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LA OBSESIÓN DEL PROFESOR

LA OBSESIÓN DEL PROFESOR

Autor: : Mayra Gisel
Género: Romance
Ellos se desearon desde el primer día en el que se vieron, solo que su vida personal no les permitió poder vivir un romance como el que deseaban. Durante varios años estuvieron separados, él se casó y tuvo un hijo sin que ella se enterará, y en ella nació una obsesión que se alimentó de envídia la que la llevó a hacer lo que sea para quedarse con él, sin imaginar que nada sería tan fácil. Maia, Sebastián y un amor imposible que pondrá en riesgos sus vidas privadas y profesionales.

Capítulo 1 1

Intentaba comunicarme con Daniela, mi mejor amiga, pero era imposible. Evidentemente ha comenzado la clase y no permite el uso de celulares por lo que no me queda más que averiguar en Bedelía sobre la distribución de las aulas dado a que, como era de costumbre en cada inicio de cursada, jamás se organizaban en la disposición de los espacios.

Ni bien llegué y vi a Juan lo primero que me dijo, sin permitirme explicarle mi llegada tarde, fue que ya iba a dejar constatado la falta ya que la puntualidad era uno de los compromisos y responsabilidad que tomábamos ni bien comenzábamos la carrera, luego pasó a darme la ficha de la materia.

Lo que me extraño de la ficha, fue que en el lugar donde debía decir el nombre y el mail de la docente estaba en blanco, más no las partes de la información del normal y el blog de la materia. Le comunique mi duda al Bedel y me afirmó que hubo inconvenientes con la docente que iban a mandar desde el Ministerio de Educación por lo que tuvieron que asignar a otro, el cual aún desconocían nombre y paradero.

- ¿Entonces relativamente no llegue tarde? Porque la docente no está -le dije con la esperanza de salvar mi falta.

- Srta. Ayala, no diga chistes tan malos y mejor apúrese que va a llegar el o la nueva docente y usted está aquí todavía perdiendo y haciéndome perder el tiempo -me dice siempre tan simpático (nótese el sarcasmo).

- No es justo-. Me siento ofendida.

- Lo que no es justo que siga aquí cuando debió haber llegado hace cuarenta minutos antes. Por favor, vaya al aula -y justo cuando iba a decirle algo, alguien irrumpe en Bedelía y mis ojos se quedan hipnotizados observando tan bella creación de Dios.

- Disculpen, soy el profesor González y me asignaron como el nuevo docente de Literatura en la Educación Primaria -dice sosteniendo un maletín en su mano izquierda y yo no puedo evitar derretirme ante lo fuerte que estaba.

- Buenas tardes, un gusto, mi nombre es Juan Alberti y soy el Bedel a cargo del turno vespertino. Aguárdeme unos momentos que buscare la ficha docente para hacerle el legajo y bienvenido al ENS 3 -habla mientras se para de su lugar para ir en busca de lo que le dice, pero antes de salir del sitio donde los tres nos encontrábamos me mira y me ordena tajante. – Te dije que vayas al aula Ayala -, pero qué me importaba, el ver a ese morocho que rajaba la tierra de lo bueno que estaba poco me importaba llegar a tiempo al aula, después de todo él era el profesor.

- Bienvenido le digo conteniendo las ganas de tirarme encima suyo y hacerle de todo.

- Muchas gracias. ¿Usted es alumna o docente? -me mira directamente a los ojos y no puedo evitar excitarme al escuchar como la formalidad suena en sus labios.

- Soy alumna, de echo tendría que estar en su materia en estos momentos. Pero hasta donde sabía usted tendría que ser una mujer. Con todo el respeto lo digo, es que teníamos entendido que una mujer tomaría el cargo ¿qué pasó? -le digo curiosa obviando que hace minutos Juan me ordenó que fuera a clases,

- Si, a mí me llamaron a último momento porque la docente que iba a tomar las horas tuvo un accidente y en el listado de emergencia yo era el siguiente, por lo que me asignaron a mí el cargo -me explicó amablemente.

- Bueno, bienvenido nuevamente y mucho gusto, mi nombre es Ayala Maia ¿el suyo? – le digo toda sonriente.

- Mucho gusto Srta. Ayala, mi nombre es Gonzales Sebastián -y me estiró la mano en demostración de formalidad y respeto, la cual recibí con una amplia sonrisa en mi rostro para dejar Bedelía y subir contenta al aula.

. . .

- ¿Es necesario que lo mires así Maia? – Me dice Daniela mientras me encuentro desnudando con la mirada al profesor que se encuentra explicando cómo va a ser la cursada.

- Es que es inevitable. Mira qué fuerte que esta, lo escucho hablar y me provoca un orgasmo. – le digo por lo bajo mientras me muerdo los labios ante la sensación electrizante entre mis piernas. - ¿qué edad tendrá? - le pregunto sin prestar atención a lo que explicaba detalladamente frente a sesenta para de ojos atentos.

- Ay Maia, que asco. – me dice por lo bajo con cara de asco por el comentario del orgasmo que acababa de comentarle. -Deja de abusar al profesor con el pensamiento y presta atención que después me volvés loca con las cosas que no entiendes. – me dice conteniendo la risa.

- ¡Ay! – grito y ella me mira asustada.

- ¿Qué te pasó? – pregunta preocupada.

- Estoy conteniendo las ganas de tirármele encima y devorarlo por completo -digo al borde del incendio.

- Por Dios Maia, un poco de compostura -me ordena molesta.

- ¡Por los Dioses con semejante creación divina! – le retruco apropósito aun sabiendo que le iba a molestar.

- Dale boluda, tampoco es tan lindo ¿Qué le estás viendo? No seas exagerada. – me dice poniendo en blanco los ojos.

- Jajaja no te enojes tonta. – le digo para ponerme o intentar prestar atención a la clase.

Y ahí estaba él, explicando algo que no tenía la más mínima idea de qué se trataba porque mientras hablaba y contestaba preguntas yo me encontraba desnudándolo con la mente. Se trataba de un morocho de unos veintitantos, casi treinta, de contextura física delgada y ojos café y por lo visto era soltero, ya que no llevaba alianza puesta. La manera en la que se movía por el aula mientras explicaba me daba a pensar que, si bien se sentía entusiasmado, también se le podía notar el nerviosismo ¿será su primera suplencia? Se ve tan joven que cuesta creer que tenga un curso terciario a su cargo porque eso significaría que tendría que tener no sólo formación universitaria, sino que trayectoria.

- Deja de desnudarlo con la mirada que se nota como se te cae la baba – me advierte Daniela al ver que estaba mirando como depravada sexual descaradamente.

- Sh..., cállate que se va a dar cuenta – le digo mientras sigo con mi mirada clavada en él.

- Mira, si no se da cuenta de cómo lo estas mirando degenerada, menos se va a dar cuenta que estamos hablando mientras explica. – y no le conteste, porque en el momento que vi que en su rostro se dibujaba una sonrisa mi mente viajo a un lugar donde si es por mí, no me vuelvo ni loca.

Sus manos recorrían con desesperación mi piel al mismo tiempo que sus labios mojaban y danzaban con los míos mientras que con fuerza estrujaba cada uno de mis pechos para luego deslizarse por mi abdomen hasta llegar a mis piernas y abrirme ante él. Su boca bañaba mi cuerpo y sus dientes mordían mi carne saboreando mi sangre. Me tortura y le gusta. No contenía el deseo de sentir su húmeda lengua en mi vagina jugando con mi clítoris, explorando todo mi interior saboreando mis fluidos provocados por la excitación que le estaba regalando a mi cuerpo.

Estar abierta ante él, sintiendo sus manos tocarme, su boca besarme, succionando mi deseo me llevaba a las nubes y desde lo más alto me dejaba caer. Sus dedos, lento y tortuosamente se deslizaban dentro mío provocando jadeos desgarradores que provenían desde lo más hondo y oscuro de mi garganta. Me escucha y le gusta.

Me tienes a su merced, haciendo de mí y mi cuerpo lo que desea, lo que le gusta lo que quiere. Me toca, me explora, me calienta, me excita. Sube por mi cuerpo desnudo haciéndome sentirlo, penetrándome con fuerza, moviendo su duro sexo dentro mío. - ¿siente lo mojada que estoy? – le digo mientras nuestros cuerpos se frotan y nuestros sexos chocan este vaivén de deseo descontrolado y desaforado y se desean y escucharlos nos gusta, nos motiva, nos extasía.

Arroja todo lo que está encima del escritorio y cuál macho en celo apareándose con su hembra me vuelve abrir ante sus ojos y me penetra hasta lo más hondo de mi cuerpo sintiendo como lo parte en dos. Me lo hace rápido, fuerte y salvaje mientras calla mis gritos de placer con sus besos e intenta apagar el fuego que em quema por dentro con su sexo clavándose en mí, deslizándolo dentro y fuera una y otra vez, ante mi pedido a gritos que no pare, que siga.

Nuestros jadeos se escuchan en toda el aula y su miembro chocando con mi sexo ante cada brutal envestida hace eco en todo el colegio. El ruido de nuestros fluidos mezclándose al deslizar su duro y grueso pene dentro de mí es música hipnotizante para nuestros oídos.

Me besa, me toca. Me toma, me aprieta, me abre, me encierra y me penetra. Le pido más, que no pare, le imploro que no se detenga, que se hunda en mí para fundirnos en un solo cuerpo. Le exijo que no me deje, que no me suelte, que no se deslice fuera de mí, que no me deje vacía. Le pido a gritos que me llene, que me complete, que sienta como mi vagina estrecha, húmeda y caliente encierra su grueso y latente pene. Yo sé que le gusta y lo veo en sus ojos, que se dilatan y nuestros cuerpos que se tensan, que no aguantan y en un gemido desgarrador y desesperado, cuando ya no podemos más, estallamos del deseo sobre el escritorio bañado de sudor.

- ¡Aaayyyy! – exclamo fuertemente tomando por sorpresa a mis compañeros y a mi profesor sin percatarme que ese jadeo no lo pensé. -Mierda.

- ¿Acabas de gemir en clase frente a todos? – la miro conteniendo la risa. – ¡Qué asquerosa! – me dice horrorizada.

- ¿Qué le sucede, señorita? – me dice y lo primero que se me ocurrió fue que mi amiga me había pisado. Él cree lo que digo y Daniela me mira queriéndome asesinar con la mirada.

- Encima mentirosa. – yo le sonrío y levanto los hombros.

-Prometo que antes de finalizar el año, lo tendré a mis pies -digo con total seguridad. No hay nada que no pueda conseguir.

Capítulo 2 2

Primer día de la semana, segunda semana de clases y yo ya quiero que sea diciembre ¿Me pasa solo a mí? En fin, ¿Por qué será que los profesores tienen que sí o sí comenzar la cursada con un trabajo práctico De recopilación e interpretación de teorías pedagógicas? Junto a Daiana nos encontramos en su casa comenzando el trabajo, leyendo libros, buscando en internet y la verdad que cada vez que empiezo a leer algo de Piaget o Vigotsky termino por bostezando.

La jornada de hoy había sido muy agotadora, hacia unos pocos días había tenido la suerte de conseguir trabajo como niñera y gracias al cielo los niños son muy independientes y mis jefes son un amor. Ellos comprenden y me dan un espacio para que pueda estudiar y hacer mis trabajos. Claro, mientras no descuide a los niños.

Se podía ver por la ventana como un diluvio azotaba la ciudad y se llevaba toda la basura arrojada en las calles ¿Cuándo entenderán que estamos intoxicando a nuestro planeta, a nuestro hogar? Al parecer se adelantó la tormenta de Santa Rosa. A mí se me estruja el corazón de tan solo pensar en los niños abandonados en la calle y los pobres animalitos que no tienen un refugio donde resguardarse. Pensar que unos tenemos tanto por estar bajo techo y tener la oportunidad y las posibilidades de estudiar y otros no la tienen me parece tan injusto, pero la vida en sí, es injusta. Ante este sentimiento de congoja es que suelto un suspiro audible y dejo lo que estoy haciendo, que es leer en la laptop, para dejar descansar mi cabeza sobre mis manos.

- ¿Eso no será otro gemido no? – me dice mirándome con asco.

- Ay no nena, - ella me mira y hace gestos de alivio para indagar sobre lo que me pasa – sabes que días como estos me ponen media bajoneada. – le digo con tristeza.

- Lo sé Camí, pero por eso, si tenés la dicha de tener en tus manos la oportunidad de cambiar tu vida, lo tenés que hacer. Solo así vas a poder ayudar a otros. – la miro y sonrió. Ella siempre tiene algo lindo para decirte. – por cierto, ¿estuviste buscando algo respecto del trabajo del profesor González? – me dice preocupada – mira que es medio complicado y yo sinceramente no logro comprenderlo aún.

- No, aún no busque nada, pero de todas formas cualquier cosa que no comprenda hablaré con las recursantes, ellas deben saber más que nosotras. – le digo despreocupada.

- Hay que ponernos las pilas Camí si no terminaremos como ellas. – refiriéndose al hecho de perder la cursada y cursarla nuevamente, realmente un bajón.

- No, tranquila que no va a pasar eso. – le digo para volver al sepulcro silencio y fijar mi mirada y atención en una pequeña mancha en el cielo. –

- Tierra llamando a Maia, Tierra llamando a Maia. -me dice a modo de broma y yo la observó aún con mi mente en otra parte.

- ¿Será que tiene facebook? – digo más para mí misma que para ella.

- ¿Quién? – me pregunta ella aún con sus ojos puestos en el libro.

- Sebastián. – contesto todavía en transe.

- ¿Sebastián? – ella me mira y soy le digo a quién me refería. – Ay dale Maia, no empieces de nuevo. Te fume todo el fin de semana hablándome de él. – me dice molesta.

- Quizás tiene novia y no está casado por eso no lleva alianza. – balbuceo sin prestar importancia a lo que acababa de decir.

- ¿A quien le importa Camí? Ponte las pilas. – me dice molesta.

- A mí. – concluyó Lara buscar en internet sobre él.

Puse en el buscador de Google su nombre completo y lo único que me había salido fue su currículum el cual luego de leerlo quedé con la boca abierta. El tipo era un genio, con tan solo 17 años público su primer libro, es guionista, director de teatro, documentalista, docente de la UBA y por lo visto no es casado. En la sección de imágenes del buscador se lo podía ver en situaciones pedagógicas, en conferencias educativas, en entregas de premios y no podía verse más sexi.

Mientras leía la información que Google tenía para ofrecerme respecto de él, no podía contener las ganas de besar la pantalla de mi laptop, pero esos e vería muy raro por lo que me limité a descargarme sus fotos y poner una de fondo de pantalla.

- ¿No crees que es mucho? – me dice Daniela con rechazo.

- No. – le digo con cara de tonta enamorada. – lo que daría por probar esa boca. ¡No lo imaginas! – concluyó con un grito para dejarme caer en el sillón.

- Maia, no exageres y te pido que pongas tu atención en esto – refiriéndose a lo que estábamos haciendo del colegio. – porque no quiero recursarla.

- Bueno está bien. – le digo molesta e intenté ponerle toda mi atención al trabajo, aunque sin ganas.

- ¿Dani? – ella me mira y pone los ojos en blanco

- ¿Qué te pasa ahora Maia? –

- ¿Alguna vez hiciste sexo oral? – ella comienza a toser y me mira anonadada, para preguntarme si se lo estaba preguntando enserio.

- ¿Qué preguntas Maia? ¿Qué te importa? – me dice luego de recomponerse.

- No seas exagerads, solo quiero quiero saber. –

- No te voy a decir. – contesta para volver su atención a la pantalla.

- Yo si, y no sabes lo que se siente. – le digo mordiéndome el labio inferior.

- ¡Por favor Maia! Si vas a empezar nuevamente con el profesor me voy. – me dice realmente enfadada.

- Bueno está bien, no te enojes. No digo mas nada. – concluyo aún más enojada.

Así estuvimos toda la tarde, entre libros y apuntes tratando de terminar ese trabajo y aunque logramos hacerlo mi mente estuvo todo el tiempo en otro lugar y no era precisamente aquí. Una vez que me quedé sola, me tire en mi cama a descansar la cabeza de tanta teoría y a pensar un poco en mi profesor que por alguna razón me tenía así de idiota pensándolo todo el día. Por un momento en mi cabeza se proyectaron aquellas imágenes que calentaron mi cuerpo esa primera clase, dónde imaginariamente pude sentir su miembro moverse dentro mío y aún así, pude disfrutarlo tanto.

Mi piel se empieza a encender y siento la necesidad de tenerlo conmigo, en mi cama jugando a dos animales salvajes que se devoran uno al otro. Mis pechos se sienten duros y mis pezones ya duelen al simple tacto. Las puntadas electrizantes que siento en mi vagina hacen que me recuerda del dolor, del placer que se estaba despertando en todo mi cuerpo. Necesitaba saciar mi hambre de sexo y la única manera que tenía en ate momento era yo misma por lo que puse en acción mis manos.

Cierro mis ojos y puedo verlo allí, sentado frente a mí, observando cada movimiento que hago mientras me muevo sobre mi cama desnuda. Me despojo de mi ropa y comienzo a descubrir cada espacio de mi cuerpo y el hacerlo me genera culpa y vergüenza pero no puedo detenerme, necesito sentir como mis manos aprietan mis pechos y pellizcaba mis pezones. No contenido los gemidos, necesito gemir fuerte, gritar su nombre mientras él está aquí mirándome con deseo tal y como lo miro yo en estos momentos.

Mientras mi boca succiona mis dedos, mi otra mano decide viajar desde mi pecho izquierdo, atravesar mi abdomen y terminar en mi monte de Venus. Puedo sentirme latente y deseosa de enterrarme los dedos, de saborear mi sabor, de disfrutarme como ningún otro y de que él pueda deleitarse con mi cuerpo extasiándome solo.

Mis dedos se deslizan por mi hendija y en el Maiano húmedo pasan por mi punto más sensible y no puedo evitar gemir con todo mi cuerpo – Ohh – exclamé encorvado mi cuerpo hacia atrás, abriendo más mis piernas para que mis dedos puedan disfrutar de la satisfacción de adentrarse en lo más hondo de mi cuerpo.

Cambio mi posición, y le doy la espalda posicionándome rodillas y manos en la cama y pelvis elevada - ¿Puedes observarme bien? – le digo mientras abro mis glúteos para que pueda excitarse ante la deliciosa imagen de mi ano exhibiéndose ante él. - ¿Te gusta lo que ves? – puedo decirle y de su boca solo se escuchan sonidos de placer, Jadeos, gemidos y un "Ohh si no pares" me motivaba a seguir con lo que estaba haciendo.

Cómo puedo, me introduzco dos dedos analmente no sin antes lubricarlos.com mi caliente salina y a la primera sensación de mi cuerpo abriéndose en mis dedos y dolor paso a ser tan placentero que quería sentir más y más fuerte.

Entro y saco mis dedos mientras su rostro es un poema por la excitación. Nuestros gemidos toman toda la habitación y las expresiones faciales se nos gravan en la mente, nos deleitamos con la excitación del otro, para estallar juntos en un incontrolable tsunami que nos arrasa desde adentro.

Nunca en mi vida me había sentido tan bien como ahora.

Capítulo 3 3

Viernes por la tarde y ya se puede sentir Aires de primavera, loco porque aún falta para esa estación, de igual modo no perderé la oportunidad de provocar al profesor González ¡Quiero que note que existo! ¡Necesito que me note! Sin más, elegí el conjunto que me iba a poner el día de hoy: una calza Oxford y una musculosas de esas que hacen que resalten los atributos femeninos. Algunos pensaran que soy descarada, otros que soy una puta porque nuestro con orgullo mi cuerpo y vivo mi sexualidad como más deseo, sin importarme si es casado, soltero, viudo o divorciado.

Es mi cuerpo y yo decido sobre él.

Estaba en esas épocas de no hallarme con ningún color ni corte en el cabello, ¿Vieron cuando una se siente que algo te falta y no sabes qué, pero de igual manera seguís experimentando con vos misma? Bueno, a mí se me había dado por agarrar de punto mi cabello y ahora lo tenía de color negro azulado y me había ido a la peluquería hacer rulos, algo así como una permanente. Muchas son locas desquiciadas por el pelo lacio, a mí me pasa lo contrario.

Me mire al espejo, me acomode los pechos, hice a un lado mi flequillo, alborote mi pelo, me puse unos anteojos de Sol, para verme más sexi porque pese a que hace calor, está nublado; tome mi bolso y me fui al profesorado. Durante el Maiano no podía evitar sonreír ante las miradas y los comentarios que me regalaban los hombres, especialmente el tipo del autoservicio que trabaja a una cuadra del ENS 3, es un morocho de un metro sesenta y pico con una espalda que está para clavarle las uñas mientras te entierra el miembro una y otra vez encima tuyo. Aparentemente es casado, porque tiene alianza de todos modos como dije, poco me interesa, si puede saciar mis ganas es lo único que me importa.

Ni bien llegué al Normal y subí las interminables escaleras al pasar por el aula de lectura veo que se encuentra el profesor González con unos libros (mierda, joderme si vamos a usar los diseños curriculares.) Iba a segelarge largo pero a medio Maiano me detuve y me dije ¿Y si le comento algún inconveniente que tenga respecto de la materia? A lo mejor quien dice que termine teniendo clases privadas. Sin más, me dirigí bien decidida hacia la sala y al llegar a la puerta, tres toque lo toman por sorpresa y tengo para mí toda su atención.

- Disculpe profesor, necesito hablar con usted ¿Tendrá algún tiempo? – le digo tratando de ocultar mis ganas de saltarle a la boca y comerlo a besos.

- Claro, por supuesto. Pase y siéntese dónde esté más cómoda. – el único lugar donde puedo sentirme cómoda es encima suyo con mis piernas abiertas.

- Gracias. Mire, yo quisiera hablarle de la materia dado que la estoy recursando y... - menti, en verdad no tenía ni idea de lo que trataba la materia solo el común denominador de todos: las teorías pedagógicas. Por lo que fui por ahí. Recordaba el nombre de Piaget y Bruner, por lo que arranque desde estos dos

- Tenía entendido que en mi clase solo dos alumnas habían recursando, desconocía tu caso. – me dice dudoso.

- Es que yo me bajé a la tercera clase por lo que prácticamente ni me conocía la profesora. – le dije rogando que no descubriera las verdaderas intenciones. -Bueno, mis dudas van por las teorías de Piaget y Bruner. Por más que quiera no logro entender sus teorías. –

- Mire, yo no puedo explicárselas ahora mismo dado que tenemos la clase, pero puede anotarse en las clases de apoyo de los miércoles. –

- ¿Usted va a estar? – le digo entusiasmada pero el niega con la cabeza. – ah. – concluyo desanimada.

- De todas maneras si necesita que le expliqué algo en particular no tengo problema en hacerlo si tengo el espacio para hacerlo. – me contesta y yo no puedo evitar sonreír ampliamente

- Bueno, me voy a la clase. ¡Allí lo veo! – le digo para irme meneando mía caderas más de lo normal pero no al borde de la exageración.

. . .

Tercera semana de clases y ya puedo sentir molestia de tanto que se me insinúan las alumnas y no es que me crees irresistible ni nada de eso, más bien molesta que no me dejen hacer mi trabajo y que estén constantemente haciéndome preguntas sobre mi vida privada.

Está alumna, si mal no recuerdo se llama Maia, hacia tan evidente su interés que hasta me causaba cierta risa más bien porque si quiera disimula el hecho de que desea buscar cualquier momento para pasarlo a solas conmigo y es un gusto que no voy a darle.

Llevaba poco tiempo de casado con una mujer maravillosa que por nada del mundo se merecía que si quiera piense en otra que no sea ella.

El que me hayan asignado está institución me venía bárbaro dado que estaba a 10 minutos de la UBA y no necesitaba andar a las corridas como cuando trabajaba en la otra punta de ella ciudad.

Ni bien ingresé al aula ya podía sentir en mi espalda sesenta pares de ojos observándome y no precisamente interesados por la clase. No es que me sienta el centro del universo o la última gota de agua en el desierto, solo que trabajar en estas condiciones es muy molesto.

Luego de explicar las consignas de trabajo y asignar los grupos, recorro los equipos con la intención de ofrecer mi ayuda para algo y "casualmente" la mayoría necesitaba que le explicará algo. Ni bien regrese al escritorio y me senté, comencé a pasear, visualmente, pro el aula y observarlos detalladamente. Con la diversidad de mujeres que había en este espacio tenías gustos para todos pero mis ojos, por alguna extraña razón, se posicionaban en ella. Maia Ayala.

Y ahí está ella, mordiendo la punta de la lapicera y sin entender por qué lo encontraba terriblemente sexi. Jugaba con los rulos de su cabello al mismo tiempo que de vez en cuando se mordía el labio y me despertaba el deseo de querer tocarla, delinear el grueso perfil de sus hermosos labios para grabar en mis manos cada detalle de su boca. ¿Por qué me sentía así?.

Podía jurar que hasta se daba cuenta de que la estaba mirando, porque de un momento a otro me regala una visión tan caliente que sentí que una corriente eléctrica me sacudió por completo. Si bien no estábamos en verano por alguna razón el tiempo nos regalaba una temperatura agradable y eso era lo que se podía observar en las alumnas. Algunas venían en pollera y en top, otras en shorts y strapless, para nada moral si van a ser docentes. Yo sé que a lo mejor tengo pensamientos machistas, pero así me han educado que cuánto más sugerente sea una mujer más atractiva la podemos ver. No sé, con ese concepto crecí. Pero Maia era diferente, ella, sin vestirse tan provocativa sabía cómo seducirte y su cuerpo era un poema delante de mis ojos.

Sus ojos color caramelo eran tan hipnotizantes como el vaivén de sus caderas al Maianar. Sus labios eran tan carnosos que te hacían desearlos todo el tiempo y ese aro, que me parecía tan vulgar, ubicado en el labio inferior atravesando el mismo la hacían ver tan sexi que no podía evitar pensar cómo se sentirían en mis labios. Su cabello tenía el largo perfecto, que casi acariciaban el inicio de sus glúteos y sus pechos, tenían un tamaño perfecto que podría hasta jurar que cabrían perfectamente en mis manos.

No sé cómo fue que me quedé divagando en los rincones de mi cabeza, allí donde nace el deseo y las ganas de tenerla sobre mi, cabalgándome salvajemente y gimiendo mi nombre, que mi cuerpo lo notó y por primera vez sufrí una dolorosa erección.

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