Introducción
"Luciana, mi amor, Sasha acaba de llegar a la empresa, quiero que la guíes, que le enseñes bien." La suave voz de Máximo, mi prometido, me llenaba de una falsa esperanza. Yo, Luciana Salazar, la genio detrás de la destilación y heredera de un imperio tequilero olvidado, creía que finalmente había encontrado a alguien que me valoraba, a pesar de la cicatriz que ocultaba mis ojos y mi pasado.
Pero su "Sasha", mi hermanastra ilegítima y la mimada de mi familia, apareció en "Castillo Spirits" para destrozar mi mundo. Utilizó su belleza y nuestro apellido para socavarme, llevándole mis ideas simplificadas a Máximo, mientras los colegas me miraban con lástima. Mi informe de "no calificada" fue mi última resistencia.
La humillación fue pública, brutal. En la cata anual, Máximo rasgó mi informe frente a todos, promocionó a Sasha como Jefa de Destilación y me degradó a su asistente, como si yo, la verdadera maestra, tuviera algo que aprender de ella. Las risas resonaron en el salón. Salí, el peso de la vergüenza aplastándome. Luego vino lo peor: Sasha manipuló las pruebas, me acusó de sabotaje y acabé en una celda, donde Máximo me visitó para llamarme "hija bastarda" y venenosa.
¿Cómo pudo el hombre que prometió defenderme creerme capaz de tal bajeza? ¿Cómo pudo un amor tan puro convertirse en veneno tan rápidamente? ¿Qué secreto o qué influencia maligna lo cegó tanto?
Pero el juego había terminado. La Luciana dócil y enamorada murió en esa celda. Ahora, solo quedaba la heredera implacable. Y la venganza, fría como el tequila sin alma de Máximo, acababa de empezar.
"Luciana, mi amor, Sasha acaba de llegar a la empresa, es nueva en todo esto, quiero que la guíes, que le enseñes bien".
La voz de Máximo sonaba suave y cariñosa a través del teléfono, pero yo sentía una frialdad que me recorría la espalda.
Sasha.
Sasha Ramírez, mi hermanastra. La hija ilegítima que mi padre metió en casa después de que mi madre muriera, la niña mimada de él y de mis tres hermanastros.
Y ahora, mi prometido, Máximo Castillo, el hombre que me defendió cuando mi familia me dio la espalda, la había traído a su empresa, "Castillo Spirits", y la había puesto directamente bajo mi supervisión.
"Claro, Máximo, la cuidaré bien", respondí con calma, mientras apretaba el lápiz que tenía en la mano hasta que mis nudillos se pusieron blancos.
Colgué el teléfono y me ajusté las gruesas gafas que siempre usaba. Ocultaban la cicatriz que cruzaba mi mejilla izquierda, un recuerdo de un "accidente" de la infancia, y también ocultaban la mirada afilada que había heredado de mi abuelo, el fundador del imperio tequilero Salazar.
Mi familia me había desterrado, dándome solo una submarca al borde de la quiebra para mantenerme ocupada, mientras Sasha era tratada como la verdadera princesa.
Pero yo era Luciana Salazar, la única que conocía la fórmula secreta que había hecho legendario al Tequila Salazar. Y había entrado en la empresa de Máximo no como una simple restauradora de arte, sino como la heredera que planeaba recuperar lo que era suyo.
Al principio, creí que Máximo era diferente, él vio mi talento para la destilación, no mi cicatriz ni mi ropa sencilla, y se enamoró de mí, o eso creía yo. Su propuesta pública me silenció las dudas y me hizo creer en un futuro juntos.
Pero la llegada de Sasha lo cambió todo.
Esa misma tarde, apareció en mi laboratorio. "Hermana, qué bueno verte aquí", dijo con una sonrisa dulce, ignorando por completo el entorno profesional.
"Aquí soy tu supervisora, Sasha. Llámame Luciana".
Ella hizo un puchero. "No seas tan fría, Luciana. Máximo me dijo que eres la mejor y que debo aprender de ti".
Durante las siguientes semanas, Sasha usó la excusa de "optimizar el proceso" para saltarse mi autoridad constantemente. Llevaba sus "ideas", que en realidad eran versiones simplificadas y erróneas de mis propios métodos, directamente a Máximo.
Usaba su belleza y el respaldo de mi familia para ganarse a los colegas, que empezaron a mirarme con una mezcla de lástima y desprecio. ¿Cómo una mujer tan sencilla y con una cicatriz podía mantener a un hombre como Máximo?
El día que tuve que entregar su informe de prácticas, no lo dudé. Escribí con letra clara y firme: "No calificada. Carece de los conocimientos técnicos básicos y de la disciplina necesaria para el puesto".
Se lo entregué directamente a Máximo en su oficina. Él lo leyó, y por un momento, vi una extraña luz en sus ojos.
"¿Estás segura de esto, Luciana? Es tu hermana".
"Soy profesional, Máximo. Y profesionalmente, ella no está lista".
Él asintió lentamente, dejando el informe sobre su escritorio. "Entendido. Lo tendré en cuenta".
Pero yo sabía, en el fondo de mi corazón, que algo malo estaba a punto de suceder.
La gran cata anual de "Castillo Spirits" era el evento más importante del año. Máximo siempre me pedía que estuviera a su lado, presentándome como su prometida y la mente brillante detrás de sus nuevos productos.
Esa noche, sin embargo, el ambiente era diferente.
Máximo subió al escenario, radiante con su traje a medida. Me sonrió, pero su sonrisa no llegó a sus ojos.
"Gracias a todos por venir", comenzó. "Hoy es un día especial. No solo celebramos otro año de éxito, sino que también damos la bienvenida a un nuevo y brillante talento a nuestra familia".
Hizo una pausa, y su mirada se posó en mí. Por un segundo, pensé que iba a anunciar nuestro compromiso formalmente.
Pero entonces, sacó mi informe sobre Sasha.
"Recibí una evaluación sobre nuestra nueva interna, Sasha Ramírez", dijo, su voz resonando en el silencioso salón. "Una evaluación que la califica de 'no apta'".
Levantó el papel para que todos lo vieran. Los murmullos se extendieron por la sala. Todos los ojos estaban sobre mí, llenos de burla. La restauradora de arte celosa tratando de sabotear a la joven y bella promesa.
Y entonces, Máximo hizo algo que congeló la sangre en mis venas.
Lentamente, con una sonrisa cruel en los labios, rompió el informe en dos, y luego en cuatro, dejando que los pedazos cayeran al suelo.
"Yo no estoy de acuerdo", declaró. "De hecho, creo que Sasha tiene un talento tan excepcional que, a partir de hoy, será nuestra nueva Jefa de Destilación".
El shock en la sala fue palpable, seguido de un aplauso atronador liderado por mis propios hermanastros, que estaban sentados en primera fila.
Sasha subió al escenario, con lágrimas de falsa modestia en los ojos, y abrazó a Máximo.
"Y en cuanto a Luciana", continuó Máximo, su voz ahora fría y distante, "dado que su juicio parece estar nublado por asuntos personales, será reasignada como asistente de Sasha. Estoy seguro de que aprenderá mucho de ella".
La humillación fue total. Las risas ya no eran disimuladas. Eran abiertas, crueles. Sentí el peso de cientos de miradas perforándome, juzgándome, descartándome.
Máximo ni siquiera me miró. Estaba demasiado ocupado sonriéndole a Sasha, su mano posesivamente en su cintura. Eran la pareja perfecta: el magnate poderoso y la joven y hermosa prodigio.
Yo era solo un obstáculo, una vergüenza que finalmente había sido puesta en su lugar.
Me di la vuelta y salí del salón, sin mirar atrás. Mientras caminaba por el pasillo, me quité las gafas y las guardé en el bolsillo. La cicatriz en mi mejilla se sentía tirante bajo la luz fría.
Se acabó el juego. La Luciana dócil y enamorada había muerto en ese escenario.
Ahora, solo quedaba la heredera del imperio Salazar. Y la venganza acababa de empezar.