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La  Coleción Del Legado Oscuro

La Coleción Del Legado Oscuro

Autor: Glamour
Género: Fantasía
NOTA: Esta es una colección de historias cortas y de mayor extensión. Al terminar la primera historia, encontrarás otro libro con su respectiva sinopsis. ~~~~~~~ Sarah le entregó a Henry todo lo que tenía. Le confió su corazón, lo respaldó con su fortuna y soñó con construir una vida a su lado. Sin embargo, en su tercer aniversario de bodas, regresó a casa antes de lo previsto para darle una sorpresa, solo para descubrir una traición que hizo añicos su mundo. El hombre al que amaba jamás la había querido. La mujer a la que él presentaba como su hermana era, en realidad, su amante; y juntos habían pasado años aprovechándose de Sarah por su dinero. Cuando la verdad salió a la luz, Sarah lo perdió todo... incluso la vida. Pero el destino aún no había terminado con ella. Sarah despierta cuatro años en el pasado, de regreso a su último año de universidad. Está antes de las mentiras, antes del matrimonio y antes de entregarle su futuro al hombre equivocado. Esta vez, Sarah no será la mujer ingenua que confiaba a ciegas. Protegerá a su familia, defenderá su fortuna, desenmascarará a quienes la traicionaron y les hará pagar por cada lágrima derramada. Mientras reescribe su destino, un hombre inesperado empieza a cambiar el rumbo de su segunda oportunidad. ¿Se convertirá en su mayor aliado... o será la única persona capaz de robarle el corazón? En esta nueva vida, Sarah no solo busca venganza. Está reescribiendo su destino.
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Capítulo 1

Perspectiva de Sarah

Me quedé mirando el montón de regalos cuidadosamente envueltos en el asiento trasero de mi auto, incapaz de contener la sonrisa que se extendía por mi rostro.

Hoy se cumplía mi tercer aniversario de bodas con mi esposo, Henry.

Durante la última semana había estado fuera en un viaje de negocios. Henry pensaba que no volvería hasta mañana porque había mantenido mi regreso en secreto a propósito. Quería darle una sorpresa. Después de todo lo que habíamos pasado, quería que hoy fuera un día especial.

Mi mirada se desvió una vez más hacia los costosos obsequios.

El último modelo de Rolls-Royce del que llevaba meses hablando. La ropa de diseñador de edición limitada de la que no dejaba de mandarme fotos. Zapatos de lujo. Bolsos de marca. Todo lo que alguna vez me había pedido. Compré cada una de esas cosas sin dudarlo.

Ya podía imaginar la emoción en su rostro al verlos. Tal vez esta sorpresa finalmente lo haría feliz. Tal vez este aniversario sería diferente a los anteriores.

Un ligero rubor asomó a mis mejillas.

Tal vez... después de esta noche, finalmente me trate como a su esposa.

Tal vez, tras tres largos años de matrimonio, por fin me tocaría como un esposo debe hacerlo. Tal vez finalmente tendríamos nuestra primera noche juntos.

El solo pensamiento hacía que mi corazón se acelerara.

Henry siempre me decía que quería esperar hasta que fuera el momento adecuado. Siempre tenía una excusa y, aunque a veces me dolía, nunca lo cuestioné. Lo amaba demasiado como para forzar algo para lo que él no estuviera listo.

El claxon de un auto detrás de mí me sacó de mis pensamientos. El semáforo de adelante se había puesto en rojo.

Presioné el freno y esperé pacientemente, tamborileando ligeramente los dedos contra el volante.

Fue en ese momento cuando mis ojos se posaron en el enorme espectacular al otro lado de la carretera.

Nicholas Santos.

Su atractivo rostro miraba hacia la concurrida calle con la misma expresión fría que lo había hecho famoso.

Su foto parecía estar en todas partes últimamente. Espectaculares, revistas, comerciales de televisión. No había forma de escapar del nombre Nicholas Santos. Una pequeña sonrisa se dibujó en mis labios.

-Realmente se ha vuelto muy popular -susurré para mis adentros. Habían pasado años desde la última vez que lo vi.

Antes de que pudiera seguir pensando en ello, el semáforo cambió a verde.

Pisé suavemente el acelerador y continué manejando hacia casa, sintiendo que mi emoción crecía con cada minuto que pasaba.

Ya casi llegaba. Ya podía visualizar la cara de sorpresa de Henry. Me estacioné en la entrada de la casa y bajé rápidamente del auto.

Uno de los guardias de seguridad me saludó con un respetuoso asentimiento antes de ayudarme a bajar los regalos.

-Por favor, déjalos aquí -dije con una sonrisa-. Yo misma los meteré.

-Sí, señora.

Inhalando profundamente, caminé hacia la puerta principal. Le di la vuelta a la llave con cuidado, procurando no hacer demasiado ruido.

-¿Henry? -llamé en voz baja. No hubo respuesta. Una sonrisa juguetona permanecía en mis labios. Tal vez estaba arriba.

Entré a la sala, pero mi sonrisa se desvaneció lentamente. Un vestido rojo yacía tirado descuidadamente en el suelo.

Fruncí el ceño. Eso no era mío. Mis ojos recorrieron la habitación. Un par de tacones altos. Otro vestido. Luego, una camisa de hombre.

Una sensación extraña y pesada se instaló en mi pecho.

-No... -susurré entre dientes. Tenía que haber una explicación. Quizá algún familiar de Henry había venido de visita.

Quizá... Me obligué a seguir caminando. Con cada paso hacia la escalera, aparecía más ropa.

Un sostén. Una tanga de encaje. Otra camisa. Mi respiración se volvió irregular. Los latidos de mi corazón retumbaban tan fuerte que resonaban dentro de mis oídos.

Por favor... Por favor, que no sea lo que estoy pensando.

Mientras más me acercaba a nuestra habitación, más claros se volvían los sonidos.

Risas suaves. Voces jadeantes. Seguidas de gemidos inconfundibles. De pronto, sentí los pies como si me pesaran toneladas de hierro.

Cada instinto me gritaba que diera la vuelta. Que corriera. Pero no pude. Con dedos temblorosos, alcancé lentamente la perilla de la puerta de la habitación.

En el momento en que la empujé, mi mundo entero se hizo pedazos. Henry estaba en nuestra cama. Tenía a una mujer en sus brazos, y esa mujer era Melanie.

La misma Melanie a la que me había presentado como su hermana menor. Estaba enredada a él como si ese fuera su lugar, mientras las manos de él descansaban posesivas en su cintura.

Ninguno de los dos notó mi presencia. Estaban demasiado perdidos el uno en el otro. Sentí que la sangre se me drenaba del rostro.

La habitación comenzó a dar vueltas. Esto no podía ser real. Tenía que ser una pesadilla.

Entonces Melanie soltó una risita.

-¿No te da miedo que tu esposa nos atrape? -preguntó. Henry soltó una carcajada despreocupada.

-¿A quién le importa? -respondió sin el más mínimo rastro de culpa-. Ya estoy harto de esconderme, de todos modos. Ya es hora de que sepa la verdad. -Hizo una pausa antes de añadir las palabras que me atravesaron directo al corazón-: Ella nunca ha sido más que una máquina de hacer dinero para mí. Tú eres la única mujer a la que he amado.

-Nunca he visto a una tonta como ella, está tan loca por ti que no usa el cerebro, es de lo más estúpida -se burló Melanie.

-Por eso jamás podría tener nada que ver con ella, ni siquiera podía tocarla porque me da demasiada repugnancia -dijo él, y ambos se rieron a carcajadas mientras continuaban cogiéndose.

Mi bolso se resbaló de mis dedos. Cayó al suelo con un golpe seco. El sonido resonó por toda la habitación.

Henry y Melanie se congelaron. Ambos se giraron hacia la puerta. El color desapareció instantáneamente de sus rostros.

Yo ya no podía escuchar nada. Ni mis latidos. Ni mi respiración. Solo el sonido de mi propio corazón rompiéndose.

Las lágrimas nublaron mi vista mientras rodaban libremente por mis mejillas.

Miré a Henry, luego a Melanie y de vuelta a él, rogando internamente que alguien me dijera que esto no estaba pasando. Que esto no era real. Que estaba soñando. Mis labios temblaron mientras luchaba por encontrar mi voz. Finalmente, las palabras escaparon en un hilo de voz quebrado.

-Dime... que no es verdad -alcancé a balbucear.

Capítulo 2

Perspectiva de Sarah

-Dime... -mi voz temblaba mientras las lágrimas rodaban por mi rostro-. Dime que es mentira.

Henry me miró con impaciencia en lugar de culpa. -Sarah, ¿por qué no tocaste antes de entrar? Pensé que regresabas mañana. ¿Por qué estás aquí ahora?

Lo miré con incredulidad. Acababa de atraparlo en nuestra propia cama con la mujer que me había presentado como su hermana, y sin embargo, lo único que parecía importarle era el hecho de que yo hubiera regresado un día antes de lo previsto.

Una sonrisa amarga se dibujó en mis labios.

-¿Cómo pudieron hacerme esto? -preguntó mi voz, quebrándose bajo el peso de mis emociones-. Confié en los dos.

Henry soltó una burla antes de cruzarse de brazos. -Ya que te enteraste, no tiene sentido seguir ocultándolo. Melanie no es mi hermana. Es el amor de mi vida.

Las palabras resonaron en mis oídos.

-Hemos estado juntos desde la secundaria y ya tenemos un hijo. Fingir que éramos hermanos nos facilitó las cosas, y gracias a esa pequeña actuación, conseguimos exactamente lo que queríamos.

Sentí como si el suelo bajo mis pies hubiera desaparecido.

Un hijo... Así que mientras yo soñaba con formar una familia con el hombre que amaba, él ya había construido una con alguien más.

-Confié en ti, Henry -susurré-. Les di todo a los dos. Trabajé mientras tú te quedabas en casa. Pagué cada factura, compré todo lo que me pediste y nunca me quejé porque creía que éramos una familia. ¿Cómo pudieron hacerme esto?

Él rodó los ojos, como si mi dolor no significara nada.

-Deja de ser tan dramática. Esto es culpa tuya.

-¿Mi culpa? -repetí, mirándolo incrédula.

-Sí, es tu culpa. ¿Nunca te diste cuenta de que jamás te tocaba? Incluso cuando éramos novios, mantenía mi distancia. Las pocas veces que insististe en besarme, odié cada segundo. Me quedé contigo por tu dinero, Sarah. Eso es todo lo que has sido para mí.

Cada palabra se sintió como si otro pedazo de mi corazón se rompiera.

Durante tres años, lo había amado con todo lo que tenía. Ignoré cada excusa que me dio porque creía que el amor requería paciencia. Pensé que algún día finalmente me aceptaría como su esposa.

Ahora me daba cuenta de que nunca había habido un matrimonio que salvar. Con un suspiro tembloroso, me limpié las lágrimas y lo miré fijamente.

-Quiero el divorcio.

Por un breve momento, la habitación se quedó en un completo silencio antes de que Henry y Melanie se miraran y estallaran en carcajadas.

-¿Todavía no lo entiendes, verdad? -dijo Henry con una sonrisa burlona-. Ya me cediste todas tus propiedades.

Melanie se rió aún más fuerte. -Si alguien se va de esta casa, eres tú.

-Seremos lo suficientemente amables como para darte hasta mañana por la mañana para que empaques tus cosas -añadió Henry con total confianza.

No pude evitar soltar una risa silenciosa. Ambos dejaron de sonreír y me miraron confundidos.

-¿De qué te ríes? -preguntó Henry. Sostuve su mirada sin el miedo que había llenado mis ojos hace un momento.

-¿De verdad crees que te entregaría todo lo que poseo solo porque me lo pediste?

Su sonrisa desapareció lentamente.

-¿A qué te refieres?

-Los documentos que firmaste no eran los originales -mi voz se mantuvo tranquila-. Eran falsos.

La expresión de Henry cambió al instante.

-¿Qué acabas de decir? -exigió.

-Los documentos reales están a salvo -respondí-. Nunca los tendrás.

Me di la vuelta y me dirigí hacia la puerta.

-¡Sarah! -Sus pasos me siguieron casi de inmediato.

-¿Dónde están los documentos? -preguntó mientras me alcanzaba y me agarraba del brazo con fuerza.

Intenté soltarme. -Suéltame.

-Dime dónde están.

-Nos vemos en el tribunal.

Su agarre se apretó y luché por liberarme. En medio del forcejeo, perdí el equilibrio cerca de la escalera.

Todo sucedió en un abrir y cerrar de ojos.

Tropecé, el mundo giró violentamente a mi alrededor y luego todo se volvió oscuro. Las voces a mi alrededor empezaron a sonar distantes.

-¿Qué hacemos ahora? -La voz de Henry estaba llena de pánico.

Melanie respondió después de un largo silencio, con una voz baja y fría.

-Tenemos que pensar con cuidado. Nadie puede saber lo que pasó.

Sus voces se desvanecieron lentamente hasta que dejé de escucharlas por completo.

La oscuridad se lo tragó todo. Mi cuerpo se sentía extrañamente ligero, como si todo el dolor se hubiera desvanecido con el último aliento de mi conciencia.

¿Era este... el final?

Una extraña calidez me envolvió de repente, seguida por una voz familiar.

-Sarah. -Alguien me tocó suavemente el hombro-. Sarah... despierta.

Fruncí el ceño y abrí los ojos lentamente. La brillante luz del sol que entraba por la ventana del salón de clases me hizo entrecerrar los ojos mientras parpadeaba varias veces.

Durante unos segundos, simplemente me quedé mirando el escritorio frente a mí, incapaz de procesar dónde estaba.

El olor a libros y papel fresco inundaba el aire. A mi alrededor, los estudiantes charlaban entusiasmados mientras otros se apresuraban a empacar sus mochilas después de la clase.

Se me cortó la respiración.

Esta no era mi casa. Miré rápidamente a mi alrededor, con el corazón latiéndome cada vez más rápido con cada segundo que pasaba.

El aula magna. Mi facultad. El mismo salón de clases en el que había pasado incontables horas durante mi último año de universidad.

Mis manos temblorosas se dirigieron instintivamente a mi rostro antes de mirar el cuaderno que estaba abierto sobre el escritorio. Garabateada en la parte superior de la página estaba la fecha.

Hace cuatro años. Mis ojos se abrieron de par en par, incrédulos.

-No... -susurré.

Me puse de pie tan rápido que mi silla rechinó fuertemente contra el suelo, atrayendo miradas curiosas de los estudiantes cercanos. No les presté la menor atención.

Mi mente iba a mil por hora. Hace cuatro años... Cuando todavía era una estudiante de último año. Cuando apenas comenzaba a salir con Henry. Antes de casarme con él. Antes de sacrificarlo todo por él. Antes de que él y Melanie me traicionaran. Antes de que destruyeran mi vida.

Las lágrimas brotaron lentamente de mis ojos, pero esta vez no eran de desesperación. Eran lágrimas de pura incredulidad.

No estaba muerta. Había regresado. Se me había dado otra oportunidad.

Una risa temblorosa escapó de mis labios mientras me aferraba al borde de mi escritorio.

-Yo... -Inhalé un aire lento y tembloroso-. He renacido.

Capítulo 3

Perspectiva de Sarah

Todavía miraba a mi alrededor con la mente en blanco, tratando de convencerme de que no estaba soñando, cuando una voz familiar me trajo de golpe a la realidad.

-Sarah. -Mi cuerpo se tensó por completo.

Levanté la mirada lentamente y vi a Henry caminar hacia mí con Melanie aferrada con fuerza a su brazo. Cualquiera que no los conociera habría pensado que eran pareja en lugar de hermanos. En ese entonces, nunca lo cuestioné. Incluso admiraba lo unidos que eran, creyendo que no era más que un fuerte lazo familiar.

Ahora, solo me revolvía el estómago. Henry se detuvo frente a mi escritorio y me miró frunciendo el ceño.

-¿Qué no ves que ya es hora de almorzar? -preguntó con impaciencia-. ¿Por qué no has traído nuestra comida todavía?

Por un breve segundo, me limité a mirarlo fijamente. Se sentía extraño volver a verlo. El rostro que había amado durante años. El rostro en el que había confiado con todo mi corazón.

El mismo rostro que había sonreído mientras admitía que solo se había quedado conmigo por mi dinero.

El recuerdo de mi vida anterior pasó por mi mente con tanta nitidez que mis dedos se curvaron en puños apretados debajo del escritorio. Aún podía recordar claramente cuando estaba de pie en nuestra habitación con las lágrimas rodando por mi rostro mientras él me miraba sin un ápice de culpa.

Lo único que deseaba era cruzarle la cara de una bofetada. En lugar de eso, me obligué a esbozar una pequeña sonrisa.

-Lo siento -dije con calma-. Se me pasó por completo. Iré a comprarla ahora mismo.

Melanie sonrió con dulzura, pero esta vez pude ver a través de la expresión inocente que tan bien sabía fingir.

-Ya sabes lo que me gusta, Sarah -dijo-. Por favor, no te vayas a equivocar con mi pedido hoy.

-No lo haré -respondí. Recogí mi bolso y salí del salón sin decir una palabra más.

En el momento en que pisé el pasillo, la sonrisa desapareció de mi rostro. ¿Cómo pude haber sido tan tonta?

Todos los días usaba mi propio dinero para comprarles el almuerzo a ambos. No importaba lo costosa que fuera su comida, yo pagaba sin dudarlo porque creía que ellos eran mi futura familia. Sin embargo, por más que me esforzara, siempre encontraban un motivo para quejarse.

Si la comida llegaba un poco tarde, era mi culpa. Si la bebida no estaba lo suficientemente fría, era mi culpa. Si a Melanie se le antojaba algo diferente a último momento después de que yo ya había comprado todo, seguía siendo mi culpa.

Había pasado años intentando complacer a personas que jamás me valoraron. Esta vez no sería así.

Fui a la cafetería y ordené exactamente lo que habían pedido. Como no planeaba quedarme con ellos más de lo necesario, llevé la comida hacia nuestra facultad.

Al no encontrarlos dentro del salón de clases, no me sorprendió. Ya sabía perfectamente dónde estaban.

El laboratorio. Siempre desaparecían ahí durante el almuerzo porque casi nadie entraba a esa hora.

Una sonrisa amarga cruzó mis labios. En mi vida anterior, pensaba que simplemente les gustaba estudiar juntos.

Qué maldito chiste. Caminé en silencio hacia la puerta del laboratorio y la empujé suavemente.

La escena frente a mí no me tomó por sorpresa en absoluto. Henry tenía una mano envuelta alrededor de la cintura de Melanie mientras ella se apoyaba contra él, con los labios unidos como si el resto del mundo no existiera. La mano de él recorría el cuerpo de ella mientras la besaba en los labios como si quisiera tragársela viva.

Solo se separaron de golpe cuando escucharon el crujido de la puerta al abrirse. Melanie se alejó de él apresuradamente mientras Henry se aclaraba la garganta con evidente incomodidad.

Durante unos segundos, nadie habló. Los miré a ambos con una expresión serena. No había dolor. No había impacto. No tenía el corazón roto. Solo sentía una profunda decepción conmigo misma.

¿Cómo pude haber pasado por alto algo tan evidente? Había confiado tanto en ellos que ignoré cada momento sospechoso, cada excusa extraña y cada mirada prolongada que compartían.

En ese entonces estaba ciega. Ahora lo veía todo. Sin decir una sola palabra, me acerqué y dejé la comida sobre la mesa.

Melanie abrió el contenedor e inmediatamente frunció el ceño.

-Te dije que quería salsa extra. -La miré fijamente un momento antes de hablar.

-Si eres tan exigente, ¿por qué no te compras tu propio almuerzo?

El laboratorio se quedó en completo silencio. Ambos me miraron como si de repente me hubiera salido otra cabeza. Henry fue el primero en reaccionar.

-¿Qué acabas de decir?

Crucé los brazos sobre mi pecho.

-Dije que si es tan especial con su comida, puede comprársela ella misma. Es perfectamente capaz de hacerlo.

Melanie parpadeó varias veces, claramente estupefacta.

-Sarah... -habló con voz suave, adoptando la misma expresión de víctima que solía engañarme siempre. -¿Estás enojada conmigo?

Casi me río. Realmente era una excelente actriz. Henry se interpuso de inmediato entre ella y yo, como queriendo protegerla.

-¿Cómo te atreves a hablarle así a mi hermana? -espetó-. Pídele una disculpa ahora mismo.

Miré a Henry, luego a Melanie, y solté una pequeña risa.

¿Su hermana? Qué mentira tan ridícula.

-Ustedes deberían estar pidiéndome disculpas a mí -respondí con total tranquilidad. Sin esperar a que dijeran nada más, di la vuelta y caminé hacia la puerta.

-¡Sarah! -La voz de Henry resonó a mis espaldas-. Si te vas sin disculparte, no te voy a hablar en toda una semana.

Mis pasos se detuvieron por apenas un segundo.

En mi vida anterior, esas palabras me habrían aterrorizado. Habría regresado corriendo de inmediato, pidiendo perdón incluso sin haber hecho nada malo, y habría pasado días enteros rogando por su perdón.

Pensar en eso ahora me hacía sentir vergüenza. ¿Cómo había permitido que alguien me manipulara con tanta facilidad? Miré lentamente por encima del hombro.

-Pues no me hables.

Henry frunció el ceño.

-¿Qué?

Le dediqué una ligera sonrisa.

-Si no hablarme durante una semana te hace feliz, adelante.

Sus ojos se abrieron de par en par.

Antes de que pudiera articular otra palabra, salí del laboratorio, dejándolos a ambos congelados en un estado de absoluto shock.

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