Irina Krytow.
Krasnoyarsk, meseta de Siberia Central, hace dos años.
Esa noche me acosté emocionada, como cada noche mi padre, la beta de la manada Krasnaya Luna, vino a arroparme, y a desearme que mañana fuera el mejor de mis días, había tomado esa costumbre desde que se lo había prometió a mi madre, antes de su muerte de está, en un ataque que tuvimos cuando yo tenía dos años, mi madre me protegió de un grupo de lobos picaros y solitarios que nos atacó, en su último aliento, mi madre le arranco esta promesa a mi padre, de que siempre me protegería.
Mi madre no era una loba normal, a mi padre le costó mucho aceptarla, debido a que le costaba ser mate de una loba que tenía poderes de bruja, era algo muy extraño, sobre todo para un beta, pero es que mi abuela, había sido una de las brujas del clan más conocido de toda Siberia, y el segundo mayor enemigo de mi manada, hasta que la diosa luna hizo que la hija de la bruja mayor de ese clan, mi abuela, se convirtiera en mate de mi abuelo, terminando así con las rencillas entre el clan de brujas y la manada, nadie se interpuso, por orden del alfa, entre que el Delta de la manada, mi abuelo, y su mate, una bruja, se unirán.
De esa unión nació mi madre, que era mitad loba y mitad bruja, y de nuevo intervino la diosa, ya que eligió al hermano del Alfa, mi padre, para que se convertirá en su mate, fue otra de las sorpresas que nos tenía predestinada a mi familia.
La muerte de mi madre, cuando yo tenía dos años, provocó que los poderes de bruja que ella debía traspasarme no pudieran completarse, cuando tuviera los dieciocho años, que es justo lo que cumplo mañana, así que hasta ahí llegó el regalo que nos había hecho la diosa a nuestra manada.
- "Papá, ¿crees que mamá estará orgullosa de lo que me voy a convertir, aunque yo no haya heredado todos sus poderes?"- le pregunté a mi padre antes de que saliera de mi habitación, tras darme las buenas noches como hacia siempre.
Mi padre se giró, y me miró con cariño, sabía que, aunque él no lo pensara, yo aún me sentía responsable de que mi padre, y mi hermano mayor Nikolái, hubieran perdido a mi madre.
- "Seguro que no cariño, tu madre te amaba tanto que dio su vida por ti, nada hará que tú la defraudes, nada, recuérdalo."- con esas palabras, y tras besar mi frente, mi padre salió de mi habitación.
Lastimosamente a la mañana siguiente, el primer día de mi transformación las cosas no salieron como todos habían previsto.
Hasta ahora, y debido a un visión que había tendido mi abuela la bruja, antes de morir, y todos habíamos creído, cuando mi abuela nos dijo que tanto Nikolái, como yo, nos convertiríamos en lobos muy importantes para la manada, primero, era que mi hermano sería, como mi padre, el futuro beta para el futuro Alfa, el hijo de mi tío Krytow Bykow, la actual alfa de la manada, y que yo sería la futura Luna, mate de mi primo Stefan futuro Alfa de la manada.
Con esa ilusión me acosté esa noche, Stefan era muy atractivo, el hombre lobo más guapo de la manada, sólo tenía que esperar a que mañana por la noche se iniciara mi transformación, y pronto descubriría si la Diosa Luna había hecho bien su trabajo, convirtiéndome en la mate de Stefan. Hasta él lo creía, y desde que había empezado a desarrollarme como mujer había advertido a todos los hombres de la manada, que yo le pertenencia, y que nadie debía mirarme, hasta mi protector hermano lo tenía asumido.
Así que cuando me levanté esa mañana, me sentía genial, Stefan había enviado a otras mujeres de la manada a que me cuidarán y me agasajaran como la futura Luna, para después me llevaran hacia donde ocurría el gran ritual que pasaba cada miembro de la manada en las nuevas transformaciones, era en el Krai de Krasnoyarsk, una cascada que había en la gran meseta, donde, tras sumergirnos en las aguas recién caídas de la mágica cascada, esperábamos en la orilla a la gran transformación. Mientras nuestra familia y el resto de la manada nos miraban desde las alturas de la cascada.
Ese era un ritual que tenía mi manada, y en ocasiones, como yo esperaba que me pasara con Stefan, tras la transformación, uno de los lobos, o lobas de la manada, desde las alturas de la cascada, tras la transformación del nuevo miembro, lo reconocía como su mate, y bajaba transformado, al pie de la cascada, corriendo, para reclamarse mutuamente. Ese ritual llevaba siglos y siglos funcionado en mi manada, y hoy que me tocaba a mí, no iba a ser diferente, la única diferencia existía era en que, si todo salía como imaginábamos, hoy yo, además de conocer a mi loba interior, me convertiría en la próxima Luna de la manada.
Durante todo el día estuve nerviosa, soportando las risitas, y los comentarios subidos de tonos de las otras mujeres, sobre esa noche en la que Stefan me reclamará como suya, y en la noche en que él me marcara. La verdad es que, como he crecido con esa sensación de que ese sería mi destino, quitando que sólo tengo dieciocho años, y que soy virgen, ya había aceptado esta unión como algo normal, sólo esperaba que la atracción que sienten las parejas predestinadas se manifieste, justo como le pasó a mi hermano y a Nikita, cuando ella se transformó hace año y medio.
Nikita era una de mis mejores amigas, y odiaba a mi hermano, porque es un controlador conmigo, al mismo tiempo a mi hermano le parecía que Nikita era una joven muy salvaje y alocada, y no quería que saliera con ella.
Pero como he dicho a la Diosa Luna le gusta gastar bromas pesadas, así que la noche que Nikita se transformó, muchos nos sorprendimos cuando mi hermano se transformó de repente, para correr hacía la base de la catarata, y reclamarla como su pareja. Hoy en día, estar al lado de los dos, cuando están juntos, es horrible, según muchos lobos solteros, porque sólo huelen a satisfacción, y apareamiento, seguro que yo detectaré ese olor esta noche, cuando me transfórmame, al igual de que me sentiré atraída por Stefan, cosa que ahora no me ocurre, lo veo más como un hermano mayor.
Cuando los tres que nos transformábamos esa noche, fuimos conducidos al pie de la cascada con nuestra toga de algodón blanca, nos sentiamos nerviosos. En lo alto toda la manada nos miraba, nos jaleaba, y nos daban mucha suerte, con un mandato de nuestro Alfa, todos se callaron, y los tres entramos, con la toga puesta, en el interior del lago que se formaba al pie de la cascada, sumergiéndonos en él, hasta desaparecer entre sus aguas, tras dos segundos sumergidos, comenzamos el camino de regreso a la orilla, la hora se acercaba, la luna ya estaba en lo alto.
Después de unos minutos en la orilla, pronto sentí como mi cuerpo se calentaba como si ardiera, y una voz, me habló desde mi interior.
- "Hola Irina, soy Bella, tu loba interior."- me dijo.
- "Hola Bella, te acepto, seamos una."- le dije como parte del rito de la trasformación.
Y de pronto sentí como mi cuerpo se partía en dos, mientras la túnica comenzaba a rasgarse sobre mi cuerpo. El dolor era casi agonizante, era consciente de cada hueso que se partía y se recomponía mientras mi conciencia se unía a la de Bella, ambas sentimos el dolor, y ambas nos enfocábamos en soportarlo. Pronto el dolor agonizante cesó y me vi dentro de un cuerpo de lobo, mientras el silencio se hacía en toda la manada.
Lo primero que note es que al contrario de lo que me habían dicho, no olía a nada defieren que la hierba, el olor pelo mojado, los olores típicos del bosque y del agua, así como el olor de toda mi manada que me miraba desde arriba. No había un olor diferente, ese del que te describen como un olor delicioso y único de tu pareja, no hay nada de eso.
Pero sorprendentemente de entre los árboles vi correr hacía mí, a un Stefan transformado en lobo, una enorme y fuerte lobo marrón oscuro con los ojos rojizos. Pero justo cuando ya estaba a mi lado, sorprendentemente giro a un lado en el último segundo, hacía el lado donde se encontraba Nadia, la hija del Delta de la manada, la única otra mujer lobo que se transformaba también esa noche. Al parecer ella sería la verdadera Luna, y por la forma que esa loba color Marrón claro, miro al futuro Alfa, estaba feliz.
- "¡Maldición es una Gamma!"- la voz en mi cabeza del Alfa hizo ye todos se paralizará ante la ira, que denotaba su voz, todos, menos yo, a mi increíblemente no me afectó, ni sentí miedo.
Me giré hacia arriba, buscando los ojos decepcionados de mi padre, ante la idea de no ser la futura Luna, pero todos me miraban, asombrados, incluso mi padre.
-" Vamos a mirarnos en el lago, y lo entenderás, sólo quiero que te quede claro que somos unos seres muy especiales, Irina."- me dijo Bella.
Al mirarme en el agua, lo supe, era una loba extremadamente bella, pelo rojizo intenso, con una marca blanca en el pecho en forma de luna, y ojos azules intensos, mucho más alta que las lobas normales.
- "¿Qué somos, Bella?"- pregunté a Bella.
- "Somos un regalo, somos lo que cualquier manada quería tener, pero también somos lo más codiciado por cualquier Alfas, somos unas Gamma, unas sanadoras, una hechicera entre los lobos, no te debes a nadie, al control de ningún lobo, aunque sea un Alfa, salvo a quien la Diosa haya elegido como nuestro mate, nuestro amor, nuestro futuro, y nuestro protector."- me dijo Bella, haciéndome sentir feliz, este había sido el regalo de mi madre, y de mi abuela, y yo lo recibía orgullosa.
Pero por desgracia, no tardé en saber que ese orgullo me duraría poco, y que mi mundo, a partir de ese momento, se volvería un infierno, la pesadilla, de cualquier loba Gamma. Por lo visto era un regalo envenenado, un regalo con un precio muy alto, para los que me quieren, y para todas las mandas que me codicien.
Irina Krytow.
La Sierra de la Culebra, España, hoy en día.
Miré por última vez como el Alfa Ramírez, jefe de la manada, Sierra Blanca, moría a manos de del Alfa Malcon McDonald, del clan escoces, Green Mountains, mientras yo sentía el dolor que sentían toda la manada española, al ver morir a su Alfa.
- "¿Cuántas veces más Bella?, ¿cuántas veces más veremos esto?, ¿No sé supone que somos sanadoras? ¿porque tanto dolor?"- le dije a mi loba, que aullaba en mi interior ante el dolor que sentíamos.
La empatía era una de las características que tenía una gamma, sentíamos todo lo que los otros sentían, y en ocasiones como esta, donde el dolor de una manada por la pérdida de su Alfa era tan fuerte, casi nos agobiaba.
El silencio de Bella, me lo dijo todo. Desde que fuimos sutilmente expulsadas de nuestra manada, la manada donde nací y crecí, sin que, ni mi padre, ni mi cambiado hermano pudiera hacer nada, ante el mandato del Alfa, mi vida había sido un ir y venir de circunstancias, donde, durante dos años, me había llevado de mano en mano de Alfa, que deseaba tener una Gamma en su manda, para que mis poderes les ayudaran a progresar.
Las matanzas, y el dolor que había presenciado en estos dos años, había sido infinito, y cada uno de ellos los había sentido como propio, hasta el punto de que en una ocasión quise acabar con mi vida, sólo que Bella, no me dejó, esa bella loba, tenía la esperanza de encontrar a su mate, y que nos ayude a centrarnos, a controlar nuestros poderes, y a ubicarnos en un lugar, pero yo dudo mucho de que eso ocurra.
Aún recuerdo, como me despedí de mi padre, y tras el mandato del mi tío, el Alfa, Krytow Bykov, de que era expulsada de la manada, mientras me alejaba, mi padre se acercó a mi para colocarme un colgante en mi cuello, era un colgante que había pertenecido a mi madre, y a mi abuela.
- "Esto te protegerá, y te ayudará a encontrar a tu mate, a que sea feliz, sabes que te amo, mi amor por ti es infinito, pero no puedo..."- no lo dejé acabar sentía su dolor, junto al mío, y me estaba arrasando el alma.
- "Tranquilo papá, es por la manada, y yo aun la siento como mía, aunque me haya desvinculado de ella, por orden del Alfa."- le dije con cariño, agarrando su mano para despedirme.
La verdad es que no podía decirle a mi padre que si quería habría podido desobedecer la orden del Alfa, pero esto le podría haber metido en problemas a mi manada, como había pasado en otras manadas, donde los alfas se habían dejado llevar por su ambición, sin hacerme caso de la advertencia que yo les había dado, como fue el caso del Alfa Ramírez.
Como Gamma, podía decidir, que orden acatar y que no, este libre albedrio, me ayudaba a sanar a los Alfas mayores que estaban enloquecidos, si estaba sometidos a su mandato de Alfa, no podría controlar su dolor, y su ira.
Aún recuerdo con dolor como descubrí que mi mundo había cambiado, tras mi transformación, tanto el Alfa como el Beta, ósea mi tío y mi padre, se reunieran en la habitación del Alfa, para saber que iban a hacer conmigo. Al principio la mana estaba feliz por mi aparición, una Gamma, según me contó Bella, es algo inusual, da estabilidad a la manada, mueren menos miembros, y los lobos mayores controlan su locura, las lobas se quedan más rápido embarazadas, prueba de ellos fue que esa la noche, la de mi cambio, mi hermano y mi mejor amiga, engendraron a mi primer sobrino o sobrina.
Pero, por otro lado, sentirlo todo era algo que me volvía loca, sentía la pena de Stefan, al mírame, al mismo tiempo que su deseo incontrolable y amor por Nadia, sentía la burla, y el odio oculto de Nadia, al parecer esa loba había estado enamorado siempre de Stefan, pero como a mí se me consideraba como la futura y verdadera luna, su rencor hacía mí había crecido, y el ser ella ahora la próxima Luna, le había vuelto ese odio, esa soberbia, y satisfacción irónica.
Me abrumaban todas las sensaciones que recibía de todos lo que me rodeaban, y Bella tuvo que inhibir un tiempo esa habilidad, hasta que la controlara. Una semana después de mi transformación, ya la controlaba más justo a tiempo de sentir que, tras una reunión de Alfas, el Alfa Krytow, llegó con una gran decisión, y una gran preocupación, me hizo reunirme con él a solas.
- "Mi querida Irina, esto que te voy a decir sólo lo sabes tú, y lo hago para que entiendas mi posición, y porque tomo esta decisión."- me dijo, y yo sentí su dolor. - "ya los demás Alfas saben de tu nacimiento, y eso nos pone en peligro a todas las manadas."- me dijo de golpe.
- "¿Cómo...?"- comencé a preguntar, pero el Alfa, me interrumpió.
- "Una Gamma es la loba más rara de todas las mandas, y por ello los sienten todos lo Alfas, tenerte en una manada en algo que todo Alfa quiere, y por eso, vendrán a buscarte, sin importar lo que se lleven por delante. Las guerras entre clanes comenzarán, es por eso por lo que yo debo proteger a mi manada. ¿Lo entiendes? "- me dijo haciendo que mi corazón me doliera, me iban a expulsar de la manada, y por muy difícil y doloroso que fuera, lo entendía, yo también quería proteger a mis seres queridos.
- "Esta bien me iré"- le dije.
- "No te puedes ir por desgracia al nacer en esta manada, sólo yo puedo rechazarte, mientras no te unas a un clan voluntariamente, mediante lazos de manada, podrás decidir cuándo entrar y salir de una manada, pero si te unes, como ocurre este caso, sólo el Alfa es quien puede expulsarte, obedezcas o no sus órdenes, siempre estarás unida a esa manada, tenlo en cuenta, porque ahí fuera el mundo se volverá loco. La única esperanza que tienes para que esto se calme un poco, es encontrar a tu mate, y que él sea un lobo fuerte, que pueda controlar a las otras manadas."- me dijo mi tío haciendo que el mundo bajo mis pies temblara de miedo.
Tras mi expulsión dolorosa, viajé por toda Europa, y pronto fui capturada por Alfas que me codiciaban, incluso en una de las huidas por evitar ser atrapada, perdí el famoso colgante de mi familia, cosa que me dolió muchísimo, porque era lo único que me quedaba de mis padres. Las guerras entre clanes comenzaron a ser muy frecuentes, sangre, dolor, y sufrimiento es lo único que había visto en estos dos últimos años. La obsesión por tenerme había cegado a los Alfa, que se olvidaban hasta del bienestar de su manada, sólo por el poder que significaba tenerme.
Esto había pasado con el Alfa Ramírez, y al sentir la sed de sangre del Alfa Malcon McDonald, decidí que por el bien de su manada Sierra Blanca iba a intervenir, no deseaba asistir a más matanzas de clanes, como ya había visto en otras partes de Europa.
- "Deja a la manada vivir, y me iré contigo."- le dije.
- "No gano nada con eso, igualmente te voy a llevar conmigo."- me dijo sonriendo con esa mirada asesina en sus ojos azules.
- "¿Sabes que no puedes controlarme, ¿verdad? si no matas a nadie, iré contigo, voy voluntariamente a tu manada.
- "Sólo si te casas conmigo eres mi luna, lo acepto."- me dijo, y yo supe que no me quedaba otra cosa sino aceptar, llevaba dos meses en esa manada, y mi estancia había hecho que muchos lobos quedaran embarazados, y muchos lobos viejos habían recuperado la salud, si no controlaba a ese Alfa sádico, muchos inocentes morirían.
- "De acuerdo, pero no faltes a tu palabra, o no cumplo la mía, recuerda que sé todo lo que sientes, y sé si me vas a mentir"- le dije harta de que me mintieran por poder.
- "Lo prometo, cuando nos casemos y te marque, serás mía, y nunca podrás abandonar nuestra manada, serás mi luna."- me dijo el Alfa Malcon, haciendo que Bella temblara por dentro, de asco.
Desmond Darkness.
Mientras clavaba mis colmillos en su cuello, supe que la vida del Alfa de la manada Dunkles Feuer, había acabado, hacia semanas que ese maldito y estúpido Alfa, le había retado, él quería conseguir el título de Rey de los Alfas, el idiota sólo porque podía mírame, a los ojos como no lo hacían los otros Alfas, creía que tenía el poder para ganarme.
Mientras su cuerpo caía inerte en el suelo, sentí como mi beta me llamaba entre la espesura del bosque.
- "¿Qué ocurre?"- le pregunté mediante el enlace de Alfa y Beta.
- "Ese estúpido de Alder, ha mandado a su beta que acabe con su manada, si él pierde, los han encerrado en un pajar, y pretende incendiarlo para matarlos a todos."- dijo Elijah, mi beta.
- "Encárgate del Beta, protege a la manada, yo iré ahora."- pronto comencé a correr hacía la esplanada de la manada Dunkles Feuer, al llegar allí ya mi beta se estaba encargando de Burk, la beta del difunto Alder. Mientras la manada aullaba dentro del granero. Fácilmente como era de esperar Elijah acabó con la vida de Burk, mi beta era una beta fuerte, incluso más fuerte que muchos Alfas, así que, para cualquier Beta, era una apisonadora.
El Alfa y la beta de la manada Dunkles Feuer pasaba por ser unos lideres justos, con una manada fuerte, pero nada más lejos de la realidad, su Alfa y su beta eran muy crueles, con los lobos de rango bajo, los pobres omega eran torturados, y muchos eran vendidos de manera oculta otras manadas para que estos juagaran con ellos, de esta forma sólo había representantes fuertes en la manada, selección natural lo llamaba el Alfa Alder.
Cuando me enteré de esas prácticas, mandé a espiar a la manada y a su Alfa, y mis sospechas fueron confirmadas, así que usé las palabras que había pronunciado el idiota de Alder, de que era más fuerte que yo, el enigmático, rey oscuro, para retarlo, por el título de rey. La ambición de ese viejo lobo alemán era desmedida, y este era el resultado.
Mandé a soltar a la manada mientras mis hombres rodeaban el granero para evitar que nadie escapara. Al salir del edificio, la manada se encontró con mi imponerte figuran delante de ellos, un gran lobo Alfa, de ojos oscuros, y pelo oscuro, que es más grande que su antiguo alfa, y que los miraba a todos serio, y con una mirada peligrosa de advertencia.
Sabía el miedo que proporcionaba a otras alfas y a las manadas, muchos lobos de alto rango que había ante mí ni siquiera me miraban a los ojos, mi popularidad de Alfa despiadado, y oscuro, un demonio que lo arrasa todo a su paso, era algo de lo que yo me había encargado de promocionar de la forma muy efectiva. Que los miembros de ese clan pensaran que yo era el que quería incendiarlos dentro del granero, me venía bien a mi aterradora historia.
Tras transformarme, y coger la ropa que mi beta, ya transformado, me entregaba, comencé a vestirme delante de unos aterrorizados lobos, esto me dio tiempo para mi siguiente puesta en escena.
- "¿Dónde está la luna de la manada?"- pregunté con voz firme que no admitía que no se me respondiera, vi como mucho de ellos se encogían ante mis palabras.
Al principio silencio, pero finalmente salió una mujer pequeña, muy delgada con una gran cicatriz en la cara, que debió haberse hecho con un cuchillo de plata, porque no se había sanado.
- "Soy ...yo..."- dijo mirándome con terror.
- "Creo que no hace falta que te diga que eres viuda."- le dije mostrando una sonrisa de satisfacción, que aseguraba al que me miraba que había disfrutado matando a su alfa.
Por un segundo vi felicidad en los ojos de la Luna, como si yo le hubiera Librado de un gran castigo, pero enseguida se recompuso.
- "Lo sé"-dijo bajando la cabeza para simular dolor, pero por tenía la sensación de que era fingido.
- "Bien pues tienen dos opciones, o aquí y ahora me juran fidelidad como su nuevo Alfa, o vuelvo a meterlos en el granero y le prendo fuego como era mi intención al principio, ¡Decidan que van a hacer!"- les dije mientras los miraba temblar de terror ante las expectativas que les estaba haciendo elegir
Pero enseguida supe que me elegirían mí, agacharon la cabeza me juraron fidelidad como su nuevo Alfa. Una vez acabado el juramentó, la antigua luna, me entregó algo que escondida del resto de la manada.
- "Alfa, mi gente no se lo dirá, pero gracias, le hago entrega del tesoro que ese maldito me hizo guardar de todos, como mi nueva alfa debe ser suyo."- me dijo dándome un colgante de cuero donde colgaba una piedra de un azul muy intenso.
- "¿Qué es esto?"- pregunté serio.
- "Es el collar que llevaba la Gamma que todos están intentando conseguir, ese maldito casi la consigue, pero se la robaron en el último momento, sólo consiguió este collar, su ira fue indescriptible."- dijo la antigua luna tocándose la cara donde tenía la cicatriz, así supe quien la había marcado.
Recogí el collar y asentí, lo guardé en mi bolsillo. Sabía que todas las manadas estaban como locas por obtener a esa Gamma, todas menos él, no deseaba entrar en conflictos con otros clanes por una loba, por mucho que diera estabilidad a su manada, de eso se encargaba él, que para eso era su Alfa, además, sólo había que ver la revolución que había creado esa Gamma por toda Europa, no generaba más que conflictos, enfrentamientos y muerte entre clanes.
Cuando llegaron a sus tierras en Irlanda, iba a entregar el collar a su tía adoptiva Nelda, ella no era un licántropo, en realidad es una Banshees, una bruja irlandesa, su madre la salvo una vez de unos lobos pícaros que la tenían acorralada para matarla, y ellas se volvieron muy amigas, Nelda es la mayor protectora de mi madre, y de la manada, es responsable del círculo de energía que protege el territorio de la manada, y es mi querida tía.
- "¿Dónde has sacado esto?"- preguntó Nelda, sorprendida.
Así que le conté la historia que me había contado la antigua luna de la manada Dunkles Feuer, y ella sonrió muy feliz.
- "Puedes tocar la piedra, quiero ver una cosa."- la miré interrogante, pero nunca le había podido negar nada a ese viaje brujo.
Al tocarlo, las piedras del colgante brillo con fuerza, como si tuviera luz propia. Y sentí como por mis manos corría una energía extraña, que me hizo soltarlo de la sorpresa.
- "Lo sabía"- me dijo.
- "¿Qué sabías? ¿y que ha sido eso?"- pregunté sintiendo aún esa corriente extraña en los dedos de mis manos.
- "Tienes que encontrar a esa loba, la gamma y traerla a nuestra manada lo antes posible, la magia te ha elegido como su protector."- me dijo, y yo la miré como si me hubiera dicho que me había salido otro ojo en medio de la frente.
- "Yo no tengo que hacer nada, no me interesa eso de la Gamma y sus poderes, así que dile a tu magia que me deje en paz ¿vale?, tengo cosas que hacer más importante, he traído nuevos miembros a la manada, tengo que distribuirlos, y entrenarlos."- le dije desinteresado mientras me dirigía hacia la puerta para salir de la choza donde vivía la Banshees.
- "Espera llévate esto, cuélgatelo y no te lo quietes, o no te gustará el resultado."- me dijo, pero yo ni me giré, así que nada más salir por la puerta sentí que algo se movía a mi lado, y vi como un enorme árbol que llevaba siglos aguantando estoicamente junto a la choza de la Banshees, caía a muy pocos centímetros de mí, sin que casi detectará su movimiento.
- "Te lo dije Alfa, y eso sólo es el principio."- me dijo Nelda, desde la puerta de la choza.
Sin decir nada me volví y dejé que la bruja me colgara el maldito collar.
- "Pero no creas que voy a buscar al Gamma, olvídalo."- me dije con mi voz de Alfa como si eso le afectar a Nelda, ella sólo sonrió.
- "Eso, Alfa por desgracia, ya no está de tu mano"- me dijo, y yo la miré ceñudo.
Claro que lo veríamos, a mi nada ni nadie me obliga a hacer algo que no quería hacer, faltaría más, no por nada soy el temido, fuerte, y despiadado rey Oscuro, Desmond Darkness, el Alfa de la manda más grandes y poderosa de todas, Blue Moon, nadie me obligaría a hacer algo que no deseaba hacer.