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LA REBELDE PRISIONERA DEL CRUEL ALFA

LA REBELDE PRISIONERA DEL CRUEL ALFA

Autor: : Escritor Aragonés
Género: Hombre Lobo
Tiana es una chica común que por un giro del destino y de sus malas decisiones termina siendo lanzada desde un balcón, despertando en el cuerpo de una bruja y en un mundo donde existen los hombres lobo. Ahora, es la presa principal de dos bandos enfrentados por el poder, liderados por dos hermanos. ¿Descubrirá cuál es el bando correcto o se dejará guiar por su corazón?

Capítulo 1 1

Mire a mi madrastra que llegaba al tribunal donde me darían una sentencia. Había sido detenida por la policía por conducir en estado de ebriedad y, no contenta con eso, le di un puñetazo a uno de los oficiales. Fue bastante malo lo que hice, pero siendo sincera no me arrepiento.

- Pudiste morir, ¿acaso estás loca? - me regañó ella.

Aparté la mirada, consciente de la gravedad de lo que había hecho, pero me daba igual. Ya no tenía a nadie. Mi padre había muerto hace un mes y mi madre el día en que nací. Así que, nada me importaba.

- Tiana, por favor, sé que puedes tener una buena vida, solo debes dejar que te ayude - me dijo ella con voz suave.

- Déjame en paz, es mi vida y tú solo estorbas en ella - le respondí, con frialdad.

Pero en realidad la quería; ella había sido como una madre para mí, o al menos lo había intentado durante años. Tenía un lugar especial en mi corazón.

El juez dictó la sentencia. Por no tener antecedentes, me sentenció a ochenta horas de servicio comunitario. ana, mi madrastra, agarró mi mano y yo la miré.

- Déjame ayudarte, Tiana. Sé que podemos salir de esto - me dijo con ternura.

Respiré profundamente y empecé a llorar. Me sentía mal por todo lo que había pasado y sabía que era una mierda con ella. No merecía su compasión.

- Tranquila, cariño. Saldremos de esta juntas - me consoló.

Salimos del juzgado y el chofer nos estaba esperando. Ambas nos subimos al coche. Flora me consoló todo el camino a casa. No la miraba porque si lo hacía, sabía que terminaría llorando otra vez.

- Mañana, apenas llegues de la universidad, te cambias y te vas al albergue. Estarás a cargo de las hermanas y harás todo lo que te pidan. Sé que si ellas hablan bien de ti, podrían hasta reducir las horas que te han pedido - me dijo ella con calma en su voz.

La miré y ella me sonrió.

- ¿No lo extrañas? - le pregunté.

Ella asintió con la cabeza, y una lágrima rodó por su mejilla.

- Con el alma, pero sé que a él no le gustaría vernos así. Por favor, cariño, déjame ayudarte. Le prometí a tu padre que siempre estaría contigo - me pidió con voz quebrada.

Aparté la mirada de golpe. Yo también lo extrañaba. Cada vez que lo recordaba, un enorme nudo se me hacía en la garganta, pero de nada servía llorar. Él no volvería jamás.

- ¿Estás bien? - preguntó ella.

Asentí con la cabeza.

- Estoy bien. No te preocupes, no volveré a conducir ebria - le contesté.

Flora agarró un mechón de mi cabello.

- Tiana, eres tan hermosa y tan parecida a tu padre, terca, pero con un enorme corazón - me dijo.

La miré y le sonreí un poco.

- Gracias por aguantarme - le dije con una sonrisa.

Ella me abrazó con mucha fuerza y yo le devolví el abrazo. Tal vez la única solución para mí sea cambiar de vida. Ojalá logre hacerlo.

...

Al día siguiente llegué al refugio alrededor de las dos de la tarde. Una de las monjas me explicó un poco lo que tenía que hacer, o más bien, me dijo en qué lugar tenía que limpiar. Literalmente, mi trabajo era ser la esclava de las monjas. Era una mierda.

Empecé a trabajar, quería hacerlo rápidamente para poder irme a casa cuanto antes. Hacía mucho calor y me dolían las manos de tanto barrer el patio.

- ¿Quieres algo de ayuda? - me preguntó un chico acercándose.

Lo miré y negué de inmediato. Si alguien lo veía ayudándome, me podría meter en un gran problema.

- No. Puedo sola, gracias - le contesté y le sonreí.

- Hace calor, déjame ayudarte - insistió.

Intentó quitarme el cepillo de barrer de la mano, pero no lo dejé.

- He dicho que no -l e dije con algo de mal humor.

- Las mujeres como tú se creen la gran cosa solo por tener dinero, pero aquí estás limpiando mi suciedad - me dijo con una sonrisa.

Me di la vuelta y fui a otro lugar, ya que, si seguía frente a él, iba a decirle algunas cuantas cosas, y la verdad yo no quería terminar en la cárcel por alguien como él. Seguí caminando hasta que estuve en el segundo piso del lugar. Aquí no había nadie, y lo mejor era que estaba más fresco. Mire por el barandal del balcón, y respire profundo.

- Qué niña tan bonita - dijo una siniestra voz detrás de mí.

Mi corazón se detuvo por un momento, y me volteé con rapidez; una anciana, de aspecto descuidado y con dientes dañados, me sonreía.

- Tu pelo es muy bonito - me dijo ella acercándose a mí.

Yo di unos pasos atrás. y la mujer se detuvo.

- ¿Me tienes miedo? - me preguntó ella mientras se tocaba un raro amuleto que tenía en el cuello.

- No, pero si le soy sincera, usted es un poco extraña. Y al aparecer así, se hace aun más extraño- le dije.

Ella siguió acercándose a mí, y yo volví a retroceder, hasta que mi espalda chocó con el barandal del balcón.

- Es malo juzgar a las personas por su apariencia - me dijo.

Yo me encogí de hombros, lo que ella me dijera me daba exactamente igual.

- No la juzgo, simplemente es lo que veo, pero disculpe si la molesté, por lo visto las personas de aquí son bastante susceptibles - le dije. Y de inmediato quise golpear mi boca. ¿Acaso no me cansaba de buscarme problemas?

Ella se quitó el amuleto que tenía en el cuello y me lo ofreció. Yo negué con la cabeza de inmediato.

- Deberías aceptarlo, este amuleto te traerá buena suerte, y yo te lo estoy regalando, esto te dará lo que tanto deseas - me dijo.

Yo la tomé con cuidado y la guardé en mi bolsillo. Pues deseo no estar más aquí.

- Gracias - le dije.

Ella sonrió, mostrándome sus muy feos y podridos dientes. Yo me aparté del balcón y bajé, no quería seguir hablando con esa extraña mujer. Cuando iba caminando me tropecé con el chico idiota.

- ¿Ahora te escondes para no hacer el quehacer del lugar? - me preguntó.

Yo puse los ojos en blanco, este tipo de verdad era un idiota.

- Deja de molestarme - le dije.

Yo me saqué el horrible amuleto que tenía guardado en el bolsillo y se lo ofrecí.

- ¿De dónde sacaste eso? - me preguntó.

- De la anciana loca de allá arriba - le respondí.

Él arrugó el entrecejo y después empezó a reír.

- Aquí no hay ninguna anciana loca, creo que te has topado con la bruja, se dice que ella murió aquí, y viene a buscar a quien llevarse al más allá - me dijo.

Yo lo fulminé con la mirada. Yo ya era muy grande como para creer en esos cuentos.

- Vete a la mierda - le dije.

Él empezó a reír.

- Es la verdad. Se dice que aquí quemaron a varias brujas y el alma de esa anciana quedó vagando por el lugar, ahora ella busca venganza - me dijo.

Yo me tragué en seco y miré a otro lado. Hasta que vi a la anciana hablando con una de las monjas. Yo lo miré y le lancé un golpe.

- ¡Eres un idiota! - le grité.

Él empezó a reír a carcajadas. Yo me separé de él y fui al lugar donde estaban la anciana y la monja.

- No me puedo quedar con su amuleto, y la verdad no creo que le dé ningún uso - le dije.

La anciana me miró mal.

- Los regalos no se devuelven. Y menos uno como el que yo te he dado- me dijo ella.

Yo puse los ojos en blanco y le devolví el amuleto. Me di la vuelta y regresé al segundo piso, me acerqué al barandal del balcón. Yo estaba cansada y aburrida, ya quería irme a casa.

- Tu deseas no vivir en esta vida, y eso mi niña, te lo puede dar el amuleto, solo deséalo con más fuerza - me dijo esa voz siniestra.

Yo me di la vuelta y la miré. Ella estaba allí sonriendo con el amuleto en su mano. Ofreciéndomelo.

- Aléjese de mi, yo no sé de lo que usted está hablando, así que por favor no se acerque más - le advertí.

Ella empezó a reír, y de la nada corrió hacia a mí. su empujón fue tan fuerte que yo salí casi volando del balcón. Miré el cielo azul, los rayos del sol cegaron mis ojos. Y en ese momento me di cuenta de que iba a morir.

....

Mis pulmones se inundaron con agua, abrí los ojos de golpe, luchando por orientarme en medio de la oscuridad líquida. Con todas mis fuerzas, nadé hacia la superficie, emergiendo con un jadeo angustiado. La brisa gélida de la playa azotaba mi rostro cuando finalmente alcancé la orilla, pero el frío penetrante me atravesó hasta los huesos, anestesiando mis dedos entumecidos.

"¿Es este el infierno?", me pregunté, confundida, mientras me dejaba caer exhausta sobre la arena helada. Cerré los ojos con fuerza, intentando comprender lo que estaba sucediendo. ¿Si estoy muerta, por qué no estoy en el cielo? Y si este es el cielo, ¿por qué es tan horrible?

- Bruja - gruñó alguien cercano.

Sentí un escalofrío recorrer mi espalda al instante. Al abrir los ojos, me encontré con la figura de un hombre enorme y grotesco, su aspecto recordaba a los vikingos de las series de tv, pero este no era para nada lindo. su mirada era tan feroz como la de una bestia salvaje. La punta de su espada amenazaba con perforar la piel de mi cuello.

- ¿Entonces estoy en el infierno? - pregunté con temor, mi voz apenas un susurro.

El hombre apartó la espada, pero su movimiento fue rápido y amenazante. Con un gesto brusco, arrancó algo de mi cuello, y el collar horroroso pendía de su mano, una visión macabra que heló mi sangre. Esto era culpa de ella.

Capítulo 2 2

Me tiraron al rústico suelo de piedra, como si yo fuese una bolsa de basura. Me levanté de inmediato y miré a los hombres allí presentes; todos eran tan desagradables. Vestidos con pieles de animales. ¿Donde mierda estaba? Yo no deseo estar aquí.

- ¡La bruja quiere embrujarme! - gritó uno de ellos.

Yo puse los ojos en blanco. Y me di media vuelta para no verle, pero alguien volvió a poner su espada en mi cuello. ¿Acaso estaban locos? Y si iban a matarme, que lo hagan de una buena vez.

-Te mueves y te corto el cuello - me dijo uno de ellos.

La puerta del salón se abrió y entró un enorme lobo color blanco. El tipo que me estaba apuntando con la espada se apartó de inmediato.

- ¡Pero qué haces! Has algo con esa cosa, o nos va a matar - le grité al vikingo estúpido.

El lobo, frente a mí, empezó a hacer movimientos raros, hasta que un hombre quedó a la vista. Yo miré a mi alrededor, tal vez, estaba alucinando, definitivamente estaba en coma por la caída y mi cerebro estaba construyendo una realidad alterna. Nada de esto podía ser verdad. empecé a gritar como loca, ¡esto era una jodida locura! La espada de uno de ellos presionó mi cuello y yo me quedé en silencio de inmediato.

-Es una bruja, señor, y creo que es la que estábamos esperando - dijo el vikingo que me había traído.

Él se acercó al hombre muy desnudo frente a mí y le entregó el amuleto. Yo entonces entendí que ellos creían que era una bruja por ese estúpido amuleto. Esa anciana me las iba a pagar, todo era su culpa. ¡el que yo esté a punto de morir era su jodida culpa!

- Eso no es mío, sé que sonara extraño, pero yo no pertenezco a este mundo, estoy aquí por culpa de ese amuleto, así que por favor déjeme libre, se puede quedar con el amuleto si quieren - le dije al tipo frente a mí.

Él me quedó mirando, sus ojos parecían dos témpanos de hielo, este hombre se veía tan peligroso, su cabello largo y rubio caía por sus muy formados brazos. mi mirada se fue hasta su ente pierna, yo tuve que apartar la vista para no pasar por una pervertida.

- Al calabozo - ordenó él.

Yo negué con la cabeza, ellos tenían que entender que yo no me podía quedar aquí, ¡necesitaba que comprendieran que yo no pertenecía a este lugar!

- déjame libre por favor, yo no pertenezco aquí, por favor te lo ruego, yo quiero volver con mi familia - le dije entre lagrimas.

Uno de esos tipos se acercó a mí, me tiró sobre su hombro y empezó a andar conmigo.

- ¿ Adónde me llevas? Tengo que volver, por favor déjame ir - le suplique..

Él siguió caminando conmigo hasta que entramos a un lugar donde la peste era aún peor. Él siguió caminando hasta un lugar oscuro y frío, me lanzó dentro de lo que parecía una celda y cerró la puerta. ¡Espera! ¿Lo de ir al calabozo era verdad?

- ¡Sácame de aquí! - le grité con todas mis fuerzas, pero el horrible hombre ya se había ido.

-Las ratas te comerán poco a poco - dijo una voz.

Yo empecé a gritar. Volteé a ver de dónde provenía la voz, y allí, casi en los huesos, estaba un hombre encadenado a la pared.

Mis gritos de terror eran más y más fuertes, había varias ratas tratando de devorar los pies del hombre atado frente a mí. la puerta se abrió y entró el tipo peligroso yo le quede mirando, tal vez el comprendió que yo no pertenecía aquí, y me dejara libre.

- Gracias por venir por mí, pensé que me iba a quedar aquí para siempre - le dije lloriqueando.

Una rata corrió a mí y yo corrí al vikingo, me lancé sobre él y me abracé a su cuerpo con fuerza.

- Hay ratas - le dije lloriqueando.

El hedor de este lugar era insoportable, y ni hablar de lo aterrador que era. Yo no me iba a quedar un momento más aquí.

- Bájate de mí - me ordenó con su voz gruesa.

Yo negué con fuerza. Y me pegué mucho más a su cuerpo, si era necesario viviría sobre él, pero yo no iba a poner un pie en este lugar, esas asquerosas ratas podrían devorarme.

Me lanzó al suelo, yo me incorporé de inmediato y lo quedé mirando, apuñalé su muy duro pectoral con mi uña mientras lo miraba mal.

- ¡Te ordeno que me saques de aquí! - le grité con prepotencia.

Él se rio y me empujo lejos. Yo quería golpearlo, pero siendo sincera, yo no sobrevivía con un golpe de él, y menos con lo que vi. El tipo era un hombre lobo, él podría transformarse aquí y devorarme por completo.

- Tú no me ordenas nada - me respondió.

Yo lo miré de arriba abajo.

- Eres producto de mi imaginación, y si yo quiero que desaparezcas, lo harás de inmediato - le dije con mucha seguridad.

Cerré los ojos con fuerza por un momento y después los abrí.

- ¿Por qué aún no desapareces? - le pregunté con algo de preocupación.

- Te voy a quemar en la hoguera - me dijo.

Yo intenté correr, pero fui atrapada por él de inmediato.

- ¡Suéltame! - le ordené.

Mi espalda quedó pegada a su pecho, sus brazos estaban apretandome con fuerza. el miedo atraezo mi cuerpo, el dolor que sentia era real, como todo lo que estaba suediendo aqui.

- No quiero morir otra vez - le dije.

Él me dio la vuelta, me miró a los ojos, se veía emocionado, o algo por el estilo.

- ¿Cómo así? - me preguntó.

Yo respiré profundamente.

- He muerto, o eso creo, caí de un balcón, y terminé aquí, aun esto intentando averiguar de qué se trata esto, pero se que todo es culpa de esa anciana - le contesté.

Él arrugó el entrecejo, era obvio que pensaba que estaba loca, pero me daba igual, yo le estaba diciendo la verdad.

- Y yo soy una frágil princesa - me respondió.

Yo lo miré de arriba abajo, estaba segura de que este tipo era un idiota, pero no me podía quedar aquí a averiguarlo, yo necesitaba salir de este lugar, ¡necesitaba hacerlo ya! Salí corriendo del lugar, estaba segura de que iba a lograrlo, lo podía sentir.

Capítulo 3 3

Estaba boca abajo, amarrada a un tronco, esperando el inminente momento en el cual me prendieran fuego y morir de la peor manera.

-¡Bruja! -dijo una de las mujeres que estaban acomodando los troncos y la paja para que el fuego fuera más vivaz.

-Te voy a convertir en un cerdo y luego te comeré -le dije.

La mujer empezó a gritar y muchas personas se acercaron.

-¡Ha dicho que me convertirá en cerdo! -gritó.

Yo puse los ojos en blanco. Era tan estúpido que ellos creyeran que yo fuese una bruja. ¿Una bruja? ¿Es jodidamente en serio? Toda esta gente está loca.

-¡Quémenla o nos convertirá en cerdos a todos! -gritó alguien más.

Yo empecé a llorar; nunca pensé que moriría tan rápido en mi otra vida y de una manera tan horrible. El tipo rubio y peligroso se acercó a mí.

-Ahora no pareces tan valiente -dijo con una voz gruesa y rasposa.

Yo lo miré. El bastardo venía con una antorcha prendida. Tragué en seco y miré a otro lado, pero fue peor; las miradas de esas personas eran más aterradoras que la antorcha en la mano de ese peligroso hombre.

-¡Aléjate, infeliz! -le grité.

Él me sonrió y, de alguna manera, la preocupación de ser quemada aumentó.

-Deberías poder soltarte, se supone que eres una bruja -me dijo a modo de burla.

Yo lo miré mal.

-Lloverá y todo este puto lugar se inundará -le dije.

Él acercó la antorcha a la paja que estaba tirada en el suelo, y yo le grité que se detuviera.

-Haz que llueva o te quemaré -me amenazó.

Yo empecé a soplar la antorcha, pero era inútil; esa cosa era monstruosa.

-Estoy amarrada, boca abajo, no me puedo concentrar. Si me desamarras, te juro que haré que llueva -le dije.

Él volvió a acercar la antorcha y yo seguí soplando, como si eso fuera a ayudar en algo.

-Aún no llueve -me recordó.

Yo lo miré a la cara y el bastardo se estaba riendo.

-Lloverá, lloverá muchísimo -le dije.

Yo seguí soplando; necesitaba que él alejara esa cosa.

-Eres una mentirosa -me dijo.

La antorcha se acercó aún más. Yo cerré los ojos con fuerza.

-¡Que llueva ya! -grité.

Una gruesa gota de lluvia se estrelló contra mi mejilla. Yo abrí los ojos y lo miré; él se veía incrédulo, pero yo estaba feliz.

-Suéltame -le pedí.

Las gotas de lluvia se intensificaron y, de la nada, el agua empezó a caer a cántaros. Él se acercó a mí y me quitó las ataduras; yo caí como un bulto de patatas sobre los troncos y la paja que había puesto para quemarme.

-Levántate -me ordenó.

Yo me incorporé y lo miré; la lluvia lo hacía ver aún más peligroso. Miré de un lado a otro y empecé a correr. Si me quedaba, iba a terminar en la hoguera cuando la lluvia se detuviera.

Corrí tan rápido que no me percaté del enorme agujero que estaba justo frente a mí. Cuando traté de detenerme, fue imposible y terminé dentro del agujero. El olor a carne podrida inundó mis fosas nasales. Yo miré con más detenimiento y había varios cuerpos en estado de putrefacción.

-¡Auxilio! -grité con desesperación.

Traté de salir, pero la tierra se sentía como barro, y cada vez que intentaba trepar, era empujada hacia abajo. Podía sentir la carne de los cuerpos debajo de mis pies.

-¡Ayuda! -grité con más fuerza.

Él se asomó por el agujero, se puso en cuclillas y me sonrió.

-Esto te enseña a no huir de mí. Ahora pide que la lluvia se detenga o morirás ahogada junto a esos -me dijo.

Yo agarré un puñado de barro y se lo lancé a la cara; el barro se escurrió por su rostro aterrizando en el suelo.

-Tú vas a sufrir y yo lo voy a disfrutar -me dijo.

Él se levantó y se fue, dejándome allí en la podredumbre. Yo respiré profundamente y la peste quemó mis fosas nasales. Esto ya estaba siendo demasiado; necesitaba salir de aquí y no hablo del puto hueco, ¡hablo de este maldito lugar! Trepé otra vez y volví a caer. El agua estaba subiendo y con ella los cadáveres.

-Por favor, ayúdame, sé que estás allí -le grité.

Él se asomó, tiró una cuerda y yo la agarré de inmediato. Él empezó a subirla hasta que pude salir de ese asqueroso lugar.

-Eres peligrosa -me dijo.

Yo no le dije nada y tampoco tenía ganas de huir, ya que siempre terminaba mal.

-Te convertiré en un feo animal si te acercas -le advertí.

Él sonrió.

-Tú serás mía, y yo te domaré y me darás todo lo que te pida -me dijo.

Yo le iba a decir algún comentario mordaz, pero entonces un par de hombres se acercaron a nosotros; uno de ellos me quedó mirando.

-Algunos guerreros de la otra manada se están acercando -informó.

Yo los quedé mirando, y por sus caras era obvio que no eran buenas noticias. ¿Acaso no podía tener un poco de paz?

-Escóndanla -ordenó él.

Yo negué con la cabeza. Uno de los hombres allí iba a tocarme, pero yo no me dejé; ya estaba cansada de esto.

-¡Déjenme en paz! -les grité.

Los gruñidos y gritos se mezclaron con la torrencial lluvia. Yo aproveché y salí corriendo; esta vez sí tenía que salir de este lugar, cueste lo que cueste. Corrí hasta que pude ver un bosque, corrí a prisa hacia él, pero fui tumbada por algo que me golpeó en la espalda. Me di la vuelta y allí, frente a mí, estaba un enorme y feroz lobo negro. Yo tragué en seco, hasta aquí había llegado.

El aliento cálido del animal se estrelló contra mi rostro, mi cuerpo empezó a temblar de inmediato; hoy definitivamente iba a morir. Abrí los ojos lentamente. La enorme cabeza del lobo estaba justo frente a la mía. No sé cómo lo hice, pero me levanté de un salto y corrí. Tal vez era inútil querer correr, pero no me iba a quedar allí esperando a ser devorada por esa bestia. Sentía el corazón a punto de estallar en mi pecho, pero no podía detenerme. Los gruñidos del lobo resonaban cada vez más cerca, su aliento húmedo casi quemándome la nuca. Desesperada, giré bruscamente a la izquierda, adentrándome más en el oscuro bosque.

La lluvia se intensificaba, y el terreno se volvía resbaladizo y peligroso. Mis pies tropezaban con raíces y piedras ocultas bajo el lodo, pero seguía adelante, impulsada por el puro instinto de supervivencia. Sin embargo, un paso en falso me hizo perder el equilibrio y caí al suelo, golpeándome fuertemente el costado. Sentí un dolor punzante, pero no tuve tiempo de comprobar la magnitud de la herida.

El lobo apareció de nuevo, su mirada fija en mí, sus ojos brillando con una intensidad aterradora. Sabía que no tenía mucho tiempo. Miré desesperada a mi alrededor, buscando cualquier cosa que pudiera usar para defenderme. Mis manos encontraron una rama gruesa y, sin pensarlo dos veces, la empuñé con fuerza, lista para enfrentarme a la criatura.

El lobo dio un paso hacia mí, sus dientes afilados reflejando la luz de los relámpagos.

- ¡Te acercas más y te juro que te golpearé! -le grité.

El lobo retrocedió y de alguna manera me sentí un poco más relajada. Empuñé la rama con más fuerza y empecé a retroceder, hasta que mi espalda se estrelló contra algo. Volteé la cabeza lentamente y miré sobre mi hombro. Un aterrador hombre con un solo ojo me sonreía. Tiré la rama al suelo e intenté huir, pero el hombre me atrapó.

- ¡Suéltame! -grité desesperada.

Fui llevada entre sus brazos, como si pesara menos que una pluma.

-¿Qué carajo hacemos con la bruja Eirik? -preguntó el hombre con una voz asquerosa.

Una risa burlona resonó detrás. Y de la nada varios lobos se unieron a nosotros, algunos se veían heridos, ya que su pelaje se veía manchado con sangre.

- ¡No soy una bruja! -grité.

Fui lanzada al suelo, sin el menor cuidado. Metí mis manos para no lastimar mi rostro, pero las palmas de mis manos recibieron todo el golpe.

-Te han visto invocar la lluvia. Y si no fueras lo que estamos buscando, Ivar no hubiera luchado como lo hizo por ti -dijo una voz diferente a la del tipo tuerto.

Me di la vuelta y entonces vi al dueño de esa voz. Era tan alto, con el cabello negro y largo, pero lo que más destacaba en él eran sus ojos. Unos brillantes y aterradores ojos azules. Gateé un poco por el suelo, tratando de alejarme, pero él dio un par de pasos adelante.

-Si te acercas más, te juro que te hechizaré -lo amenacé.

Él sonrió de medio lado, se acercó más a mí, y de un jalón me tiró a su espalda.

-No creo en esas mierdas, pero sé que contigo conseguiré lo que quiero -me dijo.

Empecé a removerme sobre su hombro y fui duramente amonestada con un golpe en mi trasero. Respiré profundamente, tratando de calmarme; odiaba a este infeliz, y si de verdad tenía algún tipo de poder, lo utilizaría para volverle la vida un puto infierno.

-¡Te odio! -le grité con rabia.

Una risa ronca salió de él, moviendo sus hombros en el proceso. Ahora lo detestaba aún más. Tenía rabia y estaba segura de que lo despreciaba, tanto que me desconocía a mí misma. Las lágrimas de frustración empezaban a llenar mis ojos, pero me negué a dejarlas caer. No le daría el placer de ver cuánto me afectaba.

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