El aire en el autobús era sofocante, el sol de Sevilla caía a plomo, pero el ambiente era gélido.
Faltaba una hora para que cerraran las inscripciones del Concurso de Danza Juvenil de la Feria de Abril, y estábamos parados esperando a Scarlett, quien "olvidó" una flor.
Máximo, mi novio y líder del grupo, insistía en esperarla, apoyado por los demás que me miraban con impaciencia, esperando que yo, Luciana, la colíder, cediera.
Sentí un escalofrío: esta misma escena la había vivido en mi vida pasada, el principio de una traición devastadora que me llevó a la muerte y la ruina de mi madre.
En esa vida, rogué, me llamaron egoísta, y al final, cedí, perdiéndolo todo por su culpa.
Ahora, ellos me observaban, y las viejas voces acusatorias resonaban: "¿Luciana, qué dices? Scarlett es tu mejor amiga."
Mi corazón se hundió, viendo la ceguera de Máximo y los rostros de quienes me traicionarían de nuevo.
Pero yo ya no era la misma tonta manipulable.
Con una calma sorprendente, les confirmé que debíamos esperarla, haciendo que un murmullo de alivio recorriera el autobús.
Fingí sentirme mal, me retiré al autobús sola, y desde mi asiento, secretamente envié un mensaje a mi madre: "Mamá, el plan empieza ahora. Prepara todo."
Observé a los que se reían y bromeaban abajo, ajenos a la catástrofe que acababan de elegir.
En esta vida, ellos llorarían por sí mismos.
El aire dentro del autobús era sofocante, cargado con el olor a laca barata y a nerviosismo. Afuera, el sol de Sevilla caía a plomo, pero aquí dentro, el ambiente era gélido.
Faltaba una hora para que cerraran las inscripciones del Concurso de Danza Juvenil de la Feria de Abril. Una hora.
Y estábamos parados. Esperando.
"¿Dónde está Scarlett? ¿Alguien la ha llamado?" La voz de Máximo, mi novio y el líder de nuestro grupo de baile, sonaba tensa.
"Dijo que se le olvidó la flor para el pelo, que volvía a por ella", respondió alguien desde el fondo.
"¡Esa flor es crucial para su traje! ¡Tenemos que esperarla!" Máximo lo declaró como si fuera una orden sagrada.
Sentí un escalofrío que no tenía nada que ver con el aire acondicionado. Este momento, esta misma conversación, la había vivido antes. En mi vida pasada, este fue el principio del fin.
En esa vida, yo les rogué. Les supliqué que pensáramos en el concurso, en el futuro de todos. Me llamaron egoísta, celosa. Y al final, cedí. Llegamos tarde, yo morí en la fiesta de después por una alergia provocada, y mi madre, destrozada, murió en un accidente intentando buscar justicia para mí.
Todo por una flor. Todo por Scarlett.
Vi cómo Máximo me miraba, esperando que yo, como colíder, apoyara su decisión. Los demás miembros del grupo también me observaban, con una mezcla de impaciencia y desafío.
"Luciana, ¿tú qué dices? Scarlett es tu mejor amiga, seguro que lo entiendes."
"Sí, Luciana, no seas tan estricta siempre."
Las voces eran las mismas. Las acusaciones veladas, también.
Pero yo ya no era la misma.
Respiré hondo, sintiendo el peso de la muerte en mis hombros. Miré a Máximo, a sus ojos ciegos de amor por otra, y luego a los rostros de los que me traicionarían.
"Tenéis razón", dije, mi voz sorprendentemente calmada, casi indiferente. "Hay que esperarla."
Un murmullo de alivio recorrió el autobús. Máximo me sonrió, satisfecho.
"Pero yo me encuentro un poco mal", continué, llevándome una mano a la frente. "El calor, los nervios... Voy a subirme al autobús a descansar un poco. Avisadme cuando llegue."
Sin esperar respuesta, me di la vuelta y subí los escalones del vehículo. Me senté en un asiento junto a la ventana, dándoles la espalda.
Saqué mi móvil. No llamé a Scarlett. No le escribí a Máximo.
Le envié un mensaje a mi madre.
"Mamá, el plan empieza ahora. Prepara todo."
Apoyé la cabeza en el cristal frío y observé al grupo que esperaba abajo. Se reían, bromeaban, completamente ajenos a la catástrofe que ellos mismos estaban eligiendo.
En mi vida pasada, yo lloré por ellos.
En esta, ellos llorarían por sí mismos.
Pasaron veinte minutos. Veinte minutos que en mi vida anterior fueron una agonía de súplicas y discusiones. Ahora, eran veinte minutos de fría y silenciosa espera. Desde mi asiento, veía a Máximo pasearse de un lado a otro, mirando el móvil cada pocos segundos, la preocupación grabada en su rostro.
Los demás empezaban a impacentarse.
"¿Pero dónde se ha metido? Vamos a llegar tarde de verdad", se quejó una de las chicas, mirando su reloj.
"Tranquila, es Scarlett. Siempre consigue lo que quiere. Además, Luciana está de acuerdo en esperar", dijo otro, lanzándome una mirada a través de la ventanilla.
No me moví. Mantuve mi expresión neutra, como si estuviera medio dormida.
Finalmente, la figura de Scarlett apareció al final de la calle. No corría. Caminaba con una calma exasperante, con una bolsa de una pastelería famosa en la mano. Llevaba una sonrisa radiante, como si no tuviera ninguna culpa.
"¡Chicos! ¡Siento la tardanza! ¡No encontraba la flor perfecta!" exclamó, agitando una rosa de tela roja.
Máximo corrió hacia ella. "¡Scarlett! Estábamos muy preocupados. ¿Estás bien?"
"Estoy bien, estoy bien. ¡Y mirad lo que os he traído para daros suerte!" Abrió la bolsa y empezó a repartir trozos de Turrón, el dulce de almendras. "¡Para que tengamos energía y ganemos!"
"¡Qué detalle, Scarlett! ¡Siempre pensando en los demás!", exclamó Máximo, mirándola con adoración.
Los demás miembros del grupo la rodearon, aceptando el dulce con gratitud, olvidando por completo el tiempo perdido.
"¿Y Luciana?", preguntó Scarlett, con una falsa inocencia, buscándome con la mirada.
"Dijo que se sentía mal, está en el autobús", respondió Máximo, con un deje de desdén. "No te preocupes por ella."
Scarlett asintió, pero sus ojos se encontraron con los míos a través del cristal. Vi un destello de triunfo en ellos. Creía que me había vuelto a ganar. Creía que yo seguía siendo la misma tonta manipulable.
No aparté la mirada. Dejé que viera mi rostro impasible.
Subieron al autobús entre risas y comentarios sobre lo buena que estaba Scarlett. Ella se sentó deliberadamente en el asiento delantero, junto a Máximo, como la reina del grupo.
"Venga, conductor, ¡arranque! ¡Que vamos a ganar este concurso!", gritó Máximo.
El autobús se puso en marcha. Miré mi móvil. Tenía un nuevo mensaje. No era de mi madre. Era una alerta de tráfico de la ciudad: "AVISO: Procesiones de Semana Santa causarán cortes totales en el centro a partir de las 15:00h. Se recomienda evitar la zona."
Eran las 14:55.
Sonreí para mis adentros. El Turrón que repartía no era el único veneno que Scarlett había traído hoy. Su propio plan era el veneno que los destruiría a todos.