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La Apuesta Fatal del Destino

La Apuesta Fatal del Destino

Autor: : Shanyou Fusu
Género: Moderno
Sofía regresó a casa, a su México querido, con el peso de dos años de sudor y esperanza en su bolsa, anhelando el reencuentro con Mateo y el futuro que habían soñado para "El Sazón de la Abuela". Pero la taquería, en lugar de recibirla con el familiar aroma a cilantro y carne asada, la ahogó con un silencio fúnebre que presagiaba la catástrofe. Mateo, de rodillas, con los ojos hinchados por el llanto, susurró la verdad devastadora: "Lo perdí todo". Doscientos mil pesos para la operación de su abuela; cien mil de las ganancias de la taquería; el futuro de Lupita... todo desvanecido en una noche por una estúpida partida de cartas con unos depredadores llamados "El Buitre" y "La Hiena" . El suelo se abrió bajo los pies de Sofía, y la esperanza que traía de un país ajeno se transformó en una crueldad abrumadora. ¿Cómo era posible que todo se hubiera esfumado así, por la ingenuidad de él? Mateo imploraba perdón, Doña Carmen pedía clemencia, Lupita lloraba inconsolable, pero Sofía escuchó una voz diferente, una que venía de un pasado que había intentado enterrar. Una frialdad extraña la invadió, una calma escalofriante. Miró el dinero que le quedaba, apenas cien mil pesos, fruto de su propio exilio voluntario. Extendió los billetes hacia Mateo, cuya desesperación era evidente al gritarle: "¡Estás loca! ¡Es una trampa! ¡Te quitarán hasta el último centavo!" . Pero la decisión de Sofía era inquebrantable, tan súbita como un relámpago. "Es para comprar mi entrada a esa partida", sentenció, con una voz plana y sin emoción. Porque sabía que no era mala suerte, sino un timo. Y a los cazadores, no se les denuncia. Se les caza de vuelta.

Introducción

Sofía regresó a casa, a su México querido, con el peso de dos años de sudor y esperanza en su bolsa, anhelando el reencuentro con Mateo y el futuro que habían soñado para "El Sazón de la Abuela".

Pero la taquería, en lugar de recibirla con el familiar aroma a cilantro y carne asada, la ahogó con un silencio fúnebre que presagiaba la catástrofe.

Mateo, de rodillas, con los ojos hinchados por el llanto, susurró la verdad devastadora: "Lo perdí todo".

Doscientos mil pesos para la operación de su abuela; cien mil de las ganancias de la taquería; el futuro de Lupita... todo desvanecido en una noche por una estúpida partida de cartas con unos depredadores llamados "El Buitre" y "La Hiena" .

El suelo se abrió bajo los pies de Sofía, y la esperanza que traía de un país ajeno se transformó en una crueldad abrumadora.

¿Cómo era posible que todo se hubiera esfumado así, por la ingenuidad de él?

Mateo imploraba perdón, Doña Carmen pedía clemencia, Lupita lloraba inconsolable, pero Sofía escuchó una voz diferente, una que venía de un pasado que había intentado enterrar.

Una frialdad extraña la invadió, una calma escalofriante.

Miró el dinero que le quedaba, apenas cien mil pesos, fruto de su propio exilio voluntario.

Extendió los billetes hacia Mateo, cuya desesperación era evidente al gritarle: "¡Estás loca! ¡Es una trampa! ¡Te quitarán hasta el último centavo!" .

Pero la decisión de Sofía era inquebrantable, tan súbita como un relámpago.

"Es para comprar mi entrada a esa partida", sentenció, con una voz plana y sin emoción.

Porque sabía que no era mala suerte, sino un timo. Y a los cazadores, no se les denuncia.

Se les caza de vuelta.

Capítulo 1

Sofía sintió el peso de los billetes en su bolsa, un bulto denso y prometedor que representaba dos años de limpiar casas ajenas, de servir mesas hasta la madrugada y de soportar el frío de un país que no era el suyo.

Cada dólar ganado en Estados Unidos era una gota de sudor convertida en esperanza para su familia en México.

Al fin regresaba.

Cruzó la puerta de la pequeña taquería, "El Sazón de la Abuela", el negocio que Mateo, su novio, había levantado con tanto esfuerzo.

El olor a cilantro y a carne asada no la recibió esta vez.

En su lugar, el aire estaba cargado de un silencio pesado, casi fúnebre.

Mateo estaba de rodillas en el centro del local vacío.

Su abuela, Doña Carmen, sentada en una silla de plástico, tenía la mirada perdida en el suelo, y Lupita, su hermana menor, estaba acurrucada a su lado, con los ojos hinchados de tanto llorar.

"¿Qué pasó? ¿Mateo? ¿Lupita?" , preguntó Sofía, su voz temblando mientras dejaba caer su maleta.

Mateo levantó la cara.

Estaba pálido, con ojeras profundas que no estaban ahí cuando ella se fue.

"Sofía... perdóname" , susurró, y las lágrimas que había estado conteniendo brotaron de nuevo, sin control.

"Lo perdí todo" .

"¿Todo? ¿De qué hablas, Mateo? No te entiendo" .

"El dinero, Sofía. Todo el dinero" .

La voz de Mateo se quebró por completo.

"Los ahorros para la operación de la abuela, más de doscientos mil pesos. Y los cien mil de las ganancias de la taquería, el dinero para la universidad de Lupita. Todo se fue" .

Sofía sintió que el suelo se abría bajo sus pies.

El bulto en su bolsa de repente se sintió inútil, una broma cruel.

"¿Cómo? ¿Un robo? ¿Te asaltaron?" .

Mateo negó con la cabeza, sin atreverse a mirarla a los ojos.

"Peor. Fui un idiota. Un estúpido" .

Tomó aire, como si las palabras le quemaran la garganta.

"Una partida de cartas. Conocí a unos tipos... 'El Buitre' y 'La Hiena' . Me dijeron que era una forma rápida de duplicar el dinero. Que con eso podríamos pagar la operación de la abuela sin tocar los ahorros de Lupita" .

El relato salió a trompicones, lleno de pausas y sollozos.

"Al principio gané un poco. Me sentí con suerte. Me hicieron creer que era bueno. Y aposté más, y luego más... hasta que aposté todo. Y lo perdí. En una sola noche, Sofía. Todo" .

Sofía se quedó quieta, procesando la magnitud del desastre.

No era solo dinero.

Era la salud de Doña Carmen.

Era el futuro de Lupita.

Era el sueño de la taquería.

Era la confianza que ella había depositado en él.

Mateo se arrastró de rodillas hasta ella, aferrándose a sus piernas como un niño asustado.

"Perdóname, por favor, Sofía. Te juro que lo arreglo. Vendo el coche, pido un préstamo, trabajo doble... haré lo que sea. Perdóname" .

Había estado arrodillado toda la noche, desde que volvió sin un peso, esperando su llegada, esperando el juicio, la furia, los gritos.

Doña Carmen se levantó con dificultad, apoyándose en Lupita.

"Hija, no seas dura con él. Él solo quería ayudar..." .

Pero Sofía no gritó.

No lloró.

Una frialdad extraña se apoderó de ella, una calma que asustó a todos en la habitación.

Miró a Mateo, arrodillado y deshecho a sus pies.

Luego miró a Doña Carmen, cuya vida dependía de ese dinero.

Y a Lupita, cuyos sueños ahora estaban rotos.

Tomó una respiración profunda y su decisión fue tan instantánea como un relámpago.

"Levántate, Mateo" .

Su voz sonó plana, sin emoción.

Mateo la miró, confundido.

"¿Qué?" .

"Dije que te levantes. Llorar no va a devolver el dinero" .

Se agachó y tomó su bolsa, la que contenía sus propios ahorros, el fruto de su exilio voluntario.

La abrió y sacó un fajo de billetes.

No era mucho en comparación con lo perdido, apenas cinco mil dólares, unos cien mil pesos.

El último dinero que le quedaba en el mundo.

Lo puso en la mano de Mateo.

"¿Qué es esto, Sofía? ¿Para qué...?" , balbuceó él.

La respuesta de Sofía heló la sangre de todos.

"Es para comprar mi entrada a esa partida" .

Mateo la miró como si se hubiera vuelto loca.

Se puso de pie de un salto, el rostro descompuesto por el pánico.

"¡No! ¡No, Sofía, no! ¡Estás loca! ¡Es una trampa! ¡Son estafadores profesionales! ¡Te van a quitar hasta el último centavo! ¡No puedes!" .

Su desesperación era tan grande que empezó a jalarse el cabello.

"¡Perderás todo, como yo! ¡Quedaremos en la ruina total! ¡Prefiero ir a la cárcel por deudas que dejarte hacer esto! ¡No, no, no!" .

Agarró el teléfono de la barra, con los dedos temblando.

"Llamaré a la policía. Sí, a la policía. Les diré que es un garito ilegal. Que los arresten a todos" .

Sofía le quitó el teléfono de la mano con una calma aterradora.

"Mateo, escúchame" .

Lo sujetó por los hombros, obligándolo a mirarla.

"La policía no hará nada. Es un juego clandestino. Tu palabra contra la de ellos. No hay pruebas. Dirán que perdiste limpiamente y te reirás en tu cara. ¿Crees que eres el primero al que le hacen esto?" .

Ella ya lo sabía.

En el momento en que él dijo "El Buitre" y "La Hiena" , un recuerdo doloroso y oscuro se activó en su mente.

Un recuerdo de su padre.

"No fue mala suerte, Mateo" , continuó Sofía, su voz baja y firme.

"Fue un timo. Te estudiaron, vieron tu desesperación y te desplumaron. No jugaste a las cartas, fuiste la presa en una cacería. Y a los cazadores no se les denuncia. Se les caza de vuelta" .

Su mirada era dura, una determinación de acero que Mateo nunca antes había visto.

Ya no era la joven dulce que se había ido a buscar un futuro.

Era otra persona.

Una persona forjada por un legado que había intentado olvidar toda su vida.

Capítulo 2

Al día siguiente, la cruda realidad se asentó sobre la taquería como una nube de polvo.

El perdón de Sofía, aunque sincero, no había solucionado el problema.

Mateo, con una energía febril nacida de la culpa, se movía de un lado a otro, proponiendo soluciones desesperadas.

"Puedo vender el coche" , dijo, con la voz ronca por el llanto de la noche anterior. "No es mucho, pero algo es algo. Y puedo pedir un préstamo al banco, hipotecar el local..." .

Sofía, sentada a una de las mesas de plástico, lo escuchaba con paciencia.

Tomó un sorbo de café frío.

"¿Y en cuánto tiempo te darían el préstamo, Mateo? ¿Una semana? ¿Dos? Si es que te lo aprueban. La operación de tu abuela es en diez días. Y los intereses nos comerían vivos. Vender el coche nos daría para pagar la luz y el agua, nada más" .

Analizó cada opción con una lógica brutal y desapasionada.

"Podríamos organizar una kermés, pedir ayuda a los vecinos" , sugirió Lupita con un hilo de voz, aferrada a cualquier esperanza.

"La gente del barrio nos quiere" .

"Sí, nos quieren" , asintió Sofía, con una media sonrisa triste. "Y nos darían lo que pudieran. Cien pesos aquí, doscientos allá. ¿Crees que juntaríamos trescientos mil pesos en una semana? La gente de aquí trabaja igual de duro que nosotros, Lupita. No podemos pedirles que solucionen nuestro problema" .

Cada palabra de Sofía era un clavo en el ataúd de sus esperanzas convencionales.

Mateo se derrumbó de nuevo en una silla, pasándose las manos por la cara.

La energía de la mañana se había evaporado, dejando solo un hueco de desesperación.

"Entonces no hay nada que hacer" , murmuró, con la voz ahogada. "Estamos acabados. Mi abuela... Lupita..." .

El silencio volvió a caer.

Fue entonces cuando Sofía se puso de pie.

Su movimiento fue decidido, el de alguien que ha dejado de dudar.

"Sí hay algo que hacer" , dijo, y su voz cortó el silencio como un cuchillo.

Todos la miraron.

"Prepara la taquería, Mateo. Haz tacos como si fuera el mejor día de ventas. Lupita, ayuda a tu hermano. Necesito que este lugar parezca normal, que parezca que todo está bien" .

"¿Para qué, Sofía? ¿A quién queremos engañar?" , preguntó Mateo, confundido.

Sofía se acercó a él.

Puso sus manos sobre las de él, que estaban frías y temblorosas.

"A ellos. A 'El Buitre' y a 'La Hiena' . No pueden saber que estamos desesperados. La desesperación huele, y ellos tienen buen olfato. Hoy vamos a volver a ese lugar. Y esta vez, no vamos a ser las presas" .

La mirada de Sofía era intensa, magnética.

Había una certeza en ella que era a la vez inspiradora y aterradora.

Mateo buscó en sus ojos alguna señal de duda, de miedo, pero no encontró nada.

Solo una resolución de hierro.

"Confía en mí, Mateo" , repitió, apretando sus manos con fuerza. "No voy a dejar que se salgan con la suya. No voy a dejar que destruyan a esta familia. Te lo juro" .

Su promesa no era solo para él.

Era para sí misma.

Un pacto con el fantasma de su padre, el legendario "Tahúr Fantasma", cuyas enseñanzas había despreciado durante años.

Las mismas enseñanzas que ahora eran su única y terrible esperanza.

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