Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > La Amante del CEO.
La Amante del CEO.

La Amante del CEO.

Autor: : B.G. Wells
Género: Romance
Erin es la amante del nuevo CEO de la más grande exportadora de vinos a nivel nacional, es bien sabido por todos, pero ¿Esa pasión logrará convertirse en algo más o pondrán a los negocios por sobre los sentimientos?

Capítulo 1 Uno.

Jasper Horant se levantó esa mañana con la sensación de haber logrado algo grande, pero no sabía el qué. Tenía cierto sentimiento en el pecho que no lo dejaba respirar de manera normal.

Se alistó como siempre con un traje para asistir al trabajo, ya que al ser jefe de una de las exportadoras de vino más grandes de Stratfour, todo venía complicándose cada vez más en cuanto a los horarios, no porque tuviera que quedarse doce horas, sino porque debía asegurarse de que cada pequeño detalle funcionara de manera correcta.

Tenía muchas responsabilidades en sus manos, de él dependían muchas de las cosas que dijo que nunca lo harían, pero de cierto modo, aquello era por un solo propósito, volverse famoso, un poco más millonario y ser la comidilla de la gente, eso era bastante usual para él.

Se había esforzado por muchos años para poder estar allí.

Salió de la habitación y observó que quien le esperaba fuera era su esposa, ataviada en un vestido blanco que caía hasta un poco más abajo de las rodillas, tenía una tela delicada parecida al tul, pero de verdad era airado y con solo un poco de volumen en la parte inferior. La mujer iba maquillada de la mejor manera que podía hacer por su cuenta y todo en ella indicaba que se había esforzado como siempre en ser la única y perfecta señora Horant, siempre lista para brillar en cualquier situación.

Ella le sonrió y entonces le dio un beso en los labios, todo esto mientras la sirviente veía desde atrás la escena, esperando que el señor tomara asiento en la mesa para poder servir su comida, ya que no había otra cosa que odiara más que el simple hecho de que lo que iba a comer estuviera frío.

Ya le había sucedido un par de veces que servía la comida y él no aparecía sino hasta veinte minutos después, lo cual era una total tortura.

Cuando los dos tomaron asiento en el comedor, la mujer con el uniforme de empleada doméstica empezó a servir sus platos de la mejor manera que sabía, buscando solo agradarlos. Una vez hecha la tarea, se retiró de allí, pero bien sabía que si llegaban a necesitar algo, a quien llamaría sería a ella.

Inmediatamente después de que la sirviente se fue, Sylvia cambió de actitud, pues se centró en su teléfono celular, como hacía la mayor parte de las veces, el juego de ella era ser perfecta ante todos, pero en la intimidad era solo una farsante, ella no quería estar con su esposo, lo trataba como a un animal de compañía, si era propio mencionar.

-Sería muy bueno que me miraras aunque fuera por una vez desde que estamos casados, de hecho, sería maravilloso poder conversar como personas adultas, pero en cambio estás allí, ignorándome incluso ahora, como si no estuviera hablando contigo- expresó el hombre, sintiendo que su rostro estaba rojo de ira, es que estaba harto de ser tratado como a un adorno.

La mujer entonces volteó y apenas lo miró de reojo, sin embargo, tomó una fresa entre sus labios, la mordió y le guiñó un ojo al más alto.

-No te estreses tanto, Jasper, un día de estos terminarás en emergencias por un ataque cardíaco- le respondió ella, levantándose de allí después de comer una rebanada de pan integral con mantequilla de almendras y varias fresas.

Se llevó consigo su jugo verde en un termo muy bonito de acero inoxidable, pero ni siquiera volvió a mirarlo en todo su recorrido.

Jasper en serio quería un poco de cariño, si bien, su familia lo tenía acostumbrado a algunos mimos, el hecho de que la mujer con la que se casó, independientemente de si era o no una empresaria exitosa, lo ignorara, le hacía sentir inferior, como si no valiera nada.

Bien sabía que eso era lo que quería, que no soportara más tal situación y solo pidiera el divorcio, pero era algo que no estaba en posición de hacer, definitivamente no quería hacerlo cuando su negocio de vinos estaba tomando auge internacional debido a su apoyo económico, así que hacer tal cosa era algo tonto, pero se mantenía allí por algo de orgullo también, y de que no quería causar polémica bajo ningún concepto.

Jasper podía ser de todo, pero no era un hombre que peleara, que se la pasara haciendo cosas en las que no debía de estar involucrado, era alguien a quien le gustaba hacer las cosas por la vía legal, tenía muy fuertes convicciones sobre la vida.

Jasper solo pasó una mano por su rostro, luchando internamente por no explotar, pero vaya que quería hacerlo, estaba desesperado por decir algo, hacer algo, pero no era ese tipo de personas, así que solo se calmó un poco respirando profundo hasta recuperar su color natural.

Varias veces ya había querido golpear cada cosa frente a sí, pero tenía muy en claro que eso solo lo hacían las bestias, los hombres que no se sabían controlar, y definitivamente él no era uno de esos.

Terminó de desayunar en soledad y entonces se levantó de allí, dejando todo tal cual. Tomó su maletín de negocios y salió de la casa, recorriendo el amplio pasillo hasta la puerta principal. Al estar fuera, miró que el jardín necesitaba un poco más de podado, ya no le gustaban las formas que se les había dado el mes anterior.

Caminó hasta su auto y subió en el, pudiendo ver a Sylvia desde allí, la cual estaba en el área de la piscina, dentro de la casa, detrás de las puertas transparentes. La mujer se hallaba ya en un bikini demasiado revelador, y cualquiera que la viera en esos momentos podría jurar que en realidad su vida sexual era activa, pero no la había tocado siquiera la primera vez, ella nunca le prestaba la más mínima atención, y eso aunque lo estresaba un poco, no significaba demasiado, solo tenía una amarga sensación cada vez que pensaba en ella y en su matrimonio arreglado por conveniencia.

Salió de la casa conduciendo a la velocidad estimada, con su cinturón bien puesto y los ojos en la carretera, odiaba a la gente que sacaba sus celulares en plena vía, en plena reunión, en plena cita, eran cosas que no debían de hacerse bajo ningún concepto.

Era una tremenda falta de respeto que hicieran esas cosas, como no prestarle atención a una persona que por lo menos pasaba tiempo contigo o solo se conocían de un rato, debía de haber cierto respeto por las dos partes.

Sin importar el tipo de objeciones que tuviera la gente, de todas maneras se debía de respetar a los demás por lo que eran y no por lo que pudieran tener.

En eso iban sus pensamientos cuando de repente vio la entrada de la finca en la cual tenía el viñedo, era demasiado hermoso el paisaje, era lo único que lo mantenía en pie, siendo que era su mayor orgullo, y es que los vinos eran demasiado buenos, de eso era más que consciente, así que una vez más se sentía inspirado por este.

Se adentró en la fábrica y entonces vio a su querido personal, el cual como siempre lo saludó con toda la cortesía que se podía tener para que se sintiera cómodo. Su mano derecha, Parker, era uno de los hombres más brillantes a los que había conocido, de manera tal que este siempre se encontraba en posición de ayudar a su jefe, sabía cuál era su lugar y le gustaba mucho estar allí.

Como siempre, la idea era que se estuvieran un rato preparando lo que la gente podría pedir en el viñedo, ya que el vino que se hacía allí era de degustación, acompañado por un muy rico queso que hacía la diferencia en una degustación como esa. También tenían del tipo champanizado, así que daban visitas guiadas para que las personas que quisieran conocer el proceso de hacer vino tuvieran un rato diferente en lo que era la rutina de la vida, la cual podía ser un tanto agotadora a veces.

Se supone que ellos brindaban que las personas pudieran estar desconectados totalmente de su entorno, de sus familiares y obligaciones laborales mientras estuvieran viviendo la experiencia de estar en la exportadora con auge más grande en los últimos tres meses de todo Stratfour, y llevaba el mismo nombre la etiqueta de la marca, porque quería que se supiera de dónde provenía para sentirse orgulloso de sus raíces.

No todas las personas pertenecientes a ese lugar habían logrado tanto como su negocio en la actualidad, y de verdad se sentía increíble que así fuera. Ahora que se había logrado algo que de verdad pudiera generarle ingresos más grandes de lo que hubiera visto nunca en la vida, entonces sabía que todo su trabajo por fin estaba dando frutos.

Si bien, necesitaba la mayor parte del tiempo que las personas colaboraran aunque fuera solo un poco con lo que fuera ser parte de su negocio y brindarle aunque fuera algo de publicidad, por lo menos se estaban encargando de hacer que los próximos clientes estuvieran satisfechos con su servicio porque no esperaban menos.

No siempre se encontraban allí dispuestos a que algo sucediera, sin embargo, debían de cuidarse las espaldas, y por eso la seguridad era una de las cuantas prioridades del negocio, ya que dentro tenían tanta mercancía exquisita y muy exclusiva.

No todas las personas que tenían un viñedo lograban hacerlo famoso, peor en su caso, los vinos habían podido llegar incluso hasta los mejores lugares de turismo en el mundo, en los focos de atención, y varios países les habían sacado propagandas de televisión, era simplemente magnífico.

Jasper se encontraba con una sonrisa en sus labios mientras celebraba con Parker lo que Stratfour Wines había conseguido hacer en tan poco tiempo que llevaban en una nueva administración, que sin duda había mejorado demasiado.

El esfuerzo que había tomado la inversión inicial, ya se lo había pagado hacía un tiempo, y no había nada más satisfactorio que saber que se estaba haciendo algo bueno por los demás a la vez de que un negocio propio se estaba nutriendo de todo lo que pudieran necesitar para generar progreso.

-Jefe, en serio me siento muy satisfecho con haber logrado ganar un premio en la cata de ayer, fue increíble ver la cara de los jueces ante nuestros productos, en serio tiene que venir a la próxima competencia- insistió su mano derecha, quien se veía en extremo emocionado por estar logrando lo que tanto había querido desde pequeño.

-Sabes que si tengo tiempo, siempre haré un esfuerzo por ir a las competencias, pero si no sucede, es porque algo más me atrasó, ya te lo he dicho antes. Yo también me siento feliz con todo el auge que ha estado tomando la marca, es genial-.

En algunas oportunidades, lo que se presentaba ante las personas eran meras oportunidades que debían de tomar o por el contrario, irse a casa. En el caso de ellos, lo que hacían siempre era tomar el tren por muy equivocados que estén.

Cuando el hombre le dio a probar una de las nuevas combinaciones de vino champanizado, lo que hizo fue sorprenderse gratamente, ya que tenía un sabor distinto, uno que no sabía artificial, uno que lo había cautivado desde que lo olfateó por primera vez.

La explosión de sabores que su boca experimentó en ese momento no fue normal, así que sus ojos se abrieron como platos, sintiendo que aquello de verdad era exquisito en todo sentido.

Estaba tan orgulloso de que las cosas estuvieran funcionando que solo brindó con su empleado e instó a los demás miembros de la fábrica a que se esforzaran un poco más para darle mejores sabores al mundo, algo que les volara la cabeza por completo.

Si bien, a pocas personas en el mundo no les gustaban las bebidas alcohólicas, incluso sentía que esas amargadas podían disfrutar de algo como eso, lleno de sabor por doquier.

Los empleados solo asintieron, sabiendo que de un momento a otro podrían solo aceptar la situación en la que estaban y mejorarla de la mejor manera posible.

Jasper entonces fue hasta la oficina administrativa, la cual tenía varias oficinas en una peor la más grande y la principal era la suya.

Se sentó en la silla del escritorio y sacó algunos papeles que debía de firmar para poder estar seguros de estar haciendo lo correcto. Luego de dar su permiso para que ciertas cosas fueran llevadas a cabo, por lo menos tuvo un rato libre en el cual almorzó, y luego de esto, leyó una de las cartas mezclada en la correspondencia.

Era la invitación a una fiesta exclusiva de gente emprendedora, y a su vez personas de mucho nivel monetario queriendo ver lo que los demás llevaban a cabo.

Esa era una de las ferias a las cuales había estado queriendo entrar desde que cumplió la mayoría de edad, sin embargo, saber que ahora era más que posible lo llenaba de mucha emoción. Ahora por fin lo tomarían en cuenta como un empresario, como lo que siempre quiso ser.

Al estar de algunos doce años, su madre había visto en él algo más allá de solo curiosidad por cómo la gente podía beber tanto, se preguntaba por qué les gustaba dicha bebida si sabía asquerosa, y la respuesta era simple, porque estaba demasiado de moda y todos seguían a los demás sin importar si los gustos so un asco.

Al ver que podía tener tanto éxito, lo que hizo fue solo pensar en lo importante que podría volverse si tan solo montaba una venta de licores, y eso su padre dijo que no, que hiciera algo mucho más sofisticado que eso, ya que de alguna manera, ellos siempre lograban tener dinero, los de arriba, y ellos nunca harían algo como lo que él pretendía.

La idea del viñedo se la dio su madre, quien en una conversación mencionó cuánto había amado su visita a través del viñedo, en el cual se sentía de lo más libre del mundo. Tomó la palabra de su madre, y se dio cuenta de que no era una mala inversión, pues total, la gente que iría sería porque estaba aburrida y quería hacer algo por el estilo, cosa que solo podían hacerlo las personas adineradas, y mientras más personas fueran, mejor sería.

Las letras que leyó en las cartas de correspondencia eran casi siempre las mismas, así que ya no había nada importante, por lo que las dejó caer en el cesto de basura y solo se dedicó a prestar atención de nuevo a su trabajo.

También revisó gran parte de sus redes sociales y su correo electrónico, ya que debía de asegurarse qué tenía que hacer aparte de ir a esa dichosa fiesta la noche siguiente.

Tragó saliva con fuerza, pensando en lo que haría una vez que llegara a ese lugar, pues a veces se sentía de lo más solitario aunque no lo fuera, era algo contradictorio, y nadie quería estar en su lugar cuando algo malo sucediera.

La emoción recorría su cuerpo entero con una electricidad demasiado satisfactoria para ser verdad. Ese evento sería el inicio de una nueva etapa, lo podía sentir.

Capítulo 2 Dos.

El café comenzaba a gotear en la máquina de hacer espresso, y la mano de Erin Jankowski fue la que tomó la taza con el producto final para vaciarlo en la leche de almendras que tenía ya preparada en su vaso que tenía forma de frasco.

Bebió el resultado, ya que era un café frío, por eso los hielos, le gustó demasiado lo que sus papilas gustativas probaron, de manera tal que solo se quedó allí pensando en lo maravilloso que era tener esa gran bendición cuando se levantaba, era lo único que le daba la energía necesaria para comenzar el día.

Por supuesto, estaba más que dispuesta a salir de la habitación de hotel, sin embargo, tenía muy en cuenta que eran casi las dos de la tarde, se levantó muy tarde porque estuvo trabajando en su laptop hasta las cuatro de la mañana.

Su horario de sueño se había destruido por una publicidad que tuvo que hacer para sus jefes más exigentes. Se trataba de un aviso publicitario para una empresa de venta de electrodomésticos.

Su trabajo se basaba en hacer publicidad, marketing y también un poco de diseño gráfico. A veces le gustaba dibujar, pero lo tenía más como hobby que como un empleo.

Se sentía una mujer más que suficiente para enfrentarse a lo que se le pudiera venir encima, era sumamente responsable con todo lo que se proponía y siempre conseguía sus objetivos.

Erin tenía un carácter bastante marcado, podía llegar a ser amargada para algunas personas, pero eso poco le importaba mientras pudiera ser ella misma, y es que en muy repetidas ocasiones los demás habían confundido su aparente amabilidad con los hombres con coqueteo, cosa que algunas veces era cierta, pero no todos los días.

A pesar de que se le pudiera otorgar algo de gracia en el hecho de que no molestaba nadie, de todos modos debía de pensar en lo que era bueno para ella, y eso era lo que hacía por lo general, aunque pudiera sonar egoísta, solo así se había mantenido con vida.

Su madre la crio con todo el amor que pudo darle, sin embargo, la batalla contra el cáncer la venció años atrás, cuando tenía veinticinco, cosa que todavía la llenaba de tristeza, peor la recordaba con un muy bonito sentimiento.

Su padre era dueño de un pequeño local de venta de comida asiática, a pesar de no tener nada que ver con la cultura, solo lo empezó por la popularidad de aquellos platos en la población en general, pero los empleados sí eran de esta raza.

Como siempre, las personas podían decidir sobre sus futuros, y ella no era la excepción, en realidad quería demostrar lo preparada que estaba para enfrentar al mundo, no solo con sus avisos publicitarios, sino con su manera de ser, la cual bien sabía que era más que posible que vieran y la contrataran, ya que su carisma de algún modo atrapaba a la gente, pero no a todas.

Hubo veces en las cuales le dijeron que era una simple amargada, ya que su cara parecía estar molesta todo el día, entonces trabajó arduamente para que ya no pensaran en ella de esa forma. Hizo lo posible para que los demás la percibieran como una chica de bien que solo quiere brindar un buen servicio.

Una vez que salió de la habitación de hotel, se dirigió hasta una empresa de telecomunicaciones que estaba abriendo entrevistas a nuevos empleados para poder tener un mejor rango y mucho más reconocimiento en cuanto a los servicios que ofrecían, de manera tal que solo necesitaban mucho más flujo de gente que se interesara por lo que ofrecían.

Entre esas chicas estaba Erin, quien hizo lo posible por arreglarse lo más decente posible, ya que en serio quería el empleo, llevaba alrededor de dos días en ese hotel buscando anuncios en línea que le dieran a entender que podía conseguir cualquiera de esos empleos, sin importar demasiado el cargo, ya que estaba en situación crítica, y se había ido de la ciudad en la cual residía, eso era mucho peor.

Su padre estaba en esa ciudad todavía, buscando progresar, pero ella bien sabía que si quería triunfar, allí no lo haría, por muy triste que le pareciera. Tuvo que irse por la seguridad de su propia vida, ya que no quería depender de su pobre padre que se mataba trabajando, gastándose la vida en ello y solo conseguía a duras penas sobrevivir el mes.

Sabía que ya no presionaría a su padre, lo dejaría ser como siempre había sido, alguien que le pone empeño a las cosas que hace, amor por sobre todas las cosas y demás valores que se quedaron arraigados en su ser, enseñándolo a los demás como podía.

La chica entonces fue la siguiente de la lista, pasó a la entrevista, y los que estaban allí la miraron como si se tratara de un bicho raro que solo buscaba algo de atención.

Se sentó en la silla y comenzó a hablar sobre sí misma, le encantaba hacer eso, decir la trayectoria de su vida y carrera, en qué era buena y todo lo que había hecho para llegar hasta allí.

Los hombres que se encontraban detrás del mostrador con trajes de oficina, solo la escucharon dos minutos y comenzaron a tomar notas.

Luego de la presentación, le dijeron que estarían llamándola en el transcurso de la semana para confirmar si había sido admitida como personal fijo. Por supuesto, las cosas no salieron como ella lo planeó, a pesar de haber puesto su vida en orden, así que mucho no podía quejarse.

De repente, cuando llegó de nuevo a su habitación de hotel, vio que bajo la puerta había un sobre, y cuando lo abrió, se dio cuenta de que se trataba sobre una invitación a una fiesta de enjundia, y a ella solo la dejaban asistir porque ya había estado en varias en compañía de amigos y demás, aunque esa vez solo era por ser inquilina del hotel, pues la fiesta sería en el lobby, el cual era muy elegante, tal cual se exhibía en las fotografías que llevaba dentro el sobre.

Pensó en que esa era su oportunidad de encontrar a algún empresario que quisiera invertir en su negocio, pues quería crear una página web en la cual pudiera vender diferentes tipos de mercancía referentes a virtualidad, además de ser la principal vía por la cual esa página web llegara a la cúspide, peor tenía que buscar a alguien que quisiera invertir, pues estaba casi en cero.

La fiesta tendría lugar esa misma noche, de manera tal que se puso manos a la obra, comenzando a arreglarse desde ese momento, ya que era crucial toda la preparación que llevara para verse despampanante.

Se metió a duchar con la mejor precisión que pudiera, ya que en serio quería conocer a algún hombre o mujer que estuviera interesado o interesada en su proyecto, pero no tenía idea del tipo de personas que se presentaría esa noche en el lugar, y es que podían ser desde gente de mucho poder hasta solo personas a las que no les interesara para nada lo que fueran los negocios y solo estuvieran ahí por el licor, ya que habían algunas bebidas gratis.

Erin de todas maneras se sentía un tanto triste porque sabía que tenía muy pocas oportunidades de conseguir algo que en realidad funcionara, que le llamara la atención lo suficiente como para que le dejaran dar su discurso completo de proyecto, y aunque era un tanto tonto dar ese tipo de información a la gente que estaba más que concentrada en otro tipo de cosas, por lo menos se entendía que estaba tratando de hacer algo útil con su vida más allá de solo estar en busca de un empleo normal, y aunque era lo que estaba haciendo bajo la desesperación de lo que estaba viviendo, tenía muy en claro cuáles eran sus metas.

Quería lograr ser una mujer exitosa, que todo lo que pudiera encontrar allí fuera lo mejor, que en serio la gente la tomara en cuenta para todo tipo de negocios y que además la respetar por lo que era, no que solo quisieran abusar de la calidad de sus servicios y ya luego no les importara más lo que pudiera pasar con su persona, cuando nada de eso era justo.

Dos horas después ya se encontraba listo, solo debía colocarse un poco de maquillaje y estaba lista para salir.

Para eso ya eran alrededor de las diez de la noches, y es que la cola para que la entrevistaran había sido demasiado larga, y de verdad estaba completamente cansada de recorrer lugares sin una respuesta clara y concisa para el trabajo.

Por supuesto, no tenía ningún tipo de experiencia en otro tipo de trabajos, pero ya no estaba para jugar, ella en serio quería hacer lo que mejor le salía, que era luchar con lo que pudieran pagarle y que en serio la respetaran, no pedía demasiado, ya que cumpliría con cada cosa que le pidieran, por muy difícil que le sonara.

No era una mujer irresponsable, por eso era que tenía que esforzarse.

Quería ayudar a su padre como este había hecho con ella toda la vida, y ahora le tocaba devolverle todo el amor, todos los mimos, todo lo bonito, incluyendo la abundancia. Sobre todo la abundancia era el tema que más le preocupaba en el mundo, necesitaba hacer algo para poder solucionar lo que de verdad pudiera en el día y hacer que su padre ya no pasara trabajo alguno.

Algunas veces, las cosas se podían poner un tanto fuertes en cuanto a encontrar soluciones a los problemas, pero también debía entenderse que las cosas podían complicarse cuando no se estaba buscando algo más allá de lo que la vida les diera.

En cambio, ella tenía una sed enorme de encontrarse cara a cara con la adrenalina, con lo crucial, quería lograr todo tipo de metas en su vida, quería sobre todo ser una persona exitosa que le demostrara a los demás que siempre se podía hacer algo mejor, ser la esperanza donde no la había.

Muchos chicos pensaban que no tenían oportunidad solo porque en sus vidas les tocaron cosas complicadas, pero la vida de nadie era lo suficientemente sencilla como para no contener errores, eso era un tanto fuerte de entender, pero una vez que se hacía, la perspectiva sobre lo vivido era otra, una mejor, una más dispuesta al cambio y al triunfo que a las caídas y a las malas rachas.

Durante unos buenos segundos, ella estuvo observándose al espejo, y es que su figura ya no era tan despampanante como solía serlo hacía dos semanas, ya que la comida que había ingerido era muy poca, era menos que poca.

No era que estuviera pasando hambre, pero la mayor parte del tiempo se le olvidaba comer o estaba muy ocupada como para hacerlo, y era lo peor que podía pasarle, estar de mal humor y luego caer en cuenta de que solo era porque no había comido nada en largas horas, ya que después de eso, las cosas cambiaban para mejor.

Después de comer se le podía ver sonriendo como si nada, como si de verdad funcionara el mundo de esa manera. Sabía que a algunas personas les podía pasar algo así, por eso antes de responder mal, pensaba en si tenía hambre, y si la respuesta era cierta, entonces diría con todo el gusto del mundo que se esperaría a comer para poder contestar, antes de que algo peor pudiera ocurrir.

Algunos de sus profesores de diferentes materias le habían dicho que tenía exceso de sueños, de metas muy grandes para alguien de un lugar tan poco exitoso y pequeño, sin embargo, eso solo le dio motivación, ya que quería lograrlo a como diera lugar.

Ahora que se encontraba fuera de ese dichoso lugar, se podía decir que era un gran avance, y ya solo con eso se tenía la manera de encontrar las maneras de hacer bien las cosas.

Al verse de nuevo en el espejo por una última vez, vio que en realidad era una mujer muy sensual a pesar de haber bajado al menos un kilo desde que se había visto antes de salir de casa.

Era hora de enfrentar a sus demonios cara a cara y venderse como idea y como persona si eso era necesario para hacer que alguna persona le prestara la suficiente atención.

Aunque debía de tomar en cuenta que algunas de las cosas podían no salir bien, de todos modos estaba dispuesta a que los demás hicieran cosas que se pudieran ver incluso un tanto mal.

Ella estaba más que dispuesta a todo lo que ele tenía deparado el futuro, así que bajó con toda la confianza que su cuerpo le permitió, no sin antes haberse tomado una crema de vegetales que calentó en el microondas.

Estaba muy feliz con lo que iba logrando, que aunque no fuera mucho, por lo menos ya no estaba en el lugar tan pequeño en el cual vivía, así que las oportunidades allí en esa gran ciudad debían de ser mucho mayores también.

Se acarició el cabello al entrar en el lobby, con toda la confianza en sus tacones de aguja color plata. Varios hombre voltearon a verla, y con esos, también algunas mujeres, y aunque sabía que llamaba la atención, trató de no ir inmediatamente a hablar con nadie, sino que fueran ellos los que se dirigieran a su camino para poder entablar conversación, era así de simple o nada.

Había aprendido una o dos cosas sobre lo que tenía que hacer para que se pudiera por un momento comprender lo que era la atención del ser humano y cómo atraerla, peor en un principio era impactar de manera visual, ya fuera con un buen físico, con buena ropa o con buenas cosas para decir.

Había diferentes maneras de llamar la atención de los demás, ella lo sabía bastante bien, sin embargo, en ese momento solo quería objetivos en específico.

El primero en llegar fue un hombre alto y de al menos unos cincuenta y tantos, conversaron un rato, pero no llegaron a nada porque este solo quería sexo casual, mientras que ella no. La chica siguió buscando con la mirada a cualquier persona que le pareciera interesante, pero no quiso por nada del mundo ir a hablar con los vejestorios que podían tener dinero, eso ya era sospechoso.

Pidió un trago en la barra libre y le dio un sorbo, dándose cuenta de que se trataba de un vodka con naranja, le gustó mucho.

Colocó el vaso de vidrio en la barra, mirando los hielos con atención cuando escuchó una voz detrás de sí que le habló, dejando que su subconsciente se sintiera un tanto estremecido debido a lo familiar que se le hizo.

-¿Erin? Qué alegría verte, ha pasado un tiempo- fue lo que dijo la voz, y cuando volteó, se dio cuenta de que se trataba de un amigo de hacía algunos años, el mismísimo Jasper Horant, quien hacía de sus sueños húmedos más bien empapados.

No lo podía creer, de verdad era él.

Capítulo 3 Tres.

Jasper no podía creer que la chica frente a él de verdad se tratara de Erin, la chica a la cual le había tenido tanto cariño desde siempre en su corazón que era simplemente inexplicable.

Como siempre era alguien que no podía ser controlada por nadie de manera que le ofreció un trago, este se negó rotundamente y dijo que él era el que le iba a brindar.

Por supuesto que se necesite ando pero no fue precisada de atención. Primera dama viendo dos copas de Ginebra mientras que los demás solamente podían observar las comen ojos de atención bastante salidas de sus órbitas como si en realidad fueron los más importantes de aquella reunión aunque eso no tuviera nada que ver con la realidad.

No eran las más importantes por supuesto pero sí eran las que más se llamaba la atención sobre todo porque el hombre estaba casado y nadie conocía muy bien a la chica que estaba aquí acompañándolo.

Los chismes no serían a esperar ni por un solo segundo de manera que todo lo que podían hacer era decir cualquier cosa que se le viniera a la mente mientras tuviera que ver con ellos, quienes no debían estar haciendo tal cosa porque la moral era más importante que nada.

Muchos ahí hablaban de moral, cuando en realidad no tenían nada parecido a esto en sus cuerpos y en sus vida en general.

Sobre todo las mujeres eran quiénes comenzaban a criticarla como si no tuvieran otra cosa que hacer, pero ella no les prestaba mucha atención de todas maneras ya que solamente estaba ahí por una cosa y esa era conseguir un inversor para su proyecto.

Mientras ella pudiera salir del estado en el que se encontraba que no era muy bonito tampoco estar desempleado y en una nueva ciudad la cual no conocía del todo era peor todavía y al estar en un hotel al cual solamente le quedaban tres noches para estar no debía de ser para nada cómodo.

Por supuesto no era alguien que se quedará en su sitio sin hacer nada pero a pesar de las vueltas que había dado por la ciudad eso no quería decir que encontraría rápidamente un empleo y la verdadera que no se moría por tener un horario de ocho horas de trabajo o incluso más.

Nada en la vida de un empleado normal era cosa que le emocionara bajo ningún concepto sobre todo porque su padre al tener un local también tenía el poder de hacer que sus empleados se quedarán horas extras y quería detalles como esos.

Solamente por ser jefe se creía con el derecho de hacer algo como eso de enviar a las personas a un destino que no querían aunque fuera algo tan simple como solamente cumplir con el trabajo.

Aunque su padre no era un tirano sabía que múltiples veces había explotado a sus empleados, solo porque estaban cortos de dinero y porque las personas en ciertas temporadas del año no acudían al local como deberían.

Cómo sea ella no quería ser de ese tipo de personas que se mantenían atadas a un empleo solo porque este les daba los ingresos básicos para subsistir ya que quería forjarse su propio futuro en base a ideas propias y que los demás fueron los que opinaron sobre sus proyectos solo que fueran personas que supieran del tema.

Ser conformista no era algo que quisiera hacer, ya que estaba por completo, ahora toda de que todo el mundo le dijera que eso era lo único que podía hacer con su vida teniendo en cuenta el hoyo de dónde venía.

Muchas culpas necesite de nacimiento por no poder surgir pero ella no creía que se fuera para nada cierto cuando cada persona podía forjarse su propio futuro como quisiera si tan solo se esforzaba en creer en sí mismo y en la idea que tuviera.

Cada persona era un mundo y así como esos mundos podían ser diferentes también eran extensos y solo basta con echar una mirada para saber que debían de ser bastante ricos en todo tipo de áreas que solo basta con estudiar más a fondo.

Allá nunca la creían cuando decía que iba a lograr ser una persona que reconociera a los medios de comunicación más allá de solo ser hermosa, pero lo demostraría de que estaba hecha, muchas cosas y experiencias que la habían hecho crecer hasta el punto en el que se encontraba en esos momentos.

A ese punto de su vida pensaba que la única persona que no tenía ganas de vivir, era este chico al que se había encontrado de nuevo después de tantos años, y si eso no era una señal entonces no podía entender qué lo era.

La sonrisa que hasta tenía los labios le hacía recordar tantos tiempos en su niñez que habían estado repletos de felicidad solamente por estar corriendo por las calles de aquel hoy, o cómo le llamaban en el que encontró refugio en la mayor parte de su vida hasta que le queda demasiado pequeño.

Una de las razones principales por las que se le había quedado demasiado pequeño era porque nadie tenía sueño más allá de solo convertirse en grandes hacendados, o posiblemente daños de algún local famoso al que todos tuvieran que acudir, solo porque si, todos los días una vez por semana, o incluso más de dos veces al mes.

Se supone que para ellos tener un loro era simplemente acerca de las demás nos verán sin mirar ni un solo segundo al trasfondo de ellos, ya que de todos modos no les importaba mientras que pudieran generar dinero.

Erin no podía creer hasta ese momento los límites de las personas en cuanto a la prosperidad de que eran capaces de andar hasta la propia madre por tener la vida resuelta o solo pensaba que la familia daría la respuesta a todo.

Ella sabía que todo esfuerzo lleva su recompensa pero no porque se llegara a algún punto cumbre, no debía dejar de trabajar ni un solo día de su vida, porque entonces andaría solamente en quiebra y otro tipo de malas rachas que nadie debería enfrentar en su vida.

El chico frente así solamente pudo objetar que en serio lucía diferente.

-Te recordaba un poco más robusta ¿Estás bien?- quiso saber Jasper, con una mirada curiosa que solo quería asegurarse de que ella estaba como debería y no pasando trabajo.

Tampoco ahora que se viera como si estuviese pasando trabajo pero era una chica que merecía estar siempre bien cómo demostrar la mayor parte del tiempo.

En serio quería ayudar a los demás y con los demás también quería ayudarse a sí mismo por lo que merecía lo mismo

Mientras ambos habían de lo que habían pedido nadie dejaba de mirarlo así que lo que pensaron fue en una solución mucho mejor que era retirarse un poco del bullicio y solo salir por la puerta de aquel establecimiento, aunque en el último momento a ella se le ocurrió la genial idea de ir a su habitación, ya que estaban en el hotel o al cual ellos miraba sobre todo por tener paredes que contuvieron el sonido.

Cada vez que habían o hacían fiestas en el lobby, no se escuchaba absolutamente nada arriba en las habitaciones Y eso debía reconocer que era muy genial.

Quiénes eran parte de aquella organización siempre pensaban en los clientes antes de en sus propias necesidades o sus propios deseos y también es por esta razón que siempre preguntan la reseña de cada uno para saber que estaban haciendo las cosas bien.

Todas aquellas reseñas siempre eran necesarias para cualquier tipo de ocasión, sobre todo para las que eran tan vitales como en ese momento. Ambos querían que la tranquilidad con la cual hablaron fuera incomparable a cualquier otra de manera que cuando subieron en el ascensor hasta el piso en el cual quedaba la habitación de ella lo único que había era silencio y tranquilidad aparte de la música que emanaba aquel aparato.

Era bastante relajante el simple hecho de poder estar alejado de aquellas fiesta aunque fuera un evento social muy importante pero el hecho de que se estuvieran encontrando en ese lugar también quería decir que había alguna señal a la que debían prestarle atención, y es atención solamente podía verse reflejada en un lugar más privado, no porque fueran hacer algo prohibido, pero tenía la intención de conversar un poco más a fondo.

Quizá hubiera alguno que otro sentimiento enmascarado en aquella conversación pero a más nadie le importaba si no solo a ellos.

-Me parece en cambio que tú estás más fornido que antes ¿O me equivoco?- dijo ella mientras soltaba una pequeña risa.

-No te confundes, han pasado años desde la última vez que nos vimos-.

-Lo recuerdo muy bien, créeme-.

-Yo también ¿Cómo está tu madre? ¿Cómo le va a tu padre con el local?-.

-Vaya, son preguntas algo difíciles de contestar... Mi madre falleció hace un par de años... Mi papá sigue luchando en contra de la corriente, y como puedes apreciar, yo he seguido su ejemplo- habló ella mientras bebía un sorbo de su trago mirando al suelo, eran temas sensibles que solo le comentaría a él porque le tenía confianza.

-De verdad lamento mucho eso, a veces soy muy imprudente- dijo él apenado.

-Sí, eso también lo recuerdo- contestó ella mientras se echaba a reír y salía del elevador.

Una vez que se encontraba fuera, se dirigió por el pasillo hasta la habitación que le tocaba. saca de su bolso de mano la tarjeta que le permitirá el acceso a dicha habitación así que la deslizó por el lector y solo así la puerta se abrió.

Le sonrío al hombre y entonces la hizo señas de que pasara con ella y también hay que tomar asiento una vez que estaban dentro.

Él no quería tomarse tantas confianzas pero a la vez sabía que tenían tantas cosas que hablar no había manera en el mundo en que se fuera de ese lugar en ese momento.

La chica sentada de lado con las piernas cruzadas haciendo que el vestido que llevaba puesto se le subiera hasta la unión con su ropa interior. Por supuesto que al contrario de no fue ajeno esto Pero en ningún momento se acercó solo se queda en su lugar mirando al rastro de ella como si fuera lo único que estuviera disponible en la habitación.

Las chicas, por el contrario solamente se concentran en su trabajo, como si el mundo no importara y luego de la confesión que le había hecho.

No he podido decir que tenía algún tipo de trauma relacionado a la muerte de su madre pero el hecho de que la abandonaron a su suerte sin haberle visto cumplir sus sueños era algo que nunca podría superar y que la mantenía triste la mayor parte del tiempo solo pensando en que habría pasado si ella en este momento siguiera viva, y qué cosas le diría para que saliera adelante con cualquier idea que se le ocurriera.

Por supuesto que a la mujer operada bastante era bondadosa y cada cosa que le decía era como un poema para ella, así que siempre he buscado la forma de hacerle caso aunque tuviera que renunciar a cosas importantes, pero sabía que si su madre no decía era por algo.

para siempre fue una mujer intuitiva que cada cosa que decía se daba y cada cosa que deseaba también se cumple incluyendo al local de su esposo al cual ayudó a edificar lo incluso con el diseño porque estaba totalmente enamorada de la idea de tener algo que fuera de la familia a lo que pudiera hacerlos crecer en grupo.

Ella tenía ideas demasiado liberales en cuanto a los negocios a pesar de nunca haber estudiado una carrera relacionada con ellos pero incluso tenía campañas exquisitas en cuanto a publicidad y diseño que solo la dejaban deseando un poco más de su sabiduría.

Había tomado como ejemplo a su madre porque desde siempre había sido alguien que sabía lo que quería hacer con su vida y cada cosa que pensaba era justamente lo que se le daba porque en eso va a ser a todas sus intenciones y también le había enseñado bastante de cómo hacía las cosas por lo que haría que estuviera orgullosa también.

Mientras Erin pensaba en ello todo lo que se le pudo ocurrir fue relacionado con algunas cosas qué quería mencionarle al chico, y que por alguna razón no lo había hecho desde que habían subido en el elevador.

-Sé que quizá parezca que no estoy valorando esto, pero créeme que me interesa mucho ¿Cuáles son tus planes ahora que estás en la ciudad?-.

-Lo primero que quiero hacer es encontrar un buen empleo... Lo segundo, encontrar a un inversor que esté dispuesto a seguir mis ideas-.

-No quieres casi nada- comentó él con cierta picardía.

-Bueno, siempre me enseñaron a soñar en grande ¿Qué puedo decir?-.

-Nada, por supuesto, eso es bastante válido, y te admiro mucho por tener siempre el coraje necesario para enfrentar cualquier situación-.

-Es lo que mejor sé hacer, pero cuéntame ¿Qué tal va tu vida?-.

-Por mi parte no tengo mucho qué acotar, sino que solo he estado un poco estancado en mi matrimonio-.

-Vale ¿Te casaste? Eso es sorpresivo- preguntó la rubia con genuina expresión de desencanto.

-Sí... También tengo una buena exportadora de vinos ¿No es eso genial? Nunca pensé llegar a tener tanto, pero heme aquí-.

-¡Pero es que tu vida parece haber sido arreglada por algún director de cine o un buen escritor!- soltó ella mientras que tocaba el hombro de su compañero -Dame la receta del éxito, no seas egoísta-.

-No soy para nada egoísta, pero en mi caso encontré a una inversora, de hecho es mi esposa-.

-Ahora todo tiene sentido, pero aún así es mucha casualidad-.

-No demasiada, de hecho todo eso fue arreglado- comentó desinteresado el hombre.

-Y sigue siendo más y más sorpresivo con cada segundo que te escucho hablar, suena a que no me aburriré si seguimos en contacto-.

-¿Te gustaría seguir en contacto?-.

-Por supuesto, me encantaría-.

Tras aquella conversación lo único que pudo saber el chico es que ella de verdad estaba dispuesta a hacer cualquier cosa mientras estuvieran en su grandiosa compañía.

No había demasiadas opciones en cuanto a lo que pudieran hacer después de eso pero decidieron volver a la fiesta y seguir conversando de algún qué otro tema, bueno pero sabían que dentro de ellos estaban formando algo mucho más grande y a lo cual muchas personas le tendrían temor.

Se suponía que la infidelidad siempre debía de ser satanizada algo que no estaba bien pero mientras que las circunstancias fueron como las que ellos estaban viviendo podría ocurrir algún tipo de excepción.

De todos modos el matrimonio sólo había sido arreglado de la manera legal, y ante los ojos de algún Dios que pudiera juzgarlos no estaban y tampoco es que la mujer tuviera alguna intención de casarse por la iglesia porque no le gustaba ningún tipo de religión.

Era una persona también bastante decidida pero con un carácter sencillamente imposible de lidiar solo sé si a lo que ella quería cuando ella quería y como ella quería y si no era de ese modo entonces nadie podía estar alrededor de ella que fuera algún empleado que despidieron ya fuera alguien a quien le terminaron o incluso si no le gustaba la comida voy a despedir a quién la preparada.

A qué dejaron las ventajas de tener dinero que no siempre eran buenas sino que se llevaban bastantes decepciones cuando no podían tener lo que querían en el momento en el que lo deseaban.

En más de una ocasión tuvo que cambiar tres veces de personal que labora en su casa porque de verdad no le agrada el trato que le daba, aunque era bastante bueno ya que no le gustaba que se metieran en su vida y aquellas personas eran demasiado para ella.

No le gustaba que le preguntarán absolutamente nada ni que se dijeran los planes que tenía en mente hacer así que solamente se enteraban los pocos que tenían que ver con aquello, por lo que los chismes no eran algo que pudieran venderse en aquella casa.

Esa construcción se la pasaba en un silencio sepulcral si no era porque ella quería poner algún tipo de música referente a la yoga para poder practicar las fuera de su casa, porque tampoco le gustaba ir a ningún centro en el cual pudieran exigir cosas que ya no quería hacer, porque si le gustaba la lloverá simplemente porque ella quería mandar sobre cada cosa que hacía incluyendo las posturas que ni siquiera estaban disponibles para su nivel.

Sylvia en serio era insufrible, y eso era todo lo que le comentaba este hombre a la nueva compañera que se había encontrado en la fiesta.

A pesar de que era una persona demasiado incomprensible, tampoco era que pudieran dejar de hacer las cosas que le gustaba solo porque quiénes eran sus empleados dependientemente de ellos y más allá de eso incluso su esposo dependía de ella, de manera que ni siquiera este podía abandonarla sin abandonar también sus sueños.

Solo tenía en mente que una vez que lograra todas sus metas planteadas lo que haría sería abandonarla por la manera más decente que tuviera a la mano.

Por supuesto que no tenía idea de cómo se tomaría ella eso pero teniendo en cuenta que en realidad ni siquiera le prestaba atención del todo podía pensar que ni siquiera quería estar a su lado, ya que jamás había tenido algún signo de cercanía con él ni porque fuera estrictamente necesario y cuando estaba enferma solamente quería que él no estuviera siquiera en su misma habitación y esas eran barreras que se había creado solo porque no quería que nadie viera lo que estaba dentro de ella aunque nadie supiera a ciencia cierta qué era lo que escondía.

No era que Jasper quisiera saber tampoco qué era lo que escondía, porque no le interesa en lo más mínimo lo que ocurriera con su vida, mientras que a ella tampoco le interesaba en absoluto lo que hiciera con sueño o con cualquier cosa que tuvieras, porque al estar juntos él mediatamente podía disponer de la mitad de los bienes y solamente era porque ella había querido que así fuera.

De todos modos alambrar no se podía quejar de absolutamente nada que tuviera ahora viviendo en aquella casa de diseñador que nunca pensó en su vida pisar siquiera y aunque no hubiera conocido a la mujer sino hasta el día mismo de su voz todo lo que habían hecho hasta ese momento era solo seguir con su vida, como si en realidad siempre se hubiesen conocido pero no era más que simples extraños.

Se suponía que ninguna persona que pudiera conocer lo pensaría en qué le gustaría tener siquiera su tipo de ropa que ella quería que usará por la fuerza, y que si no lo iba a hacer entonces podía renunciar a cualquier cosa que quisiera en cuanto a beneficios.

Por eso era que siempre tenía que lucir como si fuera un ridículo muñeco de los que decoraban los pasteles.

Tampoco era que su estilo fuera muy diferente, pero en cuanto colores y diseños estampados y todo tipo de cosas que tuvieran que ver con la ropa en general, era algo que la mujer le gustaba de una manera completamente distinta a la que él.

Allá le gustaban las cosas estridentes llenas de patrones extraños y sobretodo texturas que no le gustaban para nada pero era eso simplemente no tener nada de lo que quisiera en su vida así que quejarse no podía hacerlo mucho.

Las únicas oportunidades en las que se podía permitir así mismo ser feliz era cuando podía escoger la ropa y solo era porque los trajes eran tan simples de verdad tenían elegancia así que no había mucho que hacer en cuanto a un esmoquin y eso era lo que siempre estaba por usar en las ocasiones especiales para no tener que estar lidiando con diferentes tipos de atuendos que no les generan ningún impacto.

No le ha generado ningún tipo de sensación más que repelús en todo su esplendor así que mientras estuviera de gala estaba feliz cacique eligiendo estar entras de todos los días sólo por eso.

Quizás era la razón por la cual decían que era demasiado elegante para la vida, pero no le importaba realmente porque los demás no eran quiénes tenían que sufrir aquel infierno.

Ahora que se ve encontrado con esta chica podía sentirse incluso más libre que antes usando la ropa que usara porque sabía que no lo iba a juzgar.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022