Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Fantasía > La Bailaora Renacida: Adiós a un Amor Falso
La Bailaora Renacida: Adiós a un Amor Falso

La Bailaora Renacida: Adiós a un Amor Falso

Autor: : Nial Molotch
Género: Fantasía
Mi vida era un sueño, dedicada por completo a mi amado Roy y a nuestro hijo Leo en nuestra hermosa finca de Jerez, especialmente en la mágica Noche de San Juan. Todo se hizo pedazos cuando mi pequeño Leo, con solo cinco años, le susurró a su padre en euskera: "Papá, quiero que te divorcies de mamá. Quiero que tía Sasha sea mi nueva mamá". Roy le respondió con una sonrisa cómplice que congeló mi sangre: "Tu deseo se cumplirá muy pronto", revelando que mi propia hermana mayor, Sasha, era la destinataria de su traición. Minutos después, Roy me ofreció un acuerdo de divorcio de un millón de euros y un apartamento en Miami, confesando que solo me había desposado por presión familiar, como un reemplazo para Sasha, quien lo abandonó cuando cayó en coma hace cinco años. ¿Cómo era posible que el hombre que juró amarme y el hijo por el que sacrifiqué mi carrera y salud me despreciaran de esta manera, eligiendo la superficialidad sobre mi devoción y sacrificio? En medio de la devastación, una voz mecánica resonó en mi mente, un "sistema" que me había prometido una cura a cambio de rehabilitar a Roy: "¿Desea solicitar la desvinculación final?", a lo que respondí sin dudar: "Sí", sellando mi destino de renacimiento en un nuevo, y quizás, mejor mundo.

Introducción

Mi vida era un sueño, dedicada por completo a mi amado Roy y a nuestro hijo Leo en nuestra hermosa finca de Jerez, especialmente en la mágica Noche de San Juan.

Todo se hizo pedazos cuando mi pequeño Leo, con solo cinco años, le susurró a su padre en euskera: "Papá, quiero que te divorcies de mamá. Quiero que tía Sasha sea mi nueva mamá".

Roy le respondió con una sonrisa cómplice que congeló mi sangre: "Tu deseo se cumplirá muy pronto", revelando que mi propia hermana mayor, Sasha, era la destinataria de su traición.

Minutos después, Roy me ofreció un acuerdo de divorcio de un millón de euros y un apartamento en Miami, confesando que solo me había desposado por presión familiar, como un reemplazo para Sasha, quien lo abandonó cuando cayó en coma hace cinco años.

¿Cómo era posible que el hombre que juró amarme y el hijo por el que sacrifiqué mi carrera y salud me despreciaran de esta manera, eligiendo la superficialidad sobre mi devoción y sacrificio?

En medio de la devastación, una voz mecánica resonó en mi mente, un "sistema" que me había prometido una cura a cambio de rehabilitar a Roy: "¿Desea solicitar la desvinculación final?", a lo que respondí sin dudar: "Sí", sellando mi destino de renacimiento en un nuevo, y quizás, mejor mundo.

Capítulo 1

La noche de San Juan, mágica y llena de hogueras, era también el cumpleaños de mi hijo, Leo. Hoy se cumplían cinco años desde que me casé con Roy Castillo. Lo había amado con la devoción de una penitente.

En medio de la fiesta en nuestra finca de Jerez, mi hijo Leo se acercó a su padre. Con una vocecita clara, le habló en euskera, un idioma que Roy había aprendido por negocios y que yo, en secreto, también dominaba.

"Aita, quiero que te divorcies de mamá. Quiero que la tía Sasha sea mi nueva mamá".

Roy sonrió, una sonrisa cómplice que me heló la sangre. Le respondió en el mismo idioma, sin saber que yo lo entendía todo.

"Tu deseo se cumplirá muy pronto".

Sasha era mi hermana mayor.

Minutos después, Roy me llamó a su despacho. Sobre la mesa de caoba, había un acuerdo de divorcio. Me ofrecía un millón de euros y un apartamento en Miami. La condición era simple: debía desaparecer de sus vidas.

Mi voz se rompió al preguntar.

"¿Alguna vez me has amado, Roy?"

Me miró con una frialdad que nunca antes le había visto.

"Lina, ¿has olvidado que solo te casaste conmigo porque tu hermana no quiso? Ella regresa ahora, y tú debes hacerte a un lado".

La verdad me golpeó con la fuerza de un tren.

Cinco años atrás, Roy sufrió un terrible accidente de equitación. Quedó en coma. Su prometida, mi hermana Sasha, se negó a casarse con un hombre en ese estado y se fue de gira internacional con su guitarra.

La familia Dawson, desesperada por no perder la alianza con los poderosos Castillo, me obligó a ocupar el lugar de Sasha. Acepté. No solo por la presión familiar, sino también porque un programa experimental y secreto, un "sistema", me había prometido una cura para la rara enfermedad autoinmune que padecía. La condición era que lograra "rehabilitar" emocionalmente a Roy.

Durante cinco años, lo cuidé día y noche. Cuando despertó, fue el marido perfecto. Atento, cariñoso. Me llevaba a festivales de cine en San Sebastián, me regalaba mantones de Manila exclusivos y celaba incluso a nuestro pequeño Leo, preguntándole constantemente a quién quería más.

Yo creí que su amor era real. Hasta hoy.

Con una calma que no sentía, firmé el acuerdo.

Roy, con un mínimo atisbo de culpa, me dijo: "Podrás ver a Leo de vez en cuando, si no causas problemas".

Al salir del despacho, escuché a mi hijo y a mi marido hablar con entusiasmo.

"Papá, ¿podemos ir a ver a la tía Sasha? ¡Ella me deja comer todos los dulces que quiero y me compra los videojuegos más caros!"

La vocecita de mi hijo continuó, llena de desprecio.

"Mamá es tan aburrida. Siempre me hace postres caseros con poca azúcar y no me deja jugar mucho tiempo".

Roy, encantado, le respondió: "Claro que sí, campeón. Vamos ahora mismo".

Cerré la puerta detrás de mí.

El hijo por el que había sacrificado mi carrera de bailaora, mi duende, mi propia salud, me despreciaba.

La noche de San Juan, en lugar de hogueras y alegría, solo había cenizas en mi corazón.

En mi mente, una voz mecánica y fría resonó.

[Anfitriona, se ha detectado un entorno emocional extremadamente tóxico. ¿Desea solicitar la desvinculación final?]

"Sí", respondí sin dudar.

[Solicitud recibida. La desvinculación final se completará en diez días. Su enfermedad autoinmune entrará en fase terminal. Tras la muerte, el sistema le proporcionará un renacimiento en un nuevo contexto de vida.]

Diez días. Tenía diez días para vivir.

Capítulo 2

El programa experimental, mi "sistema", me recordó que mi misión original se había cumplido al dar a luz a Leo. La "resiliencia emocional" de Roy se había restaurado. Debería haberme ido entonces, pero me quedé por amor. Un amor que resultó ser una farsa.

[Anfitriona, en este mundo ya no tienes ningún vínculo afectivo que te ate. Tu hijo te desprecia, tu marido te ha traicionado, y tu familia te utilizó como una pieza de recambio.]

La voz del sistema era fría, pero era la única que me decía la verdad.

Recordé mi infancia. Sasha, mi hermana mayor, siempre fue la favorita. Una vez, rompió mi castañuela más preciada, un regalo de mi abuela. Cuando lloré, mis padres me regañaron a mí por "ser una dramática y molestar a Sasha antes de su recital".

Siempre fue así. Sasha era la concertista aclamada; yo, la bailaora pasional y problemática.

Decidí que ya no me importaba.

Con el millón de euros en mi cuenta, llamé a mi antiguo representante.

"Resérvame el tablao más exclusivo de Sevilla, 'El Duende'. Esta noche, el arte corre por mi cuenta. ¡Quiero a los mejores guitarristas, a los mejores cantaores!"

Justo cuando iba a entrar al local, Roy me interceptó. Estaba furioso. Había visto mi publicación en Instagram. Una foto del extracto bancario con el texto: "Gracias por el finiquito del millón de euros, Roy. A vivir la vida".

"¿Qué crees que haces?", siseó, agarrándome del brazo. "¡Me estás siguiendo! ¡He reservado un salón privado aquí para la fiesta de bienvenida de Sasha!"

Detrás de él, mi hijo Leo me miraba con asco.

"Mamá, dejas en ridículo a la tía Sasha. Eres patética".

Me solté de su agarre con una frialdad que me sorprendió a mí misma.

"Mi agenda para los próximos diez días será pública. Si tanto te molesta mi presencia, aprende a evitarme".

Roy se quedó sin palabras, una mezcla de rabia y desconcierto en su rostro. Nunca me había visto así.

Esa noche, no bailé. Me senté en una mesa en el centro del tablao, rodeada de los mejores artistas de flamenco. Pagué sumas exorbitantes por cada soleá, cada bulería. El local vibraba con pasión, pero mis ojos estaban vacíos.

Los titulares de la prensa rosa no tardaron en explotar: "Lina Dawson, la ex de Castillo, ahoga sus penas con flamenco y derroche". Las redes sociales me crucificaron. "Despechada", "mala perdedora", "ridícula".

Ignoré todo y pedí otra botella de Fino. Solo me quedaban nueve días.

A la mañana siguiente, el teléfono sonó. Era mi madre. No para consolarme, sino para insultarme.

"¡Estás avergonzando a Sasha! ¡Vuelve a la finca inmediatamente y discúlpate públicamente o te bloquearemos todas tus cuentas!"

"Ya es tarde para eso", dije con calma, y colgué.

Decidí volver a la finca, pero solo para recoger mi pasaporte y algunos documentos.

Al llegar, escuché ruidos extraños desde el dormitorio principal. Gemidos. Risas.

Mi hijo Leo estaba de pie frente a la puerta, como un pequeño guardián.

"¡No entres, mamá mala! Papá y la tía Sasha están haciendo un hermanito para mí. ¡No los molestes!"

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022