Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Adulto Joven > La Chica que Rompió el Juego
La Chica que Rompió el Juego

La Chica que Rompió el Juego

Autor: : Ren Ping Sheng
Género: Adulto Joven
Mi plan era perfecto: le confesaría mi amor a Mateo Vargas, el chico más popular de la universidad, en una hermosa terraza que alquilé con mis ahorros. Pero justo antes de que llegara, mi teléfono vibró con una notificación de una aplicación desconocida, revelando una transmisión en vivo de mi terraza. Debajo del video, comentarios anónimos se burlaban: "¿Ya llegó la pobrecita?", "¿Cuánto creen que tardará en llorar?", y la peor de todas: "Leo es un genio. Usar al gemelo para la broma del siglo." Todo el amor que sentía por Mateo se convirtió en hielo. ¿Cómo podía la persona en la que más confiaba humillarme de esa forma cruel? No entendía por qué, no entendía ese nivel de maldad. Pero la rabia me dio una claridad que nunca antes había sentido. Cuando escuché sus pasos, apagué el teléfono y me volví con la sonrisa más dulce que pude fingir. El juego había cambiado. Y ahora, yo ponía las reglas.

Introducción

Mi plan era perfecto: le confesaría mi amor a Mateo Vargas, el chico más popular de la universidad, en una hermosa terraza que alquilé con mis ahorros.

Pero justo antes de que llegara, mi teléfono vibró con una notificación de una aplicación desconocida, revelando una transmisión en vivo de mi terraza.

Debajo del video, comentarios anónimos se burlaban: "¿Ya llegó la pobrecita?", "¿Cuánto creen que tardará en llorar?", y la peor de todas: "Leo es un genio. Usar al gemelo para la broma del siglo."

Todo el amor que sentía por Mateo se convirtió en hielo. ¿Cómo podía la persona en la que más confiaba humillarme de esa forma cruel? No entendía por qué, no entendía ese nivel de maldad.

Pero la rabia me dio una claridad que nunca antes había sentido. Cuando escuché sus pasos, apagué el teléfono y me volví con la sonrisa más dulce que pude fingir. El juego había cambiado. Y ahora, yo ponía las reglas.

Capítulo 1

Mi plan era perfecto.

Había ahorrado durante meses, trabajando turnos dobles como camarera en un bar de tango en La Boca, mi barrio.

Cada peso ganado era un paso más cerca de este momento.

Alquilé la terraza más bonita de San Telmo, un rincón privado con vistas a los tejados antiguos.

La decoré yo misma con farolillos de papel y esparcí flores de jacarandá, mis favoritas, por todas partes.

Todo para confesarle mi amor a Mateo Vargas.

Mateo. El chico más popular de la universidad, el heredero de un imperio vinícola en Mendoza.

Él era todo lo que yo no era: rico, seguro de sí mismo, perteneciente a un mundo de élite.

Yo era Sofía, una simple estudiante de arte con una beca, una chica de La Boca que se sentía como una impostora en los pasillos de mármol de la universidad.

Me enamoré de él el día que me defendió de un chico que no dejaba de molestarme. Con una sola mirada fría, Mateo lo hizo desaparecer. Para mí, fue como si un príncipe hubiera rescatado a una plebeya.

Desde ese día, mi corazón era suyo.

Estaba terminando de colocar la última flor cuando mi teléfono vibró. Una, dos, tres veces.

Notificaciones de una aplicación que no reconocía. "Live Bet", se llamaba.

La abrí por curiosidad.

Mi corazón se detuvo.

La pantalla mostraba una transmisión en vivo. Era mi terraza. La terraza que yo había preparado.

Podía verme a mí misma, de espaldas, ajustando un farolillo.

Debajo del video, un torrente de comentarios anónimos fluía sin parar.

"¿Ya llegó la pobretona?"

"¿Cuánto creen que tardará en llorar?"

"Apuesto 1000 a que Leo la destroza en menos de cinco minutos."

"Leo es un genio. Usar al gemelo para la broma del siglo."

"Mateo está viendo desde el piso de enfrente. ¡Quiero ver su cara!"

Leí los mensajes una y otra vez. Las palabras no tenían sentido, pero al mismo tiempo, lo explicaban todo.

La defensa contra el acosador. Las sonrisas amables en los pasillos. El supuesto interés en mi arte.

Todo era una farsa. Una broma cruel.

Mateo no venía. Iba a enviar a su hermano gemelo, Leo, para que se hiciera pasar por él. Para aceptar mi confesión y luego humillarme.

Miré hacia el edificio de enfrente. En una de las ventanas oscuras, pude imaginar a Mateo y a sus amigos, riéndose, bebiendo su caro Malbec mientras esperaban el espectáculo.

El amor que sentía se convirtió en hielo. La tristeza se transformó en una rabia fría y cortante.

No iba a llorar. No les daría esa satisfacción.

Escuché pasos en la escalera. Era él.

Respiré hondo, apagué la pantalla del teléfono y me di la vuelta con la sonrisa más dulce que pude fingir.

El juego había cambiado. Y ahora, yo ponía las reglas.

Capítulo 2

Leo Vargas apareció en la entrada de la terraza. Era idéntico a Mateo, la misma altura, el mismo pelo oscuro, los mismos ojos.

Pero había algo diferente en su postura, un aire más relajado, casi bohemio. Llevaba una chaqueta de cuero gastada en lugar de los blazers caros de Mateo.

Me miró, y por un segundo, vi una chispa de sorpresa en sus ojos al ver la decoración. Quizás no esperaba que me hubiera esforzado tanto.

"Sofía", dijo, con la voz de Mateo.

Di un paso hacia él, mis manos temblaban, pero me obligué a controlarlas. Mantuve la mirada baja, como si estuviera abrumada por la timidez.

"Mateo...", empecé, mi voz un susurro.

Él sonrió, una sonrisa de superioridad. La sonrisa del cazador que ve a su presa caer en la trampa.

"Lo siento", dije, levantando la vista para mirarlo directamente a los ojos. "Tengo que confesarte algo".

"Lo sé", dijo él, claramente disfrutando el momento. "No tienes que estar nerviosa".

Negué con la cabeza, dejando que una falsa lágrima rodara por mi mejilla.

"No, no es eso. Mateo, lo siento, pero... en realidad, de quien siempre he estado enamorada es de tu hermano".

La sonrisa de Leo se congeló en su rostro. Su confusión era total, y era hermosa.

"¿Qué?", logró decir.

"Tu hermano, Leo", repetí, mi voz llena de una pasión fingida. "Lo conocí hace años, en una pequeña galería de arte en Palermo. Yo era solo una adolescente, estaba dibujando en mi cuaderno".

Inventé la historia sobre la marcha, añadiendo detalles para hacerla creíble.

"Él se acercó. Vio mis dibujos y me dijo que tenía un don, que nunca dejara que nadie me dijera que no podía lograrlo. Fue solo un momento, pero... me marcó para siempre".

Leo me miraba fijamente, buscando en su memoria un recuerdo que no existía.

"He estado acercándome a ti todo este tiempo", continué, mi voz rompiéndose. "Porque te pareces tanto a él. Eras lo más cerca que podía estar de Leo. Te usé, Mateo. Te usé como un sustituto".

El silencio en la terraza era absoluto. Podía sentir la tensión, el shock.

Leo no sabía qué decir. Estaba completamente fuera de su guion.

Y entonces, escuché un ruido.

Un sonido violento, de cristal rompiéndose.

Ambos nos giramos hacia el edificio de enfrente.

La puerta del balcón se abrió de golpe y Mateo Vargas salió a la luz. Su cara era una máscara de furia.

En su mano derecha, los restos de una copa de vino rota se clavaban en su piel, y la sangre goteaba sobre el suelo de mármol.

Corrió hacia nosotros, sin importarle el tráfico, sin importarle nada.

El verdadero príncipe había entrado en escena. Y el juego acababa de empezar.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022