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LA CASA AL FINAL DEL EMPEDRADO

LA CASA AL FINAL DEL EMPEDRADO

Autor: : Alberto Waldemar
Género: Romance
El movimiento alzado de 1910 en México, no sólo traerá la liberación de un pueblo, sino la transformación de una niña en mujer al conocer por primera vez el amor. En el camino de la vida como en el del amor, ningún corazón por muy inocente e inexperto que sea, podrá salir sin sufrir ninguna herida o tropiezo. Esto lo aprenderá la joven Alameda Gómez que tras un pequeño error con un vestido, terminará dándole un giró radical a su vida; aprendiendo del amor y sus jugarretas. Ella al lado de un altivo, acaudalado y joven abogado, reconocerá que el amor llega sin avisar, sin esperarlo; para aclarar el camino, quitar vendas de los ojos o para estrujar el corazón de las maneras más inimaginables posibles. Para ella el amor tendrá un sólo rostro, un sólo motivo; y será ese mismo sentimiento lo que la hará doblegarse y jurar lealtad a quien en un inició creyó un monstruo, para descubrir después lo que el corazón de ese hombre encierra. Esto hará a la joven cuestionarse si es su amor suficiente para salvar a ese hombre de su trágico destino.

Capítulo 1 Parte Uno

LA CASA AL FINAL DEL EMPEDRADO

Una herida en el corazón

Alberto Waldemar

DISEÑO DE PORTADA: Matisse Studio https://pixabay.com/es/

D.R. LA CASA AL FINAL DEL EMPEDRADO Todos los derechos reservados. © 2019 Alberto Waldemar

Contacto:

@all_waldemar/twitter albertowaldemar/facebook.com albertowaldemar.blogspot.com @alberto_waldemar/instagram

El copyright es propiedad exclusiva del autor y por lo tanto no se permite su reproducción, copiado ni distribución ya sea con fines comerciales o sin ánimos de lucro.

Capítulo 1

Corría el año de 1911. Entre polvo, relinchidos de caballos, gritos, lamentos y un olor a pólvora en el ambiente, había estallado ya la revolución; y en varias partes de México la población se había levantado en armas.

En el pueblo de San Isidro, a las afueras del estado de Puebla, un hombre era cliente asiduo desde hacía poco más de un año de la vieja cantina El Quelite, propiedad de su cantinero el gordo José Ramón Sigala. Cierta noche, éste sintió algo de pena al ver llegar a aquel desdichado hombre que quería mitigar su dolor ahogándose en vino. Esa vez, él había llegado dos horas antes de lo habitual. El cantinero casi podía asegurar que lo que ese hombre traía era un mal de amores, de esos que se meten muy hondo y nadie puede sacar.

-¿Lo mismo de siempre mi lic?- preguntó el cantinero al verlo sentarse a la barra.

-Por favor gordo.

- No debería beber tanto mi licenciao - dijo al traerle el vaso y la botella.

-Yo sé mi cuento gordo.

-Ya lleva un año viniendo todas las noches hasta que vienen por uste y...

-¡Y esta vez será diferente gordo! ¡Me voy a largar de este pueblo!

-Pero ¿cómo? ¿se va a ir uste?

-Aquí no tengo ya nada... Estuve esperando a que ella regresara pero no fue así... Así que he decidido ir yo a buscarla.

-Pero ¿a quién y a dónde?

-Ya no puedo más gordo. Mira lo que soy, lo que queda de mí - dijo el hombre comenzando a beber.

-Pero mi licenciao uste es un hombre fino, con una buena vida; no es para que visite este tipo de lugares. Váyase lejos de esta cochina revolución que no ha traído nada bueno.

-¡Si me voy! ¡Pero porque me duele aquí! - dijo el hombre señalando su corazón - ¡Es una pena que traigo aquí dentrito y no me la puedo sacar!

-Ya sabía yo que era una pena de amores lo que uste traiba.

-Ya que no pude olvidarla... me voy a seguirla.

-Pero entonces y su...

-¡Shhh! No lo digas gordo... - dijo sereno bebiendo otro sorbo de vino.

-¿Mi licenciao no estará uste siguiendo un recuerdo? ¿Un fantasma puesn?

-No es así... ella me sigue a mí. Su sombra me sigue por todos lados con obstinación... Por eso me he tirado a la borrachera y a la perdición. Beber es lo único que hago para olvidarla pero...

-Queriendo olvidarla termina peor mi lic... Y se puede saber ¿quién es la causante de todo su mal?

-Todo empezó hace poco más de un año...

El joven J. Arizmendi y su amigo, el altivo y vanidoso abogado Vidal Rentería, estaban reunidos en un café en la ciudad de México; hablaban emocionados sobre un viaje al estado de Puebla. Se trataba de una reunión que tendrían con el presidente de la república; por aquel entonces, don Porfirio Díaz. El joven y apuesto J. Arizmendi, a sus 25 años se había vuelto uno de los secretarios personales e imprescindibles del presidente; y por lo mismo quería deslumbrarlo dando una gran recepción en dicho lugar, donde su amigo íntimo Vidal -le hizo creer que poseía una propiedad, una vieja casona-. Ambos se pusieron de acuerdo en esa cafetería casi un mes antes del evento, para así prepararlo todo.

Tiempo después de aquella reunión y ya en Puebla, Vidal pidió informes en todo San Isidro durante varios días sobre una buena servidumbre. Fue así como dio con el nombre de una excelente ama de llaves. Y que aunque era casi una niña, poseía gran experiencia y sobretodo conocía a la perfección la casona al final del empedrado en la calle catorce. El hombre desconocía la historia que había entre la jovencita que buscaba y dicha casona. Ella conocía bien el lugar ya que trabajó en esa propiedad por años, de hecho allí había nacido. Su madre al morir, le heredó a ella con tan sólo nueve años de edad, su puesto y todas sus responsabilidades. Todo lo que la joven sabía de su trabajo, lo había aprendido de su madre. Pero varios años después, cuando los dueños pusieron a la venta la propiedad, ella terminó sin empleo.

Después de obtener el santo y seña del lugar donde encontrar como cada mañana a la joven, Vidal se dispuso a esperar a que ella terminara sus diligencias al interior de la tienda de abarrotes. Y ya que era la única mujer en el negocio, desde su carruaje la pudo observar al salir del lugar, cargando una cesta con pan, manzanas y una botella de leche.

La señorita que ahora trabajaba cuidando a doña Adolfa Pons -una adinerada anciana que vivía en el centro del pueblo-, había salido a hacer las compras diarias para el desayuno.

Vidal parecía haberse enamorado al instante, justo después de mirar el rostro inocente, los bellos ojos cafés claro y la tierna sonrisa de la muchacha. Pero en ese momento no comprendió lo que estaba sintiendo y permaneció inmóvil; como reprochándose ese sentimiento. Pero luego al sentir un arrebato en su pecho, descendió del carruaje y decidió ir tras ella.

- ¡Disculpe! - le dijo sin poderla alcanzar en medio de la calle.

Ella temerosa y desconfiada, intentó apretar el paso indiferente.

En eso Vidal dándole alcance la tomó del brazo haciéndola girar hacia él; mientras un par de manzanas iban a dar al suelo.

-Disculpe ¿es usted Alameda Gómez? - preguntó sintiéndose hipnotizado e intrigado por la belleza de la mujer.

Ella al mirarlo de frente, se sintió indefensa; y a la vez su corazón latió emocionado al verlo de sorpresa.

Fue un cruce de miradas muy intenso para ambos. Era como si el tiempo transcurriera lento, y sus almas se hubiesen reencontrado después de mucho buscarse. Aunque los dos no se habían siquiera visto antes de ese día.

-Le hice una pregunta - reiteró Vidal serio.

Ella por una extraña razón no podía emitir palabra alguna.

-¿Es... muda acaso? - preguntó algo intrigado.

En eso ella liberándose de él, lo abofeteó.

- ¡No le voy a permitir que me ofenda sujetándome así en plena calle!

-¡Vaya! ¡Salió respondona la señorita! -dijo Vidal tocándose la mejilla - ¿Trata así a todo aquel que osa acercarse a usted?

-¡No sé quién sea usted señor, pero esa no es manera de tratar a una mujer!

- ¡Vaya tiene mucha integridad para ser una...!

-¿Una criada señor?- preguntó ofendida - ¡Oh vaya! ¿Piensa que sólo una señorita de alta sociedad se puede dar a respetar?

Chiquilla, esa era la palabra con la que Vidal iba a terminar su frase, cuando fue golpeado por la mujer. Pero su orgullo y altanería no le permitieron explicarle nada a la joven.

-Eso creía yo... que sólo las mujeres de alcurnia se daban a respetar... pero ya veo que no es así - dijo él con sarcasmo intentando molestarla más mientras se tocaba su mejilla dolorida.

-Con su permiso - dijo ella recogiendo la fruta, sin que él se ofreciera a ayudarla; por el contrario, la miraba con una sonrisa de burla y a la vez de admiración.

Luego ella se puso de pie e hizo el intento por retirarse.

-¡Espere! Yo he venido a ofrecerle un empleo.

-¡Dígale a su patrón que ya cuento con uno! - dijo dándole la espalda.

Vidal echó a reír cruzándose de brazos.

-Me lo merezco por patán.

Luego ella se giró mirándolo de frente y con enojo.

-Pero no es como cree... Si acepta el empleo yo sería su patrón. Es decir, trataría directamente conmigo.

-Como le dije yo cuento ya con un empleo... y si me disculpa debo darme prisa.

-¿Qué empleo es ese? ¿Cuidar a una anciana en la calle Ortigoza...?

-¿Cómo sabe usted eso? Acaso me ha estado... ¿espiando?

- Me dijeron que era una chiquilla pero ya veo que no lo es...

-¿Quién le habló de mí?

- Escucha mujer. Renté la casona al final del empedrado. Necesito a una buena ama de llaves que la administre. Alguien que conozca muy bien la propiedad. Pidiendo informes en las calles me dieron su nombre... Como verá no soy un espía de criadas.

- Pues no estoy interesada -dijo ella e iba a echar a andar, cuando Vidal sonriendo, le salió al paso caminando de espaldas pero de frente a ella y a su ritmo.

-Deje de caminar así. Me pone nerviosa.

Vidal sabiendo que tal vez podía encontrar a otra mujer que conociera la casa a la perfección, algo en su pecho y corazón quería evitar que ella se marchara.

- Le ofrezco el triple del sueldo que le paga la anciana ¿qué dice? - y detuvo su caminar.

- ¿Es que cree que puede comprarme?

-Sé que necesita reunir dinero para sacar a su padre de la cárcel...

Ella lo miró incrédula.

-¡Pues después de todo usted si es un espía de criadas!

Vidal volvió a reír.

-Escuche. Si acepta, hoy mismo saldrá su padre de prisión y liquidaré los adeudos por los cuantiosos desmanes que él cometió en la cantina.

-¿Qué es lo que dice? - preguntó ella sorprendida.

-Que si acepta mi oferta de trabajo por un mes, hoy mismo podría ver a su padre y sin descontarlo de su sueldo que omití decirle, sería por adelantado.

-¿Qué clase de hombre es usted? ¿Qué es lo que pretende?

-¿Pretende? Mmm mucho vocabulario para una... - dijo Vidal cuando fue interrumpido.

-¿Para una criada? - replicó la joven molesta.

Él contento por lograr su cometido de hacerla rabiar de coraje, guardó silencio por un instante fijando inevitablemente la atención en cada detalle del rostro de la joven. Se sentía extrañamente preso de su personalidad, de sus labios, de su -por momentos- inocente mirar, de su sofisticación, de su valor, pero sobre todo de su encanto.

-Como le dije... - continuó Vidal evitando verle al rostro -... necesito que trabaje para mí.

- Muestra mucho interés por una simple ama de llaves...

- Yo sé mi cuento.

Ella lo miró como reprochándole la respuesta.

- Escuche. No suelo dar explicaciones a nadie... Acepta mi propuesta ¿si o no? - dijo Vidal extendiendo su mano.

Ella pensando en su pobre padre, estrechó la mano de Vidal aceptando.

- Muy inteligente - dijo Vidal sonriendo irónico y echando andar rumbo a su carreta-. La espero mañana a las ocho en punto en el recibidor de la casona. Al llegar pregunte por Vidal Rentería.

- ¡Espere! - le gritó ella- ¿Y qué hay de mi padre?

-A estas horas ya debe estar en su casa.

- ¿Pero cómo sabía que yo aceptaría?

- Como le dije - dijo Vidal mirándola fijamente y colocándose su sombrero, para después subir a su carruaje -. No suelo darle explicaciones a nadie.

Ella se quedó sorprendida, intrigada y a la vez molesta con ese hombre. Pues también tenía sentimientos encontrados hacia él. Por un lado quería volver a abofetearlo, y sacarle los ojos al notar su sonrisa de superioridad y burla; pero por otro lado, una desconocida sensación un tanto agradable revoloteaba en su estómago.

Capítulo 2 Parte Dos

Capítulo 2

-Así que Alameda se llama la ingrata mi lic - dijo el gordo Ramón secando con un trapo un vaso en la barra.

El hombre sólo guardó silencio dando el último sorbo a su bebida.

-¿Y por onde empezará a buscarla?

-Creo que huyó al estado de Querétaro.

-Pues le deseo toda la suerte... Uste se merece ser feliz... Aunque aquí no sé como se pongan las cosas con la niña Alissa.

- No me importa lo que ella piense... Ella sabe bien que nunca la quise. Todo lo de nuestro matrimonio fue arreglado desde que... Mira de cualquier manera ella también se merece buscar la felicidad con quien desee.

Aunque Vidal no tenía idea por cual pueblo comenzar a buscarla, tenía la esperanza que Lazara - amiga de Alameda-, le podría dar un indicio por donde iniciar su búsqueda.

-Oiga mi lic... - dijo el gordo Ramón -... cree uste que todo lo que está a punto de hacer ¿si valga la pena?

-¿Qué es lo que quieres decir? - dijo el abogado furioso tomándolo del paliacate que el gordo traía anudado alrededor de su cuello -. ¿Estás sugiriendo acaso que ella carece de valor? ¿Qué no vale la pena?

- ¡No mi licenciao! ¡Ni dios lo quera no...! ¡Lo que yo quería decile es...! - dijo el gordo con dificultad por sentirse comprometido - ¡...que uste pues sabe lo que siente por la señorita Gómezn pero, ¿está muy seguro de que ella siente lo mesmo por uste?

Al escuchar el alegato del cantinero, Vidal se derrumbó; mientras Ramón pudo sentirse a salvo por un instante.

-Creo que tienes razón gordo... -¿Cómo? ¿Cómo dice licenciao? - dijo el cantinero todavía temeroso.

-Yo la usé... Yo la ofendí... La obligué a... cosas que...

-¿Pos a qué cosas mi lic? - preguntó el gordo con cierta precaución.

- No supe en su momento como tratarla...

-Pero no todo está perdido mi licenciao... - dijo el cantinero un poco más sereno-. Si ella no lo quere pos uste puede... conquistala.

-¿Conquistarla dices?

-Seguro. Anímese hombre.

-Pero no sé por dónde comenzar amigo.

-¿Sabe con quién pudo juir? ¿Algún pariente?

- Si. Se fue con un hombre que... conoció en este mismo pueblo.

-¿Entonces ella se fue juyendo de todo esto? o de... ¿uste?

-Supongo que de todo... De ellos, de mí... La fortuna le sonrió y ella... sólo aprovechó el momento de salir de todo esto.

Entonces Vidal totalmente desencajado fue hasta donde los músicos, y les pidió cantar. Pensó que tal vez así mitigaría aunque fuera un poco todo ese mal que llevaba por dentro, y que por momentos parecía acabar con él, o con lo que quedaba de él.

Ya entrada la noche, Vidal terminó totalmente inconsciente debido al alcohol. Y como cada vez, el carruaje de su esposa se detuvo a la entrada de la cantina. Al poco tiempo dos hombres descendieron del vehículo y se llevaron al abogado.

-A que mi licenciao - dijo el gordo Ramón viendo como los planes de Vidal de ir tras la joven Alameda, se esfumaban como cada noche.

Capítulo 3 Parte Tres

Capítulo 3

La joven Alameda llegó a su trabajo un tanto emocionada por haber logrado ayudar a don Servando, su padre. Por lo que ahora debía hablar claro con doña Adolfa. Lo que la ingenua muchacha ignoraba era que sus nuevos planes estaban por cambiar su vida por completo.

Después de preparar el desayuno puso a la anciana al tanto.

-¿Y ahora que voy a hacer yo sola? Aún faltan semanas para que mi nieto regrese.

-Ya he pensado en eso señora... Tengo una amiga, Lazara se llama; y ella bien puede encargarse de usted... Estoy segura que en cuanto le hablé de usted aceptará el empleo.

Adolfa que apreciaba de corazón a la joven, se vio en una encrucijada.

- Mira. Si es por dinero, yo también te puedo ayudar con el pago de las deudas del hombre ese. Que yo no comprendo porque insistes en llamarlo padre si ni siquiera lo es, ni se ha comportado como tal y puros problemas te ha traído... Sólo debemos espera a que mi nieto regrese, ya que él es quien tiene control de mi dinero y...

- Se lo agradezco con el alma. Pero el señor Rentería me ha hecho tomar una resolución en el momento que... no pude negarme. De cualquier manera el empleo que él me ofreció es sólo por un mes, así que si usted lo desea, yo podría volver a trabajar aquí pasado ese tiempo.

- ¡Hombre hija pero que pregunta! Claro que serás bienvenida siempre... Ah pero por lo pronto promete que vendrás de vez en cuando a ver a tu vieja amiga.

- Claro que nos estaremos viendo.

- Oye y... ¿es... es guapo?

-¿Cómo?

- El tal Rentería ¿es guapo?

-Realmente no me fije bien... Sólo sé que es un engreído, un pedante y un grosero y... No sé como voy a soportar verlo a diario.

Entonces la anciana sonrió satisfecha, pues por ese lado no había inconveniente que interfiriera en sus planes. Ya que ella había ideado presentar a la muchacha con su joven nieto Clemente. Desde que Doña Adolfa la vio entrar a su casa, supo que no era una mujer común, no sólo por su belleza, sino por su educación y cierto toque de elegancia. En pocas palabras era la mujer perfecta para su querido nieto.

Después del medio día Alameda fue a su casa. Ahí encontró a don Servando, y como era de esperarse, alcoholizado.

- ¡Mi querida Alamedita!- dijo emocionado al verla.

-¿Otra vez está ebrio?

-¿Y qué esperabas? Me encontré con Rómulo y los muchachos, y ¿qué crees? Pos nos pusimos a festejar que ya me habían soltado los gendarmes. Pero los muchachos me invitaron porque yo no traía ni un centavo.

- Voy a prepararle una sopa y agua caliente para que luego tome un baño y se le baje la borrachera.

- ¡Pero si estoy tan contento así!

- Debe ayudarme a conseguir el dinero para pagarle a quien hizo el favor de pagar sus deudas... Yo sola no voy a poder. Es mucho dinero. No quiero deberle un sólo peso a él y...

- ¿Me quieres poner a trabajar ingratísima de tu madre?

- Mire. Ya verá que no es tan mala la idea. Le pregunté a don Camilo, el dueño de la tienda de abarrotes si podía ocuparlo a usted en algo, y me dijo que fuera a verlo hoy por la tarde.

-Yo que voy a trabajar como un vulgar cargador. Sabes de mi categoría, de quien soy, de lo ilustre de mi apedillo... Además yo siempre vi por ti y tu madre desde que eras una niñita... y mira nomas como me pagas de verás... ¡Jip!

- Pero...

-¡Pagar esa deuda sería un abono a lo mucho que yo hice por ti mal agradecidísima! ¡Jip!

- Está bien. Si quiere no me ayude, pero hágalo por usted, verá que se sentirá mejor trabajando y sintiéndose útil y...

- ¿Ahora me estás llamando inútil Alameda? - dijo el viejo molesto haciendo un intento por empujar a la joven, pero fue a dar al piso donde cayó dormido.

Al siguiente día, muy temprano la joven se presentó en la casona de Vidal. La muchacha al poner un pie en la entrada del lugar, no pudo evitar sentirse un tanto preocupada y a la vez emocionada.

-¿Qué es lo que desea? - preguntó al abrir la puerta una altiva madura mujer de rasgos indígenas pero con vestidos algo finos y conservadores.

- Busco al señor Vidal...

-¿Te refieres al abogado Rentería muchachita? - dijo la mujer corrigiéndola con tosco modo, mientras miraba a la joven de una manera escrutadora de pies a cabeza.

-Así es.

-Yo soy la nueva ama de llaves de este lugar muchacha y el señor no me habló de ti - dijo la mujer un tanto molesta.

Entonces la joven se sintió confundida.

-Pero él me ofreció un empleo y...

- Lo siento. Como verás no estoy al tanto de eso.

- Pero ¿usted puede emplearme en algo?

- Pues tengo cubierto el lugar de la cocinera y las mucamas... Aunque tal vez pueda haber un lugar con las muchachas que friegan los pisos o los retretes.

- ¿Y sabe dónde puedo ver al señor?

- Considerar avisar al abogado Rentería de tu presencia, es todo lo que puedo hacer por ti muchacha... Como entenderás no puedo darle información del patrón a cualquiera... Y como ves tengo un día muy ocupado niña, así que te pido que te retires anda, a mendigar trabajo a otro lado.

Después que la mujer le cerrara la puerta en la cara a la desilusionada joven; Ramira otra de la muchachas del servicio, le hizo señas a la señorita desde el balcón que había justo sobre la puerta principal.

- ¡Pssst! ¡Oye chamaca! ¡Acá arriba! - dijo la mujer en voz baja.

- Es ¿a mí?

- Seguro. Eres Alameda ¿verdad?

-Aja.

- Te veo en la ventana de la esquina derecha de la casa, la que está allá cerca de la botica.

Alameda se dirigió al lugar, y allí la sirvienta abrió por dentro una parte de la ventana de madera.

- Hola... Soy Ramira... También trabajo para el patrón Rentería. Hoy por la mañana escuché al señor decirle a la pesada de Honoria, la mujer que te recibió, que ibas a venir tú.

- ¿Cómo?

- Le dijo claramente: hoy por la mañana vendrá una señorita a quien le voy a dar el puesto de ama de llaves. Su nombre es Alameda Gómez, le dices que tuve que salir por unos asuntos pero que me vea hoy antes del mediodía en el restaurante del hotel Finca Real.

- Pero esa mujer me dijo que ella era la ama de llaves.

- Ella es la nana de la esposa del patrón... La joven irremediablemente y sin saber por qué, sintió una punzada en el pecho al oír sobre la mujer de Vidal.

-Esa Honoria se cree la muy muy - continuó la sirvienta -, pero lo que te dijo no es verdad. Ella es muy alzada y nos da órdenes a todas, pero es una gata más al igual que nosotras.

Alameda trató de disimular el desagrado que aún sentía.

- ¿Entonces? - dijo al fin.

- Pues yo digo que te apresures y vayas al hotel.

- ¡Gracias Ramira! - dijo Alameda y se dirigió al lugar.

Ya allí el hombre la esperaba un tanto ansioso, pero supo disimular al verla entrar. Luego asintiendo con la cabeza como saludándola, se puso de pie y le abrió la silla invitándola a tomar asiento. Ella un tanto desconcertada accedió.

- Buen día - dijo un poco nerviosa.

- Estaba por pensar que me había plantado.

- Nunca podría hacerle eso.

- Hubo un cambio de planes como Honoria le debió comentar - dijo él tomando asiento justo frente a ella, e intentando no mirarla a los ojos.

- Eeh... No me dio detalles -respondió temerosa.

- Pues verá usted, la casona estuvo deshabitada mucho tiempo...

-Dos años.

- Así es... y hoy las muchachas del servicio están tratando de dejar el lugar habitable. Por eso me estoy hospedando aquí.

- Si junto a su esposa - dijo la joven con un dejo de reclamo y desagrado que no pudo ocultar, y que fue un tanto evidente para él.

Entonces Vidal la miró a los ojos, como sintiéndose incómodamente descubierto. Ella ruborizándose un tanto avergonzada, se reprochó sus palabras y sintió que había cometido una indiscreción. El hombre casi por un momento dibujó una ligera sonrisa en su boca, ya que por alguna extraña razón le agradó el reclamo. Cuando de pronto...

-¿Desea ordenar algo la señorita? - preguntó un mesero.

- ¡No! - respondieron enfáticos ambos si dejar de mirarse.

Pero casi de inmediato Vidal recompuso apartando su mirada de la de ella.

-Es verdad ¿Desea tomar algo? - le preguntó a la joven.

Ella también reaccionando, sólo negó con su cabeza bajando su mirada. El mesero al sentir la tensión entre ambos se retiró confundido.

- Mientras todo se prepara en la casona, voy a necesitar que usted supervise los trabajos de limpieza del lugar... Creo duraran un par de días más. Y necesitaré que me mantenga al tanto.

- Claro señor - respondió ella sin mirarle. A la joven le dio la impresión que la personalidad del tipo engreído había desaparecido misteriosamente, lo que lo hacía un tanto enigmático y encantador. Vidal por su parte también continuó evitando mirarla.

- ¿Es todo? - dijo ella.

- No. ¿Usted conoce la propiedad al detalle?

- Como la palma de mi mano.

- Justo aquí en mi cuarto, tengo un mapa de la propiedad... Voy a necesitar que vayamos y me especifique todos los lugares que desconozco.

Ella se sintió un poco incomoda al escuchar que debía ir a su cuarto. Vidal al notarlo, intentó darle un poco de confianza, reiterándole que no podía traer el documento al restaurante. Entonces, de uno de los bolsillos sacó el llavero de la casa ofreciéndoselo a la contrariada joven.

Fue al momento de tomarlo que las manos de ambos hicieron contacto y una descarga los recorrió, erizándoles por completo la piel. La situación para los dos no pasó inadvertida.

- ¿Y cómo será el trato con la señora Honoria?

- Es una buena mujer, pero muy entrometida. Usted sólo recibirá órdenes directamente de mí y sólo a mí me debe dar explicaciones y detalles de su trabajo, a nadie más. Ella es la nana de...

- Si lo sé... ¿Y de su mujer supongo que también debo recibir órdenes?

- Se equivoca. Usted sólo debe obedecerme a mí. Ella, ella sólo es...

- No se preocupe. No debe darme ninguna explicación.

- Alissa no está en México. Se enteró de mis planes sobre la recepción que quiero darle al señor presidente y se empeñó en venir. Ella llegará en algunas semanas. Honoria quiso adelantarse y supervisar el lugar. Pero por ellas no se preocupe, se marcharán del pueblo antes de la reunión.

De pronto se hizo un silencio incómodo para los dos.

- Mañana iniciaremos con lo del mapa, y hoy por la tarde necesitaré que me acompañe a la casona para dejarla al frente de todo.

- Entiendo abogado - y se puso de pie; mientras Vidal se apresuró a retirarle la silla a la joven.

Alameda pensó en ese momento que eran muchas atenciones para una simple empleada, por lo que comenzó a sentirse más nerviosa.

- Con su permiso - dijo retirándose sin mirarlo para evitar algún nuevo momento incómodo.

Él también permaneció inmóvil detrás de la silla, mientras la señorita se retiraba. Y justo cuando ella abandonó el lugar, él por fin pudo soltar la respiración. Su pulso se había acelerado tanto que le fue muy evidente que aquella jovencita algo provocaba en él.

Llegada la hora, Vidal recibió a la joven en la casona y mandó llamar a todos; incluyendo a Honoria. Luego les hizo el nombramiento oficial de Alameda. La nana al escucharlo, furiosa dio la media vuelta y se alejó a su habitación.

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