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La Dama de Acero

La Dama de Acero

Autor: : Martha Picie
Género: Suspense
Ximena McCarthy es una joven bailarina y millonaria que debe viajar al funeral de su padre, estando ahí y platicando con algunos asistentes, se percata de que posiblemente no fue una muerte natural, adentrándose en un mundo un tanto escabroso en dónde los principales sospechosos son sus hermanos.

Capítulo 1 Un adiós inesperado

Mi nombre es Ximena Isabel McCarthy, vivo en la tierra de las oportunidades y del sueño americano, bueno, para algunos, porque otros tienen que trabajar el doble o el triple para alcanzarlo, mi apellido es sumamente conocido a nivel nacional, ¿por qué? Deja te cuento una pequeña historia.

Mi padre es Arthur McCarthy su familia venía con el sueño de lograr grandes cosas en el país, mi padre es irlandés, por lo que creció en una familia católica, todos pelirrojos, con grandes ojos azules y piel blanca como la porcelana. Cuando recién llegaron a la ciudad, no contaban con mucho, pero mi padre nunca fue tonto, entró a trabajar justamente a una acerera en Pittsburgh, donde aprendió el negocio con mucho esfuerzo y trabajo. Desde muy joven aprendió a transformar sus ideas en dinero, por lo que mi padre creó lo que se conoce como el imperio McCarthy con ayuda de un amigo en otro país.

Cuando por fin se volvió millonario conoció a Evelyn, mujer de prominente belleza, pero bajísima moral, con ella tuvo a mis dos hermanos Lilian, quien recibió toda la herencia genética, pelirroja, ojos azules y piel blanca. Dos años después mi padre tuvo a mi segundo hermano Mark, él completamente diferente a Lilian, blanco, cabello castaño, ojos verdes.

Me han platicado que mi padre amaba a Evelyn con locura, hasta que un día llegó a casa del trabajo y la encontró con otro hombre en su cama, ellos tuvieron un terrible divorcio y meses después encontró al que dice es el amor de su vida: mi madre, Carolina Domínguez, mexicana luchando por el sueño americano. Ella era su cocinera en la mansión McCarthy. Pues que les digo, se enamoraron, se casaron y un año después nací yo, Ximena Isabel por el nombre de mi abuela materna.

Yo no recibí ojos claros ni cabello rojo, mi piel es apiñonada, cabello oscuro y ojos que dicen que son negros como la noche. Obviamente a mi llegada, causé en mis hermanos cierto malestar y descontento, pues era la hija de la otra..., pero no fue hasta que cumplí seis años que la bomba explotó.

Nos encontrábamos en la mansión. Estaba jugando muñecas sola en mi habitación, en eso escuché que mi hermano Mark y su mejor amigo corrían por el pasillo.

-¿Qué hacen Mark? -pregunté a mi hermano con inocencia.

Mi hermano en ese tiempo tenía diez años.

-Estamos jugando a las escondidas -respondió.

-¿Quieres jugar? -preguntó el otro chico.

Él es Alex, el mejor amigo de mi hermano en su vida. Cumplen años el mismo día y ambos tienen la misma edad, eso era de locos. En fin, mi hermano nunca jugaba conmigo, pero era pequeña e ingenua y tontamente confié en ese par.

-¿En verdad? -dije emocionada por la invitación.

-Claro Ximena vente -respondió Mark con una sonrisa maliciosa.

Ambos me tomaron de los brazos y los acompañé, llegamos a un cuarto donde mi madre tenía varias cajas y un baúl antiguo con el que mi padre llegó a América, Mark lo abrió.

-Métete ahí -dijo mi hermano.

Eso me llenó de terror, ver el interior del baúl oscuro y pequeño me aterró.

-No, ya no quiero -respondí llena de miedo.

-No te estamos preguntando -dijo Alex amenazante y con una mueca perturbadora.

Entre los dos chicos me metieron al baúl y colocaron la cerradura, yo golpeaba y gritaba con todas mis fuerzas, pero no me hacían caso.

-¡SÁCAME DE AQUÍ MARK! ¡AUXILIO MAMÁ! -gritaba con desesperación.

Eso no emblandeció ni el corazón de Mark y mucho menos el de Alex, ambos se fueron del lugar dejándome sola, sofocándome en el baúl.

Mis padres estaban en el despacho revisando algunas cosas sobre un negocio que mi madre abriría próximamente. Mi padre era para ese entonces un hombre de cincuenta años fuerte de físico, cabello rojo, ya con algunas canas y mi madre era una mujer de estatura media, morena clara con rasgos latinos, cabello castaño y enormes ojos negros.

-Es increíble el lugar que escogiste para el restaurante en Nueva York -dijo mi padre Arthur McCarthy.

-Gracias, nada de esto hubiera sido posible sin ti -expresó mi madre con una sonrisa, besando la mejilla de mi padre.

En ese instante entró una mujer regordeta de la edad de mi madre y también de rasgos latinos, junto a ella iba su hija de nueve años, quien también tenía sangre latina corriendo por sus venas.

-¿Qué pasó Lupe? -preguntó mi madre.

-Ya llegaron los de la basura, empezaron a subir cosas al camión. Preguntan si se llevan todo -expresó Lupe con preocupación.

-En un momento salgo -contestó mi madre, mientras Lupe daba la vuelta para salir -. Iré a ver que se puede rescatar de tus cosas viejas -dijo mi madre besando a mi padre.

Ella salió del lugar y él miró su reloj con preocupación.

-Dios es hora de llevar a las chicas al ballet -dijo mi padre saliendo del despacho-. ¡LILIAN!

Mi hermana salió sin expresión alguna con la mochila al hombro, con su cabello rojo rizado alborotado, en ese momento ella tenía trece años.

-¿Dónde está Ximena? -preguntó mi padre.

-No lo sé, pero ya sabe que debe estar lista a las cuatro cuarenta y cinco -remarcó Lilian el horario.

Mi padre subió corriendo las escaleras y no me encontró. Justo en ese momento Mark pasaba por ahí.

-¿Dónde está Ximena? -cuestionó mi padre a Mark.

-No lo sé papá -respondió mi mentiroso hermano.

Lupe iba subiendo las escaleras.

-Señor, ¿apoco va a tirar a la basura su baúl viejo? -preguntó Lupe.

Al oír eso Mark se puso pálido, pues pensó que su pequeña broma estaba a punto de convertirse en un desastre total.

En el jardín de la mansión mi madre estaba con los trabajadores de limpia, que se encontraban justo en ese momento levantando el baúl conmigo adentro, sólo que yo ya no hacía ruido alguno pues estaba inconsciente.

Mi padre corría a toda velocidad junto con Mark para detener lo que los trabajadores iban a hacer con el baúl, tirarlo a la compactadora.

-¡CAROLINA PAREN! ¡PAREN! -gritaba mi padre con desesperación.

Mi madre se percató del agobio de mi papá, haciéndoles señas a los empleados de que bajaran el baúl.

-¿Qué pasa? -preguntó mi mamá.

-Ximena está en el baúl -respondió mi papá con agitación.

Cuando abrieron el baúl estaba inconsciente, dicen que por el poco oxígeno que tenía dentro. Me tuvieron que internar, mi madre pasó la noche conmigo. Mi padre estaba dando la peor reprimenda de su vida a Mark, pero eso no sirvió de nada, durante esos seis años de mi vida, entre mis dos hermanos la hicieron imposible, por lo que mi mamá tomó la que dijo, fue la decisión más difícil de su existencia. Ella ya no quería causar problemas a mi padre con sus hijos, así que nos fuimos a vivir a Nueva York solo ella y yo. No se divorciaron, mi padre iba todos los fines de semana y nos juntábamos para las festividades, pero la vida nunca fue normal para nadie.

Pasaron dieciséis años desde aquel percance con Mark, ahora ya éramos adultos o estábamos en el proceso de maduración.

Mi padre se encontraba desayunando en la mesa con sus dos hijos adultos. Arthur, ya tenía sesenta y seis años de edad, sin embargo, seguía teniendo un físico fuerte, su cabello ya no era rojo, era blanco.

-Lilian revisa estos contratos, necesito que queden en esta semana -ordenó mi padre mientras tomaba un sorbo de café.

Mi hermana era una mujer impresionante, tenía veintinueve años de edad, su cabello rojo rizado, perfectamente peinado, una imagen cuidada desde los pies a la cabeza, esbelta, mostrando como siempre su frialdad y seriedad.

-Está bien papá, pero creo que esto necesita más tiempo, hay cosas en ellos que no me gustan -contestó mi hermana seria.

A un lado de mi padre se encontraba Mark que era todo un galán, él tenía veintisiete años, su físico era fuerte, pero jamás musculoso, digamos que marcado y alto.

-Papá, ¿crees que toda esa gente es buena? Hay un montón de malagradecidos -comentó mi hermano de forma incisiva.

-Tienes razón hijo, empezando por ti -dijo mi padre con voz autoritaria, Mark lo miró molesto-. ¿Acaso no lo ves?, ustedes tienen todo, dinero, salud y trabajo, que daría esa gente por estar en la posición en la que están ustedes.

Mark cambió su rostro a seriedad y bajó un poco la mirada al oír a mi padre.

-No es eso papá, es sólo que pienso que eres muy inocente, la gente es mala, es una porquería -dijo mi hermano con el rostro duro.

-Me gustaría que dejaras de decir eso, no todos son así... deberías ser más como tu hermana Ximena, ella es una persona sencilla y vive sin muchos lujos -respondió mi padre.

-Sí, tan sencilla que no se pudo tomar un tiempo para venir a verte el día de tu cumpleaños -dijo Lilian como tratando de hacer notar lo mal hija que era.

-Yo le pedí que no viniera, sé que Nueva York está cerca, pero ella tenía que estar en la escuela, era importante.

-No papá, lo que pasa es que lo que no sea ballet no es importante para ella -espetó Lilian.

Arthur volteó molesto a verlos y ambos se quedaron callados.

-Miren... estoy harto de que hablen así de su hermana, ¿creen que no me doy cuenta de que no la quieren? Es su hermana, acéptenlo, aunque no sea hija de la misma madre, me duele en el alma que nunca hayan entendido mi sentir por Carolina, pero un día confío en Dios, comprenderán todo lo que les digo -externó mi padre poniéndose de pie-. Ahora si me permiten, tengo que hacer una llamada importante a Connor O'Brien.

Mi padre se retiró y mis hermanos se miraron entre sí.

-Creo que admira a Connor. ¿No? -comentó Mark sarcástico para molestar a Lilian.

-No sé qué pretendes Mark, pero no me molestarás. Admiro a Connor O'Brien, a sus quince años se quedó con los negocios de la familia y ha sabido cuidar los nuestros también, es un chico admirable, duplicó el dinero de su familia -dijo Lilian retirándose.

Mientras tanto en Nueva York, yo me encontraba en una audición para ser la figura principal del ballet de Julliard, es una de las mejores escuelas de danza del país. Había estudiado con ellos, pero nunca había audicionado para un papel protagónico.

Chris, mi novio, se asomó por la cortina viendo a la multitud.

-Dios están todos los maestros... ¿Crees que nos elijan? -preguntó nervioso.

-Pues eso espero, porque no sacrifiqué los días de fiesta con mi familia por nada -respondí con seriedad.

-No creo que te hayas perdido de mucho, tus hermanos realmente te detestan.

No pude evitar verlo con molestia, mientras calentaba.

-Ellos no me odian, sólo... piensan que mi madre les robó a su padre y ya sabes todo lo que conlleva eso -respondí tomando mi pierna estirándola hasta mi cabeza-, pero espero que en algún momento me empiecen a tratar mejor.

Comenzó a sonar mi celular, corrí a contestar.

-Es mi papá... -dije queriendo contestar, pero se había perdido la llamada-. ¿Qué raro?

-Lo más seguro es que se le marcó el teléfono, eso le pasa todo el tiempo a los adultos mayores -respondió Chris.

La asistente entró a donde estábamos y dijo:

-Chris, Ximena. Les toca.

-Ya vamos -respondió Chris, en lo que la asistente salió-. Estamos listos, lo hemos hecho un millón de veces.

Ambos nos tomamos de las manos y suspiramos, salimos al escenario para interpretar Romeo y Julieta, realizamos toda la secuencia del balcón, yo era una bailarina asombrosa, alta, delgada y con largas extensiones, eso me daba presencia en el escenario. Chris me levantaba y hacíamos todo a la perfección, tanto que al finalizar, todo mundo aplaudió, ambos sonreímos y salimos corriendo del escenario con mucha emoción.

En el aeropuerto de Pittsburgh, Amy una de mis mejores amigas, esperaba a Alex, su hermano, sí, ese mismo Alex, el mejor amigo de mi hermano y quien me encerró en ese baúl.

Amy era igual de alta que yo, cabello castaño ondulado, con ojos cafés y muy menudita. Al ver que entre la multitud apareció Alex, explayó una enorme sonrisa y gritó:

-¡Alex, hermano!

-Hola hermosa, como te extrañé. ¿Qué tal las cosas por acá? -preguntó Alex, mientras caminaban al auto.

-Bien, mi papá hoy tenía una junta importante y me mandó por ti -respondió Amy.

Alex puso un rostro triste al escucharla.

-¿Y mamá cómo está? -preguntó Alex.

-Pues... en casa, pero volvió a recaer hace unos días -contestó Amy, molestando a Alex con su respuesta-, lo sé, obvio que ella y mi papá discutieron nuevamente porque lo dejó en mal frente a sus amigos.

-Esperemos que esta vez me escuche para que se interne -contestó Alex subiendo al auto al mismo tiempo que Amy.

En Nueva York, Chris veía bailar a las demás parejas, yo estaba preocupada por la llamada de mi padre.

-No hay competencia, nos quedaremos con el papel principal -dijo Chris mirándome, sonreí nerviosa.

En ese momento mi celular volvió a sonar, esta vez lo tomé con rapidez, pero al ver que era Lilian mi hermana quien me marcaba me aterró.

-¿Qué pasa? -preguntó Chris.

-Es Lilian... -dije nerviosa mientras contestaba-. ¿Bueno?

Mi rostro cambió de golpe, mi pecho sentía que se desgarraba.

-No puede ser cierto yo acabo de hablar con él en la mañana, de hecho hace media hora... -dije a Lilian, pero ella me interrumpió-. Entiendo.

Estaba destrozada por lo que Lilian me acababa de decir, colgué. Odiaba mostrar dolor frente a los demás, Chris me miraba esperando una respuesta.

-Mi papá acaba de morir -dije con voz apagada.

-¿Qué? ¿Qué fue lo que pasó?

-Dice Lilian que aún no sabe, pero cree que fue un infarto -contesté, al terminar de hablar Chris me abrazó y me aferré a él.

-Lo siento tanto. Imagino que te irás después del resultado.

Lo miré atónita, «¿Cómo podía pensar semejante cosa?», me pregunté.

-Claro que no, yo... -No pude terminar de hablar, comencé a levantar mis cosas y él me miraba aterrado.

-¿Qué es lo que haces? -preguntó incrédulo.

-Me voy, tengo que estar en Pittsburgh -dije desesperada, pero Chris me tomó del brazo-. ¿Qué haces?

-No seas tonta. ¡Echarás todo a perder! -exclamó Chris.

Yo solo lo miré, no podía estar ahí.

-Tú puedes conseguir el papel, yo tengo que estar con mi padre y con mis hermanos.

-Si te vas de esta sala, te aseguro que te vas a arrepentir -espetó Chris, pero salí, no me importó nada-. ¡XIMENA! ¡MALDITA SEA!

Mientras en casa de Amy, Alex, quien iba llegando de viaje, entraba a la habitación de su mamá.

-Mamá -dijo Alex con voz dulce.

Emily al ver a su hijo se alegró y con una enorme sonrisa corrió a abrazarlo.

-Hijo, te extrañé tanto -expresó, Alex sonrió -, pero cuéntame. ¿Qué tal Londres?

-Todos bien, aunque casi no salí, fue más estudio que fiesta -contestó Alex con una pícara sonrisa.

Amy entró a la habitación de su madre.

-Lo bueno es que ya estás aquí, ya quiero que le presentes a tu hermana algún amigo del hospital, porque lo que concierne a tu padre puff... -dijo Emily haciendo una cara de desagrado.

-¡Mamá! -exclamó Amy avergonzada.

Entró de golpe un hombre de la edad de mi padre, calvo y rollizo, su rostro se miraba desencajado.

-¡Acaba de morir Arthur! -exclamó Robert Brown, uno de los mejores amigos de mi padre y padre de Alex y Amy. Todos se quedaron helados.

-¿Estás jugando? -preguntó Emily.

-Me gustaría que todo fuera un juego, pero llevaron su cuerpo al hospital, solo vine por unos papeles y regreso, tengo que apoyar a Mark en estos momentos -dijo Robert saliendo del cuarto.

-Por Dios... -enunció Amy, mientras se sentaba en la orilla de la cama de sus padres-. Yo lo vi corriendo en el parque como todas las mañanas. ¡Ximena! ¡Ay no, hoy era su audición!

-¿Crees que le importe? -preguntó Alex de forma ácida y provocando la molestia de Amy-. Sé que es tu mejor amiga, pero ella tiene años que se fue de Pittsburgh en busca del gran sueño.

-Eres un imbécil -respondió mi amiga furiosa y saliendo.

-Ya sabes que no puedes hablar con tu hermana sobre esa chica... nunca va a entrar en razón, ella cree que es buena -comentó la madre de Alex, se sintió un silencio-. Ahora, ¿podrías dejarme sola? Necesito descansar un momento.

Alex salió de la habitación y cerró la puerta, mientras Emily rompía en llanto.

Yo me encontraba en el avión hecha bola en el asiento y veía por la ventana, en eso comencé a recordar, una semana antes de mi audición mi padre y yo tomamos café en Central Park.

-Mi audición es en una semana -dije.

-Estoy seguro de que tendrás el papel principal hija, te he visto bailar y eres excelsa en lo que haces -dijo, sacándome una sonrisa un tanto apagada-. ¿Por qué sonríes así? Créetelo, si tú no lo crees no se hará realidad, tú eres buena y vas a triunfar.

-¿Crees que amo lo que hago? ¿O sólo soy buena en ello? Toda mi vida me he dedicado a esto gracias a ti y a mi madre, pero... -dije queriendo llegar a un punto importante, mi padre me miró y sonrió-. A veces no sé si estoy en lo correcto, sé que mis hermanos y yo no nos llevamos bien por el hecho de ser hija de otra mujer, pero a veces siento que piensan que a mí no me importa nada más que esto y no es así.

-Hija, a veces tenemos que hacernos de oídos sordos, nadie tiene derecho a arrebatarte tu sueño y tú desde niña lo planteaste así. Esto es tu vida, sé que en ocasiones tendrás que sacrificar a los que amas, pero eres joven y esta es una carrera que también termina joven -comentó mi padre tomando mi mano-, te amo y sé que tú me amas y estoy seguro que algún día ellos se darán cuenta de quién eres.

De Nueva York a Pittsburgh en avión era una hora y media a lo mucho, por lo que oír que íbamos llegando me sacó de mis recuerdos, ubicándome en mi realidad.

En casa de los Brown, Alex entraba a la habitación de Amy.

-¿Sabes dónde será el funeral? -preguntó Alex.

-Hablé con Lilian, dice que va a ser en el salón principal de la empresa -respondió Amy con tristeza.

-Eso me imaginé, después de todo ese lugar fue donde Arthur hizo posible toda su fortuna. ¿Y sabes algo de Ximena? -preguntó Alex.

-Como si te importara saber algo de ella -contestó Amy, Alex se acercó a su hermana-. No sé cual es la razón por la que le tienen tan mala voluntad.

-Mira, tal vez es porque Mark es mi amigo y él siempre me ha dicho que es una egoísta y... -iba a continuar Alex cuando Amy lo interrumpió.

-Y que es la hija de la mujer que hizo que sus padres se separaran -dijo Amy, haciendo que Alex se sintiera un poco incómodo-. ¿No lo ves?, esa es la razón por la que ellos la odian, porque la mamá de Ximena se casó con su papá, a los meses de que Arthur se había divorciado de Evelyn.

-No lo sé, la verdad yo tengo años que no la veo, tú porque vas cada fin de semana a Nueva York por lo de tus modas -enunció Alex.

-Sólo te digo que, por lo menos, no hables mal de alguien a quien no conoces.

Llegué a Pittsburgh, tomé mi equipaje, salí esperando que hubiera alguien que me recibiera. Lo sé, fuí un poco inocente, mis hermanos y yo nunca llevamos una relación entre nosotros y al mismo tiempo se me olvidaba que posiblemente Lilian estaba con los arreglos del funeral, por lo que tomé un taxi.

-¿Me lleva por favor al edificio McCarthy? -dije al taxista.

-Claro señorita -respondió.

Yo miraba el paisaje, tenía cuatro años que no iba a Pittsburgh, la ciudad no había cambiado mucho, en ese momento sonó mi celular.

-Bueno. Voy al edificio McCarthy, no sé nada. Lilian no me dijo gran cosa. Gracias amiga, te veo allá -dije a Amy.

En el salón principal del edificio McCarthy, mis hermanos ya tenían todo listo para el funeral, de hecho ya había gente dándoles el pésame, Lilian tenía el rostro inexpresivo y Mark también se le veía el semblante duro.

Un socio de mi padre se acercó a darle el pésame a Lilian y éste siguió el camino a sentarse, Mark se acercó a mi hermana.

-Ya debió haber llegado -dijo Mark en voz baja.

-Lo más seguro, ¿irás por ella? -dijo Lilian viendo a Mark, él torció la boca-. Eso pensé.

Entró una mujer rubia, alta y exuberante, de antemano se veía en ella la cirugía plástica en varias partes, pero en especial su rostro. Ella pegó un grito descomunal, Lilian y Mark voltearon de golpe.

-Ya llegó mamá -murmuró Lilian apenada.

-No sé quién va a causar más problemas, Ximena o ella -comentó Mark con molestia.

Su madre caminó hasta donde estaban ellos.

-¡Hijos míos...! -exclamó Evelyn, abrazándolos-. No puedo creer que se haya ido, deben estar destrozados.

-Claro mamá, pero tampoco tenemos porqué gritar -contestó Lilian con molestia.

Evelyn miró a todos lados y al ver que tenía poco público dijo:

-Tienes razón, aún falta gente. -Se dio la vuelta y se sentó en una de las sillas.

La familia Brown entró, Robert, Alexander y Emily. Amy no iba con ellos, caminaron hasta donde estaban mis hermanos, Alex abrazó a Mark.

-Qué bueno que están aquí -dijo mi hermano.

-Siento mucho lo que pasó -comentó su amigo.

-Todo esto nos tomó por sorpresa. Él estaba completamente sano -dijo Mark.

Y como si fuera artista o película, al abrir la gran puerta del salón todos voltearon a ver quien era quien entraba al salón, al verme todos se quedaron impresionados, al igual que mis hermanos.

-Ximena... -dijo Mark con seriedad.

Alex me recorrió de pies a cabeza, quedándose asombrado, pues tenía mucho que no me veía.

-Cómo ha crecido tu hermana... -murmuró Alex a Mark que se molestó por el comentario.

Evelyn se giró y al verme su rostro lanzaba fuego.

-¡¿QUÉ HACES TÚ AQUÍ, MALDITA?! -gritó la corriente mujer.

Amy se molestó e iba a meterse a defenderme, pero la detuve. Yo iba ahí por mi padre, no a dar espectáculo alguno, tomé el hombro de mi amiga y negué con la cabeza, caminé con dolor hasta el féretro que tenía el cuerpo, mirándolo incrédula, estaba bien, en la mañana habíamos hablado y ahora la vida me lo había arrebatado. Todo mundo me miraba, en especial mis dos hermanos que me odiaban con todo su ser.

-¡LÁRGATE DE AQUÍ! -exclamó Evelyn, pero Mark la tomó del brazo sacándola del lugar-. ¿Qué crees que haces?

-De ningún modo voy a permitir que hagas un escándalo en el funeral de mi padre, él no se merece eso -espetó Mark con molestia.

Evelyn se soltó, respiró profundo.

-Tienes razón, además yo soy una dama y debo comportarme -dijo con cinismo, Mark la miró-. ¿Qué?

-Otra cosa mamá, no finjas que amabas a mi papá, porque todo mundo sabe qué fue lo que ocurrió entre ustedes -externó Mark irritado, retirándose.

Dentro del salón me retiré de la caja un momento para caminar a donde estaba Lilian y obtener algunas respuestas de lo ocurrido.

-¿Cómo fue? Yo hablé con él cómo todas las mañanas -dije con dolor.

Lilian me miró y bajó su rostro al contestarme.

-Fue un infarto fulminante y ya no se pudo hacer nada por él -respondió mi hermana.

Me quedé pensativa, él había intentado llamarme, tal vez pedía auxilio.

-Intentó hablarme... -dije a Lilian, dejándola sorprendida-. Estaba yo en mi audición cuando recibí una llamada de él y de repente colgaron, imagino que el teléfono se marcó solo, tal vez mi número fue el último registrado y por eso pasó.

-¿A qué hora fue eso? -preguntó Lilian un tanto nerviosa.

-Como a las once -respondí dejándola helada-. ¿Qué? ¿Ocurre algo?

-No, nada, sólo me impacta lo sucedido, por cierto, si no has comido ahí hay bocadillos -dijo mi hermana con frialdad.

Lilian se dio la vuelta para dejarme sola y atender a las demás personas, yo caminé hasta los bocadillos, la verdad si tenía hambre, no me gustaba comer antes de las audiciones, pero al oír la noticia me vine como loca a Pittsburgh sin alimento alguno, me acerqué a la barra y veía un tanto molesta todos.

-Siento tu pérdida -dijo Alex, me quedé viéndolo un tanto embobada.

La cara se me hacía familiar, pero el cuerpo para nada y la verdad era bastante guapo.

-¿Eres Alex? -pregunté.

- Sí, creo que dejamos de vernos cuando tenías como seis años, porque cuando venían, mis padres no me dejaban ir a tu casa -respondió Alex

-Sí, es verdad, Amy me dijo que eras doctor -dije y él sonrió.

-Sí, así es, soy doctor, soy residente de cirugía por el momento, buscando mi especialidad y tú eres bailarina. ¿No? Es por eso que no quieres comer -dijo el tonto.

Eso me hizo enfurecer.

-¿Qué te hace pensar que no quiero comer? -pregunté.

-¿No se supone que ustedes son extremadamente delgadas y bulímicas, además de narcisistas? -respondió el pequeño imbécil. Me hizo salir de mí.

-Ya recordé porque me fui de aquí, por gente estúpida como tú. Ni mi luto respetan -dije furiosa y saliendo del lugar.

Alex se sintió un poco apenado por lo ocurrido, Amy se acercó a él.

-¿Qué fue lo que le dijiste? -preguntó Amy molesta.

-Me comporté como un patán, le dije que si no quería comer por bulímica y cuidar su figura -dijo Alex muerto de pena.

Amy vio todos los bocadillos y sonrió triste.

-Todo esto tiene carne, ella es vegetariana. Idiota -contestó Amy.

Eso lo hizo sentirse mal y salir tras de mí, Amy siguió a su hermano, solo que al llegar al jardín todo comenzó a dar vueltas y me desplomé, al verme ambos corrieron.

-Hay que llevarla dentro -dijo Alex tomándome en sus brazos y metiéndome a otra área de las oficinas.

En el salón, Lilian comenzaba a tomar el lugar de heredera frente a los socios de mi padre.

-Siento lo que pasó, tú sabes que tu padre era mi mejor amigo -dijo Robert Brown.

-Lo sé, no puedo creer lo sucedido -respondió Lilian.

-Ni yo... oye y qué va a pasar con lo de los contratos y licitaciones. Había mucho dinero de por medio. -Lilian al oírlo se quedó seria-. ¿Ya habló O'Brien?

-Sí, hace una hora que Mike le avisó a Connor O'Brien -respondió Lilian.

-¿No vendrán? -preguntó Robert-. Harold era el mejor amigo de tu padre -dijo con cierta insistencia Robert.

-Lo sé, los O'Brien mandaron sus condolencias y respetos a mi padre, pero ellos son mucho más chicos que nosotros y no pueden venir y en cuanto a los negocios me quedaré a cargo de todo, Mark está metido en el hospital y verdaderamente no creo que le interese y Ximena, bueno... ella regresará pasado mañana a Nueva York, así que supongo que yo resolveré todo -contestó Lilian inexpresiva. Robert se quedó pensativo.

-Entiendo... bueno, entonces cualquier cosa ya sabes que estoy para apoyarte, Harold, Arthur, Josh y yo éramos los mejores amigos -respondió Robert.

En ese momento se acercó otro señor de setenta y cinco años, cabello abundante blanco, dándole el pésame a Lilian, pero mi hermana era como un robot, no mostraba dolor alguno.

-Robert, Lilian cuanto lamento lo ocurrido, se fue el mejor hombre -dijo el señor Baker.

-Gracias doctor Baker, apreciamos mucho su visita -respondió Lilian.

-Lo que se les ofrezca estamos Kelly y yo para todo -comentó el señor Baker.

-Gracias -respondió Lilian.

Alex me recostaba en el sillón de la sala de espera.

-Ve a mi coche y saca de la cajuela un botiquín -dijo Alex y Amy salió corriendo del lugar-. ¡Ximena despierta!

Abrí los ojos y Alex sonrió, tenía una linda sonrisa.

-¿Estás bien? -preguntó Alex.

-¿Dónde estoy? -pregunté atontada.

-Estás en la sala de espera de tu papá, te desmayaste hace un momento, ¿tienes presión baja? O ¿padeces de algo? -preguntó Alex.

-No que yo sepa, pero ahorita sí me siento muy débil, debe ser todo lo que está pasando -respondí, intenté sentarme y Alex me ayudó.

-¿Quieres que te traiga algo de comer? -preguntó, pero lo vi seria.

-En serio. ¿No tienes miedo a que vomite? -respondí con sarcasmo.

-Lo siento, no sabía que eras vegetariana, creo que te juzgué antes de tiempo -dijo Alex con pena.

-Como todo el mundo en esta maldita ciudad. -Me puse de pie-. Mira, sería bueno que hubiera una opción vegetariana aquí... -dije quebrando mi voz-, pero no creo poder comer.

Alex me miró.

-Lo siento -dijo comprendiendo mi dolor, en eso entró Amy y entregó las cosas-. Gracias.

-Ximena. ¿Ya estás bien? -preguntó Amy.

-Pues me siento mareada, pero con todo esto la cabeza me pesa -respondí.

-Pues si quieres te llevamos a tu casa para que descanses -propuso Alex tomando mi mano, pero negué con la cabeza.

-¿Sabes todo lo que se va a decir si yo llego a dejar el lugar?, de hecho, ahorita ya deben estar cuchicheando. Así que con su permiso -dije armándome de coraje nuevamente y retirándome.

-¿Qué le hace pensar que van a decir eso? -preguntó Alex y Amy lo miró fijamente-. Okay, tal vez sí están hablando de ella, pero ella se lo ha buscado.

-Y sigues comportándote como un perfecto imbécil -contestó Amy molesta y yéndose.

Capítulo 2 Un adiós inesperado 2

En la mansión McCarthy nuestra nana y ama de llaves Lupe, se encontraba comiendo junto a Alondra su hija, sí, la niña que la acompañaba cuando pasó todo lo del baúl.

-No puedo creer lo que pasó, hoy como todas las mañanas le serví el desayuno, le di su café y de repente para el medio día se había ido -dijo con tristeza Lupe.

-¿Y Ximena ya está aquí? -preguntó Alondra.

Alondra tenia su cabello ondulado negro y su piel apiñonada, era unos cuantos centímetros más bajita que yo y tenia un cuerpo curvilíneo, ella era mi mejor amiga en la vida.

-Pues la señorita Lilian dijo que no le quedaba de otra, que le tenía que hablar, pero que si por ella fuera, no le decía nada -respondió Lupe.

-Esos muchachos están enfermos mamá, yo sé que tú los quieres y has intentado ayudarle al señor Arthur con sus hijos, pero en serio son acólitos del diablo -comentó Alondra.

-¡No digas eso Alondra! Mis niños sólo han tenido una vida dura, no son malas personas -exclamó Lupe.

-¿Entonces cómo explicas el odio inmenso que le tienen a su media hermana? ¡Por Dios, mamá!, hicieron hasta lo imposible porque Ximena y su madre salieran corriendo de la casa -dijo Alondra.

-Lo sé, Carolina ya no quiso causarle más problemas al señor Arthur y ya no podía soportar más groserías para su hija..., pero esos chicos siempre fueron influenciados por su madre, si tú quieres que alguien sea odiado sólo háblale mal a los demás de esa persona -dijo Lupe defendiendo a sus bebés.

-¿Crees que sea buena idea ir a ver a Ximena ahora? -preguntó Alondra.

-Yo creo que lo mejor será esperar a mañana... -dijo Lupe con tristeza.

Yo me encontraba viendo a mi padre en la caja, siempre me han dicho que lo ideal es no verlos para que no tengas ese recuerdo, pero no podía dejar de mirarlo, mi padre lo era todo en mi vida. «¿Y ahora qué crees que debo hacer sin ti?» pensé llena de dolor.

Mark se acercó a mí y me dijo con toda la frialdad del mundo.

-Ya nos vamos, en unos momentos vienen por él para llevarlo al cementerio -dijo Mark.

«Espera ¿Qué?» dije dentro de mí.

-¿Hoy mismo? -pregunté.

-Él así lo estableció, no quería prolongar nuestro dolor -espetó Mark.

Miré a mi padre por última vez y bajé el rostro.

-Entiendo... -dije.

Me despegué de la caja, mientras los trabajadores de la funeraria preparaban a mi padre. El cortejo fúnebre se comenzó a formar, bajamos por las escaleras y fue increíble salir del edificio y escuchar los aplausos de la gente y gritos agradeciendo todo lo que mi padre había hecho por la ciudad, caminamos para la limusina, subió Lilian, Mark, pero cuando yo iba a subir...

-Lo siento, pero tú no puedes ir aquí... -dijo Mark con saña y cerrándome la puerta en la cara.

Me quedé petrificada, sabía que mis hermanos serían groseros, pero de eso a, ¿ni siquiera respetar mi dolor?, me sentí avergonzada, giré y Amy me hizo una seña de que me fuera con ella, caminé hasta donde ella estaba, Alex miraba la escena desde lejos y por un momento me comprendió.

Llegaron los coches al cementerio y todo mundo se sentó en las sillas alrededor de la tumba, poco a poco fueron bajando la caja, yo sentía que la vida se me iba junto con él, ¿por qué? ¿Por qué la vida tiene que ser tan injusta?

Cerré mis ojos y al abrirlos desperté de golpe en mi cama, miré para todos lados, entonces me di cuenta que me encontraba en mi habitación en Pittsburgh, comencé a llorar con desesperación «Todo había sido cierto y no un mal sueño».

A la mañana siguiente Lilian y Mark se encontraban desayunando en la mansión.

-¿Cuándo es la lectura del testamento? -preguntó Mark.

-Es hoy y por cierto quiero decirte que lo que sea que mi papá haya puesto en él, no hay que hacer un escándalo -dijo Lilian tomando un trago de café.

-¿Por qué lo dices? -preguntó Mark.

-Tú sabes por quien lo digo, es obvio que mi papá le dejó a ella algo, no sé ni cuánto ni qué, él en eso fue muy minucioso, de hecho, nunca me dejó ver nada -dijo Lilian.

En ese momento entré al comedor y me senté.

-Buenos días -dije y Mark se levantó de inmediato y se iba a retirar-. Si te molesto me puedo ir a la cocina. -Él se detuvo y me miró-. Miren, yo no vengo a molestarlos, solo vine a decirle adiós a mi papá, ya lo hice, así que regresaré hoy mismo a Nueva York.

-No puedes, Mike quiere vernos hoy -dijo Lilian.

-¿Por qué no fue ayer? -preguntó Mark.

-Alguien tenía que hacerse cargo de la empresa, lo hubiera hecho yo, pero dijo que tenía que estar presente en el funeral -respondió Lilian con frialdad.

Mark y yo miramos a Lilian impresionados.

-No creas que queremos que te quedes, pero mi papá dejó muy claro que, si tú no estabas presente, no se haría lectura del testamento -agregó la dulce Lilian.

-Yo no quiero nada -respondí.

-Ni creo que te lo merezcas, pero él dejó claro lo que quería y lo vamos a respetar. ¿Entendiste? -dijo Mark un tanto amenazante.

-Okay -contesté, mis dos hermanos se fueron, Lupe entró a recoger y al verla corrí a abrazarla-. ¡Lupe! -exclamé con emoción.

-Mi niña, no sabes cómo lo lamentamos, Alondra quería venir, pero por su trabajo no pudo, espero que se vean en estos días -comentó Lupe.

-¡Ay Guadalupe!, no creo que vaya a estar más de dos días aquí... me esfuerzo, no soy ni siquiera grosera con ellos, pero lo único que me queda claro es que me odian -respondí.

-Ellos no te odian, es simplemente que necesitan conocerte más -dijo mi nana con voz dulce.

-Me fui de aquí a los seis años y veníamos o ellos iban cada fin de semana. ¿Crees que necesitan conocerme más? Toda mi vida junto a ellos fue horrible -dije, ambas nos sentamos y Lupe tomó mi mano-. Me he quedado completamente sola... mi padre era lo único que me quedaba.

-Hija, tienes mucha gente que te quiere, aquí Alondra, Amy y Benjamin, siempre han estado contigo y nunca te han dejado sola, ya ves que hasta han ido a visitarte -dijo Lupe llenándome de optimismo-. Y yo, sabes que yo también te quiero. -Ambas nos abrazamos.

Alex se encontraba en el hospital, revisando a un paciente.

-Bien, en un rato más viene el doctor Harrison para llevarlo a la tomografía -dijo Alex.

-Gracias -respondió su paciente.

Alex salió del cuarto y vio a Mark a lo lejos, éste corrió para alcanzarlo.

-¡Mark! -gritó Alex, su amigo se detuvo-. ¿Cómo sigues?

-Pues ya me siento un poco mejor, aunque mientras Ximena siga en mi casa, no creo sentirme bien -respondió Mark mientras ambos caminaban.

-Lo dices como si Ximena fuera alguien insoportable -comentó Alex, obteniendo la atención de Mark, molestándolo-. Es verdad, ayer me di cuenta que para nada los molesta Mark, creo que deberían ser, aunque sea un poco más amables, después de todo es tu hermana.

-Mira eres mi mejor amigo, pero en serio no quiero discutir por una estupidez de este tipo así que, con tu permiso -espetó Mark molesto, entrando al cuarto de su paciente.

Mientras, me encontraba leyendo uno de mis libros raros, no se si sepan que es el manga, pero los amaba, era algo así como una bailarina otaku y amante de la ciencia ficción, la puerta sonó y se escucharon voces.

-¿Quién es Lupe? -pregunté poniéndome de pie y saliendo al recibidor, al ver que era Chris solo corrí-. No sabes lo que significa para mí que estés aquí. -Lo abracé y brinqué.

-Viene a defenderte de tus horribles hermanos. Me imagino que ni por el deceso de tu padre te respetaron. -Lo miré triste-. Lo imaginé. Además, vengo a decirte que me dieron el papel y me dijeron que si regresabas en estos días te lo darían a ti también, que entienden lo de tu padre, pero que necesitamos empezar los ensayos lo antes posible.

-Pues por mí, me regresaba hoy mismo, pero hoy en la tarde es la lectura del testamento y mi papá ordenó que estuviéramos todos los involucrados -respondí.

-Está bien, regresemos mañana. ¿Te parece bien? - preguntó Chris. Me quedé pensando.

-Okay, ahora, ¿cómo ves si te enseño la ciudad? -dije.

-Me parece bien, no conozco Pittsburgh -dijo Chris.

Lilian se encontraba en ese momento en lo que ahora sería su oficina, su trono, donde el rey de los negocios se sentaba, ella se sentó y observó todo el escritorio de mi padre, se recargó en la silla echándose para atrás y comenzó a recordar cuando tenía cinco años.

-¿Cómo que te vas a casar? ¿Ya no nos quieres? -preguntó Lilian.

-Hija yo los amo y nunca los dejaré de amar, pero Carolina es la mujer de mi vida, a ustedes los ama y los adora, ha cuidado de ustedes cuando tú madre no está -respondió mi padre.

-¡PUES NO! ¡YO NUNCA VOY A QUERER A ESA SEÑORA! -exclamó con odio Mark de tres años

-Eso dicen ahorita, pero ella siempre ha cuidado de ustedes, además siempre les ha hecho de comer -dijo mi padre con una sonrisa.

De ese recuerdo Lilian saltó dos años adelante, ella ya tenía siete y mi madre hacía tarea con ella, pasando sus dedos por el cabello de Lilian.

-Mira qué bonito te salió el dibujo... -dijo mi madre con una voz dulce y sonriendo, Lilian sonrió al escucharla.

En ese momento Evelyn entró gritando y llevaba a Mark de la mano.

-¡¿CÓMO TE ATREVISTE A REPRENDER A MI HIJO MALDITA MUJERZUELA?! -gritó Evelyn.

Mi madre se levantó molesta, pero no quiso hacer un escándalo.

-Lilian y Mark vayan a jugar afuera. -Los dos hicieron como que se iban, pero se quedaron a ver todo detrás de una columna-. No tienes por qué venir a gritarme así, no lo golpeé, sólo lo dejé castigado el fin de semana porque sacó malas calificaciones.

-¡Tú no tienes ningún derecho! ¡Cuando tu hija crezca podrás regañarla lo que quieras! -gritó Evelyn.

-Creo que tengo más derecho que tú, porque yo estoy aquí vivo con ellos, mientras tú te vas de viaje con tu amante en turno.

Evelyn le dio una cachetada a mi madre, en eso entró mi padre con un amigo de nombre Darren y ambos vieron el golpe, Darren se acercó a ver a mi madre, mientras mi padre tomaba a Evelyn.

-¡Lárgate de aquí! -exclamó mi padre.

-Pero... -dijo Evelyn, mi padre la tomó del brazo y la empujó a la puerta-. ¡ERES UN MALDITO! -gritaba Evelyn.

-¿Estás bien? -preguntaba Darren O'Brien.

-Sí, gracias Darren -contestó mi madre avergonzada.

-¡No vuelvas a poner un pie en esta casa! -gritó Arthur McCarthy, pero Mark se le fue a los golpes a mi padre-. ¡Hijo!

-¡No, mamá! ¡Yo quiero a mi mamá! -gritaba Mark.

Darren veía a Mark impresionado.

-Espero no pasar por eso nunca -dijo Darren.

-Cuando tengas hijos entenderás -respondió mi padre.

En ese momento, Patrice, la asistente de mi padre, tocó la puerta y regresó a Lilian al presente al llevarle un cerro de papeles que tenía que firmar, esa sería su nueva vida.

Alex se iba bajando de su automóvil cuando a lo lejos alcanzó a verme a mí junto con Chris, yo iba prácticamente a las risas, pues Chris me hacia reír mucho, al verme Alex sonrió, yo levanté mi rostro y lo saludé de lejos, él respondió el saludo.

-¿Será el novio? -preguntó Alex y entró a su casa.

Del otro lado de la calle Chris me preguntaba:

-¿Quién es él?

-Es el mejor amigo de mi hermano, hermano de Amy -dije a Chris, dejándolo sorprendido-, pero él también es uno de mis detractores.

-¿Qué fue lo que les generó tanto odio a ustedes? Porque no puedo comprender como después de tantos años eso continúe -expresó Chris.

-Créeme que a veces yo quisiera saber qué fue lo que pasó. Cuando yo tenía conciencia de todo, ya me odiaban... -respondí.

Chris y yo pasamos un largo rato paseando por la ciudad, hasta que llegó el momento de ir a la oficina de Mike.

Mike Sanders era el abogado de mi padre y a quien confiaba todo, él tenía treinta y cinco años, un galán latino, alto, guapo, bastante varonil, cabello castaño un poco ondulado peinado hacia atrás, cabello engomado porque odiaba sus rizos, ojos cafes, traje negro perfecto, la verdad Mike imponía y era bastante elegante, todo eso se lo aprendió al jefe, mi padre.

-Dije que no llegaran tarde y nada que llegan -dijo Lilian con cierta molestia.

Yo entré corriendo desesperada.

-Disculpa Lilian es que no recordaba cómo llegar aquí caminando y odio tomar el elevador.

-Descuida tú tienes pretexto, pero el idiota de Mark no -dijo un tanto nerviosa.

-Esperaremos un poco más, tal vez tuvo alguna urgencia en el hospital -dijo Mike con dulzura.

Mike al verme, salió de atrás del escritorio y me abrazó.

-A ti no te había podido dar el pésame -dijo Mike.

-Ni yo te lo di a ti -dije con una sonrisa triste.

Mike Sanders había sido un niño recogido por mi padre, él creció con nosotros, bueno más con mis hermanos, puesto que yo vivía con mi madre y él no solo me quería, me amaba como un hermano.

-Tal vez Mark se... -La puerta interrumpió a Mike y al ver a mi hermano con Evelyn se molestó un poco-. Bien, Mark, ¿podrías cerrar la puerta?

-Bien. Estamos todos presentes -dijo Mike, pasando detrás del escritorio y poniéndose serio.

-Falta la zorra de tu madre. ¿Dónde está? -espetó Evelyn mirándome.

Yo la observé furiosa.

-Mi madre no era una zorra, ella tuvo un solo marido, a diferencia de usted. Y ella no vino porque murió hace tres años. -Lilian, Mark y Evelyn se quedaron viéndome impresionados-. ¿Por qué me miran así? ¿Acaso pensaron que no vino por no verlos? Si ella hubiera estado viva, créanme que hubiese llegado antes que cualquiera.

Vi el rostro de Lilian un tanto afectado por la noticia, eso sí era un tanto sorprendente.

-¿De qué murió? ¿Por qué no nos dijo nada mi papá? -preguntó Lilian.

-Bueno muchachos, eso es algo que podrán discutir después. Yo sí tenía conocimiento de eso -dijo Mike mirándome triste-, es por eso que tu padre cambió su testamento hace tiempo. -Eso dejó impresionados a todos-. Yo Arthur McCarthy en pleno uso de mis facultades mentales le dejo a mi ex esposa Evelyn Evans el Pent-house en Dubái.

-Bueno al menos no me fue tan mal -dijo Evelyn con una sonrisa.

Mike nos miró a los tres.

-Esto será un poco difícil... -dijo con una sonrisa nerviosa.

-¡No me diga que le dejó todo a ella! -exclamó Mark.

-¡Qué bueno que no eres interesado! si no qué pensaría de ti -dije ácida.

-¡A mí no me hables así, estúpida! -gritó Mark.

-¡Ay! mira como lloro idiota -dije haciendo como que me limpiaba los ojos.

-¡BASTA! Mike aún no termina de leer -gritó Lilian para callarnos-. Prosigue por favor.

-Bien, a mis hijos Lilian, Mark y Ximena espero que para cuando estén leyendo esto, yo ya esté rodeado de varios nietos y si no es así, no saben cómo lamento haberlos abandonado antes, yo siempre los he amado, a cada uno de ustedes, a ninguno más que a los otros, ustedes tres han sido mi razón de vivir. Después de la muerte del amor de mi vida quedé devastado, no sabía cómo seguir viviendo.

Tuve que contener el llanto al escuchar a mi padre a través de la voz de Mike.

-Sin embargo, ustedes me dieron la fuerza para seguir de pie creando un nuevo camino, hijos los amo, los amo como no tienen una idea y es por eso que creo que antes de darles los bienes monetarios, debo hacer lo que no hice antes... -Lilian y Mark se miraron-. Mi última voluntad es que los tres vivan un año juntos -dijo Mike.

-¡QUE! -gritamos al unísono.

-Si alguno de ustedes no quiere respetar mi última voluntad, no habrá ningún problema, al final del año tendrá de igual forma su dinero, pero tendrá en su conciencia que no cumplieron con el deseo de su padre. Y lo que sigue no puedo leerlo hasta dentro de un año -dijo Mike enunciando el último mensaje de mi padre.

-¿EN QUÉ PENSABA MI PAPÁ CUANDO HIZO ESO? -preguntó Mark gritando.

-¿En verdad no podemos hacer nada al respecto? -preguntó Lilian.

-Bueno, según esto ustedes seguirán teniendo la casa y los negocios que surjan durante el año, pero para tener el privilegio de todo está estipulado que sea un año -enunció Mike.

-¿Y que se supone que yo haga? -pregunté llena de miedo.

-Pues tú te puedes ir después de todo lo que más debe importarte es el dinero. -comentó la mala mujer.

-No es por eso, tengo que regresar a Nueva York, me están esperando para que yo sea la estrella en una puesta en escena, ¿Debo renunciar a todo? -Me puse de pie y salí molesta del lugar.

Mi padre quería que renunciara a mi vida, solo por un experimento social con ese par de locos, era algo descabellado.

Del otro lado de la ciudad Amy se encontraba en su habitación haciendo algunos diseños de vestuario, ella amaba las modas y soñaba con tener su propia marca de ropa.

-Se ven perfectos -dijo Amy con una sonrisa.

En eso se empezó a escuchar un alboroto y Bonny su ama de llaves entró corriendo despavorida a su habitación.

-¡Señorita su mamá está rompiendo cosas! -exclamó Bonny.

Amy se levantó corriendo a detener a su madre, pero era imposible, arrojaba todo y gritaba.

-¡MAMÁ CALMATE! -gritaba Amy.

-¡MALDITA SEA! ¡ODIO MI VIDA! -gritaba Emily, Amy esquivaba las cosas hasta que llegó a su madre y la atrapó-. ¡Suéltame Amy!

Alex llegaba en ese momento del hospital y al ver a su madre corrió a apoyar a Amy.

-¡Otra vez estuviste bebiendo! -exclamó Alex.

Entre los dos hermanos la llevaron a su habitación y la recostaron.

-Duérmete mamá... -dijo Alex.

-¿Por qué, hijo...? -dijo Emily.

-¿Por qué, qué mamá? -preguntó Alex.

-¿Por qué tuviste que nacer...? -dijo Emily quedándose dormida, Alex se quedó serio.

-Está tomada Alex -dijo Amy, Alex se levantó y ella se fue tras él. -Alex tú sabes que ella no lo dijo en serio, cuando está tomada siempre dice puras...

-Dice la verdad Amy, ella no miente, ¿Crees que no me he dado cuenta que yo fui la razón por la cual se casó con mi papá? -Amy tomó la mano de su hermano-. Cuando vuelva en sí, dirá que me ama y todas las mentiras que siempre ha dicho.

-Ella te ama, es solo que está tomada y dice puras tonterías -dijo Amy

-Claro... -dijo Alex saliendo.

Entré desesperada a mi habitación, tomé mis cosas y cuando estaba a punto de salir del cuarto me topé con Lupe.

-¿Qué haces, Ximena? -preguntó Lupe.

-¡Mi papá quiere que me quede un año aquí! ¿Puedes creerlo? Un año. A mí no me importa el dinero, no me importa quedarme con nada, yo tengo mi vida en Nueva York y no la voy a cambiar por vivir con las personas que me han hecho la vida imposible, así que me voy -dije desesperada.

-¿Y la voluntad de tu padre? -dijo Lupe, yo solo la miré-. Si, yo ya sabía que eso te iba a pedir tu papá, sé que suena una locura Ximena, pero si él lo pidió debe ser por algo.

-Lo siento Lupe, yo no pienso sufrir más -respondí y salí corriendo, Lupe me perseguía.

-¡Ximena solo recuerda que esa es la última voluntad de tu padre! -gritó Lupe mientras yo salía de la casa.

Alex se encontraba en su cuarto estudiando y repitiendo las palabras de su madre una y otra vez en su cabeza, cuando escuchó que tocaron la puerta de su habitación.

-¡Pase! -dijo Alex, al voltearse vio a Mark-. ¡Qué sorpresa! ¿Qué haces aquí? ¿No te tocaba la guardia en el hospital?

-Tu papá me dio permiso de entrar una hora más tarde... de hecho me dijo que si quería no fuera -dijo Mark un tanto pensativo.

-¿Ocurre algo? -preguntó Alex.

-Leyeron hoy el testamento, pero también me enteré de algo que me hizo sentir... no sé cómo decirlo, raro -dijo Mark con un tono de tristeza en su voz.

-¿Qué fue? -preguntó Alex.

-Bueno, de lo que me enteré es que Carolina murió hace tres años. -Alex miró impresionado a Mark-. Sí, la verdad no sabía nada, al parecer mi padre no quiso decirnos, tal vez porque pensó que no nos importaría o que armaríamos un alboroto.

-¿Qué es lo que en realidad te afecta? -preguntó Alex.

-No lo sé, ¿sabes?, Ximena se ha quedado completamente sola, la familia de Carolina estaba en México y no creo que tenga mucho contacto con ella -comentó Mark bajando el rostro.

-Tal vez lo que te pasa es que te preocupa tu hermana, tan sola -contestó Alex.

-Tal vez por eso mi papá ordenó que viviéramos un año juntos. -Alex lo miró impresionado.

-¿Qué has dicho? -preguntó.

-Lo que oyes, mi papá nos dejó de última voluntad que teníamos que pasar un año entero bajo el mismo techo. El caso es que ella salió corriendo de ahí y por lo que Lupe me informó hace un momento por teléfono, se ha ido -comentó Mark.

-¿Y qué piensas? -preguntó Alex.

Mark sonrió cínicamente.

-No esperaba más, ella es una bailarina, su vida es el escenario, no estar aquí en Pittsburgh, la verdad mi papá no pensó lo que hacía, prácticamente le está cortando las alas. -respondió Mark.

-Pues eso sí. Sin embargo... -Alex se quedó pensativo-, no lo sé, lo poco que he hablado con ella me da a pensar que no es como creíamos

-¿A qué te refieres? -preguntó Mark.

-No lo sé, simplemente el momento en que le cerraste la puerta de la limusina, su rostro, su actitud; ella se fue con nosotros en el coche y en ningún momento habló mal de ustedes. Tal vez la idea de tu padre no era poner a prueba a nadie, sino que realmente se conozcan -respondió Alex.

-Sí, el viejo tenía ideas muy extrañas, pero al final ella se ha ido y todo queda como antes, bueno me voy al hospital, si no tu padre me va a querer mandar a hacer puro papeleo. -dijo Mark.

Ambos chocaron las manos, Mark salió y Alex se quedó pensativo.

-Ximena McCarthy, ¿qué harás? -dijo Alex.

Yo me encontraba en el aeropuerto de Pittsburgh esperando mi avión a Nueva York, traía puesto mi ipod y justo se puso "It Feels Like Home To Me", Chris tomaba mi mano, quité uno de mis audífonos.

-Créeme esto es lo mejor. Tu sueño es ser una gran bailarina y lo vas a ser -dijo Chris.

-Sí, pero... no me gusta la idea de no cumplir lo que mi papá quería -comenté.

-Siento decirte esto, pero tu padre ya está muerto, él vivió su vida como quiso y nadie le dijo que hacer.

Una vez mi padre me dijo que la vida era como una montaña rusa... A veces sientes que puedes tocar el cielo cuando estás arriba y cuando vas de bajada solo te queda aferrarte para no caer.

Anunciaron el vuelo, tomé mis cosas junto con Chris y comenzamos a caminar.

Lilian estaba en su habitación, ella se miraba en el espejo, abrió su cajón, sacó una navaja y se hizo un corte en su muslo, mientras ella lloraba.

Mark se encontraba en el hospital justo cuando llegó un paciente que estaba sufriendo un ataque al corazón, él corrió a atenderlo.

-¡LE DIO UN INFARTO, LO HEMOS QUERIDO REANIMAR, PERO...! -gritó el paramédico.

-¡Carro rojo! -gritó Mark- ¡Vamos! ¡Sube a doscientos! -gritaba Mark, pero no había respuesta, lo intentaban e intentaban, hasta que en desesperación terminó con las compresiones-. ¡Vamos! uno, dos, tres...

Estaba desesperado, estaba fuera de sí, no quería dejar ir a su paciente, todos se detuvieron, pero él continuaba. Robert, el padre de Alex y jefe del hospital llegó.

-¡Mark, déjalo ya! -exclamó Robert.

Mark se quedó petrificado y miró a todos, él salió de la sala y Robert se fue tras él.

-Creo que necesitas unos días muchacho -comentó Robert.

-No, lo que necesito es estar ocupado, si no... -Mark comenzó a entrar en desesperación y Roberto lo abrazó-. Mi papá murió... -dijo llorando.

-Vamos hijo, necesitas irte a casa -comentó Robert.

Alex miraba a su madre dormir, él pasaba su mano por su frente.

-Quisiera entender qué es lo que te pasa... -dijo Alex.

-Arthur... -dijo Emily entre sueños, dejando a su hijo con la boca abierta.

Mark conducía su auto y entraba a la gran mansión, yo estaba sentada en las escaleras de afuera con mis maletas.

Una vez leí que no hay que hacer planes con tu camino, que el tiempo es el único que te dirá por dónde caminar. Cuando más perdido te sientes, es cuando el camino vuelve a abrirse...

Mark bajó del auto y subió a donde yo estaba.

-¿Qué haces aquí? Pensé que te habías ido... -dijo Mark.

-Me siento bastante perdida y no tengo a nadie -dije sin poder contener el llanto-, y creo que este es mi hogar.

Mark me miró a los ojos, bajó su rostro y de la nada me abrazó, eso me dejó impresionada.

-Vamos a dentro -dijo mi hermano.

Capítulo 3 Señales

¿Has tenido señales del universo? Mi padre siempre dijo que debía hacerle caso a todas las señales que la vida me diera, porque en una de ellas podría encontrar la respuesta a mis problemas. Llevaba una semana en Pittsburgh y no había tenido ningún altercado con mis hermanos, eso debía ser una buena señal.

Cenábamos juntos, en las mañanas Lilian iba a correr como todos los días a las siete de la mañana. Mark se levantaba para ir al gimnasio y yo realizaba yoga todas las mañanas, me ponía mis puntas y bailaba en el salón de fiestas de la casa, todo parecía que iba relativamente bien, sin embargo...

Una noche, Alex corrió la cortina de la división entre camas para toparse con su paciente.

-Bien señorita Domínguez... -dijo distraído con el expediente y al verme se sorprendió-. ¿Ximena? ¿Tú no eres Domínguez? ¿Qué haces aquí?

-Verás hace un rato estaba en mi casa intentando dormir, pero no sé qué fue lo que pasó que sentí como que me ahogaba -dije mientras Alex comenzaba a revisarme-. De hecho todos los días me he sentido como si quisiera darme un infarto.

Alex me hizo una seña de que guardara silencio en lo que escuchaba mi corazón, él se quitó el estetoscopio y me miró.

-¿Puedes dormir durante la noche? -dije que no negando con la cabeza-. ¿Te sudan las manos y sientes euforia? -Yo asentí, Alex tomó mi hombro-. Tranquila, lo que tienes son ataques de ansiedad.

-¿Estás seguro? ¿No necesito ningún estudio? -pregunté-. Yo...

-Seguro, todo esto es provocado por la muerte de tu padre, sé que tienes una semana aquí y que no has salido de tu casa -comentó Alex, yo lo miraba impresionada-. Me lo dijo Amy. Ella ha estado muy ocupada y por eso es que no ha podido ir a verte.

-Lo sé, todos tienen algo que hacer menos yo -respondí.

-Y ese debe ser el problema principal de lo que te ocurre, debes distraerte -comentó Alex.

-¿Y que se supone que haga? No he peleado con mis hermanos, pero tampoco me dirigen la palabra, por un momento pensé que Mark... -dije bajando el rostro.

El día que Mark me encontró en la escalinata se portó bastante amable conmigo y por un momento me hizo pensar en que tal vez haría algo por llevarnos mejor, pero no fue así. Alex sonrió sarcástico.

-Por Dios... Mark es así con todos, no sólo contigo, yo soy su amigo y créeme es de lo más agrio, no te sientas especial. -Alex me sacó una sonrisa con su comentario-. ¿Sabes?, yo tengo libre mañana en la tarde. ¿Te gustaría salir conmigo?

Lo miré un poco apenada.

-¿Cómo una cita? -pregunté.

-No, no, como crees, yo no quiero tener novias por el momento, además ahorita estoy metido de lleno en mi carrera -dijo Alex, haciéndome reír.

-Okay, yo solo preguntaba, es mucha explicación para algo que no te importa... Es solo que... acabo de perder no solo a mi padre, sino también a mi novio -enuncié.

-¿Ese chico con el que paseabas era tu novio? -preguntó Alex.

-Sí, llevábamos saliendo seis meses, pero creo que mi situación complicó todo -contesté con tristeza.

-Bueno, debe ser un patán para no haber hecho más por ti -dijo Alex un tanto coqueto.

-Gracias, pero yo decidí quedarme y renunciar al ballet por un año, cosa que a él no le pareció, así que lo entiendo -expuse. Entonces nos miramos.

-Bien te daré la receta para que pidas a la farmacia, esto te ayudará con la ansiedad -dijo Alex escribiendo una receta-. ¿Tienes cómo irte a casa?

-Tomaré un taxi -contesté.

En eso Mark iba pasando por ahí y nos vio platicando, de inmediato se acercó a nosotros.

-¿Qué pasó? ¿Qué haces aquí? -preguntó.

-Ya me iba, es que tuve un ataque de ansiedad y pensé que moriría -comenté a mi hermano.

-¿Y sabe Lilian que estás aquí? -preguntó nuevamente Mark.

-No -contesté.

-Pues cuando salgas debes avisar -dijo Mark.

Alex y yo nos miramos impresionados de lo que acaba de decir mi hermano.

-Lo siento, no quise despertarla, sé que mañana tiene una junta importante -dije un poco apenada.

-Si quieres te llevo a casa, tengo mi descanso ahorita -dijo mi hermano dejándome impresionada nuevamente-. Espérame afuera.

Tomé mi suéter y con una sonrisa me despedí de Alex saliendo del lugar.

-Si no te conociera diría que acabas de actuar como un hermano celoso -dijo Alex.

-Alex no son celos, simplemente durante un año tengo que hacerme cargo de ella, así que mantente alejado de mi hermana, te conozco, sé que sólo te diviertes con las chicas y después te olvidas de ellas, así que por nuestra amistad te pido no lo intentes con ella -dijo Mark con cierta molestia.

Al otro día, los tres desayunábamos en el gran comedor de la casa, ninguno hablaba, Lilian miraba documentos, Mark tenía un libro de medicina a un lado y se veía que subrayaba algunas cosas, yo me servía fruta y los miraba con atención.

-Dios, mi papá rescató tantos negocios de la bancarrota que eso de checar contrato por contrato es agotador y todavía tengo que planear la cena de beneficencia y... -dijo Lilian, siendo interrumpida por Mark.

-¿Y por qué no repartes el trabajo? -preguntó mi hermano.

-Ya habíamos hablado Mark, no puedo hacer eso hasta que no sepa bien en qué términos quedó mi papá con todos sus negocios -respondió Lilian.

-Tal vez yo podría ayudar en algo -dije un tanto temerosa, ambos me miraban.

-Gracias, pero nada de esto tiene que ver con los bailes y esas cosas -respondió Lilian de mala gana.

-Con su permiso -dije molesta y retirándome del lugar. Mark miró a Lilian serio.

-¿Qué pasa? -preguntó Lilian.

-Anoche se te escapó -dijo Mark lanzando la servilleta a la mesa, Lilian lo miraba impresionada-. Me la encontré en el hospital, con un ataque de ansiedad y lo más seguro es que está deprimida.

-Bueno, ¿qué quieres que haga?, yo no la puedo tener todo el tiempo vigilada... -contestó Lilian bajando la voz.

-Yo te digo para que tengas más cuidado, no creo que quieras que las cosas se compliquen o salgan mal. -Mark se puso de pie y Lilian lo observaba.

-Entiendo -dijo Lilian, Mark se retiró.

En casa de los Brown, Amy se encontraba cortando tela para sus diseños de vestuario, Alex entró a la habitación y sonrió al verla trabajando.

-Hola... -dijo Alex.

-A ti te quería ver -dijo Amy dejando de cortar la tela-. ¿Cómo está eso de que invitaste a Ximena a salir? -preguntó Amy con mucha seriedad.

-¿Ella te lo dijo? -preguntó Alex cruzándose de brazos y recargándose en el tocador de Amy.

-Sí, porque le pregunté si hoy podíamos ir a ver algunas telas y ella me dijo que sí, que después de que salieran a comer -respondió Amy.

-¿Y eso tiene algo de malo? -preguntó Alex un tanto pícaro.

-Claro que tiene algo de malo Alex, te conozco y sé que eres un mujeriego de cuenta, mi amiga en estos momentos se siente frágil por lo de su papá y tú te vas a aprovechar de eso, mira que fuera otra chica, no importaría, pero ella es mi mejor amiga -respondió Amy.

-Está bien, intentaré no hacer nada que perjudique tu amistad con Ximena -comentó Alex.

-Gracias, sólo una pregunta. ¿Por qué Ximena? -preguntó Amy.

-En realidad solo pienso salir a comer con ella porque creo que le hace falta distraerse, ya que sus amigas están muy ocupadas con sus respectivos trabajos -respondió Alex con una bella sonrisa.

-Entonces es una comida tranquila sin flirteo -dijo Amy.

-Exacto eso es -afirmó Alex.

-Me parece bien, lo apruebo, ahora ven que necesito las medidas de un hombre alto y guapo -dijo Amy riendo y midiendo a su hermano.

En la mansión McCarthy, Alondra se encontraba parada esperándome a que bajara, Mark entró de la piscina secándose y al verla se quedó sorprendido, ella lo miraba del mismo modo.

-Buenas tardes señor McCarthy estoy esperando a su hermana espero no molestar -dijo Alondra un tanto tímida, Mark se aproximó a ella.

-Ya sabes que no es ninguna molestia, al contrario -dijo Mark, ambos se miraban a los ojos.

-No te hagas ideas que no son, sólo vengo a ver a tu hermana -respondió Alondra-, por cierto, lamento tu pérdida.

Mark se veía afligido.

-Alondra, por favor, debemos hablar... -dijo Mark tomando el rostro de Alondra.

-¿De qué debemos hablar? Tú dijiste todo lo que tenías que decir, tú nunca vas a cambiar y yo respeto tu decisión -respondió Alondra retirando las manos de Mark de su rostro.

-Te extraño, ahora que falleció mi papá no sabes cuanto te necesité. Quería que estuvieras conmigo -dijo Mark, Alondra sonrió irónicamente.

-¿Y qué quieres? -Ella se acercó a él-. Ya te dije que debes hacer para que podamos estar juntos -dijo Alondra.

Al oír mis pasos ambos se separaron, yo entré al salón, pero claramente sentí la tensión entre ellos.

-¿Ocurre algo? -pregunté extrañada.

-No, sólo me estaba dando el pésame. Con tu permiso Alondra y gracias por tu apoyo -dijo Mark retirándose de la escena.

-¿Qué fue todo eso? -pregunté.

-Nada, ya sabes que no soporto a tu hermano, pero eso no quiere decir que no comprenda lo que ha pasado -respondió Alon.

-Sí, entiendo -dije un tanto extrañada-. ¿Qué es lo que te trae por aquí? Pensé que estabas trabajando.

-De hecho, me escapé un rato de la escuela, quería saber cómo estabas, no habíamos podido vernos -dijo Alondra, ambas nos sentamos en la sala.

-Pues no sé qué es peor, el ocio o la tristeza -dije sin tapujos.

-Dicen que el ocio es la madre de todos los males, así que lo mejor sería que te ocuparas en algo -comentó mi amiga.

-¿Y en qué? Todo lo que yo quería está en Nueva York y aquí no quieren que yo sea partícipe de nada, deben pensar que soy irresponsable y que no sé hacer nada -contesté.

-¿Y Chris? -preguntó mi amiga.

-No he sabido nada de él. Aunque para serte sincera no creo que yo haya sido algo importante. Nunca me llamaba, siempre fui yo quien lo mensajeaba y ahora con lo de mi padre bueno... no tiene caso -dije con un largo suspiro.

-Pero pareciera que no te duele -dijo Alondra, mientras yo me sumía en el sillón.

-Ya sabes que no estaba enamorada, sólo era para no sentirme sola, nada en mi vida ha estado bien... -dije, después imperó el silencio-. ¿Por qué discutías con mi hermano?

-Por nada, tú sabes que siempre hemos chocado, eso es todo. -Alondra se puso de pie nerviosa-. Tengo que irme. Nos vemos mañana.

-Está bien, hoy voy a ir a comer con Alex -dije. Pero al parecer dije la peor grosería en mi vida porque Alondra me tomó de la mano y volvió a sentarse de golpe-. ¿Qué pasa? -pregunté.

-Estás loca, ese tipo es un don Juan -espetó Alondra.

-No creo que tenga planes de conquista, soy la hermana de su mejor amigo -dije, pero me quedé pensativa-. Claro que soy la hermana no querida de su mejor amigo.

-¿Ves?, además te voy a decir que es lo que va a pasar, llegarás al restaurante -dijo Alondra-, él te abrirá la silla, comenzará a actuar como todo un caballero y te hará preguntas sobre ti.

Esa tarde Alex y yo, nos encontrábamos en el restaurante, estaba muy nerviosa por todo lo que Alondra me había dicho.

-¿Qué tal la vida en Nueva York? -preguntó Alex con una linda sonrisa.

-Muy bien, un poco ajetreada pero ya estoy acostumbrada al estrés que me provoca la ciudad -contesté nerviosa.

-Imagino que siempre debes tener fiestas los fines de semana -dijo Alex.

-No, yo estoy dedicada a mi carrera, mi ex si salía cada fin de semana -respondí.

Observaba a Alex, pero dentro de mi cabeza escuchaba la voz de Alondra «Llegará el mesero y él pedirá por los dos, mientras hace eso, tú volteas a ver al mesero y cuando regresas la mirada frente a ti ya hay velas y flores, ahí es cuando empieza el peligro...» Y dicho y hecho al voltear todo estaba sobre la mesa como ella había dicho.

-¿Y bien...? -preguntó Alex, pero lo interrumpí.

-¿Qué pretendes? -pregunté un poco a la defensiva. Alex se quedó mirándome serio.

-¿Por qué lo dices? -preguntó.

-Velas, flores. Por favor Alex se suponía que esto era una cena normal. No una conquista -dije un poco molesta, pero él sonrió apenado.

-Es normal. Las velas y las flores son parte de la decoración -respondió Alex.

El mesero, quien nos está sirviendo vino asintió, mirándome, aguantándose la risa por lo que había dicho, me sentí avergonzada, todo por confiar en Alondra.

-Lo que pasa es que me han platicado sobre tu reputación y no creo que yo vaya a terminar contigo donde quieres y menos si te mandó mi hermano -dije.

-Mira, eres hermana de mi mejor amigo, el hecho de que él te odie no quiere decir que sea capaz de enviarme para hacerte daño y por otra parte eres la mejor amiga de mi hermana, jamás las separaría, ¿me entiendes? Además, no eres mi tipo -respondió Alex un tanto ácido.

-Okay, creo que entiendo -dije sonriendo.

La verdad se me hacía amable, Alex sonrió al verme más tranquila.

-No te sientas mal, eres muy bonita, pero me gustan las chicas con más carne -dijo Alex sarcástico. Eso me molestó un poco.

-¿Qué te hace pensar que estoy indignada, si claramente te estoy diciendo que no quiero una cita romántica? -contesté un tanto golpeado.

-Veo que te gusta discutir -dijo Alex riendo.

-No, es sólo que me hicieron pensar que tal vez tú estabas interesado en mí, pero olvídalo ya no quiero hablar de ese tema -enuncié.

-Me parece bien -respondió Alex.

Pero por alguna razón ambos nos miramos y nos carcajeamos.

Mark llegaba del hospital a la mansión, se encontró con Lilian sentada en la sala leyendo un libro.

-¿Dónde está Ximena? -preguntó Mark, quien traía unas cajas medianas en las manos.

-Tu pequeña hermana salió con Alex -respondió Lilian, fría como siempre.

Mark, al escuchar eso, estalló.

-¿POR QUÉ LA DEJASTE? -preguntó Mark furioso.

-¿Qué quieres que le diga? Ya está grande, además no me digas que ahora vas a ser un hermano preocupado -contestó Lilian.

-No es que me preocupe, pero tampoco le deseo mal -dijo Mark enojado por el comentario de Lilian. Ella lo miró fijamente.

-Lo que tú digas -dijo seca, bajó la mirada y vio las cajas-. ¿Qué es eso?

-Son unos rompecabezas -respondió Mark un tanto apenado.

-¿En serio crees que vas a ayudarla con unos rompecabezas? Mark te voy a decir que es lo que te pasa -dijo Lilian fría y calculadora mientras él se sentaba-, sientes culpa. -Mark la miraba serio y molesto-. Mira, yo nunca tuve nada en contra de Carolina, de hecho, ella fue como una madre para mi cuando nuestra mamá se dedicó a conquistar veinteañeros... yo sé que no eres malo, pero tú viviste diferente la separación de nuestros padres y mi madre te metió las ideas suficientes para ponerte en contra de Carolina.

-Sé a dónde quieres llegar, así que no lo hagas -dijo Mark poniéndose de pie.

La puerta se escuchó y entré sorprendiéndome al verlos.

-¿Dónde estabas? -preguntó Mark molesto.

-Salí con Alex, me invitó a cenar -dije extrañada.

-No quiero que te involucres tanto con él -dijo Mark, yo lo miré seria-. Él no es lo que parece, lo único que quiere es jugar contigo.

-¿Y tú cómo lo sabes? Además, descuida, ya estoy lo suficientemente grande como para cuidarme -respondí un tanto golpeado.

-Te lo digo en serio, Ximena -respondió Mark.

-¿Y ahora a ti qué te pasa? Nunca te ha importado lo que yo haga -respondí hostil.

-¡Vives bajo mi techo así que obedece! -gritó Mark subiendo a su habitación, dejándome confundida.

Lilian se puso de pie luego de ver el espectáculo de Mark.

-Sé que nunca hemos estado unidos, pero si él quiere hacerte un favor es por algo. Que descanses -dijo Lilian subiendo a su habitación.

Di unos pasos y vi sobre la mesa de centro las cajas de los rompecabezas, supuse que Mark los había comprado por lo que Alex le había dicho la noche anterior, no lo pude evitar, me hizo sonreír la acción de mi hermano.

Alex llegaba de igual manera a su casa, abrió la puerta de su habitación y se encontró con Amy sentada en la silla de su escritorio.

-¡Wow, que sorpresa! -exclamó Alex sorprendido.

-¿Cómo te fue? -preguntó Amy.

Alex bajó la mirada, Amy se preocupó y de golpe él levantó el rostro sonriendo.

-¡Tu amiga es increíble! -dijo Alex maravillado, Amy lo miró sorprendida-, nunca había hablado con una mujer como ella, sabe de deportes...

Alex platicó a Amy lo ocurrido en el restaurante.

-Voy al gimnasio, pero me gusta mucho practicar un poco de boxeo -dijo Alex.

-¿Lo ves o sólo lo practicas? -pregunté tomando un poco de vino.

-Era fan de Pacquiao y me sentía él -dijo Alex riendo.

-Lo siento no lo digo porque mi madre era mexicana, pero Márquez le dio su merecido -dije riendo-. ¿Y en el fútbol?

-Obviamente los acereros. Imagino que los Jets -dijo Alex.

-Imaginas bien -respondí con una sonrisa sin querer coquetear.

Alex terminó de platicar lo ocurrido, Amy lo miraba sorprendida de que ambos hubiéramos hecho clic al instante.

-Es... como un chico más, bueno con la diferencia de que ella tiene pechos y es una chica linda -dijo Alex, captando la mirada seria de su hermana-, descuida no dañaré tu relación con ella, estoy seguro, es un amigo mas eso es todo.

-Pues más te vale que sea sólo tu nuevo compañero, porque es casi mi hermana y no me gustaría que mi relación con ella se dañara por ti -respondió Amy.

-Te lo prometo. Ahora me disculparás, pero quiero dormir un rato antes de irme al hospital -dijo Alex besando la frente de su hermana.

Amy salió de la habitación, pero lo dicho por Alex la preocupaba.

En la mansión McCarthy, yo me encontraba recostada en la cama muy pensativa sobre la cena con Alex, la verdad había sido bastante agradable.

-Deja de pensar en la cena, él es como cualquier tipo... -dije.

Pero entonces recordé cuando me fue a dejar a la mansión.

-Bien, aquí está tu casa, te dije que llegarías sana y salva. -Sonreí y luego me puse seria-. ¿Qué es lo que pasa? ¿No te la pasaste bien?

-No es eso, al contrario, me la pasé súper, es solo que bajaré del auto y regresaré a la realidad -respondí.

-Me imagino. -Alex me miró-. Te pido una disculpa por todo lo que pasó cuando éramos más chicos... y créeme que estoy seguro de que Mark se arrepiente también.

Me dejó sorprendida.

-Eso nunca lo sabré, pero por lo pronto acepto tus disculpas -respondí.

Ambos nos dimos la mano y nos miramos.

-Si te sientes sola, cuenta conmigo... Sé que estás pasando momentos muy difíciles y siempre se necesita de alguien, así que aquí estoy.

Él se acercó y besó mi mejilla, no pude evitar sonreír, regresé al presente justo cuando sonaba la alarma de mi celular, pues tenía que tomar un medicamento, tome mi pastilla y bebí agua, «Me gustó mucho salir con Alex».

Al otro día, bajé a desayunar, Mark desayunaba solo, me miró serio.

-Buenos días -dijo Mark.

-Buenos días, Mark -dije-. Gracias por preocuparte por mi anoche.

Me miró de reojo y dejó de desayunar.

-¿Quién dice que me preocupas? Sólo no quiero ser la burla en el hospital -dijo Mark poniéndose de pie y retirándose.

Bajé mi rostro, Lilian llevaba unos papeles en la mano, ni se percató de lo que pasó, ella solo se sentó y tomó un poco de jugo.

-¿Y Mark? -preguntó Lilian-. ¿Ya lo hiciste enojar tan rápido?

-Yo no le hice nada, él se molestó porque le di las gracias por lo de ayer -respondí a Lilian.

-Querida, si quieres que las cosas vayan bien por aquí déjame darte un consejo, no hables con él -dijo Lilian. Me quedé pensativa y en voz baja dije:

-¿Y con quien se supone que hable en esta casa?

-¿Qué dijiste? -preguntó Lilian dura.

-Nada, yo... -dije con cierto temor.

-Mira, es difícil para todos, no sólo para ti, después de todo, nosotros también tenemos que adaptarnos a ti y estoy casi segura de cuál fue el plan de mi papá, pero tú y yo sabemos que no dará resultado -espetó Lilian.

El teléfono sonó y Lupe corrió con él en las manos para llevarlo a mi hermana.

-Señorita le habla Mike -dijo Lupe.

Lilian de inmediato se puso roja y contestó un poco apenada, Lupe y yo sonreímos al percatarnos del nerviosismo de Lilian.

Debo decir que Mike vivió en la mansión McCarthy desde los quince años, él llegó cuando mi mamá y yo ya nos habíamos ido, pero Mike era como el hermano mayor de todos, solo que Lilian nunca lo vio así.

-Mike, ¿cómo estás? ¿A qué se debe el motivo de tu llamada? Sí, me imaginé que eso era lo que querías... no porque tuvieras que querer otra cosa, sino porque eso era importante. -Lilian nos miró y se sintió apenada-. Sí, en una hora estoy por allá gracias. -Ella colgó-. ¿Por qué tienen esas caras?

-Disculpa, Lupe me estaba contando un chiste -respondí.

-¿Ves a lo que me refiero con adaptarse a ti? -dijo Lilian irritada-. Regreso a las seis. -Se fue.

-¿Desde cuándo está enamorada de Mike? -pregunté a Lupe.

-Ay linda, desde que tenía doce años, pero Lilian es tan especial, ya sabes, a las nueve de la mañana, desayuno. Almendras a las doce, todo muy cuadrado -contestó Lupe-. Supongo que es tímida y por eso no dice nada.

-Pues espero algún día se suelte el pelo y se comporte diferente, parece un robot -comenté.

-Es buena chica, ambos son buenos chicos Ximena, creo que este asunto entre ustedes no sólo es problema de ellos, veo que tú tampoco pones mucho de tu parte.

-¿Crees que no me esfuerzo?-pregunté asombrada.

-No lo creo, estoy segura. Intenta acercarte más y si recibes negativas vuelve a intentarlo, como lo hizo tu madre -dijo Lupe.

-Pues a ella no le funcionó nada, pero está bien, lo intentaré -dije un tanto sarcástica.

-Puedes empezar por pasarle a dejar estas cosas a Mark al hospital. -Lupe sacó una maleta-, ese niño siempre olvida la mochila y pidió que se la llevara.

Yo la miré escéptica de su experimento, pero creo que no tenía nada que perder.

-Mmm, okay lo haré -dije tomando la maleta-. ¿Puedo tomar un auto?

Lupe me miró como si hubiera dicho una grosería.

-El único disponible es el de tu padre y dudo bastante que quieran que lo conduzcas.

-¿Entonces cómo llego hasta el hospital? -pregunté.

Pero Lupe al ser latina hizo lo propio, me envió en autobús y no porque los latinos solo anden en autobús, sino porque dijo que era una forma de no crear problemas y ahorrar dinero, yo iba un tanto molesta «Acércate más a tus hermanos, ni siquiera puedo tener mi propio auto», pensé.

Bajé del autobús, yo iba vestida como lo hacia en Nueva York, llevaba leggins grises, calentadores negros, short de mezclilla y blusa tipo camionero, los residentes me miraban de pies a cabeza, algunos me coquetearon, yo simplemente saludé y sonreí. Entré al hospital, que por cierto era en su mayoría del padre de Alex, él era el accionista mayoritario y el director del mismo.

-¿Dónde está información? -me pregunté y vi enfrente de mí el quiosco-. Hola, buenos días o tardes no lo sé bien, necesito ver a Mark McCarthy.

La joven que atendía era una belleza, alta, rubia, con una presentación increíble.

-¿Tiene algún enfermo en el hospital? -me preguntó.

-No, yo soy familiar de Mark -le dije -. Hermana...

-Mira, ve derecho por el pasillo, ahí está el módulo de especialidades, ellos podrán informarte mejor -respondió amablemente la joven.

-Gracias -contesté.

Caminé por el pasillo, los residentes seguían mirándome y algunos me gritaban piropos, cosa que me estaba empezando a molestar.

-¡Ximena! -escuché el grito de una voz familiar, era Alex y sonreí-. ¿Qué te trae por aquí? -Él corrió a alcanzarme.

-Vine a dejarle su maleta a Mark, pero no sé si vengo vestida muy ridícula o porqué todos me miran, algunos incluso me han gritado tonterías -dije.

-Es porque aquí todos traemos nuestro uniforme y tú bueno... te ves hermosa con eso -respondió Alex, haciéndome sentir bien.

-Gracias. Toma, ¿podrías darle esto a Mark? -dije estirando la mano con la mochila.

-Sería mejor que tú se lo dieras, ven, sígueme -dijo Alex tomándome de la mano y jalándome.

Lilian admiraba a Mike, en la oficina mientras él le explicaba algunas cosas, sólo que en cuanto él sintió la mirada, ella volteó el rostro.

-Entonces tenemos que revisar cuáles fueron las empresas que mi padre rescató de la bancarrota -contestó Lilian.

-Sí, tu padre fue un hombre muy querido en Pittsburgh y más al momento de ayudar a los pequeños empresarios a salvar su único patrimonio -respondió Mike, quien siempre se veía imponente y varonil con el traje.

-¿Crees poder tener todos los contratos antes de fin de mes? -preguntó Lilian.

-Yo creo que sí, tu padre era un hombre muy ordenado y debe tener todos en el archivo. ¿Has pensado en qué tema vas a usar para el baile de beneficencia?

-Aún no lo sé y con Ximena en casa es muy difícil trabajar -dijo Lilian, Mike se echó a reír-. ¿De qué te ríes?

-Qué difícil puede ser si ni siquiera se hablan, ¿A poco la atiendes? Me hablas como si no supiera como se llevan -dijo Mike, apenando a Lilian-. Conmigo no tienes que fingir algo que no es, yo viví con ustedes tres años y siempre hemos estado juntos, créeme sé toda la historia.

-Aunque no la atienda es difícil, porque no se siente uno cómodo, invade mi espacio -respondió Lilian.

-Tú y yo sabemos que eres especial con el trato con la gente -contestó Mike, Lilian se puso seria al escucharlo.

-Nunca he sabido, por qué soy así -comentó Lilian.

-Tal vez es algo que deberíamos investigar -dijo Mike con una bella sonrisa.

-No es algo que me quite el sueño -respondió Lilian con frialdad. Ambos se miraron.

-Mira, yo sé que fue difícil para ustedes lo que pasó cuando eran niños, pero ya son adultos Lilian y deben encontrar un equilibrio en sus vidas.

Lilian solo lo miraba seria, hasta que él se acercó y tomó su mano, eso la hizo sonrojarse y ponerse nerviosa.

-Yo te quiero mucho, Lilian -dijo Mike, ella levantó el rostro.

Sonó el celular de él, ella quitó sus manos y salió de la oficina, Mike cerró los ojos y puso un rostro de decepción, contestó su teléfono.

-Dolly... Sí, te veo para cenar -dijo Mike.

Lilian escuchaba a través de la puerta y al oír el nombre de la novia de Mike, se alejó con tristeza.

En el hospital, yo estaba sentada donde Alex me había puesto a esperar a mi hermano, pero este no salía, en ese momento salió una enfermera.

-Hola, ¿tú eres hija del señor McCarthy? -preguntó-. Creo que te vi en el sepelio.

-Sí -contesté.

-¿Podrías pasar en un momento a trabajo social?, Mark no ha pasado a recoger las pertenencias de tu padre que se quedaron -comentó la chica.

-Entiendo, en un rato paso -respondí, ella se fue y en eso Mark salió de una habitación viéndome extrañado-. Hola.

-¿Qué haces aquí? -preguntó.

-Traigo tu maleta, Lupe estaba ocupada y... -No me dejó terminar.

-¿Cómo llegaste? ¿Tomaste el auto? -preguntó.

-No, me vine en autobús -contesté.

-¿Estás loca? -dijo Mark irritado, me dejó desconcertada-. No puedes andar por la calle tú sola.

-¿Olvidas que vivo en Nueva York? Es más peligroso que aquí. Además, como si te importara que me pasa -contesté sería, él vio que sus compañeros me miraban y se quitó la bata para cubrirme-. ¿Estás loco?

-¿Cómo vienes vestida así? -me preguntó el tonto.

-¿Qué tiene de malo? Ahora resulta que tienen código de vestimenta en el hospital -respondí.

-Bueno no vamos a pelear -dijo Mark mirándome-. ¿Ya comiste?

-No, aún no, me quedé esperándote -contesté.

-Ven, te mereces una comida por traerme mis cosas. Sígueme.

Lupe tenía razón, seguí a Mark con una sonrisa.

En la mansión, Lupe comía sola en la cocina, cuando Alondra, su hija, entró.

-Hija... -dijo Lupe con emoción.

-¿Y ahora? ¿Por qué estás comiendo aquí sola? -preguntó Alondra.

-Mandé a Ximena con Mark, espero que puedan llevarse mejor -enunció Lupe un tanto traviesa y Alondra se quedó pensativa-. ¿En qué piensas, Alon?

-¿Crees que Mark pueda cambiar su forma de pensar? -preguntó Alondra viendo a su madre fijamente, Lupe se quedó intrigada.

-Es un muchacho que ha sufrido mucho hija, pero yo creo que tú tienes un interés diferente en él -respondió Lupe-, después de todo, crecieron juntos.

Alondra se molestó un poco y bajó su rostro.

-¿De qué hablas madre? Mark no es más que un odioso y egoísta -respondió mi mejor amiga.

-Y también estás enamorada de él -contestó Lupe.

-¡¿Cómo crees?! ¿Enamorada de ese tonto?, mamá Mark McCarthy sólo se interesa en él y en su círculo social, nada más, sería tonto pensar en él siquiera -exclamó Alondra.

En el comedor del hospital, había comprobado que a los doctores les invitaban la misma comida que a los enfermos, pues casi nada se veía apetecible, ambos tomamos las charolas y nos sentamos a comer, pero justo al mismo tiempo, se sentaron Alex y una pareja de doctores.

-¿Qué hacen? -preguntó Mark.

-Es hora de la comida, hacemos lo de siempre -respondió Alex.

-Sí, pero hoy no -dijo Mark susurrando a Alex.

Frente a mí estaba sentado un doctor con un físico asombroso, fácil ciento diez kilos de puro músculo y altura, cabello recogido en una cebolla, barba peinada y bien recortada, con un tatuaje en su brazo, se veía que él no era residente, al contrario, parecía que ya era especialista y pateaba el trasero de Alex y Mark.

-Hola, mucho gusto, mi nombre es Scott Blair y ella es mi novia Kelly Baker -dijo el hombre de físico impresionante y su novia sonrió-, tú debes ser la famosa bailarina de la que todos han hablado durante el día.

-¿Cómo saben que soy bailarina? -pregunté.

-Es fácil, calentadores, calzado cómodo y un cuerpo que no cualquier chica tiene, deberías comer más -dijo Kelly un tanto ácida.

-Como bien, en serio, no soy como las demás -respondí.

-¿Has hecho un papel importante? -preguntó Kelly. Respiré profundo.

-Estaba por hacer eso, por debutar, pero... -contesté con tristeza, pues eso era algo que mis padres siempre habían querido. Alex miró a Kelly y respondió:

-Ximena come bastante bien Kelly, descuida, anoche cené con ella y llegó hasta el postre, ¿quieres revisarle los dedos también? -Kelly lo miró un tanto seria.

-Pues a mí me pareces muy linda, Ximena -contestó Scott, no pude evitar ver a Alex y Mark un poco serios por lo que dijo-. Según entiendo te quedarás aquí por un largo tiempo, espero nos puedas acompañar de vez en vez -dijo en un tono de dulzura.

Me sacó una enorme sonrisa, pero creo que su novia no se veía contenta.

-Gracias, eres la primera persona amigable aquí -contesté y Mark se puso serio.

En la mansión, Lilian iba entrando, Lupe salió a recibir a la nueva líder de la familia.

-Hola. ¿Y Ximena? -preguntó Lilian.

-Fue a dejarle a Mark su maleta, pero ya tardó -respondió Lupe.

Lilian se quitó el abrigo y Lupe se lo recogió, mi hermana se mostraba preocupada.

-¿En qué se fue? Veo que el auto está afuera -preguntó Lilian.

-Creo que ella tomó un taxi, no lo sé bien. -Lilian miró a Lupe -. Pensé que se molestarían en que ella tomara el automóvil de su padre.

-El auto es de ella también, además, yo prefiero que ella tome el auto a que ande en autobús o por lo menos le hubiera dicho a Josh que la llevara en la limusina -dijo Lilian.

-¿La limusina para una maleta? -preguntó Lupe, ambas se miraron-. ¿Qué sucede Lilian?

-Nada, Lupe -dijo Lilian sentándose en los escalones-. Es solo que no pensé que fuera a ser así. Mi padre todo el tiempo estaba feliz, lleno de vida, de salud y de repente nos dejó de golpe; ahora yo soy quien se tiene que hacer cargo de todo.

-Deja que alguien más lo haga -respondió Lupe, Lilian la miraba.

-Solo yo me puedo hacer cargo. Además, estudié justamente para esto. -Se quedaron en silencio-. ¿Crees que soy rara?

-¿Por qué dices eso, hija?

-Hoy escuché algo así, no la palabra rara tal cual, pero me dicen muchas cosas por no ser expresiva o no entender el sarcasmo.

-Yo creo que así es tu personalidad, después de todo fuiste educada en la escuela de buenos modales de señoritas.

-Sí, pero no creo que por eso sea yo así -dijo Lilian sintiendo tristeza, pero sin demostrarlo.

Yo iba saliendo del hospital cuando la enfermera que me había visto dentro me alcanzó corriendo.

-Señorita McCarthy -dijo ella.

-Disculpa, se me había olvidado -dije y me regresé con ella.

-Es un celular y una cartera -Llegamos al módulo, firmé y me entregó todo en una bolsa.

-Gracias -dije dándome la vuelta y caminando a la salida.

Al salir, Scott me alcanzó a ver.

-¿Quieres que te lleve? -preguntó el atractivo caballero.

-¿Tu novia no me matará? -dije.

-Descuida, no tiene por qué molestarse -contestó Scott con una sonrisa-. Además pronto será mi prometida.

-¿En verdad? ¿Cuánto tiempo llevan de novios? -pregunté subiendo con él al auto.

-Llevamos viviendo juntos tres años y dos más de novios. Así que esta vez ya lo haré oficial. -Scott me hizo la seña de que abriera la guantera, yo lo hice y vi la cajita-, ábrela y dime que piensas.

Lo hice, era la sortija más hermosa del mundo.

-Wow, es hermoso -respondí.

-Era de mi abuela, ya sabes el anillo de la familia -dijo Scott.

-Sí, lo sé, así que debe ser muy importante para ti -dije y él sonrió.

-Lo es, ella es todo mi mundo. ¿Y tú tienes a alguien? -preguntó Scott.

-No, yo soy una persona muy solitaria, siempre lo echo a perder o al menos eso siento -comenté tímida.

-Descuida ya encontrarás a alguien y estoy seguro de que no importa cuánto intentes alejarlo de ti, él no permitirá que te vayas de su lado -expresó Scott con una bella sonrisa.

-Se ve que eres muy tierno -dije.

-Crecí en su mayoría con mujeres, mi hermano mayor se fue a Londres desde que yo tenía diez años, puede ser por eso -comentó Scott.

Dentro del hospital, Mark estaba revisando a un paciente y haciendo sus anotaciones, él salió de la habitación, topándose con Alex.

-Pensé que hoy tenías la noche libre -dijo Mark.

-Sí, pero cambié mi guardia, quiero ir mañana al cine con Ximena. -Mark volteó de golpe al oírlo-. ¿No te molesta, verdad?, después de todo, tu hermana no te importa.

-Una cosa es que no me interese y otra muy diferente que quiera ser parte de las burlas del hospital cuando la dejes -respondió Mark.

-Voy a salir con ella no a enamorarla -dijo Alex.

-Más te vale Alex, porque si me llego a enterar que juegas con ella, créeme que no me va a importar que seas mi mejor amigo -respondió Mark retirándose.

Yo iba llegando a la mansión después de que mi buen amigo Scott Blair me fuera a dejar, entré rápido y subí las escaleras, corrí a mi habitación. «Mi padre decía que todo mundo podía cambiar». Mark me trató bastante bien hoy, tal vez Lupe tenía razón y yo era la del problema, pero es que a veces tenemos miedo de ser lastimados como antes.

Lilian estaba sentada frente a su tocador mirándose al espejo, igual que la vez anterior tomó una hoja de una navaja y se hizo un corte pequeño en la pierna, ella no lloraba, parecía disfrutarlo.

El mundo está lleno de señales, buenas y malas, algunas te dicen más de lo que parece, Alex abría la cortina en urgencias y frente a él había una niña sentada.

-¿Cuál es tu nombre? -preguntó él.

-Ximena -respondió la niña y Alex sonrió.

-Es un nombre hermoso y nada común en este lugar -dijo sorprendido.

Yo recordé de golpe que traía las cosas de mi papá «¿Dónde las dejé?», metí mi mano a mi bolso y las saqué, abrí la bolsa de plástico y miré el celular, observé la entrada del cargador y lo puse a cargar con mi cable, encendí el teléfono.

-Bien, veamos a qué hora me hablaste -me dije.

Pero lo que ahí descubriría sería impactante, era un video justo del momento en el que él se oía estaba agonizando.

-¿Qué es esto? -me pregunté.

-Auxilio... -decía la voz de mi padre.

El celular supongo resbaló de la mano de mi padre y se vieron unos zapatos negros de mujer con un candado arriba, al ver eso apagué el teléfono de golpe y comenzó a darme un ataque de ansiedad y pánico, me levanté.

-¡Lo mataron! -exclamé.

Llevaba el celular en la mano y corrí a la puerta para mostrarles a mis hermanos el teléfono, cuando la abrí, resbalé y caí al suelo, viendo frente a mi los mismos zapatos que en el video, me quedé sorprendida, levanté el rostro atónita.

-¿Vas a cenar? -preguntó Lilian.

Hay señales del universo que son demasiado difíciles de asimilar.

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