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La Chica Volviera de Infierno

La Chica Volviera de Infierno

Autor: : Yue Rujing
Género: Romance
Mi cumpleaños número veinticinco se suponía que sería el día más feliz de mi vida. La música llenaba mi departamento, mis amigos reían y mi novio, Alejandro Vargas, el hombre con el que había compartido tres años de mi vida, estaba a punto de declararse. Pero en el instante en que sus ojos se encontraron con los míos, la sonrisa en su rostro se desvaneció, revelando una máscara de frialdad que nunca antes le había visto. "La venganza es un plato que se sirve frío", escupió, revelando que toda nuestra relación había sido una farsa, un cruel plan para hacerme pagar por el supuesto crimen de mi hermano, Ricardo, contra su exnovia, Camila. La humillación pública fue solo el principio: sus amigos me acosaron en la calle, el video de mi tormento se hizo viral, perdí mi trabajo, mi casa y mi dignidad, mientras él se deleitaba en mi sufrimiento. "Quiero que desees estar muerta, Sofía", me dijo con voz gélida. Y lo logré. Subí al puente donde nos dimos nuestro primer beso, un lugar de comienzos convertido en el escenario de mi final. Me dejé caer, esperando la oscuridad, pero en el último segundo, mi nombre resonó en el aire, ¿era Alejandro, su voz llena de pánico? Desperté en un hospital, la vida aferrándose a mí contra toda lógica, mientras las voces a mi alrededor revelaban la verdad: todo lo que Alejandro me había hecho se basaba en una mentira. Ahora, con Ricardo, mi hermano, injustamente encarcelado, y con la inesperada confesión de Camila, que fue grabada, mi historia tendrá un giro inesperado.

Introducción

Mi cumpleaños número veinticinco se suponía que sería el día más feliz de mi vida.

La música llenaba mi departamento, mis amigos reían y mi novio, Alejandro Vargas, el hombre con el que había compartido tres años de mi vida, estaba a punto de declararse.

Pero en el instante en que sus ojos se encontraron con los míos, la sonrisa en su rostro se desvaneció, revelando una máscara de frialdad que nunca antes le había visto.

"La venganza es un plato que se sirve frío", escupió, revelando que toda nuestra relación había sido una farsa, un cruel plan para hacerme pagar por el supuesto crimen de mi hermano, Ricardo, contra su exnovia, Camila.

La humillación pública fue solo el principio: sus amigos me acosaron en la calle, el video de mi tormento se hizo viral, perdí mi trabajo, mi casa y mi dignidad, mientras él se deleitaba en mi sufrimiento.

"Quiero que desees estar muerta, Sofía", me dijo con voz gélida.

Y lo logré. Subí al puente donde nos dimos nuestro primer beso, un lugar de comienzos convertido en el escenario de mi final.

Me dejé caer, esperando la oscuridad, pero en el último segundo, mi nombre resonó en el aire, ¿era Alejandro, su voz llena de pánico?

Desperté en un hospital, la vida aferrándose a mí contra toda lógica, mientras las voces a mi alrededor revelaban la verdad: todo lo que Alejandro me había hecho se basaba en una mentira.

Ahora, con Ricardo, mi hermano, injustamente encarcelado, y con la inesperada confesión de Camila, que fue grabada, mi historia tendrá un giro inesperado.

Capítulo 1

La música llenaba el pequeño departamento, un ritmo alegre que chocaba con el latido ansioso de mi corazón. Era mi cumpleaños número veinticinco, y todo parecía perfecto, casi como un sueño. Las luces de colores parpadeaban en las paredes, mis amigos reían y bebían, y en el centro de todo estaba Alejandro Vargas, el hombre con el que había pasado los últimos tres años de mi vida.

Lo miraba desde el otro lado de la habitación, su sonrisa era la luz que guiaba mi mundo. Estaba tan segura de que esta noche sería la noche. Elena, mi mejor amiga, me dio un codazo suave.

"Mira cómo te ve. Te juro que hoy te lo pide, Sofía."

Le sonreí, sintiendo el calor en mis mejillas. Todo apuntaba a eso. La forma en que había organizado la fiesta, la manera en que sus ojos no se apartaban de mí. Llevábamos tres años juntos, tres años en los que me había convencido de que era el amor de mi vida.

De repente, Alejandro bajó el volumen de la música y se paró en medio de la sala. El murmullo de las conversaciones se apagó. Todos los ojos se posaron en él. Mi corazón empezó a latir con más fuerza. Este era el momento.

"Quiero agradecerles a todos por venir esta noche a celebrar a una persona muy especial," comenzó, su voz era profunda y clara. Me miró directamente y me sonrió. "Sofía."

Le devolví la sonrisa, sintiendo que flotaba.

"Estos últimos tres años a su lado han sido... muy instructivos," continuó. Hubo un cambio sutil en su tono, algo que no pude identificar, pero que me provocó un escalofrío. "Me han enseñado mucho sobre la paciencia. Sobre la planificación."

La gente a nuestro alrededor sonreía, pensando que era el preámbulo de una declaración romántica. Yo también quería creerlo.

"Pero sobre todo," dijo, y su sonrisa se desvaneció, reemplazada por una máscara de frialdad que nunca antes le había visto, "me han enseñado que la venganza es un plato que se sirve frío."

El silencio en la habitación se volvió pesado, incómodo. Nadie entendía. Yo tampoco. Lo miré, confundida, buscando una explicación en sus ojos, pero solo encontré un vacío helado.

"¿Alejandro? ¿De qué hablas?" mi voz salió como un susurro.

Él soltó una risa corta y amarga. "¿De verdad no lo sabes, Sofía? ¿De verdad eres tan ingenua?"

Me quedé paralizada. Esto no podía estar pasando.

"Hace tres años," dijo, su voz ahora cortante como un cuchillo, "tu hermano, Ricardo, le arruinó la vida a la mujer que yo amaba. A Camila."

El nombre me golpeó como un puñetazo en el estómago. Camila. Su exnovia. La razón por la que mi hermano estaba en la cárcel. La historia que Alejandro siempre se había negado a discutir en detalle, diciendo que era demasiado doloroso. La historia que yo, estúpidamente, había aceptado sin cuestionar, creyendo en la inocencia de mi novio y en la culpabilidad de mi propio hermano.

"Tu hermano la agredió," escupió las palabras. "La destrozó. Y por tu familia, ella lo perdió todo. Así que pensé, ¿qué sería justo? Un ojo por ojo. O en este caso, una hermana por un amor."

El aire se me escapó de los pulmones. Las caras de mis amigos se habían transformado en máscaras de horror y confusión. Elena intentó acercarse a mí, pero estaba congelada en mi sitio.

"Cada beso, cada 'te amo' , cada noche que pasamos juntos," continuó Alejandro, saboreando cada palabra, "fue una mentira. Cada momento fue parte de un plan para hacerte sentir exactamente lo que sentí yo cuando vi a Camila destrozada. Quería que te enamoraras perdidamente de mí, que construyeras todo tu mundo a mi alrededor."

Hizo una pausa, mirando mi rostro descompuesto con una satisfacción cruel.

"Para poder destruirlo todo en tu día más feliz. Así como tu hermano destruyó a Camila."

Las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas, pero no podía moverme ni hablar. Era una pesadilla. Una cruel y elaborada pesadilla.

"Tú... tú no puedes estar hablando en serio," logré decir. "Alejandro, por favor, detente."

"¿Detenerme?" se rio. "Apenas estoy empezando. Quiero que sientas una fracción del dolor que ella sintió. Quiero que esta humillación te marque para siempre. Feliz cumpleaños, Sofía."

Se dio la vuelta y caminó hacia la puerta, dejando tras de sí un silencio sepulcral roto solo por mis sollozos ahogados. La gente empezó a murmurar, a mirarme con una mezcla de lástima y morbo. Me sentía desnuda, expuesta, destrozada en mil pedazos frente a todos los que conocía.

Elena corrió a mi lado y me abrazó, pero yo era un cuerpo sin alma. No sentía sus brazos. No sentía nada más que el eco de sus palabras, rompiendo cada recuerdo feliz que habíamos construido, convirtiendo tres años de mi vida en cenizas.

Capítulo 2

Alejandro se detuvo en la puerta y se giró. La expresión de su rostro era de un odio puro.

"Por favor, no hagas esto," le supliqué, mi voz rota. "Hablemos. A solas. Por favor."

Él sonrió, una sonrisa torcida y malévola.

"¿A solas? No, Sofía. El punto de esto es que todos lo vean. Que todos vean a la hermana del criminal recibiendo lo que se merece."

Caminó de regreso hacia el centro de la habitación, donde yo estaba temblando, sostenida apenas por Elena. La gente retrocedió, creando un círculo a nuestro alrededor como si fuéramos un espectáculo de circo.

Agarró la botella de champán más cara de la mesa, la que habíamos guardado para un brindis especial. Mis ojos se abrieron de par en par, sin entender qué iba a hacer.

La descorchó con un movimiento brusco. El sonido resonó en el silencio mortal de la sala.

Y luego, sin una palabra, volcó la botella entera sobre mi cabeza.

El líquido helado me empapó el cabello, el vestido, el maquillaje que había tardado una hora en perfeccionar. El champán me corría por la cara, mezclándose con mis lágrimas. Sentí el frío pegajoso en mi piel, la humillación quemándome por dentro. Escuché jadeos de sorpresa entre los invitados, pero nadie se movió. Nadie dijo nada.

Yo solo podía temblar, incapaz de reaccionar.

"Ahora te ves un poco mejor," dijo Alejandro, tirando la botella vacía al suelo, donde se hizo añicos. "Más acorde con la basura de la que provienes."

Sacó su teléfono del bolsillo. La luz de la pantalla iluminó su rostro cruel. Abrió la cámara.

"Sonríe, Sofía," dijo, acercando el teléfono a mi cara llorosa y empapada. "Vamos a enviarle un pequeño recuerdo a Camila. Para que vea que se ha hecho justicia."

El flash me cegó. Una, dos, tres veces. Estaba grabando mi peor momento, inmortalizando mi dolor para el disfrute de otra persona. Intenté cubrirme la cara con las manos, pero él me agarró las muñecas con una fuerza brutal.

"No, no. Quiero que te vea bien. Quiero que vea tus ojos. Los mismos ojos que tiene tu hermano."

Su voz era un veneno que se filtraba en mis oídos.

"¿Crees que esto es malo?" se burló. "Esto no es nada. Camila sufrió de verdad. Tú solo estás recibiendo una pequeña dosis. Considéralo un regalo de cumpleaños de mi parte."

Finalmente me soltó, empujándome hacia atrás. Tropecé y caí al suelo, mi vestido empapado pegado a mis piernas. Él me miró desde arriba con desprecio, guardó su teléfono y, esta vez, se fue de verdad, cerrando la puerta tras de sí.

La fiesta había terminado. La gente empezó a irse en silencio, sin mirarme, como si mi dolor fuera contagioso. Solo Elena se quedó, arrodillada a mi lado, tratando de ayudarme a levantarme.

Pero yo no podía. Me arrastré hasta el baño, cerré la puerta con pestillo y me miré en el espejo. La persona que me devolvía la mirada era un monstruo. El rímel corrido formaba surcos negros en mis mejillas, mi cabello estaba pegajoso y revuelto, y mis ojos... mis ojos estaban vacíos.

Abrí la regadera y me metí debajo del agua helada con todo y vestido. Froté mi piel con fuerza, tratando de quitarme el champán, el olor de su traición, la sensación de sus manos en mis muñecas. Pero no importaba cuánto frotara, la suciedad no se iba. Estaba dentro de mí.

Mientras el agua fría caía sobre mí, un recuerdo vino a mi mente. Ricardo y yo, cuando éramos niños, jugando en el parque. Él me empujaba en el columpio, cada vez más alto. "¡Más alto, Ricky, más alto!" le gritaba yo, riendo. Y él reía conmigo, su protector, mi héroe. ¿Cómo pude dudar de él? ¿Cómo pude creerle a un extraño por encima de mi propia sangre?

Alejandro se había acercado a mí en la cafetería de la universidad, justo unas semanas después de que arrestaran a Ricardo. Dijo que era nuevo en la ciudad, que no conocía a nadie. Yo estaba rota, sola, y él fue mi salvavidas. Ahora me daba cuenta. No fue una coincidencia. Fue una cacería. Me eligió, me estudió, y se metió en mi vida con el único propósito de destruirme. Y lo había logrado.

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