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La Mate Rechazada Regresa

La Mate Rechazada Regresa

Autor: : Samanta Leoni
Género: Hombre Lobo
Lyra Blackthorne, la hija del Alfa asesinado de la Manada Moonfang, nunca podría liderar la manada porque tenía una Loba Luna. Su compañero, Rowan, fue nombrado Alfa en su lugar. Después de asumir el título de Alfa, Lyra fue traicionada y brutalmente rechazada, no solo por Rowan, sino también por toda su manada y su hermanastra Calista, con quien Rowan mantenía una relación secreta. "Rechazo a la Luna Lyra como mi compañera. Fue encontrada en la cama con un extraño, lo que significa que traicionaría a la manada. El castigo por traición es la muerte", anunció el Alfa Rowan sin piedad. Los cánticos de los miembros de la manada y de los Alfas visitantes, que habían acudido a la conferencia de los Alfas, resonaban en el juicio. Nadie pensó que el Alfa Mikail, cuyo nombre causaba escalofríos por su crueldad, asistiría a la conferencia. Lyra encontró esperanza al darse cuenta de que el Alfa Mikail era su compañero de segunda oportunidad, pero dolorosamente fue rechazada una vez más. El doble rechazo hizo que perdiera a su loba, y fue condenada a muerte por todos los Alfas presentes. Pensó que su destino estaba sellado cuando el Alfa Mikail se marchó y un guerrero se preparó para ejecutarla. Todos quedaron impactados cuando, de repente, el Alfa Mikail se dio la vuelta. "¡Detente! La hija traidora de un Alfa fallecido no debe morir. Aún le espera más sufrimiento", declaró. El corazón de Lyra se hundió cuando vio su oscura mirada, profunda como un abismo, mientras caía desmayada por el agotamiento. Algunos meses después, estalló una guerra entre los Alfas, pues comenzaron a disputarse a la Luna rechazada dos veces. Con su loba muerta, ¿sería la diosa de la luna lo suficientemente generosa como para darle otra loba? ¿Y qué Alfa sería capaz de derretir su corazón ahora frío?

Capítulo 1 El Juicio de la Luna Caída

El aire olía a incienso y a sangre. El salón principal de la manada Moonfang, que una vez fue mi hogar, se sentía ahora como una prisión.

Cadenas de plata ardían en mis muñecas mientras me arrodillaba en el centro de la sala, con la mirada baja y el corazón latiendo con furia. No por miedo, sino por la impotencia.

La conferencia de los Alfas había sido un evento de honor, un momento en que los líderes de las manadas más poderosas se reunían para discutir alianzas y disputas.

Sin embargo, lo que debería haber sido un evento diplomático se había convertido en un juicio público contra mí, la hija del Alfa asesinado y la mate del recién nombrado Alfa Rowan.

Estaba de rodillas en el centro de la sala, mi cabello caía desordenado sobre mi rostro, mientras mi respiración temblorosa era lo único que rompía el silencio antes de la sentencia.

-Yo rechazo a la Luna Lyra como mi compañera -la voz de Rowan resonó con frialdad, haciendo eco en la sala.

Las palabras de Rowan fueron un cuchillo frío enterrándose en mi pecho. Mi cabeza se alzó de golpe, mis labios temblaron, pero no pude hablar.

No, esto no podía estar pasando.

-Fue encontrada en la cama con un extraño -continuó él con voz dura, sin rastro del hombre que una vez me prometió amor eterno-. Lo que significa que traicionaría a la manada. El castigo por traición es la muerte.

Los murmullos se transformaron en gritos de furia. Me acusaban. Me condenaban.

-¡Eso es mentira! -Mi voz sonó desgarrada, como un eco perdido entre la multitud.

-¡Mentirosa! -Calista se adelantó con la cabeza en alto, su rostro perfecto estaba iluminado por una sonrisa maliciosa-. Todos saben que no eres digna de ser nuestra Luna. Y ahora sabemos que también eres infiel. Solo querías el título de Luna y te aprovechaste de la bondad de Rowan.

La traición me golpeó con más fuerza que cualquier sentencia de muerte. Mi propia hermanastra. La niña que mi padre adoptó, la que compartió mi hogar y mi familia...

"Ella está detrás de todo"

Mis ojos buscaron a Rowan, rogando encontrar un atisbo de duda, de amor, de algo. Pero solo vi su desprecio.

Sus labios se fruncieron como si incluso mi mirada lo asqueara.

-Te vi con mis propios ojos, Lyra -dijo, con una frialdad que me partió en dos-. No hay nada más que decir.

No me creía.

-Rowan, yo no...

-Acepta de una vez el rechazo y ahórrame la molestia de tener que seguir viéndote la cara -declaró con voz fría e impersonal.

Mi pecho se contrajo, sofocado por la desesperación. La verdad se había convertido en cenizas y nadie intentaba recogerlas.

-Yo... Lyra Blackthorne... acepto tu rechazo... Alfa Rowan -mi voz era un susurro roto.

Él llevó una mano a su pecho y la expresión fría de su rostro apenas sufrió un ligero cambio. Eso fue lo que más me dolió.

Todo el amor que me había profesado y sus palabras de protegerme se fueron por el drenaje. Había elegido no confiar en mí, a pesar de que era su mate, su compañera destinada por la diosa luna.

-¡La ex Luna merece ser desterrada!

Los miembros de la manada empezaron a gritar, algunos exigiendo mi ejecución inmediata. Los Alfas visitantes observaban con interés, pero ninguno intervenía.

Nadie se levantaría en defensa de una loba marcada como traidora.

El bullicio aumentó cuando una presencia oscura se hizo notar. Un escalofrío recorrió mi piel.

La sala, que antes vibraba con gritos de condena, cayó en un silencio sepulcral.

-Alfa Mikail -irrumpió en el silencio una voz incrédula.

El hombre más temido entre los Alfas. Su sola presencia drenaba el aire del lugar.

Sus ojos, profundos y oscuros como un abismo, recorrieron la escena con absoluto desinterés. Su mirada se posó en mí, y un escalofrío trepó por mi columna.

Mi loba despertó.

No de miedo, sino de algo más profundo. Reconocimiento.

Mi corazón latió con fuerza, un hilo dorado comenzó a tejerse entre nosotros.

Era débil, apenas una brisa en comparación con el vendaval que había sentido con Rowan, pero estaba ahí. Vivo.

Mis labios se separaron en un jadeo silencioso. Mikail era mi segunda oportunidad.

Por un instante, algo en su mirada vaciló. Un destello de duda cruzó sus ojos, como si no esperara esto, como si... no quisiera que esto fuera real.

Mi alma gritó en súplica muda.

Pero la chispa se apagó.

Su rostro volvió a endurecerse.

-Yo, Alfa Mikail de la manada Silverbane, Rechazo a Lyra Blackthorne como mi compañera.

El mundo se rompió a mi alrededor.

No. No, no, no.

El dolor del rechazo fue un fuego que me atravesó el pecho, pero esta vez... fue peor. Sentí a mi loba aullar en mi interior. Su lamento fue desgarrador, y luego... silencio.

Vacío.

Mi loba murió dentro de mí.

Un grito desgarrado escapó de mis labios y me desplomé en el suelo, incapaz de sostenerme. El vínculo roto dos veces... era un destino peor que la muerte.

Las voces a mi alrededor se convirtieron en un murmullo lejano.

-Si ha perdido a su loba, ya no es una Luna.

-Entonces no tiene ningún propósito.

-Será ejecutada al amanecer.

Todo se desvanecía en sombras. Estaba cayendo... cayendo...

Hasta que su voz me detuvo.

-¡Detente!

Era Mikail.

Las voces murieron.

Forcé mis ojos a abrirse y lo vi. De pie, como un dios cruel mirando a un simple insecto.

-La hija traidora de un Alfa fallecido no debe morir tan rápido. Aún le espera más sufrimiento.

Mi corazón se hundió al ver su mirada oscura y despiadada.

El juicio había terminado. Pero mi verdadero tormento apenas comenzaba.

El abismo se cerró sobre mí. Y caí en la oscuridad.

Capítulo 2 Recuerdos Rotos

El frío de la noche me envolvía como una mortaja cuando cerré los ojos. No quería abrirlos. No quería enfrentar la realidad de lo que acababa de suceder.

Pero incluso en la oscuridad, mi mente no me dio tregua.

El recuerdo llegó con una claridad cruel.

Era la noche del nombramiento de Rowan como Alfa. La celebración estaba en su punto más alto, con la manada Moonfang mostrando su poder y riqueza ante sus invitados.

La música resonaba en el gran salón, las risas se mezclaban con el tintineo de copas y el aroma a especias flotaba en el aire.

Yo no me sentía bien. Mi cuerpo estaba extraño, pesado, como si algo estuviera nublando mis sentidos.

Busqué a Rowan en la multitud, pero él estaba ocupado con los otros Alfas, disfrutando de su recién adquirido poder. Sus ojos apenas me habían buscado en toda la noche.

-Calista -murmuré, apoyándome en su brazo cuando la encontré-. No me siento bien...

Su rostro se iluminó con una sonrisa preocupada.

-Oh, pobre Lyra. Déjame ayudarte. Ven, te llevaré a descansar.

No pensé en cuestionarla. Era mi hermanastra.

Me guió entre los pasillos del territorio de la manada. La cabeza me daba vueltas, mi piel ardía, y un mareo insoportable me hacía tropezar con cada paso.

-Ya casi llegamos -susurró Calista con dulzura.

Sentí un colchón debajo de mi cuerpo cuando me dejó caer en una cama. Sus manos suaves acomodaron mi cabello detrás de mi oreja.

-Descansa, hermana -susurró.

Después, la oscuridad se llevó todo.

Hasta que el roce de piel caliente contra la mía me arrancó del letargo.

No...

Mi corazón latió con fuerza cuando mis ojos se abrieron de golpe. Un hombre estaba a mi lado, su brazo pesaba sobre mi cintura, su respiración era pausada.

No lo conocía.

No era Rowan.

Mis pensamientos se atropellaron. Me alejé bruscamente, cayendo al suelo.

Mis ropas estaban desordenadas, mi mente nublada. ¿Qué había pasado?

-¿Qué demonios...?

Un murmullo grave me sacó del trance.

-Buenos días, hermosa.

Mi cuerpo se tensó.

Giré la cabeza con rapidez, encontrándome con un hombre que me miraba con una sonrisa perezosa. No lo conocía.

El miedo se instaló en mi pecho. Me aparté bruscamente, cayendo al suelo con un golpe seco.

-¡¿Quién eres tú?! -exclamé, con la respiración entrecortada.

El hombre se incorporó con calma, estirándose con la pereza de alguien que había dormido plácidamente toda la noche.

-Eso duele -dijo, llevándose una mano al pecho en fingida ofensa-. ¿Así es como tratas a un hombre después de compartir una noche apasionada?

Un escalofrío desagradable recorrió mi piel.

-¡No! ¡Eso no pasó!

Mi voz sonó estridente, desesperada. No podía haber pasado.

El desconocido sonrió con diversión, inclinándose hacia mí con una expresión casi burlona.

-¿Seguro? -susurró-. Llegamos aquí juntos, buscando un poco de... distracción.

Negué frenéticamente con la cabeza. No. No podía ser cierto.

-Eso es mentira. Yo... yo no recuerdo nada.

-Eso lo hace aún más interesante.

Mi estómago se revolvió. Un torbellino de emociones me asfixiaba: confusión, miedo, furia. No podía ser verdad.

-¡Dime la verdad! -exigí con desesperación.

El hombre se encogió de hombros con aire despreocupado.

-La verdad es que no pude resistirme cuando me insinuaste que querías escapar de todo... y de todos.

-¡No! -grité otra vez-. ¡Eso es mentira!

El horror me invadió cuando la puerta de la habitación se abrió con violencia.

Rowan estaba allí.

Su mirada recorrió la escena. Su mandíbula se tensó, sus ojos se oscurecieron con un odio que nunca antes había dirigido hacia mí.

-Lyra... -su voz fue un murmullo afilado.

Mis labios se separaron, buscando desesperadamente una explicación, pero yo misma no entendía lo que estaba ocurriendo.

Rowan no esperó. No me dio la oportunidad de hablar.

Giró sobre sus talones y se marchó.

Ahí comenzó mi condena.

-¡No, espera! -intenté correr tras él, pero mis piernas flaquearon.

La puerta volvió a abrirse, y esta vez fue Calista quien entró con expresión de falsa sorpresa.

-Dioses, Lyra... ¿Qué hiciste?

El golpe de su traición fue más fuerte que la caída de mi cuerpo sobre el suelo.

***

Desperté jadeando.

El recuerdo se desvaneció, pero la desesperación aún vibraba en mi piel.

El lugar era oscuro, iluminado solo por el fuego de una chimenea. El aire olía a madera quemada y cuero viejo.

No estaba en la celda de la manada.

Intenté moverme, pero mi cuerpo protestó con dolor.

-Al fin despiertas.

Esa voz profunda y áspera me erizó la piel.

Mikail.

Giré la cabeza lentamente y lo vi sentado frente a mí, con un vaso de licor en la mano. Su presencia era sofocante, abrumadora.

Su mirada me recorrió, analizándome con una intensidad que no supe descifrar. Ya no había un lazo entre nosotros, pero algo en sus ojos me decía que no me veía solo como una prisionera más.

Curiosidad.

Era sutil, casi imperceptible, pero estaba ahí.

Lo observé con cautela, mi cuerpo aún temblando por los restos del recuerdo.

-¿Por qué...? -mi voz salió rasposa, rota.

Su expresión cambió en un parpadeo.

Se inclinó hacia adelante, mientras sus ojos se afilaban con dureza.

-No te emociones, Lyra. No me interesa salvarte.

Su tono era frío, cruel.

Mi corazón se hundió.

-Entonces... ¿por qué estoy aquí?

Mikail sonrió, pero no había calidez en esa sonrisa.

-Ya lo dije antes...

"Aún mereces más sufrimiento", parecía estar oyendo nuevamente sus palabras crueles.

El aire se volvió pesado entre nosotros. Mi cuerpo se tensó.

El infierno no había terminado. Apenas estaba comenzando.

Capítulo 3 Cautiva en la Sombra de los Alfas

-¿Escuché bien, Alfa Mikail? -preguntó Rowan con un tono controlado, aunque en sus ojos se reflejaba una creciente desconfianza-. ¿Dices que deseas quedarte unos días más en la manada?

Mikail asintió con calma, sin inmutarse ante la aparente molestia del Alfa.

-Tengo asuntos que resolver, y esta parece ser la mejor ubicación. No quiero causar ningún inconveniente -dijo Mikail, aunque su tono sugería que sabía perfectamente cuán incómoda resultaba su presencia.

Rowan frunció el ceño. ¿Asuntos que resolver?

El Alfa Mikail le había pedido que colocaran a Lyra en una habitación luego de que se desmayara, haciendo que muchos de la manada cuestionaran su decisión.

Ahora se sentía entre la espada y la pared por haber aceptado, había esperado que Mikail impusiera alguna clase de castigo contra Lyra, pero esas no parecían ser sus intenciones.

¿Cuáles eran realmente?

Lo que más le preocupaba era la razón de la presencia de Mikail. Le había sorprendido mucho que fuese él el mate de Lyra de segunda oportunidad.

La idea de que Mikail pudiera reclamar a Lyra en cualquier momento lo enfurecía y lo confundía a la vez.

Rowan no pudo evitar sentirse un tanto aliviado cuando Mikail la rechazó. Al menos, parecía que no había un vínculo entre ellos.

¿Pero qué tan cierto era eso?

***

La sala estaba en silencio, sólo el sonido de los pasos de Rowan rompía la quietud mientras caminaba de un lado a otro, con su mente atrapada en una maraña de pensamientos.

¿Era tan difícil ser Alfa? Cada decisión parecía tener un peso insoportable.

Fue entonces cuando la puerta se abrió de golpe, y Calista apareció, como siempre con su presencia imponente y una sonrisa.

Ella sabía cómo mover las piezas, cómo influir en cada palabra, y Rowan, exhausto por todo lo que había tenido que enfrentar, no tardó en percatarse de su llegada.

-Te noto agotado, cariño -dijo acercándose con paso suave hasta donde él estaba-. Te has dejado consumir por tantas cosas, ¿por qué no tomas un respiro? La manada está expectante.

Rowan dejó escapar un suspiro, no había tiempo para descansar, y lo sabía.

-No puedo dejar que mi manada se divida por todo este asunto de Lyra -resopló frustrado.

Calista lo observó detenidamente, sus ojos centelleaban con un brillo calculador. Se acercó más a él, tomando su rostro entre sus manos con suavidad, como si tratara de calmarlo.

-Sabes lo que tienes que hacer, Rowan. Ella está jugando con todos nosotros, con la manada, y ha roto las reglas de manera vergonzosa -dijo ella con tono persuasivo.

-Quizás debí escucharla...

-Si realmente quieres demostrar tu fuerza como Alfa, debes ponerla en su lugar -lo interrumpió Calista con firmeza-. No puedes seguir permitiendo que esa mujer deambule por ahí como si nada hubiera pasado.

Rowan frunció el ceño, mirando a Calista fijamente.

Ella tenía razón, conocía a Lyra mejor que él y no quería más complicaciones. Sin embargo, la presión de la situación lo hacía dudar.

¿Qué otra opción tenía? Si la manada veía su debilidad, todo podría venirse abajo.

-¿Quieres que la ponga en el calabozo? -preguntó, sabiendo la respuesta.

Calista sonrió, una sonrisa fría y venenosa que disimuló, aunque dejó claro su objetivo.

-Exactamente. Si la mantienes aquí, como si fuera una huésped, todos pensarán que te has ablandado, que no tienes lo que se necesita para ser un Alfa.

Él comenzó a asentir lentamente y Calista aprovechó para poner más presión.

-Necesitas enviar un mensaje claro, y nada lo hará más contundente que mostrarle a todos que no toleras traiciones en tu territorio.

-Que así sea -respondió finalmente, sin dejar de mirarla-. La mandaré al calabozo.

Sabía que la decisión ya estaba tomada, y Calista había logrado influir en su juicio, aunque su corazón aún vacilaba un poco.

Calista, satisfecha por haber conseguido lo que quería, le dio una rápida caricia en el brazo, como si fuera un gesto de consuelo.

-Verás que has hecho lo correcto, querido Alfa -dijo, y salió de la sala con una sonrisa triunfante.

*~*~*

**Lyra**

Mikail estaba de pie junto a la ventana, con su imponente figura recortada contra la luz de la luna.

Su expresión era inescrutable, sus ojos oscuros reflejaban el mismo vacío que sentía en mi pecho.

Me erguí con dificultad, obligándome a enfrentar su presencia.

-¿Por qué no dejaste que me ejecutaran? -mi voz salió rasposa, apenas un susurro. No quería darle la satisfacción de verme quebrada, pero el dolor de su rechazo aún ardía en mi pecho.

Él no se giró de inmediato. Parecía tomarse su tiempo, como si la respuesta no tuviera importancia.

-¿Esperas que sea inocente? -insistí, sintiendo cómo la incredulidad se mezclaba con la rabia que se acumulaba en mi interior.

Finalmente, sus ojos me encontraron, y la frialdad en ellos me heló la sangre.

-No seas ingenua, Lyra -dijo, con una frialdad cortante-. No te salvé porque creyera en ti.

Fruncí el ceño. No entendía nada.

-Entonces me rechazaste porque...

-Te rechacé porque eres una mancha en mi reputación, una vergüenza para cualquier Luna de la manada Silverbane.

Sus palabras fueron un golpe, hundiéndose en lo más profundo de mi orgullo.

Mikail dejó escapar una risa seca, desprovista de cualquier clase de compasión.

-¿Realmente pensaste que podrías pertenecer a mi lado después de lo que hiciste?

Abrí la boca para defenderme, para gritar que no había hecho nada, pero su mirada me hizo callar. No había espacio para la duda en su mente.

-Entonces, ¿por qué mantenerme con vida? -insistí, con mi orgullo impidiéndome bajar la mirada-. ¿Qué esperas de mí?

-Nada -respondió, con cruel simplicidad.

-Tú... -siseé, molesta.

-Me divierte verte buscar teorías tontas de por qué sigues con vida -respondió sin titubeos, mientras sus ojos verdes oscuros me evaluaban con desdén-. Además, Rowan sigue siendo tu Alfa. Lo que haga contigo no es mi problema.

Y con esas palabras, se giró y salió de la habitación, dejándome sola con el peso de su desprecio sobre los hombros.

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