Era 4 de julio, día festivo en Estados Unidos, la multitud esperaba para disfrutar de los fuegos artificiales. Mientras continuaba la celebración, zarpaba el crucero Mc Queen, como todos los años en esa época. Todos los pasajeros esperaban el momento para abordar el barco más hermoso y costoso del país. Saldría de las aguas cálidas de Miami, con destino a la isla de Las Bahamas. Era un viaje esplendoroso, muchos pasajeros contemplaban lo fantástico que se veía el cielo destellante de tantas luces de colores. El Mc Queen estaba completamente iluminado, ya iniciaba su recorrido.
La mayoría de los turistas venían de familias adineradas, con buenos modales y excelente gusto para vestir. Dicho crucero era uno de los más lujosos, donde se reunían empresarios e integrantes de la realeza, gente de mucho rango. El empresario y CEO Edward Long era uno de los que más lo frecuentaba. Ese día viajaba con su esposa Pamela Harrys, hija del muy famoso multimillonario Stuart Harrys. Pamela y Edward estaban de aniversario, celebraban sus 20 años de casados, eran felices y consideraban que habían nacido el uno para el otro.
Poco a poco, mientras el barco navegaba, se reunían todos los invitados en el salón principal. Los mismos, se encontraban elegantemente vestidos, las damas parecían haber salido de un cuento de hadas, mientras que, los caballeros, lucían sus trajes de etiqueta acompañándolos con un adorno muy peculiar en sus solapas.
Se podía notar uno que otro conocido, otros no tanto. Todos daban la impresión de estar felices, simulando ser amables, pero con la seguridad que daba el crucero, más de uno depositó su confianza. Rodeados de gente con clase, nada podría salir mal.
Los mesoneros ya dispuestos, sirvieron la cena prestando un servicio impecable. La ocasión lo merecía. A unos metros del comedor, una silueta esbelta, sencilla, alta, caminaba hacia Pamela. Ella esquivó su mirada, para disimular y darse por sorprendida. Era su gran amiga, Camila Foster, una mujer interesante, muy elegante vestía un hermoso vestido largo color rosa, hacía juego con su maquillaje y el balanceo de su cuerpo, definitivamente espectacular. Se acercó a Pamela, con un cálido saludo.
-Estás hermosa amiga ¿pensaste que no vendría? Pues te habría comunicado, pero ya ves, aquí estoy para disfrutar de tu aniversario. ¿Cómo está Edward?
Camila no recibió respuesta de su parte. Tenía mucho tiempo sin verlos, estuvo un poco alejada de él, pues Pamela no confiaba mucho en su compañía, manteniéndola lejos de su entorno. En ese momento se iluminó el salón para comenzar el baile, la cena había finalizado con un brindis muy especial. Los esposos Long Harrys se veían muy felices, irradiaban alegría.
Edward aprovechó el momento para obsequiarle un presente a su adorada esposa.
-Atención todos por favor, agradezco a los presentes en esta noche tan especial quienes nos acompañan y celebran junto a nosotros. Me tomaré el atrevimiento de interrumpir la velada para entregarle un obsequio a Pamela, mi amada. - Dijo abriendo un estuche color negro aterciopelado, dejando a la vista un collar de diamantes estilo gargantilla, sus piedras bajaban como cascada.
Pamela con una expresión de asombro en su rostro y sus ojos iluminados ya casi llenos de lágrimas, miró a su esposo y le dio un abrazo.
-Te amo, eres maravilloso, eres el amor de mi vida - dijo a su oído.
Edward esbozó una sonrisa mostrando su encanto.
-Yo te adoro, eres lo mejor que me ha pasado - contestó.
El collar brillaba en la oscuridad, era tan hermoso que resultaba inevitable no detenerse a verlo. Muy delicadamente, Edward lo toma y coloca en el cuello de su pareja, dejándolos anonadados con la belleza única que resaltaba. Pamela era una mujer de cabello oscuro, ojos expresivos y silueta muy bien cuidada, cada día él se sentía más enamorado. Era un hombre imponente, versátil y educado. Esa noche vestía un traje negro hecho a la medida, elegantemente llevaba en el ojal un broche para destacar entre los demás invitados.
Todo marchaba de maravilla, las copas siempre se mantenían con ese espumoso y suave champagne a medio llenar.
-Deseo que se mantenga el amor intacto otros 20 años más - dijo uno de los invitados, que se animó a dedicarles unas palabras.
El crucero seguía haciendo su recorrido, estaban pasando por el Gran Abaco, una de las islas que se encuentran de paso. De pronto, Camila dispuesta a decir unas palabras se dirigió a la orquesta, mientras tocaban un jazz, pidió el micrófono a uno de los integrantes.
-Recuerdo aquel día en la universidad, donde solíamos pasarlo bien luego de la clase de la profesora Handerson, ya saben lo aburrida que era -rió. Amanecíamos bailando, cantando y charlando acerca de cualquier cosa. Siempre estábamos juntos, y disfrutábamos de la compañía del otro. Luego cada quien tomó su rumbo y ahora míranos, estamos celebrando 20 años de matrimonio. Felicidades a mis grandes amigos. -expresó con la mirada fija en Edward, dejando notar que moría por besar sus labios.
Pamela se limitó a sonreír. Sabía perfectamente las intenciones de su amiga, comprendió que fue una buena decisión haberse distanciado. En cierta parte sentía lástima por ella, pero en sus tiempos de adolescentes, Camila no podía disimular la envidia que guardaba muy recelosa, por haber perdido el corazón de quien ahora se encontraba al lado de otra.
Los aplausos se escucharon al unísono y la orquesta continuó el hilo musical. Se dispersaron por la pista de baile, unos danzando y otros cotilleando. En definitiva, sería una noche inolvidable.
Las cosas marchaban según lo planificado, de pronto, sucedió algo inesperado. El Mc Queen perdió toda la iluminación. Por unos instantes, todo se quedó en silencio, pero el pánico empezó a hacerse notar y la gente caminaba de un lado a otro sin saber a dónde ir. No se explicaban por qué sucedía aquello en un barco tan lujoso. El capitán del crucero informó que se encontraban navegando por el triángulo de las Bermudas, y para nadie era un secreto que existían muchas historias terribles, seguramente la mayoría habría escuchado alguna vez.
En esa zona, han desaparecido aproximadamente 50 barcos y 20 aviones sin aparente explicación lógica. Las naves de la marina desaparecieron en ese entonces, y los 5 aviones jamás fueron encontrados.
-Recuerdo aquel vuelo que llamaban el famoso "Vuelo 19" en 1945. -exclamó un invitado.
-Sí, qué lamentable. Pero a nosotros no nos pasará nada, aunque se dice que hay acumulación de gases que provienen de los volcanes marinos. El otro misterio son los alienígenas, según, tienen bases en el fondo del mar -espetó otro.
La iluminación se restableció poco después de que los invitados dialogaran entre ellos mismos, venciendo el miedo, tal vez, con argumentos científicos y teorías. El peligro había pasado.
Pamela muy asustada, por los nervios, llevó la mano a su pecho y al darse cuenta que ya no tenía el collar se acercó a Edward.
-¿Tomaste mi collar?
-¿Cómo se te ocurre preguntarme eso? ¿Qué estás insinuando? Si yo te lo di. Pudo haberse caído en la oscuridad, con los tropiezos. – respondió en tono alterado, poco usual en él.
Sorprendida, lo abrazó y rompió en llanto. Él intentó consolarla para evitar que perdiera el control. Ella miraba de un lado a otro, como buscando un culpable, entretanto, sintió en su hombro la mano de un hombre que, al darse la vuelta, descubrió que se trataba de su gran amigo Ascanio Serutti.
-¡Hola Pamela! ¿Qué ha pasado? -saludó con naturalidad.
-¿Qué haces tú aquí? -reclamó.
-Negocios. Ya me enteré que estás celebrando.
-¿Cómo te enteraste? -preguntó incrédula.
-Me lo dijo un pajarito, o en este caso, una pajarita -rio sarcástico.
-Y ella ¿no tiene nombre?
-Ya, dejemos eso.
Ascanio era un hombre de armas tomar, ambicioso, suspicaz. Con cierta debilidad para los negocios turbios, siempre estuvo enamorado de Pamela, desde la universidad. Sin embargo, ella lo veía como un amigo, de esos que están en las buenas y malas. Pero esta vez estaba confundida, no sabía en qué lugar estaba.
-¿Qué sucede? -insistió.
-Acabo de perder el regalo que me dio Edward -respondió sollozando.
-Ah, debe ser de mucho valor, para que te encuentres tan alterada.
-Sí. Es de mucho valor, pero sentimental, por nuestro aniversario de boda.
-Ya aparecerá, no te preocupes. ¿Avisaron a la seguridad del barco? dijo frotando su hombro.
Creo que sí -contestó, con más calma.
Edward solo observaba las atenciones de aquel hombre que quizás vio alguna vez, pero se le imposibilitaba recordar. Se acercó.
-¿Lo conozco? ¿Es usted amigo nuestro o más bien de mi esposa? preguntó con mal tono.
-Pues como lo ve, sí lo soy. Tenemos mucho tiempo conociéndonos, y a usted también ¿no me recuerda? -respondió de forma irónica.
Lo miró por un instante.
-¡Claro! Eres el hombre que siempre andaba tras las faldas de mi esposa. O no solo de ella, sino de todas las chicas que solían estar a su alrededor -mofó.
Ascanio hizo poco caso al comentario de mal gusto, dirigiendo su mirada a un lado, notando que se acercaba su prometida, Camila. Se acercó luego de hacerle una seña a su novio.
-Edward, Camila. Camila, Edward -acompañando sus palabras con un gesto. Ya conoces a la anfitriona, no tengo que presentarlas.
-Ya saludé, lo que no sabía era que estaban juntos -refutó Pamela.
-Nos enamoramos, fue como una chispa. Ella es muy hermosa ¿no te parece, Edward? -dijo Ascanio poco sorprendido.
-¡Salud! Por todos y para todos -exclamó Camila con una copa de champagne en sus manos dirigiéndose a Pamela.
-Estoy preocupada por mi valiosa prenda, no estoy para brindis, respondió de forma cortante.
Llegado el momento de la requisa, y con mucha vergüenza los pasajeros criticaban el momento, era algo de lógica que alguien había tomado el collar, pero la pregunta que todos se hacían era "quién haría eso". Reunieron a todos y la joya no apareció.
-Acompáñame a mi habitación, no me siento muy bien -dijo Pamela a su amiga, la cual aceptó con mucho gusto.
Caminaron hasta su aposento y la dejó allí, regresándose al salón. Camila quería seguir disfrutando de la velada a pesar de lo sucedido. Ascanio charlaba muy ameno con sus conocidos, vaya usted a saber qué se traía entre manos, mientras el barco estaba por atracar en la Islas de Las Bahamas, el trayecto pareció más corto. Entretanto, algo surgió de las aguas marinas, con muchas luces de colores que sorprendió a la mayoría de los pasajeros que se encontraban en la cubierta. Los colores eran muy intensos, haciéndolos sentir extraños, como si les permitiera ver todo diferente, parecían haber enloquecido. Los músicos comenzaron a tocar melodías sin llevar un ritmo específico, ya habían desaparecido de la vista de los espectadores, sin embargo, nadie explicaba por qué de repente algunos estaban besándose, abrazados en pleno salón, uno de los mesoneros comía y bebía de su bandeja sin control. Definitivamente algo no estaba bien.
Pamela que ya se encontraba mejor, salió en busca de Edward, pero no logró encontrarlo. Preguntándose dónde estaría, aun aturdida. En aquel momento las cosas no estaban muy claras, pues buscó también a Camila y no dio con ella.
-¿Por qué tan sola? -preguntó Ascanio de buena forma y educadamente al verla.
-No lo sé, estoy buscando a mi esposo -contestó con voz quebradiza.
-¿A tu esposo?
-Sí ¿o crees que te estaba buscando a ti? No tengo nada que ver contigo. -
En otros tiempos sí tenías que ver ¿recuerdas aquellos días en esa cabaña donde nos amamos sin control alguno? ¿ya no te acuerdas cómo te entregaste a mí? ¿Cómo besabas mis labios sin decir nada? Solo se escuchaban tus gemidos, y yo creí que me amabas, pero no. Para ti fue diversión, y nada más. Yo, sin embargo, quedé totalmente enamorado de esa noche, pero mucho más de ti. –
Ascanio era un hombre muy guapo y razonable. Pamela nunca vio eso en él, solo lo negativo, quizás como todo. Las personas cambian con el tiempo. En ese momento se sintió muy confundida, pues prácticamente estaba recordando todo lo que sucedió entre ellos, el encuentro amoroso que vivieron, para ver cómo reaccionaba, aprovechando el instante en el que se encontraba más vulnerable, apagada y triste.
Pamela le dio un abrazo a su gran amigo, como lo llamaba desde siempre, pero él no perdió la oportunidad para llevarla a su camarote, disimulando para no llamar la atención. La tomó entre sus brazos, besando sus labios nuevamente, colocándola suavemente en su cama, olorosa y enorme, previamente adornada con pétalos de rosas blancas y rojas, pues él sabía que eran sus colores favoritos. La habitación estaba repleta de flores, desprendiendo el aroma, perfecto para la ocasión. Lo había preparado todo. Se entregó a sus brazos, sollozando mientras abrazaba y besaba con locura a su amigo. Por un momento dejaron atrás lo ocurrido, entregándose al amor. Se sentían como si algo los hubiese drogado, quizás podría atribuirse a las luces que tocó muchos corazones secos de ilusión y pecados lujuriosos.
Mientras, en otro camarote, pasaba algo similar. Camila y Edward habían conversado, detonando una atracción parecida a un flechazo. Solo se miraron y ambos sabían que esa mirada ocultaba deseos de tener la mejor noche, el mejor sexo y la más inigualable aventura.
Todo parecía normal hasta que el barco sonó su primera alarma de llegada, mientras los pasajeros se alistaban para ir a retirar sus equipajes. Camila y Edward apenas despertaban un poco asombrados por lo sucedido, pero consientes de todo, con cara de felicidad, pues ambos necesitaban unir esa pasión desenfrenada que sentían a pesar de las consecuencias. Edward se acercó a su oído preguntándole, casi como un susurro.
-¿Eres así con tu novio? -
-¿Cómo así? -contestó.
Apasionada, fogosa, totalmente entregada, desenfrenada. -dijo
solo contigo me siento de esa forma eres único y lo tienes todo, me hiciste perder la razón y esto no queda aquí te lo aseguro Ed, nos volveremos a ver muy pronto -aclaró.
Edward con un poco de seriedad en su rostro, le acepta las palabras a Camila. Se despiden con besos, abrazos, cada uno con una sonrisa en los labios haciendo ver que la pasaron muy bien, que el recuerdo les quedará para una nueva cita amorosa llena de pasión y lujuria. Ya todo el salón estaba repleto de personas que hicieron su viaje por placer, negocios y en especial la celebración del aniversario de los esposos Long Harrys. Aprovechando el momento, Pamela agradece a todos por haber asistido a la fiesta llevando muchos recuerdos en su corazón, prometiendo olvidar todo lo sucedido. Sus ojos brillaban de alegría, felicidad motivado al reencuentro con muchas personas que tenía tiempo sin ver, pero sabía que siempre estarían allí.
-Disfruten su estadía en esta adorable isla, la cual, ya hemos visitado con la familia, les digo es un encanto.
Recordó algo que faltó por hacer, para cerrar con broche de oro. Enseñó a todos el collar de diamante que se había extraviado y todos aplaudieron contentos. Sin embargo, quedó la pregunta en las mentes de muchos "¿quién tomó el collar de diamantes?" y "¿cómo fue a parar en manos de Pamela nuevamente?". Todas esas preguntas las tenía Edward también en su cabeza, pero la pregunta que aún no tiene respuesta es ¿cómo lo encontró ella y no los de seguridad? En algún momento, él tendrá que averiguar todo eso.
Ya en el Hotel les dieron la bienvenida a los huéspedes con agasajos, brindis, comida, bailes entre otros entretenimientos, fue un gran recibimiento de parte del Hotel Bahamas Paradise. Un lugar exquisito con mucho que ver y disfrutar, excelente, hermoso el lugar para pasar unas vacaciones inolvidables. Edward y su esposa subieron a su habitación, muy contentos de estar relajados allí, aprovecharon la ocasión para llamar a sus hijas, Violett y Catherine. El dormitorio tenía una vista al mar y los jardines eran impresionantes, contaba con una terraza llena de plantas de exterior resistentes al sol y al calor, una mesita con dos sillas para tomar el té en las tardes. El papel tapiz de las paredes combinaba con las cortinas de tela satinada.
-¿Cómo fue que apareció en tus manos el collar? Explícame - preguntó Edward, esperando que le aclarara sus dudas.
-¿Y tú dónde estabas? Te busqué, no pude hallarte -
-Quiero saber todo lo sucedido, estoy en mi derecho -espetó.
Ella dio media vuelta y abandonó la habitación, dejando sus palabras en el aire. Edward se preguntó ¿qué pasaba, pues no parecía la misma?
La brisa suave de la madrugada estaba un tanto fría, la luna se veía a lo lejos, casi sonriente. Para Pamela todo había sido como un sueño. Nunca se imaginó volver a ver y estar con Ascanio, en sus brazos musculosos que a ella le fascinaban. Siempre llamó su atención los hombres corpulentos, llenos de energía, y que la envolvieran en una vibra positiva. Estaba viviendo un sueño donde saciaba todo su cuerpo, recorriendo cada poro. Con la satisfacción de poder sentirse viva. Mientras abrazaba la noche, veía la luna haciéndola cómplice de sus pensamientos. El hotel estaba rodeado de muchas flores, árboles que hacían figuras con sus sombras. La noche se prestaba para la pasión y la seducción. Sin caer en cuenta dónde y con quién pasaría la primera noche.
Llegó la hora de cenar, se disponía a las 07:00 de la noche en el gran y lujoso comedor, con una decoración impecable. Se sirvió el banquete, mientras todos charlaban, otros bebían algunas unas copas. A lo lejos, se podía percibir una melodía muy suave que envolvía el momento como un velo azul con caricias blancas y romanticismo. Al terminar, todos se retiraron a sus habitaciones para descansar.
A la mañana siguiente apareció el rey del día, el sol estaba intenso, se sentía muy cálido el ambiente. Todo un paraíso, se escuchaba el canto de los pájaros, llamando la atención de los turistas pues era como un coro. En el comedor del jardín, se encontraban Camila y Ascanio con un par de amigos, se veían muy contentos, disfrutando del desayuno. Intercambiando unas que otras palabras de negocios, sus carcajadas se oían a distancia.
Edward y Pamela tomaban el desayuno cuando la pareja apareció muy radiante, tomados de la mano. Ascanio notó algo extraño en ella, su reacción no fue apropiada después de lo sucedido, pero debían disimular, lo que pasó en el barco se quedó allí. La miró y pensó "¿será que olvidó que se estremeció de placer en mis brazos?". Pamela sostuvo su mirada, fue profunda e intensa, llena de deseo, casi la delata. Confirmándole a su amante que esa noche debía repetirse, ambos estaban seguros que así sería.
A las afueras del jardín, se encontraban algunos huéspedes fumando sus habanos. Alrededor se apreciaban las flores blancas, el verdor de la grama y una gran laguna a unos metros de distancia. Entre ellos, podía verse al señor Jhon Thomas, amigo de confianza de Edward, el responsable de las finanzas de la compañía, y junto a él, su asistente Caroline Ricks, una mujer de temple hecha para ese trabajo. Muy firme en sus decisiones, talentosa, con una sonrisa tranquila y piernas largas que llamaban la atención de cualquier hombre, pelirroja. Lleva todo el control de sus actividades como empresario, pues tenía muchos años trabajando de la mano con Edward. Sin embargo, nunca había pasado nada fuera de lo usual, aunque a ella no le faltaban ganas. Lo tenía todo, belleza e inteligencia y su larga cabellera la hacía ver más interesante.
Pasada la mañana, los esposos Long se encontraban disfrutando de la piscina y sus comodidades, aprovechando que hacía un buen día.
-¿Cómo te sientes? -preguntó Camila, acercándose a Pamela.
-Mejor, gracias por lo que hiciste en el barco por mí. –
-Tranquila, lo hice por ti, por nuestra amistad, aunque ya no seamos tan unidas. Ya pasó. ¿Cuánto tiempo estarás en el hotel? -expresó.
-Pues, estimo estar tres días. Dejamos a las niñas con mi madre - contestó con una sonrisa.
Siguieron charlando de los viejos tiempos hasta que el sol se ocultó.
Ya pasadas las 08:00 de la noche, los invitados se arreglaban para el baile de bienvenida, estaba programado en el protocolo del hotel. Como motivo principal tenían celebraciones de cumpleaños, aniversarios y entre otros muy especiales. La tarjeta de invitación estaba bien redactada, la presentación magnífica, hecha con un material muy delicado. Con letras doradas, anunciando el baile de máscaras.
Llegó la hora donde resaltaba la elegancia y etiqueta, cada uno con sus máscaras, enviadas previamente por parte de los encargados del hotel. Pamela llevaba un vestido azul intenso, su brillo era como el cielo lleno de estrellas, titilando con muchos destellos, ceñido al cuerpo. Su collar de diamantes lucía aún más impresionante. Solía cuidar mucho su silueta, se mantenía casi a la perfección, formaba parte de su rutina diaria. Cuidaba su alimentación, se ejercitaba y su cutis para mantenerse radiante. Mientras Edward esperaba a su amada esposa, se impresionó cuando la vio tan hermosa. Acercándose para tomarla de la mano, la abrazó y besó. Ella se incomodó un poco, tenía puesto el antifaz, pero todos sabían que era ella. La reconocieron al instante.
Transcurrían las horas, Ascanio como siempre platicaba con sus amigos. Era un círculo pequeño. Su novia lucía muy glamorosa, llevaba un hermoso vestido negro que resaltaba su esbelta figura, dejando atónitos a todos con su belleza. El jazz de fondo daba un ambiente más ostentoso, la voz inigualable de Eloise Thompson, una mujer de piel oscura, tersa y brillante, era como escuchar a los ruiseñores en momentos armoniosos.
El baile continuaba, todos disfrutaban el momento usando las máscaras y antifaces diligentemente.
De pronto alguien interrumpió la música, era el Sr. Ascanio Serutti quien diría unas palabras, todos se extrañaron, tomó el micrófono en su mano llamando la atención de todos.
-Amigos en esta ocasión, quiero hacer un brindis por todos los que estamos aquí y en especial a mi gran amiga Pamela y a su distinguido esposo, Edward Long, por este momento inolvidable que hemos disfrutado en este viaje, les deseo mucha suerte, felicidad y lo que haya sucedido, queda en el olvido, disfrutemos de esta gran fiesta.
Pamela quedó casi sin aliento, pensó que Ascanio haría cualquier desatino, pero luego respiró más tranquila al darse cuenta que el discurso había acabado exitosamente para ella.
Las miradas se cruzaban tras los antifaces, las copas para algunos, ya se hacían sentir en la cabeza, la noche pasaba lenta, como midiendo el tiempo, la música embriagaba los sentidos, haciendo mover lentamente sus cuerpos.
Camila reía a carcajadas escuchando algunos relatos, anécdotas de los amigos, mientras Edward estaba pidiendo una melodía para bailar con su esposa, fue un gesto hermoso de parte de él, pues ella se sentía en las nubes, la felicidad irradiaba en cada uno de sus movimientos, al terminar la melodía, Ascanio se le acercó, dice unas palabras, pero Ed se retira educadamente, dejándolos solos.
Ascanio, aprovechando el momento le dice a Pamela.
-Salgamos un rato, vamos a tomar un poco de aire, pero antes llenemos nuestras copas, están casi vacías.
-¿A dónde iremos? Pregunta ella un poco nerviosa, pues Edward se encontraba cerca y no quería tener problemas con él.
-Tranquila solo disfrutaremos un poco de esta hermosa noche tan brillante como tú, y ya queda de nosotros que pase algo más ¿no te parece? querida.
Las miradas de ambos comenzaron a tener un sentido de imaginación, se les notaba el deseo de estar juntos. Ascanio la miraba con mucho morbo, recorría su cuerpo con los ojos llenos de pasión, deseando el momento preciso para disfrutar nuevamente de todo aquello que dejó ella marcado en su piel, sin olvidar lo apasionada que es.
Pamela observando la situación y sintiéndose un poco tensa, le sugiere regresar, pero él la toma de su brazo con un poco de fuerza y la lleva hasta rozar su pecho varonil, ella sin poder zafarse de Ascanio, lo miró atentamente preguntando.
-¿Vamos a mi habitación? quiero volver a sentir todo aquello que sentimos en el barco, en mi camarote ¿lo recuerdas? sentí estremecerte en mis brazos, estrechamos nuestros cuerpos con mucha pasión.
-¡Claro que lo recuerdo! fue hermoso, pero también inesperado, necesitaba recuperar mi collar de diamantes o ¿se te olvidó?, eso fue el precio que tuve que pagar, para recuperarlo.