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LA ESPOSA ELEGIDA PARA ÉL CEO

LA ESPOSA ELEGIDA PARA ÉL CEO

Autor: : MAINUMBY
Género: Romance
Eda Calloway y Christopher Davenport, se han unido en matrimonio por acuerdos familiares, claro que ninguno de los involucrados alberga sentimientos hacía el otro, es más Christopher siempre estuvo enamorado de su primer amor, Patricia Grenville, pero el amor no era más fuerte que los Imperios y los intereses familiares, aquello obliga a Christopher a tomar distancia de su gran amor. Patricia viaja a los Estados Unidos mientras que los Davenport cortan todo lazo y toda conexión de los enamorados, es así que Christopher empieza a sumergirse cada vez más en el mundo Empresarial hasta coronarse como uno de Empresarios más influyentes de Inglaterra, Escocia entre otros Países, hasta que sus familiares encuentran la candidata perfecta para su esposa.Eda Calloway, es el epítome de la dulzura y la fragilidad, una joven que irradia pureza y encanto con cada paso que da. Su inocencia, reflejada en su mirada clara y su disposición amable, es lo que la hace destacar en un mundo lleno de ambición y máscaras. Como heredera de la prestigiosa familia Calloway, Eda combina elegancia natural con una humildad que desarma incluso al más frío de los corazones.Los Davenport la han elegido como esposa del Gran CEO, Christopher Davenport, no solo por sus impecables conexiones familiares, sino porque Eda posee un aura especial, capaz de atravesar las murallas que Christopher ha construido a lo largo de los años. Su dulzura contrasta con el carácter frío y calculador del CEO, convirtiéndola en la pieza que equilibra y complementa su personalidad.Para la poderosa familia Davenport, Eda representa no solo una alianza estratégica entre dos linajes prominentes, sino también una esperanza de que su calor y bondad puedan suavizar el alma endurecida de Christopher, despertando en él emociones que ha mantenido enterradas durante años. Su capacidad de ver lo mejor en los demás y su inquebrantable optimismo la convierten en una figura única, destinada a marcar una diferencia en la vida del gran Davenport.

Capítulo 1 Ir a verlo

Eda estaba de pie en la enorme cocina de la mansión Davenport, observando a la abuela Margaret con algo de timidez. La matriarca de los Davenport era una mujer imponente y elegante, pero siempre tenía una chispa de picardía en sus ojos, algo que desconcertaba a Eda en su totalidad, no era para nada experta en leer las personalidades de alguien y mucho menos de alguien como aquella mujer que tenía ante sus ojos.

-Querida, ¿podrías llevarle esto a Christopher? -dijo la abuela, colocando una vianda perfectamente empacada sobre la mesa de mármol.

-¿A la empresa? -preguntó Eda, sujetando el delantal que había insistido en usar esa mañana para ayudar en la cocina.

-Por supuesto. Ese pobre muchacho siempre está trabajando. Si no le llevamos comida casera, probablemente sobreviva a base de café y decisiones apresuradas.

Eda asintió, aunque la idea de aparecer de improviso en la intimidante empresa Davenport le hacía sudar las manos. No obstante, no podía negarse a la amable abuela Margaret.

-¿Y qué es lo que hay dentro? -preguntó, curiosa, mientras se inclinaba para echar un vistazo al contenido de la vianda.

-Oh, solo su comida favorita: pastel de carne con puré de papas. Lo preparé con mucho cariño... y algo más. -La abuela Margaret sonrió de forma misteriosa.

-¿Algo más? -Eda frunció el ceño, confundida.

-Amor, querida, amor -dijo Margaret con dramatismo, llevándose una mano al corazón-. Eso es lo que necesita Christopher, aunque él no lo sepa.

Eda se sonrojó. ¿Por qué le estaba diciendo eso?

-Pero bueno, no te preocupes. Solo entrega esto con una sonrisa y dile que lo hice especialmente para él. -Margaret hizo una pausa y la miró con intensidad-. Aunque... podrías decirle que tú también ayudaste un poco.

-¿Yo? ¡Pero no hice nada! -la pequeña mujer parpadeó rápidamente, horrorizada ante la idea de mentirle a Christopher.

-Exacto, no has hecho nada... todavía -murmuró la abuela, apenas audible, mientras ajustaba un mechón rebelde del cabello de oro de Eda detrás de su oreja-. Ahora, querida, es hora de que uses tu mejor sonrisa. Recuerda: los hombres como Christopher necesitan un toque de calidez en sus vidas.

-¿Un toque de...? -Eda no terminó la frase. La abuela Margaret ya la había empujado suavemente hacia la puerta principal con la vianda en la mano.

Antes de que pudiera procesar lo que acababa de suceder, Margaret le dio unas palmadas en el hombro y le dijo...

-Y si Christopher te sonríe... significa que estás en el camino correcto.

Eda solo asintió, incapaz de comprender del todo las palabras de la abuela.

¿Cuál camino correcto? Eda estaba confundida o mejor dicho, era demasiado inocente para captar la intención oculta.

Cuando ella llegó a la oficina de Christopher, un silencio expectante se apoderó del piso ejecutivo. Los empleados intercambiaron miradas mientras Eda, con su delicada figura y la vianda en las manos, avanzaba con pasos cautelosos hacia la oficina de vidrio del CEO.

-¿Mi esposa? -preguntó Christopher al verla, levantando una ceja. Su tono era una mezcla de incredulidad y curiosidad.

-La abuela... -Eda tartamudeó-. Digo, Margaret... quiero decir, su abuela... me pidió que le trajera esto.

Christopher la miró, primero a ella y luego a la vianda. Algo en su expresión se suavizó, aunque apenas perceptiblemente

después de escuchar la mención de su abuela.

-¿Ella cocinó esto? -preguntó, aunque en su voz había una ligera nota de escepticismo.

-Sí. Bueno, ella dijo que yo también ayudé... pero no es verdad. No quiero mentirle. Yo solo... vine a entregarlo. -Eda hablaba tan rápido que sus palabras se atropellaban entre sí, mientras su rostro adquiría un encantador tono rosado, después de todo no era para nada cercana a su marido y le temía no solo a él también a las alturas.

Christopher se permitió una pequeña sonrisa.

-Qué típico de mi abuela.

Mientras él abre la vianda y el aroma llenaba la oficina, Eda lo miró nerviosa. Entonces, sin pensarlo demasiado, soltó:

-Ella dijo que si usted me sonríe... significa que estoy en el camino correcto.

Christopher levantó la mirada, sorprendido, y luego soltó una risa baja, algo que casi nunca hacía. Eda lo miró confundida, y él negó con la cabeza, todavía divertido.

-Dile a mi abuela que sus planes no son tan sutiles como cree.

-¿Planes? ¿Qué planes? -preguntó ella, realmente perdida y en un tono muy inocente.

Christopher solo negó otra vez, llevándose un bocado a la boca, mientras su esposa lo observaba con nerviosismo.

- No entiendo cuál es la necesidad de que sea yo la que traslade este plato hasta la Empresa, los edificios me marean y el Imperio Davenport quizás me lleve a la muerte, llegar con vida aquí lo debo de catalogar como un logro, no quiero molestarlo, pero tampoco quería negarme de la Señora Margaret - ella fue sincera y los ojos celestes de su esposo se posan en ella, tanto que Eda se siente pequeña ante aquella mirada.

Eda Calloway y Christopher Davenport, se han unido en matrimonio por acuerdos familiares, claro que ninguno de los involucrados alberga sentimientos hacia el otro, es más Christopher siempre estuvo enamorado de su primer amor, Patricia Grenville, pero el amor no era más fuerte que los Imperios y los intereses familiares, aquello obliga a Christopher a tomar distancia de su gran amor. Patricia viaja a los Estados Unidos mientras que los Davenport cortan todo lazo y toda conexión de los enamorados, es así que Christopher empieza a sumergirse cada vez más en el mundo Empresarial hasta coronarse como uno de Empresarios más influyentes de Inglaterra, Escocia entre otros Países, hasta que sus familiares encuentran la candidata perfecta para su esposa.

Eda Calloway, es el epítome de la dulzura y la fragilidad, una joven que irradia pureza y encanto con cada paso que da. Su inocencia, reflejada en su mirada clara y su disposición amable, es lo que la hace destacar en un mundo lleno de ambición y máscaras. Como heredera de la prestigiosa familia Calloway, Eda combina elegancia natural con una humildad que desarma incluso al más frío de los corazones.

Los Davenport la han elegido como esposa del Gran CEO, Christopher Davenport, no solo por sus impecables conexiones familiares, sino porque Eda posee un aura especial, capaz de atravesar las murallas que Christopher ha construido a lo largo de los años. Su dulzura contrasta con el carácter frío y calculador del CEO, convirtiéndola en la pieza que equilibra y complementa su personalidad.

Para la poderosa familia Davenport, Eda representa no solo una alianza estratégica entre dos linajes prominentes, sino también una esperanza de que su calor y bondad puedan suavizar el alma endurecida de Christopher, despertando en él emociones que ha mantenido enterradas durante años. Su capacidad de ver lo mejor en los demás y su inquebrantable optimismo la convierten en una figura única, destinada a marcar una diferencia en la vida del gran Davenport.

- Puedes volver, me comunicaré con mi abuela - esta vez la seriedad había vuelto y Eda solo asintió inocentemente, la mujer se da la vuelta y empieza a avanzar hasta que la voz de su esposo la detiene antes de que abriera la puerta.

- A la noche tengo una cena importante, como mi esposa debes de acudir conmigo - Eda se había asustado, ella no acostumbra a salir y mucho menos quería hacerlo - enviaré al chófer por ti.

Eda no pronuncia ninguna palabra, esta vez nada la detiene para que avance y al salir de la oficina se muerde los labios, sintiendo la presión y el temor acerca de la invitación de su esposo, de inmediato saca su teléfono y mientras se acomoda en la camioneta le envía un mensaje de texto a su mejor amiga Lucero, que rápidamente contesta y le dice que debe de hacer, pero como si escribir fiera poco, Lucero había llegado en la mansión antes de que Eda lo haga.

La pequeña mujer se había asustado al encontrar a Lucero sentada en el Sillón.

- ¿Qué estás haciendo aquí? - Pregunta Eda observando con las cejas fruncidas a su amiga.

- Vine a ayudarte, ya sé qué evento tiene tu marido, es la Fiesta de reintegro de unas tres familias al Mundo Empresarial Inglés, y todos acuden con sus esposas o familia.

- ¿Qué vela tengo en el entierro?

- Sigo creyendo firmemente que la Tía Anastasia te ha dejado caer de pequeña por eso dices tantas incoherencias ¿Se te olvida que eres esposa de Christopher Davenport?

- Esposa de contrato. Estamos en un mundo lleno de intereses.

-"¡Mira, Eda, aunque los aliens hayan hecho de cupidos cósmicos, aquí en la Tierra o en Marte, tú y Christopher son esposos intergalácticos! ¡No hay escapatoria, señora galáctica!"

- Tengo mis sospechas de que la Tía Úrsula te ha rescatado de los extraterrestres - ataca Eda, logrando que Lucero sonriera enérgicamente.

- Veamos qué vestidos tienes - Lucero abre el gran placar.

- No quiero ir - Eda fue sincera sentándose en la cama y cruzando los brazos como una niña pequeña.

- Lamento decirte querida, que tu esposo no tiene los mismos planes que tú - responde Lucero escogiendo los vestidos que su amiga tenía en el placar, después de buscar y buscar tal parece que Lucero había dado con el vestido especial para la noche que se avecinaba - este vestido es perfecto Eda, este vestido está diseñado para resaltar tu elegancia y presencia angelical.

Eda al escuchar los calificativos que su amiga estaba dando frunce el ceño, no cree que sea para tanto, pero al ver el vestido ella entiende la algarabía de su amiga. El vestido era de un color suave tono pastel como el azul hielo o el rosa empolvado, evocando pureza y delicadeza. Confeccionado en gasa fluida que aporta movimiento y un aire etéreo, el corte es de Silueta ajustada en el corpiño con un escote corazón delicado, que resalta la figura de manera sutil y elegante, con detalles decorada con bordados florales finos y detalles brillantes que añaden un toque mágico sin sobrecargar. La falta caída fluida y ligera, que termina en una pequeña cola para mayor sofisticación.

- Definitivamente, aquel vestido es muy hermoso pero...

- No hay peros Eda, vas a ponerte este vestido y punto final - Sentencia Lucero, Eda sabe que no podrá en contra de su amiga así que guarda silencio.

Cuando a la noche había llegado la hermosa mujer ya tenía puesto el vestido los ojos de Lucero se habían iluminado al observar la hermosura de su amiga, que combinaba aquel vestido con Pendientes de pequeños diamantes, Brazalete de plata minimalista, zapatos de tacón bajo en tonos metálicos. Maquillaje natural, con tonos suaves y un leve brillo en los labios. Cabello recogido en un moño bajo con mechones sueltos para enmarcar su rostro angelical.

Este vestido es ideal para que Eda deslumbre en un evento empresarial, destacando por su presencia inocente y elegante y Lucero no estaba equivocada.

- ¡Estás hermosa Eda! - Exclama Lucero emocionada.

Capítulo 2 El regreso

La pequeña mujer se recostó ligeramente contra el asiento del coche, ajustándose la delicada tela de su vestido mientras observaba cómo el paisaje de Londres comenzaba a cambiar. Desde que Cristopher había enviado al chofer para recogerla, todo parecía moverse a una velocidad distinta, como si cada paso que daba la acercara más al corazón de un mundo que aún le resultaba extraño, pero que, a pesar de su timidez, había aprendido a navegar.

Al llegar al imponente salón, una mansión restaurada con elegancia y rodeada de jardines perfectamente cuidados, el chofer la ayudó a salir, ofreciendo una mirada discreta mientras ella ajustaba la falda de su vestido. El maquillaje impecable y el peinado perfectamente elaborado no lograban ocultar la fragilidad que la envolvía, pero, como inesperadamente Lucero había logrado que se sintiera como la mujer más hermosa en una sala llena de poderosas figuras de la alta sociedad inglesa.

Mientras avanzaba hacia la entrada, el murmullo en el aire creció. La gente se giró al ver su presencia, algunos murmullos de admiración se hicieron audibles, y varios hombres se acercaron, incapaces de ocultar la fascinación que su figura causaba. Eda, pequeña en estatura, pero impresionante en presencia, no podía dejar de sentirse un tanto abrumada por tanta atención. Sus ojos brillaban con una inocencia única, una inocencia que parecía cautivar a cada uno de los asistentes.

"Pero, si es la Señora Davenport" "Su esposo tiene una joya en casa", murmuró un hombre alto, de cabello plateado y traje perfectamente cortado, mientras observaba con admiración la elegancia impecable de Eda.

Ella sonrió con suavidad, respondiendo educadamente, pero consciente de que todos los ojos estaban sobre ella. Se sentía como un pájaro en una jaula dorada, hermosa, pero a la vez vulnerable en medio de tanta riqueza y poder.

Sin embargo, en medio de esa ola de halagos, su mirada siempre regresaba a él: Christopher. Él, con su imponente figura y su traje hecho a medida, avanzaba junto a ella como un dios de la elegancia. Con su porte distinguido, su presencia era tan fuerte que hacía que todos los demás parecieran desaparecer. Eda se sentía aún más pequeña a su lado, como si la luz de su esposo la eclipsara por completo. No obstante, a pesar de esa sensación de intimidación, su corazón latía con fuerza por la seguridad que Cristopher le brindaba, con cada paso que daba con dirección a ella.

El hombre al llegar frente a su esposa la observa fijamente, pero su rostro que siempre estaba serio no había cambiado no demostraba sorpresa ante la belleza que ella demostraba, Christopher parecía ser inmune a la inocencia la belleza y la fragilidad de la mujer que tenía como esposa, era un hombre frío distante e indiferente con los demás y aquello no iba a cambiar con Eda, después de todo solo era un matrimonio de contrato aquello que los unía.

- Pensé que habías olvidado que la fiesta era hoy, el chofer me ha dicho que estuvo esperándote - expuso Christopher mientras ofrecía su mano para que su esposa se agarre de él y empiecen a avanzar al interior del salón. Eda no había respondido ante lo dicho por Cristofer más bien se mantuvo en silencio quizás aquello le aseguraba la vida, aunque se había avergonzado, efectivamente había tardado un poco.

Conforme la fiesta se desarrollaba, Eda había logrado relajarse poco a poco, de hecho le habían ofrecido una bebida y ella había aceptado beber de ella. Con su natural simpatía y su genuina dulzura, había comenzado a conectar con varios de los invitados, aquellos que no la miraban solo por su belleza, sino que apreciaban su sencillez y su inteligencia. Las conversaciones casuales fluían con facilidad, y por primera vez esa noche, Eda empezó a disfrutar de la compañía de otros, aunque siempre a la sombra de su esposo, quien permanecía cercano, pero distante en su propio círculo de negocios, hasta que Christopher se acerca a ella.

- No fue tan mala idea que vinieras, estas dando una muy buena impresión - expuso el hombre, Eda con tan solo escuchar la la ronquera en la voz de su marido sintió escalofríos.

Fue en ese preciso momento que el disertante, un hombre alto y con voz resonante, anunció un cambio en la dinámica de la fiesta. "Ahora, señores y señoras, tenemos el honor de anunciar a alguien que todos conocemos muy bien, pero que hoy vuelve a formar parte del mundo empresarial de nuestra querida Inglaterra. Les pido un cálido aplauso para la señorita Patricia Granville, quien tomará la palabra en nombre de la empresa que hoy se reintegra al mercado", dijo con énfasis.

La atmósfera en el salón cambió al instante. Un silencio pesado se apoderó de la sala, y todos los ojos se volvieron hacia la figura que avanzaba hacia el escenario. Eda, con el corazón latiendo más rápido, observó como una mujer alta y deslumbrante, con cabellera rubia y ojos de hielo, tomaba el micrófono con seguridad. Patricia Granville, la exnovia de Christopher, caminaba con la gracia de una mujer acostumbrada a ser el centro de todas las miradas. Su porte elegante y su aura de confianza eran inconfundibles, pero lo que más llamaba la atención de Eda era la intensidad con la que Patricia observaba a su alrededor, como si estuviera tomando nota de cada persona en la sala.

Fue entonces cuando, en un instante que pareció eterno, la mirada de Patricia se cruzó con la de Eda. En ese fugaz momento, algo inexplicable ocurrió. La mirada fría de Patricia recorrió a Eda de arriba abajo, evaluándola con una precisión que hizo que un escalofrío recorriera su espina dorsal. Eda, sorprendida, no pudo evitar sostener esa mirada por un segundo, reconociendo la competencia implícita en los ojos de Patricia.

En ese breve encuentro, Eda supo lo que todos ya sabían: Patricia Granville no solo había sido el amor de la vida de Christopher, sino también una presencia que aún perduraba en el aire de esa fiesta. La mujer que había amado a su marido la relación de ellos en su momento había sido motivos de envidia y que ahora, de alguna manera, se la reclamaba silenciosamente. Eda se sintió pequeña, vulnerable, y al mismo tiempo, invencible en su rol como esposa de Christopher. Aquella mirada, aquella tensión, le hizo comprender algo crucial: su vida en ese mundo no sería tan sencilla como parecía.

Christopher por su parte observó en silencio la entrada de Patricia, como si el tiempo hubiera detenido su curso. Su rostro, inmutable, reflejaba la misma indiferencia con la que había manejado siempre las situaciones que desbordaban los sentimientos. Durante años, se había entrenado para mantener el control, para nunca dejar que las emociones lo desbordaran después de aquella ruptura, una lección aprendida en su carrera de alto nivel como CEO de empresas prestigiosas.

Patricia, la mujer que había sido su amor antes de todo esto, entraba en su vida con una quietud y determinación que no escapaban a los ojos de su esposa. Ella, que se había acostumbrado a la rutina de una relación contractual, de un amor más forzado que elegido ante la vida de los demás, Eda a diferencia de Christopher siente que empieza a tambalear. Patricia, tan presente en los recuerdos de Christopher, tan marcada en su historia, era un fantasma de tiempos pasados que tal vez deseaba recuperar lo que alguna vez fue suyo.

Sin embargo, Christopher no era el hombre que el pasado había dejado entrever. Había aprendido a dominarse, a no dejarse arrastrar por los vientos de la nostalgia. A pesar de la presencia de Patricia, su rostro seguía siendo una máscara imperturbable. Sabía lo que significaba ese reencuentro, pero también entendía la fragilidad de las emociones humanas, especialmente las de su esposa, quien sin duda preferiría no ser el catalizador de un nuevo dolor en el corazón de Patricia.

En su interior, una batalla de pensamientos y emociones se libraba, pero su exterior seguía firme y calculador. No iba a permitir que sus decisiones pasadas alteraran lo que había construido, pero tampoco podía ignorar el dolor evidente en los ojos de la mujer que alguna vez había amado. Sin decir una palabra, Christopher sabía que su indiferencia era la respuesta más fuerte, la única forma de no alimentar las expectativas ni de ahondar en los fantasmas del pasado. El futuro seguía siendo suyo, y Patricia, aunque siempre presente en algún rincón de su mente, no iba a ser quien decidiera su camino conociendo las pautas secretas del matrimonio impuestas por su abuela.

Capítulo 3 Alterado

El salón principal de aquella imponente mansión para esas alturas y ante la llegada de Patricia estaba abarrotado de figuras clave del mundo empresarial. La prensa, ejecutivos influyentes y miembros de la alta sociedad no querían perderse el evento que marcaba el regreso de la familia Granville al panorama empresarial inglés, después de todos los actos ocurridos la separación de la familia Davenport y Granville después de la ruptura de Christopher y Patricia marcaba una pauta sobre una absoluta expectativa acerca de lo que sería el regreso de la mujer que Christopher adoraba con la vida.

En el centro del escenario, Patricia Granville se erguía con una presencia que acallaba cualquier murmullo.

Con un vestido negro impecable y una mirada calculadora, Patricia tomó el micrófono y dirigió una sonrisa medida a los asistentes. Su voz, firme y melodiosa, resonó con la claridad de quien domina tanto las palabras como el momento.

-Damas y caballeros, gracias por estar aquí esta noche para presenciar lo que no es solo un regreso, sino una reivindicación. La familia Granville ha soportado los altibajos de los tiempos, pero como el ave fénix, resurgimos, no de las cenizas, sino del acero y la voluntad - expuso Patricia Granville con determinación.

Hubo un aplauso contenido, mezcla de admiración y curiosidad. Patricia sabía cómo cautivar a su audiencia, durante años fue catalogada y coronada como la joven más hermosa inteligente capaz y audaz para los negocios razón por la cual muchos dicen que había logrado capturar la atención de Christopher Davenport.

-Muchos pensarían que este regreso se trata únicamente de negocios. Y sí, volveremos a ocupar el lugar que nos pertenece en el mundo empresarial. Recuperaremos lo perdido, lo que nos arrebataron por la fuerza o por el tiempo.

La tensión en la sala era palpable. Algunos interpretaron esas palabras como una declaración agresiva hacia sus antiguos rivales. Otros, como Eda, solo escucharon la ambición empresarial. Pero había algo más. La voz de Patricia se tornaba más íntima, como si hablara a un oyente particular.

-Pero más allá de los números y las transacciones, recuperar lo perdido es también un acto personal. Porque, al final, lo más valioso no son los bienes materiales, sino las conexiones que nos definen, los lazos que alguna vez tuvimos y que nos dieron fuerza, pero se han desvanecido. Y esta noche, no solo celebro el regreso de la familia Granville al mundo empresarial de Inglaterra, sino también el inicio de una nueva etapa, donde cada pérdida será transformada en una victoria.

Mientras Patricia hablaba, su mirada se deslizaba sutilmente hacia un rincón del salón. Allí estaba Christopher, el esposo de Eda ahora y su gran amor, con su impecable porte y la misma sonrisa encantadora que alguna vez había pertenecido a Patricia. Eda no se percató de la dirección de aquella mirada, pero otros sí. Las palabras de Patricia estaban cargadas de una intensidad que iba más allá del ámbito empresarial.

Cuando los aplausos inundaron la sala al final del discurso, Patricia descendió del escenario con la gracia de una reina bajando de su trono. Su destino era claro: Christopher y Eda.

Eda, con su vestido pastel y su expresión tímida, se tensó al ver acercarse a Patricia. Aunque intentaba convencerse de que no había nada de que preocuparse, no podía ignorar el extraño nudo en su estómago. Patricia llegó hasta ellos con una sonrisa afilada, pero aparentemente cordial.

-Christopher, Eda, qué gusto verlos aquí. -Patricia inclinó ligeramente la cabeza, sus ojos fijos en Christopher como si el tiempo no hubiera pasado-. Me alegra ver que algunas cosas permanecen intactas, incluso después de tantos años - dice la mujer con una tonada agradable.

Eda sintió cómo su incomodidad crecía. La sonrisa de Patricia parecía una daga envuelta en terciopelo. Antes de que pudiera responder, Patricia añadió:

-Eda, querida, debes estar tan orgullosa de Christopher. Él siempre ha sido... constante, ¿no es así?

La palabra "constante" resonó en el aire con un peso que Eda no pudo descifrar del todo.

- Patricia no esperaba que fuera tu familia la que estaría a reintegrándose esta noche al mundo empresarial de nuestro país nuevamente - Christopher prácticamente Eda podría decir que su marido no quería que Patricia intercambiara palabras con ella, o por lo menos era aquello el pensamiento que la pequeña mujer tenía hacia su marido.

- ¿Pensaste que no volverías a verme Christopher? - la mujer deja ver una sonrisa misteriosa después de expresar aquellas palabras, pero para Eda era evidente cómo Patricia lograba envolver a Christopher en una conversación que la excluía poco a poco. Eda se sentía como un adorno decorativo, una presencia secundaria en un encuentro donde ella era, paradójicamente, la intrusa.

Christopher, por su parte, mantenía una expresión educada pero reservada. Sabía que Patricia estaba jugando un juego, pero no estaba dispuesto a ceder terreno. Aun así, la tensión era evidente, y Eda sentía que el aire se volvía más denso con cada segundo.

Patricia, siempre calculadora, terminó la conversación con un ligero toque en el brazo de Christopher.

-Estoy segura de que nos veremos más a menudo, Christopher. Y tú también, Eda, claro. Será interesante... reconstruir lo que se perdió.

Con esas palabras cargadas de intenciones, Patricia se alejó, dejando a Eda atrapada entre el desconcierto y la inseguridad. Mientras tanto, Christopher observaba cómo Patricia desaparecía entre la multitud, su mirada era inescrutable.

Eda sabía que algo había cambiado con esa breve interacción, pero era demasiado ingenua para comprender la verdadera profundidad de lo que Patricia planeaba recuperar.

- Creo que es momento de volver a casa - fueron las palabras de su marido, Eda supuso que Christopher quería quedarse para estar con Patricia razón por la cual quería enviarla ya a casa, así que no existía razón alguna para que ella se opusiera.

- Claro no hay ningún inconveniente puedes enviarme a casa de hecho los tacones ya me están matando - Dice Eda con una pequeña sonrisa.

- Iré a despedirme de algunos socios espérame aquí - Eda no entendía a qué se refería su marido al decirle que la espere allí. ¿Para qué querría Christopher que ella la espera allí no era más fácil enviarla ya con el chofer y decirle en dónde estaba? Eda no le dio más vueltas al asunto y espero pacientemente a que su marido regrese.

No obstante un mesero se había acercado a ella - Señorita, acepte esta copa es enviada especialmente por una persona para usted - la pequeña mujer observa de manera sospechosa aquella copa que le estaban ofreciendo, pero no quería dejarse ver como una persona diríamos amargada entonces, ya que su ida a casa estaba cerca no veía ningún inconveniente en tomar el contenido de aquella copa que le estaban ofreciendo, Eda le dedica una sonrisa agradable al mesero que se aleja después de conseguir su objetivo.

Eda antes de llevarse la copa a los labios había observado como Patricia se acercaba a Christopher, entonces frunce el ceño, pero toma la decisión de apartar la mirada de allí, no quería que Patricia la pillara observándolos y mucho menos que su marido la viera entonces ella toma la decisión de darse la vuelta y beber tranquilamente mientras esperaba que Christopher terminara la conversación con Patricia.

Pero unos minutos después de beber Eda sentía cómo el calor ascendía desde su pecho hacia su rostro, como si un fuego invisible se hubiera encendido bajo su piel. Su respiración comenzó a acelerarse, cada bocanada de aire insuficiente, incapaz de calmar la creciente presión que se acumulaba en su pecho. Al principio pensó que era el efecto del vino, pero rápidamente se dio cuenta de que algo estaba profundamente mal, nunca fue muy buena para beber, pero algo no está bien.

Su piel, normalmente fría al tacto, ahora ardía como si la fiebre la consumiera desde dentro. Las luces de la mansión se volvían más intensas, más vivas, casi deslumbrantes. Cada sonido, el tintineo de las copas, las risas lejanas, los murmullos de la multitud, parecía rebotar en su cabeza, amplificado hasta el punto de la incomodidad.

Eda apoyó una mano temblorosa sobre la mesa más cercana, intentando recuperar el equilibrio. Su cuerpo no obedecía; su corazón latía con una fuerza desesperada, como si quisiera liberarse de su jaula.

"¿Qué me está pasando?", pensó, sus labios apenas moviéndose mientras su mirada se desenfocaba. Su vestido, que antes le parecía ligero, ahora pesaba sobre ella como si cada fibra estuviera hecha de plomo.

Decidida a escapar de esa creciente angustia, Eda se avanza tambaleándose, ignorando las miradas curiosas de los invitados que estaban en las cercanías. Sus pasos, apresurados y erráticos, resonaban contra el suelo de mármol mientras se alejaba del bullicio del salón principal. Nadie pareció seguirla, nadie se percató de su huida desesperada.

El aire en los pasillos era más frío, pero no lograba aliviarla. Su piel aún ardía, y la opresión en su pecho la hacía jadear. Se llevó las manos a los brazos, tratando de calmar los temblores que ahora recorrían todo su cuerpo. Pero el calor no disminuía, y la sensación de que algo estaba profundamente mal crecía con cada segundo.

El pasillo parecía interminable, y las sombras danzaban en las esquinas de su visión, burlándose de ella. La mansión, que desde su llegada le había dado un aire de grandeza y sofisticación, ahora le parecía un laberinto opresivo, sin salida. Cada puerta que pasaba estaba cerrada, y con cada giro, su desesperación aumentaba.

Eda tropezó con una pequeña mesa decorativa, derribando un jarrón que se estrelló contra el suelo. El sonido del cristal rompiéndose fue un eco doloroso en su cabeza, pero no se detuvo. Su única meta era escapar, encontrar algo cualquier cosa que pudiera calmar la tormenta dentro de su cuerpo. .

Finalmente, llegó a un pequeño salón vacío. Las cortinas pesadas y las luces tenues le dieron un respiro momentáneo del caos que sentía. Se dejó caer en un sillón, hundiendo el rostro entre sus manos. Su piel estaba húmeda, el sudor corría por su espalda, y su corazón seguía martilleando sin tregua.

Eda sabía que no era normal, que esto no era solo un ataque de ansiedad ni el resultado del alcohol. Algo había en su cuerpo, algo ajeno, algo que la estaba controlando.

Con un esfuerzo titánico, se levantó una vez más, tambaleándose hacia una ventana entreabierta. El aire fresco de la noche acarició su rostro, pero no fue suficiente para apaciguar el incendio dentro de ella. Lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, no de tristeza, sino de pura frustración e impotencia.

La pequeña mujer sentía que su mente y su cuerpo estaban al borde del colapso. Sus dedos temblorosos se aferraron al marco de la ventana mientras intentaba mantenerse en pie. Sabía que no podía quedarse allí. Si no hacía algo, si no encontraba ayuda o una forma de liberar esa energía que la consumía, no sabía cómo terminaría la noche. Ella apretó los dientes, luchando contra la desesperación. Debía seguir adelante, encontrar respuestas, incluso si eso significaba perderse más en los laberintos de esa mansión.

La sensación de que algo o alguien había alterado su estado la golpeó como un relámpago. Aunque su mente estaba nublada, una certeza fría se abrió paso entre el calor abrasador: esto no era un accidente.

Y mientras sus pasos erráticos la llevaban a otra sección desconocida de la mansión, se preparaba para enfrentarse a lo que fuera que la había puesto en este estado, aunque todavía no entendía quién o por qué.

Mientras tanto los pasos también resuenan por el gran pasillo la puerta de la habitación en donde ella se había metido fue abierta, Eda pudo enfocar con dificultad la figura masculina que estaba en la puerta, ella estaba con las mejillas calientes y rojas.

- ¿Qué demonios ha ocurrido contigo? - Christopher avanza de inmediato hasta ella, pero el calor que ella sentía era abrumador.

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