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La Danza Rota del Destino

La Danza Rota del Destino

Autor: : Yue Bu Zui
Género: Urban romance
El frío que sentía Elian no venía del mármol, sino de sus huesos rotos. Su vida se desvanecía en el suelo del hospital, mientras el hombre que amaba, Damián, consolaba a Sofía por un rasguño, la misma mujer que la había empujado, destrozando su carrera de bailarina y el legado de su abuela. Mi pierna... mi carrera... todo se había ido en un instante. El mundo solo tenía ojos para las lágrimas de la villana. Justo cuando la oscuridad amenazaba con tragarla, una voz mecánica resonó en su cabeza: "Análisis de la trama concluido. La personaje secundaria, Elian, ha cumplido su función. Muerte inminente. Fin del arco del personaje". Aquellas palabras la golpearon más que la caída. ¿Personaje secundario? ¿Su vida era solo un guion para el romance de otros? La rabia impotente la consumió. Entonces, la voz dijo: "Detectada anomalía. Iniciando reinicio de emergencia". Una luz blanca la envolvió, y Elian se encontró de nuevo, ilesa, frente a Damián, en el punto exacto donde su pesadilla había comenzado. Esta vez, la secundaria reescribiría su propio maldito final.

Introducción

El frío que sentía Elian no venía del mármol, sino de sus huesos rotos.

Su vida se desvanecía en el suelo del hospital, mientras el hombre que amaba, Damián, consolaba a Sofía por un rasguño, la misma mujer que la había empujado, destrozando su carrera de bailarina y el legado de su abuela.

Mi pierna... mi carrera... todo se había ido en un instante. El mundo solo tenía ojos para las lágrimas de la villana.

Justo cuando la oscuridad amenazaba con tragarla, una voz mecánica resonó en su cabeza: "Análisis de la trama concluido. La personaje secundaria, Elian, ha cumplido su función. Muerte inminente. Fin del arco del personaje".

Aquellas palabras la golpearon más que la caída. ¿Personaje secundario? ¿Su vida era solo un guion para el romance de otros? La rabia impotente la consumió.

Entonces, la voz dijo: "Detectada anomalía. Iniciando reinicio de emergencia". Una luz blanca la envolvió, y Elian se encontró de nuevo, ilesa, frente a Damián, en el punto exacto donde su pesadilla había comenzado. Esta vez, la secundaria reescribiría su propio maldito final.

Capítulo 1

Elian sentía el frío apoderarse de su cuerpo, un frío que no venía del suelo de mármol sino de adentro, desde el centro de sus huesos rotos. El olor a antiséptico y el murmullo lejano de las voces se mezclaban en un zumbido agudo en sus oídos. Con la vista nublada, apenas podía distinguir la silueta de Damián, el hombre que había amado con una devoción ciega, arrodillado no junto a ella, sino junto a Sofía, que sollozaba con delicadeza por un simple rasguño en su brazo.

Mi pierna... Mi carrera... todo se había ido. En un instante, el sueño de ser la primera bailarina, el legado de mi abuela, se hizo polvo. Todo por un empujón calculado de Sofía durante la audición más importante de mi vida. Y ahora, mientras mi vida se escapaba, el mundo entero solo tenía ojos para la lágrima de la villana. Recordé mi vida en destellos rápidos y dolorosos: los años de entrenamiento, el sudor, la sangre, el sacrificio. Recordé la primera vez que vi a Damián, su sonrisa que prometía un mundo que nunca fue mío. Recordé cada humillación silenciosa, cada desplante, cada vez que me hizo sentir que mi amor era una carga. Todo lo soporté, creyendo que algún día él vería mi valor. Qué ingenua.

Justo cuando la oscuridad amenazaba con tragarme por completo, una voz resonó en mi cabeza, una voz sin cuerpo, fría y mecánica como el bip de una máquina.

[Análisis de la trama concluido. La personaje secundaria, Elian, ha cumplido su función: catalizar la crisis emocional del protagonista masculino, Damián, y solidificar su relación con la protagonista femenina, Sofía. Muerte inminente. Fin del arco del personaje.]

¿Qué? ¿Personaje secundaria? ¿Función? El impacto de esas palabras fue más brutal que la caída. Sentí una oleada de rabia impotente. Mi vida, mi dolor, mi amor... ¿eran solo un guion? ¿Una herramienta para la historia de amor de otros?

[Detectada anomalía en la conciencia del personaje. Fuerte resentimiento. Error del sistema.]

La voz pareció vacilar por un segundo.

[Iniciando reinicio de emergencia. Regresando al último punto de control guardado.]

Una luz blanca y cegadora me envolvió. El dolor desapareció, el frío se disipó. Sentí como si me estuvieran jalando hacia atrás a una velocidad increíble. Y de repente, todo se detuvo. Estaba de pie, ilesa, en el lujoso estudio de Damián. Frente a mí, él sostenía un documento. Era el contrato, el que había firmado un año atrás, el que me ataba a él como su patrocinada, su bailarina, su amante secreta. El principio de mi fin.

"¿Y bien, Elian? ¿Lo firmas o no?", preguntó Damián, con esa mezcla de impaciencia y superioridad que yo antes confundía con pasión.

En mi vida pasada, había temblado, dudando, antes de firmar con el corazón lleno de amor y esperanza. Esta vez, una sonrisa fría se dibujó en mis labios. Tomé la pluma sin dudar y firmé mi nombre con un trazo firme y decidido.

Damián parpadeó, sorprendido. Esperaba súplicas, dudas, no esta fría aceptación. "¿Eso es todo? ¿Sin preguntas?"

"Es un buen trato", dije, mi voz sonaba extraña, desprovista de la adoración que siempre le profesaba. "No tengo por qué rechazarlo".

Le entregué el contrato y, sin esperar su reacción, saqué mi celular. Marqué el número de mi mentor, Ricardo, el único que siempre había sido como un padre para mí.

"Ricardo, soy yo, Elian", dije, mi voz ahora llena de una urgencia que lo alertó. "Escúchame con atención. Vende todas las acciones de Industrias Roldán. Todas. No preguntes por qué, solo hazlo antes de que cierre el mercado mañana. Y por favor, ve al médico, hazte un chequeo completo. Dile que revise tu corazón".

En mi vida anterior, el colapso de esa empresa y la repentina enfermedad de Ricardo lo habían dejado en la ruina y al borde de la muerte. No volvería a pasar.

"¿Elian? ¿Qué sucede? Suenas rara", dijo Ricardo, su voz llena de preocupación.

"Solo hazme caso, por favor. Te lo explicaré después", dije y colgué antes de que pudiera protestar.

"¿Qué demonios fue eso?", la voz de Damián sonó detrás de mí, dura y llena de sospecha. "Apenas firmas y ya estás moviendo dinero. ¿Tan rápido empiezas a calcular tus ganancias?"

Me di la vuelta lentamente. "Solo cuido de mi gente. Algo que tú no entenderías".

Su rostro se contrajo en una mueca de disgusto. Sin decir una palabra, me agarró del brazo con una fuerza brutal. "Cámbiate. Vienes conmigo".

"¿A dónde?", pregunté, sin mostrar el dolor que su agarre me causaba.

"Al Teatro Nacional. Sofía tiene un anuncio importante esta noche", dijo, arrastrándome hacia el dormitorio.

Me obligó a ponerme un vestido elegante y me llevó al teatro. Durante todo el trayecto, no dijo una palabra, pero su mandíbula apretada y su mirada furiosa lo decían todo. Me veía como una traidora, una oportunista. Perfecto. Que lo pensara.

El teatro estaba lleno. Las luces, el murmullo de la gente, todo era un doloroso recordatorio de un mundo que ya no sentía como mío. Damián me dejó en un rincón apartado y subió al escenario junto a una radiante Sofía. El director del teatro anunció con gran pompa que la familia de Damián había hecho una donación anónima para construir una nueva ala de ballet de última generación. Y luego, Sofía, con lágrimas de falsa modestia en los ojos, anunció que el ala llevaría su nombre: "El Pabellón Sofía".

Un aplauso atronador llenó la sala. Damián la miraba con una devoción que a mí nunca me dedicó ni por un segundo. Ese era su gran sacrificio, uno que en mi vida pasada me enteré mucho después. Lo había hecho por ella, para impulsar su carrera, mientras a mí me mantenía en las sombras.

Me quedé allí, obligada a presenciar su triunfo, el triunfo construido sobre mi futura tumba. A mi lado, dos mujeres cuchicheaban. "Mira a esa, la que trajo Damián. Dicen que es solo una bailarina a la que patrocina. Pobre ilusa si cree que puede competir con Sofía".

Sus palabras ya no me herían. Eran solo la confirmación de lo que la voz mecánica me había dicho. Personaje secundaria. Mi rol era sufrir para que ellos pudieran brillar. Una sonrisa amarga se dibujó en mi rostro. Pues se equivocaban. Esta vez, la personaje secundaria iba a reescribir su propio maldito final.

Capítulo 2

Damián me arrastró de vuelta a la mansión sin decir una palabra. La fuerza con la que me sujetaba el brazo me dejó un moretón que florecía en tonos morados y azules. Cuando llegamos, me empujó dentro de mi habitación, un anexo lujoso pero aislado de la casa principal.

"No salgas de aquí hasta que yo te lo diga", ordenó, su voz era un látigo.

Cerró la puerta con un portazo que hizo temblar las paredes. Me deslicé por la puerta hasta el suelo, el dolor en el brazo era agudo, pero el dolor en mi alma era un abismo sin fondo. Intenté llamar a la puerta, pedir un poco de hielo, pero nadie respondió. Los sirvientes tenían órdenes claras de ignorarme. Estaba sola, prisionera en una jaula de oro, con mi dolor como única compañía. El agotamiento emocional y el dolor físico se fusionaron, y la oscuridad me reclamó.

Desperté horas después, desorientada y con la boca seca. La luz del sol se filtraba por las cortinas gruesas. Me levanté con dificultad y cojeando, me asomé por la ventana. La escena que vi me partió el corazón en dos, a pesar de que ya lo esperaba.

En el jardín, Damián estaba sentado junto a Sofía en una banca. Ella se quejaba de un ligero dolor de cabeza, probablemente por el champán de la noche anterior. Él la escuchaba con una ternura infinita, acariciando su sien con la punta de sus dedos, como si fuera la cosa más frágil y preciosa del mundo. Le hablaba en susurros, su rostro lleno de una preocupación que yo jamás había recibido de él, ni siquiera cuando me desmayé de agotamiento después de un ensayo de dieciséis horas.

Pude oír fragmentos de su conversación. "No fue nada, Sofi", le decía Damián, restando importancia a su millonaria donación. "Mi familia tenía algo de dinero extra y el teatro lo necesitaba. No tienes que agradecerme". Mentía para no abrumarla, para que su regalo pareciera un gesto casual y no el acto de devoción monumental que realmente era.

Entonces Sofía, con su timing perfecto, mencionó mi nombre. "¿Y Elian? Parecía molesta anoche. Y Damián, la sujetabas con mucha fuerza. ¿Está bien?" Su voz era pura miel envenenada, una falsa preocupación diseñada para pintarme como un problema.

La respuesta de Damián fue un golpe directo a mi pecho. Se rio, un sonido seco y despectivo. "Olvídala. Siempre está haciendo drama para llamar la atención. Seguramente está durmiendo la mona".

Me aparté de la ventana, sintiendo náuseas. Cada palabra, cada gesto, era una confirmación. Yo era una molestia. Un drama. Un cero a la izquierda en su ecuación de amor perfecto. Me miré en el espejo. Vi a una extraña con los ojos hinchados y un moretón feo en el brazo. La Elian que lo amaba incondicionalmente, la que justificaba su frialdad y esperaba sus migajas de atención, había muerto anoche en el suelo de ese teatro. La que quedaba era una mujer que había visto la cruda verdad de su papel en este guion. Y ya no estaba dispuesta a interpretarlo.

Mi amor por él, que antes era un océano, ahora era un desierto. Había dado todo, mi cuerpo, mi alma, mi carrera, mi lealtad, y a cambio recibí desprecio. La balanza era tan desigual que era ridícula. Ya no más.

Mi reflexión fue interrumpida por un nuevo acto en el jardín. Sofía mencionó con un puchero que se le antojaba un pastel de una pastelería exclusiva al otro lado de la ciudad. Sin dudarlo un segundo, Damián sacó su teléfono. "No te muevas, mandaré a alguien ahora mismo. Lo tendrás aquí en menos de una hora".

Cualquier capricho de ella era una orden para él. Cualquier necesidad mía era un drama. La claridad era tan dolorosa como liberadora.

Más tarde, él entró a mi habitación sin tocar. No me miró el brazo herido. No preguntó cómo estaba. "¿Ya se te pasó el berrinche?", preguntó, su voz cargada de fastidio.

"Sí", respondí, mi voz era un témpano de hielo. "Se me pasó".

Él frunció el ceño, desconcertado por mi calma. Esperaba lágrimas, acusaciones. "Bien. Porque no tengo tiempo para tus niñerías".

"Lo sé. Tienes cosas más importantes que hacer", dije, mirando hacia la ventana, hacia el jardín donde él había estado con Sofía.

Hubo un largo silencio. La desconexión entre nosotros era un cañón vasto e insalvable. Él no entendía mi cambio, y a mí ya no me importaba que lo entendiera.

"Como sea", dijo finalmente, incómodo. Se dio la vuelta para irse.

"Damián", lo llamé.

Él se detuvo en la puerta, sin voltear.

"Se acabó", dije en voz baja, pero con una firmeza que lo hizo tensarse. "Lo que sea que fuera esto, se acabó".

No respondió. Simplemente salió y cerró la puerta detrás de él. No con un portazo, esta vez. Con un clic suave y definitivo. El sonido de un punto final. Y por primera vez en mucho tiempo, respiré. Un suspiro tembloroso, cargado de dolor, pero también de una extraña y frágil libertad. Sabía que el camino para salir de aquí sería difícil, pero ya había dado el primer paso. Había aceptado el final. Ahora solo tenía que caminar hacia la salida.

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