**Cárter**
Aquellas eran mis últimas vacaciones antes de tener que hacerme cargo del maldito infierno que me había dejado a cargo, mi padre y hermano mayor, debería haber podido estar en cualquier otro lugar menos aquel, pero nuevamente, no había sido capaz de decirle que no a William. Y por eso, estaba en la cafetería del lujoso Hotel en Luanda, Angola.
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Aquellas habían sido las palabras suficientes para convencerme de hacer la maleta y seguir a Will hasta África, odiaba tener que comenzar a hacerme cargo de los hospitales del grupo económico familiar, pero era eso o tomar las inversiones extranjeras y odiaba aún más, tener que lidiar con abogados, así que, cuando mi padre en su vejez nos obligó a hacernos cargo de los activos del grupo Johnson ST. Yo había elegido los dos hospitales que poseía el conglomerado, en realidad, un hospital y un laboratorio de investigación. Faltaban algunos días para presentarme formalmente como el nuevo director del hospital frente al personal del mismo, pero ya llevaba semanas estudiando toda la información financiera y administrativa del lugar. Los jefes de los departamentos, el director médico, etc.
Continué bebiendo de mi café mientras leía el último informe de cierre del departamento de cirugía cuando el móvil sonó sobre la mesa, lo lleve a mi oreja luego de leer la pantalla... William... Aquella mañana le había pedido que me excusara cuando me pidió que lo acompañará a la sede de la petrolera, con quién, al parecer, William estaba considerando invertir.
-dime -conteste, algo cortante, lo sabía, mi hermano solo trataba de ayudarme en la transición a tomar mis responsabilidades, pero a mí nunca se me había dado bien seguir las órdenes de alguien más o, actuar bajo las reglas de otras personas, tenía mis propios negocios y nunca había sido una lacra succionando dinero sin importar lo poderosa que fuera mi familia. Mi padre le había dado el noventa por ciento del poderío a William y a mí me parecía genial, nunca me interesó hacerme cargo del grupo económico Johnson, en vez de eso, había forjado mi propia fortuna a base de compra y venta de acciones, era socio participante de varias empresas poderosas y tenía la libertad de emplear mi vida como se me viniera en gana, o al menos así había sido, hasta que el cáncer azotó a mi padre de repente y ahora, William había terminado que hacerse cargo de todo, pero yo, por mucho que trate de evitarlo, debía hacerme responsable del diez por ciento al menos, y elegí los hospitales antes del sector financiero del grupo y sus interminables reuniones con los abogados.
-Carter, lamento molestarte, pero he olvidado mi computadora en el lobby del hotel, en el mesón de recepción, ¿Podrías traerlo, por favor?- pidió William, siempre en ese tono perfecto, calmo, mi hermano tenía un temple de acero, nada lo molestaba, nada lo perturbaba, siempre igual, nos llevábamos por más de diez años, la mayoría lo veía como alguien amable y cordial, a mí me ponía los nervios de punta su falta de emociones.
-Bien, estaré ahí en quince minutos.- señale y guarde la iPad en su estuche para poner de pie, dejar dinero sobre la mesa y me marché hasta el lobby del hotel, ahí, me acerque a la secretaria- Hola, soy Cárter Johnson...- no alcance a terminar cuando la recepcionista me entregó el bolso con el computador, le di una sonrisa que la hizo pestañear y sonrojar suavemente- gracias, ¿podrías llamar un taxi por favor? Voy a esta dirección- señalé entregando un trozo de papel con la dirección de edificio escrita, la mujer asintió y tomó el teléfono para hacer un par de llamadas, unos minutos al teléfono y me sonrió al cortar.
-Su taxi espera afuera, señor. - señaló la bella mujer y luego de un agradecimiento, retomé mi camino a la salida, efectivamente un taxi esperaba afuera, entregando las indicaciones me relaje y me dedique a mirar el móvil con calma, Angola era un país con dos extremos, Luanda tenía un sector privilegiado, con enormes edificios que gritaba riqueza por los poros gracias al petróleo, pero así mismo, en la periferia, la pobreza llegaba a situaciones insospechadas, los índices de pobreza en el país llegaban al cincuenta por ciento de la población, una cifra ridícula, pero lamentablemente real.
Tal vez fueron estos pensamientos los que me hicieron levantar la cabeza del teléfono y darme cuenta de que no estábamos tomando la ruta habitual que habían tomado los taxis días anteriores, un mal presentimiento comenzó a surgir desde mi estómago.
-¡Hey!, esta no es la ruta usual, ¡señor!- señalé, pero el hombre no se inmutó ignorándome con la vista al frente, ¿Será sordo?, Me acerque y toque su hombro -¡Señor! Que esta no es la ruta!- volví a señalar, pero el taxista movió su hombro para liberarse de su agarre y pisó el acelerador hasta unas callejuelas dónde se detuvo de golpe, el instinto me decía que era momento de salir corriendo, pero cuando iba a abrir la puerta, sonó el clic del cierre centralizado... Mierda... Solté un bufido frustrado dispuesto a darle un buen puñete al infeliz, pero al volver el sujeto sostenía un arma contra mi sien.
Le di una mirada severa a aquel hombre, aunque me mantuve alerta y tranquilo, no sabía si el arma era real, y no eres tan estúpido para probar la teoría. A los pocos segundos, salieron hombres entre las pequeñas calles, armados a plena luz del día, el taxista abrió el cierre automático y jalándome del cuello de la camiseta, me sacaron del coche al abrir la puerta, alcancé al mirar a mi alrededor, estábamos al límite de la ciudad, las calles eran de tierra y barro, la selva colindaba con las precarias chozas y casas improvisadas con materiales ligeros. Alcancé a ver a algunos de los hombres cuando el dolor se desplegó desde mi nuca y todo se volvió negro.
**Lizbeth**
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Los pasos se repetían en mi cabeza una y otra vez, no porque pudiera olvidarlos, no, sino porque, podía olvidar que no podía hacer más por ellos.
-Doctora, está perdiendo mucha sangre- dijo la enfermera a mi lado mientras seguía luchando por revisar la carne.
-¡pues entonces detener el maldito sangrado como corresponde!- Ladre, la mujer dio un respingo antes de acelerar su paso y poder liberarme el área de la cirugía del nido de sangre que era, logré encontrar la arteria rota al meter la mano dentro de la cavidad abdominal, a veces los ojos no nos permitían ver entre tanta carne y sangre, pero el fluido de una arteria rota se puede sentir si estás demasiado cerca -¡lo encontré!, ¡Hilo!- exigí y la enfermera me lo entregó rápidamente, era dura, la más dura del equipo médico "sin fronteras" pero nadie se opondría a mi sí los insultaba solo por qué me diera la gana, finalmente, mi adquisición ahí, cada año valía millones y ellos jamás podrían pagar una hora de mis servicios, aun así, estaba ahí gratis como todos los años. Cerré la herida en una rapidez que dejó a la enfermera pasmada, ella succionó el resto de la sangre y yo me apresure a terminar con el resto de la herida en la cavidad abdominal, cuando estuvo listo me aleje de la mesa - cierra tú, necesito un café ...- señale cansada, llevaba toda la maldita mañana de un cuerpo a otro, salí de la carpa y dejé que la vitamina D regara mis mejillas por primera vez en el día.
-¡Lizy! - una aguda voz me sacó de mi contemplación a ojos cerrados con el rostro hacia el cielo, la sentí colgarse a mi brazo y apreté los dientes ante el contacto, rápidamente me separé de ella bruscamente, Caroline hizo un puchero, pero no se quejó y me extendió la taza de café, trate de darle una sonrisa que hizo que ella extendiera una propia - ¡sabía que lo necesitabas! -Caroline era la única amiga que había tenido en mi vida, y probablemente la única que tendría jamás, nos conocemos desde que sus padres me habían adoptado, una hermana. Fuimos a la escuela juntas, la preparatoria y la escuela de medicina, ella una excelente pediatra con especialidad en neurología infantil, yo, que nací con un cerebro privilegiado, soy la única cirujana con triple especialidad, trauma, neurocirugía y broncopulmonar quirúrgica. Así mismo, como mi cerebro me permite racionalizar cosas de una manera diferente, rápida, lógica y asertiva, además de mi memoria fotográfica, al mismo tiempo, es deficiente en el ámbito emocional, nunca pudieron categorizarme en el aspecto autista porque al parecer, y en realidad gracias a Caroline, siempre encontré la forma de camuflar mi ineficiencia emocional, aprendí muy pequeña a leer las emociones en el rostro de la gente, identificarlas y tratar de generar respuestas a sus necesidades emocionales. Aunque la mayoría de las veces, no comprendo su dolor, su ira y su pena.
-¿Te ha tocado una mañana dura?- pregunto Caro sacándome de mi ensoñación y yo asentí
-dos fracturas intracraneales, un desprendimiento de bronquios y metralla dentro del abdomen de un hombre. -Señalé antes de beber un sorbo de café, Caroline se acercó y me mostró las palmas unos segundos, yo asentí, despegue mi brazo de mi costado, con una sonrisa ella se colgó a mi brazo, no era que no soportará el contacto físico, si puedo tenerlo y disfrutar de él, siempre y cuando no sea sorpresivo y venga de una persona de confianza.
-¿Cuándo terminan tus vacaciones?- preguntó mientras caminábamos por el extenso prado seco de la propiedad, Angola era un país conflictivo, había guerrillas entre bandas, pero aquella propiedad en medio de las balaceras y disputas se consideraba "sector neutral", entre todas las bandas, nadie atacaba, por qué ahí llegábamos nosotros, doctores miembros de una organización llamada "doctores sin fronteras", especialistas del área de la salud rotaban en un programa de varias semanas por distintos países del continente africano, personal de la ONU nos trasladaba de una zona a otra.
-En dos semanas, me quedan dos días aquí y luego me voy a Camboya. - dije para dar otro sorbo a mi café.
-me encanta que hagamos esto juntas -dijo con su particular y común entusiasmo, ella era la razón por la que, en vez de estar encerrada junto a mis libros durante mis vacaciones o en alguna investigación, estaba ahí, todos los años, Caroline me pedía de regalo de cumpleaños, tomarnos las vacaciones juntas para rotar en "doctores sin fronteras" - ¿estarás bien sin mí? Yo debo volver a New York en tres días.
-Estaré bien, no soy una niña- le reclamé arrugando la nariz ante su preocupación y ella rio, sabía que era irritante, mis necesidades debido a mi trastorno obsesivo-compulsivo eran más que agotadoras para la mayoría, pero la organización se encargaba de que mis exigencias estuvieran suplidas para rotar con ellos, tener un doctor de mi calibre no era común y todos ahí lo sabían, yo no le podía fallar a Caroline, no cuando ella era mi hermana
-lo sé, lo sé... pero de igual forma, me preocupo, yo te traje aquí, me parece mal dejarte sola- se excusó- si tan solo no me hubieran acortado los días aprobados ...- se quejó cascarrabias y me miró con saña- a ustedes los cirujanos, que son los dioses del Olimpo, se les permite todo, ¡Sobre todo tú! Vas a asumir la jefatura de neurología, ¿no deberías estar ahí estudiando? -pregunto ahora en su papel de hermana mayor autodesignada.
-El nivel de importancia y demanda del rubro me permite tener más beneficios, además, tengo memoria fotográfica, ¿recuerda? - dije y le entregué la taza vacía. Al minuto que la voz de la enfermera nos sacaba de nuestra infantil discusión.
-¡Doctoras, tenemos a un par de niños, doce y quince años, heridas de bala en la pierna y el abdomen! - nos llamó la enfermera y Caroline, dejó la taza en una antigua mesa. Para ponernos en marcha de vuelta a la carpa.
Cuando volví a abrir los ojos, estaba en lo que parecía un galpón, una bodega, entorné los ojos tratando de ver correctamente debido a la poca luz que entraba por las rendijas del enorme portón de hierro, no había nadie alrededor, pero se escuchaban voces a algunos metros, debían de estar justo afuera, no entendía una sola maldita palabra de lo que decían, pero tampoco me tomaría el tiempo de averiguarlo, me tenían amarrado a una especie de radiador metálico, una tubería, comencé a palpar el nudo que habían hecho, podía deshacerlo, si me tomaba la concentración necesaria lo haría, así que uno a uno seguí con el tacto de mis dedos los nudos, los dobleces de la cuerda, el sol casi había caído, veía la luz naranja entrar por las rendijas cuando la tensión se aflojó, con paciencia infinita comencé a tratar de liberar mis manos, pero no había logrado moverlas un centímetro cuando el grupo de hombres entró de vuelta al espacio y se acercaron a mí, el más alto de todos se acercó y se agachó sobre sus talones para mirarme.
-¿Conoces a William Johnson?- preguntó el hombre de tez oscura. - le estabas llevando su computadora.
Guarde silencio, no sé por qué rayos, ni como, conocían a mi hermano, pero no sería yo quien les facilitaría la tarea, solo necesitaba una oportunidad.
-Te hice una pregunta - insistió aquel sujeto en un pésimo inglés, entonces me di cuenta del arma en su pantalón, tenía que hacer que me soltaran, le escupí las zapatillas que se veía limpias, su aspecto en general era bastante pulcro, el hombre se puso de pie mientras soltaban lo que debía ser una serie de insultos. Dio una orden y cortaron las cuerdas que me sostenían, cuando fui libre aquel sujeto, se acercó y solo sentí el dolor explotar en mi mejilla y sabor metálico en los labios, volví a escupir a sus zapatos, ahora realmente cabreado se lanzó contra mí, yo aproveché la rapidez con la que venía para usar su impulso y sujetando su brazo en un movimiento rápido, doble de este en la espalda y logré quitarle el arma de sus pantalones para ponérsela en la cabeza, nadie se movió, él debía ser una especie de jefe.
-Diles que suelten sus armas -le exigí presionando la punta del revólver en su sien, este les habló en su lengua natal y obedecieron, entonces lo arrastré fuera del galpón. - cierra la maldita puerta
Nuevamente, el hombre hizo lo que le pedía y lo arrastre para que me guiara a la salida del lugar. Llegamos a una calle principal.
-Déjame ir, si te ven conmigo así, te van a matar. - le creía, ahí los barrios estaban unidos y si aquel tipo tenía importancia, podía hacermelo pasar muy mal, pero tenía que buscar una forma de ir a un sitio más cercano al centro.
Toda preocupación desapareció Presa del dolor en mi abdomen al sentir la ardiente herida de la piel rasgada, el hijo de puta me había cortado, pero por un pelo no logró enterrar la hoja completa, sentí mi mandíbula tensarse aguantando el dolor.
-¡Hijo de puta! -Grité cerrando el puño para estamparlo en la cara, el hombre se tambaleó y cayó hacia atrás entre unos botes de basura, mire la sangre brotar y saqué un pañuelo del bolsillo para presionar la herida, a lo lejos escuché gritos desde el interior del camino, giré en mis talones y comencé a correr, lancé el arma en un bote de basura con el que me crucé mientras corría, con cada paso, la herida ardía como los mil demonios y podía sentir la tela empapada en sangre pegada a mi abdomen sobre el profundo corte. Había anochecido, no había electricidad en aquellas calles, corrí mientras escuchaba el retumbar de los pasos que me seguían, doble la esquina y vi un camino, una propiedad de hierba seca que tenía varias carpas que al parecer, si contaban con electricidad y una enorme cruz roja en la carpa más grande me decía que ahí podría encontrar ayuda.
Me escabullí entre la noche y de los sujetos que sabía podrían estar siguiéndome entre la hierba, me colé entre las carpas y me tire al suelo, con fuerza jalé uno de los clavos hacia arriba y levanté la tensa tela, solo lo suficiente para que me permitiera pasar, y al ponerme de pie ahí dentro, la vi.
***
Tenía que terminar de ordenar mis libros, mi maleta estaba lista, mis pertenencias de aseo, igual, mañana pasada las cinco de la mañana vendría un coche de la ONU por mí, cuando me acerque al pequeño mueble para tomar el resto de mis cosas, escuché ruido a mi espalda, me gire rápidamente sobre mis talones viendo a un sujeto sucio, su cara estaba tensa y llena de adrenalina, tenía que gritar e iba a gritar cuando él se percató de que tomaba aire en mis pulmones y cruzó la distancia del interior de mi carpa en dos zancadas y me apretó contra su torso, con una mano me cubrió la boca mientras yo pataleaba para que me soltase, estaba sucio, apestaba a sudor y tenía sangre. Su tacto era calido, no, caliente, sentia cómo si sobrecargara mis sentidos.
-Por favor, por favor no grites, llevo cuadras corriendo...- Dijo, pero a pesar de sus palabras, su tono era exigente y eso no me gustaba, no iba a gritar, pero seguía removiéndome, le di un codazo hacia atrás cuando lo escuché maldecir en voz baja y me di cuenta ... Estaba herido, apretó más mi boca y mi cuerpo contra el suyo cuando se comenzó a escuchar un alboroto, podía escuchar a Erick, el doctor en jefe pidiéndole a alguien, algún grupo de personas que se fueran de la propiedad, guarde silencio y me detuve, no porque me hubiera asustado, no, sino porque, estaba herido y yo hice un maldito juramento al salir de la escuela de medicina. Cuando hubo silencio afuera soltó un suspiro de puro alivio y me miró.
-¿Vas a gritar?- negué con la cabeza y él pareció creerme porque me soltó lentamente, espere a que mi cuerpo fuera liberado, sintiéndome extrañamente rara y camine hasta uno de los muebles, tome un enorme botiquín café.
-acuéstate en la cama -exigí y el enmarcó una ceja, - Estás herido y yo hice un juramento -dije con obviedad, él pareció no entender lo que decía, pobre, tal vez era retrasado, aun así, obedeció, tome las tijeras y rasgue la playera hasta la mitad, mire el corte irregular cubierto en tierra he hice una mueca, fui por un recipiente y traje varias botellas de agua, le di una en la mano y él agradeció sentándose unos momentos mientras yo volvía a buscar por más cosas, toallas, lo vi de reojo beber el agua sediento hasta acabarse la última gota, cuando tuve todo, volví a su lado y espere que se recostara, puse varias toallas al rededor de la herida y comencé a limpiar con agua la zona comprometida, con suero fisiológico limpie el contorno irregular del tajo y abrí un poco revisando que no fuera más profunda, afortunadamente solo llegaba al músculo, limpie nuevamente y con aguja e hilo quirúrgico prepare la zona.
-te va a doler.- le advertí sin levantar la mirada de la herida mientras palpaba suavemente la zona. Él había estado mirando con curiosidad todo lo que hacía en su piel.
-Puedo aguantar. - dijo y tomándolo como una bienvenida, comencé a poner los puntos, uno por uno, con gran facilidad, su cuerpo se tensó, pero no sé movió, no se quejó, solo le vi de reojo apretar con fuerza la mandíbula. Cuando termine, puse una gasa sobre la herida y la pegue con la cinta adecuada.-Gracias.- dijo y se dispuso a levantarse, fui más rápido y lo detuve poniéndome de pie y poniendo mi mano en uno de sus hombros. ¿Es que no veía los daños? Los riesgos... sin duda debía ser retrasado.
-No. - dije e hice una mueca ante su gesto inquisitivo.
-Unos dementes que probablemente siguen buscándome trataron de secuestrarme y me hicieron esto.- señaló su herida y yo trataba de leer su rostro ¿Por qué carajos debería importarme? Trate de buscar una respuesta... nada.
-No me interesa- dije con sinceridad mirándole directamente- si te mueves ahora, los puntos se van a soltar y caer, se abrirá la herida y habrá sido trabajo inútil -señalé viendo cómo humedecía una toalla para limpiarse la cara, las manos y los brazos, algo extraño en mí se apoderó y no pude evitar seguir con la mirada cada uno de sus actos. - además, es ilógico, debes querer volver al centro, pero afuera está oscuro y a menos que conozcas el camino al centro no lograrás llegar, probablemente ellos te encontrarán y finalmente mi trabajo seguirá siendo inútil. -dije ya hastiada de tener que explicar algo que para mí, consideraba completamente obvio. Y él pareció pensárselo. - puedes usar mi teléfono y pedir que vengan por ti mañana aquí, nadie te hará nada, la mayoría de la gente son personal médico. - señale ya impaciente. Él asintió, saqué mi teléfono de una pequeña mochila y se lo di. El extraño sujeto marcó un número y llamó, cruce los brazos sobre mi pecho, estaba cansada y quería dormir, con suerte podría acostarme luego de que él colgara.
-Estoy bien, sí, estoy en la periferia hacia el sur...- pasó unos segundos dando indicaciones, yo perdí el hilo de su conversación recordando cómo se sentían sus músculos duros bajo mis dedos, era extraño sentirse así por alguien, nadie me había hecho... sentir desde que tengo memoria, el único novio que tuve se rindió al mes, porque según él, yo era hielo, puro hielo, finalmente termine por creerlo yo también. Caminé hasta el biombo en una esquina y me puse detrás de este para cambiarme, me puse un pantalón de chándal para dormir y una camiseta suelta. Al salir él estaba acostado con el teléfono sobre el abdomen, me miró y me entregó el móvil.
-Gracias. Me has ayudado... mucho...- dijo con sinceridad, yo solo asentí, deje el teléfono sobre la repisa y me acomode al otro lado de la cama, era una cama de campaña, pero de igual forma era de dos cuerpos, me gustaba el espacio para dormir. - ¿Vas a dormir aquí?- preguntó extrañado y algo indignado... Creo.
-Es mi cama, tú no puedes dormir en el suelo con esa herida y yo no quiero. - dijo él con tranquilidad y me acomodé en mi lado de la cama.
-¿No te asusta? Podría ser un violador o un asesino ...- señaló
-No lo eres, los violadores tienen una tendencia a caer en sus parafilias, descontrol de sus deseos cuando están envueltos en adrenalina, tú me inmovilizaste cuando tenías un shock de adrenalina al entrar aquí... tus pupilas estaban dilatadas -señaló antes de que la interrumpiera- tú, en cambio, solo miraste mi busto y trasero después de que pasó lo peor, además tampoco tenías una erección cuando me apretaste contra ti - señalé todo con un tono clínico y seco, frío.-A menos claro, que sufras de impotencia.
-Yo no mire... - se detuvo - lo siento ... ¡No soy impotente! - se quejó.
-No lo sientas, es una reacción normal, -he hice caso omiso al último comentario, no me interesaba el desempeño de su miembro viril... ¿o si?
-Vale entiendo tu punto.- dijo cuando me recosté mirando hacia él, este estaba boca arriba, siempre dormía para el lado derecho, yo no iba a cambiar ahora - tienes unos ojos preciosos ...,- señaló mirándome ahora y me medite la posibilidad de cambiar de lado, - ¿es hereditario? -pregunto y supuse que se refería a mis ojos, tengo heterocromía, uno de mis ojos era azul cielo, muy claro y el otro era un café tan oscuro que parecía negro completo. Le sostuve la mirada.
-En la mayoría de los casos, si, en mi caso particular, no lo sé. - dije con sinceridad, él se había casi girado hacia mí, tenía unos ojos azules demasiado profundos, ahora podía verlos con claridad y sus rasgos eran marcados, su cabello corto de un color castaño muy oscuro. Me senté rápidamente en la cama y estire la mano para tomar el cordoncillo de la lámpara en el techo de la carpa, entonces todo se oscureció y me volví a recostar, había una iluminación mínima debido a las enormes luces que se encontraban afuera al alrededor de la propiedad, cuando me acomode, pude notar que aquel sujeto seguía mirándome, era retrasado, ahora estaba segura.
-¿Qué?- pregunté finalmente ya algo cansada. Quería dormir, pero su mirada pesada y abrumadora comenzaba a hacerme sentir nerviosa, ansiosa, no lo conocía de nada, no sabía quién era, y dudaba de su capacidad intelectual, ¿Cómo podía sentirme ansiosa solo porque sus rasgos faciales podian consideraese atractivo? Normalmente, si un hombre no tenía un poco de cerebro no lograba hacerme sentir interesada, pero aquel ... homosapiens me sentía estremecer, tal vez, fue porque toque su abdomen y su fisionomía llamó algo primitivo e instintivo en mí.
-¿Puedo besarte?- pregunto y mi mirada viajó nuevamente a él - me acabas de salvar la vida, realmente quiero besarte...
Mil y un argumentos de porque aquello era una pésima idea pasaron mi mente en cuestión de segundos, por otro lado, no tenia sentido logico, pero la excitación había ahuecado en mí entrepiernas y hacía años que no me sentía así, me había jurado a mí misma que cuando comenzara a sentir, me dejaría llevar, normalmente me costaba mucho concentrarme en las emociones y sentirlas... vivirlas, mi mente trabajaba demasiado rápido y racionalizaba todo, por eso, cuando una emoción fuerte me embargaba, me dejaba sumir en ella sin resistirme.
-Lo siento ... He sido muy grosero... debe ser la adrena...
-Puedes besarme - interrumpí- es probable que en tu caso sea la adrenalina, un fenómeno natural. -le expliqué y le vi tratar de acercarse más, lo detuve con una mano sobre el pecho - yo. - dije, por mucho que deseara aquello, no iba a dejar que unos puntos perfectos se dañaran. Me incorporé solo un poco apoyando mis manos en su torso, entonces él levantó las suyas y acaricio mi cabello sujetándolo entre los dedos mientras tenía también mi rostro, acerque mis labios a los ajenos y me dejé explotar en una ola de placer en mis sentidos, aquel sujeto jugo en mi cavidad bucal, tomo mi lengua como suya y exigió de mí lo que nadie había exigido antes, no pude contener y ni siquiera alcancé a comprender cómo es que escapó un suave gemido en mi garganta que lo hizo estremecer suavemente bajo mi cuerpo en la cama, bajó una de sus manos hasta mi cintura y la apretó posesivamente, su otra mano se deslizó por mi cuello hasta ahuecar mi seno lleno, otro gemido rasgó mi garganta cuando su pulgar pasó sobre la superficie enfurecida de mi pezón.
-¿Me detengo?- pregunto, alejando sus labios de improviso, un sentimiento de frustración revoloteo en mi estómago.
-¿Por qué?- pregunté con clara frustración y molestia.
Al extraño pareció gustarle mi respuesta por qué volvió a contra mis labios con mayor ímpetu, más desesperado y deseoso, me arrancó varios suaves gemidos en la boca sin poder o tratar de evitarlo y él, parecía más que complacido de las respuestas de mi cuerpo. Él se había ladeado y ambos habíamos quedado uno frente a otro, una de sus manos continuaba estimulando mi seno, acariciando mi pezón endurecido y la otra, apretaba mi cadera en un gesto posesivo.
Cuando el aire fue necesario, después de varios minutos, él apoyó su frente contra la mía
¿Cómo habíamos llegado a ese punto?, éramos dos completos extraños que apenas si habíamos intercambiado un par de palabras, yo aún dudaba de la capacidad mental de aquel sujeto, pero el calor de sus manos y su aroma masculino me embriagaba completamente.
Como nunca había creído posible en mi capacidad mental, cuando me pidió permiso para meterse en mis pantalones no lo dude. Aquella noche continuó entre los besos más eróticos de mi vida, su exquisito olor masculino y yo, rogando en el abismo hasta que me permitió caer en el éxtasis de mi liberación solo con su mano.
Parte de mí, aquella que había sido criada para la perfección y que mantenía el uso de razón en toda circunstancias no se reconocía a sí misma, y aunque me repetí una y otra vez que no era la primera, ni la última mujer que tenía aventuras de una sola noche, simplemente no encajaba conmigo, había tenido un solo novio, un solo amante, y en el ámbito sexual había sido... normal, bien, pero aquella noche, sin siquiera haber llegado a completar el acto, había sido la mejor experiencia en la cama que había tenido, con un desconocido, en un país lejano en una tienda de campaña, aquella reflexión casi me hizo reír de satisfacción conmigo misma. Había decidido que si algo me hacía sentir, entonces, sentiría.
Y finalmente, laxa y satisfecha, me dormí profundamente entre sus brazos.