Punto de vista de Olivia:
Me desperté con la luz del sol cayendo sobre mis ojos, y cuando miré el reloj, me di cuenta de que llegaba cinco minutos tarde.
'Ay, no', maldije en mi interior, e inmediatamente me levanté para prepararme.
En cuestión de segundos, me lavé los dientes, me peiné mi cabello y me lo trencé.
No me arriesgué a hacerme una cola de caballo porque la última vez, la maldita de la manada, quien siempre decía que yo era la persona más fea pero aun así estaba celosa de mí, me cortó algunos mechones de cabello.
Tras peinarme, me puse una camiseta gris vieja y unas mallas negras, así como unas zapatillas, y me apresuré a ir a la cocina.
Cuando entré, mis ojos se encontraron con otros de color marrón oscuro.
Lucas, el mayor de los trillizos, estaba ahí también.
Al verlo, inmediatamente supe que tendría que enfrentar muchos problemas.
Tratando de calmarme, respiré hondo y me incliné frente a él.
"Lo siento Alfa, llegué tarde porque...". Él no me dejó terminar.
"Porque estuviste follando con un hombre hasta altas horas de la noche, ¿verdad? Eres un pedazo de mierda tan inútil". Nada más terminó de hablar, golpeó su puño contra la encimera, haciéndome estremecer.
Los trillizos siempre habían usado palabras hirientes cuando se dirigían a mí, pero desde los últimos dos años, ya superaban todos los límites. No paraban de cuestionar mi carácter y lanzarme insultos.
A pesar de que lo intenté, no pude detener las lágrimas que amenazaban con caer de mis ojos.
Entonces, Lucas vino dando pasos desafiantes hacia mí y agarró mi rostro con rudeza entre sus manos.
"No quiero ver tus lágrimas de cocodrilo, hija del traidor. Detén estas lágrimas falsas y ponte a trabajar", ordenó con disgusto en su voz antes de empujarme hacia un lado.
Finalmente, salió de la cocina sin siquiera mirarme.
Cuando al fin me quedé sola, recosté mi espalda pesadamente contra la pared y rompí a llorar. No obstante, traté de mantener mis sollozos casi imperceptibles, ya que estaba segura de que si algún miembro de la manada lo notaba, comenzaría a insultarme. Abracé mis rodillas con fuerza, pero no pude detener el llanto.
¿Por qué mi vida tuvo que dar este giro? ¿Por qué?
Sabía que mi padre no era el traidor. Él amaba su manada: amaba al tío Brian (Alfa) y a la tía Lucy (Luna).
La imagen del cuerpo magullado y sin vida de la tía Lucy todavía me perseguía cada vez que la recordaba. Ella era la mujer a la que más había amado en mi vida, incluso más que a mi madre, quien había muerto tratando de salvarla.
Luego de eso, ella empezó a tratarme como a su propia hija; así, aprendí a amarla.
También amaba al tío Brian, pero los trillizos ya no me permitían ir a visitarlo.
Ya habían pasado seis años desde la última vez que lo vi. Él había quedado paralizado desde aquella horrible noche.
También perdí a mi padre y a la tía Lucy, así como a los trillizos, quienes solían amarme y cuidarme. Esos ojos que me solían mirar llenos de amor, ahora solo reflejaban el odio que sentían por mí.
Ver su desprecio me causaba un gran dolor. Yo los amaba mucho, pero sabía que me odiarían para siempre.
Vi a mi papá ardiendo vivo frente a mí.
Pensé que me creerían, pero no lo hicieron; prefirieron confiar en Gamma, al igual que todos los demás.
Flashback:
Aquella noche, trasnoché llorando mientras sostenía las cenizas de mi papá en mis manos.
Cuando vi a los trillizos llegar de su viaje, corrí hacia ellos. Estaban sonriendo.
Quizás nadie les había dado la noticia todavía.
Al primero que vi fue a Alex, el trillizo mediano, y lo abracé con fuerza.
En sus brazos, empecé a llorar nuevamente.
"¿Qué pasó, Olivia? ¿Por qué lloras?", preguntó Alex preocupado.
"¿Por qué hay tanta sangre en tu vestido y en tu cuerpo? ¿Alguien te hizo daño?", agregó Lucas exaltado, comprobando si tenía alguna herida.
"La tía... el tío...", balbuceé apenas, hasta que no pude contenerme más, y rompí en un llanto desconsolado.
"¿Qué les sucedió a mi mamá y papá, Olivia?", preguntó Benjamin, el más joven de los tres, entrando en pánico.
"Vayamos a ver a Oliver, chicos", propuso Lucas, el mayor de los hermanos.
"Mi padre...", murmuré y les mostré las cenizas que tenía en las manos. Entonces, sus ojos se abrieron con incredulidad.
Sin poder contener mis lágrimas, caí de rodillas. Ellos apenas pudieron articular las palabras.
"Olivia, cuéntanos qué pasó", pidió Lucas, cuyas manos temblaban levemente.
"Yo les contaré todo lo que pasó". La voz de Gamma retumbó desde atrás.
Entonces me volteé, y vi esos asquerosos ojos verdes que destilaban maldad.
Este comenzó a acercarse a nosotros, mostrando algunas lágrimas falsas.
"¡Su padre mató brutalmente a Nuestra Luna!", gritó mientras me señalaba.
Al escuchar sus palabras, los ojos de los trillizos se abrieron por escepticismo.
"El tío Oliver nunca sería capaz de hacer eso", exclamó Benjamin, incrédulo.
"Lo encontramos junto al cadáver de su madre, con el mismo puñal con el que la cortaron el cuello. ¿Necesitas más pruebas?", insistió Gamma enojado.
En ese momento, Alex perdió el equilibrio y tuvo que recostarse contra el auto para no caerse. Vi cómo las lágrimas inundaron los ojos de los tres.
"Y además, encontramos en su bolsillo el mismo veneno que fue inyectado en el cuerpo de su padre. Ahora está paralizado". Gamma enfatizó la última palabra.
"¡No!", grité de repente. "Es una trampa. Créanme, papá nunca haría algo así. Todos ustedes lo conocen muy bien". Seguidamente, me levanté y los miré.
Sin embargo, Gamma se apresuró a decir: "Cállate, hija del traidor. Todo lo que haces es defenderlo. No es de extrañar que seas como tu padre".
"No te atrevas a decir nada sobre mi papá. Repito, él jamás haría algo así", le respondí, y él me tomó del cabello con rudeza, causando que gritara de dolor.
"Ahora pagarás por los actos de tu padre, pequeña mocosa. Voy a hacer que tu vida se convierta en un infierno", amenazó con sus palabras llenas de odio. Me sostenía con tanta fuerza que sentí que se me caería la cabeza.
Volví a gritar.
"Lucas, tú sabes que papá es incapaz de hacer eso. Ayúdame", rogué, pero él miró hacia otro lado.
Entonces, mi corazón se rompió en pedazos.
Ellos se habían creído las mentiras de Gamma, al igual que los demás.
"Llévensela al calabozo". Gamma me arrojó frente a los guardias, provocando heridas en mis rodillas debido al choque con el suelo áspero.
Esto me hizo llorar de dolor, y miré a los trillizos con los ojos llenos de lágrimas Sin embargo, ninguno de ellos me ayudó.
Uno de los guardias me arrastró y me lanzó al calabozo.
Ni siquiera se me permitió asistir al funeral de Luna.
Al día siguiente, Gamma me sacó del calabozo y me obligó a hacer todos los trabajos de la casa en la que convivía la manada.
Esa sería mi tarea de ahora en adelante.
Desde ese día, mi vida se volvió un infierno. Tenía que hacer la mayor parte del trabajo de la casa, lo que incluía servir a las novias de los trillizos, y también soportaba múltiples bofetadas y patadas por parte de Gamma.
No podía dejar de llorar, y tuve que taparme la boca para que nadie pudiera oírme.
Cuando escuché pasos, rápidamente me sequé las lágrimas y me puse de pie.
Inmediatamente comencé a trabajar. Lo primero que hice fue preparar el desayuno para todos.
Los miembros de la manada comenzaron a llegar; algunos me sonrieron, otros me miraron con disgusto y algunos no mostraron expresión alguna.
Entonces, vi llegar a los trillizos junto con sus novias.
No obstante, cuando me miraron, aparté la mirada.
Honestamente, me dolía mucho verlos con otras chicas, pero por suerte nunca desarrollé mis sentimientos por ellos. Sabía que un día encontraría a un hombre que me salvaría de todo ese sufrimiento y me ayudaría a revelar al verdadero culpable. Además, los trillizos ya habían encontrado a sus compañeras, así que no me convenía dejar que mis sentimientos por ellos aumentaran.
Luego de preparar el desayuno, comencé a servir a todos. Algunas personas me lo agradecieron y otras me ignoraron como siempre.
"Dame un sándwich, basura", ordenó Benjamin, lo que provocó la risa de su novia.
Sin decir nada, obedecí y continué sirviendo a otros miembros de la manada.
"¿Dónde está mi jugo?", preguntó la novia de Lucas.
"Lo siento, señorita. No sabía que quería jugo. Por favor, dígamelo y se lo prepararé", respondí en un tono cortés para evitar que volvieran a insultarme.
"¿Cómo te atreves?", gritó ella de repente, al mismo tiempo que golpeó la mesa con el puño y se levantó de la silla.
La miré confundida, ya que no había dicho nada ofensivo.
Seguidamente, ella caminó hacia mí y me agarró la cara con dureza clavándome las uñas en las mejillas.
Si hubiera querido, podría haberla arrojado directamente por la ventana sin siquiera usar toda mi fuerza, pero no quería volver a soportar las cadenas de plata. La última vez que lo hice con la novia de Alex, me dejaron sin comer por dos días y me ataron con esas cadenas.
En aquel momento, vi que algunos de los miembros de la manada me miraron con lástima.
"Además de ser una perra fea, ni siquiera puedes hacer bien tu trabajo, y para colmo, dices que no sabías lo que quería", dijo con odio, clavando con más fuerza sus uñas en mis mejillas, algo demasiado doloroso.
"Necesita aprender una lección, Alice", agregó la novia de Alex con un brillo maligno en los ojos.
"Tienes razón". Sonriendo, Alice tomó una taza de café caliente y me la echó encima.
A pesar de que me cubrí la cara, la ardiente bebida cayó por mi barbilla, mi cuello y una parte de mi mejilla.
Escuché jadeos por todas partes en la habitación.
En el instante en el que el café tocó mi cara, mi piel comenzó a arder.
No pude evitar gritar al sentir mi piel quemarse.
Al no poder soportar el dolor, traté de correr a la cocina para echarme un poco de agua fría en la cara, pero ella me sujetó la muñeca.
"Tienes que soportar el dolor, maldita", declaró intentando detenerme, pero con un movimiento rápido y brusco, logré apartar su mano.
Ella se tropezó sobre sus tacones, y casi se cayó al suelo.
Definitivamente no podía luchar contra mi fuerza.
Sin dedicarle una mirada más, corrí a la cocina y abrí rápidamente el grifo para echarme agua fría en la cara.
Si bien sentí que mi piel se enfrió un poco, todavía me dolía excesivamente.
El ardor era tan fuerte que comencé a llorar.
De repente sentí un dolor agudo en mis pies.
Cuando me volteé, vi a la novia de Lucas de pie con una sonrisa en el rostro. Había clavado sus tacones altos en mis pies y ahora había sangre brotando de la herida.
Esa fue la gota que colmó el vaso. Ya me había hecho sufrir demasiado, y el hecho de que continuara tratando de causarme más dolor, me enfureció.
Entonces, sin poder controlar mi ira, la abofeteé con fuerza, haciendo que cayera al suelo con un simple ataque.
Punto de vista de Olivia:
La novia de Lucas me miró con los labios ensangrentados.
"Mantente alejada de mí", le advertí. Luego me agaché y presioné sobre la herida en mis pies para evitar que siguiera sangrando.
Ella se puso de pie, así que pensé que se iría.
Pero estaba equivocada.
"Mírame, maldita", dijo, y por curiosidad levanté la mirada.
Para mi desgracia, la vi sosteniendo una gran tetera con agua hirviendo, lo que me asustó.
En ese momento, los trillizos corrieron hacia nosotras.
Cuando llegaron a la puerta, ella me arrojó el agua hirviendo de la tetera.
"¡Alice, no lo hagas!", gritó Lucas con los ojos muy abiertos y en estado de shock, pero ya era tarde.
Rápidamente usé mis manos como escudo, y estas fueron las que se quemaron en lugar de mi cara.
Grité de dolor; todo mi cuerpo estaba ardiendo. Peor aún, cuando caí al suelo estremecida, vi que esa maldita tenía una sonrisa victoriosa en su rostro.
Incluso me resultaba difícil mantener los ojos abiertos; comencé a sentirme mareada. Cuando al fin logré abrir los ojos, vi la mirada horrorizada de los trillizos, quienes parecían preocupados.
"¿Cómo te atreves?", preguntó una voz familiar.
Entonces miré hacia la puerta y vi a Erik.
Él era mi único amigo en la manada, el Beta actual, que también era el hijo de Gamma.
Erik nunca había sido cruel conmigo, e incluso tras escuchar los insultos de su padre, solía acercarse a mí y darme comida.
Era como un hermano para mí. Es más, a veces me compraba ropa a escondidas. Yo lo amaba.
Erik corrió hacia mí, pero se mantuvo de pie, dudando si debía abrazarme o no porque todo mi cuerpo estaba rojo.
"Olivia", me nombró. Su tono de voz indicaba que estaba a punto de llorar. De alguna manera me ayudó a sentarme y lo abracé rompiendo en llanto.
Me dolían las manos a causa de la quemadura, pero ahora me sentía segura. Literalmente comencé a gritar mientras enterraba mi rostro en su pecho.
"¡Shhh! Olivia, todo estará bien. Te llevaré al médico ahora mismo", intentó calmarme mientras me daba palmaditas en la espalda, que como no estaba quemada, no me dolía.
"Mi piel arde como el infierno, Erik. Por favor, mátame. Ya no puedo soportarlo. Por favor, por favor, por favor", rogué.
Él no respondió, así que insistí:
"Por favor, Erik. Quiero estar con mi papá. Él nunca me lastimaría. Por favor, te lo ruego". Las lágrimas caían descontroladamente por mi rostro.
Al escuchar mis palabras, Alice se burló con su característica voz nasal: "Por supuesto que quieres estar con el Traidor. Eres igual a él, maldita perra. Mereces pudrirte en el infierno".
"¡Alice, cállate ya!", exclamó Lucas.
"Bebé, tú...", balbuceó ella, incrédula.
"Suficiente", gritó Erik.
Acto seguido, llamó a los guardias.
"Llévenla al calabozo", les ordenó mientras me cargaba en sus brazos.
El intenso dolor de las quemaduras provocaba que siguiera llorando.
Uno de los guardias vaciló, e intentó reclamar, pero Erik lo interrumpió diciendo:
"Soy el Beta de la manada de la Luna Llena, y te ordeno que la lleves al calabozo". Con eso bastó para que los guardias comenzaran a arrastrarla.
"¿Cómo te atreves? Lucas, dile algo. ¿Cómo puede hacerme esto?", se quejó Alice mientras los guardias se la llevaban.
"Si Alfa dice algo sobre este asunto, estaría insultando su posición", expuso Erik mirando a Lucas.
Sorprendentemente, este último no protestó, y simplemente asintió con la cabeza hacia el guardia.
Este entendió el gesto y la sacó de la habitación. A pesar de que ella siguió gritando, Lucas la ignoró.
"Gracias por serle fiel a tus deberes, Alfa", finalizó Erik antes de emprender su camino hacia el médico de la manada con su súper velocidad.
"Pronto estaré contigo, papá". Eso fue todo lo que pude murmurar antes de caer en la oscuridad.
... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ....
Todo estaba oscuro, pero de repente, vi mi antigua habitación en un rincón. Entonces, la habitación se abrió, haciéndome estremecer.
Me vi a mí misma de niña, jugando con mi padre.
Este me perseguía con un divertido atuendo de tigre mientras yo jugaba a dar un concierto.
Cuando vi a la tía Lucy, me escondí detrás de ella.
"Ni siquiera tu tía Lucy puede salvarte hoy, Olivia", dijo papá en un tono amenazador, haciéndome reír aún más.
La tía Lucy también se reía de nosotros dos.
"Pero yo sí puedo". El tío Brian apareció en la habitación y corrí a sus brazos antes de que mi papá pudiera atraparme. Rápidamente, él me levantó y me dio un beso en la mejilla.
"Tu héroe está aquí, Olivia", anunció cariñosamente, y lo abracé sin dejar de cantar.
"¿No hay un abrazo para mí?", preguntó la tía Lucy acercándose, y me apresuré a saltar hacia sus brazos; ella besó mi frente.
Al ver esos recuerdos de mi infancia, no pude evitar sonreír, y mis ojos se llenaron de lágrimas.
Todo era perfecto.
"Nadie me quiere", se quejó mi padre fingiendo una voz triste y la tía Lucy me hizo una señal con los ojos para que le diera un beso a él también.
Así, me incliné y le besé en la mejilla.
De repente, la puerta se cerró y todo volvió a oscurecerse.
"No, están en la habitación", exclamé corriendo hacia la puerta.
Traté de abrirla, pero fue inútil.
Sin cesar, empecé a golpearla con todas mis fuerzas.
Estaban dentro de la habitación, y yo necesitaba que se abriera para encontrarme con ellos.
Empecé a gritar sin parar.
No obstante, todo fue en vano.
"¡Abran la puerta!", grité y abrí los ojos.
En ese momento, me percaté de que estaba en el hospital de la manada; sentí que alguien me estaba abrazando.
"Olivia, ¿estás bien?". Cuando reaccioné, me di cuenta de que era Erik quien me abrazaba.
"Papá, tía, tío", me liberé del abrazo y comencé a buscar por todos lados.
"Olivia, cálmate", me pidió.
"Estaban en mi antigua habitación. Tienen que seguir ahí". Cuando traté de levantarme de la cama, Erik me detuvo.
"¿Qué diablos te pasa? Vi que estaban en mi habitación", grité y lo empujé.
"Cálmate, Olivia, fue solo un sueño", respondió Erik. Sus palabras me hicieron enojar.
"No pudo haber sido un sueño. Los acabo de ver. Yo estaba en los brazos de la tía Lucy. Sé que era real. Necesito ir a esa habitación y abrir la puerta. Ellos están adentro. Los encontraré ahí", exclamé impaciente.
"Olivia", me nombró Erik de nuevo mirándome con lástima e intentó abrazarme.
Yo lo aparté rápidamente. "Déjame".
"¡Olivia, basta!", rugió mi amigo haciéndome estremecer.
"Están muertos. Ya han pasado seis años. Tu papá y tu tía Lucy están muertos, y tu tío Brian está paralizado. ¿Lo entiendes?", explicó exaltado mientras sostenía mi cara con ambas manos.
Entonces, la realidad me golpeó como un rayo. Erik tenía razón, todos estaban muertos. Solo había sido un sueño en el que vi algunos recuerdos de mi infancia.
En ese momento, se me llenaron los ojos de lágrimas que no pude detener. Ante esto, la expresión de Erik se suavizó.
Me abrazó con fuerza para que descargara mi frustración en sus brazos.
"Los extraño, Erik. Los amo tanto. Si estuvieran aquí, nunca habrían dejado que nadie me lastimara. Además, ni Lucas, ni Alex, ni Benjamin me odiarían. Extraño a los trillizos de antes", me quejé entre sollozos.
Los amaba tanto, y por eso me odiaba a mí misma.
Incluso después de lo que habían hecho, todavía los amaba. Los había amado desde mi infancia, y esos sentimientos nunca cambiaron.
Por eso, me dolía mucho pensar que ellos solo sentían odio y desprecio por mí.
"Todo va a estar bien, Olivia", me tranquilizó Erik frotando mi cabeza.
"Auch", me quejé al sentir el dolor en mi cuello.
"¿Qué sucede?", preguntó Erik preocupado.
"Me arde", dije con lágrimas en los ojos. Me sentía muy mal, y lo que más me dolía era que los trillizos no me hubieran protegido.
"Todo acabará muy pronto". Erik acarició mi mejilla de manera fraternal.
"Prometieron protegerme, Erik", pronuncié mientras miraba los vendajes en mis manos.
Luego agregué: "Dijeron que nunca dejarían que nadie me pusiera un dedo encima". Para ese momento, ya no podía parar de llorar.
"¿Es así como todos cumplen su promesa?", pregunté mostrándole mis vendas.
Entonces, los ojos de Erik también se cristalizaron.
"No puedo soportar más esto, Erik. Ya no puedo. Ellos me prometieron...", no pude continuar porque comencé a sentirme mareada, y de repente, todo a mi alrededor se volvió negro de nuevo.
Punto de vista de tercera persona: En el hospital.
Los trillizos se habían quedado fuera de la habitación porque no querían que Olivia se asustara al despertarse.
Cuando Erik se apresuró a salir de la casa con la chica en brazos, ellos no dudaron ni un segundo en seguirlo.
Y es que se sentían bastante culpables, pero la verdad era que no pensaban que Alice haría algo como eso.
En el instante en el que ella arrojó el café caliente a la cara de Olivia, Lucas quiso ayudarla, pero enseguida recordó lo que les había dicho Gamma.
Su memoria viajó unos años atrás.
"Recuerden que todo lo que le hagamos se lo merece", les advirtió Gamma a los tres después del funeral de Luna.
"Nada más piénsenlo, de tal palo, tal astilla; al igual que su padre, también debe estar fingiendo inocencia. Todo en lo que deben pensar es en vengarse, pues ella debería pagar por la traición de ese maldito", agregó el hombre con determinación.
Ante tales palabras de su tío, los trillizos se limitaron a asentir.
Con eso, la memoria de Lucas volvió al momento del incidente.
Él se contuvo para no ayudar a Olivia.
Y cuando notó que Alex estaba a punto de levantarse, lo detuvo también.
Los gritos de la chica hacían aullar de tristeza a sus lobos internos, pero desviaron la mirada para ignorar la escena.
Ellos sabían que Olivia era lo suficientemente fuerte. Sin embargo, no pudieron evitar preguntarse si realmente era correcto no ayudarla esta vez. ¿Se merecía ella un trato como ese?
Era obvio que no, y por mucho que sus lobos les gritaran, ellos los ignoraron.
Tan pronto como Alice fue tras Olivia, los tres supieron que habría serios problemas.
No obstante, ya dudaban en ir o no, ni hablar de intervenir.
Alex fue el primero en levantarse.
"¿A dónde vas, cariñito?", preguntó en voz nasal Mia, su novia, la cual provocó que tanto él como su lobo se enojaran. Al final, fue su lobo quien tomó el poder.
"Cierra la maldita boca y solo habla cuando sea necesario, ¿entiendes?", espetó él en respuesta, y con un fuerte golpe a la mesa, sobresaltó a la chica.
Los miembros de la manada miraron en dirección a ellos; algunos parecían alarmados al ver a Alex tan enojado, pues su lobo era peligroso.
De hecho, era el más despiadado de los tres.
Mia también estaba temblando de miedo.
"Cálmate", le dijo Lucas a través de su enlace mental.
Dado que este era el mayor, era el deber de Alex hacerle caso, de modo que se controló un poco.
Sin embargo, escucharon un ruido sordo de repente.
Anna, una de las mujeres mayores de la manada, dijo: "Estoy segura, Alfa, de que Alice va a recibir su merecido hoy. Todos sabemos que ninguna de nuestras lobas puede vencer a Olivia".
Algunos de los presentes a los que les agradaba Olivia se rieron mientras que otros intentaron contener la risa.
"Silencio", ordenó Lucas, y todos se callaron.
"Creo que deberíamos ir", propuso Benjamin, y de inmediato se apresuraron hacia la cocina.
Cuando estuvieron cerca de la cocina, Benjamin se percató de que los pies de Olivia estaban sangrando.
"Tiene los pies heridos", dijo preocupado sin detener su paso.
No obstante, antes de que pudieran llegar, notaron que Alice sostenía una gran tetera, de la cual se podía ver el vapor de agua caliente.
"Mírame, maldita", escucharon con su agudo oído.
A pesar de que llegaron con su súper velocidad, Alice también fue rápida arrojando el agua.
"¡Alice, no...!", gritó Lucas.
Nada más el agua tocó la hermosa piel de miel de Olivia, esta se enrojeció.
Ante tal escena, los trillizos quedaron horrorizados. Ellos no pudieron detener ese horrible evento porque simplemente habían llegado tarde.
Los gritos de Olivia rompieron sus corazones, y el dolor que sentían en su interior era muy agudo.
Benjamin tenía impulsos de arrancarle la cabeza a Alice, pero el cadáver de su madre apareció en su cabeza y frenó sus instintos asesinos.
Aunque Alex quería abrazar a Olivia, recordó a su paralizado padre y de inmediato se esfumó cualquier buen sentimiento por la chica.
Y por su parte, Lucas quería ayudarla, solo que se abstuvo de hacerlo al recordar lo que les dijo Gamma.
Sin encontrar palabras que decir y sin saber qué hacer tampoco, los cerebros de los tres parecieron dejar de funcionar.
Entonces llegó Erik.
Él se había despertado tarde, pero nunca esperó ver a Olivia en ese estado.
Apenas Olivia le pidió que la matara porque ya no podía soportar el dolor, Erik miró con odio a los trillizos.
Si bien estos tenían los ojos aguados, Lucas era el que se veía peor porque él era de hecho el más violento con Olivia.
Tras mandar a Alice al calabozo, Erik no olvidó hablarle con disgusto a Lucas.
Mientras los seguían, los hermanos escucharon a Olivia decir: "Allá voy, papá...".
Y sus corazones se encogieron de miedo.
La culpa los estaba devorando.
¿Y si le pasaba algo a Olivia? Lo cierto era que nunca podrían perdonarse si algo le sucedía.
Fuera de la habitación del hospital, la escucharon gritar, y la desesperación comenzó a invadirlos.
Lucas quería entrar, pero Alex le agarró por la muñeca.
"No lo hagas. Erik cuidará de ella", le dijo.
Desde donde estaban, podían escuchar casi a la perfección todo lo que decía Olivia.
Ante eso, Alex no pudo contener sus lágrimas.
Por su parte, Lucas sí consiguió controlarse, pero parecía que Benjamin también estaba a punto de dejarse llevar por el llanto.
En el momento en el que Erik le gritó a la chica, los tres se enojaron.
¿Pero quiénes eran ellos para indignarse o decir nada? Ellos eran los que trataban a la pobre Olivia peor que nadie.
"Los extraño, Erik. Los amo tanto. Si estuvieran aquí, nunca habrían dejado que nadie me lastimara. Además, ni Lucas, ni Alex, ni Benjamin me odiarían. Extraño a los trillizos de antes". Al oír lo que ella dijo en esas últimas líneas, ninguno de los tres pudo reprimir más sus lágrimas.
Aunque era cierto que sus padres los habrían odiado por tratar así a Olivia, el propio padre de la chica era el motivo de los sufrimientos por los que ella estaba pasando.
Olivia estaba pagando por las acciones de su padre.
"Contrólense, muchachos. No podemos ser débiles", expuso Lucas, secándose las lágrimas.
"Ella no se merece esto", comentó Alex, mirando al suelo.
"Sí se lo merece. No olvides lo que hizo su padre", replicó Benjamin, cuya expresión se había transformado drásticamente en pura frialdad.
Alex estaba a punto de decir algo cuando se volvió a oír la voz de Olivia.
"Prometieron protegerme, Erik".
Entonces el semblante duro y frío como una piedra de Benjamin desapareció al recordar la promesa que le habían hecho.
"Dijeron que nunca dejarían que nadie me pusiera un dedo encima".
Al escucharla, Lucas suspiró.
"¿Es así como todos cumplen su promesa?".
Alex se enojó consigo mismo por no cumplir su palabra, y por todas esas veces en las que ignoró las torturas que Olivia había recibido.
"No puedo soportar más esto, Erik. Ya no puedo. Ellos me prometieron...", dijo Olivia hasta que su voz se detuvo con una fuerte exhalación.
Los trillizos se quedaron sin aliento de repente.
"Olivia, despierta. ¡Olivia!", exclamó Erik en pánico.
Sin pensarlo dos veces, Alex abrió la puerta y se apresuró a entrar, seguido por sus hermanos.
Lo que los recibió fue el cuerpo inconsciente de Olivia en los brazos de Erik.
"¿Está respirando?", preguntó Benjamin, presa del pánico.
"Sería mejor para ella que no lo estuviera", escupió Erik.
"¿Cómo te atreves a decir eso?", gritó Lucas.
"Pues es mejor morir que soportar todas esas torturas, ¿no crees?", espetó de nuevo el otro.
Los trillizos se quedaron sin palabras.
Erik era también su mejor amigo, y él siempre había tratado de evitar que se portaran mal con Olivia.
Sin embargo, nunca les había dicho algo como eso, y el desprecio por ellos en sus ojos era algo que jamás habían visto.
"Erik... Es que... Tú no entiend...", balbuceó Lucas, pero fue interrumpido
"¡¿Qué es lo que tengo que entender?! Nunca le he dicho nada a ninguno de ustedes porque es mi deber obedecer la decisión del Alfa, pero esto ya es pasarse de la raya", exclamó Erik al tiempo que señalaba los vendajes de Olivia.
"Su padre era un traidor", intervino Benjamin.
"Pero ella no lo es", espetó Erik.
"No puedes estar seguro de eso", replicó Benjamin.
"Si ella fuese una traidora, ya los hubiese podido matar a todos poniéndoles veneno en sus platos porque ella es quien prepara cada comida", argumentó Erik.
"Como su padre envenenó al mío, ¿no?", soltó Benjamin, riendo amargamente.
"Si tantos problemas tienen con ella, mátenla de una vez", sugirió finalmente el joven, lo cual los sorprendió.
"¿Saben qué? Lo haré yo mismo porque ya no puedo verla sufrir tanto dolor", declaró para enseguida colocarla con cuidado en la cama y ponerse de pie.
"No te atrevas", advirtió Lucas.
"¿Por qué, Alfa? Oh, claro... Ya entiendo, quieres matarla con tus propias manos, ¿no es así?".
"¡Erik!", gritó Lucas con su voz alfa.
Erik estaba a punto de decir algo cuando escucharon una voz suave.
"Alex...", murmuró Olivia con los ojos cerrados.
Ella estaba teniendo flashbacks del pasado.
Alex, quien había estado en silencio y mirando a la inconsciente chica durante todo ese rato, corrió hacia ella.
"Olivia", la llamó, y sin dudarlo ni un segundo, la atrajo a sus brazos.
Al hacerlo, pudo notar que su cuerpo se sentía muy frágil.
Esa era la primera vez que él la abrazaba desde aquel día.
"Alex...", volvió a murmurar ella con algunas lágrimas abandonando sus ojos.
"Olivia, aquí estoy. Mírame", dijo Alex, dándole unas ligeras palmaditas en el rostro.
Sin responderle, ella comenzó a jadear aún inconsciente.
"Llama al doctor", gritó Benjamin.
"Dijiste que me protegerías. ¿Por qué no lo detienes entonces?", cuestionó entre sollozos la chica.
La culpa, la cual ya estaba devorando a Alex, estaba por llegar a un límite que él desconocía.
De pronto, las manos le empezaron a temblar.
"O-olivia", balbuceó el joven e intentó secarle las lágrimas, pero de repente ella comenzó a gritar.
"¡Aaay...! ¡Me duele mucho!".
Nada más quejarse, la chica comenzó a tocarse la mano.
"Alex, por favor, detenlo".
Mientras se retorcía, Olivia continuó gritando.
"Lucas, dijiste que siempre me cuidarías".
En ese punto, ella arqueó la espalda como si algo la hubiese golpeado por detrás.
Las lágrimas en los ojos de Lucas empañaron su visión de la chica.
"Benjamin, dijiste que nunca permitirías que nadie me pusiera un dedo encima".
Cuando el mencionado abrió la boca para decir algo, ni siquiera pudo encontrar las palabras.
"¡Aaahh!", gritó ella.
"Todos dijeron que me amaban", se quejó entre sollozos, terminando con un grito ahogado.
Estupefacto, Erik solo podía observar la escena porque las dudas sobre lo que debía hacer lo habían paralizado.
En ese instante, llegó la doctora.
"Por favor, revísela", logró decir pese a su conmoción.
"Necesito que se haga a un lado", expuso la mujer, ante lo cual Alex gruñó.
"Muévete. Déjala chequearla", exclamó Benjamin.
Entonces, Alex acostó a Olivia, quien todavía estaba jadeando y gritando.
"Parece que está teniendo recuerdos vívidos o...". anunció la doctora, pero antes de que pudiera terminar, Benjamin intervino.
"Sí, son sus recuerdos".
Alex y Lucas también recordaron la escena en la que el Gamma le golpeó a Olivia en la espalda con su cinturón.
La médica le puso una inyección a la chica, por lo que esta dejó de gritar pasados unos minutos.
"Con esto estará bien. Ella podrá recuperar el conocimiento en unas horas o tal vez mañana", informó la mujer.
"¿Esto podría volver a sucederle?", consultó Erik.
"No puedo asegurar nada. Se veía muy asustada por la forma en la que se tocaba todo el cuerpo como si estuviera adolorida. Quizás los eventos a los que se enfrentó fueron muy traumáticos", respondió la mujer, y tras una leve reverencia, salió de la habitación.
Los trillizos miraron a la inconsciente Olivia, y luego Benjamin y Lucas se dispusieron a retirarse también.
"Vamos, Alex", le dijo el último.
"Me quedaré con ella", respondió su hermano.
A través de su vínculo mental, Benjamin le dijo: "No podemos ceder, Alex, y lo sabes".
"No me importa", respondió Alex, y miró hacia otro lado.
Incrédulos, sus hermanos lo miraron y se marcharon.