Con algo de náuseas y malestar por su embarazo, Ania abrió la puerta de la habitación, su hermana mayor, Alicia, traía una bandeja entre sus manos con un despampanante desayuno.
- Buenos días, hermanita. - La saludó Alicia con emoción.
- Buenos días...
- Mira, te traje el desayuno...
Alicia dejó la bandeja sobre la mesita central del recibidor que se encontraba al entrar en la habitación principal.
- Alicia, gracias... - Ania observó a su hermana con preocupación. - Pero no es necesario que hagas estás tareas, aquí contamos con suficiente personal para...
- ¡Tonterías, deja de quejarte! Mi pequeña hermana está embarazada... - La interrumpió Alicia. - Así que necesitas todos los cuidados y mimos, de primera mano, de quienes más te amamos, tu esposo y tu hermana mayor... - Se señaló a sí misma.
- Pero tú...
- Estoy bien, gracias al tratamiento que tú y Liam pagaron por mí, ahora estoy mucho mejor... - Alicia se encogió de hombros, como si nada. - Esto es lo menos que puedo hacer por ustedes, por salvarme la vida.
Ania suspiró contemplando a su hermana, ¡Vaya, cuánto había cambiado Alicia!
Desde que descubrió su enfermedad, Alicia había recibido una cucharada de humildad y gracias a eso, hoy no era la sombra de lo que antes fue.
Egocéntrica, altanera, grosera, impetuosa, eran algunas de las características que Ania recordaba de su hermana mayor, sin embargo, hoy en día, la personalidad de Alicia había dado un giro inesperado.
Ahora Alicia era una mujer dulce, amable y servicial, que emanaba amor y alegría por dónde quiera que pasaba.
- Gracias, amo que estés aquí apoyándome, pero no quiero que te sientas comprometida a nada por lo que hicimos Liam y yo por ti, ni mucho menos que te sientas como una muchacha del servicio, eres mi hermana y acabas de pasar por una fuerte enfermedad, mereces todas las atenciones que eso amerita... - Exhaló Ania, tomando las manos de su hermana mayor con cariño y algo se sintió extraño.
Ania bajó la mirada con el entrecejo arrugado, ¿qué era eso?, en las manos de Alicia había algo que se sentía como liso, suave, resbaladizo, pero no se veía nada anormal en sus manos.
Alicia pareció sorprenderse con el contacto de su hermana y con un repentino nerviosismo, se soltó rápidamente de las manos de Ania.
- No, no me molesta atenderte y no me siento comprometida a hacerlo, lo hago por qué quiero, Ania... - Replicó Alicia, para luego señalar rápidamente la bandeja con comida que seguía en la mesa. - Bueno, hermanita, por qué no te comes tu nutritivo desayuno antes de que se enfríe...
- Oh, si claro... - Reaccionó Ania, recordando la comida que seguía en la mesita.
Ania se pensaba servir una taza de humeante té, pero antes de que ella pudiera tocar algo, la puerta de la habitación se abrió y entró una inesperada visita que llamó la atención de ambas hermanas.
Y ambas chicas se quedaron de piedra cuando vieron entrar a nada más y nada menos que, la gran señora Georgia Carter, madre de Liam Carter, el esposo de Ania.
- ¡Señora Carter!
Ambas hermanas de inmediato se alinearon frente a la imponente y elegante mujer, bajando la cabeza en forma de reverencia, para saludarla.
- Bienvenida... Es un honor tenerla aquí... - Comenzó a saludar Ania.
- ¡Suficiente...! - La interrumpió la estricta mujer.
Georgia entró con su aire rimbombante y echándole una ojeada despectiva a Ania, pasó tomando asiento en uno de los pequeños sofás de la salita de la habitación.
- Estoy muy cansada del largo viaje que hice y envié una nota para que todo estuviera listo a mi llegada, pero me encuentro con que nadie me recibe... - Gruñó Georgia con muy mal humor.
- Señora Carter, lo lamento tanto... Yo no esperaba su visita tan pronto, no recibí ninguna nota, de haber sabido, que vendría hoy, le aseguro que la hubiera recibido como se merece y no de esta forma... - Intentó explicar Ania, completamente avergonzada y manteniendo la cabeza gacha.
- Puedo entender perfectamente que no eres de nuestro rango social y no debes comprender del todo nuestros estándares, ¿¡Pero acabo de llegar de un largo viaje nocturno y ni siquiera me ofreces un café o un desayuno?! - Siguió quejándose Georgia.
- Señora, por favor, discúlpeme... - Insistió Ania inclinándose ante la mujer, pues no quería ser una vergüenza para su amado esposo, desplantando a su madre de esa manera. - No fue mi intención, se lo juro, no quise ofenderla, mire aquí hay una bandeja con comida... ¿Qué le puedo ofrecer...?, ¿qué le puedo servir?
- ¡¿Me ofreces sobras de tu comida?! ¡Nunca antes había sido tan humillada de esta manera!... No tendría que haber esperado nada de una niña tonta, debí haber ido directamente a la empresa para hablar con mi hijo... - Voceo Georgia con asco.
- ¡No, señora, esa comida no ha sido tocada, se lo juro, la acaban de traer, nadie la ha tocado! - Explicaba Ania, nerviosa, cuando fue interrumpida por Alicia.
- ¡Yo voy por algo! - Anunció Alicia.
- No tienes que hacerlo, hermana, llamaré a alguien del servicio inmediatamente y... - Ania intentó detener a su hermana mayor, quien todavía lucía algo pálida.
- No te preocupes, no me molesta, ni me importa, ya te lo dije antes, quiero ayudar... - Replicó Alicia.
- Pero...
- Volveré rápido, lo prometo...
En un instante, Alicia salió prácticamente a la carrera de la habitación para buscar otra bandeja con comida, dejando a Ania perpleja, observando como se alejaba.
- Esto no habla muy bien de ti, niña... - Gruñó Georgia desde su asiento. - Sobre todo porque lo único que yo quería con este viaje, era comprobar que no eres una completa inútil o un parásito aprovechado, ahora que esperas a los herederos de mi hijo y no me quedó más opción que aceptarte en la familia...
- Yo, lo siento mucho, señora... - Musitó Ania, completamente desanimada.
La madre de Liam era famosa por ser despectiva, pero parecía que su mal humor en esa mañana, la hacía ser más insultante.
- ¿Qué es lo que sientes?, ¿no estar a la altura de mi adorado hijo?, pero aun así, te casaste con él, ¿no?... - Siguió Georgia con su implacable mal humor, notando que Ania seguía tiesa en el mismo lugar y ya tenía los ojos cristalizados, mientras que las manos le temblaban. - ¡Vamos!, ¡¿qué haces todavía ahí parada?!, ¡ponte a hacer algo, demuéstrame que estoy equivocada contigo!
- Yo... Lo siento... - Ania inspiró profundo, intentando aguantarse. - Por favor, permítame servirle una taza de té mientras espera...
- No seas tonta, niña... Ya te dije que no quiero nada manoseado... - Insistió Georgia, viendo como Ania se arrodillaba a un lado de la mesita, justo frente a la tetera.
- Esto... - Ania tragó grueso, intentando tomar valor. - Esto no ha sido expuesto, señora Carter, como puede ver, las bolsitas de té siguen selladas y el agua en la tetera, sigue humeando... Por favor, permítame servirle una taza de té para que calme sus nervios y se relaje un poco, mientras espera para tomar el desayuno...
Ania levantó la vista hacia la mujer, con el cuerpo tembloroso y el corazón agitado, ¿sería que estaba siendo insolente?, ¿haría molestar más a su suegra por insistir con el té?
Ella no quería decepcionar a su esposo y mucho menos empeorar las cosas con la prestigiosa familia Carter, quienes no la aceptaban.
Pues Ania veía esta, como su última oportunidad de arreglar las cosas, de demostrar quién era y ser aceptada por su suegra, así que, una vez más, ella inspiró profundo, intentando mantenerse serena y amable y le sonrió a Georgia con simpatía.
- Como quieras... - Gruñó la implacable mujer, volteando los ojos con hastío.
Y por primera vez desde que conoció a su suegra hace un tiempo atrás, Ania suspiró aliviada y de inmediato se esmeró en servir la pequeña taza de té.
Pero para su mala suerte, los temblores en sus manos, traicionaron a Ania y por un mal movimiento tropezó la taza, derramando el té servido, de inmediato, Ania se acomodó, arrimándose hacía un lado para que su suegra no viera el desastre que había hecho.
Así que, intentando disimular, como si nada hubiera ocurrido, Ania volvió a servir otra taza de té, al mismo tiempo que medio limpiaba el desastre que había hecho, con algunas servilletas, intentando desesperadamente que Georgia no se diera cuenta del derrame.
Una vez todo estuvo decente, agachada en el mismo lugar, Ania se giró con la taza servida en sus manos, ofreciéndosela a Georgia.
- Señora Carter, lamento la demora... Aquí tiene su taza de té.
Georgia observó la taza en las manos de Ania y pudo vislumbrar como estás le temblaban ligeramente, de mala gana tomó la taza y le dio un minúsculo sorbo al té, para volver a voltearse, ignorándola.
Pasaron varios minutos, mientras que Ania prácticamente le hablaba sola a Georgia, preguntándole por la familia, cuando Georgia habló nuevamente.
- ¿¡Hasta cuándo tengo que soportar esto!? ¿Anda a ver porque se demoran tanto con mi desayuno?, siento que si no como algo pronto, me voy a descompensar en cualquier momento...
- Sí, señora... - Ania se levantó de inmediato, notando extrañada que Georgia parecía estar palideciendo.
- Oh, cielos, ¿qué clase de té es ese?, ¿qué le echaste? - Empezó a quejarse Georgia, largando la pequeña taza que aún seguía en su mano, los pequeños pedazos de porcelana fina rota saltaron por todas partes.
- ¿Qué? Yo... Yo no le eche nada, es solo té... No sé... ¿Necesita que la ayude en algo? - Ania intentó acercarse a Georgia al ver que la mujer intentaba levantarse del sofá.
Pero Georgia se desplomó al instante, como si las piernas no le funcionarán, mientras tosía como si le costará respirar.
- Ahhhhhhhh. - Gritó Ania, en pánico, agachándose junto a su suegra, sin saber qué hacer.
Mientras que el cuerpo de Georgia comenzó a contraerse y tensarse, como si se retorciera con violentos espasmos, la piel de su rostro se volvió tan blanca como un papel y sus ojos se voltearon al mismo tiempo que comenzó a botar espuma por la boca.
Justo en ese momento, entró Alicia en la habitación, largando la bandeja con la comida, horrorizada con la escena que se había encontrado.
- ¡Alicia! ¡Oh, por Dios! ¡Necesito de tu ayuda...! ¡No sé qué le pasa¡¡Ayúdame por favor! - Gimoteaba Ania con lágrimas en los ojos.
- ¡No te acerques a ella, Ania, no sabemos que pueda tener y tú estás embarazada! - Voceo Alicia a su hermana, sosteniendo el brazo de Ania cuando ella intentó tocar a Georgia.
- ¡Pero...! ¡Pero tenemos que hacer algo! ¡Tenemos que ayudarla! - Refutó Ania con lágrimas en los ojos y las manos temblorosas.
- ¡Ve por ayuda! ¡Corre! ¡Llama a una ambulancia!, ¡Corre, que yo me haré cargo! - Ordenó Alicia con autoridad a su hermana, levantándola.
Ania dudó por un pequeño instante, viendo como ahora era Alicia quien se arrodillaba junto a Georgia, quien ahora había dejado de moverse.
Alicia intentaba tocarla, como si tomara sus pulsaciones, mientras que Ania seguía paralizada a unos pasos.
- ¡Ania, corre por ayuda! - Insistió Alicia al ver que su hermana seguía en el mismo lugar, pasmada.
- ¡Sí! - Ania reaccionó y finalmente corrió de la habitación asustada, mejor dicho, aterrorizada.
Con el corazón a punto de salírsele y el cuerpo tembloroso, Ania corrió por toda la mansión lanzando gritos histéricos que nadie entendía, hasta que el personal del servicio intentó calmarla.
- ¡Una ambulancia!, ¡una ambulancia, rápido! - Fue todo lo que pudo explicar Ania cuando recuperó el aliento y unas jóvenes llamaron de inmediato a una clínica.
Pocos minutos después, llegaron los paramédicos y revisaron la situación, aunque la señora Georgia ya no convulsionaba, tampoco reaccionaba y apenas se le podía sentir el pulso.
Así que actuaron rápido y la subieron a la ambulancia en la que más atrás intentó subir Ania, cuando Alicia la sostuvo por un brazo, deteniéndola.
- Ania, quédate, en tu condición, no deberías alterarte tanto, debes descansar, yo me haré cargo... - Ordenó Alicia.
- ¡No! No puedo dejarla... - Sollozó Ania con tanta convicción como preocupación. - ¡Es la madre de Liam!
- ¡Bien! - Asintió Alicia con mucha seriedad. - ¡Entonces vayamos las dos!
La ambulancia arrancó, Ania no podía dejar de mirar a Georgia quien yacía en esa camilla inconsciente mientras los paramédicos le conectaban más aparatos y le tomaban los signos, ¿Qué había sucedido? ¿Por qué pasaba esto?
- Ania... - Susurró Alicia a su hermana, llamando su atención. - ¿Llamaste a Liam? ¿Le avisaste?
- No, yo no pude... - Ania sintió un fuerte sobresalto en el pecho al recordar a su esposo.
¿Qué le diría a Liam? ¿Cómo le explicaba que su madre apareció repentinamente en su casa y sufrió un extraño ataque, apenas llegó?
Ania bajó el rostro, poniéndose las manos en la cara al imaginar la reacción de Liam, él se preocuparía mucho y sufriría.
De pronto, cuando ya faltaba muy poco para llegar a la clínica, un fuerte pitido hizo eco en la ambulancia.
- ¿Qué...?, ¿qué es eso? - Asustada, Ania se irguió nuevamente, con los ojos abiertos de par en par.
Los paramédicos se abalanzaron sobre la señora Georgia de nuevo, para atenderla a toda velocidad, midieron sus pulsaciones, la inyectaban, le ponían oxígeno, parecía una escena de terror.
- ¡Señora, por favor, hágase para atrás y déjennos trabajar! - Voceo uno de los paramédicos cuando notó que Ania estaba a punto de levantarse.
Alicia sostuvo a su hermana obligándola a sentarse cuando los hombres sacaron el desfibrilador y lo colocaron sobre el pecho de Georgia, emitiendo una corriente que hacía saltar su cuerpo.
Ania cerró los ojos con fuerza, aterrada.
- Tranquila, ellos saben lo que hacen, déjalos trabajar... - Murmuró Alicia a su hermana, abrazándola.
El pitido se detuvo, las pulsaciones volvieron y finalmente llegaron a la clínica, donde a toda velocidad bajaron la camilla para que Georgia fuera atendida por los médicos.
- Ustedes esperen aquí... - Ordenaron los paramédicos al llegar a la entrada de emergencias, dejando a las dos hermanas atrás.
- Oh, por Dios, oh, por Dios, Alicia... - Gimoteo Ania, enterrando el rostro en el pecho de Alicia al tiempo que reventaba en llanto. - ¿Qué voy a hacer?
Todos alrededor se les quedaron mirando, por lo que Alicia solo pudo abrazar a su hermana para evitar las miradas curiosas y llevarla a un banco alejado en el lugar.
- Todo va a estar bien, ya los médicos la están atendiendo... - Murmuró Alicia, ayudando a Ania a sentarse.
*
- ¡Ania! - Varios minutos después, entró Liam a toda carrera en la clínica y de inmediato ambas hermanas se tensaron, sorprendidas. - ¿Qué...?, ¿qué fue lo que pasó?, ¿qué sucede?
Comenzó a preguntar Liam a su esposa, tomándola por los hombros, él traía la respiración agitada y se notaba evidentemente preocupado.
Ania se quedó estática por un instante, sintiendo como los ojos se le llenaban de nuevo de lágrimas, ¿qué le iba a decir a su esposo?, ¿cómo le explicaría que su madre...?
- Oh, Liam, yo... Yo no sé... - Repentinamente, Ania saltó sobre el pecho de su esposo, abrazándolo y aferrándose con fuerza a su traje. - Lo siento tanto, perdóname, te lo suplico, lo siento...
- ¿Qué? - Liam abrió los ojos de par en par, todavía más confundido que antes ante la reacción de su esposa.
- Lo siento, cuñado ¿Podrías darnos un momento?... Es que mi hermana está muy sensible, ha sido todo una locura... - Intentó interceder Alicia, sosteniendo a Ania. - Hermana, ¿Por qué no te sientas y respiras? Todas estas emociones te hacen daño... - Le murmuró Alicia a Ania, mientras que la acompañaba a una banqueta.
Ania solo asintió intentando respirar profundo mientras se acariciaba el vientre, pues era cierto, necesitaba calmarse por sus bebés.
- ¿Podrías explicarme, Alicia? ¿Qué está pasando? - Insistió Liam, cuando Alicia volvió a acercarse a él.
- Bueno, Liam... - Alicia dudo por un instante, pensativa. - Tu madre llegó de sorpresa en la mansión y estaba cansada por el viaje, pidió algo para comer, así que yo fui por una bandeja de comida, no vi exactamente lo que sucedió, pero...
- ¡¿Pero qué...?! - Gruñó Liam con desesperación.
- Solo sé que la señora Georgia se tomó una taza de té que la misma Ania le sirvió y después de eso, de pronto Georgia se sintió muy mal...
- ¿Un té que le sirvió Ania? - Preguntó Liam extrañado.
- Así es... Y para cuando yo volví a la habitación, tu madre ya estaba inconsciente... Le tuve que pedir a Ania que llamara a una ambulancia, mientras que yo la auxiliaba... - Alicia tomó una de las manos de Liam con un gesto de consuelo. - Incluso vinimos junto con tu madre en la ambulancia, para no dejarla sola...
- Gracias, Alicia. - Asintió Liam, pensativo.
- Bueno, lamento mucho no haberte llamado para avisarte, le pedí a Ania que lo hiciera mientras yo rellenaba los formularios, pero como puedes ver mi hermana ha estado tan nerviosa y alterada que... - Alicia suspiro afligida.
Mientras que Liam se quedó pensativo, observando a Ania en la distancia, quien seguía en la banca, hipando mientras se acariciaba el vientre.
- ¿Y cómo te enteraste? - Siguió Alicia.
- Me llamaron de la mansión, el ama de llaves me dijo que mi madre había llegado de viaje y que algo le había pasado... Pero por favor dime... - Liam tragó grueso. - ¿Qué información les han dado? No es nada grave, ¿verdad?, todo estará bien, mi madre estará bien, seguro es un simple malestar ¿No...?
- Aún no nos han dicho nada, pero... - Musitó Alicia, bajando la mirada por un instante al recordar el estado en qué vio a Georgia. - Seguramente estará bien, no te preocupes... - Le sonrió con ánimos. - Por el momento, solo debemos esperar...
Un grito retumbó en la sala de espera de la clínica.
- ¡Familiares de la señora Georgia Carter! - La gruesa voz de un hombre hizo eco y todos voltearon.
Liam prácticamente saltó y salió corriendo hacia los médicos, Alicia y Ania se acercaron también hacia donde estaban los doctores llamando.
- Señor, yo soy el hijo de la señora Carter... - Anunció Liam a los doctores.
- Oh, claro, señor Liam Carter... - El médico se presentó con amabilidad, reconociendo a uno de los hombres más ricos del país, lo que hacía esta noticia algo más difícil de dar.
- ¿Qué sucede?, ¿cómo está mi madre? - Preguntó Liam, azaroso.
- Lo siento mucho, señor Carter, lamento informarle que su madre... Ha fallecido. - Soltó uno de los doctores con una expresión apenada, dejando a Liam pálido y congelado.
- ¿Qué...?, debe ser un error, no, eso no... - Comenzó a balbucear Liam, luego de un momento.
- Así es, por más que luchamos, la señora Carter perdió los signos vitales... - Comenzó a explicar otro de los médicos que estaban presentes. - Hicimos todo lo posible... Lo lamento mucho, señor Carter.
- Pero... ¿Pero por qué? - Gruñó Liam, levantando la mirada con los ojos ya enrojecidos, lleno de dolor. - Me acaban de decir que ella estaba bien, que se sintió mal de repente y ahora... ¡¿Murió?! ¡¿Qué alguien me explique que fue lo que le pasó a mi madre?!
- Verá, esto es lo más difícil... - Murmuró el doctor con algo de nerviosismo, cuando a lo lejos, entraron un par de policías, acercándose.
- ¿Qué cosa? - Liam arrugó el entrecejo, más confundido al ver a los policías plantarse junto a los médicos.
- Sucede señor Carter, que su madre no tuvo una muerte natural... - El médico intentó usar todo el tacto que le fue posible, aunque no había una manera fácil de decirlo.
- ¿Qué...? ¿Qué quiere decir?
- Así es, señor Carter... - Intervino el otro médico. - Hemos descubierto que su madre no murió por causas naturales, sino que ha sido envenenada y por eso la policía está aquí... - Ambos policías se plantaron frente a Liam.
- ¡¿Qué mi madre fue envenenada?!
Ania sintió como se le congelaron hasta las lágrimas, ¿la señora Georgia, envenenada?, al escuchar eso, ella solo pudo sostenerse del brazo de su hermana, Alicia, para no caerse.
Mientras que Liam, sintió como se le derrumbó el mundo, él paseó la vista por el rostro serio de todos los hombres frente a él, los médicos, los policías, ¿Era una broma? ¡Tenía que ser una jodida broma!
Luego, Liam volteó la vista hacia su esposa, Ania y su cuñada, Alicia, viéndolas con los ojos enrojecidos y con un gesto lleno de dolor.
Liam emitió un gruñido lleno de rabia, dolor y frustración, mientras se mesaba los cabellos con vehemencia, ¿Acaso esto era una maldita pesadilla?
- Señor Carter, sabemos que debe ser muy abrumador para usted, pero... - Intervino uno de los policías.
- Es que yo... No entiendo... ¿Mi madre, envenenada? - Lo interrumpió Liam, retrocediendo un paso, ahogado el dolor que lo quemaba internamente.
- Señor Carter, antes que nada, lamentamos mucho su perdida... - Otro de los policías intervino. - Como usted comprenderá, está, es una situación muy delicada y por el estatus de su familia, estamos tratando de ser lo más discretos posible, lo mejor es que la noticia no se exponga públicamente, por lo menos hasta que el caso se resuelva.
- Señor... - Continuó el otro policía. - Entendemos el dolor que deben estar enfrentando y que con todo esto deben tener muchos asuntos que arreglar, pero necesitamos conversar lo más pronto posible con usted y con las principales personas involucradas...
- ¿Qué? - Liam volteo, mirando fijamente con el entrecejo arrugado hacia Alicia y Ania.
- ¿Quiénes estuvieron con la señora Carter cuando tuvo el ataque? - Preguntó el policía, Ania y Alicia se quedaron de piedra.
- Mi esposa y mi cuñada... - Murmuró Liam, apretando la mandíbula.
En un lugar alejado del público, los policías comenzaron a hacer sus preguntas y tomaron notas.
- Señora Carter, cuéntenos lo que sucedió... - Pidió uno de los policías a Ania, mientras a unos pasos, Liam y Alicia esperaban, escuchando atentamente.
- Bueno, yo... Yo estaba a punto de desayunar cuando la señora Georgia llegó, ella dijo que estaba cansada y que tenía hambre, así que mi hermana fue a preparar algo y mientras esperaba, yo le prepare una taza de té... - Contó Ania, con algo de nervios.
- ¿Un té? - El policía le prestó toda su atención. - ¿Qué clase de té?
- Solo era un té de manzanilla, yo... En mi habitación estaba la tetera con el agua caliente y ella no quiso la comida que tenía allí, al principio tampoco quería el té, pero yo le insistí y luego... - La voz de Ania se quebró. - Ella aceptó y yo... Solo puse el agua con la bolsita, eso fue todo y... Después de un rato, ella...
- Tuvo el ataque, ¿No? - Completó el policía, viendo a Ania con una expresión rígida.
A unos metros, se escuchó un resoplido, Ania volteó y vio como Liam comenzó a caminar tenso, con los puños apretados, su expresión era una máscara de dolor y severidad que ella nunca antes había visto.
- Señorita Jones, ¿Qué nos puede contar usted? - Preguntó el otro policía a Alicia.
- Yo estaba con mi hermana cuando la señora Georgia llegó, casi no la conozco, de hecho tengo pocos días quedándome con los Carter porque acabo de salir de una fuerte enfermedad... - Aclaró Alicia, a lo que el policía asintió. - Acompañaba a mi hermana porque ella está embarazada y necesita cuidados, por eso, cuando la señora Carter pidió el desayuno, yo fui de inmediato a buscarlo, para cuando volví a la habitación... La señora Carter ya estaba tirada en el piso, inconsciente...
- ¿Algo más que pudiera notar? ¿Algo más que resalte en la escena que encontró? - Preguntó el policía.
- Yo... Bueno... - Alicia se quedó pensativa por un instante. - Lo único que vi resaltante, fue la taza de té quebrada en el piso... Creo que la señora Georgia la debió haber tirado cuando tuvo el ataque...
Ania y Liam escuchaban a unos metros, junto al otro policía, ambos se miraron, pero ninguno dijo nada, Ania sentía una especie de tensión en Liam, él se mantenía distante, frío, ella nunca antes había visto a Liam actuar así.
Pero para Ania, la actitud de su esposo era comprensible, pues él acababa de perder a su madre y alguien la había envenenado, debía ser muy duro y difícil para él.
- ¿Tiene usted algún enemigo? - Preguntó el policía a Liam con mucha seriedad.
- No, señor... Soy un empresario respetado, no un criminal o un asocial... - Contestó Liam, ya cansado.
- ¿Y su madre? ¿Conoce usted algún enemigo de ella? - Siguió el policía y de inmediato, Liam arrugó el entrecejo.
- Mi madre siempre ha sido una mujer admirada y respetada, reconocida públicamente por su buena labor social, por lo que fue muy querida por el público en general, por nuestros empleados, por toda la familia y por mí... - Contestó Liam irritado.
- Quizás algún empleado... - Comentó el policía, cuando Liam lo interrumpió.
- Imposible... Todos nuestros empleados son escogidos con el mayor cuidado y altos estándares de seguridad, son personas de confianza, humildes y agradecidos... - Replicó Liam muy seguro.
- ¿Y qué me dice de la relación de la señora Georgia con su esposa? - Preguntó rápidamente el policía, Liam hizo silencio. - ¿Ella tenía algún problema con su madre?
Liam volteó la mirada al recordar la pésima relación que tenía Ania con su madre, pues ella fue rechazada por Georgia y por supuesto, por toda la familia Carter, pero se suponía que todo iba a cambiar esta vez, se suponía que su madre finalmente les daría su bendición y Ania, sería aceptada por la familia Carter.
- Por qué tengo entendido que su esposa fue la última persona en conversar con la señora Georgia... - Siguió el policía. - Y en tener contacto con ella, e incluso, según me contaron su esposa y su cuñada, la señora Ania le sirvió a su madre, lo único que consumió al llegar de su viaje...
Liam apretó los puños al mismo tiempo que volteaba la mirada, a lo lejos, manteniendo un poco más de distancia, Ania y Alicia lo esperaban y su esposa lo miraba con preocupación.
¿Podría ser posible que ella...? Una pequeña chispa de dudas ya nacía en el interior de Liam.
- ¡¿Qué está queriendo decir?! ¡Qué insolencia! - Gruñó Liam, volteando nuevamente la mirada hacia el policía. - Mi esposa es la persona más dulce del mundo y amable... ¡Jamás, nunca ella se atrevería hacerle algo a mi madre! ¡O a alguien!
- Señor Carter, yo no he querido decir nada... - El policía levantó ambas manos en son de paz. - Solo hago mi trabajo y uno los hechos.
- ¡Pues le recomiendo que haga su trabajo bien! ¡Por qué no voy a permitir que difame a mi esposa! ¡La defenderé con mi vida! ¡Y si se atreve a decir o sugerir otra calumnia como esa, lo demandaré! - Voceo Liam, para darse la media vuelta y caminar hacia su esposa y cuñada, llevándoselas.
*
Los días que siguieron fueron los más duros de su vida, dar la noticia del fallecimiento de la señora Carter a su familia y al público, recibir a la familia, organizar el velorio y el entierro.
Todo eso con la policía encima, preguntando, indagando y recogiendo evidencias en su propia casa, mientras que Liam tenía que mostrarse fuerte frente todos, sobre todo, frente a su esposa embarazada.
El único alivio para Liam, era que por el momento, la noticia del envenenamiento no se había hecho pública, pero había rumores entre los empleados y entre los familiares, todos murmuraban y sospechaban de Ania.
Eso era lo más frustrante y abrumador que Liam hubiera tenido que pasar, los comentarios, los chismorreos, todos decían que la principal sospechosa era Ania, la última que habló con la señora Georgia, la que le dio el té seguramente envenenado, una solución perfecta para una suegra que no la quería y que la iba a aceptar de mala gana.
Y entre más crecían los rumores, Liam se alejaba cada vez más de Ania, dejándola sola, él no podía verla, no podía hablarle sin imaginarse que había una posibilidad de que su propia esposa fuera la asesina de su madre, y a cada momento, la duda crecía más.
Llegó el día del entierro, era un día lluvioso y oscuro, los invitados, solo familiares y amigos más cercanos de la familia Carter, todos vestidos de negro, dentro de una capilla, dando testimonios de la ejemplar mujer que fue la señora Carter.
Ania llegó sola, todos voltearon a verla con sorpresa. "¿Cómo se atrevía a venir?" "Que descarada" "Es una asesina" "Ella le dio el té envenenado a su suegra" Se escucharon los susurros a medida que Ania avanzaba en la iglesia.
Ella intentó mantener el rostro en alto con dignidad, caminando directo hacia Liam, mientras que los ojos se le cristalizaban, pero a mitad del camino, Ania se detuvo, volteó a los lados, viendo todas las miradas acusadoras y como la señalaban, y ella no aguantó más, las lágrimas comenzaron a caer solas.
- Ania, ven... - Alicia tomó del brazo a su hermana, y la llevó a una banca alejada, para que se sentara.
Bajo la lluvia, salió el cortejo con la urna para llevar a cabo el entierro, Ania miraba a Liam en la distancia, mientras él se mantenía indiferente ¿Por qué...? ¿De verdad él también la creía culpable?
Ania sentía como todo dentro de ella se rompía, ella no había hecho nada malo, había intentado decírselo varias veces a su esposo, pero él no había querido ni mirarla ¿Por qué...? ¿Por qué Liam no podía siquiera escucharla?
Al otro lado, Liam se mantenía rígido bajo la lluvia, el único lugar en donde él podía llorar por la perdida de su madre sin que todos los notaran, pues las lágrimas se confundían con las gotas de agua.
Cuando la urna hubo descendido, las últimas palabras se habían dicho, la tierra era echada encima y las personas comenzaban a retirarse, Liam vio a lo lejos, en una colina, a los policías acercándose.
Cuando todos se dieron cuenta, se sorprendieron, ¿Qué hacía la policía allí? De inmediato, Liam caminó decidido hacia ellos, ¿acaso no podían respetar su dolor ni por un momento?
- ¡¿Qué hacen aquí?! ¡¿Eh?! ¡¿Acaso es mucho pedir un momento de privacidad en familia?! ¡¿Con nuestros seres queridos, para despedir a mi madre?! - Voceo Liam, irritado, a los policías.
- Señor Carter, no venimos para molestarlo...
- ¡¿Entonces qué carajos hacen aquí?! - Escupió Liam, sintiendo como perdía la cordura.
- Es importante, pero... - Los policías dudaron, cuando vieron a toda la familia, que seguían allí, expectantes.
- ¡¿Qué?! ¡Hablen de una buena vez! - Gritó Liam con todas sus fuerzas, los policías se miraron por un instante.
- Venimos por su esposa. - Contestó un policía.
- ¿Qué? - Liam perdió el aliento cuando vio como los policías le pasaron, por un lado, caminando directamente hacia Ania.
- Señora Carter... - El policía sacó su placa y la mostró a todos, mientras que el otro abrió un papel, mostrando la orden, y luego, el siguiente policía, procedió a esposarla. - Queda usted arrestada por sospecha de asesinato a la señora Georgia Carter.
- ¿Qué? - Susurró Ania, atónita y pálida, mientras que le ponían las esposas.
Ania escuchó a las personas alrededor suyo, susurrando, "oh, entonces si fue ella" "es una asesina" "Georgia tenía razón, es una arribista" "una pobretona tenía que ser".
- ¡No! ¡No pueden hacer eso! ¡Es mi esposa! ¡Soy Liam Carter y les ordenó que la liberen! - Gritó Liam, decidido, enfrentando a los policías.
- Señor Carter... - Uno de los policías se le atravesó en el camino, deteniéndolo.
- ¡Ella está embarazada, carajo! ¡No la pueden tratar así! ¡Mi esposa no hizo nada! ¡Ella es inocente! - Soltó Liam a todo pulmón, empujando al policía.
Ania se sorprendió, ¿Liam la estaba defendiendo? ¡Entonces él si creía en su inocencia! Eso era un gran alivio.
- Señor Carter, no puede hacer nada... - Soltó el policía con autoridad. - Tenemos una orden, así que si quiere ayudar a su esposa, le recomiendo que llame a su abogado.
El policía hizo una seña y los otros policías se llevaron a Ania, frente a los ojos atónitos de todos.
- ¡No, esperen¡¡No!