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La Cuerda Rota

La Cuerda Rota

Autor: : Hydro Therapy
Género: Adulto Joven
El aire vibraba, no solo por las cuerdas de mi guitarra, sino por la tensión. Justo cuando mis dedos se posaron para tocar la pieza cumbre de mi vida, la puerta se abrió de golpe. Era Mateo, mi primo, grabando con su celular, acompañado de Sofía y Camila, mis supuestas "mejores amigas", riendo nerviosamente. "Música de viejitos", se burló, "deberías hacer algo que venda". Mi abuela me enseñó esa música, era mi legado, mi sueño de tocar con ella en Bellas Artes. Pero ellos se rieron, se burlaron de mi pasión y me dejaron solo en mi estudio. No fue solo la interrupción, sino el desprecio, la burla hacia algo tan sagrado. ¿Por qué mis amigos, mi propia familia, harían algo así? ¿Por qué me traicionarían tan cruelmente por la popularidad barata? Entonces, Mateo me empujó, y mi cabeza impactó contra el concreto helado al borde de la piscina. Desperté en un hospital, y la ira incontrolable me consumió. Mi sueño, mi vida, todo estaba en peligro por su envidia. En ese momento, juré que nadie más me haría daño, y que borraría todo rastro de ellos de mi existencia.

Introducción

El aire vibraba, no solo por las cuerdas de mi guitarra, sino por la tensión. Justo cuando mis dedos se posaron para tocar la pieza cumbre de mi vida, la puerta se abrió de golpe.

Era Mateo, mi primo, grabando con su celular, acompañado de Sofía y Camila, mis supuestas "mejores amigas", riendo nerviosamente. "Música de viejitos", se burló, "deberías hacer algo que venda".

Mi abuela me enseñó esa música, era mi legado, mi sueño de tocar con ella en Bellas Artes. Pero ellos se rieron, se burlaron de mi pasión y me dejaron solo en mi estudio.

No fue solo la interrupción, sino el desprecio, la burla hacia algo tan sagrado. ¿Por qué mis amigos, mi propia familia, harían algo así? ¿Por qué me traicionarían tan cruelmente por la popularidad barata?

Entonces, Mateo me empujó, y mi cabeza impactó contra el concreto helado al borde de la piscina. Desperté en un hospital, y la ira incontrolable me consumió. Mi sueño, mi vida, todo estaba en peligro por su envidia. En ese momento, juré que nadie más me haría daño, y que borraría todo rastro de ellos de mi existencia.

Capítulo 1

El aire en la pequeña sala de ensayo vibraba, no solo por las cuerdas de la guitarra de Santiago, sino por la tensión que se podía cortar con un cuchillo. Santiago estaba a punto de tocar la pieza final para su solicitud al Conservatorio Nacional de Música. Era el sueño de su vida, una promesa que le hizo a su abuela, una leyenda del mariachi, que algún día tocarían juntos en el Palacio de Bellas Artes. Justo cuando sus dedos se posaron sobre las cuerdas para comenzar, la puerta se abrió de golpe.

"¡A ver, a ver! ¿Interrumpimos al maestro?"

Era Mateo, su primo, con el celular en alto, grabando. Detrás de él, Sofía y Camila, sus amigas de toda la vida, reían nerviosamente. Santiago frunció el ceño.

"Mateo, estoy ocupado. Es importante."

"Todo es importante para ti, primito", dijo Mateo, acercando la cámara a la cara de Santiago. "Vamos a mostrarle a mis seguidores un poco de música... tradicional. A ver si no se duermen."

Sofía y Camila soltaron una risita. "No seas así, Mateo", dijo Sofía, pero no hizo nada para detenerlo.

"¿Qué te pasa? Sabes lo que esto significa para mí", dijo Santiago, bajando la guitarra.

"Relájate, solo es una broma para mis redes. Necesito contenido", respondió Mateo con indiferencia. "Además, ¿de verdad crees que entrarás al Conservatorio con esa música de viejitos? Deberías hacer algo más moderno, algo que venda."

Esa fue la gota que derramó el vaso. No era solo la interrupción, era el desprecio en su voz, la burla hacia la música que su abuela le enseñó, el legado de su familia. Miró a Sofía y Camila, esperando que dijeran algo, que lo defendieran. Pero ellas solo miraban al suelo, sonriendo débilmente, atrapadas en la órbita de Mateo.

"Salgan. Ahora", dijo Santiago, su voz baja y firme.

Mateo levantó las manos en señal de rendición fingida. "Tranquilo, fiera. Ya nos vamos. Suerte con tu... concierto privado."

Se fueron, cerrando la puerta con una risa ahogada. Santiago se quedó solo, el silencio de la habitación ahora se sentía pesado, opresivo. El sueño del Conservatorio, la promesa a su abuela, todo se sentía manchado por la envidia y la traición. Se sentó frente a su computadora, abrió una carpeta llena de fotos. Fotos de él, Sofía y Camila en fiestas, en el parque, creciendo juntos. Con un movimiento rápido y decidido, seleccionó todo y lo arrastró a la papelera. Un clic más y todo desapareció. No sintió alivio, solo un vacío frío y una determinación dura como el acero. La promesa a su abuela era ahora lo único que le quedaba.

Capítulo 2

Al día siguiente, lo primero que hizo Santiago fue cambiar la contraseña de su estudio de música y la cerradura de la puerta. Necesitaba un santuario, un lugar donde la toxicidad de su primo no pudiera entrar. Mientras limpiaba, encontró una caja vieja. Dentro había pulseras de la amistad que Sofía y Camila le habían hecho años atrás, notas de ánimo para sus primeros recitales, boletos de conciertos a los que habían ido juntos. Sin dudarlo, tomó la caja y la arrojó a la basura, junto con los restos de su desayuno. Era un corte limpio, necesario.

Más tarde, mientras practicaba, escuchó golpes en la puerta. Eran Sofía y Camila.

"Santiago, ¿podemos hablar?", preguntó Sofía a través de la madera.

Santiago abrió la puerta, pero no las invitó a pasar. Se quedó en el umbral, bloqueando la entrada.

"¿Qué quieren?"

"Nuestras fotos... las borraste del álbum compartido", dijo Camila, con la voz temblorosa. "Y la caja... la vimos en la basura."

Sus caras mostraban una mezcla de confusión y dolor. Santiago las miró, pero no sintió nada. La herida del día anterior era demasiado profunda, demasiado fresca.

"Ya no las necesitaba", respondió con una calma que las sorprendió. No había enojo en su voz, solo una distancia helada.

"Pero... ¿por qué?", insistió Sofía. "¿Estás enojado por lo de ayer? Mateo solo estaba bromeando, ya sabes cómo es."

"Sí, lo sé", dijo Santiago. "Y ustedes también. Y no hicieron nada."

Ellas se quedaron sin palabras, mirándolo como si fuera un extraño. Probablemente pensaron que era un berrinche, que en un par de días se le pasaría y todo volvería a la normalidad. No podían estar más equivocadas.

"Tenemos que irnos", dijo Camila, tirando del brazo de Sofía. "Mateo nos está esperando para ir al centro comercial."

Santiago observó cómo se alejaban, priorizando una vez más a Mateo. Cerró la puerta sin decir nada más. Se sentó frente a su guitarra y respiró hondo. Justo en ese momento, su teléfono vibró. Era un correo electrónico.

Asunto: Audición para el Conservatorio Nacional de Música.

Su corazón dio un vuelco. Lo abrió y leyó las palabras: "Estimado Santiago, nos complace informarle que su audición ha sido programada para el próximo mes". Una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro. Era una señal. Era el comienzo de su nuevo camino, un camino que recorrería solo.

Poco después, Sofía le envió un mensaje. "Oye, vamos a la fiesta de siempre el viernes. Tienes que venir."

Santiago miró el mensaje, sintiendo una punzada de irritación. ¿De verdad creían que nada había cambiado? Se vio obligado a ir, sus padres insistieron en que no debía aislarse.

La fiesta fue una tortura. Mateo era el centro de atención, como siempre. Puso música a todo volumen, un reguetón estridente que a Santiago le perforaba los oídos y le daba dolor de cabeza. Sofía y Camila bailaban a su alrededor, completamente absortas. Santiago se sentó en un rincón, sintiéndose mareado y enfermo por el ruido. Nadie se dio cuenta. Nadie le preguntó si estaba bien. Estaban demasiado ocupados adorando a su nuevo rey. Para ellos, Santiago ya se había vuelto invisible.

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