CEO MILLONARIO
LA ASISTENTE DEL CEO MILLONARIO

LA ASISTENTE DEL CEO MILLONARIO

Autor: : Mary Mary
Género: Romance
Sinopsis Emiliano Ferrer es el CEO de una de las empresas automotriz más reconocidas en roma. Es único hijo. Tiene 30 años. Su especialidad son los autos. Estudio diseño gráfico. Por ende ejerce en su propia empresa del sector automotriz. Antonella Salvatore es hija única, tiene 26 años, de clase media, tiene conocimiento en diferentes ramas. Lo que le permitió el empleo de asistente del CEO.

Capítulo 1 PRÓLOGO

PRÓLOGO

ARTHUR FERRER

PLAN

En la penumbra de mi despacho, el ámbar del vino tinto danzaba en la copa, mientras una voluta de humo azul ascendía perezosa desde la punta encendida de mi puro. Aspiré profundamente, dejando que el aroma terroso impregnara mis sentidos antes de exhalarlo lentamente. El silencio denso y opulento que llenaba la estancia era mi refugio, un oasis de calma donde podía analizar con frialdad la situación que ahora me ocupaba; inesperada, inoportuna, pero sobre todo, peligrosa.

La relación de Emiliano con esa muchacha... no, no podía tolerarlo. Amenazaba con desmoronar los cimientos de los planes que, con meticulosa precisión, había trazado para él. Debía apartarla de su vida, extirparla como se arranca una mala hierba antes de que asfixie una cosecha prometedora.

Ella... completamente ajena a nuestra esfera social. ¿Cómo era posible que mi hijo, con un universo de mujeres deslumbrantes a su disposición -profesionales, herederas de fortunas incalculables, mujeres que comprendían nuestro mundo- se hubiera fijado en alguien así? La única explicación plausible era un arrebato de locura transitoria, una debilidad momentánea.

Sin embargo, una punzada de inquietud se instaló en mi interior. ¿Y si no era tan simple? ¿Y si esa joven estaba embarazada? No, no podía ser. ¿O sí?

Mi mente se convirtió en un torbellino de suposiciones. Solo sabía que Emiliano la había presentado como su novia y que pronto la traería a esta casa, a nuestro mundo. No podía permitirme el lujo de la improvisación. Necesitaba un plan, una estrategia calculada que neutralizara su presencia, ya fuera involucrándola en los intrincados asuntos de la empresa o alejándola hacia un escenario completamente ajeno a nosotros.

Debía investigar. Indagar en su pasado, desenterrar cualquier desliz, cualquier sombra en su historial que pudiera usar en su contra. Tal vez ahí encontraría la grieta por donde infiltrar mi solución.

O quizás... una suma considerable de dinero. Para alguien de su condición, una oferta generosa podría significar una vida de comodidad. ¿Cómo resistirse a la tentación de una fortuna inmediata?

Por ahora, debía mantener la fachada.

Sería necesario simular aceptación, una máscara de indiferencia cuidadosamente tejida, mientras en mi interior se fraguaba la solución definitiva.

Emiliano ya no era el niño dócil que obedecía mis órdenes sin cuestionar. Había demostrado su valía al mantener la empresa a flote, convirtiéndose en un hombre hecho y derecho. Manipularlo directamente sería una tarea más ardua, pero no imposible.

Todo debía hacerse con precisión quirúrgica. Un movimiento en falso, y todo podría desmoronarse. Sin embargo, no tenía elección. Por el bien de Emiliano, de nuestra familia y de nuestro legado, esta joven debía desaparecer de nuestras vidas.

Por más que aumentaran las cifras en nuestras cuentas bancarias, nunca era suficiente. El lujo exigía un precio alto y demandaba sacrificios. Esta vez, mi hijo, quisiera él o no, se convertiría en una pieza fundamental de esta ecuación.

Revisé mi agenda en busca del contacto de un investigador privado con una reputación impecable.

-Giacomo Rosso -articulé con voz grave al otro lado de la línea-. Sono Arthur Ferrer, ho bisogno dei suoi servizi.

Una voz curtida respondió con un leve matiz de sorpresa:

-Sì, signor Ferrer, è passato un po' di tempo dall'ultima volta che ci siamo sentiti. Come sempre, sono a sua completa disposizione per qualsiasi cosa le occorra.

Mi tono adquirió un matiz más severo, cargado de urgencia:

-Ho bisogno che indaghi tutto su Antonella Salvatore: dalla sua data di nascita, l'aria che respira, l'ultima volta che è andata in bagno, chi sono i suoi genitori, a quali cause è devota... assolutamente tutto. Lo voglio per ieri.

-Capisco, mi metto subito al lavoro -respondió Giacomo, con la profesionalidad que lo caracterizaba-. Tuttavia, signor Ferrer, gli onorari saranno piuttosto elevati, considerando le esigenze e la rapidità richiesta.

-Non si preoccupi per i soldi, sono l'ultimo dei miei problemi -repliqué con desdén-. Procederò immediatamente con il pagamento: metà ora e il resto quando avrò tutte le informazioni.

-Perfetto, è sempre un piacere fare affari con lei, signor Ferrer -concluyó Giacomo, con tono seguro-. Ci intendiamo molto bene. Le auguro un buon pomeriggio.

Capítulo 2 INVITACIÓN

CAPÍTULO 1

Emiliano Ferrer

Invitacion

El susurro tenue de la mañana me arranca del letargo. Bajo las sábanas, me desperezo lentamente, extendiendo cada músculo antes de alcanzar el reloj en la mesita de noche. Las cinco en punto. Con una agilidad inusual para la hora, me deslizo fuera de la cama y camino directo al baño, atendiendo la urgencia matutina. Un aseo rápido, y envuelto en una toalla, desciendo a la planta baja.

El pequeño gimnasio que había acondicionado se había convertido en mi refugio matutino, un espacio dedicado a disipar las tensiones acumuladas por la vida empresarial. Durante una hora me entrego a una rutina exigente que deja mi cuerpo exhausto pero revitalizado. Tomo una toalla para secar el sudor que brilla en mi frente y me encamino a la cocina en busca de un vaso de agua fresca.

Allí está ella, mi nana, una figura entrañable que se mueve con gracia entre los fogones, preparando el desayuno con la misma dedicación de siempre.

-Buenos días, nanita -la saludó con cariño.

-Buenos días, mi niño. Ya casi está listo el desayuno -responde con esa mezcla de eficiencia y ternura maternal que siempre logra reconfortarme.

-En un rato vuelvo para disfrutar de tus delicias -le digo, dándole un beso en la frente antes de regresar a mi habitación.

El agua fría de la ducha es un bálsamo tras el ejercicio, una cascada artificial que arrastra el cansancio y me llena de energía. Al salir, me dirijo al vestidor y escojo mi atuendo para el día: un traje negro, impecable, perfecto para la importancia de la jornada. Frente al espejo, ajusto cada detalle, asegurándome de proyectar una imagen pulcra y profesional. Un toque de mi perfume favorito y estoy listo.

Desde lo alto de las escaleras, el aroma tentador del desayuno recién servido me llama. Me siento a la mesa, y lo primero que busco es la taza de café. El sabor intenso y equilibrado me arranca un gemido de satisfacción.

-Está exactamente como me gusta -comentó con una sonrisa.

Mi nana me mira y suelta una carcajada cálida que, como siempre, termina contagiándome. Reímos juntos, compartiendo ese instante de complicidad que hace de las mañanas algo especial.

-Gracias -digo con sinceridad, dejando que mis palabras reflejen el profundo aprecio que siento. Su presencia constante y su cuidado incondicional han sido un pilar en mi vida. Desde el momento en que llegué a este mundo, ella se convirtió en mi apoyo inquebrantable, una figura materna a la que amo con todo mi corazón.

-El desayuno estuvo delicioso, como siempre -comentó al terminar, con una sonrisa sincera.

-Qué bueno que te gustó. Sabes que te quiero, Emiliano, y siempre he cuidado de ti. Eres como un hijo para mí, y te adoro -responde con esa ternura que nunca deja de conmoverme.

-¿Cómo podría dejarte, si siempre me has dado todo el amor y apoyo que he necesitado? -le digo, dejando que mis emociones se reflejen en mi voz.

-Bueno, ya es suficiente sentimentalismo. Tengo que ir, tengo mucho trabajo hoy.

-No me esperes a cenar. Si hay algún cambio, te aviso; si no, hasta la noche. Muaa -le doy un beso rápido y salgo de casa con pasos decididos.

Soy Emiliano Ferrer, tengo treinta años. Hijo único y presidente de la empresa automotriz Ferrer & Asociados, el legado de mi padre, Arthur Ferrer.

Mi hogar es una elegante villa en el norte de Roma, un refugio que combina lujo y serenidad. Como cada mañana, me dirijo al garaje, donde mi BMW negro me espera, impecable, listo para el trayecto diario hacia el trabajo. Es lunes, y la ciudad parece despertar a mi mismo ritmo. Sin contratiempos, en veinticinco minutos llego a mi destino: el imponente edificio que alberga las oficinas de la empresa.

Son las siete y treinta de la mañana. Tomo el ascensor hasta el último piso, donde se encuentra mi despacho. Al salir, distingo a Marta, mi eficiente secretaria, ocupada en su escritorio al final del pasillo, y a mi asistente personal al otro extremo.

Con un gesto cordial, saludo a Marta antes de entrar en mi oficina. Allí me espera Antonella, mi asistente personal, con su semblante tranquilo y angelical. Está concentrada en sus tareas y no percibe mi llegada hasta que pronunció su nombre.

-Buenos días, Antonella.

-Buenos días, señor Ferrer -responde con su tono profesional, impecable como siempre.

-¿Qué tenemos programado para hoy? -preguntó con energía, listo para enfrentar la jornada.

-Hoy tiene varios documentos para firmar y dos reuniones importantes. La primera es a las diez de la mañana con los inversores chinos, y la segunda a las dos de la tarde con el comité empresarial para discutir la solvencia de los impuestos de la empresa -informa con precisión y serenidad. Su fluidez y eficiencia en el trabajo siempre logran impresionarme, recordándome lo indispensable que es para el éxito de mi día a día.

-¡Perfecto! Mmm... ¿Podrías traerme un buen café, por favor? -le pedí con una sonrisa amable.

-Por supuesto, señor Ferrer. ¿Algo más qué necesité? -respondió con cortesía.

-Por ahora no, eso es todo. Si surge algo más, te lo haré saber.

Poco después, regresó con el café solicitado y se retiró con discreción.

La mañana en la oficina transcurrió con la habitual rapidez. A las nueve y cuarenta y cinco, Antonella entró para recordarme la primera reunión del día.

-Gracias, no sé qué haría sin ti. Siempre tan atenta y pendiente de todo, casi lo olvido. Por tu eficiencia, te has ganado una invitación a almorzar después de la reunión -le dije con una sonrisa.

-Gracias, señor Ferrer, pero no era necesario. Solo cumplo con mi trabajo -respondió con modestia.

-No pienso discutirlo, está decidido. Después de la reunión saldremos a almorzar, conversaremos un rato y me contarás algo sobre ti. Llevamos tiempo trabajando juntos y apenas sé nada de tu vida -afirmé, dejando claro que no aceptaría una negativa.

-De acuerdo, señor Ferrer, aceptaré su invitación. Pero ahora deberíamos apresurarnos, los inversores chinos deben estar esperándonos en la sala de juntas.

-Tienes razón. Un favor más, ¿podrías conseguirme té verde y algunas galletas para los inversores?

-Por supuesto, señor Ferrer. Siempre es muy considerado con ellos.

-Je, je, je, como dice mi padre: "Trátalos bien y te tratarán bien".

-Su padre siempre ha sido un hombre sabio, y usted ha heredado su audacia en los negocios.

-Bueno, me voy, no quiero retrasarme más. Debo llevar las carpetas de trabajo para mostrarles por qué invertir en "FERRER & ASOCIADOS" es una decisión acertada.

Al entrar en la sala de juntas, los inversores ya estaban reunidos.

-Buenos días, amigos. Disculpen el pequeño retraso, ya estoy aquí. Vamos al grano. Mi padre me comentó que prefieren las cosas claras y directas. En cada una de las carpetas que se les ha entregado encontrarán toda la información sobre nuestra rama automotriz, incluyendo detalles del trabajo que realizamos y lo que necesitamos de ustedes para innovar en este sector.

Hemos diseñado un plan para incorporar tecnología de vanguardia en nuestros nuevos modelos de vehículos, los cuales planeamos lanzar al mercado el próximo trimestre. Nadie mejor que ustedes para ayudarnos a convertir esta visión en una realidad y asegurar beneficios mutuos.

El señor Wang pidió la palabra.

-Por supuesto. Somos líderes en este sector y hemos recibido excelentes referencias de su empresa y del señor Arthur. Por eso estamos aquí y hemos decidido realizar una inversión importante en su compañía. Además, sus vehículos y la atención tan cordial que nos han brindado nos han causado una excelente impresión -dijo casi en un susurro, lo cual me llenó de satisfacción.

-Este té y las galletas están deliciosos, je, je, je -añadió con una sonrisa.

Dos horas después de concluida la reunión...

-Bueno, Antonella, ya es hora del almuerzo. ¡Qué rápido pasó el tiempo! Deberíamos irnos para regresar a tiempo a la reunión con el comité empresarial.

-Está bien, jefe.

-Deberías dejar la formalidad y llamarme por mi nombre.

-¿Cómo cree, señor Ferrer?

-Lo digo porque, si vamos a almorzar juntos más a menudo, me gustaría que me llamaras por mi nombre fuera de la oficina. Sería bueno romper un poco la formalidad.

-Je, je, je. Siendo así, está bien, Emiliano.

Al llegar al restaurante...

-Buenas tardes, pasen adelante, bienvenidos. ¿En qué puedo servirles? -nos recibió un hombre con amabilidad.

-Gracias, muy amable. Para empezar, dos copas de su mejor vino, por favor.

-¿Venimos solo a almorzar, señor? -dije, aun sintiéndome incómoda al llamarlo por su nombre.

-Tranquila, Antonella, es solo un aperitivo antes del almuerzo y también para celebrar. Aunque en parte es cierto lo que dije.

-¿Y qué celebramos, Emiliano?

-La aceptación de nuestra propuesta por los inversores chinos y, además, tu excelente trabajo al mantener todo al día. Debí haberte invitado a almorzar hace tiempo. Me agrada tu compañía -dije, notando un leve sonrojo en sus mejillas.

-Todo se logró gracias a su audacia y conocimiento en el área de negocios. ¿Puedo hacerle una pregunta?

-¡Claro que sí!

-Llevo tanto tiempo trabajando en la empresa de su padre, ¿por qué justo ahora decide invitarme a almorzar? -directa, eso me gusta.

-La verdad, no sé por qué no lo hice antes. Pero no hablemos de mí, cuéntame de ti. ¿Tienes hijos? ¿Vives con alguien? ¿Qué haces en tu tiempo libre? -respondí, desviando la conversación con preguntas igual de directas.

-Je, je, je, son muchas preguntas, pero se las voy a responder: no tengo hijos y, sí, vivo con alguien, con mis padres, en una pequeña casa a treinta minutos de la empresa. En mi tiempo libre me gusta leer y cantar.

-¿Cantar? Me encantaría escucharte alguna vez.

-No, Emiliano, ¿cómo cree? Solo canto en casa mientras hago los oficios o en la ducha.

-Algún día me gustaría escuchar tu voz interpretando alguna canción -dije con un toque de galantería.

-Lo dudo mucho, como le dije, solo canto en casa.

En ese momento, llegó el camarero con las cartas del menú.

-Aquí tienen la carta para que elijan.

-Cuando estén listos, ¿me avisan, por favor? Estaré cerca.

-Muchas gracias -respondí con cortesía.

Miro a Antonella y me pierdo un instante en la singular belleza de sus ojos.

-Antonella, ¿qué te gustaría almorzar?

-Creo que unos raviolis con ensalada serían perfectos.

-¿Y de postre?

-No, Emiliano, así estoy bien, solo con eso me conformo.

Capítulo 3 ROMPER CORAZONES

CAPÍTULO 2

Antonella Salvatore

ROMPER CORAZONES

La estridente melodía de la alarma me arranca del plácido sueño. Una punzada de resistencia recorre mi cuerpo; no quisiera abandonar la calidez de las sábanas, pero el deber me llama con una insistencia ineludible. La responsabilidad y el compromiso con mi trabajo son un farol que guía mis mañanas. Con un suspiro de resignación y una dosis de auto ánimo, me decido a levantarme.

Me dirijo al clóset, donde mis dedos hojean las prendas en busca del atuendo perfecto. Finalmente, me decanto por un elegante conjunto de dos piezas en un tono azul sereno. El baño se convierte en mi siguiente destino, donde una ducha de agua caliente disipa cualquier vestigio de somnolencia. El aroma embriagador a coco de mi champú llena el aire mientras lavo mi cabello. Enjuago mi cuerpo hasta sentirme completamente fresca y limpia. Al salir, seco mi cabello con esmero, moldeando suaves ondas que enmarcan mi rostro. La vestimenta sigue, y en pocos minutos estoy lista para enfrentar el día.

Salgo de mi habitación y me dirijo al comedor, donde mis padres ya están reunidos en torno a la mesa.

-Buenos días, mamá, papá -saludo con una sonrisa.

-¡Buenos días! -responden al unísono, sus voces llenas de calidez matutina.

-Qué guapa estás hoy, hija. No pareces ir a trabajar, ¡sino a romper corazones! -comenta mi padre con un brillo travieso en los ojos.

-Amor, deja de molestar a la niña -interviene mi madre con una suave reprimenda.

-Ja, ja, ja, no, papá, si voy a trabajar. Hoy llegan nuevos inversores a la empresa y debo estar presentable, son personas muy importantes.

Tomo mi café con leche, unas tostadas; he optado por un desayuno ligero.

Salgo del comedor y vuelvo a mi habitación para el ritual matutino final. Lavo mis dientes con diligencia, tomo mi cartera y me dispongo a salir. En la sala, mis padres me esperan para la despedida. Les doy un beso y un fuerte abrazo.

-Los amo -les digo con sinceridad.

-Suerte, cuídate, Antonella -me dice mi madre con cariño.

-Gracias, mamá.

-Voy de salida también, hija. Hoy puedo llevarte y dejarte en la empresa -se ofrece mi padre.

Me llamo ANTONELLA SALVATORE, tengo veintiséis años y vivo en una zona modesta de la ciudad. Trabajo en una importante empresa automotriz como asistente del CEO. Llevo tres meses en este puesto, donde he puesto todo mi empeño en ser eficiente y profesional.

Viajo con mi padre en el auto rumbo al trabajo. El tráfico matutino, que suele ser caótico a esta hora, hoy nos concede una tregua inesperada. Conversamos sobre temas triviales durante el trayecto, y sin darme cuenta, ya estamos llegando a mi destino.

Me despido de él con un fuerte abrazo, bajo del auto y me dirijo a la entrada de FERRER & ASOCIADOS. Llego antes que mi jefe, lo cual me permite organizar la sala de juntas, ordenar los documentos y preparar el contrato para los nuevos inversores.

¡Al parecer, soy la primera en llegar a este piso! Salí de mi oficina y no veo a Marta

- ¿Se habrá presentado algún inconveniente? -Me hago la pregunta con una ligera preocupación. Me dirijo a mi puesto de trabajo, un pequeño rincón estratégico dentro de la oficina del jefe.

Estoy absorta en mis tareas cuando un suave "tilín" interrumpe mi concentración. Es el sonido inconfundible del ascensor. Levanté la vista y lo vi salir: ahí estaba él, tan apuesto y elegante como siempre. Instintivamente, trató de fingir no haber notado su llegada.

Flashback

Me presento en "FERRER & ASOCIADOS" muy temprano, respondiendo a una llamada de última hora que me solicitaba estar allí a primera hora de la mañana. Los nervios me atenazan el estómago. La incertidumbre de si obtendré el empleo me mantiene en vilo; necesito este trabajo desesperadamente. Le pido a Dios en silencio que me conceda esta oportunidad. Llego a la recepción, donde una joven de rostro amable me recibe. Le informo que tengo una entrevista de trabajo.

-¿Buenos días?, ¡Bienvenida! ¿Vienes a la entrevista para asistente de presidencia? -me pregunta con amabilidad.

-Buenos días, sí, soy yo -respondo con un tono que intenta ocultar mi nerviosismo.

-La entrevista es en el último piso, allí está la oficina del CEO; él mismo te atenderá -me informa la señorita de la recepción-. Él todavía no ha llegado, llegaste a buena hora. Sube, allí está su secretaria, Marta.

Le sonrío y asiento, agradecida por su amabilidad. Me entrega una tarjeta de pase y me dirijo al ascensor. Marco el número veinte y me observo en el reflejo metálico de las puertas. "Todo en orden", me digo, intentando tranquilizarme. Salgo del ascensor y me dirijo al escritorio de Marta.

Ella me ve, sonríe, y esa pequeña muestra de calidez me infunde un poco de confianza.

-Buenos días, ¿vienes a la entrevista?

-Buenos días, sí.

-Llegas temprano; la persona que te va a entrevistar aún no ha llegado, es el señor Ferrer. Es muy meticuloso al escoger a su personal, pero se ve que no tendrás ningún problema, eres puntual. Y ese es uno de los requisitos más importantes para él. Toma asiento, no tardará en llegar.

Pasan cinco minutos que se me antojan una eternidad.

Al fondo, se escucha una voz masculina, fuerte y segura:

-¡Buenos días, Marta!

-Buenos días, señor Ferrer. ¿Qué tal su fin de semana?

Giro la cabeza para ver de dónde proviene esa voz que provoca un extraño revoloteo en mi estómago.

-Otro fin de semana, como cualquier otro, sin ninguna novedad.

Me quedé momentáneamente sin aliento, observándolo en silencio. "¿Qué hombre tan guapo?", pienso, sin poder evitar una punzada de admiración.

-Señor, tenemos a una persona que viene a la entrevista de trabajo para el puesto de asistente de presidencia -informa Marta.

-Ok, déjame entrar a la oficina y la haces pasar. ¿Tiene mucho tiempo esperando?

-No, menos de cinco minutos, señor. Al parecer es puntual, llegó antes que usted -dice Marta, y siento una punzada de pena por él.

Emiliano entra a la oficina y casi de inmediato suena el intercomunicador.

-Marta, hazme pasar a la persona que viene a la entrevista, por favor.

-Enseguida, señor. -Se dirige a mí-. Disculpa, ¿cuál es tu nombre?

-Antonella Salvatore, para servirle.

-Ya puedes pasar, vas a ser entrevistada por el CEO.

Con una mezcla de nerviosismo y determinación, entro en la imponente oficina. Me dirijo a la silla frente al escritorio. Él levanta la vista y sus ojos se posan en mí. Una breve pausa, y luego dice, con un tono que denota una ligera sorpresa:

-Vaya, eres joven y muy bonita -al parecer, pensó en voz alta.

Una risa silenciosa florece en mi interior. "Y eso que no me vio cuando llegó", pienso con una pizca de ironía.

Lo dijo en un tono bajo, pero logré escucharlo, lo que provocó un ligero sonrojo y un aumento de mi nerviosismo.

-Buenos días, toma asiento, por favor. Comencemos. -¿Cómo te llamas?

"¿Acaso no ha leído la información en la hoja?", me digo mentalmente.

-Antonella Salvatore, señor.

-¿Tienes conocimiento en el puesto al cual te estás postulando?

-Por supuesto, señor. Tengo experiencia en secretariado ejecutivo, administración financiera, flujo y manejo de personal, preparación de informes estadísticos. Poseo excelentes capacidades de gestión del tiempo, elaboración de informes, atención telefónica, conocimientos avanzados en Excel, Word, PowerPoint y otras áreas de la computación. Soy puntual y muy eficiente en cualquier tarea administrativa.

-Vaya, eres una mujer muy inteligente y preparada. Además de ser competente para el puesto, reúnes una de las principales cualidades que necesito: ser puntual. Por mí, puedes comenzar hoy mismo. Si no hay ningún inconveniente, tenemos demasiado trabajo atrasado y mi secretaria Marta no da abasto.

-Por mí no hay ningún problema, señor. De verdad necesitaba el trabajo y le agradezco mucho la oportunidad.

-No te preocupes. Ponte en contacto con Marta; ella te dará las instrucciones sobre lo que debes hacer hoy. Ella tiene el contrato para que lo firmes, donde también se indica el salario.

-Está bien, me retiro, señor, con su permiso.

Salgo de la oficina y suelto un suspiro de alivio. Me dirijo al escritorio de la señora Marta.

-Señora Marta, disculpe. El señor Ferrer me dijo que usted me indicaría algunas tareas y lo que tengo que hacer hoy, ya que será mi primer día de trabajo. Aparte de entregarme el contrato para firmarlo.

-Qué bueno que te dieron el empleo, bienvenida. Algo me decía que tú eras la persona indicada para el puesto. El señor Ferrer no elige mal personal, y para muestra un botón, ¡me eligió a mí! -añade con una risita contagiosa.

Su humor me relaja, y también río.

-Bueno, mi niña, vamos a buscar unas carpetas que debes pasar a la computadora para tenerlas archivadas allí, y luego te iré dando más tareas a medida que vayas terminando, mientras te acomodas.

-Está bien, señora Marta. Trabajaré muy duro para mantenerme en mi puesto, porque de verdad necesito este trabajo.

Fin Flashback

Ambos salimos del restaurante de regreso al trabajo en su auto, envueltos en un silencio cómodo. No sé qué pensar sobre lo que sucedió hace unos minutos. Me reprendo internamente, diciéndome que solo fue un almuerzo, nada más. Pero al mismo tiempo, una emoción sutil florece en mi interior, porque él me gusta, y compartir ese tiempo juntos me ha removido algo. Sería una tonta si pensara que podría haber algo más entre nosotros.

-¿Pasa algo? ¿Por qué tan callada? ¿Hice algo que te molesta? -pregunta con cautela, interrumpiendo mis pensamientos.

-No, no pasa nada. Solo que me parece un poco extraño... usted es mi jefe y yo su empleada.

-Puede que te resulte un tanto extraño, pero para mí no lo es. Aunque es la primera vez que almuerzo con uno de mis empleados. Para mí, todos somos iguales, y si soy tu jefe, también soy un ser humano. Si lo dices por la clase social y mi estatus, eso no me importa en absoluto.

Llegamos al edificio y subimos juntos en el ascensor. La hora de la junta directiva y los socios se acerca rápidamente; en menos de cinco minutos estamos de vuelta en su oficina, cada uno en su puesto.

La reunión se prolongó durante dos horas. Al parecer, hay un ambiente de satisfacción general por el crecimiento de la empresa y los nuevos proyectos que prometen generar ingresos sustanciales para todos.

Finalmente, llegó la hora de mi salida. Me siento cansada, ha sido un día de trabajo intenso, lleno de actividad, pero también gratificante.

-Es bueno saber que no tengo un jefe engreído y prepotente -me atrevo a decir, con una sinceridad inesperada.

-Jamás sería así. Fui criado por una mujer excelente a la cual quiero como si fuese mi madre. A ella le agradezco todo lo que soy hoy en día. De no haber sido por ella, sería otro niño rico, prepotente y creído, más que los demás.

-Lo felicito entonces, señor. Es bueno saberlo.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022