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La Esposa que no Amo: Una madre para mi hijo

La Esposa que no Amo: Una madre para mi hijo

Autor: : Lyn.
Género: Romance
-¿Aceptas a esta mujer como tu legítima esposa, para amarla y respetarla, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte los separe? -Sí. Tras la afirmación, se inclinó hacia ella, su rostro a centímetros del suyo retiró el velo, quedando expuesto el rostro de Chiara. Mientras tocaba suavemente su mejilla, su mirada recorrió su rostro y luego su cuerpo, como si estuviera evaluándola. Luego, se inclinó aún más, su aliento cálido en su oído. Ella se puso muy nerviosa, esperando el beso que recibiría de su, ahora, esposo. Pero este parecía antes querer decirle algo. -Solo para que quede claro-susurró con una voz baja, pero cargada de una frialdad cortante, estremeciendo completamente el cuerpo de Chiara por la sorpresa de esa voz fría-eres completamente insignificante para mí. Ella cerró los ojos por un momento, asimilando sus palabras. Cuando los abrió de nuevo, las lágrimas salían de sus ojos, buscando algo en el rostro de su esposo, pero solo había una expresión fría y aquella mirada dura que él le daba. -Yo...-Se había quedado sin hablar, recibiendo aquellas palabras carentes de todo en lugar del beso-. ¿Qué se supone que significa eso? -había hecho todo lo posible porque las palabras salieran claras de su boca. -Ya estamos casados, eso fue lo que se me pidió. Tú tienes un esposo y yo sigo a cargo de mi empresa. -Las palabras resonaron en la iglesia como un eco de hielo. La novia estaba paralizada por la humillación mientras él se alejaba de ella con determinación. Pero justo cuando parecía que la ceremonia seguiría su curso, la puerta de la iglesia se abrió de golpe cuando Davide solo se había alejado unos metros de la novia.

Capítulo 1 1

Llegaba para casarse con una mujer a la que no conocía, por tanto, no amaba.

En su corazón había alguien más, con quien ya tenía una relación, pese a saber que su destino había sido unido por alguien más a otra mujer, una mujer de la que apenas sabía nada.

Diez años en el extranjero, fuera de Italia, otros cinco años en el norte de Europa. Bastaron para cambiar muchas cosas en aquel hombre. Un evento doloroso lo hizo acepta cualquier cosa que sus padres decidieran sobre su vida, porque creía merecerlo, merecer cualquier castigo.

¿Prometerlo a otra mujer era castigarlo? Sí, sí cuando este solo estaba ocupando el lugar de su hermano, su hermano gemelo que había fallecido.

Para Davide Queen, su vida no era más que un castigo, un recuerdo doloroso para él y sus padres, para toda su familia.

Había estado administrando y expandiendo el negocio familiar luego de sus estudios, lo alejaban todo cuanto podían para no ver su rostro, solo que ya no era un hombre joven a quien podían manejar a su antojo, era el mayor de tres hermanos y se fue cuando solo tenía veintiún años. Hace un par de semanas había cumplido treinta y seis años.

Aquel matrimonio se tenía que realizar por un acuerdo entre ambas familias y, aunque había dos hermanos que se asemejaban a la edad de la novia, tenía que contraer nupcias con el hermano mayor, el heredero, la futura cabeza de la familia y del imperio empresarial.

Durante años, aquellas familias se habían unido a través del matrimonio y a esa generación les correspondía a ellos dos, unir lazos. Pero la diferencia de edad era muy notable.

Jamás había visto a la novia. Si bien la familia era más o menos unida, eso era cuando ambas familias se asentaban en Italia, pero la de la novia llevaba un largo tiempo en San Francisco, Estados Unidos; ella había crecido en un internado, luego de que su madre falleciera cuando ella tan solo tenía tres años y su padre se volviera a casar un año después, teniendo así con su actual esposa dos hermosas niñas, las gemelas llamadas Olimpia y Darnelly, con quien no tenía contacto alguno, ya que creció en el internado y luego fue directo a la universidad.

Recién regresaba para casarse luego de pasar la mayor parte de su vida en Francia, regresaba a San Francisco para cumplir su deber como la mayor de la familia.

Los padres se encargaron de toda la organización de la boda, ninguno de los novios tuvo participación alguna en preparativos y demás, incluso el vestido fue elegido por su madrastra, así como la decoración y cada detalle.

La boda no se celebraría en Milán, pese a que ambas familias eran de allí, porque el padre de Chiara se negó, sin dar razón alguna.

Rosario no conocía mucho a su hijastra, pero se alegraba mucho que la decisión de su esposo haya sido enviarla a un internado desde la boda, porque ella no estaba segura de poder criar a la hija de otra mujer, por lo que fue lo mejor para ambas.

Rosario se casó a los veintidós años con el señor Moretti y desde entonces la mujer lo tenía en sus manos, era un hombre enamorado, al mismo tiempo controlado.

La vida de Chiara había sido tan diferente a la de sus hermanas.

Mientras las gemelas habían recibido todo el amor de su padre, ella solo recibió cheques, regalos pocos personales y una tarjeta en cada navidad cada año, junto con una foto familiar de su padre, sus hermanas y su madrastra.

Aquella sería la primera vez que los vería, se suponía que mandarían a buscarla al aeropuerto, pero no fue así. Tampoco dijeron si no llegarían y ella no se cansaba de llamar, en espera de una respuesta, por lo que solo le quedaba esperar.

El cielo se tiñó rápidamente de negro y en un segundo comenzó a llover. Las lágrimas brotaron de sus ojos al darse cuenta de que su padre llevaba más de quince años sin verla en persona y aún así no era capaz de estar allí para recogerla en el aeropuerto. Sabía la dirección de la casa, no le quedaría más remedio que tomar un taxi.

Tomar un taxi era lo de menos, lo que le dolía realmente era estar allí sola, confirmando lo que siempre había sabido, allí nadie la quería, su padre no la amaba, la única esperanza que tenía era poder formar una familia con el heredero Queen, entablar lazos con él y ser una buena esposa para lograr que surja el amor entre ambos.

Anhelaba una familia, necesitaba una familia, afecto, amor. Y confiaba en que, a pesar de que no era una alianza por amor, que su esposo la recibiera con cariño y ambos convirtieran aquel compromiso en algo hermoso, real y de los dos.

Chiara era muy soñadora, a veces entraba en un mundo mágico que creaba su mente, donde era querida por muchas personas y la llenaban de amor, porque su realidad había sido muy diferente a eso. No lograba recordar el nombre de su madre, mucho menos su rostro y desde niña siempre que lloraba tan solo había una voz fuerte y autoritaria que le ordenaba silencio y si no lo hacía recibía un castigo.

Necesitaba un abrazo, alguien que le dijera que las cosas iban a salir bien, aunque eso fuera mentira.

La lluvia la empapaba y eso a ella no le importaba, su pecho dolía con cada lágrima y cada minuto que pasaba.

De pronto, el agua dejó de caer y ella miró hacia el cielo, notando que sobre su cabeza había un paraguas blanco que la cubría del agua.

Se dio la vuelta para ver quien era el dueño o la dueña del paraguas.

Chiara se encontró con unos enormes ojos grises oscuros que la miraban con intensidad.

-¿No te das cuenta de que llueve? -preguntó aquella voz, fuerte, clara y autoritaria.

-No tenía paraguas-respondió Chiara, encerrada en la mirada del hombre, en su barba prominente o el lunar que tenía en su nariz.

-Pudiste haber entrado-le reclamaba, como si realmente le importara si ella se mojaba o no. La sujetó del brazo y la llevó hasta la puerta del aeropuerto, dejándola dentro mientras Chiara sujetaba su maleta y clavaba los ojos en ese hombre.

-¡Muchas gracias! -gritó ella, viendo como él se marchaba hacia un taxi que acababa de llegar.

El teléfono de Chiara comenzó a sonar y al responder se dio cuenta de que era su padre, pero ese número no lo tenía registrado.

-Álvaro va llegando para recogerte-dijo la voz de su padre, ese era el nombre del chofer-. Estaba con Olimpia en otro lado, por eso había tardado.

-No te preocupes, padre. Voy a tomar un taxi.

-Entonces haberlo dicho antes, Chiara. El chofer va en camino, no te muevas de allí.

Pasó media hora, hasta que el chofer llegó, para entonces ya no llovía.

Ella se acercó de manera tímida, dejando que el chofer entrara la maleta, empapada subió al coche, notando la presencia de alguien más.

Su hermana, pero no podría decir cuál de las dos. Olimpia y Darnelly eran gemelas idénticas, por lo que Chiara no sabría reconocerla. De todos modos, solo las había visto por fotos.

-¡Estás mojada! No te atrevas acercarte a mí-gritó la joven a su lado, empujando a Chiara con las manos. Tan solo tenía cinco años menos que Chiara, pero la joven sentada a su lado era toda una mujer. Su cabello era castaño, tenía ojos verdes y un rostro muy hermoso, el escote dejaba ver la mayor parte de sus senos y aquel vestido era tan corto que Chiara juraba que vio su ropa interior.

En su pecho, Chiara estaba feliz de poder ver a su hermana en persona, conocerla, pero la joven la ignoraba completamente, sumergida en la pantalla de su teléfono.

-¿Eres... Darnelly u Olimpia? -preguntó Chiara de manera tímida.

-¿Y a ti quien dijo que podías hablarme? ¿Acaso me conoces? No te interesa saber quién soy y a mí no me interesa quién eres tú.

-Soy Chiara, tu hermana-la risa que soltó la joven ofendió a Chiara, y ya no volvió a dirigirle la palabra.

Al llegar a casa, la señora Rosario esperaba en la puerta recibiendo con un abrazo a su hija y entrando enseguida, sin esperar para saludar a Chiara o darle la bienvenida al país, a su casa.

Chiara vio aquel rostro que ahora le daba la espalda, y no sintió ninguna calidez de parte de ella. Había una muralla helada, cargada de rechazo.

Cuando entró a la casa, no lograba ni recordar las escaleras, pues partió muy pequeña de aquel lugar, miró hacia los lados para ver si su padre estaba allí, pero lo único que había era una mujer de mediana edad con un uniforme blanco con negro que se acercó a ella.

-Bienvenida a casa, señorita.

-H-Hola. ¿Podría ver a mi padre? -Tenía un nudo en su voz, como si deseara llorar.

-Me temo que no, no se encuentra aquí, pero llegará para la cena. Está usted empapada, permítame ayudarla con el equipaje y mostrarle su habitación.

-Desde luego, muchas gracias-Lo primero que Chiara hizo fue ir hacia las escaleras, pero la mujer la detuvo.

-Señorita, no es por allí-dijo-. Su habitación está aquí abajo.

-Ah... Estoy un poco perdida, prácticamente esta es la primera vez que vengo aquí. Si estuve alguna vez, no logro recordarlo.

Chiara y la mujer del servicio cruzaron por la cocina, por el área de lavado, salieron al patio trasero y allí vieron la piscina, mientras Chiara se preguntaba a dónde la dirigía.

Al final del todo, había una descolorida puerta, incluso pequeña, que al abrirla dio paso a una pequeña, diminuta habitación, con una cama, un ventilador y un armario empotrado.

La casa era muy grande, podría tener al menos siete habitaciones tranquilamente, pero...¿le daban esa a Chiara? Aquello ni siquiera podía contar como algo parte de la casa.

La mujer la miró apenada, no era culpa de ella, esa había sido la orden que dio Rosario y así tenía que hacerlo la servidumbre.

-Es aquí.

-Oh...-Chiara no podría creérselo-. Muchas gracias por guiarme. ¿Cree que mi padre tardará en llegar?

-Un par de horas.

-Y, ¿sabe algo de mi prometido? La boda es mañana y me gustaría verlo hoy, pero no tengo la más mínima información, no quiero llegar al altar y conocer su cara ese día.

-Lo lamento, tan solo sé que su nombre es Davide Queen. A lo mejor encuentra algo de él en internet, puede que su rostro.

-Sí, ahora con su nombre será más fácil.

-Escuché que una de sus hermanas decía que era extremadamente guapo, debe ser cierto. -Chiara sonrió, imaginando su príncipe azul-. Mi nombre es Mildred, para lo que necesite estoy a un solo pasa.

Mildred se marchó, dejando a Chiara con un nudo en el estómago, mientras entendía perfectamente el mensaje que le daban con aquel recibimiento.

Allí no era bienvenida.

Capítulo 2 2

Luego de ordenar sus cosas en el pequeño espacio, Chiara subió a la cama con su portátil sobre sus piernas, desde ya sentía la dureza de aquel colchón, sería una muy larga noche, pero al menos solo sería esa noche. Después de su boda partiría a la luna de miel con su esposo y muchas cosas cambiarían para ella.

Estaba emocionada.

El siguiente paso era conocer el rostro de su esposo.

Tecleó con rapidez su nombre.

Davide Queen.

Aparecían varias páginas con información sobre empresas y demás, pero ni un solo rostro. Entró a más de siete sitios webs donde figuraba el nombre de Davide, ¿cómo era posible que no hubiera ninguna foto?

Amplió más su búsqueda, añadiendo para saber de la familia Queen, en ella aparecía su padre, madre y dos hermanos, con nombres y fotos. Pero nada del hermano mayor.

-¡No puede ser! -Deseaba ver el rostro del hombre que sería su esposo. Pero parecía imposible. Dejó el portátil en la cama y recostó su cabeza a la almohada-. Quiero verlo. No quiero llegar allí y recién conocer el rostro de mi esposo. -Sentía que sería extraño, pero todo en su boda era muy extraño, desde ese correo que le envió su padre, preguntándole si recordaba lo que él y su madre le habían dicho cuando ella era pequeña, que se casaría con uno de los hijos de la familia Queen. ¿Cómo iba a recordarlo? Si de su niñez no recordaba nada, ni a su madre, sobre todo porque nadie le hablaba de ella, siendo una niña y sin alimentar esos recuerdos fácilmente fueron quedando en el olvido. Cosa que a ella le dolía mucho.

Alguien tocó a su puerta y Mildred entró cuando Chiara se lo indicó.

Había pasado al menos dos horas desde que ella llegó a la casa, sus ojos se iluminaron al pensar que su padre ya había llegado.

-Señorita.

-¿Ha llegado mi padre? -preguntó con ilusión.

-No, pero la señora Rosario quiere verla.

Chiara sonrió débilmente, no sabiendo si eso era algo bueno.

-Claro, ahora mismo salgo. Puedes irte-Mildred salió.

Chiara bajó de la cama y se colocó sus zapatos, tenía que preguntar a Rosario muchas cosas, como por su vestido de boda y más detalles al respecto que ella desconocía. La boda era mañana, no quería ponerse más nerviosa, pero quería tener los detalles.

Cerró la puerta de su abandonada habitación y recorrió el camino hasta llegar a la cocina y poder salir al salón.

Allí, elegantemente sentada en el sofá, estaba la señora de la casa.

Rosario era muy bella y todavía conservaba gran parte de su juventud, disimulando muy bien los pequeños retoques que había hecho en su rostro o esos pechos de veinteañera que se había comprado. Chiara siempre supo que sus hermanas eran igual a su madre, ahora lo confirmada. Las gemelas poseían la mayor parte de la belleza de Rosario y puede que otras cosas menos útiles también.

-Hola, Rosario-saludó, siendo ese el primer acercamiento directo entre ellas dos.

-Chiara, estás muy grande. -Chiara sonrió, sin notar el trasfondo de esas palabras. Era la hija mayor de su esposo, por eso, pese a siempre estar en el extranjero, para Rosario no dejaba de ser la sombra de la primera esposa del señor Moretti-. ¿Cómo ha estado tu viaje? -Chiara comenzó a sentirse más tranquila, viendo que la señora se ha mostrado amable. Quizás podía mencionar que le hicieran un cambio de habitación.

-Ha estado muy bien.

-Mañana es tu boda, ¿no estás nerviosa?

-No. O sí. Supongo. Todo esto ha sido muy inesperado.

-¿Dices que no deseas casarte?

-Lo extraño de todo esto es que sí deseo casarme. -Rosario levantó su mano y Chiara se acercó despacio a ella, sentándose a su lado-. Gracias.

-Entendería completamente si no deseas casarte. Los Moretti y los Queen en algún punto de la historia volverían a unirse otra vez, siempre ha sido así. Pero no tienes que ser tú.

-¿No?

-Tienes otras dos hermanas-dijo con una sonrisa desdeñosa.

-Creía que...

-¿Qué se casaban con los hermanos mayores? La hija y el hermano mayor de cada familia. Eso lo sé, pero si no te quieres casar, quedan dos hermanas para hacerlo. Y los Queen tienen hijos menores a Davide. Algunas cosas pueden cambiar, esta es otra generación y está representada por los cambios.

-Pero sí me quiero casar. He aceptado. Y mañana es mi boda-Chiara se puso de pie, pero Rosario tomó su mano, empujándola para que se sentara otra vez.

-Te faltan modales, ¿eso que escuché fue un tono alto de voz que dirigiste hacia mí? ¿No se supone que estabas en uno de los mejores internados? ¿Es que solo era costoso? Porque cada maldito año mi esposo desembolsaba una enorme cantidad de dinero para tu educación, pero veo que careces de ella.

-No le grité.

-¡Y ahora me contestas! ¡Esto es un insulto!

-Pues me disculpo.

-Tu estúpida disculpa no me sirve de nada si no es sincera, ¿quién demonios te crees? -Rosario se puso de pie-. A lo mejor no mereces ser quien se case con Davide Queen-No, para Rosario ella no lo merecía. Tenía dos hijas muy hermosas, que destilaban belleza y elegancia, aptas y dignas para ser quienes enlazaran otra vez a los Moretti con los Queen, pero eligieron a Chiara, solo porque era algo que ya se había dicho. ¿Qué hay de sus hijas? ¿No merecen también ese privilegio? Rosario entendía que para Chiara era un privilegio, uno que no merecía solo por ser la hija mayor de su esposo.

-Soy la esposa elegida-En Chiara se notó un poco de orgullo y seguridad que Rosario se encargaría de aplastar. La boda aún no se realizaba, por lo que, todavía había tiempo de que Chiara Moretti cambiara de opinión.

-Olimpia-Rosario apretó los dientes sin dejar de mirar las cejas fruncidas de Chiara. Se veía muy tranquila, aquella expresión tan noble y calmada pese a que sus cejas querían unirse y en su frente se dibujaban tres líneas, siendo lo único que podía indicar que la joven estaba enojada. Unos tacones resonaron a la distancia, pero se iban acercando con rapidez-, Darnelly.

La señora volvió a sentarse, sus hijas entraron en escena como si estuvieran en una pasarela de modelar.

La primera, Olimpia, llegó con un hermoso vestido blanco de novia, era tan bello, tan todo, que hizo que Chiara se pusiera de pie, sabiendo en ese preciso momento que era su vestido de novia.

Se levantó, incapaz de entender lo que estaba pasando. Rosario la sujetó con más fuerza, devolviéndola a sentarse.

Darnelly, hizo su maravillosa entrada con el vestido de la fiesta. Este también era blanco, rodeado de perlas en la parte de la cintura, con un pequeño vuelo del lado atrás, sus mangas eran pequeñas, discretas, igual que el escote, pero era perfecto para una celebración.

Sus ojos se llenaron de lágrimas, viendo que sus hermanas usaban sus vestidos.

-Son míos-sollozó-. Son mis vestidos. Quiero que se los quiten, por favor.

-Técnicamente no son tuyos. Yo los he comprado. -Razón no le faltaba. Llamó a sus hijas para que se acercaran, ellas lucían unas brillantes sonrisas, bastante cómodas con toda la situación-. Mira, mira de cerca. Una de ellas dos puede ser la novia para mañana. Cualquier de ellas es mejor que tú, perfecta. Solo tienes que decir que no te casas.

-Es mi boda. Me eligieron a ti.

-¡Un derecho que no tiene que pertenecerte! ¡La esposa soy yo! ¡Yo soy la señora Moretti! Y estas son mis hijas, entonces se debió elegir una de ellas. No a ti.

-Quiero que se quiten los vestidos, por favor.

-Los he pagado yo.

-¡Seguro que los pagó mi padre! Entonces son mis vestidos, yo soy la que se casa.

-Eso puede cambiar-dijo una de las gemelas-. Solo di que no te vas a casar.

-Ni siquiera... son mayores de edad-respondió Chiara.

-Davide te lleva alrededor de quince años, se ha esperado a que tú seas mayor de edad, entonces se puede esperar a que mis hijas lo sean. ¿O es que crees que eres la única que puede ser esperada?

-Toda esta situación... es ridícula. ¿A qué hora llega mi padre? Necesito hablar con él.

-No es tu padre, huerfanita-dijo la que estaba más próxima a ella, era Olimpia.

-¿Huérfana? ¿Huerfanita?

-¿No solo a los huérfanos los envían a internados, lejos, en lugares llenos de monjas para ver si de ellas reciben algo de amor? Ya que no hay nadie más que las quiera.

-¡Tengo un padre!

-¡Pero no te quiere!

Sin prestar atención a si aquello era bueno, malo, correcto o muy impulsivo, Chiara empujó fuertemente a Olimpia, haciendo que la joven cayera hacia atrás, acto seguido Darnelly prácticamente saltó contra Chiara, tomando entre sus largos dedos gran cantidad de su cabello y tirando de ella hacia atrás, Olimpia se recompuso muy rápido, llena de ira, intentando que Chiara pagara por haberla empujado. Entre ambas peleaban contra su hermana mayor, una tirando de su cabello y la otra arremetiendo contra su cara, golpeándola frenéticamente. Chiara no se quedaba de brazos cruzados, pero la posición en la que estaba, con la cabeza hacia abajo y sometida por el cabellera, la dejaba en total desventaja, con sus manos intentaba defenderse, pero las gemelas sabían mantener la distancia de esas manos, Chiara quería ir hacia atrás, eso solo arrojaba más dolor hacia ella, sentía que todo su cabello era arrancado de su cráneo, lloraba, pero no dejaba de pelear; cayó al suelo sin que Darnelly soltara su cabello, boca arriba Olimpia intentó ir sobre ella, pero Chiara la pateó hacia atrás, Darnelly dejó un pie sobre su pecho, clavando allí aquel tacón, Chiara soltó un grito desgarrador cuando sintió eso en su pecho, desgarrada por el dolor, sujetó la pierna de Darnelly y la mordió, haciendo que esta la retirara, pero ahora cayó sobre ella, sobre su pecho, dejando la cabeza de Chiara entre sus piernas y sus brazos debajo.

-¡Mataré a esta perra! -gritó Olimpia detrás.

Las hermanas habían sometido a Chiara.

A un lado, todavía sentada en el sofá, Rosario solo las miraba, disfrutando de la paliza que sus hijas daban a Chiara.

Con todo el alboroto, Mildred y Canela, que era la otra señora del servicio, tan solo miraban desde lejos, ocultas sin hacer nada.

Sabían que la llegada de la hija mayor del señor desataría caos, pero jamás se imaginaron que las cosas se darían de esa manera en el primer día.

-Pequeñas, déjenle un regalo en su cara, ya que ella insiste en casarse. Que el novio la vea más horrenda de los que es.

-¡No! ¡No! ¡Suéltame! ¡Suéltame ahora mismo! -lo único que tenía movilidad eran sus piernas. Con ellas intentaba de todo, pero el peso de su hermana no la dejaba hacer mucho más-. Por favor...-comenzó a suplicar, sabiendo que pelear le era imposible-¡Por favor, no!

-Tranquila. De todos modos, ya eres fea.

-¡Señora! -Canela corrió hacia allí, sin ser capaz de solo quedarse mirando mientras hacían eso con la señorita Chiara. Canela la vio nacer, la cuidó en las noches cuando su madre estaba muy cansada y fue el pecho en el que Chiara Moretti lloró cuando su madre murió.

Rosario levantó la mirada hacia Canela, la única del servicio que tenía todos esos años con ella y a quien su esposo no dejaba que ella despidiera.

Canela era una señora de unos sesenta y largos años, su cabello ya canoso y mirada arrugada. Rosario no tenía ninguna queja de ella, salvo que también sirvió a la primera esposa del señor Moretti.

-¿Qué quieres, Canela?

-Si los Queen se dan cuenta de que sus hijas han causado tal daño, dañar su cara antes de la boda, creo que se enojarían bastante con los causantes. Provocar una vergüenza de ese tipo no sería lo indicado justo ahora.

Rosario se lo pensó por unos segundos.

-Déjenla. Y entréguenle el vestido.

-¡Pero mamá! -se quejaron al mismo tiempo. Pero acataron de inmediato la orden de su padre. Darnelly fue la primera en bajar la cremallera de su vestido allí mismo, quedándose en ropa interior, lo arrojó sobre Chiara y se fue hablando por lo bajo, emitiendo insultos hacia Chiara.

Olimpia también obedecería, pero no con la misma facilidad que su hermana.

-¡Oh, por Dios! ¡Mira lo que has hecho! -exclamó, tomando un trozo de tela fina del vestido, lo estiró con ambas manos y la tela hizo aquel típico ruido al rasgarse-. Tenías que haber tenido más cuidado, Chiara-bajó la cremallera y se lo quitó, también arrojándolo sobre Chiara.

Chiara sujetó sus vestidos contra su pecho, sin dejar de llorar, no podía levantar la mirada, tampoco se creía capaz de ponerse de pie.

-¡Sáquenla de mi vista! -ordenó Rosario.

Mildred y Canela ayudaron a Chiara a ponerse de pie, sacándola de la casa en aquel momento.

La dejaron en su pequeña habitación y se marcharon.

Chiara se arrojó al suelo, soltando los vestidos y tocando con cuidado su rostro. Todo le dolía, el pecho por el tacón que su hermana presionó contra ella, la cabeza, el rostro.

Tan solo le quedaba llorar, esperando a que su padre llegara a casa o que llegara el día de mañana para ya casarse y largarse de allí.

Cada vez tenía más confianza en su boda, en tomar esa salida.

Capítulo 3 3

Canela le había llevado cena, pero ella no quiso comer nada, ni beber. Su rostro lo sentía hinchado, los moretones en su rostro, sus mejillas adoloridas por todos los golpes que Olimpia le dio, esperaba que para mañana tuviera mejor aspecto, por eso dejó de llorar, sus ojos ya estaban muy enrojecidos y no quería dañar más su cara.

Le contaría a su padre todo lo que hicieron sus hermanas o lo que Rosario pretende al desear que sean sus hijas las que se casaran con el heredero Queen.

Jamás pensó que la situación tomaría ese rumbo, incluso si no era bien recibida, tampoco llegó a pensar que su "familia" querría humillarla.

La odiaban por cosas que Chiara ni entendía, pero estaba muy segura de que la odiaban.

Le había pedido a Canela que por favor hablara con su padre cuando este llegara para que pasara a verla, porque Chiara no tenía cómo darse cuenta de su llegada.

Alrededor de las once de la noche, su puerta se abrió de golpe.

Era su padre.

Chiara se levantó de un salto de la cama, estudiando el rostro de su padre, informándose sobre su cara, las nuevas arrugas que tenía, su mirada, cosas que no se podían apreciar a través de una foto.

Pero todo lo que vio fue un ceño arrugado que... conforme pasaron los segundos se convirtió en un rostro enojado.

¿Dónde estaba la alegría de verla?

¿Dónde estaba la primera sonrisa luego de tenerla frente a él cuando ya había pasado tanto tiempo?

-Papá... Es bueno verte.

Su padre caminó lentamente hacia ella y se acercó, dejó sus manos en sus hombros, Chiara pretendía abrazarlo, pero... sus manos la mantuvieron lejos, ella lo intentó una segunda vez, verdaderamente quería abrazar a ese hombre, a su padre, pero él se lo impidió por una segunda vez.

Por unos segundos, la mirada de aquel hombre se suavizó, reconociendo en ese rostro, en esa mirada parte de la esencia de su difunta esposa, pero no había afecto hacia Chiara. Llevaba toda una vida alejándola, ahora no sería diferente.

-Espero que todo esto acabe pronto, para que ya te vayas-dejó una mano en su rostro, pero rápidamente la soltó, dándose la vuelta.

-Papá... Yo...-¿qué decirle a un hombre que, luego de años sin verla, esas eran las primeras palabras que salían de su boca? Decidió no rogar amor, afecto, al menos por el momento, pero sí hablar de lo que había pasado-. Olimpia y Darnelly usaron mis vestidos, Olimpia ha roto mi vestido de novia.

-Qué palabras más ridículas. ¿Las atacas y ahora la culpas de que dañaron tu vestido?

-No las ataqué-dijo pausadamente-. Rosario quiere que sean ellas las que se casen en mi lugar.

-¡Son niñas! ¡¿Cómo te atreves a decir eso?! -La fuerte voz de su padre la estremeció y de inmediato sus lágrimas se hicieron visibles, su padre siguió hablando cosas que eran mentiras, que probablemente se las había dicho Rosario o una de sus hijas. Ella no se defendería, él no la dejaría hacer eso y probablemente agregaría más enojo hacia aquel hombre.

Tan solo se quedó escuchando, como si toda la culpa fuera de ella.

Al finalizar su largo y enojado discurso, el señor Moretti se dirigió hacia la puerta.

-Espera, padre. Aún no te vayas, por favor.

-Estoy cansado, tengo que irme a la cama.

-No puedo casarme con este vestido roto. Necesito otro.

-¿Entonces por qué lo has dañado? Tendrás que usarlo así.

-No... fui yo. ¡Fue Olimpia! No quiero llevar mañana ese vestido.

-¡Es media noche! ¡¿Qué es lo que me pides?! ¡Lo rompiste! ¡Asúmelo y resígnate!

-Si mi madre estuviera viva no permitiría que esto pasara. Mi boda sería algo especial, no donde tus hijas intentan tomar mi lugar o tu esposa me humilla. Las cosas serían muy diferentes.

Y eso fue todo cuando dijo justo antes de que el caos bañara la habitación.

Moretti se dirigió hacia su hija y cuando levantó la mano contra su cara, rápidamente Chiara vio su intención e intentó cubrirse, él cambió la trayectoria de su mano, no aceptando quedarse con las ganas de darle un poco de educación a su hija, la empujó contra la pared, pero su fuerza no fue medida, la cabeza de Chiara sonó al chocar y esta, mirando a su padre, se fue deslizando lentamente hasta el suelo, algo de sangre bajando de su cabeza.

Los labios de Chiara se separaron para emitir un quejido, los ojos le ardían, pero su corazón dolía más que su cuerpo.

-No debiste regresar, Chiara. Aquí no tienes nada-dijo, saliendo rápidamente de allí.

-Ni en ningún otro lugar, simplemente no tengo nada-sollozó allí tirada.

(...)

Para la familia Queen, que se había trasladado completa hasta San Francisco, la boda de Davide Queen y Chiara Moretti era la unión que esperaban hace años. Pero no era precisamente Davide quien tendría que estar casándose, por eso había un poco de amargo en toda esa situación.

Si bien él era el hermano mayor, antes no fue así, no cuando aún estaba vivo su gemelo, quien sí era el mayor.

-Al fin llega el día-Había cierta tensión en toda la situación y se notó en la voz de su padre, porque la familia dudaba de que Davide llegara a la boda. Durante los últimos casi veinte años, habían estado castigando a su hijo por la muerte de su hermano. Davide había aceptado cada castigo, cada rechazo, pero hace un tiempo las cosas comenzaron a cambiar cuando Davide encontró el amor.

-Sí, ya es el día-su madre miraba a través de la ventana del hotel donde se hospedaba toda la familia, sin saber nada sobre el paradero de Davide, salvo que ya había llegado a San Francisco.

-Dudo mucho que esa joven pueda hacer algún cambio en el corazón de Davide-dijo su padre.

-¿Y quién espera que ella haga un cambio en esa bestia? Lo único que espero de él es la boda. ¿Y de ella? Herederos.

-Chiara. Tiene un lindo nombre.

-Y estoy segura de que es tan bella como su madre.

-Fue una mujer hermosa-el señor Queen se acercó a su esposa, la rodeó con su mano acercándola a su costado. -¿Y si no llega?

-Hoy habrá una boda, con él o sin él. Tendremos boda-respondió Fiorella fríamente.

-¿Piensas en...?

-Nos quedan dos hijos.

-¿Dante y Nico? Pero Fiorella...

-¿Qué quieres que te diga, Gian? Davide ha intentado subestimarnos desde que está con era prostituta sueca. Si no se casa, pierde el control de las empresas y lo toma uno de ellos dos que se case con la Moretti.

-Quizás eso a Davide no le importe-dijo Gian.

-¿Estás bromeando? ¡Es lo que más le importa! Su único orgullo es ese, no tiene otra cosa. De no llegar hoy a la boda, uno de sus hermanos tomará su lugar.

El señor Queen tragó, poco emocionado con toda la situación.

-Llamaré a los chicos para decirles que es probable que uno de los dos se case con Chiara Moretti.

Mientras él salía de la habitación, ella se permitió llorar ahora que estaba a solas.

Podría ser la boda de su hermoso hijo, del dueño de su corazón, pero él ya no estaba con vida.

Su esposo regresó con sus dos hijos menores

Dante tenía veintinueve años, era un hombre tranquilo, de vez en cuando poco sociable y en ocasiones su malhumor le ganaba, haciendo que se alejara y pusiera aún más distancia de la que pretendía, pero amaba a su madre con todo su corazón, porque veía la tristeza que había en ella y cómo aún no superaba la muerte de su hijo. Podría decirse que era el más comprensible de todos. Aunque su personalidad no era la más alegre, su físico hacía un buen balance, un perfecto balance. Aquellos ojos verdes decían mucho más que su expresión y muy en el fondo era un hombre alegre, pero que no sabía cómo expresar eso. Su cabello castaño siempre lo mantenía corto, era tan alto como su hermano mayor y compartían cierto parecido, más que nada en la forma de su boca y la nariz. Era delgado, de hombros anchos y piernas fuertes, pero delgado. Cuando sonreía, lo hacía de manera sincera.

Contrario a sus dos hermanos, pese a haberse preparado para la gestión empresarial, lo que apasionaba a Dante eran las artes culinarias. Y a eso se dedicaba, su madre lo consideraba uno de los mayores fracasos como hijo, pero él no era de los que se dejaba llevar por las opiniones de los demás, estaba más que preparado para las críticas.

Nico, el menor de los hermanos, era como un sol, pero no cálido y reconfortante, sino caliente y abrazador, fuego probablemente era lo que llevaba en sus venas.

Era un hombre pelinegro de ojos grises, labios gruesos y cejas pobladas, tenía una risa muy llamativa y al igual que sus hermanos era de una belleza envidiable, destilaba sensualidad incluso en su manera de hablar, mirar, sonreír, hasta en su respiración. Solo tenía veinticinco años y se consideraba un hombre sin ataduras, aunque de vez en cuando hacía algo de caso a sus padres, cosa que no ocurría con tanta frecuencia.

Era tan impredecible, que tenerlo cerca dejaba muy nerviosos a sus padres, nunca hacía nada que imaginaras, con él predecir su actuar era prácticamente imposible, se llevaba fatal con sus hermanos y eso iba en varias direcciones, detestaba de manera directa cada cosa que hacían ellos.

Para Nico, Davide era muy serio, Dante muy aburrido, y no le veía sentido a vivir la vida de ese modo. Una vida sin aventuras, para él era un calvario. Su mente no seguía reglas, mucho menos las respetaba.

Aquel hombre era un completo bohemio.

-Puede que uno de ustedes dos se case hoy con Chiara Moretti-La risa de Nico fue lo que siguió luego de las palabras de su madre.

-Espera... ¿estás hablando en serio?

-Sí, no me importa cuál de los dos sea, pero quien lo haga estará al mando de las empresas. ¿Alguno de los dos se ofrece de voluntario?

-¡Mierda! Ya podrías ponerlo más fácil, mamá. Dos cosas que no me gustan para nada. Responsabilidades, matrimonio.

-¿Qué hay de ti, Dante?

-Mamá... ¿es lo que deseas? -Si así su madre lo quería, él estaba dispuesto.

-¡No me lo creo! -exclamó Nico, viendo que su hermano estaba dispuesto-. ¿Al menos has visto a la novia?

-Puedo asegurarte de que es una mujer hermosa, completamente hermosa-dijo su madre.

Esa afirmación ya ponía a Nico a pensárselo.

-Bueno...-¿se lo estaba pensando? -Si es una auténtica belleza italiana, puedo hacer el sacrificio, ¿te importa, Dante?

-No, solo lo haré si no hay otra opción.

-Que a la ligera te tomas un matrimonio-bufó Nico.

-Tú te estás basando en la belleza, ¿y soy yo quien se lo toma a la ligera?

-¡Ya está! No quiero discusiones, tan solo quería que lo tuvieran en cuenta si su hermano no llega a la boda. De todos modos, hay que irnos, vamos con algo de retraso.

-¡Qué más da! Puede que me case el día de hoy-dijo Nico con una sonrisa.

-Verdaderamente que eres impredecible-masculló Dante, sin poderse imaginar a su hermano menor casado con ninguna mujer.

La familia Queen se trasladó hacia la iglesia.

Lo primero que notaron fue la ausencia de su hermano, pese a que todos los invitados estaban allí. Aunque la iglesia no estaba llena, había al menos unas cincuenta personas.

-Ya me duele la cabeza-dijo su madre-. Por favor, Dante y Nico, revisen a ver si su hermano está por los alrededores, ¡se supone que tiene que llegar antes que la novia!

-Tranquila, mamá, vamos a ver si lo encontramos.

El novio no había llegado, mientras que el coche de la novia ya estaba aparcado frente a la iglesia, en espera de que dieran la señal de que Davide Queen ya estaba allí.

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