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La Hija de mi mejor amigo, Mi obsesión

La Hija de mi mejor amigo, Mi obsesión

Autor: : Francis Wil
Género: Romance
Sinopsis: Dorian Langdon es un influyente político de 43 años, conocido por su carisma y su habilidad para navegar en el complejo mundo de la política. Su mejor amigo, Gideon Marlowe, es un empresario exitoso que ha construido un imperio desde cero. Ambos han sido inseparables desde sus días en la universidad y han compartido muchos logros y fracasos juntos. Elektra, la hija de Gideon, acaba de cumplir 20 años, vivía sola con su madre, desde el divorcio de sus padres. En un accidente fallece la madre y vuelve a vivir con su padre. Pero ya no es una niña y Gideon no lo entiende. Así que, finalmente, se fuga para buscar independencia y nuevas experiencias, comienza a trabajar en un exclusivo club nocturno, donde se convierte en una de las bailarinas más populares. Este club es frecuentado por diversas figuras del poder, incluido Dorian. Quien, al no reconocerla, se interesa en ella y al descubrir que es la hija perdida de su amigo, se debatirá entre hacer lo correcto o lo que su corazón desea.

Capítulo 1 Solo bailar

Capítulo 1 -Solo bailar

Dorian:

Esa mujer me había dejado bastante perturbado, por lo tanto pasé una noche bastante inquieto, pero, al día siguiente, la vida cotidiana debía seguir y con ella mis responsabilidades. Así que, luego de tomar una ducha, me dirigí al edificio del Congreso, para continuar con mis actividades como Diputado de la Nación.

-Doctor Langdon, disculpe la interrupción -dijo mi secretaria al entrar en mi oficina -aquí le dejo la agenda del día, doctor.

Y me dejó una larga lista, con horarios y lugares a los que debía ir, e inclusive gente a la que tenía que recibir en mi oficina. Pero mi cabeza no estaba para ningún tipo de reuniones, mi cabeza había quedado en esa habitación VIP. Y así pasaban mis días, y de ser un cliente habitual de ese club, pasé a ser un cliente diario y a cada vez ir más temprano. Incluso, mi ansiedad, me llevó a que una noche tuviera que esperar que abriera. El tiempo que pasamos juntos con Natasha, así me había dicho que era su nombre, cada vez era mayor. No hablábamos demasiado, ella solo bailaba para mí de una manera muy sensual. Hasta, que una noche, no pude evitarlo y me acerqué.

-Creo que ya te lo había dicho, pero bailas de maravilla.

-Sí, ya me lo había dicho -me dijo casi en un susurro -puede hacerlo conmigo, si quiere

Dijo estirando sus manos, las cuales le tomé, y de un tirón me pegó a su cuerpo. Su calor me abrazó y su aroma me embriagó. Dicen que a la gente, se le conoce el alma a través de los ojo,s yo se los había visto solo en la noche que la conocí, luego de eso, siempre los tuvo cubiertos, pero no necesité verlos, sentí que la conocía. En un momento levantó el rostro y no pude evitar pegar mis labios a los suyos, pensé que me iba a rechazar, en lugar de eso abrió su boca, para recibir gustosa mi lengua para invadirla. Junto con ese beso correspondido, mis manos comenzaron a recorrer su cuerpo. Obviamente ella no llevaba mucho la ropa, su piel era perfecta y, al roce de mis dedos, podía sentir como se

le erizaba.

-Ah... -dejó escapar en un momento

-Necesito saber algo -le dije separándome unos centímetros de ella y apoyando mis manos sobre sus hombros.

-¿Qué necesita saber, señor, pregunte? -me respondió un poco temerosa

-¿Tú estás aquí por tu voluntad o te están obligando?

-Yo estoy aquí por mi voluntad

-No me mientas, porque si te están obligando, puedo ayudarte a salir.

-Nadie me está obligando. Yo estoy aquí por mi voluntad, soy perfectamente consciente de lo que estoy haciendo.

-¿Y qué es lo que se supone que estás haciendo?

-Trabajando en un club nocturno como bailarina.

-¿Sólo como bailarina?

-Sí, sólo como bailarina.

-¿Para quién más bailas?

-Para todos...

-Sí, en el escenario -me separé un poco de ella, no sé por qué, pero me molestaba la idea de que pudiera bailar para alguien más -Pero de manera privada, ¿para quién más bailas?

-De manera privada, solo bailo para usted, señor, el encargado no me deja bailar para nadie más.

-Y antes de mí, ¿para cuántos bailaste?

-Para nadie, usted, fue el primero en solicitar que yo le hiciera un baile privado y, como ya le dije, el encargado no me deja bailar para nadie más, es el único.

Me había vuelto loco, estos días, la idea de que ella podría estarse meneando, de esa manera tan sensual, para algún otro hombre, sobre todo, que no la valorara como la valoraba yo y que alguien tratara de ponerle las manos encima, estaba prácticamente quitándome el sueño.

-¿Te haré otra pregunta?

-Las que quiera, estoy aquí para complacerlo -esas palabras hicieron que mi entrepierna reaccionara de una manera que hacía años no lo hacía.

-Precisamente, hablando de complacer; quisiera saber si, aparte del baile, ¿puedo contratar algún otro tipo de servicio de tu parte?

-Tendrá que ser más específico, cuando habla de otro tipo de servicio, porque no le entiendo.

-Bien, te seré claro, quiero saber, ¿si te puedo contratar como acompañante?

-¿Usted, quiere que lo acompañe a algún sitio?

Me reí, no sé si se estaba haciendo inocente o estaba tomándome el pelo.

-Sí, en realidad quiero que me acompañes a la cama y te acuestes conmigo, ¿fui lo suficientemente claro? -le dije de una manera brusca y ya un poco irritado.

Ella se sobresaltó y dio un par de pasos hacia atrás, hasta tropezarse en el sillón y caer sentada. Pude ver como su respiración comenzó a agitarse y temblaba de una manera imperceptible, pero temblaba.

-¿Usted, me está diciendo que quiere que sea una prostituta?

-¡No, no una prostituta, mi prostituta! Porque si dices que sí, no dejaré que nadie, aparte de mi, te toque.

-Es que... -cada vez se agitaba más, no entendía por qué la ponía tan nerviosa el echó acostarse conmigo, se supone que era su trabajo -yo soy solo una bailarina, hay otras chicas aquí para eso.

-Pero yo te quiero a ti, no veo dónde está el problema.

Y me senté a su lado. Y comencé a acariciar su pierna, la cual no dejaba de temblar.

-El problema está... -pero no la dejé terminar la frase

-¿Si es por el dinero?, pide lo que quieras, no es problema.

-No se trata del dinero, se trata de que... no sabría cómo hacerlo.

-No te pido que seas una profesional, si no que lo hagas como lo haces habitualmente con alguien que te gusta, simula que te gusto y listo

-Yo no podría hacer eso...

-Pensé que al menos te agradaba... -rezongué.

-Sí me agrada, aunque no lo he visto, me agrada mucho

-¿Entonces, Natasha, cuál es el problema? -pregunté ya un poco más enojado.

-Que yo nunca he estado con un hombre antes, entonces, no sabría cómo hacerlo.

Eso me había sorprendido, una chica de esa edad, que no hubiera tenido un novio con el cual tener un intercambio sexual, que bailara de la manera tan sensual que lo hacía y que estuviera trabajando en un club nocturno, no era algo que fuera muy lógico.

-¿Me estás diciendo que eres virgen? -no me respondió, solo asintió con la cabeza -¿Por qué estás en un club nocturno, si no es que te están obligando?

-Los motivos son solo míos, lo que le puedo decir; que estoy por propia voluntad, soy mayor de edad y nunca he tenido se*xo con ningún hombre -me moví en el sillón, como para ponerme de pie, mi intención era dejarla ir, pero ella logró tomarme del brazo e impedirlo -pero me gustaría tenerlo

-¿Tener qué cosa? -mi voz se tornó ronca y mis pensamientos turbios.

-Se*xo... -murmuró muy tímidamente.

-¿Si lo que tú quieres es perder la virginidad? -y me acerqué a su oído para murmurarle, mientras le pasaban los labios en el lóbulo -yo puedo remediarlo -Y sin decir nada más, deslicé mi mano entre sus piernas, hasta llegar a su intimidad, mientras atacaba con mi boca la suya. Me encontré con que estaba muy húmeda, lo que quería decir, que en realidad ella también lo deseaba-¡Por Dios, Natasha, estás empapada! -ella no respondía, solo jadeaba -yo puedo enloquecerte si me dejas y llevarte la gloria -le dije deslizando mis dedos por debajo de bragas para llegar hasta su clítoris y empezar a masajearlo. Cuando lo hice, metió un pequeño grito -si algo te molesta, me dices y lo dejo de hacer.

-No, no me molesta... -dijo en un gemido.

Así que continúe jugando con mis dedos, mientras con la otra mano le jalé del cabello, para poder atacar su cuello con mis labios y disfrutar del temblor de su cuerpo, mientras le daba placer. Luego de unos minutos, la observé explotar en mis manos y contra mi cuerpo, algo que hizo que también me corriera dentro de mi pantalón.

-¿Qué debo hacer, yo ahora? -me preguntó agitada, tratando de recobrar la calma. Le acaricié el cabello, con ternura.

-Nada, por hoy, has hecho más de lo que esperaba. Si quieres, mañana retomamos dónde quedamos y podremos avanzar un poco más.

-Eso me gustaría... -se puso de pie, asi que la tomé del brazo y le ayudé a llegar hasta la puerta, antes de abrirla bajó la cabeza...

-Ni siquiera sé su nombre...

-Dorian...

Capítulo 2 Como empezó todo

Capítulo 2 -Como empezó todo

Dorian:

La noche en el club nocturno "Eclipse" siempre tenía un aire de misterio y atracción, pero esa noche era diferente. Había venido aquí en busca de una distracción, algo que me hiciera olvidar por unas horas la pesada carga de mi vida política. La luz de neón y la música envolvente creaban una atmósfera casi mágica, y las bailarinas, con sus pelucas y antifaces, se movían como fantasmas en la penumbra. Desde mi rincón oscuro, observaba el espectáculo. Mi atención se fijó en una nueva bailarina. Algo en su movimiento, en la gracia de sus pasos, me resultaba hipnótico. No podía apartar la mirada. Había algo familiar en ella, aunque no podía precisar qué era. "¿Quién es esa chica?" me pregunté, mientras ella danzaba con una libertad que parecía desafiar cualquier control. A Diferencia de las demás, ella no llevaba antifaz, pero sí una peluca rosa, o tal vez era su cabello, no lo pude saber con certeza en aquel momento. La curiosidad se mezcló con la atracción en mi mente. Necesitaba saber más sobre ella. ¿Por qué me resultaba tan intrigante? Había algo en sus ojos, una chispa de desafío y determinación. Cuando la actuación terminó, me quedé en mi asiento, observando cómo se alejaba del escenario. Decidido, me levanté y me acerqué al dueño del club, un hombre robusto con una mirada astuta.

-Quisiera solicitar un baile privado con esa bailarina -dije en voz baja, señalando discretamente hacia la chica que había captado mi atención-. La que no lleva antifaz y la peluca rosa.

El dueño del club me miró con interés y asintió lentamente.

-¿Un baile VIP? Claro, señor. Podemos arreglarlo. ¿Alguna preferencia especial?

-Sí -respondí, considerando mis opciones -Quiero que sea en una habitación privada y que ella esté con los ojos vendados. No quiero ser reconocido.

El dueño sonrió de manera enigmática y me hizo un gesto para que lo siguiera. Él me conocía, pues yo era habitual de ese lugar, que que era el único sitio en que podía bajar pensiones, sin ser juzgado ni crear ningún tipo de vínculos. Pero también sabía, que bebía y comía algo, disfrutaba de ver a las chicas bailar en el escenario, pero luego me marchaba. Esta era la primera vez que solicitaba tener una interacción con una de ellas, de forma directa y privada.

-Entiendo. Eso puede arreglarse. Sígame, por favor.

Mientras lo seguía hacia una habitación privada, mi mente estaba llena de preguntas y un creciente sentimiento de excitación. ¿Quién era esta misteriosa mujer? ¿Por qué me resultaba tan fascinante? ¿Y sobre todo; por qué estaba haciendo que me comportara de una manera diferente y saliera de mi rutina, de mi zona de confort? La habitación privada estaba decorada con lujo y discreción, con luces suaves y una atmósfera íntima. En el centro de la habitación, había un cómodo sofá y una pequeña mesa con bebidas.

También una gran cama, para hacer lo que a uno le viniera en gana. Me senté en la penumbra, esperando a que ella llegara. Mi corazón latía con fuerza, una mezcla de anticipación y curiosidad. Golpearon suavemente la puerta e indique que entrara con ella venía uno de los chicos que atendía la barra ayudándola a caminar ya que no veía dado que tenía los ojos vendados.

-¿Dónde la quiere? -me preguntó y me hizo sentir de una manera horrible, pues parecía que estábamos hablando de un objeto.

-En el centro está bien, gracias -le respondí de manera cortante, pues, más que molestarme su insinuación, me molestaba que realmente yo la estaba viendo como un objeto. Ella entró en la habitación con los ojos vendados, su figura grácil moviéndose con cautela. Su nerviosismo era palpable, pero también lo era su curiosidad. La observé en silencio, permitiendo que la tensión del momento creciera -Por favor. Relájate, haz lo que te haga sentir mejor-dije con voz suave y controlada.

Ella sonrió levemente, asintiendo.

-Claro, como desees.

Comenzó a moverse al ritmo de la música que sonaba suavemente en la habitación. Sus movimientos eran gráciles y llenos de pasión, cada paso una danza de libertad. La observé, fascinado, mi mente tratando de descifrar el misterio que la rodeaba. Había algo en ella, algo que me resultaba extrañamente familiar y, al mismo tiempo, completamente nuevo. Mientras la noche continuaba, me debatía entre mantener mi anonimato y mi creciente deseo de revelar mi identidad. Pero algo en su forma de moverse, en su presencia, me mantenía cautivado. Ninguno de los dos sabíamos cuán conectados estábamos realmente. Sentí un nudo en el estómago, una mezcla de deseo y ansiedad. No podía apartar la mirada. Cada movimiento suyo era una obra de arte, una expresión de libertad que nunca había visto antes. Y sin embargo, había algo en ella que me resultaba dolorosamente familiar, algo que despertaba recuerdos que había enterrado hace mucho tiempo. Finalmente, la música cesó y ella se detuvo, respirando profundamente. Me levanté, acercándome lentamente, mis pasos resonando en la habitación silenciosa, su respiración se agitó. Le tomé la mano suavemente, sintiendo el calor de su piel bajo mis dedos. Eso la hizo comenzar a temblar.

-Gracias -murmuré, acercándome a su oído, mi voz apenas un susurro, pero el calor de mi aliento golpeo su piel, generando un espasmo en su cuerpo -Eres... increíble.

Ella sonrió detrás de su antifaz, una sonrisa que parecía esconder un millón de secretos.

-Gracias a usted, ¿necesita algo más? -respondió, su voz suave y melódica.

-No, muchas gracias, eso ha ido increíble y suficiente por ahora.

Esa chica, no tenía ni idea lo que había perturbado, no solo mi cuerpo, sino también mi mente. Era la primera vez, que alguien me despertaba un deseo casi irrefrenable, pero me mantuve mi postura. Yo solo quería un baile privado. Y eso era, justamente lo que ella me había brindado.

Mientras salía de la habitación, no pude evitar sentir una punzada de arrepentimiento, pero mantuve la compostura. Quería saber más, descubrir quién era realmente. Pero por ahora, el misterio debía permanecer. Y así, me quedé en la penumbra, con la mente llena de preguntas y el corazón latiendo con fuerza, esperando el próximo encuentro.

Capítulo 3 La Primera Vez

Capítulo 3 -La Primera Vez

Dorian:

Hoy era un día importante, un día que esperaba con una mezcla de anticipación y ansiedad. Sabía que esa noche, en el club nocturno "Eclipse", tendría un encuentro especial con Natasha. El día comenzó con una reunión rutinaria en el Congreso, donde discutimos asuntos políticos que, en cualquier otro momento, habrían captado toda mi atención. Pero hoy, mi mente estaba en otra parte. Mientras los diputados hablaban y discutían, mis pensamientos volaban hacia la noche que se avecinaba. Imaginaba cómo sería el encuentro, cómo reaccionaría ella, y cómo manejaría la situación para asegurarme de que ella se sintiera cómoda y segura. Al mediodía, tomé un descanso para almorzar. Elegí un pequeño café cerca de mi oficina, un lugar tranquilo donde podría concentrarme y planificar el encuentro. Pedí una ensalada y un refresco, pero apenas los probé. Mi mente seguía ocupada con la expectativa de la noche. Me preguntaba si ella estaría nerviosa, si se sentiría cómoda con la venda en los ojos, y cómo podría guiarla de la mejor manera posible. Después del almuerzo, regresé a la oficina para revisar algunos documentos. Intenté concentrarme en el trabajo, pero mi mente seguía divagando. Miré el reloj constantemente, contando las horas que faltaban. Por la tarde, asistí a una reunión con algunos empresarios locales. Hablamos de inversiones y proyectos futuros, pero cada palabra se sentía distante. Me di cuenta de que estaba más nervioso de lo que había estado en años, y eso solo aumentaba mi ansiedad. Finalmente, llegó la noche. Regresé a casa para cambiarme. Me miré en el espejo, tratando de calmar mis nervios. Sabía que esta noche era importante, hacía mucho tiempo que no estaba con una mujer inexperiente y que me gustara tanto. Salí de casa y me dirigí al club nocturno "Eclipse". Mientras conducía, mi mente repasaba cada detalle del plan. Quería asegurarme de que todo fuera perfecto, de que ella se sintiera libre y gozara. Aparqué el coche y caminé hacia el club, mi corazón latía con fuerza. Fui directo hacia la habitación privada, donde todo estaba preparado tal como lo había solicitado. Me senté en el sofá, esperando a que llegara. Mi mente seguía llena de pensamientos, pero ahora había un propósito claro: hacer que esta noche fuera especial. Las luces suaves creaban una atmósfera íntima, perfecta para un encuentro que ambos recordaríamos. Había pedido algo para comer y champagne, aunque no sabía si le gustaba. Había muchas cosas que no sabía de ella, pero estaba ansioso por descubrirlas. Mientras esperaba a que llegara, mis pensamientos vagaban entre el deseo y la curiosidad. No podía dejar de pensar en lo inusual de nuestra conexión, en cómo ella despertaba en mí algo que no había sentido en mucho tiempo. Finalmente, la puerta se abrió y Natasha entró, con los ojos vendados. Su belleza natural, aunque oculta tras la venda, me dejó sin aliento, y por un momento, solo pude observarla en silencio.

-Natasha... -dije suavemente, invitándola a acercarse. Ella caminó hacia mí con pasos tímidos, su nerviosismo evidente. Pude ver la inexperiencia en sus movimientos, y mi excitación fue en aumento. Tomé su mano, guiándola hacia el sofá -No tienes que preocuparte -le aseguré -Estoy aquí para guiarte.

Ella asintió, sentándose a mi lado. Acaricié su mejilla suavemente, mi pulgar rozando su piel con ternura. Sentí cómo se relajaba poco a poco bajo mi toque, e iba confiando en mí.

-Dorian... -susurró, escuchar mi nombre, salir de sus labios, casi me vuelve loco.

-Quiero que te sientas cómoda -le dije -Si en algún momento quieres parar, solo dímelo -Ella asintió de nuevo, su respiración se volvió un poco más rápida. Tomé eso como una señal para continuar, guiando sus movimientos con cuidado y paciencia. Cada toque, cada caricia, estaba destinado a asegurar que ella se sintiera segura y disfrutara. Me había dicho que era inexperta, pero su disposición a aprender y su confianza en mí eran evidentes. La guíe con delicadeza, explicando cada paso, cada sensación, asegurándome de que se sintiera cómoda en todo momento -Confía en mí -le susurré, viendo cómo su cuerpo respondía a mis caricias -Estoy aquí para ti -Le pregunté si deseaba beber o comer algo, pero se negó. Cada vez se acurrucaba más en el sillón, así que me pegué a ella -¿tienes alguna zona que no quieras que te toque o en la que seas demasiado sensible?

-Creo que no... -respondió luego de pensarlo unos segundos -solo aquí, que si algo me roza fuerte o me golpea no me gusta -dijo llevando su mano sobre el brasier al pezón

-Descuida, eso tiene solución -con suma delicadeza le desabroché la prenda y se la quité, dejando sus hermosos y redondos pechos a mi vista -pues te diré que son hermoso, realmente -vi como su cuerpo sufría un pequeño brinco -tranquila, ya te dije que no te haré daño, tienes que confiar en mí.

-Confío, es solo que... -Pero no le dejé terminar la frase y le pasé la lengua por su muy hinchado pezón -Ah... -soltó en un suspiro.

-¿Te molesta?

-No... al contrario -respondió gimiendo.

Así que continué lamiendo sus senos, mientras sentía como su cuerpo comenzaba a temblar. Con mis labios fui subiendo por su cuello hasta terminar en sus labios, mientras mis manos terminaban de despojarla de su ropa. Dejándola desnuda, expuesta a mí. Sin dejar de besarla, hice lo mismo, quedando desnudo también, con la diferencia de que ella no podía verme. Me arrodillé en el suelo y apoyé sus piernas en mis hombros.

-Ahora voy a hacerte lo mismo que anoche, pero no con los dedos, sino con la boca.

Y mis labios comenzaron a circunvalar su zona sensible, haciendo que sus jadeos fueran en aumento, hasta que finalmente pasé la punta de mi lengua por su clí*toris. Eso la hizo gritar.

-Ah... -Así que continué dándole placer, mientras observaba como su cuerpo se retorcía, temblaba y se iba llenando de pequeñas gotas de sudor. No sabía qué hacer con sus manos, así que las apoyó a un costado de su cadera y apretaba el almohadón del sillón. Aquello era un espectáculo, yo tenía muchos planes, pero esta noche sería delicado, no quería generarle temor. Cuando al fin llegó al orga*smo, su espalda se despegó del respaldo y, con los puños cerrados, comenzó a golpear el asiento -Sí, sí, no se detenga, se lo ruego, se lo ruego, se lo ruego -el último fue casi en un murmullo, y su cuerpo cesó los espasmos.

Lentamente, me incorporé y me senté a su lado.

-¿Te ha gustado? -le pregunté con la voz ronca.

-Me ha encantado... -susurró.

-Ahora, ven, siéntate sobre mí, conocerás otra parte del placer -le ordené, mientras me colocaba el preservativo y lo lubricaba.

Obedeciendo, me pasó una pierna por encima, quedando con sus rodillas hundidas en el sofá. Acomodé mi falo en su entrada y tomándola de la cadera, lo sostuve firme.

-Uch... -se quejó.

-Eres muy estrecha, así que hazlo muy lentamente, pero necesito que comiences a bajar -Apoyó manos sobre mis hombros, para ayudarse con el equilibrio y comenzó a bajar lentamente. Su respiración se detenía, cuando el dolor la aquejaba, pero no se quejaba -¿duele?

-Un poco, pero me gusta -eso hizo que mi miem*bro reaccionara, y terminó de sentarse.

-Quédate quieta unos segundos... -cuando nuestros cuerpos se acostumbraron, con mis manos le guie los movimientos para que empezara a bajar y subir -eres hermosa, Natasha.

-Elektra... -murmuró.

-¿Cómo dices?

-Que mi nombre es Elektra.

Ante ese ataque de sinceridad, que solo me confirmaba la confianza que esa chica me había cogido, le retiré mis manos de su cadera y le desaté el vendaje de sus ojos.

-Muy bien, Elektra, dejaré que me veas, confío en ti como tú estás confiando en mí.

Le costó un poco abrir del todo sus ojos, claramente la luz la incomodaba un poco, imagino que también tendría una visión algo distorsionada. De pronto, mi cuerpo se erizó, al ver como su mirada se fijaba en la mía con una intensidad inesperada.

-Dorian... -me dijo y pegó sus labios a los míos, mientras metía su lengua en mi boca.

Mientras nos devorábamos en un beso, mi miembro exploró dentro de ella y su cuerpo también se llenó de espasmos, mostrando así que había llegado nuevamente al clímax.

-Tienes un nombre precioso, ¿por qué usas otro? -le dije, cuando al fin nos relajamos, pero aún no nos separábamos.

-Sugerencia de una de las chicas -sonrió -el suyo también es bonito

-Gracias, pero puedes tratarme de tú.

-Bien -dijo mientras acariciaba mi rostro -¿puedo ser sincera contigo?

-¡Claro que sí!, la sinceridad es una cualidad que admiro en cualquier persona.

-Me he llevado una grata sorpresa.

-¿Ah, sí?

-Como hacías que me vendaran los ojos, creí que eras muy feo, más viejo, tal vez calvo o con alguna cicatriz horrenda -y se acercó hasta casi rozar sus labios con los míos -pero eres bello, a decir verdad, muy bello -y volvió a besarme, con unas ganas, que hizo que mi miem*bro se pusiera erecto nuevamente sin haber salido de ella.

Esa chica iba a lograr matarme...

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