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LA NERD DEL MILLONARIO

LA NERD DEL MILLONARIO

Autor: : Amunet J.D
Género: Romance
-Nuestro amor nos llevará a terminar como Romeo y Julieta. - ¿Juntos? - ¡No! Muertos. -Tú siempre tan romántica. -Y tú, tan estúpido. -Ya hablo doña perfecta. -Aunque te cueste reconocerlo, así que no pienso seguir perdiendo mi tiempo contigo. Me retiro antes de que se me pegue lo malo, con permiso joven Sanz. -Hasta nunca B-R-U-J-A fea. Espero que choques en tu escoba voladora y te destroces el rostro para no volverte a ver la cara de mustia amargada que tienes. -Qué tus buenos deseos se te multipliquen insecto -grito la chica al salir corriendo de la casa para tratar de llegar lo más pronto a la parada y alcanzar el último autobús que la llevaría de regreso a la Universidad de Barcelona, donde estudiaba. Esto era tan solo una pequeña pelea a la que se tenía que enfrentar cada vez que se encontraban en la residencia de la familia Sanz o donde coincidieran, en donde había sido contratada como niñera del menor de los hijos de la familia. - ¿Podrás algún día dejar tranquila a "Mi Vale"? Sigue por ese camino y me voy a asegurar que papá te quite todas las tarjetas, congelé todas tus cuentas y de pasada te ponga a trabajar para que dejes de estar molestando a mi chica. - ¡Mocoso! Nadie pregunto tu opinión, ¡Cuidado y abres la boca o me desquitaré contigo! Deberías de estar de mi lado y no de un espantapájaros como ese que no es parte de tu familia y a duras penas conoces. -Mira, quien habla, el chico más estúpido que puede existir en toda la ciudad, si no fuera por tu cara bonita, nadie se fijaría en ti. Te aseguro que en esa cabeza no hay ni gota de masa encefálica de la cual puedas presumir como ella. - ¡Basta! Lárgate a tú cuarto o voy a acabar contigo en menos de un segundo. - ¡Huy! Ya se enojó el niño bonito. Te estaré vigilando, no vuelvas a molestar a Vale. Si ella se marcha por tu culpa, me aseguraré de cumplir todo lo que te he dicho y sabes que no bromeo HER-MA-NI-TO. ¿Quién se atrevía a desafiarlo de esa manera? ¡Claro!, otro Sanz, uno que por lo menos conocía el amor y respeto a las personas sin importar su clase social o personalidad. Para este chico todas las personas eran iguales, hasta que demostraran lo contrario.

Capítulo 1 Prólogo

-Nuestro amor nos llevará a terminar como Romeo y Julieta.

- ¿Juntos?

- ¡No! Muertos.

-Tú siempre tan romántica.

-Y tú, tan estúpido.

-Ya hablo doña perfecta.

-Aunque te cueste reconocerlo, así que no pienso seguir perdiendo mi tiempo contigo. Me retiro antes de que se me pegue lo malo, con permiso joven Sanz.

-Hasta nunca B-R-U-J-A fea. Espero que choques en tu escoba voladora y te destroces el rostro para no volverte a ver la cara de mustia amargada que tienes.

-Qué tus buenos deseos se te multipliquen insecto -grito la chica al salir corriendo de la casa para tratar de llegar lo más pronto a la parada y alcanzar el último autobús que la llevaría de regreso a la Universidad de Barcelona, donde estudiaba.

Esto era tan solo una pequeña pelea a la que se tenía que enfrentar cada vez que se encontraban en la residencia de la familia Sanz o donde coincidieran, en donde había sido contratada como niñera del menor de los hijos de la familia.

- ¿Podrás algún día dejar tranquila a "Mi Vale"? Sigue por ese camino y me voy a asegurar que papá te quite todas las tarjetas, congelé todas tus cuentas y de pasada te ponga a trabajar para que dejes de estar molestando a mi chica.

- ¡Mocoso! Nadie pregunto tu opinión, ¡Cuidado y abres la boca o me desquitaré contigo! Deberías de estar de mi lado y no de un espantapájaros como ese que no es parte de tu familia y a duras penas conoces.

-Mira, quien habla, el chico más estúpido que puede existir en toda la ciudad, si no fuera por tu cara bonita, nadie se fijaría en ti. Te aseguro que en esa cabeza no hay ni gota de masa encefálica de la cual puedas presumir como ella.

- ¡Basta! Lárgate a tú cuarto o voy a acabar contigo en menos de un segundo.

- ¡Huy! Ya se enojó el niño bonito. Te estaré vigilando, no vuelvas a molestar a Vale. Si ella se marcha por tu culpa, me aseguraré de cumplir todo lo que te he dicho y sabes que no bromeo HER-MA-NI-TO.

¿Quién se atrevía a desafiarlo de esa manera?

¡Claro!, otro Sanz, uno que por lo menos conocía el amor y respeto a las personas sin importar su clase social o personalidad. Para este chico todas las personas eran iguales, hasta que demostraran lo contrario.

Desde que se conocieron, Valentina decidió ignorarlo por salud física, mental, emocional, territorial y todas las razones habidas y por haber en este planeta tierra, y sus alrededores «un poquito exagerada la niña, pero bien por ella».

Los chicos lindos como Adolfo solo traen problemas, problemas y más problemas; sin dejar de lado a sus clubes de fans que lo persiguen como abejas a la miel «ni la abeja Reina tiene tantos sirvientes como él»

Adolfo Sanz Borbón es un chico muy popular y querido por sus amigos, tenía muchas admiradoras en la universidad y en toda la Ciudad, dado que también era la cara de unas cuantas marcas de ropa. Desde pequeño le ha gustado vestir siempre al último grito de la moda, decidir sus atuendos era siempre todo una aventura; le encantaba imponer moda para ser el centro de atención de donde se presentara.

Sus padres apoyaban cada una de sus decisiones, aunque en algunas ocasiones quisieran que fuera un poquito más responsable, humilde, cariñoso y menos arrogante.

« ¿Un poquito?, porque no dices que mucho y dejas de estarlo alabando tanto que hasta pena da»

Con su metro noventa de estatura, formaba parte de la selección de básquetbol, además de ser el capitán del equipo, era el chico encargado de seleccionar a los próximos integrantes. Rodeado en su mayoría de las veces de chicas hermosas que se desvivían por complacerlo en todos los sentidos, « ¿Todos? Hay que cosas, de lo que se entera uno» Cambiaba de novia como si cambiara de ropa interior, a ninguna tomaba en serio, pero eso sí, todas morían por estar con él.

Si lo pudiéramos describir en una frase sería: "UN GENIO MILLONARIO PLAYBOY FILÁNTROPO"

Valentina Ortega Zamora, mejor conocida como la "Nerd de la Universidad de Barcelona" o "La rata de biblioteca", solo existía cuando los chicos tenían problemas con sus materias y necesitaban pasar un examen, el resto del tiempo era invisible hasta para los profesores, que se sentían amenazados por sus puestos.

Le encantaba hacer las cosas por sí misma, vivía en una constante lucha con su madre por no aceptar que dominara su vida, además de tener pocos amigos, pensando que cantidad no es lo mismo que calidad.

Con tan solo veinte años se ha marchado de casa para luchar por sus sueños y no creía volver por nada del mundo. Sus prioridades no eran formar parte de las filas de trabajadores de la empresa de la familia, ella prefería abrirse camino por si sola. Su metro sesenta y cinco no la ayudaban mucho, sumado al modo de vestir tan anticuado que la hacía ver como una persona de por lo menos treinta y ocho años.

Portadora de unos ojos color miel y una cabellera negra que llegaba hasta la cintura, la cual peinaba siempre de dos trenzas o cubría con un gorro color mostaza que por su uso ya presentaba algunas roturas que ella misma repara agregando pegatinas de caricaturas, haciéndola lucir más descuidada.

Quienes la miraban pasar a su lado, opinaban que era una chica becada, llegada de otra ciudad y proveniente de una familia de escasos recursos «ya van a empezar a juzgar de nuevo» que tuvo la fortuna de ser aceptada por sus buenas notas, de lo contrario no tendría oportunidad de estudiar en la escuela más prestigiosa de todo Barcelona.

Si la pudiéramos describir en una frase sería: mmm, déjenme pensar, mmm, sigo pensando, mmm... No, creo que no podríamos encontrar ninguna frase que nos sirva como punto de referencia para poderla describir. Por lo menos era lo que todos pensaban de la friki, «un sobre nombre más y me da el mimisqui, ya agarren a otra para su puerquito»

Hasta que se convirtió en la apuesta de Adolfo Sanz y sus amigos, quien la puso en el radar de toda una universidad llena de mujeres arrogantes y de hombres crueles, despiadados y sin sentimientos que solo les interesaba quedar bien con uno de los chicos más ricos, sin importarles sobre quien pasaran.

Capítulo 2 Me voy de casa.

Y si no les gusta el infierno, para qué le coquetea al diablo, si no va a aguantar el sufrimiento.

La universidad es el sueño dorado de todos los adolescentes, puede ser considerada la mejor etapa en la vida, siempre y cuando seas parte de un grupo o de los populares, aquellos que son como intocables, volviéndose el centro de atención a donde quiera que vayan.

Para el resto de los estudiantes todo es una verdadera patraña; no lo digo yo, lo dice la experiencia de muchas personas y alguna que otra película, «esto me suena a cliché de telenovela». Quien diga lo contrario es porque nunca fue a la escuela o era parte de los grupos antes mencionados, esos que se dedican hacerles la vida imposible a las personas buenas y estudiosas.

Esto se lo debieron de advertir a Valentina Ortega en su primer día de clases, para que tomara las debidas precauciones antes de meter la pata por completo e ignorar a la persona que menos debía; o por lo menos que debía prestar un poquito más de atención con todo lo que sucedía a su alrededor cuando caminaba por los pasillos de la escuela.

«Ni que fuera Dios o mi papá cuando se enoja y debo permanecer lejos de él para que no me toque regaño»

Ella era una chica muy educada y sencilla, vestía con ropa muy holgada «algo así como cuatro tallas mayores a la que le correspondía», en ocasiones la ropa estaba muy, pero muy pasada de moda, más bien parecía ropa de abuelita de los años cincuenta, usaba unos lentes negros que cubrían la mayor parte de su bello rostro.

«No le gustaba que vieran lo hermoso de sus ojos, por eso los ocultaba detrás de unos lentes enormes que le daban seguridad»

Su aspecto era lo que menos le interesaba, para ella lo más importante era aprender todo lo que sus maestros le enseñaran, no lo que algunas personas opinaran de ella, de esta forma podría ser la mejor de su clase y graduarse con honores, esa era su única meta desde su primer día en la Universidad.

«Grave error»

No era la típica chica que buscaba a un galán de telenovelas para vivir un hermoso y acaramelado romance, donde pidieran su mano al puro estilo de princesa de cuentos de hadas y finalmente casarse formando una familia feliz, tampoco estaba renuente a encontrar al amor de su vida «mentirosa, no quería que ni el gato de la vecina de la esquina se le acercara porque le daba miedo que la fuera contagiar de alguna enfermedad», solo que para ella, sus objetivos eran totalmente diferentes a los de muchas chicas de su edad.

Su más grande sueño era tener su propio laboratorio para la creación de nuevos servicios científicos-técnicos que terminarían aportando un granito de arena a las personas más necesitadas de la región; contribuir en el desarrollo sustentable del crecimiento de los pueblos de su ciudad sería su mayor logro y sobre toda la mayor satisfacción si se hiciera realidad por el que estaba dispuesta a trabajar arduamente todos los días.

Valentina Ortega se encontraba acompaña siempre de su fiel amigo y el único amor de su vida, un Volkswagen Brasilia 1970, dos puertas color negro, con un volante a la mitad que parecía coche de fórmula uno; juntos han vivido más de diez pato aventuras a donde quieran que van.

En ocasiones, para poder arrancarlo, tenía que intentarlo unas cuantas veces antes de que encendiera, el indicador de la gasolina funcionaba cuando quería «a veces este problema la dejaba tirada a medio camino», el botón del clima funcionaba al revés. Los asientos eran de tres colores y las alfombras se encontraban manchadas de comida, refrescos, chocolates y productos que usaba para sus experimentos.

La manigueta de la puerta del conductor en ocasiones le quedaba en la mano cuando intentaba abrirla, así que era toda una odisea cuando sucedía esto, pero lo más llamativo de este hermoso coche de colección, era que podía conducirse sin llaves.

« ¿Sin llaves?»

¡Sí! Como leíste, sin llaves, aunque las necesitaba para arrancar el coche, a la mitad del camino se salían de su lugar y seguía funcionando como si nada pasara.

En más de una ocasión su padre trato de cambiar su coche por una versión mejor, pero ella no accedía a tal petición, se había convertido en su fiel amigo. Con lo poco que ahorraba trataba de tenerlo al día, era su primer coche, lo compro con sus ahorros y significaba mucho para ella.

Valentina había elegido estudiar Ciencias Ambientales en la Universidad de Barcelona, España, dentro de todas las escuelas del país, era la que destacaba por el gran número de prácticas de laboratorios y salidas de campo que realizan los estudiantes, colocándolo por encima de todos. Contaba también con instalaciones específicas en invernaderos, estabulario y servicios científico-técnicos con todos los equipos necesarios para que los estudiantes se desarrollaran perfectamente.

Además de que podía titularse en tres especializaciones « ¿Tres? Con trabajo puedo con una y esta chica va por tres» al mismo tiempo: Tecnología Ambiental, Análisis Ambiental o Gestión Ambiental. Su meta era algo ambiciosa, «yo más bien diría que loca desquiciada» pero no imposible para alguien como ella. Una chica dispuesta a perseguir sus sueños así fuera lo último que hiciera.

- ¡Valentina! ¡Valentina! ¿Acaso no has visto la hora que es? Llegarás tarde en tus últimos días de clases señorita. Debes tarde prisa o causarás una mala impresión a tus compañeros y maestros, no puedo creer que siempre hagas lo mismo -grito su madre desde las escaleras mientras bajaba para reunirse con ellos en el comedor.

-Déjala tranquila, no la estreses más de lo que ya está, con tus gritos no la ayudas en nada cariño -dijo su padre, mientras terminaba de hojear el periódico sentado en la mesa.

- ¡Es el colmo! No puedo pensar como la consientes tanto, esa niña sacara mis canas verdes, amarillas y azules. Si tan solo pudiera ser un poquito más considera y atenta como sus hermanos, te aseguro que no me preocuparía tanto, al paso que va, tendremos que rifarla para ver quien se quiere casar con ella o dar una dote para ver quien la quiere « ¿Segura qué es su mamá? Yo ya estoy teniendo mis dudas» No sé de donde salió tan fodonga y falta de estilo, me da pena salir con ella a la calle, ¡Mírala! Parece una viejita en lugar de una chica de veinte años.

-Gracias madre, no esperaba menos de ti, como siempre tan linda y amable a primeras horas de la mañana. ¿Me imagino que eso hizo mi abuelo contigo?, de otra manera no veo como lograste casarte con mi padre siendo tan diferentes. En cuanto a la rifa o la dote no te preocupes, no estoy interesada en casarme tan solo por quedar bien con la "sociedad" a la que perteneces. A veces también me pregunto ¿si en realidad eres mi madre o me recogiste en algún orfanato de la ciudad?

- ¡Valentina Ortega Zamora!, será mejor que midas tus palabras, te recuerdo que soy tu madre y debes respetarme, te guste o no.

- ¡Lo sé, lo sé, Anne Zamora de Ortega!, te encargas de recordármelo los trescientos sesenta y cinco días del año, las veinte y cuatro malditas horas del día, minuto a minuto y segundo a segundo. Hasta en mis sueños apareces recordándomelo, además de escuchar tus hermosos comentarios y tus infinitas comparaciones con las hijas de tus amigas, que si por ti fuera las adoptarías todas. ¿A poco no te cansas Anne?

-No, nunca me cansaré de decirte que pareces un espantapájaros con esa ropa, como si no tuvieras nada que ponerte. Un chico de la calle se viste mejor que tú y tiene mejor sentido por la moda.

- ¿De verdad? ¡Qué pena por ti! No sabes cuánto lamento que Dios te castigara con una hija como yo y a mí con una madre como tú, así que puedes estar tranquila que este mal nos afecta a las dos.

« ¡Oh! Esto si eran pleitos y no los que me aviento con mi mamá, creo que ya no me quejaré tanto de lo que me pasa todos los días»

- ¿Algún día podré desayunar tranquilo, sin que ustedes dos se estén peleando? Más que madre e hija, parecen perro y gato en un enfrentamiento; podrían darle un poco de paz a este viejo que solo quiere disfrutar de los sagrados alimentos matutinos en familia.

-No sé qué te extraña, ya deberías de estar acostumbrado padre mío, mi señora madre aquí presente y mi querida hermana valentina aquí presente también, son tan parecidas que ni ellas mismas se soportan, es más, me atrevería a decir que ni las moscas las soportan -argumento su hermano Alberto, mientras se acercaba a la mesa a desayunar.

Durante los últimos años, por no decir desde que Vale tubo uso de razón, esto era cosa de todos los días sin importar la hora, ya se había acostumbrado escucharlas pelear hasta por el zumbido de una mosca, el caminar de las hormigas o si el clima cambiaba. Las personas que se encargaban de la limpieza de la casa apoyaban a la pequeña Valentina, no comprendían como siendo su madre la tratara de una manera inhumana.

-Si se pareciera a mí, te garantizo que tu hermana fuera otra persona; no se vestiría con esos harapos tan viejos, ni utilizaría esos lentes tan anticuados parecidos a unos fondos de botella, hasta pena me da que me vean con ella o que digan que es mi hija.

- ¡No te apures querida y adorable madre! Eso no pasará jamás. Te garantizo que ya puedes estar tranquila por lo que te resta de vida «si es que puedes vivir en paz vieja bruja», por fin este esperpento, espantapájaros, basura e inútil que tienes por hija se ira de tu casa para que puedas disfrutar de la vida a como estás acostumbrada sin preocuparte por mi existencia, llena de lujos, rodeada de gente falsa que dice ser tu amiga y solo les interesa tu dinero. Solo recuerda algo muy importante ¡Ignórame! Si nos vemos en la calle, te aseguro que yo haré lo mismo si nos encontramos algún día nuevamente fuera de esta casa.

- ¿De qué diablos estás hablando, hermana? ¿Cómo que te vas de la casa? ¿A dónde? ¿Qué tienes planeado?

Alberto conocía muy bien a su hermana pequeña, no era una chica que decía las cosas por decir y luego arrepentirse. Aunque no le gustara aceptarlo, era una persona muy independiente, tanto que le asustaba ver a su hermana pequeña hablar seriamente con su madre, sin agacharle la mirada; por más hiriente que fueran las palabras de ella, siempre se mostraba segura de lo que era y de lo que quería. Nunca demostró sentirse afectada por la forma en la que era tratada en casa.

- ¿De qué hablas, hija? ¿Me puedes explicar todo eso que acabas de decir, en este momento? Y no pongas como excusas que te vas a la escuela porque no está a discusión Valentina Ortega -cuestiono su padre, quien estaba atento a todo lo que pasaba en su casa.

Parece ser que perdió de vista el comportamiento de su familia en las últimas semanas y necesitaba remediarlo antes de que todo se le saliera de las manos.

- ¡Fácil! En unas semanas inicio las clases en la Universidad de Barcelona, así que tengo planeado mudarme a la residencia de estudiantes todo este tiempo para poder concentrarme mejor y estar cerca de lo que en realidad me interesa. Sé que ustedes querían que estudiara administración de negocios para ayudarlos en las empresas, pero no es lo mío, gracias a los consejos de a mi hermano Pablo, decidí seguir mis sueños por primera vez. Es tiempo de tomar las riendas de mi vida y hacer lo que tanto me gusta papi.

« ¿Papi? Ahora si papi, manipuladora de primera»

- ¿Cuándo pensabas informarnos, acaso estamos pintados? ¿Así tratas a tu familia? Esto es el colmo de los colmos, siempre haciendo lo que se te da la gana. Esto es culpa de tu padre por consentirte tanto, «ya siéntese, señora, deje el drama por un momento» -dijo su madre sin darse cuenta de que con cada palabra lastimaba más el corazón de su hija.

Capítulo 3 Escondiendo su identidad.

Para una madre lo primordial eran sus hijos, siempre y cuando no fueran usados como tarjeta de puntos.

No es que no la quisiera o le gustara llevarle siempre la contraria a su madre, solo que Valentina era una chica diferente; nunca le gustaron las opulencias, ni ser el centro de atención de los lugares donde fuera, Para ella todas las personas eran iguales y capaz de lograr sus sueños sin necesidad de pasar encima de los demás. Por el contrario, su madre era una persona que hacía valer su apellido, infundiendo una diferencia abismal entre ambas personas.

- ¿Cuándo tienes pensado marcharte? -pregunto su padre mientras ignoraba el comentario de su esposa, que no estaba ayudando a entender a su pequeña hija.

«Uno más que la ignora ¡Bravo, señor! Hasta que se puso los pantalones con su mujer y le planta cara para que deje de hacer de las suyas a como se le dé la gana»

Valentina no era la típica chica consentida por su familia, simplemente era muy diferente a sus hermanos desde pequeña, ella prefería abrirse camino sola que depender de ellos a menos que de verdad lo necesitara con urgencia.

-Hoy por la tarde, ya tengo mis cosas empacadas, solo me falta meterlas al coche y listo.

Agradecía de sobra que su papá no las juzgara como su madre. Por eso la comunicación con él fluía de manera natural y directa, sin importar la situación, ni el lugar donde se encontraban.

Al saberse ignorada por su esposo y su hija, la señora Anne Zamora, salió como alma que lleva el diablo «adiós que le vaya bien y no regrese», tirando a su paso todo lo que encontraba «tornado a la vista, ¡corran!»

Una reacción normal en ella cuando las cosas no salían como quería; ya tendría tiempo de platicar con su esposa, ahora lo importante era platicar con su hija y su estancia en la universidad por los próximos cinco años, donde él no la tendría a su alcance.

-Creo que será mejor que vaya con mamá, en lo que ustedes se ponen al día.

- ¡No Alberto! Tu madre tiene que entender que no puede mandar en la vida de tu hermana y tratar de manipularla como lo ha hecho con ustedes. Termina tu desayuno, después hablaré con ella. Está llevando todo esto al límite y me está cansando su forma de actuar, sus arranques ya me desquician. Sigo sin comprender porque tu hermano y tú dejan que ella decida por ustedes siempre.

- ¿De verdad soy su hija papá? -pregunto una Valentina un poco triste, para que su padre dejara de cuestionar a su hermano.

En todo lo que llevaba de vida, no recordaba una ocasión en la que su madre la apoyara o por lo menos le diera unas palabras de aliento. Siempre trataba de imponer su voluntad a costa de lo que fuera. Si no sucedía la hacía sentir mal, para su madre era mejor que su hija quedará en vergüenza, antes de permitir que se había equivocado.

- ¿Por qué no me habías dicho la decisión que tomaste, señorita? Sabes que puedes contar siempre conmigo -dijo su padre tratando de cambiar el tema, no era momento de tocar ese tema, no cuando ella estaba a punto de marcharse de casa y desconocía lo que el destino les tenía preparado.

Pablo, el hermano mayor de Valentina, se encontraba bajando las escaleras hace algunos momentos, pero se detuvo a mitad del camino para escuchar toda la plática que su hermana mantenía con su madre. En el fondo de su corazón estaba feliz por la decisión que su pequeña tomo.

Llego a la mesa, tomo una manzana y siguió su caminar, era un chico muy serio y hermético que no le gustaba meterse en los problemas de la familia, suficiente tenía con los de la empresa, así que paso de largo ante el espectáculo; después se encargaría de buscarla para refrendarle su apoyo.

-Llego el momento de partir, debo bajar mis cosas, es mejor que me marche cuanto antes de esta casa que ya no siento como mía desde hace muchos años. Tengan buen provecho, los quiero -dijo Valentina levantando también una manzana del frutero, para enfilar camino a su cuarto.

Qué bonita mañana, que bonita mañana, no esperaba que las cosas salieran tan mal con su madre, pero era una decisión que nadie podía cambiar, ni siquiera ella. Las horas pasaron muy rápido «demasiado rápido para mi gusto», Valentina llevo sus cosas a su coche acomodándolas de la mejor manera, era buena jugando tetris, así que fue pan comido meter una cuantas cajas con sus propiedades.

Todos pensarían que se llevaría muchas cosas de su casa para vivir con la comodidad a la que estaba acostumbrada, pero la realidad era todo lo contrario. Ella solo tomo lo indispensable, lo demás lo dejaba en el lugar y con las personas que lo habían comprado.

Desde la ventana su madre observaba furiosa como se marchaba sin despedirse, mientras su padre la despedía desde la puerta de la casa con el corazón en la mano. A su hermano Alberto no le gustaban las despedidas, así que salió antes de que ella se fuera con el pretexto de que alguien lo esperaba en la oficina

«Cobarde, mejor di que no quieres chillar»

- ¿Ya se fue tu hija o espera que hagamos una fiesta para despedirla?

-Sí, se acaba de marchar.

-Solo espero que no se llevara todas las cosas que le compramos, si tanto quería marcharse de casa y empezar una vida lejos de nosotros, lo mínimo que puede hacer es dejar...

- ¡Cállate! ¡Cállate! ¡Me tienes cansado! No puedo creer que estés diciendo semejante estupidez, cuando sabes que la primera culpable para que Valentina se marchara de esta casa de esa forma eres tú, y aun así sigues poniendo el dedo en la llaga. ¿De verdad no te cansas de maltratar a tu hija? ¿Acaso no te duele ni un poquito?

- ¿Mi culpa? Se fue porque quiso, nadie la está obligando a nada; ella y su tonta idea de ser independiente.

-Eres imposible, pensé que algún día cambiarias, pero veo con tristeza que solo te has vuelto peor de lo que ya eras. Te aseguro que a partir de hoy todo en esta casa cambiara, empezando por nosotros.

- ¿Qué quieres decir?

-Ya te enterarás Anne, por lo pronto déjame informarte: Valentina no se llevó nada de su cuarto, solo tomo sus libros, trofeos, algunas fotos y la ropa que tanto le gusta a ella. La ropa que tú le compraste sigue estando en el closet con todas las etiquetas, así que no puedes decir que se llevó algo de esta casa que también era y seguirá siendo su casa. Evítame la pena de escuchar de nuevo comentarios absurdos en contra de tu hija, te guste o no lo es y lo seguirá siendo hasta el día que se muera.

«Ahora, si se enojó el señor, ya era justo y necesario. Aplausos para él»

Con el corazón en la mano y llena de tristeza, Valentina salió de su casa sin mirar atrás para empezar una nueva vida, lejos de la persona que en lugar de amarla y protegerla le había hecho tanto daño por muchos años. Como las clases no habían iniciado formalmente, no podía acudir a la residencia, tampoco podía darse el lujo de gastar sus ahorros en un gran hotel; la mejor opción hasta el momento era acampar en el bosque por tres días, servía que disfrutaba de la naturaleza que la rodeaba, al cuarto día se dirigiría al campus para hacer su registro y le fuera otorgada una estancia permanente por los próximos años.

Los días en el campo no fueron tan malo como esperaba, su fiel amigo servía como cama y refugio al mismo tiempo. La fecha de presentarse en la universidad llego más pronto de lo que canta un gallo, al ser la primera alumna en llegar le daba una pequeña ventaja de elegir el lugar de preferencia.

-Hola, soy Valentina, me he postulado para obtener una residencia con ustedes por los próximos cinco años.

-Hola Valentina, bienvenida a la universidad, un gusto poder conocerte, ¿Cuál es la carrera que piensas estudiar? -pregunto la chica de recepción mientras le mostraba una agradable sonrisa, algo que pocas personas hacían con ella.

-Ciencias Ambientales.

-Perfecto, es una estupenda carrera, déjame buscarte en el sistema y te informo en un momento.

-Gracias, yo espero.

-Déjame informarte que las residencias por las cual te postulaste solo son otorgadas a nuestros mejores alumnos, es importante que durante el tiempo que estés en esta universidad no bajes tu promedio de lo contrario perderías la beca de la residencia y tendrás que mudarte a otro punto por cuenta propia.

-Eso no lo dudes, trataré de ser la mejor de la clase, de eso no tengas la menor duda.

- ¡Wow! ¡Wow! Valentina, déjame felicitarte. Eres la primera chica que veo con este puntaje, me alegro mucho que nos escogieras como tu primera opción de estudios, tus padres deben estar muy orgullosos de ti, «podrías informarle a su mamá, para ver si deja de tratarla de esa forma». Se te ha otorgado una beca del 100% para tu residencia en el edificio VIP, además de un descuento del 80% en cada uno de tus semestres.

- ¿En serio? No juegue conmigo de esa manera, soy muy sensible y me puedo poner a llorar o a gritar como loca de la emoción.

La universidad de Barcelona era prestigiosa en todos los sentidos, había estudiado su historia, principalmente en conocer el récord de personas importantes que se graduaron en ella; formar parte de sus estudiantes era un verdadero reto.

Cuando los resultados aparecieron en la bandeja de entrada de su correo, solo miro la parte que indicaba si había sido aceptada o no, al resto no le tomo importancia «mija, el chisme se lee completo o no se lee». Ahora se arrepentía de no prestar, toda la atención que se necesitaba.

-Nunca jugaría con algo así chica, ¿Acaso no viste los resultados en tu correo? Hemos hecho llegar una copia de ello a tu bandeja.

-La verdad, no del todo, solo leí que fui aceptada para la carrera que me postule, estaba tan emocionada que olvide leer el resto del correo. Creo que cometí un grave error al no hacerlo, espero que no me afecte en nada.

- ¡Vaya!, ahora comprendo todo. Déjame imprimirte una copia del resultado para que puedas leerla con calma, considero que te gustaría conservarlo como un gran recuerdo, solo recuerda leer los comunicados completos de ahora en adelante.

-Gracias, prometo que no vuelve a pasar -dijo valentina tartamudeando.

-Bien, Valentina, solo debemos llenar unos requisitos que nos pide el sistema para complementar tu registro no tomara más de cinco minutos. Esto lo debiste de hacer en cuanto te llego la carta de bienvenida, pero como no leíste las instrucciones, no estabas enterada de lo que seguía.

-Gracias, espero no estarte causando problemas con mi imprudencia, dime ¿Qué necesitas saber?

-Empecemos por tus apellidos y la dirección de tus padres, también voy a necesitar una tarjeta bancaria como respaldo para el pago de tus mensualidades, así como el número de contacto de la persona a la que llamaremos en caso de que te pasará algo.

- ¿Es necesario todo eso?

Valentina no quería que nadie supiera sus orígenes, por eso omitía siempre sus apellidos y todo lo relacionado con su familia.

-Por supuesto, debemos de complementar la información. Veo que estás un poco inquieta, si algo te preocupa lo podemos hablar sin problemas, estamos aquí para ayudarte, no para entorpecer tus estudios.

-No me gustaría que nadie supiera quien soy ni de dónde vengo, te garantizo que no tengo nada que ocultar ni tampoco estoy huyendo de ninguna parte, pero preferiría que se quedara en secreto.

-Mmm, no te preocupes Valentina, nuestro sistema es el más seguro de todas las universidades, te garantizo que nadie tendrá acceso a ellos, puedes estar tranquila, todo lo que quede registrado no se expondrá nunca.

No se esperaba nada de lo que estaba pasando, por lo que su corazón daba pequeños brinquitos de alegría. Por primera vez alguien la trataba bien sin importarle su aspecto.

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