Stella Stone.
Llevo veinte años existiendo. Algunos me podrían considerar una acosadora, incluso yo me considero una.
Todo empezó una tarde de noviembre en el festival de comida. Estaba sentada con mi amiga Clara y conversábamos de cosas triviales, nada fuera de lo normal. Ella tenía la misma edad que yo, nos conocimos en el instituto y hasta el día de hoy somos amigas.
Aquel día de noviembre mi mirada se posó en el puesto de un joven, era atractivo y sus brazos fornidos me llamaban desde lejos. Pude notar que vendía pasteles y cosas dulces, miré a Clara y le sonreí de forma nerviosa.
-Seré repostera
-Pero ¿qué dices? -preguntó riéndose-Si, no sabes cocinar ni un pan.
-Da igual-volví a mirarlo-Aprenderé.
Clara miró en dirección al puesto de repostería y me señaló con el pitillo que estaba entre sus dedos.
-¿Es por el?
Asentí.
-Es un bonito pelirrojo, pero ni siquiera lo conoces Stella.
-Déjame decirte que llegaré a conocerlo, pienso pedirle trabajo.
-¿Trabajo? -se alteró-Pienso que vas muy lejos por algo insignificante. Vives bien, tus padres son millonarios ¿Qué más quieres?
-Nada-negué-De igual forma mis padres ya no están aquí.
Clara negó repetidamente y se cruzó de brazos. Ella no lo entendía, pero sentía que quería conocer a aquel chico. Sus brazos fornidos, su espalda ancha, sus ojos grises y aquel cabello rojo me habían cautivado.
Era imposible no querer hablarle, me levanté decidida a comprar cualquier cosa y cuando estuve ahí todo se vino abajo.
-¿Desea algo? -sonrió.
-Un pastel de chocolate-murmuré
-Los pasteles de chocolate son mis favoritos, siempre me han gustado. ¿También son los tuyos?
Asentí-Mi nana siempre los preparaba, aunque en ocasiones mi madre se molestaba por eso.
-¿Por qué?
-No es sano comer tantos dulces-me entregó el pastel y me sonrió. Creo que estaba esperando que me fuera, que reaccionará o que al menos dijera algo. Pero en mi torpeza y ganas de correr, solté las palabras que menos quería.
-¿Me darías trabajo?
-¿Qué? -preguntó desconcertado.
-Necesito un trabajo ¿Te molestaría contratarme?
Negó-Tengo un local cerca de aquí, Nos podemos ver ahí
-¡Genial! -Antes de girarme, lo miré con duda y pregunté indecisa-¿Debo saber algo en particular?
-Debes saber hacer como mínimo pasteles.
Asentí. Estaba muerta, nunca aprendí a cocinar, cuando vivía con mis padres, los chefs se encargaban de eso. Y ahora que vivo sola, tengo a alguien que va a cocinarme y luego se va.
No tengo esperanza.
Me lancé en la silla junto a Clara y ella empezó a reírse.
-¿Te rechazó?
-Mañana tengo una entrevista.
-¿Y porque estás así?
-Debo hacer un pastel Clara, ¡Un pastel! -tapé mis manos, al darme cuenta de lo mucho que había gritado y las retire con cansancio-Moriré
Suspiro-Vayamos con Alexander.
-No quiero ir con él-mascullé
-Vamos Stella, pensé que querías conquistar al buenorro de la repostería.
-Vamos con él -me rendí.
Alexander era el novio de Clara, un chico obsesionado con la limpieza, los números y la ciencia. Nunca sabías que se lo podía ocurrir. Era curioso, Clara suele ser bastante superficial en ocasiones y el pobre de Alexander jamás es así.
Son polos opuestos, pero se aman como si fueran idénticos. No quería ir con él, no porque fuera malo, sino por la sencilla razón de su actitud. Me daba pánico a veces y odiaba cuando hablaba tanto tiempo sobre cosas que no comprendía.
Me enderecé en la silla y observé al chico de lejos. Vi que estaba ordenando sus cosas para irse, no le pedí su número, ni tampoco se su nombre. Lo miré por un rato, hasta que me levanté con rapidez y me postré frente a él.
Oh, Stella cada vez eres más torpe.
-¿Sí? -preguntó sin mirarme, estaba de espaldas y su camisa se ajustaba aún más a sus brazos, negué con la cabeza espantando mis pensamientos pecadores y sonreí.
-No me has dado tu número.
-Hola-murmuró-No pensé que enserio quisieras trabajar.
-¿Por qué?
-Te vez tan-silencio. Eso oí por unos segundos. Hasta que completo su oración con una estúpida frase que odiaba-Poco trabajadora.
-No se cómo te llames-empecé cordialmente-Pero pienso trabajar contigo.
-Ten-me entregó su número-Me llamo Thomas Maverick.
-Soy Stella Stone-Aquel choqué de manos, fue lo que nos llevó a sonreír. Me fui con una enorme sonrisa y Clara soltó una carcajada.
Había sido uno de los mejores días de mi vida, pero ahora debía resolver varios problemas.
1- No sabía cocinar.
Y número dos, no había número dos porque todo se reducía a eso. Llegué a mi casa y tiré mi bolso en la cama. Amarré mi melena negra y me hice un moño en lo alto. A veces me gustaba verme en el espejo, mi cintura era pequeña, tenía algunos lunares en la cara y mis ojos negros eran de mi agrado. Clara decía que estaba de infartó, aunque nunca creí eso. Siempre me consideré alguien sumamente normal.
Me eché en la cama y miré mi móvil, Thomas vino a mi mente. Mi capricho por él podría traerme problemas, no pensaba decirle que era millonaria por herencia, me negaba a decirle eso.
A veces cuando las personas se enteraban, me buscaban con más frecuencia, odiaba los amigos falsos. Y de esos había tenido muchos. Actualmente, mi grupo se basa en dos chicas y dos chicos. Todos nos llevábamos bien, aunque estoy consciente de que uno de ellos me ama. O al menos le gustó.
Me quedé dormida a medida que transcurría la música de Rauw. A la mañana siguiente, me levanté corriendo. Eran las nueve y debía ir a ver a Alexander.
Le envié un mensaje a Thomas, diciéndole que iría por la tarde y el accedió. Bien, aprendería a hacer un pastel en menos de seis horas, moriría en el intento. O al menos esperaba no hacerlo.
Llegué al edificio y subí con rapidez. Clara estaba besando a Alexander y arrugue mi cara.
-Llegaste-anunció Walter.
-Había estado ocupada con algunas cosas
-¿Durmiendo? -río Amelia-Tienes baba en la comisura de tus labios.
Pasé mis manos con rapidez por mi cara y noté que era una broma. Mis mejillas se sonrojaron y reí un poco. Solía ser bastante torpe, aunque creo que eso se podría notar desde lejos
Amelia y Walter era los dos integrantes de mi grupo. O al menos los que faltaba por mencionar.
Walter era un chico rubio, con ojos grises y Amelia tenía los ojos miel, con pecas y cabello rizado negro. Era preciosa, aunque siempre tenía complejos por su esponjoso cabello negro.
Alexander subió sus gafas y me sonrió.
-¿Estás lista?
Negué-No creo poder aprender.
-No seas tonta, hasta mis Pokémon podrían aprender con rapidez.
Y ese era Alexander, incluyendo siempre temas que no entendía. Lo miré extrañada y el solo negó. Los chicos se fueron a la habitación. Clara alzó su pulgar y desapareció por el pasillo.
Perfecto, estaba sola con Alexander y sin un plan de repuesto en mente.
-Los pasteles son como las matemáticas-comenzó-¿Has visto anime Stella?
-No se que es eso-admití avergonzada.
Bufó-Eres inútil. ¿Qué te gusta? -preguntó frustrado.
-Elite-murmuré-¿La has visto?
Asintió-Los pasteles son como Élite, jamás Stella puedes saltarte un capítulo ¿Cierto? -asentí-Entonces, jamás puedes saltarte un paso en la repostería.
-¿Son muchos pasos?
-Los necesarios, puedes hacer un pastel simple usando aceite en vez de mantequilla. Pero siempre será mejor los pasteles originales.
-Lo sé-me encogí de hombros-Creo que eso es lo más lógico.
-Te enseñaré a hacer ambos, podemos practicar hasta que tengas que irte.
-Debo irme en menos de cuatro horas-sonreí nerviosa.
-Stella te detesto
-También detesto mi falta de conocimiento-lloriquié.
Pasamos la mayor parte del tiempo haciendo pasteles una y otra vez, me anotó algunas cosas en mi libreta, me hizo preparar yo sola algunas y entonces me di cuenta de que podía hacerlo. Solo debía seguir los pasos a la perfección, esperaba que no se me olvidará alguno en el proceso.
Recogimos todos y el chico junto a mí se lanzó en sillón. Una pequeña sonrisa se asomó por sus labios, lo había disfrutado, podía verlos en sus ojos.
Alexander no me desagrada, pero cuando decía tantas cosas juntas que no entendía, me estresaba y solía enfadarme con facilidad.
Lo abracé de improviso y puso una mueca de asco, acompañada de una sonrisa. Me separé de el y salí corriendo al local de Thomas.
La dirección estaba en mi móvil. Y suponía que si pasaba la prueba el sería mi jefe.
Thomas Maverick era un chico atractivo que deseaba tener entre mi lista de amigos.
***
-Has pasado la prueba-Thomas bajo la cucharilla y me miró con una sonrisa.
No podía creer que lo había logrado, agarré un utensilio y pobre la tarta de chocolate que había hecho. No sabía mal, tampoco sentía que moriría, había quedado bastante mejor de lo que creí.
-No puedo creerlo-murmuré-¡Lo hice!
-Bienvenida a la tienda Maverick-coloco ambas manos en su cintura e hizo una seña para que lo acompañará-Somos tres personas en este local, tu, Alfred y yo.
-¿Alfred? ¿Es tu hermano? -indagué
-Es mi mejor amigo, puedes empezar mañana.
-Gracias jefe-La última palabra la saqué con un poco de burla, pude observar como sus ojos soltaban chispas de diversión y lo oí reír. Amaba su risa.
-¿Stella?
-¿Sí? -salí de mis pensamientos y señaló mi mano. Había metido mi mano en la tarta.
Genial.
-Disculpa, suelo ser despistada.
-Espero que puedas manejar bien este trabajo, estarás ayudándome en la cocina. Alfred se encarga de la caja.
-Esta bien-susurré-Aunque no se mucho sobre cocinar.
-Lo noté-sonrió y colocó su muñeca en su boca, un rojizo se extendió por sus mejillas y reí por lo bajo.
-Thomas ¿Cuentos años tienes?
-Tengo 21, mientras trabajemos no me llames Thomas-señaló-Es poco profesional, en el trabajo soy Sr. Maverick para ti.
Asentí -Esta bien así. Nos vemos mañana
-Hasta luego Stella.
Me fui sintiéndome bien conmigo misma, había conseguido lo que quería. El local era grande, tenía mesas de madera adornadas, un mostrador de cristal y unas estanterías en la parte superior. La cocina era elegante y se notaba lo mucho que Thomas llegaba a cuidarla.
Era un puesto increíble, no entendía como aún no se hacía lo suficientemente conocido como para tener más clientes.
Haría lo posible para ayudarlo, me encargaría de realizar eventos, buscarlos y promocionar los pasteles que se hagan en el local. Quería hacer algo por mí misma, y que persona mejor que yo, que me gradué de Marketing digital. El camino a casa no fue tan largo, fue llevadero, tranquilo y fugaz.
Mi estancia, era grande, las paredes de cristal con adornos negros, las plantas verdes y artificiales y los dos carros que tenía. Todas mis cosas gritaban "dinero". Pero nadie se daba cuenta cuando salía a la calle, y me gustaba que fuera así.
Quizás, si Thomas se enteraba me terminaría echando por haberle mentido en su cara. En mi defensa, no fue por mala intención, el me atrajo y cometí una tontería tras otra. Mi boca no sabía callarse cuando estaba nerviosa, mi cuerpo se erizaba y empezaba a soltar cosas que no debía, pero aun así decía.
Entre a mi habitación y dejé nuevamente las cosas en la cama. Si Alexander viera esto, se alteraría y empezaría a recoger todo lo que está desordenado. El era así y me sorprendía a sobremanera que Clara estuviera con el.
-¡Stella! -sus gritos. Era ella, la había invocado de manera mental.
Reprimí una sonrisa y salí hasta la sala. Mi mejor amiga, tenía llave de todas mis casas. Ella era mi segunda yo, tenía el permiso de usar mis cosas cuando quisiera. Hasta el día que yo tuviera una pareja formar y empezaría a tener más respeto conmigo.
-Hola-sonreí
-¿Cómo te fue? Nunca me llamaste, tampoco dijiste algo. ¡Pensé que estabas triste! -alzó una bolsa llena de dulces, refrescos, gomitas y reí. Clara hacía esto cuando alguna se sentía mal, compraba dulces, comida chatarra y veíamos alguna serie que ayudará a pasar nuestro enfermizo dolor.
Agarré las cosas y las puse en la mesa.
-He aprobado, resulta que Alexander es mejor profesor de lo que pensé.
-Mi osito estaba estresado, creyó que no lo lograrías.
-¿Osito?
-Si-rodó los ojos-Yo le digo así, no has notado que Alexander parece un lindo oso de felpa.
-No lo he notado-mencioné con sarcasmo-Sin comentar el hecho de que me maldice cada cinco segundos.
-Es que no lo entiendes-me recriminó.
-¡Vamos Clara! Aún no se cómo sigues con el.
-Lo amo y tú-me apuntó-Encontraras el amor un día. Cuando lo hagas me entenderás.
-Yo he tenido novios y lo sabes.
-Te han gustado, pero ninguno entro de lleno a tu corazón. Solo fueron pasatiempos Stella. Nadie ha sabido conquistarte.
-Thomas me atrae-solté
-Bien, es un gran comienzo. Pero espero que no andes rogándole, ni diciéndole nada fuera de lo común. No quiero que te vea cómo una cualquiera.
-Estas loca ¿Lo sabías? -solté una risa-No podría ser tan descarada con mi torpeza.
-No digo que lo seas-comentó-Digo que te cuides. Hay hombres que suelen ser buenos y después te das cuenta de que son malos.
-¿Aron Blake lo era?
-¿El empresario?
Asentí -No creo -susurró-. Creo que hay más historia de la que se pudo ver.
-Siempre lo ponen como el bueno-me encogí de hombros-Pero la chica salió en una foto con moretones. Nadie sabe quién tomo la foto, simplemente sucedió.
-Da igual Stella. No es de nuestra incumbencia ese tema, de igual forma ellos no acabaron juntos. O al menos oí que se caso con un pintor reconocido.
-Los famosos y sus cosas-sonreí-Nunca llegan a tener suficiente privacidad.
-Nunca tienen privacidad-Clara se apoyó de la mesa y me lanzó unos chocolates que estaban en la bolsa.
Generalmente ella vivía metida en estas paredes junto a mí, su casa era igual de grande. Nuestros padres eran mejores amigos, y por eso nos conocemos desde pequeñas.
He amado a esta chica con cada parte de mi ser, siempre me demuestra que ser uno mismo es esencial.
Me levanté un poco cansada y me dirigí al cierto. Clara se quedó acomodando algunas cosas y luego fue a su habitación. Una habitación con paredes rosas, un armario grande y mucha ropa solo para ella.
Mis padres le habían otorgado eso y yo no me opuse. Mi habitación era el doble de grande y tenía el doble de cosas. Éramos las niñas consentidas de papá, y la sociedad no podría tolerarlo.
-Clara-Le llamé
-¿Jmm?
-¿Qué piensas de mi actitud con Thomas?
-Fuiste por lo que querías ¿Qué tiene de malo?-preguntó. Me senté en la cama junto a ella y coloqué una almohada en mis piernas.
-No tiene nada de malo-sonreí-Solo... Me sentí un poco descarada
-Stella, pasas tú vida planificando cosas, siempre eres torpe y a veces eso te frena. Thomas es guapo, conseguiste un trabajo y ahora puedes decir que has vivido como cualquier otra persona.
-Tienes razón, pero cuando Thomas se entere puede enfadarse.
-Que se joda-rió-No es un delito tener dinero y querer trabajar.
-Que haría sin ti-La abracé y ambas caímos al colchón. Nos quedamos mirando el techo por algunos minutos. Era como observar nubes inexistentes.
¿Alguna vez lo han hecho? Quedarse mirando el techo por minutos que parecen horas, con una música de fondo que inunde tus oídos de tal manera que te llene por dentro.
Yo hacía eso de pequeña, me acostaba con mi padre y empezábamos a contar ovejas. Alexis Stone, nunca fue un hombre malo, era dedicado, íntegro y original.
Siempre aparecía en casa con nuevas ocurrencias, nos llevaba de viaje y a pesar de estar metido en su trabajo, nos incluía en cosas referente a el. Hasta que un día murió, mi madre no pudo soportarlo y debido a ello acabó falleciendo años después.
Lo lamenté, lloré por meses y acabé mudándome junto con Clara.
Ella compro una casa y yo compré la mía. Y dado a la situación se acostumbro a estar más conmigo que en su propio hogar.
Me levanté de la cama y despejé mi mente, era hora de hacer cosas responsables. Practicaría realizar postres y mañana iría con toda la confianza a trabar con Thomas.
Mi sexy jefe de repostería.
Levantarme de la cama me costaba más que cualquier cosa. Estaba mirando el techo, con millones de prendas tiradas en el piso. Había hecho una búsqueda concienzuda de ropa que no usaría, la donaría a los más necesitados y me encargaría de ir al local. Trabajar no era de mi agrado, nunca lo había hecho, no había un reloj que me indicara que haría hoy, mañana o en su defecto, en unas horas.
Me levanté para recoger la ropa del piso y me acerqué al ordenador, algunos mensajes de Facebook entraron a mi bandeja. No los revisaría ahora, me daba pereza sentarme y contestar cada uno de ellos. Originalmente solía estar más en Instagram, me gustaba como se veía estéticamente, las cosas que podía hacer y subir vídeos míos haciendo cualquier tontería, incluso mis momentos de ceguera los subía allí. Opté por usar un pantalón negro alto, con una camisa del mismo color, el delantal que Thomas me daría se podía combinar fácilmente con este traje.
-Stella-sonrió María-He preparado huevos con frituras, más tarde vendré a preparar el almuerzo. Si necesitas algo me llamas.
-Gracias-asentí lavando mis manos-Espero no quemar la casa.
-Confió en qué no lo harás-río.
María era mi empleada, venía en la mañana a preparar mi desayuno y luego se iba para atender a su hijo, su edad estaba entre los treinta, no recordaba con exactitud cuando fue la primera vez que la vi, pero se que desde siempre tuvo buena mano para la cocina. En las tardes, cuando prepara el almuerzo, me deja lista la cena, de esa forma no tiene que venir. A veces sentía que dependía mucho de las personas, una gran mayoría de las acciones hogareñas no las realizaba yo, tenía empleados para limpiar, cocinar y fumigar.
Los vecinos decían que era la rica del vecindario, muchos suelen rumorear que estaré en la ruina después, no obstante, es poco probable, la cantidad de dinero que mis padres manejan es gigante y eso me permite vivir bien. Tomé mi cartera para salir al trabajo y me puse mis lentes de sol, siempre me ha gustado. Algunos anuncios se la pasan por las calles. Aquí en Milán, aman a Mr. Aron Blake, parece que incluso desean ser su ex esposa, no me quejó, ni tampoco las discrimino, el empresario es atractivo, tiene mucho dinero, parece gentil en las entrevistas y a veces habla de lo mucho que le costó adaptarse a la vida sin ella.
Todos conocen su historia, un joven sin dinero que perdió a su madre, conoció a una fotógrafa y se enamoraron ¿Qué sucedió después? Nadie lo sabe, algunos dicen que el sufría de ira, otros piensan que el la golpeaba y los más simples pensaban que Aron engañó a Eleanor. Fue una pena cuando se divorciaron, sin embargo, ya después de unos años, la chica se casó con un pintor, Aron siguió con su empresa y poco después se hizo novio de una modelo hermosa. Recuerdo una entrevista que dio dónde anuncio lo siguiente: "Amo a Elena, estuvo ahí en el momento correcto, sin embargo, Eleanor formará siempre parte de mi corazón". Los fans se volvieron locos, fue tendencia en Twitter durante un tiempo, fue lindo, admirable y dio mucho de que hablar.
Llegué al local y abrí la puerta, algunas personas ya estaban sentadas en las mesas, sonaba música clásica y Alfred me sonrió cuando entré.
-El Sr. Maverick está en la cocina, el delantal negro está allí-señaló a un lado. Caminé por el lado interno del mostrador y agarré el delantal, era blanco, con un pequeño bolsillo negro-Ahora deberías irte adentro.
Asentí. La cocina no era mi lugar favorito, hubiera preferido quedarme en la caja y no aportar nada a la cocina, pero fue imposible, ese lindo lugar ya lo ocupaba Alfred, su cabello rizado tenía gelatina, llevaba siempre una ropa negra como la mía y le sonreía a cada cliente que llegaba.
«Yo debía estar ahí». Caminé para entrar a la cocina y tropecé con una pequeña roca que sostenía la puerta, mis rodillas cayeron contra el piso, mis manos se rasparon y mi pequeño delantal tuvo un agujero. Odiaba cuando sucedía esto, todos estaban viéndome, tenía vergüenza de mi misma. Algún día mi torpeza podría llevarme a la ruina.
-Estoy bien-Le dije a Alfred cuando se acercó para ayudarme. Pasé mis manos por mis piernas y acomodé mi cabello.
-Lamento el escándalo-mencioné entrando a la cocina.
-No te preocupes, espero que no vuelva a suceder.
-No puedo prometer eso, la mayor parte del día me la paso en el suelo. Recuerdo que una vez estaba en una piscina y me resbalé, todo el helado que tenía quedó en mi cabeza-señalé con una sonrisa.
Thomas sonrió de lado y alzó su rostro-Eres muy torpe Sra. Stone.
-Más de lo que deseo. ¿Qué debo hacer?
-Agarra la harina, aceite, mantequilla derretida y los demás ingredientes para hacer donas. Las porciones de hoy se están acabando.
-No sé cuáles son los demás ingredientes-forcé una sonrisa sincera.
-Levadura, leche, azúcar y por último agarra el huevo que está en las estanterías.
-Listo, puedo ir lavando los trastes. Así limpiamos el área.
-Vale.
Pasar toda la mañana en la cocina me gustó más de lo que creí, hicimos donas, pasteles y algunos dulces que encontramos en Internet. Ver cómo Thomas se desenvolvía en la cocina me enseñó dos cosas importantes, la primera es que con pasión todo sale bien, la segunda es que todo se estudia, desde hacer cursos cocina, hasta aprenderse cada receta de memoria. Durante el tiempo que estuvimos preparando donas, me contó un poco de lo que ha hecho en su vida.
Thomas Maverick, ha hecho más de veinte cursos de cocina, se ha leído libros para saber manejar cada instrumento con mayor destreza, me impresiona lo mucho que ha trabajado por lo que tiene, nunca ha dejado de estudiar, suele practicar a diario y se centra en postres que le parezcan lindos y estéticos. Cuando finalizó la jornada, lo ayudé a limpiar, sentí que el tenía todo un futuro por delante, en cambio, yo solo era la chica que había vivido de sus padres, que estudió, nunca trabajo y puede pagarse todo sin mover un dedo.
Mis expresiones faciales son mi peor enemigo, siempre me delatan cuando algo me ha hecho sentir mal, cuando me estoy comiendo la cabeza y necesito expulsarlo.
-¿Sucede algo?
-Solo me siento un poco mal-respondí sincera.
-Lamento si dije algo que te incómodo-Thomas se sentó en el mesón de la cocina, tomó mis manos y las puso en su corazón-Esta latiendo, significa que sigo vivo.
-Yo también sigo viva-reí nerviosa-Todos seguimos vivos aquí Thomas ¿No vez? Estoy soltando babosadas.
-Lo haces-soltó una carcajada-Me refiero Stella, a qué parece que vives con una tormenta en la cabeza. Sigues viva-soltó mis manos-Disfrútalo.
-¿Dónde está mi italiano favorito?
-Aquí estoy-contestó-¿Ya cerraste?
Asintió-Me sorprende la cantidad de gente que vino hoy, algunos dijeron que la chica nueva era linda.
Ambos me miraron.
-¿Yo?-solté una risita-Nada que ver.
-Eres atractiva Stel, podríamos ponerte de mesera, yo sigo en la cocina y así quizás venga más gente.
-Una estrategia de marketing-apuntó Alfred.
-¿Tendría que usar algún traje?
-Solo un vestido de mesera-Dijo Thomas
-Como si fuera un café temático.
-Claro-susurré-Yo mandaré a hacer el vestido, buscaré un diseñador que me guste y me encargaré de la decoración.
-¿Estás segura? Podemos darte dinero de la tienda. Luego lo recuperamos.
Negué-Yo puedo resolverlo, tengo ahorros.
-Es caro Stel-comentó Thomas-No quiero que gastes todo tu dinero.
-Puedo hacerlo-aseguré-Haré que todo salga bien.
-Yo me iré a casa, debo atender a mi hermano menor. Nos vemos-besó mi mejilla, abrazo a mi jefe y salió del local con una sonrisa.
Alfred era lindo, su cabello rizado, sus brazos fornidos y esa cara angelical que tenía podía conquistar a cualquier persona. Tomé mi bolso y agarré las llaves de casa, mi jefe no dijo nada, solo me miró y salí por la puerta.
El primer día de trabajo fue bueno, la pasé bien con Thomas, disfruté estar en el local y me divertía con los chistes sin sentido de ellos. En la tarde cuando me tocó reunirme con mis amigos, me llevé todo lo que necesitaría, mis medidas, los contactos anotados en un papel y una larga lista de pendientes. Walter ha estado flechado por mi desde hace un tiempo, lo sé por la forma en la que me mira, en ocasiones lo he agarrado observando mis ojos, las facciones de mi cara y esos pequeños detalles que nunca me han interesado.
Abrí la puerta de la casa de Alexander y todos estaban sentados en el suelo, los Doritos que habían ya se estaban extinguidos.
-¡Stella llegaste!-sonrió Clara-¿Cómo te fue en tu primer día?
-Fue perfecto, aunque me siento cansada
-Eres como Sakura no haces nada y aún así te cansas.
-¿Qué? -puse una mueca
-Nada Stel, que eres idiota.
-Alexander creo que el idiota es otro -sonrió Walter fumando.
-Fue suficiente-masculló Clara -Stel, debes contarme todo lo que sucedió.
-No fue nada-reí-Solo lo ayudé a cocinar.
-Mañana podemos ir a una piscina -comentó Walter
-Debo trabajar
-¿Le tienes miedo a tu jefe? -su rostro estaba tan cerca de mí que sentí un escalofrío. Sabía cómo era él, siempre había sido considerado el Bad boy del grupo, las chicas morían por Walter y el moría por mi.
-Deberías dejar de molestar a Stella, algún día va a golpear tu lindo rostro.
-Me halaga que pienses que mi rostro es lindo-respondió con una sonrisa burlona, se alejó de mí y tiró el cigarro.
-Puedes venir después del trabajo, eso va a servir-anunció Clara.
Asentí aún nerviosa. Mi mente no asimilaba a Walter, me parecía un chico atractivo, sus tatuajes llamaban mi atención, quería ser alguien para él, pero mi interés romántico se iba a otro lado. Thomas era el estereotipo de chico que me atraía, divertido, lindo, amable y cariñoso.
Me tiré en el mueble de la sala y observé el techo ¿Por qué estaba pensando en mi Jefe como algo más? No deseaba eso, no ahora que estaba bien conmigo misma. Hace un tiempo pasé por una etapa en la que no quería saber nada de mí, de mi mente, de mis problemas y menos de la relación tóxica que sufrí. Planifique en mi mente lo que haría mañana, ir a trabajar, ponerme el vestido, salir con los chicos y ayudar a Thomas con lo necesario.
Quería que el local surgiera, pensé que quizás un evento ayudaría. Podríamos organizar una fiesta, dar algunos pasteles gratis, poner música a todo volumen y ofrecerles la mejor atención a los clientes. Ser un chef reconocido es lo que Thomas quiere, si le ayudo se que podría conseguirlo, estaba lista para encargarme de esta aventura. Quizás, todo salga como lo planeó. Es increíble ¿No? Como un día no sabes que hacer con todo el dinero y al siguiente solo deseas que alguien más cumpla sus sueños, no por interés romántico, sino porque sabes cuánto se a esforzado y lo mucho que se lo merece. Incluso más que yo, incluso más que esas personas que ganan fama a través de malas acciones.
Hoy estaba dispuesta a donar parte de mi.
Había servido más de veinte platos está mañana, a las personas les pareció curioso mi traje. Entonces, por consecuencia el local empezó a llenarse de gente, hombres venían con sus esposas, hijos y amigos. Algunos chicos de mi edad se me quedaban viendo y golpeaban el hombro de sus amigos, me sentía avergonzada, no quería pensar que por usar esto iban a sexualizarme.
Caminé con lentitud hasta la cocina y cerré la puerta apoyando mis brazos de ella.
-Estoy cansada
-No más que yo -sonrió Thomas poniendo su mano izquierda en la mesa.
-¿Es la primera vez que viene tanta gente?
Asintió-. Creo que los hombres piensan que tú traje es sexy.
-Los hombros son unos tontos -mascullé-. ¡Un chico ha intentado tocarme el culo!
-¿Cuál?
-Uno de cabello -me corté cuando soltó una carcajada y entendí. El se refería a que no tenía nada de trasero, mis mejillas se sonrojaron, tape mi cara y corrí para darle un pequeño empujón en el brazo-. Los jefes no deberían bromear.
-Tienes mi edad, eres divertida y Alfred piensa que eres linda. Eso hace que sea menos incómodo. Nunca quise tratar a mis empleados como si fuera superior a ellos.
-¿Por qué?
-No me hubiera gustado que a mí tratan así -acoto-. Es mejor como estamos ¿No crees? O prefieres que te grité y te eche cuando cometas tu primer error.
-Para nada -agrande los ojos-. Así estamos perfecto.
-Lo sé
Se giró para seguir atendiendo la cocina y le eché un vistazo al local. Alfred hablaba con una chica, tenía el cabello largo, pecas y cejas delgadas. Era atractiva, me preguntó si será algún familiar de él.
En mis pensamientos me parecía a la cenicienta, con todo los platos que lavar, arreglar y cuidar, no quería ni imaginar lo que María sufría conmigo cada vez que le dejaba todo el trabajo a ella. Mis padres decían que era una exagerada, nunca había hecho nada por mi vida, sin embargo, siempre sentía que era algún tipo de empleada con todo el trabajo por hacer. Me gustaría cambiar ese lado de mi, dejar de ser tan dependiente y empezar a organizar mi vida. No quería seguir viviendo de mis empleados, tampoco quería que Thomas pensara que solo era una niña mimada y por eso no podía seguirles el ritmo.
Seguía parada en medio de la cocina con la mente en otro lugar, entendía que ya no podía seguir viviendo cómoda. Esta era mi nueva vida, trabajar, salir, y encargarme de no parecer que olvidé a todos «Los trabajos me hacen creer que debí nacer en otro mundo»
-Thomas ¿Debería salir?
-Es obvio Stel, necesito que lleves estos pedidos, luego regresas lavas los trastes y le dices a Alfred que cierre el local.
-Esta hablando con una chica-anuncié
Se asomó por la puerta y negó
-Es su novia. Quizás sea importante, espera a que se alejen.
-Entendido, iré a hacer lo que me pediste.
Asintió. Sus órdenes nunca habían sido complejas. En realidad, la mayor parte del tiempo terminamos temprano, cerramos y cada quien va a su casa. Las cosas funcionaban así con Thomas. Había accedido a trabajar por lo atractivo que me pareció en primera instancia, ahora solo puedo verlo como mi jefe, un chico joven que sueña con tener éxito y convertirse en alguien importante. Al terminar todas mis tareas, decirle a Alfred que cerrará y limpiar todo. Me senté en una de las mesas, tenía varias llamadas perdidas de Walter, cuyo mensaje final fue «Vete a la mierda».
Se había hecho demasiado tarde para ir a la piscina. Todos debían estar enfadados conmigo. Tenían razón, trabajar iba a separarme de ellos. Negué con la cabeza y despejé esos pensamientos ¿Cómo podía decir eso? Parecía que dependía de ellos, el hecho de que trabajará no significaba nada, con organización podía estar en ambas partes, les mandé un mensaje de disculpa y me acerqué a Alfred con una enorme sonrisa.
-Mañana deberás atender a un chico que hará remodelaciones.
-¿A qué te refieres?
-Haremos el local más grande, ya le he enviado un mensaje y el modelo.
-Thomas no ha dicho nada-comentó dejando su delantal-No haré nada que el no me diga.
-Es una sorpresa-susurré-No se lo digas Alfred.
-Va a enfadarse.
-Quiero hacer esto por el, haremos un nuevo evento.
-No lo hagas Stella. Thomas ha trabajo duro por lo que tiene, no arruines esto. Es tu jefe, si necesitas el dinero solo cállate y presta atención.
-Genial -rodé los ojos-. Gracias por tu ayuda.
Su respuesta me dejó un mal sabor en la boca. No había dicho nada malo, quería ayudar y el solo me hacía sentir mal. Agarré uno de los vasos de vidrio y caminé hasta la cocina, una especie de roca estaba en el suelo y tropecé. El vaso salió volando, callo justo al lado de la basura y los vidrios rodaron por la estancia.
Mi torpeza no tenía límites.
-¿Estás bien?-preguntó Alfred preocupado. Me levanté sin decir nada y le pasé por un lado.
Salir del local fue la solución a mi mala actitud. ¿Estaba bien ser así de caprichosa? Lo dudaba, pero nunca cambiaría lo que soy por agradarle a alguien más. Ciertas mujeres cambian lo que son por estar con un hombre, ciertos hombres esconden lo que son por estar con alguien de alto estatus. En conclusión, ser tu mismo nunca parece una opción en la sociedad actual.
Mi fecha de cumpleaños se aproximaba, mi tía me organizaría una fiesta y se encargaría de traer al mejor diseñador de modas. Ella ha optado por Aron Blake, el millonario que le he mencionado con anterioridad. No he hablado de ello con Clara. Estoy segura que va a emocionarse, incluso yo lo estaba, conocer a alguien así, siempre era impactante. Me sentía patética por haber salido del trabajo y no avisarle a Thomas, mis mensajes no le llegaban y la culpa empezaba a recorrerme.
A las cuatro de la tarde estaba sentada en casa, con una taza de helado. Mi jefe marco a mi número y me indicó que estaba mal salir así del trabajo, que debía avisar, que todo eso había sidó una tontería y que caerse era normal. Un rubor se extendió por mis mejillas y le asegure que no sucedería de nuevo, que no pensé bien las cosas y había sidó un comportamiento infantil de mi parte.
-Hola-dijo Walter cuando abrí la puerta. Estaba en pijamas y el chico frente a mí me veía con una sonrisa.
-¿Qué haces aquí? Estoy ocupada.
-¿Comiendo helados?
-Es mejor pasatiempo del que crees-me encogí de hombros.
-Vine para decirte que dejes el trabajo. Es irónico Stel, vives bien. No necesitas esa basura.
-Estoy bien con mi trabajo-aseguré-A pesar de vivir bien, quiero ganar mi propio dinero.
-No harás nada con él-rodó los ojos. Agarró una manzana y se sentó en el mueble de cuero que tanto amaba-Te conozco.
-Esto es una tontería.
-¿Qué importa un repostero? Deberías salir con nosotros, hoy me hiciste falta. El solo es alguien de bajo nivel, no está a tu alcance.
-¿Y tu sí? Solo vives follando con cualquiera Walter, si vas a venir a denigrar mi trabajo, puedes irte-Le abrí la puerta y su mirada se endureció. Le había molestado lo que dije.
La respuesta que me dio me hizo enfadar. No podía creer que juzgará a alguien por cuánto dinero tenía. Thomas Maverick era guapo, podría estar con él fácilmente, incluso me atrevía a decir que enamorarlo no estaría mal. Su personalidad me atraía y si hacía cosas que le gustaran, quizás algo podría surgir entre nosotros dos.
De jefe a empleada ¿Eh?. Si Eleanor logro casarse con un millonario arrogante, yo podría conquistar al buenorro de la cafetería. Me comí mi helado y le envié un mensaje a Thomas para salir está misma tarde. Su respuesta llegó rápido y aunque me negó la salida, me propuse insistirle un poco.
-No puedo creer que estemos aquí-comentó viendo lo que tenía delante de él.
Después de media hora rogándole, accedió a salir conmigo. Estábamos en un pequeño picnic organizado por mí y le prepare tres dulces que le gustaban. No sabía cómo habían quedado, pero esperaba no haber arruinado las recetas.
Cuando introdujo el primer bocado a su boca, puse una mueca, no de desagrado. Pero si una que demostraba mi miedo.
-Ha quedado genial-halago con una sonrisa-Siento que es poco profesional estar aquí contigo-comentó
-¿Te parece inadecuado?
-Eres mi empleada-murmuró viendo el suelo-No pienso que sea profesional de mi parte, se siente como una cita. Y ni siquiera te conozco bien-rió con sarcasmo.
-Esta bien Thomas. Es una salida de amigos, aparte yo fui quien te pidió empleo.
-Tienes razón, pero seguimos estando en la misma situación.
-Podemos irnos-respondí con desgano. No quería que todo acabará aquí, no habíamos pasado ni una hora juntos, nunca podía encontrar a alguien que realmente quisiera pasar tiempo conmigo.
Mis parejas anteriores encontraban millones de excusas para huir de mí. Mi suerte en el amor era nula, no existía. Sin embargo, el agarró mi brazo y sonrió.
-Seamos amigo Stel.
-¿Lo dices enserio?
-Totalmente-aseguró comiendo helado-Da igual que seas mi empleada.
-Grandioso, pensé que tendría que huir. Quizás podrían llevarme algunos marcianos, así evitaba la pena que pasaría al decirte que esto lo preparé antes de enviarte un mensaje-Tape mi boca al darme cuenta de lo que había soltado, mis mejillas se encendieron y Thomas soltó una risita.
-Eres torpe
-Sin duda, debería callarme.
-Deberías seguir hablando, no me incómoda.
-A mi sí
-Bueno ¿Qué haces en tus ratos libres?
-Me quedó en la piscina, o sino observó a las personas pasar por mi casa.
-La segunda opción suena interesante-respondió irónico-Yo prefiero pasar mi día en la cocina.
-Había olvidado decirte algo, me tomé la molestia de auto contratarme como tú manager-confesé-Te he inscrito en un concurso.
-¿Qué?-espetó-Soy muy joven Stella, nadie va a aceptarlo.
-Eres mayor de edad-rodé los ojos-No importa que seas joven, estás preparado y puedes hacerlo. Deberías tener más confianza en ti mismo.
-La tengo-asintió-¿Qué concurso es?
-No recuerdo el nombre-susurré-Pero te enviaré el correo donde te aceptaron, deberás llevar a una asistente de cocina. Podría ser Alfred.
-El no sabe nada de esto, no podría llevarlo a él.
-¿Puedo ir yo? Ambos aprenderemos.
-Debo pensarlo-anunció.
¿Qué estaba haciendo? ¿Alguien me lo explica? Siento que estaba dando mi disposición para cosas que no debería, empezaba a pensar en cada una de las tonterías que había dicho el día de hoy. Mi mente iba a estallar, no estaba dispuesta a seguir por este camino, ir a un concurso, viajar con el, quedarme con el unos días. Todo parecía muy absurdo.
-Creo que tienes razón-Hable de repente-Tal vez sea muy pronto para hacer esto.
-Lo sé-susurró viendo el suelo-Deberíamos dejarlo para otra ocasión.
-Yo...Debemos hacerlo por esta vez, luego nos encargamos de lo demás.
-¿Segura?
Asentí sonriendo.
«Eso Stel, finge que sabes cocinar, finge que puedes ser asistente de un repostero»
-Perfecto, gracias por esto. No me arrepiento de que llegarás a mi.
-Ese día me sentí una acosadora.
Rió-También pensé lo mismo Stella Stone.
-Fue una locura de mi parte, lamento mi demencia.
-Ni que lo digas
La tarde transcurrió tranquila, nos contamos chistes, pasamos unas hojas de ensayo sobre cómo diríamos nuestra presentación y relatamos varias historias de nuestra vida.
El día de hoy fue un desastre, tuve tantos pensamientos contradictorios que aún no se con cual quedarme. «Ayudar a Thomas o no hacerlo» «Intentar ligar a Thomas o no hacerlo»
Debía organizar mi vida ¿No lo creen?